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Tucker Carlson con Milei: derechistas del mundo en su salsa

Tucker Carlson con Milei: derechistas del mundo en su salsa

En abril pasado, Tucker Carlson fue despedido intempestivamente de la cadena Fox News y la noticia causó sorpresa en el medio que bancaba a rajatabla a Donald Trump. Porque el presentador que más audiencia la aportaba al canal que había fundado el magnate australiano Rupert Murdoch no dejó de ser un ferviente seguidor de las ideas conservadoras que sustenta el 45º presidente estadounidense. ¿Sería por eso? La sospecha de Tucker, hijo de otro presentador de noticias, Richard Warner Carlson -quien dirigió la radio Voz de América durante gran parte del período de la Guerra Fría y también Radio Martí, de propaganda contra el gobierno cubano, ambas financiadas por EEUU- es que su despido tiene que ver con su posición sobre Rusia y en especial sobre la guerra en Ucrania.

“Estados Unidos podría forzar la paz esta noche. Ellos podrían. Es singular que tengan ese poder y siguen permitiendo que maten a ucranianos y que ese país quede devastado”, dijo en un podcast con su colega Russell Brand. “La guerra es una línea roja para mucha gente en los negocios y la política”, agregó. “¿Por qué tengo que odiar a (Vladimir) Putin?”, se preguntó entonces. “Porque los demócratas en Washington nos han dicho que es un deber patriótico; no es una sugerencia odiarle, es un mandato”, detalló. También Trump se opone a la estrategia de la administración Biden con Rusia y en especial con Putin, quién le hizo un guiño (ver aparte) sobre los problemas judiciales que preocupan al aspirante a regresar a la Casa Blanca por el partido republicano.

El caso es que Tucker Carlson es un notorio y muy difundido conservador, cultor de esa tendencia llamada “alt-right”, la derecha alternativa que en todo el mundo está causando estragos alentando ideológicamente a personajes como Jair Bolsonaro en Brasil, Marine Le Pen en Francia, José Antonio Kast en Chile, por mencionar a algunos. Era de manual que el periodista estrella de Estados Unidos, que luego de su salida precipitada de Fox exhibe sus entrevistas en su cuenta de X (la exTwitter), quisiera hablar con el libertario argentino Javier Milei, luego de su triunfo en las PASO de agosto. Ya lo había visitado a Viktor Orban, el primer ministro de Hungría que dentro de la UE y la Otan sostiene posiciones contrarias a la guerra en Ucrania, mal que les pese a sus socios regionales.  Y había debutado en ese novedoso medio para él, con el propio Trump. No se lo iba a perder al argentino.

Milei estuvo efusivo como siempre en la entrevista que se hizo pública este jueves. Respondió, en español, a todos los centros que le tiró Carlson, que recorrió las cuevas de Buenos Aires para mostrar la realidad con la compra-venta ilegal de dólares y registró para su audiencia –unas 300 millones de reproducciones en las primeras 24 horas- las consecuencias de la alta inflación. Nada que no haga cualquier visitante foráneo cuando llega a la Argentina actual.

La charla giró mayormente sobre la línea ultraconservadora de Milei, algo tampoco diferente a lo que suele expresar ante comunicadores locales. No faltaron los gestos iracundos del candidato de La Libertad Avanza, que hasta se diría que fueron recibidos con beneplácito por el conductor televisivo nacido en San Francisco hace 54 años. Milei se mostró cercano argumentó con soltura sobre cómo es que un hombre que defiende la libertad individual está en contra del aborto, sobre su posición extrema acerca de la igualdad a todo nivel y culpó de la situación en que se encuentra el país a “los 100 años de ideas socialistas” de la dirigencia política. Hasta la arquitectura “brutalista” de algunos edificios mereció la crítica del candidato, que la calificó también de formar parte de una concepción del mundo izquierdista. Algo que especialistas en el tema se encargaron luego de desmentir.

La furia anticomunista de Milei incluso agrada a Carlson, que lo dejó extenderse sobre la supuesta afinidad del papa Francisco con el socialismo y su defensa de la justicia social –una “aberración que va contra los 10 mandamientos», insistió- y la presunta cercanía de Jorge Bergoglio con Fidel y Raúl Castro y Nicolás Maduro. Prometió el líder libertariano, como se definió para aclarar los tantos para un país donde liberal quiere decir progresista, que en su gobierno “no habrá lugar para ningún comunista”. Aclaró que no tendrá inconvenientes si cualquier argentino quiere comerciar con China o Brasil, pero que si él gana la presidencia, “los chinos no entran ahí, Lula no entra ahí, Putin no entra ahí”. Carlson lo miró con cara de póker y pasó de tema,sin pasar por Ucrania.  Por lo que se sabe, Carlson pidió una entrevista con Putin y espera de una respuesta del Kremlin.

Tiempo Argentino, 17 de Septiembre de 2023

Mauricio García Villegas: «Los latinoamericanos somos producto de la hibridez»

Mauricio García Villegas: «Los latinoamericanos somos producto de la hibridez»

De paso por Buenos Aires para presentar su último libro, El viejo malestar del Nuevo Mundo, el politólogo y ensayista colombiano Mauricio García Villegas habló largamente con Tiempo sobre ese trabajo que desmenuza lo que el filósofo Baruch Spinoza definió como «emociones tristes» y cómo encaja esa interpretación de ciertas realidades latinoamericanas con el arielismo, ese modo de ver a la región como una nación común en contraposición con el mundo anglosajón, a partir del ensayo del uruguayo José Enrique Rodó.

–¿Qué son las emociones tristes?

–Spinoza habla de que los seres humanos sentimos algunas emociones que nos apocan, nos disminuyen. Entre ellas está el miedo, la venganza, el resentimiento, la envidia. Él decía que había que tratar de evitarlas en lo posible. Yo utilizo ese concepto, concebido para los individuos, para aplicarlo a los grupos sociales, a los países. Yo podría haber escrito sobre las emociones tristes en Francia, un país que conozco relativamente bien. O más bien sobre EE UU, que está lleno de emociones tristes. Pero escribí sobre América Latina porque es el continente que más me interesa. Las emociones tristes no explican todos nuestros pesares, pero explican algunos, nos iluminan. Parto de la base de lo parecidos que somos. Durante muchos años fui sociólogo del Derecho y me ocupé de algo que es igual, desde la Patagonia hasta el río Bravo: la cultura de incumplimiento de reglas. La viveza criolla y la arrogancia del «usted no sabe quién soy yo» y esas cosas. Yo era consciente de la unidad de América Latina sobre todo en ese aspecto, pero mirando temas históricos culturales y políticos hoy estoy convencido de que la unidad es más profunda, de que somos un mismo pueblo separado por unas murallas ficticias, jurídicas, que son las fronteras. En la colonia esa unidad era muy clara, porque había un solo poder monárquico que imperaba en todo el continente.

–Las guerras de la independencia se hicieron con tropas de los actuales países sudamericanos junto a San Martín y Bolívar.

–Cuando (Alejandro) Humboldt pasó por acá también existía esa idea, porque la naturaleza es igual, diversa pero igual. En el siglo XIX muchos pensaron lo mismo, como Andrés Bello y Martí y en el siglo XX Carlos Monsiváis, Alfonso Reyes, Enrique Ureña y otros…

–A muchos argentinos les cuesta un poco admitir que somos latinoamericanos, se ven como europeos en el exilio, al decir de Borges.

–Yo creo, por lo que conozco, que cada vez se sienten menos europeos. Y eso debido a que tienen los mismos problemas del resto del continente. En Europa y EE UU puede haber unos 20 millones de latinoamericanos o más. Mientras nosotros creemos que somos muy distintos, ellos saben, porque lo han vivido, que somos muy parecidos. Yo experimenté eso cuando era estudiante en los ’80 en Lovaina (Bélgica), que estaba llena de latinoamericanos de todos los países. Cuando nos comparábamos con los belgas sabíamos que éramos iguales. Europa, con lenguas distintas, religiones distintas, culturas distintas ha logrado unidad. ¿Por qué nosotros no?

–Esa unidad se construyó sobre la base de guerras devastadoras.

–Es que a veces las cosas malas tienen consecuencias buenas y viceversa. La guerra ha sido muy importante para la construcción de los estados y las guerras internacionales fueron esenciales para unir a Europa. Eso no justifica que ahora busquemos la guerra para conseguir unidad, por supuesto que no. Tenemos que buscar esa unidad por otros medios. Una de las emociones más fuertes de los latinoamericanos es la desconfianza, muy ligada al miedo y al desconocimiento. Como no hemos tenido muy pocas guerras internacionales, hemos vivido a espaldas los unos de los otros, desconfiando de todo lo que sobrepasa la frontera. Como sea, tenemos que crear instituciones internacionales autónomas; independientes de la política, que no dependan de los gobernantes de turno. En América Latina es muy usual que, cuando llega un nuevo gobierno, acomode las instituciones a sus intereses partidistas.

–Sí, hubo instituciones como la Unasur que con un giro conservador fue desarticulada, mientras que la OEA, creada por EE UU, sigue sus intereses en detrimento de la región.

–Es un círculo vicioso. EE UU es muy celoso de la autonomía de los países de América Latina y siempre se ha manifestado con dureza contra quienes se salen de su órbita. Pero esa actitud se origina en nuestra debilidad. Si estuviéramos unidos seríamos más fuertes y Estados Unidos se lo pensaría dos veces antes de imponernos sus políticas. Nos hemos dejado imponer, por ejemplo, la llamada  «guerra contra las drogas», que ha sido una catástrofe para América Latina. Claro, otro obstáculo para liberarnos de esa política nefasta es que nuestras élites conservadoras están aliadas con Estados Unidos.

–¿Qué sería el arielismo?

Foto: Pedro Pérez

–El arielismo es un fenómeno cultural, un sentimiento de unidad latinoamericana. No creo que haya que rescatar el arielismo tal como lo planteó Rodó a principios del siglo XX. Pero sí creo que debemos acabar con la mentalidad parroquial. Debemos aprender de la literatura latinoamericana, que es una sola, tal vez el producto más noble que tenemos para mostrarle al mundo. Hay que empezar por construir esa misma conciencia en el ámbito de la política. Esa es la base para crear un mercado común, una moneda única y unas instituciones internacionales que estén por encima de la soberanía de los países.

–Se me ocurre pensar quién querría a los argentinos en ese club (risas), además de que algunos ya tienen el dólar como moneda de curso legal.

–La unidad de la moneda tiene que estar precedida de un fortalecimiento del sentimiento americanista, de la conciencia de la unidad cultural y espiritual del continente, y claro, del fortalecimiento de las instituciones regionales. Cuando eso se logre, todo lo demás: monedas únicas, leyes iguales, identidades comunes son posibles.

–Pero hay mentalidades colonizadas.

–Hay que evitar los extremos, como decir que la colonia sigue intacta. Sí, hay muchos rasgos coloniales que aún persisten. Yo digo en el libro que los latinoamericanos somos más españoles del barroco que los españoles actuales. Y ser eso implica arrastrar una cultura del pasado y también con cosas materiales del pasado, como el latifundio, la desigualdad, las jerarquías sociales. En Argentina eso es menos visible, pero en países con una cultura indígena fuerte eso es muy claro: la separación entre los blancos y los negros, el racismo, el menosprecio por los que no son de clase alta, la arrogancia de las élites y también el arribismo de las élites frente a los estados poderosos del mundo. Esos son rezagos del barroco. Los latinoamericanos somos producto de la hibridez: tenemos mucho de España y de la cultura occidental y tenemos mucho del pasado precolonial, para no hablar de la influencia africana en algunos países. Somos todo eso, ni más ni menos y debemos asumir esa mezcla y esa complejidad. 

Tiempo Argentino, 17 de Septiembre de 2023

Henry Kissinger, el hacedor de masacres centenario

Henry Kissinger, el hacedor de masacres centenario

El 27 de mayo pasado el responsable ideológico y político de las mayores atrocidades cometidas en América Latina por tropas militares contra sus propios pueblos cumplió 100 años. Hace justo medio siglo, Henry Kissinger llegaba a sus 50 como hacedor del diseño de la respuesta criminal a la llegada al poder de gobiernos democráticos que buscaban caminos alejados de los designios de Washington y no abjuraban de la Revolución cubana.

Este académico de Harvard y Georgetown, nacido en Alemania y emigrado con su familia a Estados Unidos en 1938 por la persecución nazi, estaba en la cúspide de su carrera. Un par de años antes, como Consejero de Seguridad Nacional, había logrado acercar a Richard Nixon con Mao Zedong en la China comunista. Una jugada maestra que cambió ese tramo de la historia y puso una cuña con la Unión Soviética, la otra potencia socialista.

Con ese antecedente, logró convencer al presidente republicano de que lo mejor que podía hacerse con la aventura en Vietnam era reconocer que no había forma de ganar esa guerra y que nada tenían que hacer los ejércitos estadounidenses en el Sudeste Asiático. Por esa movida, le dieron el Premio Nobel de la Paz en diciembre de 1973 junto con el líder revolucionario vietnamita Le Duc Tho.

Si algo resultó barrido bajo la alfombra en ese galardón fue el rol que había cumplido Kissinger en el golpe que ese mismo año llevó al poder a Augusto Pinochet en Chile, una obsesión personal desde que el médico socialista Salvador Allende llegó a la Casa de la Moneda por los votos populares, en septiembre de 1970. Y en el que los militares uruguayos habían protagonizado unos meses antes en el “paisito” oriental.

El centenario de Kissinger lo encontró celebrando como un anciano venerable en China, donde en 1971 había construido el éxito que lo catapultó a ocupar el cargo de Secretario de Estado con los gobiernos de Nixon y Gerald Ford y básicamente lo convirtió en un estratega respetado en todo el mundo occidental. En Beijing fue recibido por el presidente Xi Jinpin como un amigo. Cumplía tareas diplomáticas presuntamente “por las suyas” de acercamiento entre el gobierno chino y el de Joe Biden.

Kissinger es hoy día extremadamente crítico de la política exterior de la administración demócrata, a la que cuestiona su responsabilidad en la guerra en Ucrania y por la ceguera en enemistarse con China. Incluso recomienda reconocer que Estados Unidos ya no es una potencia hegemónica y actuar en consecuencia.

Aquellos sus “amigos” de los años de plomo en América Latina en mayor o menor medida debieron hacerse cargo de sus actos. Él salvó el pellejo, parece inoxidable y ni siquiera tuvo que responder ante un tribunal por la barbarie que impulsó en nombre los valores “occidentales y cristianos”. Y sigue dando consejos en su patria de adopción como si fuera un gurú.

En El juicio de Henry Kissinger, el inglés Christopher Hitchens detalla algunas perlas en su historial: “reclutó a los kurdos iraquíes para tomar las armas contra Saddam Hussein entre 1972 y 1975 que luego fueron abandonados y exterminados cuando Hussein suscribió un pacto con el Sha de Irán (…) manipuló para encubrir política, militar y diplomáticamente el apartheid en África del Sur (lo que) incluye las consecuencias increíbles de la desestabilización de Angola (…) a principios de la década de los 1980, presidió la Comisión Presidencial sobre América Central (donde proliferaron los escuadrones de la muerte) (…) el asesinato deliberado y masivo de poblaciones civiles en Indochina y la planificación del asesinato de un presidente de una nación democrática ‒Chile‒ con el que los Estados Unidos no estaba en guerra”. Y esos son apenas los más notorios.

Material desclasificado que recopiló el estadounidense Peter Kornbluh – director de los proyectos de documentación sobre Chile y sobre Cuba del National Security Archive- revelan una reunión clave de Kissinger el 12 de setiembre de 1970 con el director de la CIA, Richard Helms, en el que se habla de la preocupación que comparten con Agustín Edwards, dueño del diario El Mercurio, por el futuro del país. Una semana antes Allende había salido primero en la elección presidencial, por apenas 1,7% de diferencia sobre el segundo, Jorge Alessandri, del conservador Partido Nacional, en una elección de tres tercios con Radomiro Tomic, de la Democracia Cristiana. El plan forzar a que el Congreso rompiera una tradición y no eligiera al candidato marxista en el pleno del 22 de octubre. “No podemos dejar que Chile se vaya por el desagüe”, sintetiza Kissinger. Esa vez no pudo, logró su objetivo tres años más tarde.

Otros tres años más tarde haría lo propio en Argentina, el 24 de marzo de 1976. Y con todos los gobiernos alineados, el Plan Cóndor -creado con su anuencia a fines de 1975- las dictaduras militares avanzaron en un operativo de exterminio comparable al que en 1938 había provocado el exilio de los Kissinger. 

Tiempo Argentino, 10 de Septiembre de 2023

Chile: las verdaderas batallas neoliberales

Chile: las verdaderas batallas neoliberales

Bien se dice que la dictadura pinochetista fue el primer experimento de un modelo pergeñado en la Universidad de Chicago por el equipo del luego Premio Nobel, Milton Friedman. El neoliberalismo de los Chicago Boys había pasado por la fase teórica pero necesitaba, como toda teoría, atravesar etapas previas. En los medicamentos, sin ir tan lejos, antes se prueba en ratones. Pero no, el sanguinario golpe contra el gobierno constitucional de Salvador Allende evitó ese engorro, así como la pandemia ahorró pasos para la aplicación masiva de vacunas contra el Covid.

Mucho se habló, y las pruebas son demoledoras, sobre la participación de la Casa Blanca, del secretario de Estado Henry Kissinger y de la CIA en la articulación de aquel 11 de septiembre de 1973. Pero poco se dijo de la intervención de los servicios de inteligencia británicos –MI6- y el australiano –ASIS- desde antes de ese nefasto día. Papeles desclasificados que publicó el periodista y documentalista John McEvoy detallan cómo Allende era vigilado de cerca desde los ’60 y figuraba como “una amenaza” por sus ideas socialistas. Pero la revelación no se queda ahí (*).

McEvoy -quien está culminando un documental sobre “el papel oculto del Reino Unido en la destrucción de la democracia de Chile”, junto con Pablo Navarrete- expone la participación de agentes y funcionarios británicos en la cobertura de los crímenes de la dictadura, e incluso las recomendaciones de aplicar una estrategia que los británicos desarrollaron en sus colonias en Malasia entre 1948 y 1960 para reprimir las rebeliones contra la ocupación. “La idea de esa ayuda surgió durante la visita a Chile del jefe de la Armada británica, Sir Michael Pollock, a finales de noviembre de 1973”, dice McEvoy. De acuerdo al material que ahora sale a la luz, en un encuentro con el canciller Ismael Huerta, Pollock desplegó el concepto de “ganar los corazones y las mentes”, que también se había aplicado en Irlanda del Norte.

No queda claro quién inventó el término, pero básicamente consiste en técnicas de psicología de masas junto con dosis de asistencia médica y alimentaria para poner a la población del lado del opresor. “Los tiros, en este negocio –diría el mariscal Gerald Templer, a cargo de los operativos contra el Ejército de Liberación Nacional Malayo (MNLA)- son el 25% del problema. El otro 75% es lograr que la gente de este país esté con nosotros”.

Pinochet fue la punta de lanza de una monumental operación de formateo económico que alcanzó su máximo esplendor cuando Margaret Thatcher en 1979 y Ronald Reagan en 1981 llegaron al poder en el 10 de Downing Street ella y la Casa Blanca él. Ambos adhirieron con entusiasmo y rigor a esas premisas. Las consecuencias se viven aún en Chile, el Reino Unido, EE UU y gran parte del mundo.

Se puede decir que lo de Friedman no es económico sino un plan político muy minucioso para construir una sociedad individualista. Le cabe una expresión del “halcón” demócrata Mendel Rivers sobre su propuesta para ganar la guerra en Vietnam: “Yo digo que los agarremos de las pelotas y sus corazones y sus mentes los seguirán”.

La exprimera ministra británica dio su versión ante el Sunday Times cuando asumió Reagan: “La economía es el método; el objetivo es cambiar el corazón y el alma”. El revisionismo en parte de la dirigencia argentina sobre la barbarie de los `70 va a eso.

Tiempo Argentino, 9 de Septiembre de 2023

Recalculando

Recalculando

A medida que se acerca la hora de la verdad, las estrategias de campaña de cada uno de los tres espacios que quedaron perfilados para un eventual balotaje tuvieron que reciclarse a las apuradas. Se debe recordar que la noche del 13 de agosto fue particularmente sorpresiva para todos: si bien el escenario de tres tercios estaba en los cálculos, nadie veía en el horizonte que la pole position sería para Javier Milei. Una de las más afectadas fue, seguramente, Patricia Bullrich, que descontaba un triunfo importante sobre su rival en la interna de Juntos por el Cambio (JxC), el alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta. Bullrich ya se veía poniéndose la banda presidencial el 10 de diciembre como lideresa de la oposición al kirchnerismo, que parece ser el objetivo instalado como la gran utopía del 2023. Luego de los primeros momentos de incertidumbre, en los que Bullrich fungía como la oposición, tuvieron que barajar y dar de nuevo.
El temperamento corrosivo de la exministra de Seguridad de Mauricio Macri podía haber dado dividendos en JxC, pero ahora ese «modelo cowboy» se muestra representado por Milei, que supera con creces la amenaza de recortes que Bullrich garantizaba con su pasado durante la gestión de Fernando de la Rúa. El líder de La Libertad Avanza incluso no tiene empacho en despotricar contra la justicia social como fuente de todo mal.
Lo que queda claro es que desde el 14 de agosto Milei es la estrella de los medios y hasta su vida sentimental forma parte de la campaña electoral. Son más de 7,1 millones de votos que tienen sus razones para inclinarse por una propuesta que centra gran parte de su discurso en la inestable situación económica, algo que ninguna de las coaliciones mayoritarias pudo resolver en los últimos dos turnos presidenciales. 
Su gran desafío es mantener –cuando no incrementar– ese flujo de votos, algo que no tiene asegurado. Su propuesta de estabilizar la crisis mediante una dolarización parece haber prendido en una parte de la sociedad, a pesar de las dificultades que generaría y de que no tiene el apoyo de la mayoría del empresariado, que aún recuerda lo que significó la convertibilidad; pero de allí se pudo salir.
También en el oficialismo tuvo su impacto la sorpresa de Milei, ya que Sergio Massa aparecía en los sondeos como el ganador individual de la PASO y su esperanza era construir desde allí una candidatura con aspiraciones. Massa casi no circuló por los medios en los primeros días –salvo un reportaje en C5N y otro en Crónica TV para dar sus razones de la devaluación–, pero se mostró discutiendo con los funcionarios del FMI por el desembolso, que en el organismo dejaron –no inocentemente– para después de las PASO. Luego se mostró con el presidente Lula Da Silva en Brasil por un acuerdo para pagar importaciones con yuanes.

Tabla de salvación
Bullrich mostró gruesas fallas a la hora de pretender explicar cómo piensa combatir la inflación, eliminar las restricciones cambiarias y quitar las retenciones, todo al mismo tiempo y sin llegar a un estallido. La supuesta solución que llegó a JxC vino del lado de Carlos Melconian, un siempre aspirante al Ministerio de Economía de cualquier Gobierno. El extitular del Banco Nación del macrismo viene llevando sus planes a todos los espacios políticos –se llegó a reunir con la vicepresidenta Cristina Fernández– y ahora entiende que es su momento, mientras que en JxC lo ven como la tabla de salvación. Bullrich necesita mostrar algún plan que parezca razonable y, además, retener a los votantes de Rodríguez Larreta y los de la Unión Cívica Radical. Menudo desafío luego de haberlos castigado por «blandos».
La apuesta por Melconian no es solo por tratarse de un personaje mediático con verborragia suburbana que tiene presencia en las pantallas desde hace décadas. Detrás de este nativo de la localidad bonaerense de Valentín Alsina hay un conglomerado de empresas nacionales que son las mismas que en su momento apoyaron a Domingo Cavallo.
De hecho, ocupa el mismo cargo que otrora llevó a la fama al mentor de la convertibilidad en el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea, nacida durante la dictadura cívico-militar en la provincia de Córdoba bajo el empuje del empresario Piero Astori. Con solo nombrar los apellidos que se unen detrás del sello se percibe cómo se juegan esas fichas: preside la fundación María Pía Astori, la secundan Marcos Brito y Sergio Oscar Roggio, y ocupan cargos Sebastián Bagó y Adrián Alberto Urquía, por mencionar a algunos.

¿Problema regional?
Por el lado de Milei, a la euforia inicial le siguió una temporada de calma. Quizás cumple así con el teorema del exdiputado Raúl Baglini y ante la posibilidad de un triunfo en octubre su discurso se va haciendo más moderado. Ya dio algunas señales de que sabe que deberá negociar con esa «casta» que afirma despreciar y anunció que su ministro del Interior sería Guillermo Francos, quien cumplió tareas con Cavallo, con Daniel Scioli en el Banco Provincia de Buenos Aires y hasta hace unos días con Alberto Fernández como representante argentino en el BID.
Donde Milei despierta más incertidumbre es en política exterior. Su anuncio de que no mantendría relaciones con «países comunistas» –léase China– y romper con el Mercosur generó la réplica del ministro y candidato Sergio Massa en el Consejo de las Américas. «Si no le vendemos a China ni a Brasil ¿de dónde creen que se pueden sacar los dólares para dolarizar?».
Milei también recibió alfilerazos de Lula da Silva, del presidente colombiano Gustavo Petro y del mexicano Andrés Manuel López Obrador, que advirtieron sobre lo ocurrido con Hitler, que tomó el poder en un contexto de alta inflación y descrédito social y provocó una tragedia. Saben que su llegada a la Casa Rosada crearía una situación insostenible a nivel regional.
Lo que genera también preocupaciones en la clase empresarial, que de buena gana aplaude las reformas laborales y sociales que promete el creador de LLA, es que saben que sus intereses estarían en riesgo ante un escenario como el que ahora avizoran.
Massa, en tanto, no la tiene fácil. Le resulta evidente que el FMI juega para la oposición, cualquiera que sea, y busca todas las alternativas para poder entrar al balotaje. Se siente más cómodo contra Milei, al que le tiró algún centro desde Washington cuando dijo que fue el único que no vapuleó al país en su visita a la sede del organismo tras las PASO: palo para «un exministro de JxC» que habría pedido que bloquearan todo apoyo el Gobierno. En Brasil, Da Silva le recomendó dejar de salir a buscar dólares y enfrascarse en sumar votos. Sus recorridas por el interior del país y sus encuentros con gobernadores y dirigentes políticos afines apuntan a eso.

Revista Acción, 5 de Septiembre de 2023

BRICS+: en la previa a la cumbre del G20, Lula avisa que el mundo ya no es igual

BRICS+: en la previa a la cumbre del G20, Lula avisa que el mundo ya no es igual

Lula suele ser el más claro y lo volvió a demostrar a una semana de que el grupo BRICS tomara en Johannesburgo la decisión de ampliar a once miembros la membrecía de la mayor organización de países emergentes. “El mundo ya no será el mismo” comenzó calentando motores en un acto en la ciudad nordestina de Fortaleza. “Somos el Sur Global. Ya no aceptamos que nos traten como inferiores, sino en igualdad de condiciones”, concluyó el mandatario brasileño, principal impulsor del ingreso al grupo de Argentina.

La segunda camada de integrantes de los BRICS –en la primera solo hubo lugar para Sudáfrica- incluyó además a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Etiopía e Irán y despertó críticas en la oposición argentina y más aún en los países occidentales y Estados Unidos, acostumbrados como están a dictar las normas que rigen el mundo.

BRICS+ o BRICS 11, como se lo está llamando (un acrónimo en inglés sería BRICSEISEUA o algo así) suma al 42% de la población, el 80% del petróleo y alrededor del 37 % del PBI del planeta, mucho más que el grupo de los países industrializados, el G7, que ronda el 30%.

Es así que el portal de noticias financieras Bloomberg señaló que Emiratos planea inyectar abundantes fondos al Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS (NBD), que dirige la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, según adelantó el ministro de Economía Abdulla bin Touq Al Marri. “El tercer mayor productor de la OPEP puede dar más fuerza financiera al prestamista BRICS formado como contrapeso al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial», puntualiza Bloomberg.

El presidente de Irán, uno de los nuevos socios del grupo y seguramente el más cuestionado tanto en el Norte como en Argentina, dijo que tanto el BRICS+ como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS),  que impulsa Beijing, son «movimientos para contrarrestar las medidas de dominación y el unilateralismo del sistema hegemónico». El país islámico forma parte de la OCS desde junio pasado y desde el 1 de enero próximo lo hará de la nueva institución.

Entre las primeras respuestas orgánicas desde el Norte Global, el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, el melindroso Jake Sullivan trato de ningunear el anuncio y dijo ante periodistas de EEUU que no ve al grupo “evolucionando para convertirse en algún tipo de rival geopolítico”, de acuerdo a un cable de la agencia AFP. “Se trata de un grupo muy diverso de países… con diferentes puntos de vista sobre cuestiones críticas”, adujo, intentando tirar la pelota afuera con escasa elegancia.

Sin embargo, para el encuentro del otro club de naciones desarrolladas o en vías de, el G20, que se reunirá el fin de semana que viene en Nueva Delhi, la Casa Blanca anunció que el presidente Joe Biden presentará un plan para reformar el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en favor de los intereses de los países en desarrollo.

En ese grupo comparten un sitial otros BRICS+ como Argentina, Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y Arabia Saudita. Como para dejar más en claro que las partidas en el mundo se juegan hoy día en simultáneas.

Es tan así las cosa que Biden aprovechará el encuentro –en el que está anunciada la presencia de los jefes de estado, entre ellos Alberto Fernández, pero no Vladimir Putin, por el pedido de captura ordenado por la corte de La Haya- para estrechar vínculos con el primer ministro Narendra Modi.

La postura de India desconcierta a Estados Unidos y en general a occidente. Por un lado integra el foro QUAD, una suerte alianza defensiva, junto con EEUU, Japón y Australia. Los ancestrales cruces con China–con quien comparte más 3400 kilómetros de frontera- cada tanto vuelven a generar incidentes en inhóspitas regiones de Aksai Chin son un caldo de cultivo para diferencias irreconciliables. Pero Nueva Delhi no quiere entregarse a los designios del bloque anglosajón. Habrá que decir que tiene con qué: está entre las cinco principales economías del mundo, su PBI creció el año pasado un 6,8% y se apronta a superar a China en población, con unos 1300 millones de habitantes al cierre de esta edición.

Tiempo Argentino, 3 de Septiembre de 2023