Un día como hoy, hace 75 años, el emperador Hirohito ingresaba a la embajada de Estados Unidos en Tokio para entrevistarse con el general Douglas MacArthur. Vestía una vieja levita negra, pantalón a rayas y sombrero de copa, un rasgo de elegancia occidental quizás decadente. El comandante de las tropas aliadas, uniforme de fajina sin corbata, las manos en los bolsillos, demostraba una estudiada falta de respeto a los ritos de la monarquía. Hirohito era considerado descendiente de Amaterasu, la diosa del sol, y representaba un imperio de 2600 años. Pero el 15 de agosto de 1945, luego de las bombas atómicas en Nagasaki e Hiroshima, había anunciado por radio la rendición incondicional ante las tropas estadounidenses. En poco tiempo, renunciaría también a su origen divino para aceptar una constitución parlamentaria. A cambio, salvaría su vida y su prestigio, un privilegio del que no disfrutarían sus socios en la Segunda Guerra Mundial, Adolf Hitler y Benito Mussolini.
El milagro de esa supervivencia -Hirohito murió en 1989 y su hijo Akihito es el actual emperador japonés – sería construido en ese encuentro crucial con el general triunfador.
En el trono como regente desde 1921 por enfermedad de su padre, Taisho, fue coronado en 1926. Una de las diez economías más desarrolladas de la época, había en Japón un sector nacionalista que pugnaba por expandirse al resto de Asia. Entendían que había un destino manifiesto que los llevaba a plantear una Doctrina Monroe para el extremo oriente. A partir de la ocupación de Corea avanzaron hacia el control de Manchuria, colocando como fachada a Pu Yi, el último emperador chino que refleja Bernardo Bertolucci en su película de 1987.
Furiosos anticomunistas, los militares se lanzaron a la invasión del resto de China luego de que el mandatario chino Chiang Kai-shek se aliara con el partido de Mao Zedong. Si una habilidad se le reconoce a Hirohito es la de haber esquivado el traste a sus responsabilidades por la militarización del país.
Aparece más como víctima de las presiones de los sectores más radicalizados del nacionalismo que como impulsor de políticas expansionistas. Como monarca divino, era un desconocido para la población. Ese carácter le daba una infalibilidad que era aprovechada por los dirigentes políticos.
En ese Japón se movían a voluntad sociedades secretas como la del Dragón Negro, la del Cerezo en Flor o la Hermandad de la Sangre -a cada cual más fascista- y también tenían influencia partidos políticos financiados por los dos grandes grupos industriales, Mitsubishi y Mitsui.
Pero ese Japón que pretendía un mercado cautivo y colonias para su población excedente, protagoniza las mayores atrocidades que puedan imaginarse. Como la Masacre de Nankín, en diciembre de 1937, cuando tropas japonesas asesinan a unos 300 mil civiles. El episodio incluye violaciones masivas y todo tipo de vejámenes a niños.
La Unidad 731 fue un escuadrón del Ejército Imperial que desarrolló armas bacteriológicas. Se supone que más de 10 mil coreanos, mongoles, chinos, rusos y hasta europeos fueron conejillos de indias de experimentos biológicos.
MacArthur negoció salvarle el cuello a Hirohito como una forma de pacificar definitivamente a Japón. Las presiones desde Washington fueron tremendas para juzgarlo por crímenes de guerra. Pero el general más galardonado de Estados Unidos convenció a sus jefes de la necesidad de que el archipiélago fuera un freno para la amenaza de la Unión Soviética y la China de Mao. MacArthur comandaría las fuerzas que se desplegaron en Corea. Pero esa fue otra guerra.
Hirohito zafó de cualquier acusación y como un órgano más del Estado, estuvo al frente del renacimiento de Japón que se convertiría en la segunda economía del mundo durante el resto del siglo XX.
Luis Almagro se las ingenia para girar más a la derecha a cada momento. Y ahora dio otra vuelta de tuerca tras la embestida contra el secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Paulo Abrao. Logró que un brasileño defensor de las reglas de la convivencia democráticas se baje de la OEA y que ingrese al organismo otro brasileño, Arthur Bragança de Vasconcellos Weintraub, que se caracteriza por su racismo. El nuevo amigo ultraconservador del secretario general de la OEA ocupa la secretaría de Acceso a los Derechos y la Equidad de la entidad regional, luego de dejar el gobierno de Jair Bolsonaro, donde era asesor especial del presidente de Brasil.
Almagro, en otra época integrante del Frente Amplio uruguayo y canciller de José Mujica, llegó a la Organización de Estado Americanos en 2015, en un momento cumbre del progresismo en la región y en el marco de un avance de los procesos de integración, fuera de la órbita de Estados Unidos.
Pero desde la llegada de Donald Trump al poder viró hacia el mayor sometimiento a la voluntad de la Casa Blanca que se recuerde en la historia del organismo con sede en Washington. Quizás exagerando la fe de los conversos o más probablemente, porque salió del closet progre, el caso es que encabeza con el mismo fervor la ofensiva contra el gobierno bolivariano de Venezuela como contra todo lo que huela a centroizquierda al sur del Río Bravo.
En ese marco, a pocos días de que comenzara un nuevo período de Abrao en la CIDH, anunció que no firmaría la renovación de mandato, amparado en muy oportunas denuncias por presunto maltrato al personal a su cargo. Eso generó controversia por la injerencia del secretario general en la CIDH, un organismo que debe tener independencia de criterio no solo por cuestiones reglamentarias, sino éticas. De hecho, Abrao había sido elegido de acuerdo al protocolo tradicional a principios de año.
Como sea, el embate fue apoyado por los gobiernos derechistas que pululan en el continente con el sencillo expediente de mirar para el costado. Así es que Abrao, un jurista de sólido prestigio en la defensa de los derechos humanos que había asumido en 2016. Y para evitar mayores escándalos, Abrao tuvo que tirar la toalla y la CIDH anunció que elegirá a un sucesor el próximo viernes.
El caso del nuevo titular de Acceso a Derechos y Equidad es bien diferente. Hombre de la ultraderecha bolsonarista de la primera hora, es hermano del que fuera ministro de Educación, Abraham Bragança de Vasconcelos Weintraub, y que fuera obligado a renunciar en abril pasado luego de una cadena de exabruptos, entre los cuales quizás el menor haya sido su pedido de cerrar el Congreso y la Corte Suprema para facilitar la gestión de Bolsonaro.
Arthur tiene un perfil similar. Conocido como a Abraham, por sus declaraciones de desprecio a la población indígena y a los negros, destaca también su inquina contra todo progresismo, al que no duda en calificar de comunismo. Ni que decir lo que opina del actual gobierno argentino. “Argentina es el segundo país del mundo en número de muertos proporcional por Covid-19. Es el país con más largo y severo cierre del mundo. O sea, el cierre es un embuste, una astuta mentira”, y linkea un artículo de Infobae con datos parciales de la semana.
Igualmente linkea, aunque en otro sentido, el uso del barbijo con el comunismo. como en este tuit del jueves pasado.
«Aquí en los Estados Unidos, los barbijos no son obligatorios en la calle. Pero hay un tonto que lo usa en medio de una zona verde vacía. Y hay algunos que te quieren cobrar por usarlo en la calle (vino una mujer a cobrarnos, pero no pudo convencernos). Este barbijo es el pin del partido comunista. ¿Te atreves a usarlo?
En apoyo de Bolsonaro, tuiteó alabanzas al discurso del presidente brasileño en la ONU, en el que definió a Brasil como un país cristiano y conservador. Sin olvidarse de su mensaje evangélico de combate a la “cristofobia”, según recordó Arthur.
Los hermanos Weintraub comparten ideología y están lo que se dice bien “enganchados” en el sistema internacional de gobernanza. Es así que tras su salida del gabinete de Bolsonaro, Abraham -que venía del mundo financiero en el directorio del banco Votorantim- halló conchabo en el Banco Mundial como director ejecutivo en el bloque que integran Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Haití, Panamá, Filipinas, Surinam y Trinidad y Tobago.
Arthur no quedó mal parado en la OEA tampoco, aunque recibe críticas por el sueldo que cobrará en Washington. Y así se defiende: “Mi costo de vida aquí es caro, el dólares. Comida, alquiler, en dólar. La izquierda lo pasa a reales para denigrar. Conviértanlo en bolívares y entonces seré billonario. Si quisiese ganar dinero habría pedido un cargo de 40 mil reales al mes para hacer una reunión mensual”.
En las relaciones familiares las cosas tienen sus bemoles para los hermanos ultraderechistas. En el Superior Tribunal de Justicia reposa aún un recurso interpuesto por los hermanos en contra de su padre, Mauro Salomao Weitraub para impedirle que le traspase su patrimonio a su esposa, a la sazón madre de los demandantes, Mariliza Bragança de Vasconcelos. Se trata de una pareja de médicos psiquiatras formados en la Facultad de Medicina de Sorocaba, en San Pablo. Ella, proveniente de familias tradicionales brasileñas ligasdas a la dinastía imperial, los Bragança. El, descendiente de víctimas del nazismo Joseph e Frida Weintraub, que lograron huir de Polonia a fines de 1940. Mauro, incluso tuvo que refugiarse de la dictadura brasileña por algún tiempo, según relató alguna vez Abraham.
Pero la demanda es contundente. Arthur y Abraham protestan judicialmente por la donación de todo el patrimonio a la esposa, en detrimento de los hijos. Para lo cual intentaron, sin éxito, probar que el padre no está en su sano juicio. “Los demandantes -afirma un dictamen procesal- no lograron acreditar la incapacidad de su padre para los actos de la vida civil, ni presentaron prueba alguna de la patología que afirmaron afectarlo. También debe tenerse en cuenta que, tanto durante el interrogatorio como a partir del informe pericial, el imputado demostró salud mental”.
Fue un encuentro inusual para los jefes de Estado de toto el mundo. Esta 75ª Asamblea General por primera vez no tuvo asistencia en la sede central de la Organización de Naciones Unidas. La gran sala del edificio en Nueva York estuvo poblada solamente por los embajadores de cada país, que fueron haciendo la presentación a los mensajes grabados de cada mandatario. Además de ese detalle de los tiempos de pandemia, hubo otro destacado: quizás desde aquellos agrios cruces durante la Guerra Fría no hubo choques tan fuertes como los que tuvieron Donald Trump con Xi Jinping. Ni diferencias tan marcadas entre dos visiones enfrentadas del mundo como las que mostraron un aliado incondicional de Estados Unidos como el brasileño Jair Bolsonaro y los que desde otra trinchera plantean la necesidad de fortalecer los organismos internacionales y el multilateralismo e incluso la apertura del Consejo de Seguridad a otros miembros que no formen parte del club de naciones con armamento nuclear y ganadores de una guerra que termino hace tres cuartos de siglo.
Los temas de debate, por otro lado, se centraron en las tareas en torno a la catástrofe que generó el coronavirus a todo nivel, y el cuidado del medio ambiente. En ese sentido, resonaron fuerte las palabras de Trump -que hizo un acting fenomenal propio de una campaña electoral como la que lleva adelante para la elección del 3 N- al acusar a Beijing por la difusión de lo que insiste en llamar “virus chino”. La respuesta del gobierno asiático vino por parte del embajador Zhang Jun. “Estados Unidos difunde un virus político en la ONU”. Trump fue mas lejos y pidió directamente que el organismo internacional castigue al gigante asiático por la pandemia.
La apertura de la Asamblea, como sucede desde su fundación, estuvo en manos de Brasil, que de ese modo fue premiado en 1947 por haber enviado tropas a Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Un Bolsonaro calmo y convencido, acusó a la prensa de hacer una campaña contra su gobierno por los incendios en Amazonas y el Pantanal. Dijo que el fuego se distribuye en los mismos sitios que en otras ocasiones y afirmó que forma parte del sistema de cultivos de productores y poblaciones indígenas sobre territorios ya desmontados hace tiempo.
Lo llamativo del mandatario brasileño fue su apoyo irrestricto a la política de Trump sobre Medio Oriente. Así, aplaudió el plan de paz de Trump y puso como ejemplo la firma de acuerdos entre Israel, Bahréin y Emiratos Árabes. Para finalizar, envió un discurso en defensa de la libertad como bien mayor de la humanidad y pidió combatir la “Cristofobia”, al tiempo que definió a Brasil como “un país cristiano y conservador”.
Trump, desde la Casa Blanca, mostró a continuación todas sus virtudes de showman. Afirmó que había movilizado esfuerzos contra el coronavirus de una magnitud que no se veía desde la II Guerra -algo desmentido por la realidad- y dijo que «las Naciones Unidas deben responsabilizar a China por sus acciones». No perdió oportunidad de descargar culpas también sobre la OMS, a la que acusó de estar controlada por Beijing.
Así de grandilocuente también fue su consideración sobre su política ambiental, y también en este rubro señaló al extremo oriente. «Quienes atacan el excepcional desempeño ambiental de Estados Unidos al mismo tiempo que ignoran la polución rampante en China no están interesados en el medio ambiente. Solo quieren castigar a Estados Unidos».
Xi, a su turno, pidió “superar la trampa del choque de civilizaciones” y respetar el camino soberano hacia el desarrollo de cada país. “La globalización es una realidad objetiva y una corriente histórica. Meter la cabeza bajo la arena como un avestruz y blandir la lanza contra ella como el gigante imaginario del Quijote son procederes contra el avance de la historia. El mundo no retrocederá ni aceptará la división artificial en bloques opuestos”, pontificó Xi para puntualizar que China “no quiere una guerra fría ni una guerra caliente con nadie”.
Consecuente con este pensamiento, abundó en propuestas para la gobernanza global y en apoyo de las organizaciones internacionales, como precisamente la Organización Mundial de la Salud. Luego prometió que las vacunas en investigación de laboratorios chinos serán compartidas de manera solidaria con todas las naciones, principalmente las subdesarrolladas.
Vladimir Putin, en una línea similar, dijo que debería abrirse la conformación del Consejo de Seguridad para agregar a otras naciones a la mesa de los cinco miembros permanentes, que son EEUU, Rusia, China, Francia y el Reino Unido. Cinco triunfadores en la contienda a la que los chinos catalogan como la Guerra Antifascista Mundial. El presidente ruso invitó a promover iniciativas tendientes a acuerdos para el control de armas, estancadas a medida que van venciendo los tratados en vigencia desde el fin de la era soviética y sin visas de renovación desde la actual Casa Blanca.
El jefe de gobierno turco, Recep Tayyip Erdogan, apuntó directamente a la organización internacional al afirmar que “el sistema de las Naciones Unidas no puede ser eficaz para prevenir conflictos ni para poner fin a los conflictos que han comenzado”. Y fue derecho al grano: “una estructura del Consejo, que deja el destino de más de 7 mil millones de personas a merced de 5 países, no es justa ni sostenible”.
Luego dio su posición sobre las diferencias con Grecia en torno del Mediterráneo oriental. “Creemos que se debe resolver los conflictos en base al derecho internacional y sobre una base equitativa”. Y a continuación se metió de lleno en el conflicto Medio Oriente.
Cuando dijo que “Turquía no apoyará ningún plan que el pueblo palestino no consienta. La participación de algunos países en la región en este juego no significa nada, más allá de apoyar los esfuerzos de Israel para socavar los parámetros internacionales básicos», el embajador israelí en la ONU abandonó la sala en señal de rechazo.
Al cabo del discurso de Erdogan, las autoridades de Turquía y Grecia -dos países que integran la OTAN- anunciaron el comienzo de negociaciones formales en vías de resolver de manera pacífica la cuestión de Chipre. la tensión entre Atenas y Ankara venía creciendo en la últimas semanas y este es un paso en favor de la paz que no se tomaba desde 2016. Algo es algo.
“Me recomendaron que quede documento sobre esos días del golpe de Estado”, recuerda Evo Morales. Y así explica Volveremos y seremos millones, el libro que acaba de publicar Planeta. En la charla con Tiempo vía Zoom, se lo ve tranquilo, calmado pero se nota que los hechos ocurridos ese 10 de noviembre fueron un cimbronazo inesperado del que le costó recuperarse. “La primera semana, en México, no sabía lo que había pasado, aquí llegué más fortalecido”, reconoce.
-¿Siempre fue un hombre muy activo, desde muy temprano y hasta muy avanzada la noche, se aburre ahora?
-Claro, no hay reunión con Gabinete, con los movimientos sociales. Esta mañana estuve en la cinta trotando, en 15 minutos hice 2 km con 350 metros. La noche anterior media hora, casi 4 kilómetros. Esa es mi actividad por ahora, un poco de abdominales, reuniones. Tengo muchos deseos de escribir un libro sobre la hoja de coca. Que participó en la guerra de la independencia, en la guerra federal.
-¿Cómo fue eso?
-Los patriotas organizados y movilizados contra los invasores, en algunas comunidades, se mantenían con papa, agua y otros con coca de Coripata, para que puedan combatir, el mejor producto. En nuestro caso, so pretexto de la lucha contra el narcotráfico ponen la base militar en la zona cocalera del trópico de Chapare. Ahí identificamos a los enemigos internos y externos. Decían “la coca ha puesto a Evo de presidente y la coca lo va a sacar. No es que coca me sacó, Imperio enemigo de la coca”. Con la hoja de coca, nuestra cultura, nuestra identidad, llegamos a la presidencia. La hoja de coca en su estado natural es alimento y medicamento. No estoy hablando de cocaína.
-¿Como la prefiere, mascada, en té?
-Antes mascaba pero ahora tomo harina de coca. Acabo de tomarme una harinita de coca para no dormirme o cuando tengo muchas reuniones, estamos en campaña, hoy tengo reuniones con candidatos asambleístas hasta muy tarde. Tenemos que ver cómo nos organizamos, apenas hay tres semanas o cuatro de campaña.
Para Evo Morales, el anuncio de la presidente de facto de que renuncia a la candidatura presidencial representa una “doble traición, a sus militantes y candidatos”, que ya estaba en marcha desde hace tiempo, pero se decidió una vez que negoció su impunidad. Exiliado en Buenos Aires luego del golpe del 10 de noviembre pasado, el exmandatario boliviano mantuvo una entrevista virtual con Tiempo Argentino en la que habló del libro que acaba de publicar -sobre aquellos días dramáticos en que eligió, afirma, dejar la presidencia para que no hubiera un baño de sangre- y uno que quiere escribir, sobre la historia de la coca y cómo esa planta emblemática para los pueblos andinos participó en las guerras de la independencia. También contó pormenores de sus anteriores persecuciones. “En mi carrera política he sido tantas veces procesado, detenido, torturado, confinado. Me faltaba asilo en refugio. Creo que he completado”.
“El primer proceso fue en 1989 -recuerda Morales- Yo gané la ejecutiva de una federación del trópico de Cochabamba en 1988. Hice mi primera concentración, a un año de la masacre de Tunari, del 27 de junio del 88. Yo vi personalmente la DEA, uniformada, que nos disparaba a ráfagas en Villa Tunar, nos atacaron por helicóptero. No era dirigente principal sino de una central campesina. Once muertos. Al día siguiente nos buscan en el sindicato, me llevaron adentro. Entre 5 me pisaron dentro de un móvil. De la cintura para arriba no me podía levantar. Yo les dije: “Ustedes me pueden pisar a mí, pero se dejan pisar por la DEA de Estados Unidos.”
-¿Luego hubo otras detenciones?
-En 1995 estaba en una reunión con productores de coca del Cauca, en Colombia; de Quillabamba en Perú y de Copacabana en Bolivia. Hubo una intervención policial y militar, nos sacaron dormidos y nos llevaron detenidos con las manos en la nuca. Ese día también habían intervenido a la Central Obrera Boliviana, también detenidos, y dictan el estado de emergencia. Esta vez detenido y confinado, pero no torturado. En celdas subterráneas en La Paz dos semanas.
-¿Y la otra?
-La tercera más dura ha sido, cuando me expulsaron del Congreso en 2002, siendo diputado. Estaba Tuto Quiroga de presidente. Dos de sus ministros, Leopoldo Fernández y Chaca Rivero, me han dicho que fue por instrucción de EE UU. El plan era procesarme y sentenciarme para que no sea candidato a presidente en 2002. Por la lucha del pueblo fracasaron. Ahí hubo movilizaciones, corte de caminos y en Caracoles, cerca de la ciudad de Oruro, solo han detenido a mi hermana Esther y a mi hermano Hugo, que estaban en el bloqueo de caminos.
-Ella murió hace poco.
-Murió el 16 de agosto de coronavirus. Nunca hubo nepotismo en mi gobierno. Ella seguía en su comercio de carne, en su tiendita seguía vendiendo y le han quemado la casa el día del golpe.
-¿Siente que otra vez se dejan pisotear por organismos de EE UU?
-Antes de nuestro proceso estaban totalmente sometidos. Autoridades del Comando Sur o de organismos policiales de EE UU primero llegaban a la base militar en Chimoré (Cochabamba) y recién después iban a reunirse con el presidente y los ministros en La Paz. Parecía que los que estaban en Chimoré eran sus presidentes, sus delegados. Y después iban a La Paz. Colonia colonia era. Era un centro de dominación.
-Sí, pero ¿ahora no ocurre lo mismo?
-Nosotros cerramos la base militar. Convertimos eso en un centro de integración. Ahora volvió al pasado, aunque todavía no fue la DEA, pero sí la CIA y la embajada gobiernan en el Palacio. El asesor privado de la Áñez trabajó 18 años en la embajada de EE UU. Colega de ustedes (se trata de Erick Foronda).
-Usted decía que Jeanine Áñez traicionó a sus seguidores al renunciar a la candidatura. ¿Siente que usted también fue traicionado, que lo han dejado solo en algún momento?
-En todo el proceso ha habido traidores. Los fundadores en el 2009, ya por una cuestión de candidaturas, nos han abandonado, eso pasa en todo movimiento. Pero no dividió nada, se han ido solos.
-¿Confía en que las autoridades van a entregar el poder o teme que puedan escamotear el resultado?
-El pueblo esta organizándose no solo para cuidar el voto sino para defenderlo. Yo veo dos cosas: estoy en contacto con algunos hermanos policías y militares. En todos lados hay buenos y malos. Pero muchos repudian lo que hizo su comandante, de permitir que la policía se amotine y que el comandante de las FFAA pida la renuncia de Evo. Porque se sienten culpables, miran ahora cómo esta Bolivia y se sienten culpables. No solo hubo genocidio sino economicidio. No son promotores golpistas ni policías ni militares, pero aceptaron, se han incorporado por culpa de sus comandantes. La violencia es un derecho de la derecha, el racismo es como un derecho adquirido para los fascistas. Pero tengo mucha confianza en las fuerzas armadas institucionalistas que respetan la constitución. Hay militares que apuestan por la patria.
-Luis Arce y David Choquehuanca, los candidatos del MAS IPSP fueron muy leales a su gobierno.
-El compañero Arce, economista, muy patriota. Choquehuanca viene del movimiento indígena, lo conoce muy bien. Pero en este momento la cuestión pasa más por la economía. Tenemos dos pandemias, contra la vida y contra la economía. El coronavirus nos mata pero también el gobierno de la dictadura nos mata de hambre. Si no hay políticas urgentes el hambre puede matar más que el coronavirus en Bolivia. Y nosotros tenemos una propuesta, por eso planteamos crédito al 0 por ciento de interés para el pequeño productor. Para que no falte alimento, por un año. Solo la madre tierra con el pequeño productor van a salvar la hambruna. El gran productor agroindustrial siempre ve la producción como un negocio. Es su derecho y debe ser respetado. El pequeño productor también tiene beneficios, pero va siempre al alimento del pueblo.
-Usted suele hablar de economicidio.
-Este gobierno no solamente tiene corrupción, nepotismo y ha paralizado obras por la pandemia, sino que se sometió al FMI. Cerraron tres ministerios. Usted sabe bien que el Fondo quiere un Estado mínimo, un Estado que regule pero no invierta. Pero un Estado que no invierte no produce y no genera divisas. ¿Con qué plata va a atender las demandas? A eso llamo economicidio y eso lo va a salvar Lucho. El es experto. Al principio no teníamos experiencia en gestión pública. Ni Evo, ni Álvaro, ni Lucho, ni David. En 14 años hemos aprendido. En 2005 nos han dejado un país destrozado. Cinco años antes de mi presidencia, hubo cinco presidentes. Hemos logrado estabilidad política y social. Conocemos, tenemos mucha experiencia.
-¿Cuál fue su mayor éxito en esos años de gobierno?
-En política, la refundación de Bolivia. Dejar de ser un Estado colonial y tener un Estado plurinacional donde todos tenemos los mismos derechos y los mismos deberes. La incorporación del movimiento indígena y las mujeres. Tuve una ministra de Trabajo obrera de base. En tiempos neoliberales era un empresario. Todos los ministros de Trabajo eran obreros o asesores de la COB. En Justicia, una trabajadora del hogar (Marcela Casimira Rodríguez Romero), histórico, inédito. Y del movimiento indígena, de pollera, quechua. Un desafío para el patriarcado. Una hermana, Patricia Muñoz, ministra de gobierno, para que pueda comandar a la policía. Tal vez algún oficial no me perdona eso. En las FFAA, Cecilia Chacón, ministra de Defensa, aunque ella después nos ha traicionado.
(Foto: AFP)
-Usted dijo que recordó el final de Salvador Allende y eso lo convenció de que debía irse de Bolivia para salvar el proceso iniciado en 2005.
-Cuando llegué a Chimoré pensé meterme monte adentro. Pensé: “Estoy en mi región”. Desde allí voy a gobernar, no a renunciar. Otra vez pienso, si Evo sigue presidente y hay matanza en La Paz no va a ser bajo mi responsabilidad. En México y luego acá, vi que era un golpe como el de Chile. Con participación del gobierno de EE UU como leí en algunos reportajes: pagaban 50 dólares a transportistas para que haya paro de transportes o los ganaderos que en lugar de proveer carne degollaban en los ríos. Pagaban los gringos para golpear a Salvador Allende. Casi igualito. El senador republicano Richard Black admitió que Trump impulsó el golpe. El dueño de Tesla dijo lo mismo, para tener el litio.
-Hablando de Chile, ¿Cómo se imagina pisando nuevamente las calles de La Paz?-Claro, va a ser otro motivo de emoción. Los compañeros militantes me dicen: “Vamos a votar para que gane el MAS y que vuelva el EVO”. Es generalizado eso, pero también los que no se dedican a la política que dicen: “Voy a votar al partido que sabe gobernar”. Somos optimistas, porque hicimos mucho por el pueblo boliviano y conoce lo que hicimos. -Claro, va a ser otro motivo de emoción. Los compañeros militantes me dicen: “Vamos a votar para que gane el MAS y que vuelva el EVO”. Es generalizado eso, pero también los que no se dedican a la política que dicen: “Voy a votar al partido que sabe gobernar”. Somos optimistas, porque hicimos mucho por el pueblo boliviano y conoce lo que hicimos.
La democracia argentina acumula fuertes déficits en varios ámbitos y uno de ellos es sin dudas el de la vivienda. Hay pocos parámetros para dimensionar en cifras a cuánto asciende la falta de un hábitat digno para millones de ciudadanos argentinos y ante esta carencia, se recurre a datos del ultimo censo nacional, que se realizó hace diez años. Un sector de los medios, en tanto, augura una suerte de apocalipsis por las tomas de tierras en la provincia de Buenos Aires y difunden mensajes reactivos a toda reivindicación de los derechos de los pueblos originarios en la Patagonia. A esto se suma el debate en la dirigencia política, donde el tema levanta controversias de tal magnitud que incluso dentro del oficialismo se generan enfrentamientos sobre la forma de caratular a este fenómeno, que se verifica con mayor intensidad como una de las consecuencias sociales que acompaña a la pandemia. Genéricamente se habla de que para satisfacer las necesidades habitacionales de la población hacen falta 3 millones de viviendas. Pero el dato es de 2010, no actualiza las condiciones reales de los ciudadanos afectados y además, no toma en cuenta el crecimiento demográfico. Un dato más cercano en el tiempo es el censo que se realizó desde 2017 para crear el Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP). Fue una iniciativa que contó con el voto unánime en el Congreso, que fructificó en 2018 con la ley 27.453 que declaraba de utilidad pública y sujetos a expropiación a los inmuebles comprendidos en ese registro. Fue el primer inventario de barrios populares –una forma edulcorada de denominar a las villas miserias y los asentamientos urbanos– elaborado por los movimientos sociales y organizaciones cercanas a esas comunidades con la participación fundamental de los propios vecinos. Lo auspicioso fue que se trató de una iniciativa que el Gobierno de Mauricio Macri y sus legisladores aprobaron en conjunto con la oposición de entonces. Un ejemplo de consenso poco común en temas tan álgidos como la propiedad privada y el acceso a la tierra en tiempos neoliberales. Los datos que surgieron muestran que en todo el territorio nacional había 4.416 barrios populares donde vivían 935.000 familias sin la titularidad de los terrenos donde plantaron sus viviendas. Hubo algunos datos más: que allí no hay acceso a los servicios básicos –agua, cloacas, electricidad, comunicaciones– y que dos tercios de los pobladores tienen menos de 29 años. El proyecto de aporte solidario por única vez aplicado a las grandes fortunas destina 15% de lo recaudado para solventar proyectos de RENABAP. Podría ser un buen aporte para mejorar la situación. Esos barrios fueron los que más sufrieron durante la pandemia, donde el virus circuló más fuerte y provocó cientos de muertes y miles de contagios por las condiciones de hacinamiento en que se vive. Pero hubo otros datos inquietantes que no tienen registro, aunque sí visibilidad mediática: en estos meses terribles miles de argentinos perdieron sus ingresos y el monto de la ayuda que recibieron del Estado no fue suficiente para cubrir la alimentación y el pago de un alquiler. Literalmente, quedaron en la calle, a pesar de los decretos del Gobierno que trataron de impedir desalojos de inquilinos y congelar pagos a los propietarios. En lo que va del año, según información provista por el Gobierno bonaerense, hubo 868 desalojos y fueron detenidas 524 personas en intentos de ocupaciones en los partidos de Presidente Perón, La Matanza, Tres de Febrero, Merlo, José C. Paz, General Pueyrredón, Moreno, Quilmes, Avellaneda, Tigre, Cañuelas, Florencio Varela, Almirante Brown, Hurlingham y La Plata. El debate público se potenció con la ocupación de 100 hectáreas en Guernica (Presidente Perón). Desde los medios hubo muchos que alentaron la expulsión sin miramientos de los «usurpadores» y «delincuentes». La oposición deslizó acusaciones veladas de connivencia con el delito contra dirigentes del oficialismo y hubo cruces entre el ministro de Seguridad de la provincia, Sergio Berni, y líderes de movimientos sociales. Tanto fue el ruido que Juan Grabois, uno de los referentes del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), salió al cruce de las acusaciones en su contra afirmando: «Odio las tomas». Su argumento es que «toda familia que se mete en un terreno lo hace por necesidad. No hay ninguna otra explicación. Esas familias son víctimas, no culpables». Federico Fagioli tiene motivos para ser escuchado cuando habla del tema. Ahora diputado por el Frente de Todos, en 2014 participó en una toma en la localidad de Glew, donde se construyó el barrio Pueblo Unido. Allí vive y desde ese lugar afirma: «Nunca en mi vida fogonearía que alguien haga una toma, no se la pasa bien en una toma». Pero al mismo tiempo recuerda que hace seis años estaba en una encrucijada, atrapado entre deudas impagables y falta de ingresos acordes. «Era esto o quedarme en la calle». Los Curas en Opción por los Pobres se sumaron al debate en un documento donde señalan que «el conflicto por la tierra (…) pide respuestas de fondo que busquen resolver y no dilatar el problema». Y agregan un dato no menor a esta problemática: «El atravesamiento de negocios oscuros como la venta de droga; la compra-venta y alquiler de lotes; y otras inconfesables actividades, por mano de verdaderas bandas (generalmente al cobijo de funcionarios que “miran para otro lado” y del personal de seguridad que termina siendo socio del delito) complican este escenario». Entre las bandas que genéricamente denuncian los sacerdotes se pueden anotar grupos especulativos de carácter mafioso y las barras bravas de algunos clubes que, según los que conocen de la entretela de esos grupos –como el periodista Gustavo Grabia, autor de La Doce– al no haber fútbol pierden sus fuentes de ingresos y se ofrecen como mano de obra tanto sea para una toma como para un desalojo. En ese contexto, el líder de la barra disidente de River, Martín Núñez Gioiosa, «Saviolita», murió baleado en un enfrentamiento a tiros en una toma en Moreno.
El sur profundo La problemática de los pueblos originarios tiene otros condimentos. Recién con la Constitución de 1994 se reconoció la preexistencia y los derechos de los pueblos originarios. Estigmatizados durante la gestión de Patricia Bullrich, las muertes de Santiago Maldonado y de Rafael Nahuel se inscriben en las luchas por recuperar sus territorios ancestrales. La sucesora de la actual líder del PRO, Sabina Frederic, se vio inmersa en otro de los debates a raíz de una protesta contra los integrantes de la Lof Lafken Winkul Mapu, en Lago Mascardi. Bastó que dijera que «la toma de tierras no es un tema de seguridad» para despertar feroces críticas por lo que desde sectores de la derecha se consideró un ataque al derecho a la propiedad. Magdalena Odarda, titular del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), mantiene una mesa de diálogo para destrabar la situación en Río Negro. «En la Patagonia, desde la Conquista del Desierto hasta nuestros días, la tierra es un espacio de conflicto», afirma la exsenadora. «Se quejan por Bariloche –abunda Odarda–, pero no dicen nada de otros 700 predios que ocupan privados en otras fracciones de otros parques, ni de (el empresario británico Joe) Lewis, ni del príncipe de Qatar, que también tienen propiedad sobre espejos de agua que compraron a precios irrisorios».
Revista Acción, segunda quincena de Septiembre de 2020
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