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Un golpe, una historia

Un golpe, una historia

La Argentina puede ostentar un historial de relaciones exteriores en torno a la no injerencia en los asuntos extranjeros y la defensa de la soberanía de las naciones. Ha sido un modelo la llamada Doctrina Drago, que en diciembre de 1902 anunció el ministro de Relaciones Exteriores, Luis María Drago, y establece que ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra un país americano para cobrar una deuda financiera, pero que se hace extensiva a cualquier otra razón para intervenir militarmente.
La dictadura cívico-militar iniciada en 1976 revirtió este concepto y fue la expresión más acabada de un injerencismo extremo. Eran tiempos de Guerra Fría y Plan Cóndor, de manera que no desentonaba con el medio circundante. El «asesoramiento» en guerra sucia dirigido a los gobiernos centroamericanos que enfrentaban rebeliones como las de la guerrilla sandinista fue quizás su punto culminante. Tanto que incluso Argentina se equivocó sobre su posición estratégica en el concierto internacional y creyó que tenía garantizada la anuencia de Estados Unidos para recuperar las islas Malvinas.
En ese marco, en julio de 1980 el general Luis García Meza, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas bolivianas, derrocó a la presidenta Lidia Gueiler. La participación de la dictadura argentina en la elaboración y logística del golpe fue una elucubración con bastante asidero, pero el apoyo fue confirmado en el año 2000 por el propio García Meza, a esa altura detenido por casos de corrupción y vínculos con el narcotráfico. «Si yo revelara los hechos, todos temblarían», declaró el militar caído en desgracia.
Debió finalizar la dictadura para recuperar esa tradición democrática. Raúl Alfonsín la llevó a la práctica en julio de 1985 cuando se sumó al llamado Grupo de Apoyo a Contadora junto con los gobiernos de Brasil, Perú y Uruguay. Se trataba de una iniciativa multilateral de respaldo al conjunto de naciones que en enero de 1983, en la isla Contadora y a instancias de México, se unieron para poner freno a la amenaza de intervención militar del Gobierno de Ronald Reagan contra Nicaragua para abortar la Revolución Sandinista.
En abril de 2002, durante el interinato de Eduardo Duhalde, se produjo una asonada cívico-militar contra el presidente venezolano Hugo Chávez. España y EE.UU. se apuraron a reconocer al efímero gobierno de facto de un empresario. Durante un par de días en los medios hegemónicos hubo un debate sobre la calificación de esa intentona. Duhalde fue uno de los primeros mandatarios en definir al incidente como un golpe de Estado y anunció que la Argentina no reconocería otro gobierno que no fuera el elegido democráticamente. A los dos días Chávez volvió al Palacio Miraflores.
La caída de Evo Morales en noviembre de 2019 reúne todos esos elementos y más. Los medios más poderosos y el Gobierno de Mauricio Macri se negaron a calificar el hecho como un golpe de Estado. Y ahora se está comprobando algo que siempre se sospechó: que las autoridades argentinas habían participado con logística y apoyo diplomático. Se sabe, además, que fue con armas y pertrechos para reprimir al pueblo. Fue un golpe, sí, también contra las mejores tradiciones democráticas argentinas.
Lo alarmante es que hubo otro componente que hace recordar los momentos más oscuros de la historia de América Latina: se produjo entre la elección y la asunción de Alberto Fernández. Hay que remontarse al 11 de septiembre de 1973 para encontrar otro hecho de características similares. Faltaban, entonces, 12 días para el comicio que ganó Juan Domingo Perón. El Chile de Salvador Allende, derrocado ese día por Augusto Pinochet, compartía perspectivas con la democracia que se había iniciado en marzo de este lado de la cordillera.
En 2019, el golpe contra Morales consolidaba un cerco de ultraderecha sobre el gobierno naciente. Lo sabía Fernández, que recuerda su insistente pedido de no reconocer al gobierno de facto y de brindar asilo a Morales, en peligro por la violencia que desplegaban los golpistas. Los tiempos habían cambiado, la aventura no prosperó y la verdad va saliendo a la luz.

Revista Acción, 29 de Julio de 2021

No es Bicentenario, recuerda Castillo: Perú es cuna de civilizaciones desde hace más de 5000 años

No es Bicentenario, recuerda Castillo: Perú es cuna de civilizaciones desde hace más de 5000 años

Fue una jura con mucha simbología, desde la vestimenta, calcada de la que popularizó hace años Evo Morales. Algunas frases del primer discurso de Pedro Castillo como presidente del Perú también son ilustrativas de un cambio profundo en ese castigado país andino y presagian nuevos aires para toda la región. “La historia del Perú silenciado es también mi historia” fue una que destacaron todos los medios. Pero no son las más determinantes para lo que puede ser el regreso de tiempos virtuosos para esta parte del mundo que sueña construir una Patria Grande.

El sindicalista docente juró su mandato en la celebración de los 200 años de la independencia, lograda por un general nacido en tierras guaraníticas, José de San Martín, al frente de soldados provenientes de lo que hoy es Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y Bolivia.

Sin embargo, el Perú no había nacido ese 28 de Julio de 1821, como resaltó Castillo. “A pesar de que conmemoramos una fecha tan simbólica, nuestra historia en este territorio viene de mucho más atrás. Somos una cuna de civilizaciones desde hace más de 5000 años. Durante 4 milenios y medio nuestros antepasados convivieron en armonía con la naturaleza”, destacó.

El flamante mandatario fue contundente, frente a jefes de estado de varios países y a Felipe VI, el Borbón rey de España, descendiente de Fernando VII: “(Hasta que) llegaron los hombres de Castilla, que lograron conquistar el estado. La derrota del incanato dio inicio a la era colonial, y fue entonces, con la fundación del virreinato, que se establecieron las castas y diferencias que hoy persisten. La represión a la justa revuelta de Túpac Amaru y Micaela Bastidas terminó que consolidar el régimen racial impuesto por el virreinato, y subordinó a los habitantes indígenas de este país”.

Lo que dijo luego era una consecuencia casi obligada. “Yo no gobernaré desde la Casa de Pizarro. Debemos romper con las ataduras de la colonización. Cederé este Palacio para el Ministerio de las Culturas, para que sea usado que muestre nuestra historia desde orígenes”, insistió, apuntando al corazón de ese Perú al que las clases dominantes tratan de enterrar en el olvido.

Porque como también recordó el flamante presidente, hasta la constitución de 1979 hubo sucesivas restricciones para que no todos los peruanos pudieran ejercer su derecho al voto. El último escollo se derrumbó ese año al contemplar que también pudieran votar los analfabetos. Se habían ido incorporando lentamente al cabo de casi un siglo las mujeres, Antes se abrió a ciudadanos mayores sin la obligación de que pagaran impuestos. Una restricción que tenía como objetivo dejar afuera de aquella “democracia” a los no propietarios. Hoy podría ser útil para dejar afuera a quienes evaden en paraísos fiscales, pero esa es otra cuestión

El triunfo de Castillo es clave para reconstruir ese proceso de integración que en la primera década y media del siglo XXI forjaron un grupo de líderes y partidos políticos del campo popular, como Hugo Chávez, Lula da Silva, Néstor Kirchner, a los que se fueron sumando Evo Morales, Fernando Lugo, el Frente Amplio uruguayo, Rafael Correa.

Desde el 2015 se oscureció ese panorama -Mauricio Macri, golpe a Dilma Rousseff, giro de 180º de Lenin Moreno, entre otros “detalles” mediante- y la Unasur fue la primera víctima de ese proceso de reconstrucción conservadora. Hasta que el golpe a Evo Morales mostró la existencia de límites que ya no se podían cruzar tan fácilmente.

En ese escenario fue clave el triunfo de Alberto Fernández y su apoyo a Morales, cuando corría peligro su vida. Ahora van saliendo a la luz las acciones injerencistas del gobierno de Macri a pocos días de dejar el cargo y tras haber sido derrotado su proyecto derechista en las urnas.

Fernández mantuvo este 28J un encuentro bilateral en Lima con Guillermo Lasso, el banquero presidente de Ecuador. No era el candidato del gobierno argentino en los comicios de abril, ciertamente. Pero la construcción se hace con todos. Como se erigió la Unasur y la Celac, de la que participaron desde Sebastián Piñera y Álvaro Uribe a Hugo Chávez o Raúl Castro.       

México, con Andrés Manuel López Obrador, se incorporó a este proceso virtuoso a fines de 2018. AMLO ahora propone sustituir a la Organización de los Estados Americanos (OEA) por un organismo que sea “verdaderamente autónomo”. Algo parecido a eso que pretende ya existe, un tanto malherido, pero firme. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), creada en 2010 e integrada por 33 países y que comanda el propio AMLO. Sin Estados Unidos ni Canadá. Una institución que Fernández aspira a conducir en el próximo cambio de presidencia pro témpore, en enero próximo.

Es bueno recordar quiénes fueron los primeros en comandar la Celac: Sebastián Piñera hasta enero del 2013, cuando fue reemplazado por Castro. Morales estaba al frente cuando se produjo el golpe al que dio cauce sin dudas la OEA. Jefes de Estado de todos los países miembro se fueron sucediendo sin preguntar por ideología o posición social.

Porque esa es la historia y el futuro de los americanos. Venidos de barcos, salidos de las selvas, bajados de los Andes en el mismo rumbo.

Tiempo Argentino, 28 de Julio de 2021

Fortaleza oriental

Fortaleza oriental

Informe especial | CHINA DESAFÍA A ESTADOS UNIDOS
El país asiático se acerca al liderazgo mundial en base a una economía vigorosa, un creciente poderío tecnológico y militar y el respaldo de su cultura milenaria.

Xi Jinping. Presidente desde 2013, declaró al renacimiento de la República Popular como «un proceso histórico irreversible». (Fong/AFP/Dachary)

El nombre con que los chinos designan a su país, zhongguo (中国), significa imperio o país del centro. Las élites de Estados Unidos se jactan de ser herederas de una nación excepcional que tiene la obligación moral de llevar al resto del mundo sus valores democráticos. Qué mejor ejemplo para ilustrar eso que se llama Trampa de Tucídides, por el historiador griego del siglo de oro ateniense, que reflejó la inevitabilidad de un enfrentamiento bélico entre una potencia en retirada y una emergente que busca su lugar bajo el sol. Con un agregado: desde la crisis financiera de 2008, y sobre todo con la pandemia, se aceleraron los plazos para ese «choque de planetas» entre una civilización oriental y otra occidental. El paso de Donald Trump por la Casa Blanca no hizo sino desnudar el temor del establishment estadounidense por el futuro, al punto que desató una guerra comercial que Joseph Biden no parece dispuesto a desarticular y podría ser la antesala de una guerra en todos los terrenos. En la última cumbre del G7, en el Reino Unido, el sucesor de Trump conminó a los líderes de los países más ricos de Occidente a poner el foco en frenar el avance de China en todos los ámbitos.
Para interpretar los pasos que da Beijing, sin embargo, los sinólogos recomiendan no perder de vista de que se trata de una cultura que durante gran parte de sus 4.000 años de historia fue la más avanzada y rica de la humanidad. Y recurren al ejemplo de los juegos de tablero más representativos en ambos hemisferios terrestres, uno cultor del ajedrez y el otro del go (wéiqí), nacido en China y popularizado desde Japón. La esencia del ajedrez consiste en elaborar estrategias para derrotar al rey contrario o al menos lograr que se rinda. En el go, en cambio, se trata de rodear territorialmente al adversario, dejarlo sin grados de libertad hasta que no se pueda mover. No se trata de eliminarlo. Antiguamente una partida podía durar días, aunque a medida que se fue profesionalizando se establecieron reglas más estrictas. Pero se recuerda una partida entre Honinbo Shusai y Karigane Junichi en 1920 que se desarrolló durante 20 jornadas.
Para Gustavo Girado, director del posgrado sobre Estudios en China Contemporánea de la Universidad Nacional de Lanús, «el camino de China no es plantearse como potencia, no trata de convertirse en un hegemon tal cual lo padecieron en los últimos 200 años». Y lo ejemplifica así: «La intervención militar, la fuerza para hacerse de mercados y el cañoneo permanente de los puertos de aquellas economías más cerradas han demostrado cuál es la actitud imperial». De eso conocen por las invasiones británicas, portuguesas y en el siglo XX, de Japón.
Silvina Romano, investigadora del CONICET e integrante del Área de Estudios Nuestroamericanos del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, explica que la pauta del rol global del gigante asiático lo da esa guerra económica impulsada por Trump que en el fondo tenía como base una guerra tecnológica. «Muy rápidamente China se puso a tiro con el desarrollo de nuevas tecnologías sobre todo en lo militar, algo que no se esperaba tan rápido, en la carrera del espacio y en esta articulación entre lo digital a nivel seguridad y la posibilidad de control de todo lo que sea telecomunicaciones».

Fábrica. Trabajadores producen chips LED en Huaian, provincia de Jiangsu. (STR/AFP/Dachary)

Zonas de influencia
Es que el desarrollo a todos los niveles de la que actualmente es la segunda economía del planeta fue explosivo por varias décadas a partir de las reformas económicas de Deng Xiaoping en 1979, y de ser el taller del mundo sustentado en mano de obra barata se convirtió en productora de tecnologías más sofisticadas, como la plataforma 5G de comunicaciones.
Fue Trump quien apuntó todos sus cañones a empresas chinas de alcance internacional y fundamentalmente a Huawei, a la que en todo el mundo califican como la más avanzada en esa nueva tecnología. En su cruzada recibió apoyo de países europeos, aunque ya muchos habían cerrado tratos con la firma asiática. Es así que Boris Johnson prohibió a Huawei participar en licitaciones para 5G haciéndose eco de la acusación de Trump de que era un instrumento de vigilancia para Beijing. La Unión Europea por ahora se resiste a las presiones.
Pero China también se ofrece como alternativa para el desarrollo de países de su región de influencia, a través de organismos que actúan como contraparte de los surgidos de la Segunda Guerra Mundial, como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP por sus siglas en inglés), un acuerdo de libre comercio entre los diez estados miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y Australia, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelanda. O la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), junto con Rusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. Nada menos que el 40% de la población mundial y el 60% del PIB global. Eso sin olvidar el megaproyecto de la Ruta de la Seda, una propuesta global que avanza por tierras y mares y a la que Argentina pretende sumarse.

Hong Kong. Manifestantes contra la nueva ley de seguridad nacional en ese territorio. (Wallace/AFP/Dachary)

No es osado decir que la pandemia no fue obstáculo para las empresas radicadas en el gigante asiático y cada vez hay más certezas de que el oriente milenario está a las puertas de recuperar su papel de centro del mundo, como lo fue durante milenios.
Durante el 2020, China fue el único país que mostró crecimiento económico positivo, cierto que de un magro 2,3%. Pero el año anterior el PIB había crecido 6,1% contra 2,2% de EE.UU. en 2019 y un promedio aún menor para el resto de las mayores economías. El PIB mundial del año pasado ubica en primer lugar a EE.UU., con unos 19 billones de dólares y segundo a China, con 13 billones, citando números redondos. El tercer lugar no lo ocupa un país sino una organización monetaria, la zona euro, con 12 billones. El cuarto lugar lo ocupa Japón, con unos 5 billones de ingresos totales y el quinto, Alemania, con 4 billones.
Un tema que alerta a los estrategas estadounidenses es que durante la primera ola de la pandemia, China fue el gran proveedor de insumos médicos de Europa y hasta EE.UU., del mismo modo que ahora colabora con vacunas, lo que le permite ir ocupando espacios de legitimidad en países de África y de América Latina, donde desde hace décadas ya es un jugador económico importante.

Centenario. Una mujer y una niña observan una exposición fotográfica con motivo de los 100 años del Partido Comunista chino, en Beijing. (Zhao/AFP/Dachary)

Cambio de época
«Una gran parte del empresariado, los sindicatos y el pueblo estadounidense se mantiene gracias al intercambio comercial con China, pero industrialmente los ha sobrepasado. Y en tecnología de punta también», sostiene Mariano Ciafardini, doctor en Ciencia Política y analista en el Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos (IADEG).
«Estamos ante un cambio de época –aventura Ciafardini–. Lo que está en decadencia no es EE.UU. como nación sino el capitalismo como sistema y EE.UU. está pagando los costos de ser el país que sostiene el sistema». Para el autor de Globalización. Tercera (y ultima) etapa del capitalismo, frente a esa decadencia está surgiendo una versión del socialismo «que no es el exactamente como soñábamos en los 60 o 70, sino un socialismo que viene de la mano de un fenomenal desarrollo de las fuerzas productivas y aprovecha instrumentos del capitalismo para desarrollarse».

Ciafardini. «Lo que está en decadencia no es EE.UU. como nación sino el capitalismo.»

Girado. «El camino de China no es plantearse como potencia.»

Romano. Analiza la influencia de la guerra económica iniciada por Trump.

NG. Disímiles miradas sobre derechos humanos, en Oriente y Occidente.

«China sigue los mecanismos de cooperación que nominalmente se plantean en las instancias multilaterales desde la Segundan Guerra hasta acá –añade Girado–. Pero el mundo post Breton Woods es el que está siendo cuestionado por China. Y eso la convierte en vocero de países en desarrollo porque ahí es donde tiene mayor cantidad de adhesiones: proponen cooperación y hasta plantean transferencia tecnológica, cosa que en Occidente no se consigue. Un préstamo de China no tiene las mismas condicionalidades que uno del FMI o el Banco Mundial», concluye el autor de ¿Cómo lo hicieron los chinos?.
Hay pocas dudas de que la cuestión que más puede preocupar a los ciudadanos de a pie de todo el planeta es si la sangre puede llegar al río entre EE.UU. y China. Por más que haya una gran diferencia de armamento de alta letalidad, como artefactos nucleares, en favor del mundo occidental, la nación asiática tiene hoy día los recursos humanos y materiales como para ponerse al día si lo necesitara.
China ya no se queda callada. Lo demostró en el encuentro de cancilleres que se desarrolló en Alaska a mediados de marzo, ante las frases altisonantes de los representantes estadounidenses. «Estados Unidos debe entender y ver el desarrollo de China objetiva y racionalmente. (…) debe trabajar con China en un nuevo camino de coexistencia pacífica y cooperación de ganar-ganar, (…) debe respetar y tolerar el camino y sistema que China ha elegido de manera independiente, (…) debe practicar el multilateralismo en un sentido real». El quinto ítem dice que «Estados Unidos no debe interferir en los asuntos internos de China», recomendó el canciller Wanh Yi.
Al celebrar el centenario del PCCh, Xi Jinping fue más crudo: «El tiempo en que el pueblo chino podía ser pisoteado, en que sufría y era sometido, ha terminado para siempre (…) El gran renacimiento de la nación china ha entrado en un proceso histórico irreversible».
Desde el otro lado del océano, la postura de Joe Biden sobre su competidor más inmediato y perseverante mantiene la estrategia pergeñada en tiempos de Trump, aunque con modos menos estentóreos. «China no se convertirá en el país líder del mundo, el país más rico del mundo y el país más poderoso del mundo… ante mi mirada».

Revista Acción, 26 de Julio de 2021

Henry Boisrolin, del Comité Democrático de Haití: “Los mercenarios colombianos son los más baratos del mundo”

Henry Boisrolin, del Comité Democrático de Haití: “Los mercenarios colombianos son los más baratos del mundo”

Este viernes fueron despedidos oficialmente los restos del presidente de Haití, Jovenel Moïse, asesinado en 7 de julio en su habitación del Palacio Nacional en la ciudad de Cabo Haiti. El magnicidio está cubierto de misterio, aunque en la operación  están implicados integrantes del propio servicio de seguridad y el brazo ejecutor está en la veintena de mercenarios detenidos, la mayoría de ellos de origen colombiano. “Son los más baratos del mundo”, reflexiona Henry Boisrolin, coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina. Y agrega que detrás de ellos está los servicios estadounidenses, Christian Emnanuel Sanon que apareció como habiendo financiado un golpe desde EEUU para quedarse en el poder. “No lo conoce nadie -sostiene- a mi no hacen creer que un hombre solo puede organizar el crimen y presentarse así como así a sustituirlo,”.

-¿Por qué no lo cree?

-El cuerpo de seguridad de Jovenel tenía cuatro anillos de vigilancia: el CIMO, cuerpo de mantención del orden que patrulla las calles; la USGPL, la unidad de seguridad general del Palacio; la USP, guardia presidencial, que protege la residencia, y el CAT Team, que está apostado en el patio. Pasar todos esos anillos de seguridad sin haber herido siquiera a un guardia es por lo menos sospechoso. No es un comando que entró y ya, son cuatro comandantes que tendrían que haberse puesto de acuerdo.

-El tema es quién se beneficia con esa muerte

-No solo eso sino a quién representaba Jovenel. Era un hombre que acumulaba enemigos y odio. Si bien yo no era partidario de este hombre, rechazo de plano el asesinato. Para mi tenía que haber sido detenido y juzgado por sus crímenes de sangre y económicos. El llegó a tener un comportamiento casi demencial. En algunos de sus discursos decía que después de dios en Haití estaba él. Hacía y deshacía en función de los intereses que representaba. Es cierto que atacó a dos o tres miembros de la elite económica, pero no al resto, que hacía negocios con él. Es mentira que atacó a la oligarquía, ese es el verso que quieren hacer creer a la gente.

-Pero está el tema de los mercenarios…

-Él mismo llevó mercenarios para reprimir, para seguridad. Había dos grupos de mercenarios, los que fueron a matarlo y los que estaban para ayudar a la policía a reprimir a las pandillas. En este momento hay un centenar de bandas armadas en la capital que han hecho del secuestro una industria próspera, que siembran el terror en distintos barrios. Pero también hay una pugna abierta entre ciertos miembros de la elite económica y una descomposición de los aparatos represivos.

-Son colombianos, ¿quién los entrena?

-Colombia es hoy un país productor de mercenarios mucho más baratos que los mercenarios yanquis, canadienses o franceses. Con lo que cuesta un mercenario de esos países puedes pagar tres o cuatro colombianos. Y los entrena el Pentágono. Hay empresas de seguridad de Miami involucradas. Por eso es difícil creer que viajaron a Haití, prepararon el ataque, entraron al Palacio y nadie estaba enterado. Y luego el primer ministro Claude Joseph llama al FBI para investigar. ¿Investigar qué, no sabían nada?

-Esta semana cambió el primer ministro.

-Sin ningún respaldo constitucional. Ariel Henry había sido designado por Jovenel pero no llegó a jurar. Para la Constitución, si no juró no puede estar en el cargo. Joseph había sido revocado en el cargo por el presidente y ya había entregado las llaves de su oficina y las del auto oficial. Se autoproclamó al estilo de Guaidó en Venezuela.

-Si no eran ellos, ¿quién tendría que estar a cargo?

-El presidente de la Corte Suprema (René Sylvestre), pero falleció el 23 de junio de coronavirus y como Jovenel había concentrado en sus manos todos los poderes del estado, al morir queda este vacío.

-De hecho a Henry nadie lo apoya en Haití

-Solo la comunidad internacional y los partidos aliados del oficialismo.

¿Y el medico Sanon?

-Nunca había escuchado hablar de él. Ahora dicen que ni siquiera es médico, no sé. Si es que iban a matar al presidente y luego lo iban a designar a él directamente habría que llevarlo a un psiquiatra. No lo conoce nadie, ¿Qué fuerza política tiene detrás? ¿28 mercenarios colombianos?

Tiempo Argentino, 24 de Julio de 2021

Sigue el escándalo por espionaje a periodistas mediante el programa Pegasus

Sigue el escándalo por espionaje a periodistas mediante el programa Pegasus

La Unidad de Inteligencia Financiera de México (UIF) investiga sobreprecios en la compra del software Pegasus durante los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Lo curioso es que el titular de la UIF, Santiago Nieto, está hurgando en una trama por la que en algún rincón de la burocracia mexicana se habría esfumado parte de los 32 millones de dólares del contrato, pero nada indica que alguien se haya dedicado a averiguar los pormenores de lo que sin dudas es un escándalo internacional por el espionaje a dirigentes políticos, trabajadores de prensa y activistas de varios países del mundo. De hecho, el mandatario francés, Emmanuel Macron, y el propio presidente Andrés Manuel López Obrador, habrían sido víctimas de un artilugio para vigilancia elaborado por la firma israelí NSO que viene siendo cuestionado en distintas instancias al menos desde 2017. El último gran estrépito mediático se produjo el fin de semana, cuando salió a la luz un extenso informe de las organizaciones Forbiden Stories y Amesty Internacional, que en Gran Bretaña publicó el diario The Guardian, en Francia Le Monde, en EEUU The Washington Post y en Israel el Haaretz.

FS, una ONG periodística con sede en París, y AI, basada en Londres, obtuvieron una lista de más de 50.000 números de teléfonos inteligentes. Luego de un trabajo de meses con 80 periodistas de varios medios internacionales, se centraron en un puñado en los que se detectó actividad de un malware espía. Hay que decir que la mayoría de los teléfonos invadidos eran iPhone.

El software en cuestión había sido desarrollado por NSO Group, una firma especializada en vigilancia que, consultada para que diera su versión de los hechos, asegura que solo vende Pegasus a gobiernos y con el único propósito de seguimiento y vigilancia sobre crimen organizado. Se desentendió de cualquier otra implicancia con la información detectada.

En la lista de espiados hay contactos que fueron identificados por los periodistas y que corresponden a más de 1000 personas de 50 países de cuatro continentes. Entre ellos, además de Macrón y AMLO, figuran varios miembros de la familia real árabe, al menos 65 empresarios y ejecutivos, 85 activistas de derechos humanos, 189 periodistas y más de 600 dirigentes políticos y funcionarios gubernamentales, incluidos ministros del gabinete, diplomáticos y oficiales militares y de seguridad, 10 primeros ministros, tres presidentes y un rey.

Como para mostrar el tamaño de las acciones que podrían haberse cometido con Pegasus baste decir que hay una sospecha con cierto fundamento de que el celular de la pareja de Jamal Kashoggi fue atacado con ese programita antes de la desaparición del periodista saudita en la sede del consulado de Arabia Saudita en Estambul, en octubre de 2018. Y que el sospechoso de instigar el crimen del periodista disidente, el príncipe Mohamed bin Salman fue responsable de haber ordenado la compra de Pegasus para el gobierno de Ryad. También el hijo de Khashoggi, Abdullah, había sido víctima de una invasión informática.

NSO Group es un sofisticado desarrollador de tecnología de vigilancia que afirma que sus productos son para rastrear criminales y terroristas. Entre sus clientes, sostiene oficialmente, hay 560 instituciones públicas de 40 países. Jura que hay otros 55 países interesados a los que no les vende “porque tienen antecedentes de no respetar los derechos humanos”.

En informe de FS y AI indica que hay periodistas vigilados de Azerbaiyán, Arabia Saudita, Marruecos, Ruanda, Hungría, Emiratos Árabes, la India, pero también Francia y México. En este último país, que ostenta el tenebroso récord de ser uno de los lugares más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo -hay un promedio de un trabajador de prensa asesinado por mes desde hace años- ya se había denunciado la incursión de Pegasus en 2017, cuando aún gobernaba Peña Nieto.

Espionaje a periodistas mexicanos.

Aquel escándalo que reveló el The New York Times no alteró demasiado el amperímetro de los derechos humanos y la libertad de prensa. En diciembre pasado, otra investigación de la Universidad de Toronto mostraba que el programa -que había sido inicialmente creado por la empresa Circles Cloud, que fue absorbida por NSO Group en 2014- se había extendido a 25 países, entre ellos los latinoamericanos Chile, Perú, Ecuador, Guatemala, Honduras y El Salvador.

Otra investigación, ahora de Canadá.

A partir del informe de FS y AI, el escándalo creció un poco más y alteró los nervios de muchos dirigentes en el viejo continente al punto de tener que fijar algún tipo de posición. Para la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el hecho “es completamente inaceptable y va en contra de cualquier tipo de regla que tengamos en la Unión Europea en lo que respecta a la libertad de los medios de comunicación. La libertad de prensa es uno de los valores centrales de la Unión Europea. Es completamente inaceptable”, insistió, aunque luego diluyó un tanto la protesta con un diplomático “si este fuera el caso”.

En México, mientras tanto, la investigación se centra con contratos entre los proveedores del sistema, las empresas Balam Seguridad Privada y Grupo Tech Bull. “Se presumen actos de corrupción entre 2012 y 2018″, dijo el director de la UIF. Los contratos terminaron el 31 de diciembre de2018 y no fueron renovados por AMLO, que había asumido el 1 de diciembre.

Tiempo Argentino, 21 de Julio de 2021

Orlando José Gómez: “Los traidores hoy están yendo a Washington o Miami, a pedir una invasión militar”

Orlando José Gómez: “Los traidores hoy están yendo a Washington o Miami, a pedir una invasión militar”

Ligado al área de Relaciones Internacionales desde los ’80 en el Frente Sandinista de Liberación Nacional, Orlando José Gómez fue vicecanciller y desde marzo del 2018, embajador de Nicaragua en Argentina. En una extensa charla con Tiempo, justifica la posición del presidente Daniel Ortega ante los fuertes cuestionamientos contra un gobierno que define como socialista, cristiano y solidario. “Nuestra realidad es compleja y uno de los factores que prevalece es que somos un país pequeño con un proceso revolucionario en marcha y con escasos recursos para sostener un aparataje mediático. Por eso nos vemos sumidos en una vorágine de desinformación”, se apura a explicar. Y a continuación detalla algo de ese pasado reciente que lleva a esta situación.
Para Gómez, se debe anotar que cuando el FS volvió al gobierno, en 2007, había un déficit energético que afectaba las posibilidades de crecimiento y de desarrollo empresarial y también que con la OEA se había acordado una amplia reforma del sistema electoral. “El primer acto fue adherir a la alianza del ALBA. El presidente (Hugo) Chávez financió la compra de grandes plantas de energía eléctrica fabricadas en Corea abastecido con petróleo venezolano. El país tuvo un respiro, pero esa adhesión puso a Nicaragua en la mira de la Casa Blanca. Cuando en el 2008 estalla la crisis de las hipotecas en EEUU se esperaba que golpeara en los países más vulnerables, como Nicaragua. El presidente Ortega plantea una alianza estratégica entre sectores empresariales, sindicales y el estado; se crea el andamiaje para lograr una estabilidad económico social, sin despidos y para atemperar demandas sindicales, hubo aumentos que acompañen la inflación. Nicaragua se volvió atractiva para inversiones externas y para el FMI y el BID, con crecimientos entre 4,5 y 5,3% anual. Pero la cooperación venezolana se convirtió en un factor para que la oposición nos atacara. En el 2018 se realizó una reforma al sistema de la seguridad social que implica cambios en pensiones y cotizaciones de los empresarios y los trabajadores.

-Un punto de inflexión. Ahí se producen manifestaciones opositoras y aparecen las críticas contra la represión.
-Correcto, el escenario que se da genera todo eso. Pero no se hubiera dado si cuando el presidente cancela ese decreto se hubiera vuelto el diálogo y al consenso. Pero deviene un estallido en que se producen actos de violencia y muertes. Entre esos muertos hay muchos sandinistas.

-¿Que cifra oficial tienen?
-Unos 180 muertos. Pero uno solo ya hubiese sido es grave. En ese momento corren hacia Nicaragua la CIDH y todas las ONG que denuncian al gobierno de violador de DD HH y de un día para otro el número llega a 400. Luego se descubren muertos por otras causas y que no cuentan a los nuestros ni a los policías.

-¿En ese momento se rompió algo con sectores que los apoyaban y con la izquierda de adentro o en el exterior?.
-En Nicaragua la izquierda es el Frente Sandinista. Lo que hay es un grupo de disidentes del FS que tras la derrota electoral de 1990 decide irse. Para ellos ya no era una opción favorable en tanto creen que nunca más volverá al poder teniendo como enemigo a los EEUU y se alían con el gobierno de Violeta Chamorro. Ahí estaban Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, cuadros como Víctor Hugo Tinoco o Sergio Ramírez, que encabezó la deserción. Constituyeron un partido que se llamó el Movimiento Renovador Sandinista que desde entonces nunca obtuvo más allá del 2% de votos. Ramírez, al ver el fracaso de su partido, decidió que él no era político sino escritor. Gradualmente demostraron que nunca fueron de izquierda. Hace meses, cambiaron su nombre y ahora son Unamos. Su convergencia ya no es con el FS sino con postulados de derecha. Además, las ONG se convirtieron en partidos políticos para intentar dar un golpe al gobierno. Que hay una intentona de deslegitimar el proceso electoral de noviembre para cuestionar los resultados y aplicar una matriz parecida a lo que se hizo en Bolivia.

-¿Así se explica que tantos compañeros de esa época estén en la vereda de enfrente?
-Las variantes ideológicas pueden tener distintas motivaciones. Celio Ramírez Mercado no pudo con el liderazgo de Daniel Ortega. Víctor Hugo Tinoco intentó ser el secretario general del FS y sucumbió en las internas. Lo mismo a Dora María Telles, Mónica Baltodano… La revolución este lunes cumplirá 42 años. Esa imposibilidad de acabar con el liderazgo del presidente Ortega creó una especie de resentimiento en estos otrora cuadros del FS.

-¿Son traidores?
-El FS se nutrió de todos los sectores. La gente cambia de posiciones, pero Ortega siempre estuvo al lado del pueblo, con las conquistas que la revolución le permitió desarrollar. Ellos se aliaron con el sector conservador. Traidores son aquellos que hoy están yendo a Washington, a Miami, a abrazarse con Marco Rubio, con los senadores republicanos y demócratas, que sancionan a Nicaragua y pidiendo invasión militar, que nos aíslen en la OEA, que no presten dinero.

-¿Incluye a quienes hoy están encarcelados?
-Hay una tremenda manipulación y desinformación: algunos de ellos estaban amnistiados o fueron acusados de asesinar sandinistas, lavado de dinero o sedición. Por otra parte, hay cinco que se promocionaban como posibles candidatos pero no tienen ni partido. Divisiones ideológicas en la izquierda siempre existieron. No somos una organización antidemocrática: estamos enfocados en una doctrina antiimperialista, anticolonialista, por la soberanía y la independencia nacional. Consideramos al estado como un pivot importante. Hablar de socialismo en un país pobre no tiene sentido si no se tienen las herramientas para propiciar una distribución equitativa de la riqueza. Nos distingue de quienes plantean abrir la puerta al mercado, que no haya programas sociales y nos atengamos al FMI.

-¿No le preocupa que no los apoyen algunos gobiernos progresistas de la región, potenciales aliados?
-En esta etapa está prevaleciendo los EEUU y la UE contra gobiernos como el nuestro, el de Cuba, el de Venezuela, Bolivia. Con sanciones, amenazas. No está Trump ni Bolton pero vinieron otros que tienen la misma concepción sustentada en la doctrina Monroe. Les parece mal que tengamos relaciones con China, Rusia, Irán. Desde 1910 hasta 1979, cuando derrotamos a Somoza, EE UU conducía el gobierno. Ahora financian a la oposición para propiciar una situación de desencanto, apelar al caos y que no derroque una fuerza intervencionista. Defendemos la soberanía.

-Un viejo militante del FS como usted, ¿cómo siente hoy esta realidad alejada de aquellos postulados?
-El FS conserva los principios del programa histórico y los postulados del General Sandino. No queremos entregarnos a ninguna administración foránea y abogamos por la integración latinoamericana, por acabar con el hambre y la desigualdad. Creo firmemente en la postura del Frente que es la correcta. Por eso no pudieron derrocarnos. Y tampoco podrán hacerlo electoralmente. Asi piensa el pueblo nicaragüense. Si no, ya hubiera estallado.

Tiempo Argentino, 17 de Julio de 2021