La última batalla de la Segunda Guerra Mundial en Europa finalizó el 2 de mayo de 1945, cuando las tropas hitleristas rindieron Berlín ante el Ejército Rojo. Dos días antes, el 30 de abril, Adolf Hitler y su sequito más fiel se habían quitado la vida en el búnker en que se habían refugiado cuando el avance de las fuerzas soviéticas sobre el Tercer Reich ya resultaba indetenible. El general Helmuth Weidling depuso sus armas ante el general Vasili Chuikov, pero formalmente no era el personaje que debía capitular en representación de los alemanes. Eso llegaría unos días más tarde, el 8 de mayo. No, perdón, el 9 de mayo. En realidad, según quien la cuente, hay dos fechas para celebrar el fin de la sangrienta contienda que había dejado una cifra estimada en unos 80 millones de muertos y había rediseñado el mundo de modo irreversible. O no tanto, hay que decir a 80 años de aquella carnicería que se desarrolló en los mismos escenarios de la que había terminado en 1918 y en los que hoy día esos mismos protagonistas coquetean con otra conflagración que pocos dudan, podría esta vez sí ser definitiva, pero por la extinción de la humanidad.
Las últimas novedades en torno a este “teatro de operaciones” parecen contradictorias. El presidente de Ucrania finalmente aceptó el apriete de Donald Trump y firmó el acuerdo para la explotación de recursos minerales que serviría para solventar lo que llamaron ambiguamente “Fondo de inversiones para la reconstrucción” del país, devastado en una guerra con Rusia que el mandatario estadounidense ya le había dicho que no podía ganar. Al mismo tiempo que logra poner un pie en el terreno en disputa, el empresario inmobiliario que se aloja en la Casa Blanca avisó que, desde ahora, el 8 de mayo será el Día de la Victoria, en la II-GM y al 11 de noviembre el Día de la Victoria en la I-GM. “Muchos de nuestros aliados y amigos celebran el 8 de mayo como el Día de la Victoria, pero hicimos mucho más que cualquier otro país para lograr un resultado victorioso en la Segunda Guerra Mundial”, escribió en su red social Truth, torciendo groseramente hechos incontrastables, como que la Unión Soviética perdió bastante más de 25 millones de personas, la abrumadora mayoría de ellas civiles. Y que el segundo país que más víctimas sufrió fue China, con una cifra cercana a los 20 millones. Estados Unidos figura bien lejos de estos atroces guarismos, con poco más de 500 mil muertos. Claro, se peleaba en Europa y Asia, no en el continente americano, lo que torna en grotesca la afirmación de Trump. Sobre todo porque esa nación emergió como la economía más poderosa del mundo y tuvo el empuje como para digitar condiciones para ser líder de occidente y llevar a cabo una Guerra Fría contra el mundo socialista que se consolidaba para la misma época.
Digamos a todo esto que Rusia celebrará el Día de la Victoria el 9 de mayo y que el presidente Vladimir Putin invitó a Zelenski a una tregua entre el 7 de mayo y el 11, que el jefe de Estado ucraniano rechazó olímpicamente. No solo eso, dijo a modo de ironía que el gobierno ruso estaba preocupado por si puede celebrar el desfile militar con que acostumbra recordar el fin de lo que en esos lares de llama La Gran Guerra Patria. “Están preocupados y con razón”, amenazó. El vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo que «habrá el desfile, y nosotros lo observaremos con orgullo».
Ahora vayamos a las fechas. Que lo de Trump no es novedoso ni creativo. Los aliados -el Reino Unido, Estados Unidos y la Francia que desde el exilio lideraba el general Charles de Gaulle, no la de Vichy, afiliada a los nazis- esperaron a que el Reich se estrellara frente a la resistencia soviética antes de intervenir contra el régimen hitlerista. Así, el general al mando de las fuerzas aliadas, Dwight Eisenhower se atribuyó la prerrogativa de firmar la rendición alemana con el que fungía como jefe de la Wehrmacht, Alfred Jodl, en la ciudad francesa de Reims. El cese de hostilidades sería el 8 de mayo.
Hete aquí que Josef Stalin protestó que la capitulación debería ser entre oficiales del más alto rango y que la URSS era la que había derrotado a los alemanes y rendido Berlín. Por lo tanto, el mariscal de campo Wilhelm Keitel, jefe a la sazón de Jodl, tuvo que ir a Karlshorst, en los alrededores de Berlín, y estampar su rúbrica ante el mariscal Georgy Zhukov junto a un grupete de representantes aliados. Ya era 9 de mayo en Moscú. El peor baldón para esos jefes militares no había sido tanto aceptar la derrota como tener que hacerlo ante generales de un estado comunista, al que habían querido destruir con fervor desde antes de la Operación Barbarroja, iniciada en junio de 1941.
En Londres, el Día de la Victoria en Europa (VE Day), será recordado el jueves 8 con una parada militar y una exhibición aérea. En Francia el “Huit May” tendrá también su desfile militar y se colocará una ofrenda floral en la Tumba del Soldado Desconocido. En Alemania se homenajeará a los que resistieron al régimen nazi.
Trump, por su parte, espera su desfile militar para el 14 de junio, en ocasión del aniversario del Ejército de Estados Unidos. Según la agencia AP, la fecha coincide con el cumpleaños 79 del presidente. Pero debe ser una casualidad…
Rubios de ayer y de siempre
La Operación Militar Especial que desplegó Rusia desde el 22 de febrero de 2022 tenia como objetivo “desmilitarizar y desnazificar” a Ucrania, según el objetivo manifiesto del presidente Vladimir Putin. Y se basaba en evidencias de que sectores de ultraderecha eran los que venían realizando los ataques contra las poblaciones rusofónas del Donetsk desde 2014, tras el golpe contra Viktor Yanukovich. Y sí, grupos filonazis como los que adscriben a Stepan Bandera, convertido ahora en héroe nacional en Ucrania, están diseñando lo que sería la nacionalidad ucraniana en esta última década. Al cabo de ocho décadas, el neonazismo se extiende en occidente de manera peligrosa. Y los alemanes, curados de espanto, buscan poner freno a esas expresiones antidemocráticas. Por ejemplo, la agencia de inteligencia interior germana clasificó este viernes al partido Alternativa para Alemania (AfD) -que en febrero se ubicó como la segunda fuerza más votada, con el 20% de los sufragios- como una “organización de extrema derecha” que “atenta contra la dignidad humana”, tras una investigación que consideran exhaustiva. El secretario de Estado, Marco Rubio, ahora fortalecido internamente en el gobierno de Donald Trump tras el desplazamiento del consejero de Seguridad Nacional Mike Waltz, señaló a Alemania como “una tiranía disfrazada”- «Lo verdaderamente extremista no es la popular AfD, que quedó segunda en las recientes elecciones, sino las mortíferas políticas de inmigración de fronteras abiertas del ‘establishment’ a las que se opone la AfD», declaró Rubio.
Mala suerte la de Donald Trump. O quizás sea también el símbolo de su segundo paso por la Casa Blanca. El caso es que justo cuando cumple 100 años de su regreso triunfal al Salón oval se cumplen 50 años de la caída de Saigón a manos de las Fuerzas Armadas de Liberación de Vietnam, lo que selló la primera gran derrota de Estados Unidos desde 1945, un baldón del que nunca se terminó de recuperar el orgullo de esa “Nación Excepcional”. Y cuando faltan diez días para el fin de la Segunda Guerra Mundial, en un escenario del que el empresario inmobiliario quiere escapar a toda costa evitando asumir otra derrota, en Ucrania.
En fin, que si es verdad que todo gobierno que asume tiene 100 días de gracia con el electorado y las fuerzas políticas que en realidad controlan un país, Trump se los apuró abriendo varios frentes de manera simultanea, tanto hacia el interior de EEUU -con sus empellones al «Estado Profundo»- como hacia el resto del planeta. Y logró el milagro de unir a sectores de los más dispersos en su contra.
Del otro lado del Atlántico, a los países de la OTAN y de la Unión Europea, que quedaron colgados del pincel cuando abrió negociaciones directas con Moscú para un nuevo reparto del mundo, sin ellos en la mesa de diálogo. En los sacrosantos mercados, porque con el subibaja de aranceles en un intento de dudoso resultado por reconstruir el poderío industrial del país, dislocó las bolsas. Con China, porque dobló la puesta de su primera gestión al poner al gigante asiático como su principal enemigo y ahora va bajando poco a poco los decibeles. Porque el mundo es más complejo que los juegos en una mesa de arena económica.
Foto: Agencia Xinhua
Tanto es así que si la amenaza inicial fue de hasta un 245% de alícuota a los productos importados de China, primero sacó de esa lista a los electrónicos, celulares y computadoras. Y este martes avisó que piensa firmar una orden ejecutiva para hacer algo similar que beneficiará a los fabricantes de automóviles.
En cuanto a su promesa de campaña de “terminar con la guerra en Ucrania en dos días”, tampoco allí la cosa es chasquear dedos y sumar. Europa, ahora hace lo posible para que la guerra continúe, básicamente para forzar a EEUU a no irse así como así de ese embrollo que, habrá que decir, el gobierno de Joe Biden colaboró en fomentar. Fue una forma de tapar esa otra gran derrota, la de Afganistán, donde el 15 de agosto de 2021 se revivieron escenas de Saigon cuando las últimas tropas y diplomáticos estadounidense abandonaron a las apuradas Kabul y la dejaron en manos de los talibán, los mismos que habían ido a combatir a un mes de los ataques a las Torres Gemelas, el 7 de octubre de 2001.
Cuestión de paciencia
El sábado pasado, Trump y el ucraniano Volodimir Zelenski, al que había vapuleado públicamente en Washington en febrero, se juntaron en un aparte en la Basílica de San Pedro y juran haber tenido una conversación muy productiva. Mientras tanto, en la capital rusa, Vladimir Putin mantenía un encuentro con el enviado de Trump, Steve Witkof, que también juran que fue muy provechosa. Pero a los tres días el asesor de Seguridad Nacional de EEUU, Mike Waltz, avisó a Rusia y a Ucrania que se tienen que apurar a llegar a un acuerdo antes de que Trump «pierda la paciencia».
Otros ámbito en el que el 47º Presidente quiso meter baza fue en el que llama Hemisferio Occidental, con un cubano-estadounidense como Marco Rubio, notorio en su desprecio por las autonomías regionales, en el Departamento de Estado, y su deseo de convertir a Canadá en el estado 51 de la Unión y de comprar o anexar Groenlandia.
Foto: Agencia Xinhua
Hubo vaivenes con México, socio comercial en el Mercado Común, y con el resto del continente, que poco a poco se le va animando, no solo por los aranceles sino también por la expulsión de inmigrantes. Pero también se le animan en Dinamarca, formalmente el país que ostenta la soberanía sobre la isla del Ártico, y el rey Federico X fue esta semana en visita oficial y recorrió los fiordos con el primer ministro groenlandés, Jens Frederik Nielsen, quien asumió el 7 de abril pasado con una coalición que busca negociar con Dinamarca mejores condiciones de autonomía y no acepta los embates de Trump.
En Canadá, el primer ministro Mark Carney logró imponerse en el comicio de este lunes por una diferencia que le sirve a su partido, el Liberal, para mantenerse en el poder aunque sin una mayoría absoluta. Su eje de campaña fue avisar de los votantes que “Estados Unidos quiere nuestra tierra, nuestros recursos, nuestro agua, nuestro país. Nunca pasará”.
En una semana de duelo por la muerte del papa argentino, que dejó como legado un intento de avanzar hacia sociedades más justas y que abracen al desamparado –lo contario del paleolibertarianismo en boga–, la política vernácula logró bajar decibeles en su confrontamiento en el Parlamento, pero no llegó a calmar las aguas en la feroz interna entre el PRO y La Libertad Avanza a nivel bonaerense. Al mismo tiempo, se produjo la impertinente intromisión de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kistalina Georgieva, en los asuntos internos argentinos, al reclamar no solo que los ciudadanos «voten bien» en octubre, sino que la dirigencia no se tuerza del rumbo económico que se digita desde el edificio del 700 de la Calle 19 de Washington DC. Una injerencia prontamente rechazada por las fuerzas opositoras, pero con el mismo énfasis silenciada por las derechas locales.
El impasse por la muerte de Jorge Bergoglio llevó a que muchos espacios que habían fustigado los ejes de su papado descubrieran la trascendencia de su paso por la Santa Sede. Tanto que el presidente Javier Milei se deshizo en elogios y se sumó a la lista de mandatarios que irían a su funeral.
Pero la calma beatífica de la política nacional se vio trastocada por la visita del fundador del PRO a Mar del Plata el miércoles. O para ser más claros, por lo que dijo Mauricio Macri en la conferencia de prensa posterior al encuentro con el intendente Guillermo Montenegro y el diputado nacional Cristian Ritondo, dos que vienen coqueteando con LLA.
Allí, respondiendo sobre posibles acuerdos a nivel bonaerense, el expresidente dijo que había que limar asperezas para juntarse y derrotar al peronismo en el distrito más grande del país. Pero en un contexto en que la discusión clave es si habrá una alianza ultraconservadora o el mileismo se saldrá con la suya y seguirá sumando acólitos salidos del macrismo, lanzó: «Los dirigentes que tenían precio ya fueron comprados. Los que quedamos no tenemos precio. Tenemos valores». Así lo posteó en su cuenta de X Fernando de Andreis, secretario de la presidencia durante la gestión macrista.
“Los dirigentes que tenían precio ya fueron comprados. Los que quedamos no tenemos precio. Tenemos valores". Mauricio Macri hoy en Mar del Plata. pic.twitter.com/21zSTOS8MZ
La andanada de críticas contra Macri desde el oficialismo solo fue opacada por la defensa propia de quienes se sintieron aludidos, entre ellos el intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela, quien había anunciado en marzo su conversión libertaria y ahora creyó oportuno sumar en su favor a Patricia Bullrich. El que se plantó especialmente ácido fue el presidente Javier Milei, que aprovechó una intempestiva visita al estudio de tevé donde entrevistaban a un referente del anarcocapitalismo, el español Jesús Huerta de Soto, y preguntado por el reto de Macri, lo azuzó: «Que traiga la factura y la muestre».
Lo que despertó decenas de respuestas, jocosas algunas, corrosivas las más. Como que ese tipo de intercambios sería más difícil de rastrear que su intervención en la criptoestafa $Libra, o que los periodistas a los que acusa de ensobrados le deberían pedir, a su vez, que muestre las facturas. Otro caso fue el de la cuenta macrista PRO Virtual, que fue bajada de la red X tras publicar una factura de un presunto pago del INCAA a una empresa ligada a un hijo de Valenzuela.
Parece que a algunos les da miedo que unos pibes tuiteen. Nos bajaron la cuenta de @pro_virtuall, pero tranqui seguimos acá. Más afilados, más vivos y con más ganas de incomodar. Abrazo.
La gran batalla Una división en la provincia de Buenos Aires entre los dos sectores que, juntos, tendrían más chances de ganar el comicio es preocupante para las élites locales vinculadas al proyecto de Milei, para el FMI y también para la administración de Donald Trump, que la semana anterior envió a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, en un intento por calmar los mercados el lunes 14 de abril, el primer día del nuevo esquema monetario. El mismo funcionario, ya en Washington, dijo el martes pasado que en caso de un shock externo se dispondría de un crédito especial del Gobierno estadounidense preveniente del Fondo de Estabilización Cambiaria (ESF en inglés). Eso sí, en esas dos ocasiones afirmó que las «mileinomics» están funcionando y que serán la salvación de la Argentina.
La frutilla de este postre tóxico vendría el jueves 24, cuando en la Asamblea de Primavera del FMI y el Banco Mundial que se desarrolló en la capital estadounidense, tras deshacerse también en elogios sobre la consistencia del plan que lleva a cabo el Gobierno de Milei e insistir en que «esta vez será diferente», la titular del FMI dijo: «El país se dirige a elecciones en octubre. Es muy importante que no se descarrile la voluntad de cambio. Hasta ahora, no vemos que ese riesgo se esté materializando, pero insto a Argentina a que mantenga el rumbo».
Uno de los que más se indignó ante esta frase fue el ex ministro de Economía, Martín Guzmán, quien negoció con Georgieva en 2021 por el crédito que el organismo le había entregado en 2018 al Gobierno de Macri, «para que no volviera el peronismo», como reconoció Mauricio Claver Carone, que en la anterior presidencia de Trump se encargó de aceitar aquel grosero empréstito.
Inaceptables, repugnantes y honestas las declaraciones de la directora del FMI.
Por si quedaba alguna duda, blanquea al 100% que el préstamo del FMI al Gobierno de Milei fue político, y se mete de lleno en la campaña electoral para poder cobrar la deuda que otorgaron violando… pic.twitter.com/0WcQwqzTYC
La lista de cuestionamientos a esta frase desafortunada de la economista búlgara incluyó al PJ y al mandatario bonaerense, a esta altura el representante más irritativo para el programa, tanto del FMI como de las élites locales, que tienen en ese vetusto organismo al garante de su propia permanencia como clase dominante.
El Partido Justicialista repudia la intromisión electoral de la directora del FMI, Kristalina Georgieva, quien hoy en conferencia de prensa pidió votar a los candidatos de Milei en las próximas elecciones.
— Partido Justicialista (@p_justicialista) April 24, 2025
Kicillof recordó aquella vieja disputa de hace 80 años entre el embajador estadounidense Spruille Braden, que llamaba descaradamente a votar contra Juan Domingo Perón.
Las declaraciones de Kristalina Georgieva son un escándalo y una gravísima intromisión en la vida democrática de nuestro país.
El FMI no sólo impuso recetas de ajuste que empobrecieron a millones, ahora pretende también elegir quién debe gobernar la Argentina.
Quizás por ese revuelo que armaron sus palabras, y en un intento por salirse de un posible eslogan de campaña («FMI o Patria», como propuso el mandatario provincial) la directiva dijo el viernes que sus palabras iban dirigidas al Gobierno, ya que «muy a menudo, antes de las elecciones, los Gobiernos debilitan su determinación de hacer reformas».
La experiencia del FMI con Macri y con Luis Caputo es como haberse quemado con leche. Y en el FMI deben de estar viendo vacas, porque tantos halagos y tantas palmadas a la Casa Rosada levantan sospechas.
Este viernes, también, Georgieva se reunió con el ministro de Economía griego, Kyriakos Pierrakakis y subió a sus redes la maravilla actual del país helénico. «Grecia ha logrado avances notables en la reducción de la deuda pública, gracias a la continua prudencia fiscal, a la vez que mantiene un sólido crecimiento económico».
Excellent meeting with Greece 🇬🇷 @MinEcoFinGR Minister @Pierrakakis at the #IMFMeetings. Greece has made notable progress in bringing down public debt, thanks to continued fiscal prudence, while maintaining robust economic growth. pic.twitter.com/l8Pjh8nw64
Hace diez años Grecia fue noticia por el brutal ajuste promovido por el FMI y las instituciones europeas, la llamada «troika». En 2015, hubo un fenomenal apriete al Gobierno de centroizquierda de Alexis Tsipras para hacer ajustes en pensiones, sueldos y salud que el ministro de Economía, Yanis Varoufakis, repudió. Hubo un referéndum que rechazó esos planes abrumadoramente, pero la troika no le dio entidad a la voluntad popular, Varoufakis se tuvo que ir, y el propio Tsipras terminó aplicando hasta un 60% de recorte en las pensiones sobre los valores de 2010, hubo miles de despidos en la función pública y un aumento de la pobreza acorde con esos tajos de motosierra. Actualmente, Grecia es el segundo país más pobre de Europa, apenas detrás de Bulgaria, la patria de nacimiento de Georgieva, y su economía aún está un 20% debajo de los niveles de 2007. Difícil no pensar que a eso iba el posteo de la directora del FMI.
Javier Milei demoró su viaje a Roma para entregarle a Jesús Huerta de Soto el título de doctor honoris causa de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE), uno como el que él ostenta como si fuera el fruto de años de investigación para demostrar una tesis novedosa. Fue un mensaje de un hondo contenido ahora que se lanza la puja para elegir el sucesor de Jorge Bergoglio.
Huerta de Soto había dicho que «como Dios es infinitamente misericordioso y perdona hasta los pecados y errores más graves, podemos estar seguros de que Francisco está ya viendo la faz de Dios. Y no solo eso, sino en contacto directo con la verdad. Y la verdad tiene dos caras: científica y moral. Y la verdad moral es, ya la ve, que el Estado es como institución la encarnación del Maligno en la Tierra. Ratzinger lo explica en una de sus obras: es el Anticristo, por decirlo de alguna forma».
Con ese fanatismo religioso propio un conservador español, Huerta de Soto derrama las ideas de la Escuela Austríaca, de allí su influjo sobre Milei. Y digamos, es cierto que si el Papa se topara con el dios del madrileño recibiría una filípica: la Morada del Dios Mercado es la de uno que con su mano mágica interviene en los asuntos terrenales gracias al egoísmo humano. Pero no es ese el Dios del hombre que se reivindicaba un argentino formado en la educación pública.
La ESEADE fue fundada en 1977, plena dictadura, por Alberto Benegas Lynch (h), padre del diputado Alberto Tiburcio (Bertie), para propalar las ideas ultraliberales que debían suplantar a las de quienes eran masacrados sin piedad por los militares. Familia tradicional con ramas bien disonantes, Alberto Benegas Lynch padre era primo hermano de Ernesto Guevara Lynch, padre, a su vez, del Che. Se dice que en casa de este Benegas Lynch (1909-1999) se organizó el bombardeo a la Plaza de Mayo de junio de 1955. Él fue una pieza clave en la “revolución libertadora”, apelativo nada casual para el golpe contra el gobierno constitucional de Juan Perón.
Uno de los objetivos de esa Revolución Fusiladora fue “desperonizar” a la sociedad. Perón había consolidado un proyecto de país que iba a contrapierna del que la oligarquía colonial y los imperios británico y estadounidense tenían para la Argentina. Pero también había soliviantado a las masas. “Lo que yo nunca le voy a perdonar a Perón es que durante su gobierno, el negrito que venía a pelear por su salario se atrevía a mirarnos a los ojos. Ya no pedía, ¡discutía!”, ilustró el salteño Robustiano Patrón Costas.
De allí que cuando Bergoglio devino Francisco y pidió a la juventud hacer lío y salir de las iglesias, pasara a ser el enemigo público de las ultraderechas mundiales, que no por casualidad se diseminaron desde el 13 de marzo de 2013, apoyadas por ideólogos como Steve Bannon, formado en la Escuela Preparatoria Benedictina de Richmond, Virginia. Tampoco es casual que esa ola progresista latinoamericana en la que había emergido el Arzobispo Primado fuera sacada del poder con elecciones amañadas con maniobras como las de Cambridge Analytica (creada en ese mismo año por Bannon) o golpes institucionales (Brasil, Bolivia, Perú).
La última entrevista del Papa fue con el vicepresidente de EE UU, JD Vance, convertido al catolicismo en 2019 y adscrito al ala más conservadora. Muy influido por Rod Dreher, también católico converso, y autor de La opción benedictina, donde propone “vivir como cristianos en un mundo que dejó de serlo”, en una suerte de reclusión siguiendo los lineamientos de San Benito de Nursia, creador de la Orden Benedictina e inspirador de Joseph Ratzinger, el fallecido papa Benedicto XVI.
El italiano Alberto Melloni esboza en Le Grand Continent que el viaje de Vance y la asistencia de Donald Trump al funeral obedecen al intento de Estados Unidos de ser una “opción carolingia”. Esto es, “la Casa Blanca ofrecerá al pontificado protección —incluso contra sus propios ataques—, derecho a tribuna y amplificación”, a la manera de Carlomagno en el siglo IX. Es de imaginar las amenazas a los cardenales electores desde las redes que controlan los tecno-oligarcas vinculados a Trump e influenciados por Bannon para que, emulando a los Benegas Lynch, se dediquen a “defranciscar” al catolicismo, que desde la muerte de Juan Pablo II se debate entre San Benito y San Francisco de Asis.
Dato no opinión: la historia demostró que el peronismo siempre vuelve.
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