por Alberto López Girondo | Oct 16, 2020 | Sin categoría
Una de las pocas funciones que el modelo neoliberal le consiente al Estado es el cuidado de la seguridad urbana. Desde su punto de vista, el valor supremo es la propiedad privada, los recursos de la sociedad deben destinarse fundamentalmente a la custodia de los bienes de los ciudadanos. Y si esto no ocurre, sería lícita la «justicia por mano propia».
No es casual que un hecho paradigmático en los años del menemismo haya sido el caso del ingeniero Horacio Santos, quien hace poco más de 30 años, el 16 de junio de 1990, persiguió y mató a dos jóvenes que le habían robado el pasacasetes del auto, en el barrio porteño de Villa Devoto. Entre los mal llamados «justicieros» –en el candelero por los casos de un jubilado en Quilmes y un panadero en Rafael Castillo– y el homicidio del inspector de la Policía Federal Juan Pablo Roldán en otro barrio de la capital argentina, emergió últimamente una disputa en torno del uso de pistolas Taser por las fuerzas de seguridad.
Nada hace prever que esta agenda vaya a cambiar, sobre todo porque ante el incremento de cifras de pobreza y desocupación, esas fuerzas son las mismas que servirían para la represión social. La otra forma de proteger la propiedad privada para los cultores de la mano dura.
La primera semana de octubre fue sacudida por dos noticias impactantes. El colectivero Pablo Flores había sido asesinado con tres balazos en el rostro en Virrey del Pino, en el partido bonaerense de La Matanza. El vehículo de la línea 218 circulaba con pasajeros a bordo cuando tres jóvenes dispararon desde un auto. El caso conmocionó por sus características violentas y trascendió luego de que los colegas de la víctima –un muchacho de 28 años padre de dos niñas– iniciaron una protesta con corte de rutas y quema de cubiertas en reclamo de justicia y mayor protección hacia los trabajadores del gremio.
Intenciones
Dos días más tarde, en Rafael Castillo, en el mismo distrito, un panadero mató a balazos a un adolescente que junto con otros tres jóvenes lo interceptaron cuando estaba en su camioneta Amarok junto con su hijo. Según su declaración, se le cruzó un automóvil Chevrolet del que salieron cuatro muchachos armados que querían llevarse el utilitario. Hubo un forcejeo, él le sacó el arma a uno de sus atacantes y se produjo un disparo. Un adolescente de 17 años cayó herido de muerte al pavimento. Los vecinos lo ayudaron luego a detener a otro chico, de 16 años, y trataron de lincharlo. Los demás huyeron.
El 17 de julio pasado, cinco jóvenes ingresaron a la casa del jubilado Jorge Ríos, en Quilmes. De su declaración se desprende que fue atacado con un destornillador mientras dormía. Como no era la primera vez que sufría un robo, Ríos extrajo una pistola Bersa calibre 9 milímetros y comenzó a disparar. El ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, declaró que el jubilado de Quilmes «no se levantó con la intención de dañar a nadie y fue agredido por cinco delincuentes». Y más adelante se trenzó en otra polémica con su homóloga de Nación, Sabina Frederic, tras la muerte del inspector Juan Pablo Roldán. El 28 de septiembre, el oficial –efectivo de la Policía Montada de la PFA– alertado por el griterío en un grupo de personas entre las que había policías de la Ciudad de Buenos Aires, se acercó a brindar su ayuda.
El incidente ocurrió frente al museo Malba, a pocas cuadras del cuartel policial. Y el protagonista era Rodrigo Facundo Roza, un vecino del lugar con graves problemas psiquiátricos. En pleno brote sicótico, Roza amenazaba con un cuchillo a los agentes que pretendían calmar la situación. Roldán recibió una puñalada mortal a la altura del corazón, pero alcanzó a disparar sobre Roza. El policía, de 33 años y padre de un chico de 4, murió tras ingresar a la clínica Mater Dei. Roza falleció al día siguiente.
En este nuevo cruce el médico militar exigió a la antropóloga la entrega de pistolas Taser como «un elemento indispensable que asegura la vida del policía y de terceros». Ese tipo de armamento fue presentado en la gestión de Patricia Bullrich como la gran respuesta ante situaciones de inseguridad. Las presentó como armas no letales que evitarían situaciones como las que el policía Luis Chocobar resolvió matando por la espalda a un hombre que había apuñalado a un turista extranjero para robarle la cámara de fotos.
Las primeras medidas de Frederic fueron revocar la llamada Doctrina Chocobar –el suboficial también recibió el total apoyo de Macri en su momento–. Frederic tuvo que explicar que las Taser no habían sido prohibidas, como se dijo en los medios hegemónicos, sino que un centenar adquiridas por Bullrich se habían destinado a fuerzas federales especiales. Y aclaró que esas pistolas no son armas no letales, como se las presenta. «Son de baja letalidad, que no es lo mismo», puntualizó.
Para un ciudadano de a pie, la cara más visible y cercana del Estado es un agente policial. Para las buenas y para las malas. Desde bajar un gatito atorado en un árbol de la anciana vecina del barrio hasta obligar al uso de barbijo a los remisos que circulan por la vía pública. «Un policía no puede servir para todo», es el mensaje de Frederic.
En el medio de ese arco, están el gatillo fácil y los negocios non sanctos de sectores enquistados en la fuerza. Para las elites y ciertos medios, su función más importante debería ser la custodia de bienes y haciendas y, llegado el caso, la represión sin más.
Revista Acción, segunda quincena de Octubre de 2020
por Alberto López Girondo | Oct 11, 2020 | Sin categoría
Para los gobiernos conservadores, Venezuela es la excusa ideal para mirar la paja en el ojo ajeno y evitar cualquier escrutinio en el propio. Todo acercamiento o intento de ensayar alguna salida pacífica a la crisis en la República Bolivariana es impugnado como un pecado capital. Venezuela es en ese sentido, un parteaguas. Así, la votación del representante argentino sobre el Informe Bachelet despertó críticas enconadas desde sectores internos del oficialismo y el apoyo de macristas, un cruce de grieta previsible. Algo similar le pasó en Bruselas al canciller de la UE, Josep Borell, quien intentó sin éxito que se postergaran las legislativas del 6 de diciembre. Los mismos que batieron palmas sobre la dictadura chavista ahora no quieren elecciones porque el resultado podría terminar de demostrar el rotundo fracaso de la estrategia de bloqueo y la construcción mediática de un gobierno paralelo.
A veces conviene hilvanar datos para entender cómo funcionan algunas cosas. El mismo día que se daba la votación en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, llegaba a la Argentina la misión del Fondo Monetario Internacional. En medio de la endeble situación cambiaria y del comienzo de negociaciones por la deuda contraída por Mauricio Macri, es fácil advertir que Buenos Aires necesita la aprobación de Washington para un arreglo con el FMI.
El recientemente electo titular del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el anticastrista Mauricio Claver Carone, había reconocido que el FMI fue presionado por la administración de Donald Trump para sostener a Macri, aun cuando la apuesta era riesgosa por la inoperancia de su gestión. Argentina junto con México –aliado de la hora en contra del conservadurismo regional– trataron de evitar la elección de un representante estadounidense en el BID. Luego, se abstuvo de aprobar a Claver Carone. Argentina fue acompañada por Chile, México, Perú, Trinidad y Tobago y la UE.
El martes pasado en Ginebra se votaron dos iniciativas. Por la primera, la Oficina de la Alta Comisionada por los DD HH de la ONU –la expresidenta chilena Michelle Bachelet– y el gobierno de Nicolás Maduro aceptaron “estrechar la cooperación técnica en el campo de los Derechos Humanos”. Argentina se abstuvo mientras México y Venezuela votaron sí. Siguiendo la línea de la Casa Blanca de ir contra Caracas a como dé lugar, Brasil, Chile, Perú, Uruguay, Ucrania y las Islas Marshall rechazaron el compromiso.
La otra votación era por el llamado Informe Bachelet, sobre violaciones a los DD HH del gobierno chavista. Fue una puja muy fuerte al punto que terminó con 22 votos a favor, 22 abstenciones y tres en contra: Venezuela, Filipinas y Eritrea. Argentina votó a favor, junto con los países del Grupo de Lima, notoriamente antichavista. México se abstuvo.
Al decir de los críticos, la cancillería vernácula siguió los lineamientos del departamento de Estado y echó por tierra la tradición enmarcada en la Doctrina Drago, de 1902, por el canciller de Julio Roca, Luis María Drago, consolidada posteriormente por Carlos Calvo, que rechaza toda injerencia militar para resolver controversias. Una votación al par de la de México habría desnudado la orfandad de apoyos de la Casa Blanca.
Por cierto, quien se pregunte cómo votó EE UU: Trump ordenó retirarse del Consejo de DD HH de la ONU en 2018 porque entre los integrantes había “países que violan los Derechos Humanos, y hay allí un marcado sesgo antiisraelí en muchos de los informes sobre la situación palestina”.
El ministro de Relaciones Exteriores nacional, Felipe Solá, afirmó que Buenos Aires votó con el Grupo de Contacto y la UE, que buscan una salida democrática y rechazan el brutal bloqueo económico y una posible intervención armada capitaneada por el Pentágono. Respecto de las elecciones parlamentarias de diciembre, la Argentina acompañaría la postura de que lo mejor es postergarlas para 2021 con el fin de que el gobierno negocie con la oposición.
La estrategia estadounidense fue explicitada por el representante de Trump para la “cuestión venezolana”, Elliot Abrams, conocido desde los años ’70 por armar grupos paramilitares para derrotar a la revolución sandinista en Nicaragua. “Me preocupa –declaró en torno a las negociaciones de Borell– un pacto en que la UE diga que tal vez enviará observadores a unas elecciones si se aplazan las de diciembre. Si lo hace, se inclina claramente a asumir la observación de esas elecciones, y eso genera un peligro en el camino”.
La oposición, como hizo en 2005, busca deslegitimar elecciones que no gana y se niega a participar. Aquella vez, Hugo Chávez rechazó posponer el comicio. Ahora hay grupos, sin embargo, que aceptan el convite. Creen poder repetir el triunfo abrumador del 6 de diciembre de 2015, cuando se quedó con más del 60% de las bancas de la Asamblea Nacional.
Henrique Capriles había mostrado predisposición a asistir, pero llegó el apriete desde Washington. Juan Guaidó, presidente de la AN elegido a dedo como interino, perdería su banca si no se presenta. De hecho, la perdió en enero pasado, cuando la AN eligió a otro opositor, Luis Parra, como titular del Parlamento. En una maniobra desesperada hicieron una sesión alterna para mantener a Guaidó. Alguien a esta altura insostenible sin el apoyo de Trump, que quizás no sea reelecto el 3 de noviembre.
Tiempo Argentino, 11 de Octubre de 2020
por Alberto López Girondo | Oct 11, 2020 | Sin categoría
El FMI metió la cuchara en las elecciones bolivianas con un aporte de fondos de campaña en favor del gobierno de facto que bien puede servir para condicionar a cualquiera que gane als elecciones del domingo que viene. Mientras tanto, se hay preguntas que se encadenan de un modo perturbador: ¿gana el MAS IPSP en primera vuelta como preanuncian las encuestas? En este caso ¿la derecha que tumbó a Evo Morales en noviembre pasado aceptará dejar el poder? Si se invierte el cuestionario el resultado es aún más inquietante. ¿Cómo se garantiza que esa derecha que se jactó de haber expulsado a la wiphala de la Casa de Gobierno no haga fraude?
Los últimos sondeos, realizados por Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) -que el año pasado fue uno de los pocos que acertaron con el resultado de las PASO y de las generales en Argentina- le da un 44,4% de intención de voto a la fórmula Luis Arce- David Choquehuanca y 34% a Carlos Mesa. Tercero se ubica Fernando Camacho, con 15,2%, el líder neofascista de Santa Cruz de la Sierra que llevó la Biblia como reivindicación del golpe del 10 N al Palacio Quemado. Gana el que obtenga más de 40% y 10 puntos de diferencia sobre el segundo. La diferencia es exigua pero ilustrativa: se parecen mucho a los guarismos que dio la presidencial del año pasado denunciada como fraudulenta por un ambiguo informe de la OEA y por los golpistas.
La gran batalla de los conservadores es por destronar al MAS IPSP. De allí que Camacho apunte los cañones contra el más cercano aspirante, que compite por la voluntad de los sectores medios urbanos. “Mesa apuesta por una coalición para zanjar crisis en Bolivia ¿Qué van a decir aquellos que exigían ‘voto útil’? ¿Voto útil para negociar y pactar con el MAS?”, dice, indignado.
Mesa, que fue presidente tras la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003, le entregó el poder a Morales en 2005 y desde entonces alternó fallidas candidaturas contra el líder indígena con su colaboración en una comisión oficial por la reivindicación de la salida al mar en el Tribunal de La Haya. Ahora, pide el voto para que no vuelva lo que llama “dictadura” masista.
La titular de facto del Ejecutivo, Jenine Añez, a su vez, también se encarama en acusaciones de totalitarismo contra el gobierno de Morales y aprovechó el recordatorio del asesinato del Che Guevara para homenajear a los soldados que capturaron al guerrillero argentino el 8 de octubre de 1967. Ni qué decir que en este homenaje se sumaron Camacho, furioso antimarxista, y el ministro de Defensa, Luis Fernando López.
El otro líder neofascista boliviano, Branko Marinkovic, que se exilió luego del intento secesionista de 2008 y hace dos meses integra el gabinete de Añez, articuló estrategias con el FMI. Este viernes anunció como un triunfo el financiamiento por 330 millones de dólares anunciado en abril para el pago de salarios, ponerse al día con el servicio de salud y en la lucha contra los incendios en el Chaco boliviano y en la Amazonía. Nunca en la era Evo se había necesitado apoyo externo para esos menesteres.
El detalle es que como la Asamblea Legislativa-que ostenta la potestad constitucional para contraer deuda externa y tiene mayoría el masismo-no quiso aprobar el crédito, el FMI disfrazó el giro como “intercambio de divisas”. El mismo perro pero con un collar que no necesita aprobación parlamentaria.
Mientras tanto, el law fare está a pleno. Y el objetivo demuestra en nivel de preocupación del establishment. El procurador general, Alberto Morales, informó justo este jueves que la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) «evidencia movimientos económicos anómalos e irregulares y sin justificación legítima en las cuentas del exministro Arce y su familia».
Arce, gestor del milagro económico boliviano entre 2006 y 2019, respondió en una carta pública rechazando la denuncia. «Recurren a la mentira, a la persecución política, a la violencia, a la criminalización y a la represión», dijo.
Tiempo Argentino, 11 de Octubre de 2020
por Alberto López Girondo | Oct 7, 2020 | Sin categoría
Josep Borell, el representante diplomático de la Unión Europea, admitió en Bruselas su fracaso en convencer al gobierno venezolano de suspender las elecciones parlamentarias fijadas para el 6 de diciembre próximo. A la defensiva en un Europarlamento hostil, el catalán, integrante del PSOE, dijo “no hemos tenido éxito, pero creo era necesario intentarlo» y atribuyó el cierre de las conversaciones al gobierno bolivariano, que, dijo, se negó a que una misión de observación controlara los comicios.
Lo que no dijo Borell es que esta ronda de negociaciones había nacido muerta, desde el momento en que en setiembre pasado la subsecretaria adjunta de la oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Carrie Filipetti, había advertido que la única opción aceptable para Washington era la sustitución del presidente bolivariano. “(Nicolás) Maduro necesita dejar el poder para que tengamos alguna posibilidad de elecciones libres y justa·, argumentó.
Pero a continuación fue mucho más clara: «Esperamos que este mensaje sea realmente claro para nuestros socios internacionales, y específicamente para el alto representante Borrell, para que comprenda que no se trata de personas que van a celebrar elecciones libres y justas”. El delegado de Trump para voltear al chavismo, Elliot Abrams fue más lejos. “No es útil que la oficina de Borrell funcione por sí sola”, dijo. «Es justo llamarlo diplomacia de vaqueros».
No es la primera vez que la Casa Blanca aborta negociaciones con las autoridades venezolanas para encontrar una salida pacífica a la crisis política. Otro socialista español, el ex Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, lo intentó en 2016 y cada vez que había una luz al final del túnel llegó un llamado desde Washington para que la oposición se retire de la mesa de diálogo. Lo mismo ocurrió con intentonas del papa Francisco.
Podés ver antecedentes acá:
Zapatero pide calma para negociar con Caracas.
Un flanco abierto en la oposición.
Portazo de la oposición.
Zapatero pide aceptar el resultado de la presidencial.
López Obrador contra el planteo de La Moncloa.
El papa pide mantener diálogo con Venezuela.
Cuando la Unión Europea pedía ir a elecciones.
Caracas respondió a Borell que el mandato de la Asamblea Nacional vence en enero y por tanto es necesario elegir a los legisladores para un nuevo mandato. El parlamento actual fue elegido el 6 de diciembre de 2015, a pocos días de que Mauricio Macri asumiera la presidencia en Argentina y en el marco de la vuelta de la derecha a los gobiernos regionales. Fue un triunfo rotundo de la oposición que generó continuas controversias entre el congreso y el ejecutivo. El único objetivo de la AN abrumadoramente opositora era destituir a Maduro y el cambio de régimen.
El caso es que en ese escenario el presidente fue reelecto en 2019, pero ni la oposición ni los países de la UE, las derechas latinoamericanas y la Casa Blanca reconocieron su mandato y como estrategia forzaron la designación del diputado Juan Guaidó como presidente interino en enero de 2016, con el período. Un cargo en verdad más bien honorífico ya que no tiene ninguna de las herramientas del estado a su mando.
Solo el control de fondos financieros e ingresos de empresas venezolanas en el exterior, tras decisiones controvertidas del gobierno de Donald Trump. Por ahora el oro venezolano en el Banco de Inglaterra sigue en debate judicial. Si a esto se suma el feroz bloqueo del que el país es víctima, es fácil de entender la crisis económica que devasta a la población. Incluso facilita el argumento oficial de que la pobreza y escasez de combustible es fruto del bloqueo y no de errores de gobierno.
Así las cosas, la oposición está dividida entre halcones, más cercanos a las posiciones y el apoyo de Estados Unidos, y palomas, dirigentes que están dispuestos a ir a los comicios para probar fuerza con un chavismo que aparece bastante deshilachado por la crisis.
Entre los sectores que irán a elecciones en diciembre, autodenominada Alianza Democrática, están los partidos Acción Democrática (AD), Copei, Esperanza por el Cambio, Cambiemos y Avanzada Progresista. Un hombre clave en las negociaciones internas para las legislativas está el ex candidato Henrique Capriles, quien quedó opacado tras la “operación Guaidó”.
Hace unos días se bajó de la candidatura. Las presiones fueron tremendas para que no se presentara ya que hacerlo daría legitimidad al comicio. La estrategia del Departamento de Estado es deslegitimar cualquier salida democrática tomada en Caracas. Y como parte de esa estrategia externa, Guaidó tampoco no se puede presentar, aunque quisiera.
Así se entiende mejor cuál era la imposibilidad de que la gestión de Borell tuviera éxito. Una nueva Asamblea deja a Guaidó sin diputación y su presidencia queda aún más expuesta en su vacuidad. Ese si que es un fracaso que la Casa Blanca no puede tolerar.
Tiempo Argentino, 7 de Octubre de 2020
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