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Mercosur no es sólo la patente de un vehículo

Mercosur no es sólo la patente de un vehículo

La celebración de los 30 años del Mercosur dejó el sabor amargo de un choque que compromete seriamente un proyecto que apelaba a la esperanza de construir una organización regional para potenciar a sus miembros en la disputa en un mundo donde los débiles no prosperan. Un proyecto que convidaba a unir en las diferencias y que desde el puntapié inicial de Raúl Alfonsín y José Sarney en 1985, avanzó a los tumbos, pero se fue quedando a mitad de camino.

En el tramo inicial, desde aquel 26 de marzo de 1991 con la firma del Tratado de Asunción, las críticas de sectores de la izquierda eran que era un acuerdo a la medida de las multinacionales afincadas fundamentalmente en Brasil y Argentina. Carlos Menem y su reciente plan de Convertibilidad, Fernando Collor de Mello del otro lado de la frontera, eran las caras más visibles de ese acontecimiento, cuando la caída del bloque socialista era un hecho y el neoliberalismo aparecía como la única opción en vigencia.

Con la llegada al poder de Lula da Silva, Néstor Kirchner, Tabaré Vázquez, se consolidó un bloque decidido a una integración política más profunda y a otra mirada sobre el desarrollo de los países sudamericanos. De ese eje nació, junto con Hugo Chávez, el No al ALCA de 2005 en Mar del Plata y un impulso para reunir a América del Sur en intereses comunes, cosa de hablar más fuerte y más alto en las grandes ligas. La incorporación de Venezuela, en 2012 y pese al rechazo del Senado paraguayo, buscaba ser desde lo económico una buena alianza entre el poderío industrial argentino-brasileño con la energía que podría proveer la nación caribeña.

El golpe contra Fernando Lugo fue como un cross a la mandíbula, en la ciudad donde se gestó ese esbozo de unidad regional, mientras se demoraba el ingreso de Bolivia y Chile.

La llegada de Mauricio Macri, el derrocamiento de Dilma Rousseff y el cambio de paradigma en Brasilia y Buenos Aires, más la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca con sus planes de desarticular todos los organismos supranacionales -comenzando por los que integraba Estados Unidos- fue acicate para, por ejemplo, el Brexit en Europa. Cómo no lo iba a ser para una integración latinoamericana siempre dificultosa por los intereses de las oligarquías locales tan ligados a los de los centros financieros internacionales.

Las ideas de libre mercado y baja de aranceles externos, siempre latentes en las elites empresarias, tuvieron más aire desde el 2016. Venezuela fue mala palabra y terminó expulsada del Mercosur, y Paraguay y Uruguay, los socios menores del club, tuvieron más eco con Jair Bolsonaro y el gobierno macrista en su interés por dejar el barco.

Había caldo de cultivo. Porque ese ímpetu inicial del Mercosur y su reconversión de los primeros años del siglo XXI fueron perdiendo fuerza a medida que se profundizaron las crisis particulares en cada uno de sus integrantes por la hecatombe internacional del 2008.

No fueron estos últimos cinco años. No fue con el fallido anuncio de un acuerdo Mercosur-UE. Venía desde las iniciativas internas para proteger la competitividad regional de las industrias argentina y brasileña en los albores del 2010, que terminaron perjudicando a la economía de los socios menores. Ya en tiempos de José Mujica hubo planteos en Uruguay para negociar acuerdos de libre comercio por fuera del Mercosur. Para saltar de ese corset que el actual mandatario, Luis Lacalle Pou, trajo de vuelta a la mesa de discusiones.

Las palabras del presidente oriental fueron duras. Más ásperas fueron las frases con que Alberto Fernández clausuró el encuentro virtual por el trigésimo aniversario de la alicaída organización regional. “No queremos ser una carga para nadie. Si somos un lastre, tomen otro barco, pero lastre no somos de nadie”.

Como desde aquel primer encuentro entre Alfonsín y Sarney, el gran dilema del Mercosur es el de cómo defender los propios intereses ante el resto del mundo. Y como entonces, la cuestión de fondo pasa por los aranceles comunes externos. Para Fernández, “la inserción del Mercosur en el mundo global debe darse en favor de nuestros sectores productivos y no en su contra”. Pero no todos ven el momento del mismo modo.

Una verdadera integración es una alianza en la que todos ganen. No todos parecen estar satisfechos con el Mercosur que supimos construir en tres décadas. Tal vez no sea solo una cuestión ideológica lo que está en danza. Tal vez no es solo la patente de un automóvil lo que nos identifique, o el Estatuto de Ciudadanía que debe implementarse. Tal vez, la mudanza de magnates argentinos a la otra orilla no sea solo un acto de rebeldía fiscal. Tal vez es la certificación de que lo que falta construir es más complejo que un enfrentamiento por zoom entre mandatarios circunstanciales.

Tiempo Argentino, 26 de Marzo de 2021

Johnson con los misiles nucleares de punta

Johnson con los misiles nucleares de punta

Liberado del corset de la Unión Europea, ahora el Reino Unido sueña con recuperar algo de su pasado imperial, aunque inevitablemente atado al poderío estadounidense. Esta semana, el primer ministro Boris Johnson anunció un incremento del 40% de su arsenal nuclear y una nueva estrategia de defensa. A modo de justificación, se dijo que “cuando las circunstancias cambian y las amenazas cambian, necesitamos mantener un nivel mínimo y creíble de poder disuasorio”.

El documento Gran Bretaña Global, que Johnson presentó ante el Parlamento, define a Rusia como un “estado hostil”, sin embargo, es mas contemplativo con China.

La noticia preocupó a los socios europeos de la OTAN y también al gobierno argentino -ver aparte- ya que los llamados “territorios de ultramar”, fuera del paraguas de la UE, figuran entre las joyas a defender. El costo del plan de Johnson, ronda los 11.000 millones de dólares, para incrementar de 180 a 260 las ojivas nucleares, entre otros gastos en un momento en que la mayoría de las naciones destina todos los recursos al combate del Covid 19.

“No nos conformaremos con una política exterior regional”, desafió Johnson, para aclarar que EEUU es el “mayor aliado” y que el objetivo estratégico es la región Indo-Pacífico, “el motor económico del mundo, donde vive la mitad de la población y se genera el 40% del PIB mundial”.

Este paso que anunció Londres va en contra del Tratado de No proliferación Nuclear. De allí que desde Moscú el portavoz de la presidencia, Dmitri Peskov, lamentara “una decisión que daña la estabilidad mundial y la seguridad estratégica”.

El informe define a China como un “competidor sistémico” con el que corresponde negociar política y económicamente. “Aquellos que instan a una nueva Guerra Fría con China o a que aislemos totalmente nuestra economía de China (… les digo que) están, equivocados”, respondió ante las demandas de los más acérrimos entre los correligionarios conservadores.

La alianza entre Londres y Washington se consolidó aún más en tiempos de Donald Trump, que le dio apoyo al Brexit para sacar a un jugador clave para socavar a la UE. De allí que muchos analistas califiquen a la potencia dominante en la actualidad como Imperio Anglo-norteamericano, integrado por los países que integran el Commnowealth y EEUU. En el plano de la inteligencia militar, esa alianza se desarrolló desde el fin de la segunda Guerra Mundial en lo que hoy se conoce como Five Eyes (Cinco ojos) un sofisticado sistema de vigilancia global del que participan el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda (todos ellos súbditos de la corona de Windsor) y Estados Unidos. 

Tiempo Argentino, 21 de Marzo de 2021

Biden contra Putin: el imperio contraataca

Biden contra Putin: el imperio contraataca

Joe Biden encaró una ofensiva sobre Vladimir Putin a la que el presidente ruso le bajó algunos decibeles con cintura política. Ante un periodista de la CNN, el flamante presidente estadounidense no dudó en afirmar que Putin es un asesino y que recibirá castigo por la presunta injerencia en el proceso electoral en favor de Donald Trump. Putin apeló a una frase que en estas latitudes significa “el que lo dice lo es”. Y dobló la apuesta al invitarlo a un debate público, algo que -insistió irónicamente- podría ser “interesante para el pueblo ruso y el pueblo estadounidense”.

La relación con Rusia forma parte de una estrategia aconsejada a Trump por el anciano exsecretario de Estado Henry Kissinger para romper con la alianza entre Moscú y Beijing, la gran amenaza al poder imperial de EE UU. Trump mantuvo acercamientos con autoridades rusas y cruzó a China, pero ya desde la elección de 2016 fue acusado de connivencia con Putin. Por ello debió entregar varios alfiles en el barro de las acusaciones del Partido Demócrata. Entre ellos, su primer asesor en Seguridad, el general Michael Flynn, y su consejero de campaña Paul Manafort.

De lo que nunca hablan los demócratas es de injerencia en las narices de Rusia. La última jugada, aún latente, es el golpe contra Viktor Yanukovich en Ucrania en 2014. Lo que desencadenó la crisis en las regiones rusófonas del este, el Donbas, y la reincorporación de Crimea a la Federación Rusa.

Biden dijo a principios de mes que “EE UU nunca reconocerá la anexión de Crimea”. Todavía se recuerda la respuesta del canciller Sergei Lavrov sobre aquella crisis, desatada durante el gobierno de Barack Obama y con apoyo de la Unión Europea. “Parecen principiantes. Para Rusia, Crimea es como las Malvinas para Argentina”. Esto es, una parte esencial de la construcción de la nacionalidad que no deberían haber ignorado.

Para el analista y ex agente de contrainteligencia estadounidense Robert W. Merry, ese caso es comparable al de una potencia externa haciendo alianza con México y construyendo bases militares en su territorio. Como pasó en los ’60 con los misiles soviéticos en Cuba.

El ataque de Biden a Putin se basa en un informe de 15 páginas de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (IC, siglas de Inteligence Community), que habla de acciones de agentes no solo de Rusia, sino también de Irán, Cuba, Venezuela y del grupo libanés Hezbollah –todos ellos enemigos del imperio– para perjudicar al candidato demócrata.

Allí figuran maniobras para inculpar al hijo de Biden, Hunter, en negociados con los golpistas ucranianos en una empresa de energía, una denuncia que terminó en el fracasado primer juicio político contra Trump. El caso es que el hijo presidencial sí tuvo una silla en el directorio de Burisma, casualmente después del cambio de gobierno en Kiev. Tan cierto como que Manafort fue asesor de Yanukovich. En todo caso, la pelea en Ucrania tendrá contexto geopolítico, pero también fortunas en juego.

Más allá de lo cual, esta etapa no parece pasar por acuerdos con Rusia –que resulta clave para la provisión de gas a Europa a través de las grandes tuberías de Nord Stream II, que ya no pasan por Ucrania– sino en suavizar relaciones con Beijing, cáusticas con Trump.

“China buscó estabilidad en su relación con EE UU y no consideró que ninguno de los resultados de las elecciones fuera lo suficientemente ventajoso como para que se arriesgara a sufrir un retroceso si lo atrapaban”, sintetiza el informe de IC.

Boicot a Sputnik V

La primera información surgió de Brasil wire, un portal dedicado a hurgar en información relevante, pública o secreta. Fue una captura de pantalla de enero pasado sobre un documento de 72 páginas del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS, por sus siglas en inglés) sobre acciones de la era Donald Trump.

Hace unos días el Washington Post señaló que un funcionario de esa área reconoció que se había presionado a los gobiernos de Brasil y de Panamá para que tomaran decisiones que atañen a la salud con argumentaciones geopolíticas.

En concreto, en un apartado titulado “Combatir las influencias malignas en las Américas”, el informe sostiene que Rusia y Cuba “están trabajando para aumentar su influencia en la región en detrimento de la seguridad de Estados Unidos” y recomienda “disuadir a los países de la región de aceptar ayuda de estos Estados mal intencionados”.

Un punto que preocupaba a las autoridades estadounidenses es la provisión de vacunas Sputnik V que a través de Lula da Silva negociaron algunos gobiernos estaduales brasileños. En el caso panameño, tenía que ver con la ayuda ofrecida por La Habana para el envío de médicos cubanos que colaboraran en el combate al Covid-19.

No hay información concreta sobre qué ofrecía el HHS para compensar las carencias que podrían cubrir los insumos rusos o el personal cubano.

El litio en la mira

l historiador Mark Curtis y el periodista Matt Kennard publicaron en Declassified UK documentos que prueban que el ministerio británico de Relaciones Exteriores y agentes de la CIA –posiblemente al margen de la administración Trump– intervinieron en el golpe contra Evo Morales de 2019 con el objetivo de que el litio boliviano quede en manos anglosajonas.

Como antecedente –según destaca el portal Voltairenet– a principios de ese año, el gobierno de Morales había autorizado la explotación del mineral a la empresa china TBEA Group.

El dueño de Tesla, Elon Musk, se había ufanado de que podía dar un golpe cuando quisiera para obtener ese elemento clave para los automóviles que fabrica.

Tiempo Argentino, 21 de Marzo de 2021

Un foro de denunciantes éticos premió a una exespía del MI5 británico

Un foro de denunciantes éticos premió a una exespía del MI5 británico

Una traducción tan literal como malintencionada de whistleblower sería “soplón”. Pero la palabra fue derivando a reflejar una actitud tan peligrosa como comprometida de personajes que ponen en circulación acciones que los gobiernos no quieren que trasciendan. Son “denunciantes éticos”, como el agente Edward Snowden, quien en 2014 reveló cómo Estados Unidos espía a través de plataformas informáticas en todo el mundo, o la soldado Chelsea Manning, que mostró las atrocidades de las tropas estadounidenses en Irak. Dentro de esta categoría entra también Julian Assange, el fundador de WikiLeaks. Estos días la Fundación Mundial de Datos Éticos (WEDF por sus siglas en inglés)  organizó un foro de “whistleblowers” para otorgarle el Premio Sam Adams a la Integridad en Inteligencia a la ex agente del MI5 británico Annie Machon y honró al fallecido Stephen Cohen, de la Universidad de Princeton.

Machon integraba el servicio de inteligencia del Reino Unido desde principios de los 90, recién egresada de la Universidad de Cambridge. “Me dijeron que era un trabajo para el gobierno pero me enteré de qué se trataba después”, dice en el CV de su sitio https://anniemachon.ch. En 1996 se enteró por un colega y pareja del MI6 -el servicio exterior, homólogo de la CIA- que se preparaba un atentado para matar al líder libio Mohamar Khadafi. Con David Shayler decidieron dar a conocer lo que consideraban una clara violación de las reglas que deberían regir la vida de un agente secreto. Renunciaron y huyeron del país, recuerda, generando un escándalo con el objetivo “de llamar la atención sobre estos abusos”. Al cabo de tres años, volvieron y Shayler terminó detenido en la cárcel de máxima seguridad de Belmarsh, donde hoy permanece Assange.

Cohen, en cambio, fue un académico especializado en estudios sobre Historia Rusia desde la Revolución de 1917 y su relación con Estados Unidos. Desde ese lugar advirtió sobre la sesgada política exterior de su país y el peligro que podría acarrear esta posición belicista para el futuro de la humanidad. Cohen murió en septiembre pasado. El premio recuerda a Sam Alexander Adams, ex oficial de la CIA durante la Guerra de Vietnam que en su momento reveló la manipulación de la información oficial relativa al número de tropas del Vietcong. El más conocido de los “filtradores” en aquellos años fue Daniel Ellsberg, que trabajó para el Pentágono contratado por la empresa Rand Corporation. La denuncia de Ellsberg sobre el turbio manejo de la Guerra es todo un capítulo de la historia política y periodística de EE UU que puede verse en el filme The Post, de Steven Spielberg.

Si algo diferencia a un denunciante ético de un “arrepentido” es que su actitud genera consecuencias dramáticas para sus vidas. Otros por WEDF -además de Snowden, Assange y Manning- fueron Craig Murray, exembajador británico en Uzbekistán; Sibel Edmonds, quien señaló que el FBI sabía meses antes del 11 S de 2001 que habría un atentado en EE UU y no tomó medidas para evitarlo. 

Tiempo Argentino, 21 de Marzo de 2021