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Las metáforas de Maytland y el faaaaso

Las metáforas de Maytland y el faaaaso

Cuentan por ahí que una vez Jorge Luis Borges se topó con una mujer que, en medio de una conversación trivial, y como prueba de su seriedad, le espetó… “porque no le voy a decir una cosa por otra”. El autor de El Aleph sentenció, con acidez: “Señora, usted acaba de dar muerte a la metáfora”.

Decir una cosa por otra es subterfugio de vendedores de inmuebles, de gerentes de Recursos Humanos, y en general del chantas. Pero también propia del arte poética y sirve para burlar la censura o la persecución en tiempos oscuros.

Hay muchas formas de censura. La moral y las buenas costumbres –“valores” supremos en los regímenes autoritarios– suelen ser más persistentes que una dictadura. Hasta podría determinarse cuánto tiene de represiva una sociedad según deba decir una cosa por otra para evitar consecuencias desagradables.

En las antiguas necrológicas se afirmaba de una celebridad que había muerto tras una “larga y penosa enfermedad”. Era –sigue siendo– una forma de metáfora decir que “buscan intensamente” a un criminal. ¿Qué sería “intensamente” en este caso?

Hasta no hace tanto, el buen accionar policial se ilustraba con la exhibición de elementos comprometedores de los delincuentes. “Armas de grueso calibre, material pornográfico, estupefacientes”, se escribía. En los años de plomo, a este corpus delictivo se agregaba “literatura subversiva”. Como, por ejemplo, el libro La Cuba electrolítica. A pesar de que en Cuba hay grandes reservas de níquel, no era sobre eso el texto escolar.

Hasta no hace mucho, había procedimientos en alguna “clínica clandestina” donde se practicaban abortos, por eso queda mejor decir “interrupción voluntaria del embarazo”. Es que algunas palabras quedaron teñidas de un sentido, digamos, abominable. Cáncer, aborto, drogas, “faaaso”, diría Diego Capusotto.

Hubo palabras prohibidas en la historia argentina. “Perón” fue una. Los medios que nunca lo quisieron lo llamaban “tirano prófugo”. En La Prensa eran más abarcativos y su gobierno había sido “la segunda tiranía”. Dos metáforas al precio de una para aludir a Juan Manuel de Rosas.

Las “malas palabras” no se podían decir en los medios de comunicación. Por eso Quino dibujó a un taxista insultando a un automovilista con un “¿La pecaminosa que te dio el ser!”, porque llevaba dos monjas a bordo.

Pero muchas cosas cambiaron. Y Mauricio Macri ya no dice “¿dónde M… están las prioridades?”. Otras, sutilmente, permanecen. Hace unos días, se realizó en La Rural la Expo Cannabis. No la Expo Marihuana ni la Expo Faaaso.

Se podrá decir que bueno, que finalmente se aprobó el uso medicinal de la marihuana-cannabis. Que la producción legal se inició en una provincia conservadora como Jujuy, gobernada por un señor que nada tiene de progre. Este martes dos estados más aprobaron el uso recreativo de la marihuana, y suman ya 23 distritos, la mitad casi de las 50 que componen EE UU. “Recreativo porque dejan usarla en los recreos”, diría el joven estudiante. Caramba, un chiste es también una forma de metáfora. En fin, que –para no decir una cosa por otra– si el cannabis o la marihuana o el faaaaso fueron legalizados es porque los grandes capitales decidieron que es mejor negocio producir que perseguir el consumo.

La semana pasada murió a los 75 años Víctor Maytland, pionero del cine porno argentino. Por razones que no vienen al caso, el que escribe mantuvo una relación lejanamente familiar con el cineasta y conoció algunos de los avatares de su trayectoria.

Todo en su vida tiene esa forma de metáfora, aunque los medios revelaron que falleció de un tumor cerebral, sin subterfugios. Víctor Maytland no era su verdadero nombre. En esos años, filmar porno, si bien no estaba prohibido, era mal visto. Y aparecer como realizador tal cual figuraba en el documento de identidad comprometía a sus hijes y a la parentela en general.

Por esos años, el que escribe también colaboró en la edición local de PlayBoy. La revista era leída por un público nivel ABC1, de alto consumo, pero no conseguía auspiciantes, contó el entonces director, Sergio Sinay. «No querían aparecer vinculados a un producto visto como pornográfico». El nivel de PlayBoy es todavía un ejemplo de periodismo de calidad, más allá de los desnudos femeninos.

Volviendo a Maytland (Roberto Sena): había sido productor televisivo en programas de rating y tenía alguna experiencia junto a Fernando “Pino” Solanas. Pero en un viaje a Estados Unidos descubrió que el cine porno era un negocio fabuloso y que Argentina tenía técnicos y actores como para incursionar en ese mercado con temáticas entre lo humorístico, lo satírico y algún toque político.

Su primer boom, Las Tortugas Pinjas, es del año 1989. “Hice un casting pero no aclaré para qué película era”, contó en algún encuentro y repitió en varios reportajes. “Cuando les dije de qué se trataba, me dijeron que ni en pedo iban a mostrar la cara”. O sea, no tenían inconvenientes en sacarse la ropa, pero que los reconocieran en el trabajo o en la calle, mmmmh.

Eran furor Las Tortugas Ninja, una serie para chicos. “Me di cuenta de que ahí estaba la cosa: que aparecieran con un antifaz y listo”. Después vendrían otros grandes éxitos como Los PinjapiedrasEl Pitulín colorado. Filmó más de 200 películas, gran parte de ellas para un canal de cable “subidito de tono” con base en EE UU.

Durante mucho tiempo Víctor Maytland fue como una vergüenza para una parte de la familia que, sin embargo, aceptaba de buen grado a Roberto Sena. También disparador de las mayores fantasías. En el casamiento de una de sus hijas, había llevado a su equipo para filmar el acontecimiento. La maquilladora, el sonidista y el camarógrafo tenían una onda bastante particular. Lo que despertó el comentario de uno de los invitados. “Estos están esperando que en cualquier momento nos pongamos todos en bolas”, dijo, señalando con el pulgar a un costado, torciendo la boca para el otro y mirando al frente como si nada.

Fue una ceremonia que comenzó en el Registro Civil, siguió en la iglesia –como Dios manda– y culminó en un salón de fiestas difícil de recordar ahora. Hubo alegría, vals de los novios y alguno que otro que bebió de más. Pero la cosa no pasó de ahí.

Tiempo Argentino, 13 de Noviembre de 2022

Zelenski y Blinken celebran el retiro de las tropas rusas de Jersón

Zelenski y Blinken celebran el retiro de las tropas rusas de Jersón

Volodimir Zelenski celebró con euforia la llegada de las primeras tropas ucranianas a la ciudad de Jersón. «Es un día histórico», dijo el mandatario. «Es una victoria conjunta, una victoria de todas las naciones amantes de la paz en todo el mundo», dijo horas después Dmytro Kuleba, ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, al cabo de una reunión con el secretario de Estado Antony Blinken en una cumbre en Camboya. En fila, altos funcionarios de Estados Unidos aclamaron el acontecimiento, al que calificaron de una manifestación de valor de los ucranianos y de que Rusia viene perdiendo la guerra, iniciada el 24 de febrero pasado. A ellos se agregó Ben Wallace, ministro de Defensa del Reino Unido, quien habló de un «nuevo fracaso estratégico ruso».

Pero lo que bien podría denominarse la Batalla de Jersón-2022 –por la primera capital que había sido tomada por tropas de Moscú y que integra la provincia del mismo nombre, incorporada a la Federación Rusa en octubre– es en sí misma una postal de lo que ocurre en Ucrania.

 Desde que el 8 de octubre pasado el general Sergei Surovikin fue presentado como el nuevo comandante de las tropas rusas en Ucrania, hubo un claro cambio de estrategia del alto mando ruso. Así, mientras se espera la llegada de las nuevas tropas -unas 300.000 reservistas que están haciendo su entrenamiento– las fuerzas rusas fueron abandonando puestos donde se veían superadas numéricamente por los efectivos de Kiev.

Desde hace 15 días, Moscú anunció que los habitantes de la ciudad debían irse hacia territorio seguro, del otro lado del río Dnieper. El viernes, el ministro de Defensa Sergei Shoigu, dijo que se había completado el retiro de los civiles y que «las tropas rusas salieron hacia la orilla izquierda del río Dniéper».

Por un lado, esa movida revela que para Moscú las cosas no pintan tan bien en Ucrania y está buscando torcer el tumbo. Por otro lado, Kiev celebra el triunfo en una batalla donde no se disparó ni un tiro.  Difícil saber si es que están siguiendo las indicaciones del estratega chino Sun Tzu o quieren vender una denodada ante un escenario al que faltaba el enemigo.

A todo esto, hubo muchas dudas al principio sobre qué iría a ocurrir. Entre que se retiró el último ruso e ingresó el primer ucraniano pasó un tiempo en que la comandancia militar y el propio Zelenski no querían cantar victoria temían que se tratara de una trampa.

En ruso hay una palabra, maskirovka, que se traduce como engaño. Es una estrategia que fue usada en la segunda guerra mundial ante la invasión nazi. Consiste en algo tan poco novedoso en la guerra como dejar pistas falsas, amenazar por un lado y atacar otro, cosas así. Hasta último momento dudaban de si los rusos no los estarían esperando agazapados en las esquinas.

La explicación del general Surovikin –con amplia experiencia de guerras en Chechenia y luego en Siria– debía haberlos instruido sobre lo que ocurría. Surovikin reconoció que los rusos no tendrían posibilidad de defenderse de un ataque masivo y que mantener ese puesto era arriesgar vidas inútilmente.

Aquí es donde los expertos militares recuerdan que desde el primer día Rusia tuvo muy pocos soldados como para emprender una invasión. Lo que probaría que el objetivo inicial estaba más cerca de lo que declaraba Vladimir Putin (que solo quería desnazificar y desmilitarizar a Ucrania) que de, como se decía en los medios occidentales, tomar Kiev y ocupar todo el territorio.

Las primeras imágenes de soldados ucranianos volviendo a Jersón, por otro lado, pusieron en foco el perfil de las tropas con que Ucrania intenta recuperar territorio. En cuentas de las redes sociales de analistas o difusores muy cercanos a Occidente detectaron con preocupación que algunos llevaban en el casco y en una manga el emblema de la División Dirlewanger, de las SS nazis. Dos mazos cruzados, muy a tono con lo que era, una Brigada de Castigo integrada por convictos por los peores crímenes y que cometieron las atrocidades más feroces en Ucrania, Bielorrusia y Polonia durante la invasión alemana, de 1941. Los que apoyan a Kiev ahora se preguntan cómo hacer más adelante para desarmar a esos grupos que ellos mismos armaron.  

Tiempo Argentino, 13 de Noviembre de 2022

Jaime Bassa: «En Chile la subjetividad neoliberal está mucho más instalada de lo que creíamos»

Jaime Bassa: «En Chile la subjetividad neoliberal está mucho más instalada de lo que creíamos»

Docente en la Universidad del Valparaíso y ex vicepresidente de la Asamblea Constituyente de Chile, Jaime Bassa Mercado decidió alejarse unos días de su país para «tomar distancia» de un clima bastante difícil luego de la derrota en el plebiscito para una nueva Carta Magna que enterrara la de la dictadura pinochetista. Ante Tiempo, desmenuza algunas de las razones de este clima y esa caída electoral.

–Te fuiste del grupo de rock que tenías. ¿Es parte de una grieta, como le decimos por acá?

–(Risas) Estamos pasando por un momento muy complejo. Hay un ánimo conservador por negar permanentemente los conflictos y las diferencias que atraviesan a la sociedad. Pero esas diferencia porfiadamente están volviendo a la luz. Probablemente con la banda (Rábula) haya pasado esto. Porque el plebiscito radicalizó, polarizó mucho la conversación. Pero un tipo de conversación bien superficial, poco ideológica. No había claridad sobre las cuestiones que estaban en disputa, qué es lo que se jugaba finalmente. Hubo un discurso movilizado por los sectores más conservadores en torno al miedo, a la defensa de la propiedad privada sobre la casa, sobre la educación a los niños. Un discurso del odio que se fue normalizando.

–¿Cómo sigue la historia? ¿Será posible cambiar la constitución pinochetista?

–No sé si el proceso constituyente que se esta desarrollando ahora va a buen puerto, diría más bien que no. Pero si llegara a resultar, yo creo que alumbraría una constitución igual a la que tenemos hoy día, con algunas diferencias que no sean estructurales.

–¿Sentís la falta un respaldo fuerte para otra cosa?

–Yo creo que hace falta más militancia social, organización más permanente, más estable. Porque una constitución debe reflejar algo. Un tipo de práctica que se está normalizando en la realidad social, algún tipo de anhelo, de horizonte que sea posible desarrollar en el mediano plazo. La impresión que tengo ahora es que dada la reacción conservadora que se levantó, las reformas que la Constituyente empujó fueron percibidas mayoritariamente como reformas contraculturales. Que no era necesario hablar de seguridad social en clave solidaria, que el pueblo lo que quería era proteger su propiedad privada sobre sus fondos de pensión. Como que no había que pensar en una vivienda digna a pesar de las miles de familias que viven en campamentos, porque la gente quiere propiedad privada sobre su vivienda. Ahí se generó una distorsión entre lo que tratamos de hacer y la reacción conservadora.

–¿La mayoría de la sociedad chilena piensa así?

–Es difícil saberlo. Nosotros sentíamos que el estallido social de octubre de 2019 tenía una dimensión antineoliberal, porque prácticamente todas sus manifestaciones públicas se expresaban en contra de ciertos elementos característicos del modelo neoliberal: en contra de ciertas formas de acumulación de riqueza, de poder, en seguridad social, en salud, en educación, en vivienda, en trabajo. La propuesta fue antineoliberal un poco en respuesta al estallido.

–Pero en el medio cambiaron las cosas…

–Efectivamente. También es probable que esa subjetividad neoliberal esté mucho más instalada de lo que creíamos. Sobre todo pensando que el plebiscito de entrada de octubre de 2020 y las elecciones de mayo de 2021 fueron con voto voluntario. Votó más o menos la mitad del padrón electoral. Pero el plebiscito de salida fue con voto obligatorio. Se sumaron algo así como 4 a 5 millones, que es casi el 35% del padrón. Gente que no había votado nunca.

–¿Votos conservadores?

–Una de las lecturas es que todavía hay una cierta dimensión destituyente del movimiento social que se manifestó en el plebiscito de entrada, contra Piñera, pero en el de salida hubo quienes votaron contra la Constituyente. En Chile siempre estuvo eso de que hay un centro político que está en disputa y otros dos tercios, uno hacia la derecha y uno a la izquierda. Pero ese centro no quiere cambiar las cosas realmente, las quiere administrar. Quizás no es tan neoliberal y le tira eso de tener grandes empresas estatales, grandes espacios nacionales de construcción de ciudadanía, pero al fin de cuentas no quieren cambiar las cosas. Y además, persiste el discurso del mérito, de la autorrealización personal, de no deberle nada a nadie. La idea de derechos se ha distorsionado hacia la lógica de bienes que se consumen. La lógica del consumo es la que ha impulsado la derecha en estos 50 años en Chile. En esa lógica, el ciudadano deja de ser un sujeto universal y pasa a ser un consumidor. La gran dificultad que tenemos hoy es reivindicar esa dimensión universal de los derechos sociales, la importancia que tiene la solidaridad en la construcción de ciudadanía. Porque en la campaña por el rechazo, la derecha levantó un discurso en clave propietarista para defender la propiedad privada de la vivienda, de los fondos de pensiones, del agua…

–¿Del agua?

–El agua en Chile es privada. Los ríos, los lagos, son privados. Para sacar agua de un río se piden autorizaciones administrativas, derechos de aprovechamiento de agua. El estado te lo entrega gratuitamente en propiedad con independencia de la capacidad del acuífero. El caso es que si el estado lo quiere recuperar, lo tiene que pagar a precio de mercado.

–¿Pero eso alcanzó apoyo en la sociedad?

–Esa es la paradoja. Hubo una campaña en defensa de la propiedad privada expresamente en contra del artículo de expropiación, del articulo del derecho a la vivienda digna –porque no decía «vivienda propia»– y en contra del artículo que hablaba del agua. Nosotros decíamos que el consumo del agua es un derecho humano y que el consumo y el saneamiento es un uso prioritario del agua. El rechazo hizo campaña contra eso expresamente.

Claro, pero recibió apoyo.

–Hay una dimensión propetarista en la campaña del rechazo que logró enganchar con esa subjetividad neoliberal .

–Supieron mejor lo que estaba pasando.

–Mucho mejor que nosotros. Nosotros fuimos quemando etapas una a una, desde la revuelta, el plebiscito de entrada, las elecciones presidenciales, la Constituyente, el plebiscito de salida. La derecha tenía una planificación estratégica del proceso completo, y nosotros no.

–¿De quién fue la propuesta de que el plebiscito de salida fuera obligatorio?

–De la derecha.  «

Con tantos enemigos juntos…y encima llegó la pandemia

«La Constituyente nuestra identificó prácticamente todas las materias en las que había que hacer cambios importantes y pusimos todos esos cambios arriba de la mesa: el Poder Judicial, el sistema político, los derechos, temas de autonomía sexual, los gobiernos locales, los gobiernos regionales. Pero al mismo tiempo».

–¿Estás haciendo una autocrítica?

–No sé si esa es la palabra. Pero probablemente debió tener un diseño distinto que nos permitiera destrabar algunos nudos, avanzar en algunas cuestiones importantes y al resto dejarlas anunciadas. Avanzamos mucho en varias cosas que eran necesarias como derechos laborarles, salud, seguridad social. Pero evidentemente nos ganamos demasiados enemigos. Si uno piensa en el tipo de proceso que se está haciendo ahora, probablemente puedan hacer una constitución, pero sin cambios en la estructura social.  Yo siempre he entendido, como profesor de Derecho Constitucional, que una nueva constitución es una nueva estructura de poder y eso fue lo que empujé en mi campaña y siendo vicepresidente. Pero esas estructuras no se las puede cambiar por puro voluntarismo. Tiene que haber un tipo de organización o movimiento social que acompañe eso. Y eso lo tuvimos desde octubre de 2019 hasta marzo.

–¿Qué pasó después?

–Pandemia… llega la pandemia, llega un proceso de institucionalización de la crisis social –plebiscitos para una nueva constitución, elecciones presidenciales–, la cosa se empieza a normalizar pero en un período donde estábamos todos encerrados en nuestras casas.

Tiempo Argentino, 13 de Noviembre de 2022

¿Té para tres?

¿Té para tres?

Mientras la interna en Juntos por el Cambio involucraba a referentes de otros espacios contra la hegemonía del PRO, como podían ser las embestidas de Elisa Carrió o de Gerardo Morales, se percibían miradas de displicencia o incluso de suficiencia de quien se cree intocable. Había, cada tanto, algún que otro chisporroteo entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta y hasta alguna competencia por ver quién es más inflexible que sin embargo no habían alcanzado a mover el amperímetro. Pero el violento cruce entre la exministra de Seguridad y el jefe de Gabinete porteño, Felipe Miguel, rebasó los límites de lo que se podían permitir en público. Y lo hicieron saber tanto dirigentes «amarillos» como de la UCR, de Coalición Cívica y los comunicadores de los medios afines.
El incidente se produjo el 24 de octubre pasado, fue difundido unos días después por manos anónimas, y todavía genera irritación. Fue durante la presentación en La Rural del segundo libro que firma el expresidente, Para qué, una suerte de programa de Gobierno con una clara orientación neoliberal. El adláter de Rodríguez Larreta en la ciudad se acercó para saludar protocolarmente a Bullrich, que buscó apartarlo del abrazo amistoso, tipo clinch, con el que intentaba calmar los ánimos, o al menos que no se notara el entuerto. 
«No me cruces más por la tele porque la próxima te rompo la cara, conmigo no se jode, te lo aviso», le dice la presidenta del PRO al sorprendido funcionario porteño. La historia se remonta al vallado en las inmediaciones de la vivienda de Cristina Fernández de Kirchner, días previos al intento de magnicidio. Esa vez Bullrich acusó al Gobierno porteño de debilidad. «Cuando vos tomás la decisión de cercar la casa de la vicepresidenta, para cuidarla a ella y a los vecinos, la tenés que mantener». Miguel dijo entonces que esas declaraciones eran funcionales al kirchnerismo. 

Sin frenos
El video del escándalo generó una primera reacción del propio Miguel, quien dijo que «una amenaza, la violencia, nunca es aceptable; además, si es por opinar diferente, se cruza un límite». Bullrich dobló la apuesta y dijo que no tenía nada de qué disculparse. Se sumó velozmente Carrió, que definió a Bullrich como una mujer muy impulsiva, que no tiene freno y que, además, es poco femenina. El dardo más punzante fue cuando dijo que «es muy buena persona, pero no sabe parar; de hecho, ella me dejó por Macri cuando fui derrotada».
La chaqueña, que tampoco es de bajar un cambio, aprovechó para agregar un poco de nafta a la interna el JxC. «Quiero candidaturas cuyas garantías sean la capacidad y la honestidad (…) Si no nos garantizan una lista honesta, iremos con mi candidatura». Morales, como titular de la UCR, también viene advirtiendo que para el 2023 nadie tiene la candidatura de la coalición opositora comprada y que el centenario partido esta vez no se dejará arriar con el poncho.
Para evitar males mayores, Macri convocó a la cúpula del partido que fundó en 2005 a un desayuno de trabajo en un hotel cercano a Plaza de Mayo. Además del exmandatario estuvieron Bullrich; Rodríguez Larreta; el jefe de la bancada del PRO en la Cámara baja, Cristian Ritondo; la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal; el titular del bloque de senadores, Humberto Schiavoni; y el diputado Diego Santilli.
Al cabo de dos horas intensas, según dejaron entrever en off algunos de los presentes, Ritondo leyó prolijamente de su celular un comunicado del partido en el que afirmaban haber establecido un mecanismo «para coordinar entre los precandidatos para que se eviten tensiones innecesarias». Se cuidó de no añadir nada al margen cuando anunció que los precandidatos presidenciales por el PRO son Vidal, Bullrich y Rodríguez Larreta. 
Macri, dentro de este esquema, aparece como el mediador, el articulador de un espacio con aspiraciones de volver. Quizás espera que con la hoja de ruta que presentó en La Rural sea suficiente. Quizás parte de la discusión dentro de JxC sea que los otros socios no aceptan así como así el proyecto presentado por Macri.
O tal vez suceda como un esa anécdota que aún recuerdan en el edificio de la CGT, de aquel viejo y mañoso dirigente que, cuando se estaban definiendo las candidaturas a una elección en el gremio, preguntaba a cada uno de sus aliados: «¿Vos qué querés ser?». Uno quería ser secretario de Actas, otro de Organización, otro de Prensa y así. Hasta que uno le preguntó: «¿Y vos qué querés ser?». «Yo quiero ser el que te pregunta qué querés ser», ilustró el hombre.

Revista Acción, 11 de Noviembre de 2022