por Alberto López Girondo | Jun 4, 2023 | Sin categoría
La cumbre sudamericana de Brasilia dejó el sabor amargo de que el renacimiento de la Unasur está más lejos de lo que hizo suponer el regreso de Lula da Silva al Palacio del Planalto. La noticia fría dice que no todos los gobernantes se juegan a recuperar esa instancia de integración regional iniciada formalmente en 2011. La excusa ahora fue, como lo viene siendo desde que en diciembre de 2015 Mauricio Macri tomó el poder en Buenos Aires, la Venezuela bolivariana. Pero el trasfondo del recelo que mostraron algunos presidentes, como el uruguayo Luis Lacalle Pou, es darle largas hasta ver qué puede ocurrir en el futuro no tan lejano.
Las presiones de la Casa Blanca son cada vez más desembozadas. Este desparpajo propio de cowboy de las distintas administraciones de Estados Unidos se potenció desde que Donald Trump sentó sus reales en el Salón Oval. Fue un golpe sobre la mesa luego de que algunos rebeldes del sur del Río Bravo le dijeron en la cara a George W. Bush «No al ALCA» en 2005. Barack Obama se tuvo que tragar la reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba en un intento de congraciarse, aunque sin ceder casi nada en el bloqueo a la isla. Joe Biden mira con gesto de abuelo bueno pero se hace eco del lema “hablar suavemente y llevar un gran garrote” de Theodore Roosevelt.
No es casual que ya no solo vengan emisarios de traje, corbata y modales suaves sino que la generala Laura Richardson hizo ya varios viajes para avisar, sin titubeos, que el litio, el gas, el petróleo y hasta el hidrógeno son objetivos militares para el Pentágono. Y que cualquier acercamiento con China va a incomodar en el Southcom, el Comando Sur de EE UU. El detalle es que la RPCh es el primer socio comercial de muchos de los países de esta parte del mundo que incluso lo ven como tabla de salvación ante crisis que EE UU y el FMI no muestran ganas de resolver.
Con Trump el acompañamiento a la Casa Blanca fue tan promiscuo en algunos presidentes de la época que poco faltó para que se produjera una invasión a Venezuela, con la anuencia del brasileño Jair Bolsonaro y el colombiano Iván Duque. Néstor Kirchner, como primer Secretario General de la Unasur, había conseguido frenar sobre la hora un conato de guerra en 2010, cuando Álvaro Uribe debía dejarle el mando a Juan Manuel Santos. Gracias al expresidente argentino, desde entonces Santos fue el “nuevo mejor amigo” de Hugo Chávez.
La Unasur había sido clave ya en 2008 en impedir un intento secesionista en Bolivia, luego una intentona policial contra Rafael Correa en Ecuador en 2010 y sancionó a Paraguay por el golpe institucional contra Fernando Lugo en 2012. Demasiadas muestras de ser una institución que amenaza los intereses imperiales. Y eso que en el mismo club estaban Sebastián Piñera junto a Evo Morales, Uribe y Chávez, y podrían haber convivido tranquilamente gobiernos de todos los pelajes en estos tiempos que corren.
Pero mejor no, piensan en las derechas sudamericanas. En Argentina bien puede ser electo un “amigo” de Washington, Trump puede volver a la Casa Blanca y para colmo, según lo que ocurra en Ucrania, quién sabe si todavía las presiones no serán mayores.
Encima este loco de Lula que se quiere meter a proponer un plan de paz a Zelenski…
Tiempo Argentino, 4 de Junio de 2023
por Alberto López Girondo | Jun 4, 2023 | Sin categoría
El gobierno de Joe Biden dice estar dispuesto a mantener conversaciones con Moscú para lograr un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START), cuando se cumplieron más de tres meses desde que Vladimir Putin anunció que suspendía su participación en el que habían renovado con Washington por cinco años en 2021. Esta vez, no sólo se suma la amenaza de un estallido nuclear en torno a Ucrania –una situación de la que EE UU no es ajeno ya que con la OTAN viene desplegando armamento atómico cada vez más cerca de las fronteras rusas– sino el crecimiento de China como potencia militar.
«Estamos dispuestos a ceñirnos a los límites centrales, sin condicionamientos previos, siempre que Rusia haga lo mismo», dijo el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, en un discurso en la Asociación Nacional de Control de Armas en Washington. El planteo de EE UU sería limitar la cantidad de ojivas nucleares a 1550 cada uno. Y que el Kremlin se comprometa a sentar a esa mesa de negociaciones a China, que según Sullivan, «para 2035 se encamina a tener hasta 1500 ojivas nucleares». Beijing nunca firmó acuerdos semejantes porque en el momento en que se establecieron, en la Guerra Fría, no era una potencia nuclear que pudiera amenazar el poderío estadounidense.
¿Invasión ucraniana?
El Ministerio de Defensa ruso informó que las Fuerzas Armadas de Rusia repelieron tres ataques de tropas ucranianas contra la ciudad de Shebékino, en Bélgorod. 12 personas resultaron heridas en bombardeos contra objetivos civiles, dijeron las autoridades. Putin había indicado poco antes que la situación allí es «alarmante» y ordenó evacuar a niños de esa provincia fronteriza con Ucrania.
El subjefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas rusas, el coronel general Yevgeny Burdinsky, dijo en tanto en una entrevista con la agencia Sputnik que Rusia ya formó a dos ejércitos completos, un cuerpo de ejército, cinco divisiones, 26 brigadas, los distritos navales de Azov y los distritos militares de Moscú y Leningrado, con lo que se cumple el propósito de elevar el número de tropas a 1,5 millones de efectivos militares, entre ellos 695.000 soldados contratados.
Burdinsky dijo que la movilización parcial del otoño de 2022 ordenada por el ministro de Defensa Sergei Shoigu permitió entrenar a más de 280 unidades y subunidades y reclutar a más de 300.000 personas, una movilización, añadió, que no se había visto en Rusia «desde la Gran Guerra Patria de 1941-1945».
En una entrevista con el Wall Street Journal, el presidente ucraniano Volodomir Zelenski dijo que sus tropas están listas para iniciar la contraofensiva contra los rusos en las zonas del país que mantienen bajo control desde el 24F de 2022. «Para ser honesto, esto puede ir de varias maneras completamente diferentes. Pero vamos a hacerlo, y estamos listos», dijo, enigmático. Pero aprovechó para pedir más armamento y que le acepten el ingreso a la OTAN en la futura cumbre en Vilna. El mandatario pidió concretamente más sistemas de misiles antiaéreos Patriot, de los que dispondría al menos dos y necesita «tantos como 50», según declaró.
Tiempo Argentino, 4 de Junio de 2023
por Alberto López Girondo | Jun 1, 2023 | Sin categoría
Bien dicen que es mucho más fácil destruir que construir. Ese dicho popular se vuelve a constatar tras la reunión cumbre de presidentes en Brasilia en el intento de reflotar la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Ese espacio, trabajosamente elaborado a principios del siglo para la integración regional durante el primer ciclo progresista en el subcontinente, fue puesto en marcha en 2011, pero fue detonado por los gobiernos derechistas a partir de 2016. Con el regreso de Lula da Silva al Planalto, el proyecto vuelve a plantearse como una necesidad, pero en este primer encuentro se perciben las huellas del retroceso registrado en estos años y lo dificultoso que será reconstruir una cofradía que se saltee la grieta continental.
El primer obstáculo fue comprobar que no todos los países que se alejaron de la UNASUR a instancias de mandatarios conservadores en la «Era Trump» están dispuestos a volver así como así. El escollo que apareció fue el regreso de Venezuela y especialmente del presidente Nicolás Maduro a los foros regionales, que ya había sido el argumento para vaciar de contenido a la entidad y crear en su lugar artilugios como los fugaces y ya olvidados Grupo de Lima y Prosur.
Del encuentro en el Palacio de Itamaraty participaron, junto con Lula Da Silva, el presidente argentino Alberto Fernández y los jefes de Estado de Bolivia, Luis Arce; de Colombia, Gustavo Petro; de Paraguay, Mario Abdo Benítez; de Ecuador, Guillermo Lasso; de Guyana, Irfaan Ali; y de Surinam, Chan Santokhi. Perú envió al jefe de Gabinete, Alberto Otálora, ya que el Congreso no autorizó el viaje de la presidenta de facto, Dina Boluarte.
El eje de los debates –para algunos la excusa que demoraría el renacimiento de Unasur o algún proyecto similar– estuvo en el rechazo a Maduro expresado por el uruguayo Luis Lacalle Pou y la crítica del chileno Gabriel Boric. El disparador fue la caracterización de Lula sobre Venezuela. «Siempre defendí la idea de que cada país es soberano para decidir su régimen político, qué tipo de elecciones tendrá y para debatir cosas internas», sostuvo el líder brasileño, para agregar luego: «Maduro sabe la narrativa que construyeron contra Venezuela durante tanto tiempo». Según Da Silva, una narrativa similar fue la que se construyó a su alrededor para llevarlo a prisión en 2018.
Cuestión de palabras
Sobre esa mágica palabrita se montaron Lacalle Pou y Boric. «Quedé sorprendido cuando se habló de que lo que sucede en Venezuela es una narrativa», dijo el uruguayo. «Lo peor que podemos hacer es tapar el sol con un dedo. Pongámosle el nombre que tiene y ayudemos», completó. Desde otro sector del espectro político, Boric expresó que «hay una discrepancia en las declaraciones del presidente Lula: no es una construcción de una narrativa, es una realidad seria y la vi en los ojos de venezolanos que llegaron a nuestro país».
El chileno mostró matices en el cuestionamiento, ya que no tuvo problemas en cruzarse con el heredero de Hugo Chávez, y tras aclarar que «como presidente de izquierda era importante enfrentarlo de frente a Maduro por primera vez en un foro internacional» se sumó al pedido a Estados Unidos y la Unión Europea para que terminen «con las sanciones, que debilitan a los pueblos y no a los gobiernos».
Alberto Fernández había mantenido un encuentro con su par venezolano y también reclamó el fin de las sanciones. El canciller Santiago Cafiero fue más efusivo en declaraciones radiales ante las críticas que lanzaron desde la oposición sobre el Gobierno argentino. «Yo no sé qué mundo están viendo, se quedaron con el mundo de (Juan) Guaidó y (Donald) Trump, pero ese mundo se acabó. Ese fue un abordaje sobre la situación venezolana, que es compleja, que fue un abordaje de exclusión y de sanciones unilaterales», dijo.
Lula también se había referido al exdiputado venezolano y a una recomendación para resolver la crisis política que sufre el país caribeño. «Le dije a Maduro que él debería construir una narrativa, le dije que necesita hacer un documento con todos los partidos de oposición, movimientos sociales, sindicatos, Parlamento y gobernadores para pedir respeto a la soberanía de Venezuela, porque el mundo llegó a elegir a un presidente que era una persona que no existía y sufre un bloqueo económico».
El líder metalúrgico también apuntó contra la doble vara de los discursos críticos contra el Gobierno chavista. «La misma exigencia que el mundo democrático hace para Venezuela no la hace para Arabia Saudita», con lo que se ganó una inminente respuesta del régimen de la casa de Saúd.
Unidad y divergencias
Fiel a su estilo componedor, pero que no se guarda nada, el brasileño recordó que en la primera década del siglo XXI pudieron convivir en el mismo espacio regional Hugo Chávez con el expresidente colombiano Álvaro Uribe, y expresó que espera poder reconstruir un foro de las mismas características, pero de mayor amplitud. «Ningún país por sí solo tendrá fortaleza para enfrentar los retos de la geopolítica y la economía mundial actual», indicó en su discurso inaugural. «Debemos profundizar nuestra identidad sudamericana también en el ámbito monetario a través de mecanismos de compensación más eficientes y la creación de una unidad de referencia común para el comercio, reduciendo la dependencia de monedas extrarregionales», agregó, dando un paso más allá de lo que fuera el organismo que tuvo como primer secretario general a Néstor Kirchner.
A falta de mayores compromisos en esta instancia, los presidentes acordaron un documento final, el Consenso de Brasilia, que en sus 9 puntos determina los valores y los pasos necesarios para construir un espacio de integración regional. Menciona el respeto a la democracia y la no injerencia en los asuntos internos de los otros países, pero no habla de volver a la Unasur. El actual presidente colombiano, Gustavo Petro, tras anunciar que su país se reincorporaba a la Unión de Naciones Suramericanas, «ratificando el tratado del Congreso a través de una ley», consideró oportuno pedir una modificación al nombre de la institución. «He solicitado que se llame Asociación de Naciones Suramericanas, para garantizar el pluralismo y la permanencia en el tiempo», propuso. Iván Duque, el presidente que le entregó el bastón de mando a Petro en 2022, publicó en un tuit que «para reingresar (a Unasur) hay que hacer todo el trámite de ley en el Congreso y de control en la Corte Constitucional». El mecanismo de adhesión había sido legitimado en su momento por cada uno de los Parlamentos regionales, pero el retiro de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú fue una suspensión por decretos presidenciales anunciada en abril de 2018 a Bolivia, que con Evo Morales había asumido la presidencia pro-témpore del bloque. La excusa, entonces, fue que había vencido el mandato de Ernesto Samper, quien también había sido presidente de Colombia, y que no había consenso para elegir un sucesor. Responsabilidad que era de los jefes de Estado, por cierto. Samper, en una columna en el diario español El País pidió este miércoles «retomar sin mayores dilaciones la regionalización desde el Sur con el mismo espíritu y dinamismo que dio nacimiento al proceso más complejo de integración alcanzado en esta parte del mundo que fue y debe volver al bloque sudamericano».
Revista Acción, 1 de Junio de 2023
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