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De calzoncillos, mafias e Internet

De calzoncillos, mafias e Internet

Los compañeros comenzaron a debatir la vuelta al trabajo presencial. La emoción de los reencuentros de fin de año nos había demostrado que necesitábamos estar juntos. Medio en broma, sugerí que deberíamos votar en asamblea si se podría venir en calzoncillo y pantuflas, para no perder la costumbre. Se extraña a los cumpas, pero hay comodidades que van a resultar difíciles de abandonar. O eso creía…

Enfrente de casa están reformando un viejo PH. Le agregan una planta en primer piso respetando el estilo original: las ventanas son de esas por las que te arrancan la cabeza en un desarmadero, y las molduras en el frente superior calcan las originales de planta baja. En un barrio en el que demuelen bellísimas construcciones para hacer mamotretos típicamente iguales -eso si, con “amenities” y coso- que un vecino mantenga el estilo es como para cruzar y abrazarlo. Claro que las obras ya no son igual. Ahora descargan el material sobre la vereda con unas brutas grúas. La arena, en bolsones, los ladrillos y el cemento, sobre pallets de madera. Una de esas grúas, me dice el sereno de la obra, que me saluda culposo, rompió el cable que cruzaba la calle hasta el PH donde vivo. Malicié lo peor y no me equivoqué: era la conexión con la que vengo trabajando en calzoncillos y pantuflas desde el Covid.

No era una maravilla. Se cortaba a cada rato y en Atención al Cliente me juraban que estaba todo fenómeno, pero los tipos que venían a casa me decían que se habían extendido demasiado con tal de proveer a millones que trabajan en prendas íntimas. Uno me reconoce que deberían hacer más inversiones, pero que la empresa “no quiere poner un mango y va cortando en forma intermitente”. Otro, que estaban poniendo fibra óptica y con eso se iba a solucionar, pero para la zona todavía faltaba.

A los tres días apareció un técnico y arregló el cable. Le dije cómo había sido lo del corte, que si lo dejaba en el mismo lugar se corría riesgo. Me miró con suficiencia, me respondió: “lo puse más alto” y se fue. Según un amigo son tercerizados, hacen todo rapidito porque si no el trabajo no les rinde. Entiendo, no andan en paños menores y chancletas…

A los tres días salgo a la calle y veo el cable tirado en la vereda. Siguen descargando mercadería y ocurrió lo peor. Vuelvo a llamar a la empresa. Un muchacho muy amable me dice: en 72 horas van a arreglarlo, que no hace falta que esté porque como el cable es afuera… A las 96 horas vuelvo a llamar.

Me pelotean por Whatsapp -no hay una opción para “volvieron a romper el cable que cruza la vereda”- y escribo que quisiera hablar con un ser humano. Teclean “soy un ser humano” y aseguran que, según la información de su pantalla, no hay ningún problema con la conexión. Que todo está arreglado. Dudo, ¿me estaré volviendo loco? Tal vez pusieron otro cable en otro lugar y para hacer más rápido dejaron tirado el que estaba, pero no. No anda. Para calmarme me dicen que un técnico vendrá por casa dentro de 10 días.

Estaba por estallar. Luego de apretar decenas de opciones, consigo hablar con un ser humano al que le digo que quiero dar de baja el servicio y contratar a otro. Es decir, AL otro. Hace unos días se cumplieron 50 años del estreno de El Padrino, la gran creación de Francis Ford Coppola. Me doy cuenta de que irme de la compañía es más difícil que salir de la mafia.

El jovencito que me atiende me ofrece packs que no me interesan, rebajas en el costo del servicio -o sea que me lo podían cobrar menos, qué cosa- y me doy cuenta de que me hace una oferta que no debería rechazar. Cuando me promete que “mañana sin falta entre las 8 y las 13 va a ir un técnico con un sobreturno”, asocio esa palabra a consultas médicas y crece mi temor. ¿Y si es una amenaza velada? Acepto.

Al otro día me envían un mail con el link a una aplicación que me dice que Fulano de Tal vendrá por casa a las 11,32. A las 13,30 pregunto al mail qué pasa, que yo tengo que trabajar. La aplicación indica que De Tal vendrá a las 14,08, luego a las 14,37, a las 15,17, a las 16,47. Salgo a la calle y me siento en el umbral a ver si de casualidad veo una camioneta de la empresa. Me ilusiono ante cada una que dobla en la esquina con un logo, pero no. Imagino hasta que pasó una de “Los pollos hermanos”; la cubierta para la venta de droga de la mafia de “Breaking bad”. Pero nada. La aplicación me termina diciendo que reprogramaron la visita para el 23 de abril.

Mi esposa legítima llama a la empresa B porque está harta de que me forreen. No lo dice, pero me doy cuenta. Tengo que tomar coraje y darle de baja a A. Veo mensajes desalentadores en las redes. Gente de Perú, de España, de Chile, de Brasil, puteando por las dificultades para irse de otras empresas que no son A ni B. Los de B le dicen a ella que vienen al otro día, el servicio es más barato y además, con fibra óptica. Contrata a B sin dudarlo.

Tomo coraje y como por teléfono siempre “los operadores están todos ocupados, llame más tarde”, me meto en la web de A, que me reenvía al Whastapp, donde me vuelven a hacer ofertas que no debería rechazar. A todo digo que No al toque así, por la velocidad de respuesta, el bot se va a dar cuenta de que no me entra un alfiler, pienso. Finalmente me dicen “entendemos, tu solicitud de baja fue tramitada, un representante se comunicará con vos a la brevedad”. Averiguo en Defensa del Consumidor qué hacer si el representante no se comunica y doy de baja el débito automático en el banco. Este es más fácil.

Los tipos de B vinieron el jueves. Puntuales. “Viva Perón”, me dije. Empiezan a trabajar afuera y tocan el timbre nuevamente. “No está habilitado el nodo correspondiente, ustedes son los primeros clientes de la manzana al que le conectan fibra óptica”. Prometen volver mañana, de 8 a 12, sin falta, con el nodo habilitado.

Podría decir qué empresa es A o B. Pero mejor dejarlo así. Temo encontrarme con la cabeza de un caballo en mi cama y las sábanas ensangrentadas. Mientras, renuncio al calzoncillo y las pantuflas, voto por el trabajo presencial y corroboro que eso del cambio cultural por la tecnología es un verso. 

Tiempo Argentino, 17 de Abril de 2022

Europa, de la guerra de divisas a la guerra por el gas, pero ahora sin Merkel

Europa, de la guerra de divisas a la guerra por el gas, pero ahora sin Merkel

El secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo hace unos días que ante “la nueva normalidad para la seguridad europea, hemos pedido a nuestros comandantes militares que brinden opciones para lo que llamamos un reinicio, una adaptación a más largo plazo de la OTAN”. La nueva normalidad, el reinicio, también se verifica y sobre todo, en el plano de la economía de Europa.

Las sanciones contra Rusia apuntaron explícitamente a devastar la economía del país euroasiático, golpeando básicamente en su principal fuente de ingresos, la exportación de combustibles. El objetivo a largo plazo, coincidían analistas de toda laya, era impedir que Rusia recupere antiguos esplendores como potencia mundial. Pero en realidad, el formateo golpea directamente en el corazón de Europa, que pugnaba por fortalecerse como potencia industrial con la energía rusa.  Y que geopolíticamente estaba a las puertas de una alianza que pondría fin a siglos de derramamientos de sangre en esa región del este europeo.

Las presiones contra el gasoducto Nord Stream II y a favor de la venta de gas de esquisto estadounidense desde tiempos de Donald Trump eran una forma de bloquear esa sociedad, fruto de una amistad estratégica entre la canciller alemana Angela Merkel y el presidente ruso Vladimir Putin. El combustible de EE UU es hasta un 40% más caro. Las ganancias para las empresas estadounidenses serían fabulosas. Pero abastecerse a un precio mayor impacta directamente en la competitividad de los productos europeos y puntualmente de los alemanes.

Merkel protestaba en octubre de 2010 contra la guerra de divisas desatada en perjuicio del euro. La canciller germana lideró la resistencia al embate monetario en tiempos de Barack Obama, a expensas de un corset a Portugal, Italia, Grecia y España, los llamados PIGS, cerdos en inglés, por la sigla de los países del sur europeo que padecían una crisis de deuda fenomenal. El euro resistió y el dólar se debilitó.

Ahora ya no está Merkel y el ataque impacta directamente contra la industria alemana a través de una guerra en Ucrania, que se venía preparando desde hace mucho y ahora se ve más claro cómo se fueron encadenando los acontecimientos.

Alemania, el motor económico de la Unión Europea, había apostado a energía “verde”. En este proyecto, el gas resultaba un paso intermedio. Por eso desactivó 27 centrales nucleares desde 2011 y planteaba cerrar las últimas tres para fines de este año. Italia ya había abandonado el uso de esa fuente de energía tras un referéndum realizado en 1987 y en 2011 los italianos volvieron a manifestarse en contra en otra consulta popular.

El año pasado, mucho antes del conflicto bélico, el aumento en los precios de la energía en todo el continente hacía presagiar algo malo en el futuro y comenzaron a alzarse voces en favor de la energía atómica. Los más audaces intentaron sumar el átomo a las llamadas energías verdes.  El actual presidente francés y el premier británico abrieron el juego a la construcción de nuevas centrales, Alemania analiza reabrir sus centrales y hasta Italia se plantea dejar de lado el rechazo. El precio de la energía tiene cara de hereje.

Alemania, hoy por hoy, compra más el 50% del gas, el 30% del petróleo y el 50% del carbón mineral a Rusia. Resulta un objetivo económico y militar para la ofensiva de EE UU y la OTAN: comprarle al enemigo es como ser un cómplice, porque lo financia. Tal vez por eso el gobierno de Olaf Sholz se sometió mansamente a la voluntad estadounidense y no dio la certificación para el funcionamiento de Nord Stream II, que está juntando mojo desde septiembre pasado. No quería terminar acusado de prorruso.

La Comisión Europea propone aumentar la producción de hidrógeno verde para sumarse así al “castigo” contra Rusia. Con un plan de ahorro de gas hogareño dicen que pueden reemplazar 15.500 millones de m3 de gas en 2022 y acelerando el desarrollo de energía eólica y solar pueden reemplazar otros 20.000 millones de m3. EE UU promete enviar tanques con unos 50.000 millones de m3. Pero Europa consume unos 540.000 millones de m3 y Rusia provee aún 216.000 millones. El formateo será duro, costoso y tan letal como una guerra.

Tiempo Argentino, 17 de Abril de 2022

Occidente envía más refuerzos militares a Ucrania

Occidente envía más refuerzos militares a Ucrania

Hay dos fechas simbólicas para la culminación del conflicto bélico en Ucrania, si es que esas evaluaciones pudieran cronometrarse en una guerra. La más cercana es el 9 de mayo, cuando Rusia celebre un nuevo aniversario de la capitulación alemana firmada en 1945 por los mariscales Wilhelm Keitel y Gueorgui Zhúkov para poner fin a la Segunda Guerra Mundial. La otra, a fin de año, cerca de la elección de medio término del 8 de noviembre en Estados Unidos. Mientras tanto, los países occidentales echan más combustible para mantener vivo el fuego que consume a ucranianos y rusos en los campos de batalla enviando armamento y amenazas en todos los frentes.

La fecha límite del 9 de mayo es una evaluación de fuentes de inteligencia occidentales que argumentan, sin evidencias, que el presidente Vladimir Putin quiere poner fin a la “operación militar especial”, lanzada el 24 de febrero, antes de ese día para recordar así el triunfo de la Unión Soviética sobre el nazismo adosándole su propio triunfo sobre los nazis ucranianos. En Occidente, ese día se recordará el Día de Europa, pero no por el triunfo de la URSS sino porque ese día -¿casualmente?- pero de 1950, se dio a conocer la Declaración Schuman, por el ministro de Relaciones Exteriores francés (Robert Schuman) que lanzó la propuesta de unir a los países europeos para poner fin a las guerras que habían azotado al continente por siglos. La sociedad entre Francia y Alemania es considerada el origen de la Unión Europea y el 9 de mayo se celebra el Día de Europa. Como están las cosas en el este europeo, ese parece un sueño imposible de mantener.

Elecciones  a la vista

Para analizar la versión de que EE UU quiere mantener la guerra en Ucrania hasta fin de año, se puede mencionar la frase del secretario de Estado Antony Blinken a sus homólogos europeos cuando esta semana elucubró al pasar que no se percibía una paz antes del fin de 2022. Habida cuenta de la baja popularidad del presidente Joe Biden, que ni siquiera consigue que le aprueben las leyes que le permitirían recomponer la economía estadounidense, es plausible que como hicieron varios de sus antecesores, intente aprovecharse de una guerra en el exterior en la que además no arriesga soldados propios, un combo que normalmente seduce a mayorías electorales en ese país.

Los 800 millones de dólares adicionales para “ayuda militar” a Ucrania que anunció Biden, con helicópteros y vehículos blindados para transporte de tropas incluidos, dan pie a sostener que la apuesta de la Casa Blanca no es a fomentar una mesa de negociaciones. Alemania, que desde el fin de la Segunda Guerra se había prohibido enviar armamento para un conflicto exterior, volvió a romper el compromiso y anunció este viernes que entregará a Kiev otros mil millones de euros en armamentos. Pero nada parece suficiente para el mandatario ucraniano, Volodimir Zelensky, quien volvió a pedir más ayuda de Occidente y advirtió que Rusia podría utilizar armamento nuclear.

Crucero hundido

El parte de guerra indica que los ucranianos se anotaron un punto a su favor con el hundimiento del crucero Moskva, alcanzado por dos misiles en el mar Negro el jueves. Las autoridades rusas reconocieron el hecho y aseguraron que pudieron evacuar a todos los tripulantes. Este sábado, un comunicado del Ministerio de Defensa ruso indicó que «armas aire-tierra de largo alcance y alta precisión destruyeron edificios de una planta de producción de armamento en Kiev”.  El portavoz de esa cartera, Igor Konashénkov, dijo además que la aviación había destruido en un solo día 811 instalaciones militares de Ucrania.

La designación del general Alexandr Dvornikov al frente de las fuerzas rusas en Ucrania, información no confirmada oficialmente, desató toda una ola de interpretaciones. Por un lado, se dijo que era para hacer bien lo que otros altos mandos habían hecho mal. Mientras Putin y las evidencias muestran que el objetivo de Moscú siempre fue el sudeste del país y no la capital ucraniana, el hecho de que las tropas se estén retirando del norte aparece como una derrota ante el embate de fuerzas de Ucrania.

Dvornikov fue presentado por el asesor de Seguridad de Biden, Jake Sullivan, como “otro autor más de crímenes y brutalidad contra civiles ucranianos” y como el comandante que se propone arrasar con Ucrania. Los medios occidentales comenzaron a llamarlo “El carnicero de Siria”. Efectivamente, comandó las tropas rusas en Siria en operativos contra los terroristas yihadistas, que a todo esto, estaban apoyados subrepticiamente por Washington. Para fuentes más cercanas a Rusia, es un “héroe que viene a terminar de desnazificar a Donbass”, como había pedido Putin.

Por lo pronto, las fuerzas rusas están estrechando el cerco en Mariupol, a un costo que parece grande, y con ello se supone que mantendrán el Donbass bajo control para sentarse a negociar condiciones. Pero Putin teme, dijo, que desde Occidente se intente extender la guerra a territorio ruso, luego de un par de incidentes, entre ellos el bombardeo a un depósito de combustible en Belgorod.

La otra pata de esta ofensiva occidental está dada por la amenaza de que Finlandia y Suecia ingresen a la Otan, algo impensable hasta ahora por un status quo implícito dada la cercanía de ambos países bálticos al territorio ruso. Putin dijo que eso “no traerá más estabilidad a Europa”.

Mientras tanto, los jefes de Estado de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania viajaron a Kiev para dar su apoyo a Zelenski en un gesto más que elocuente. Sobre todo, cuando el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, fue “desinvitado” de un encuentro cumbre en la capital ucraniana. De poco le vale a Kiev, por lo que parece, la ayuda militar ordenada por el canciller Sholz, reclaman que Alemania termine la relación con Rusia. Lo curioso es que parte del gas que va hacia Europa fluye por un conducto que atraviesa Ucrania.

Putin y el mundo unipolar

Vladimir Putin se reunió con el presidente bielurroso, Alexánder Lukashenko, en el centro espacial de Vostochny y lanzó una serie de análisis sobre la realidad internacional que podrían ser útiles para interpretar sus movimientos. «Muchas veces se decía que EE UU está preparado para luchar contra Rusia hasta el último ucraniano. ¡Así es! Esa es la esencia de lo que está pasando», destacó, según la cadena informativa RT.

«Ucrania es una herramienta para conseguir los objetivos que no tienen nada que ver con los intereses del pueblo ucraniano», agregó, para explicar luego: «Así es el problema y nuestra lógica de las acciones en Donbass, en Ucrania en general».

Para el jefe de Estado ruso, “incluso en las condiciones trágicas de hoy, los ucranianos son un pueblo hermano» y consideró que lo que pasa en ese país es una tragedia para ambos pueblos.

Yendo a lo estrictamente geopolítico, Putin dijo que lo que está ocurriendo es “la destrucción del sistema de un mundo unipolar que se formó tras la caída de la URSS” y agregó que «el mundo unipolar se romperá ya que su base, EE UU, ahora es destructiva».

El Kremlin, en tanto, prohibió la entrada a Rusia de altos cargos del gobierno británico, principalmente del primer ministro Boris Johnson. «Esta medida fue tomada como una respuesta a la desenfrenada campaña informativa y política destinada a aislar a Rusia (…) y estrangular a nuestra economía», dijo la cancillería en un comunicado. También expulsó a diplomáticos de la Unión Europea. «Como represalia a acciones inamistosas de la UE, 18 miembros de la representación son declaradas ‘persona non grata’», informó.

Tiempo Argentino, 17 de Abril de 2022

Quedan menos oportunidades para la paz en Ucrania

Quedan menos oportunidades para la paz en Ucrania

Hace apenas diez días podía pensarse en la inminencia de un cese el fuego en Ucrania por el avance de las negociaciones de paz en Estambul bajo el auspicio del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Las condiciones que se vislumbraban eran la renuncia de Ucrania a integrar la Otan y a tener armamento nuclear en su territorio. La exigencia rusa seguía siendo el reconocimiento de que Crimea forma parte de la Federación y un status de autonomía más amplio para la región del Donbass. Como gesto de “buena voluntad”, Moscú aceptó retirar las tropas que mantenían bajo asedio al norte del país, especialmente a la capital, Kiev.

Pero un par de días más tarde comenzaron a aparecer señales de que se estaban empiojando esos pequeños acuerdos. La primera fue el bombardeo a un depósito de petróleo en Belgorod, una localidad a 40 kilómetros de la frontera pero del lado ruso. El ataque se produjo con dos helicópteros identificados como ucranianos. Luego, el retiro de las tropas fue visto como una derrota para los objetivos rusos y una muestra del «heroismo de la resistencia ucraniana».

Esta semana, la difusión de imágenes terribles de cadáveres esparcidos en las calles de la localidad de Bucha, en cercanías de Kiev, escandalizaron al mundo, y con razón. La indignación fue inmediata y la acusación no se hizo esperar: fueron crímenes atroces cometidos por tropas rusas. Tan veloz corrió el estupor que apenas circuló en los medios occidentales el argumento de Moscú: que en cumplimiento de las promesas efectuadas en Estambul, las tropas se retiraron el 31 de marzo y las imágenes comenzaron a circular tres días más tarde. Para el gobierno de Vladimir Putín, se trata de un montaje y pidió una investigación seria a cargo de las Naciones Unidas para determinar qué ocurrió realmente.

Condena y expulsión

Este jueves, la Asamblea General de la ONU votó por amplia mayoría por la expulsión de Rusia del Consejo de los Derechos Humanos de esa organización por lo que urgentemente se consideró como crímenes de guerra. A favor de la propuesta impulsada por EE UU y la UE votaron 93 países, entre ellos Argentina: se registraron 58 abstenciones -entre ellas las de Brasil y México- y hubo 24 en contra, sumando a China, Cuba y Venezuela. En un intento por morigerar el impacto, el representante ruso, Gennady Kuzmin, calificó la expulsión de “ilegítima” y anunció que la Federación abandonaba el Consejo de DDHH por su propia voluntad y de forma total.

Ese organismo está integrado por 47 miembros rotativos que cumplen un período de tres años cada uno. A Rusia le quedaba todavía un año más. Los archivos periodísticos muestran que durante la administración de Donald Trump, Estados Unidos también había abandonado el Consejo de DD HH. El anuncio lo hizo el entonces secretario de Estado, Mike Pompeo, el 19 de junio de 2018. “No dudamos de que su creación fue con buena fe, pero tenemos que ser honestos: el Consejo de Derechos Humanos de la ONU es un pobre defensor de los Derechos Humanos», dijo Pompeo, tras aclarar que la Casa Blanca no tenía problemas “en trabajar con instituciones multilaterales». Pero consideró que «Estados Unidos lidera el mundo en asistencia humanitaria (y) no tomará lecciones de hipócritas». El disparador de esa decisión fue una condena a Israel por violaciones a Derechos Humanos en Palestina.

Unos meses más tarde, en marzo de 2019, el mismo Pompeo anunció que se había prohibido el otorgamiento de visas a personal de la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya que había abierto una investigación por crímenes de guerra cometidos por tropas estadounidenses en Afganistán. Poco antes, el asesor de Seguridad John Bolton había amenazado con sanciones contra ese tribunal por esa investigación. «Estados Unidos utilizará cualquier medio que sea necesario para proteger a nuestros ciudadanos y a los de nuestros aliados contra las acusaciones injustas de este tribunal ilegítimo”, declaró Bolton.

Cierto es que Estados Unidos nunca refrendó el Estatuto de Roma de 2002 que creó la CPI. Como tampoco ratificaron el convenio China, India, Pakistán, Turquía, Israel ni Rusia. El dato viene a cuento de presiones mediáticas y de dirigentes occidentales que reclaman una condena de la CPI a Rusia por el caso Bucha.

Agenda RAND

Como para echar más leña al fuego en Ucrania, el viernes un misil mató a por lo menos 50 personas e hirió a otras 86 en la estación de tren de la ciudad de Kramatorsk, en la ahora República de Donetsk. El lugar estaba lleno de personas que pugnaban por ser evacuadas en ómnibus. El gobierno ruso atribuyó el hecho a las fuerzas ucranianas que todavía mantienen el control sobre ciertas zonas del Donbass y pidió, otra vez, una investigación imparcial.

Como sea, la seguidilla de estos ataques hace prever que las negociaciones para una salida diplomática al conflicto difícilmente salgan del estancamiento desde aquella esperanzadora noticia de hace unos días.

El documento de la Rand Corporation del que este medio dio cuenta oportunamente titulado Sobreextender y desequilibrar a Rusia diseñó estrategias para desangrar al país euroasiático “chuceando” en todos los rincones de su extensa geografía. Muchos “librepensadores” en EE UU alertan sobre el riesgo de apostar a un conflicto de larga duración como para que Ucrania sea la Afganistán de Putin sin medir las consecuencias.

La agenda de la Rand, sin embargo, se mantiene y profundiza. Las febriles entrevistas del muy activo ministro de las Fuerzas Armadas británico, James Heappey, un adalid de la industria bélica (ver aparte) con miembros de los gobiernos de Croacia, Bulgaria, Azerbeiyan, Georgia y hasta Kenia, marcan el escenario. La visita del primer ministro británico, Boris Johnson, a Kiev y la promesa de enviar vehículos blindados y misiles antibuques para lo que llamó «la mayor hazaña del siglo XXI» también.

A esto se agrega un adelanto del Libro Azul de la Diplomacia del ministerio de Relaciones Exteriores de Japón que se “filtró” a la prensa. Por primera vez desde 2003, el gobierno nipón designa “ocupación ilegal” al control ruso de un puñado de islas al norte de Hokkaido. El endurecimiento de las relaciones motivó que a fines de marzo Rusia anunciara el fin de las conversaciones sobre esa cuestión por la postura antirrusa que tomó la cancillería japonesa tras el 24F.

Cómo reactivar el empleo fabricando armamento

El 21 de febrero pasado, tres días antes de que Vladimir Putin anunciara el inicio de la «operación militar especial» en Ucrania, el Ministerio de Defensa británico anunció un Plan de Equipamiento para la Defensa. Se trata de una fuerte inversión destinada a la modernización de sus Fuerzas Armadas para la década que culmina en 2031. Contempla un presupuesto de 270.000 millones de libras, que, se ufanan, podría crear hasta 200.000 puestos de trabajo en el Reino Unido.

Paralelamente, se aceleró un proyecto común entre el Reino Unido y Alemania para la fabricación de vehículos blindados Boxer. En Inglaterra, informan, serán 1000 empleos adicionales para reactivar la industria local.

En su visita al presidente Volodimir Zelenski, el primer ministro británico Boris Johnson le prometió “ayuda letal y no letal” por 450 millones de libras. Serán 800 misiles antitanque NLAW y Javelin, sistemas de defensa aérea Starstreak, cascos, armaduras y lentes de visión nocturna.

Al incremento en gastos militares de todos los países de la Otan hasta llegar al 2% del PBI que reclamaba Donald Trump en 2018, ahora se le suman nuevas inversiones por parte de miembros de la Commomwealth, como Canadá, que incrementó sus gastos en armas hasta el equivalente a 6400 de dólares, por ahora algo menos del mítico 2 por ciento.

Mientras tanto, en Australia se avanza en el desarrollo de misiles hipersónicos dentro de la alianza AUKUS, con Gran Bretaña y Estados Unidos, por un monto inicial de 1000 millones de dólares. El Kinzhal (puñal), el misil ruso hipersónico, desveló a los productores de aparatos bélicos por su eficacia, que había sido probada en un escenario con menos visibilidad en Occidente como Siria. Ahora en Ucrania despertó del ímpetu por no quedar atrás.

El proyecto SCIFiRE, (sigla que corresponde a Experimento de Investigación de Vuelo Integrado de Southern Cross) se inició en 2020 bajo la batuta del gigante armamentístico Lockheed Martin con Boeing Defense Systems. Aprovechan el motor scramjet HIFiRE desarrollado con fondos públicos por la Universidad de Queensland.

Hijes presidenciales

Entre el último paquete de sanciones contra Rusia por la invasión a Ucrania, EE UU, el G7 y la UE incluyeron a Katerina Tikhonova y Maria Vorontsova, las dos hijas que Vladimir Putin tuvo con su exesposa Liudmila Shkrebneva. Se sabe poco de ellas. Que no usan el apellido paterno para no estar tan expuestas, que María, la mayor, tiene 36 años y es médica endocrinóloga. Que la menor, de 35, nació en Dresde, en la ex Alemania Oriental cuando el padre era jefe de la estación de la KGB, y tiene un máster en física y matemática.

Robert Hunter Biden es el segundo hijo del presidente Joe Biden. Es abogado pero funge de lobista, para lo cual el apellido le resulta imprescindible. Fue así que logró, tras el golpe de 2014 en Ucrania, hacerse de un puesto en el directorio de la empresa de energía Burisma, la mayor de ese país, y también generosos contratos con firmas chinas.

Donald Trump lo tenía en la mira, pero para limar la carrera de su padre a la presidencia. Le costó un juicio político. Esta semana, los demócratas bloquearon una convocatoria al hijo presidencial ante el Comité de Supervisión de la cámara baja que pedían los republicanos. Pero esta historia recién empieza.

Alimentos por las nubes

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertó sobre las consecuencias de la guerra en Ucrania para los consumidores de todo el mundo, y especialmente los más pobres, por el incremento de los precios de alimentos, la energía y los fertilizantes. En el marco de la 169ª sesión del Consejo de la institución, se advirtió que el índice de precios promedió en marzo 159,3 puntos, un 12,6% más que en febrero, que ya era un récord alarmante. Según la FAO, los cereales crecieron en marzo un 17,1% sobre febrero, impulsados por los precios del trigo y de todos los cereales secundarios.

Explica esta situación, recordaron, el impacto de Rusia y Ucrania en el mercado internacional, ya que representan alrededor del 30% de las exportaciones mundiales de trigo y el 20% de maíz. Pero el incremento también obedece a la preocupación por las condiciones de los cultivos en Estados Unidos, otro gran proveedor mundial. Y en simultáneo, los altos precios de los fertilizantes podrían llevar a un menor uso la próxima temporada, lo que, indica la FAO, podría provocar una caída en la productividad, con la consecuente reducción adicional a la oferta de esos productos esenciales. «Los precios de los productos alimenticios básicos, como los aceites de trigo y vegetales, han estado aumentando últimamente, imponiendo costos extraordinarios sobre los consumidores globales, particularmente los más pobres», resumió el director general de FAO, Qu Dongyu.

Tiempo Argentino, 10 de Abril de 2022