por Alberto López Girondo | Abr 14, 2018 | Sin categoría
El 17 de diciembre de 1998 el entonces presidente de Estados Unidos Bill Clinton ordenó bombardear Irak, gobernada por Saddam Hussein, para destruir «blancos militares donde se fabrican armas químicas y nucleares». Por esos días el Senado estadounidense votaba un juicio político por el escándalo sexual con la pasante Monica Lewsinsky. El ataque le sirvió para seguir en el poder.
Ahora, Donald Trump enfrenta una seguidilla de escándalos, primero con una actriz porno y ahora con el ama de llaves del Trump World Tower con la que habría tenido un hijo extramatrimonial. Seguramente este ataque en Siria también le servirá.
Pero no sólo apetitos sexuales llevan a esa región del mundo. Siguen sin aparecer las armas de destrucción masiva que «buscaba» George W. Bush en marzo de 2003, cuando inició la invasión de Irak. Pero el domingo pasado se cumplieron 15 años del bombardeo de un carro de asalto de EE UU al Hotel Palestine, de Bagdad, donde se alojaban periodistas de varios países. Murieron dos cameraman, el ucraniano Taras Protsyuk y el español José Couso. No hubo más coberturas filmadas en el campo de batalla.
La primera ministra británica Theresa May era la más interesada en atacar a Siria y se entiende. El Brexit deja al país fuera de la Unión Europea y sin un proyecto de futuro. Recostarse en Estados Unidos para reconstruir un imperio angloamericano no le suena tan mal al establishment británico. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, el otro aliado de esta movida, hace lo que siempre hacen los conservadores franceses. No quieren quedar lejos de un posible reparto. Lo mismo había hecho Nicolas Sarkozy en Libia en marzo de 2011.
Tiempo Argentino, 14 de Abril de 2018
por Alberto López Girondo | Abr 14, 2018 | Sin categoría
En Curitiba no lo quieren a Lula. O más bien, incomodan los cientos de Lula que están acampando en cercanías de la sede policial donde el expresidente quedó alojado el 7 de abril para cumplir la condena de 12 años y un mes de prisión. La prefectura, lo que en Argentina se conoce como municipio, pidió a la Justicia Federal que trasladen al exdirigente metalúrgico a otro lugar, que no indicaron, porque alegan que están sobrepasados por todo lo que genera la presencia del exmandatario.
Desde que Luiz Inácio da Silva se entregó a las autoridades, no sólo se levantó un campamento, que recibe el nombre de Lula Libre, en un cruce del barrio Santa Candida, a unos 200 metros del cuartel de la Policía Federal donde el juez Sergio Moro ordenó acondicionar una celda especial para alojarlo.
«En este país todo funciona a presión y por eso estamos acá», dijo a la prensa Roberto Baggio, coordinador del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) del estado de Paraná.
El desfile de militantes, activistas y dirigentes es desde entonces incesante, aunque Moro no dio luz verde para que todos los que van a Curitiba puedan visitar al insigne preso. Así, negó el ingreso a nueve gobernadores que lo fueron a visitar y sólo pudo ver a su familia el jueves.
El caso rompe con la monotonía de una ciudad no acostumbrada a esos avatares, lo que llevó a las autoridades comunales a sumarse a un reclamo del Sindicato de Comisarios de la Policía Federal de Paraná. En un comunicado, los agentes se excusaban de que con Lula allí adentro no pueden atender al público «con la seguridad y agilidad necesarias». El edificio está acordonado con policías que impiden el ingreso y además, dejan de cumplir otras funciones burocráticas. Ellos, sin embargo, sí sugieren dónde llevarlo: a un recinto especial de las Fuerzas Armadas.
Con todo el proceso judicial y la posterior detención de Lula salieron a la luz las graves diferencias que atraviesa la sociedad, la «grieta brasileña». Algo de eso se vio en el audio de los efectivos que llevaron a Lula desde San Pablo a Curitiba el sábado pasado donde se escucha que alguien le dice al piloto del helicóptero «tira esa basura por la ventana» y «no lo traigas nunca más». La pregunta ahí no es tanto quién dijo qué, ya que podría haber pasado por una broma interna, sino quién lo difundió y con qué objetivo.
Ese clima de rencor fue analizado por el portal Brasil de Fato <www.brasildefato.com.br> en un artículo donde la psicoanalista Maria Rita Kehl señala que si bien el odio es un sentimiento común al género humano, lo que se ve en este Brasil «engrietado» es que «no existe confianza en las instituciones democráticas como para que haya un destino político para ese odio». El riesgo, teme, es terminar como la Alemania de los ’30, donde «una parte de la clase media-baja que sufría con la hiperinflación encontró un salvador de la patria autoritario que resolvería el problema».
Hoy ese salvador se percibe en Jair Bolsonaro, el exmilitar que homenajea al golpe de 1964 y celebra al torturador que se ensañó con Dilma Rousseff. En estos días se conoció una nueva encuesta de Data Folha, la consultora ligada al diario paulista, en la que hay dos opciones. En una Lula encabeza las voluntades con un 34% de los votos y Bolsonaro está segundo con el 16%. Pero cuando entre los aspirantes no figura el expresidente, Bolsonaro trepa al 18%, seguido por la exministro de Medio Ambiente de Lula, Marina Silva.
La lucha en el Parlamento, mientras tanto, va por otros carriles. Los legisladores de izquierda pidieron que se agregue el nombre de Lula al suyo propio. Así, la presidenta del Partido de los Trabajadores (PT), Gleisi Hoffman, pretende que la llamen «Gleisi Lula Hoffman». Otros congresistas pidieron lo mismo bajo la consigna del detenido creador del PT, quien instó ante la multitud reunida frente al Sindicato Metalúrgico de San Bernardo do Campo que «todos ustedes deberán ser Lula».
Desde ese oficialismo tenue que respalda a Michel Temer, el que blandió la espada fue José Medeiros, quien dijo que «si hay que dividirse en dos lados, entre el preso y el juez, yo prefiero estar del lado del juez». Se le sumó el diputado Sóstenes Cavalcante, que quiere incluir a Moro como su segundo nombre.
La batalla en ese terreno incluirá, según se supo, que el PT y los otros partidos afines de la izquierda como el comunista de Brasil (PSdoB), el Socialismo y Libertad (PSOL) y el Democrático Laborista (PDL) bloqueen todas las iniciativas que lleguen a las cámaras hasta que Lula recupere su libertad.
La derecha, al decir de esa coalición «lulista», abrió un proceso de criminalización que resulta inadmisible en democracia. Señalan que sufrieron denuncias insólitas de la bancada del Partido de la República y de Consejo de Ética del recinto por «atentado al decoro parlamentario». Ivan Valente (PSOL) y Erika Kokay (PT), por ejemplo, fueron acusados de injuria y difamación contra el presidente Temer en discursos sobre tablas.
«Hay una lógica fascista de eliminar al otro porque discrepa en la forma de ver el mundo o políticamente que crece de forma mucho más nítida y desenvuelta ahora porque estamos en una ruptura democrática», señaló Kokay.
Jean Wyllys (PSOL), en cambio, fue acusado de apología de los narcóticos y de perversión porque en un reportaje dijo, irónicamente, que si el mundo se estuviera terminando, aprovecharía para consumir todas las drogas ilícitas y tendría sexo con quien le diese en gana.
Desde el punto de vista leguleyo, en tanto, los abogados de Lula presentaron un nuevo recurso ante el Supremo Tribunal Federal para la inmediata libertad del expresidente. El argumento es que Moro no podía decretar la prisión de Lula antes de que se agotaran todos los recursos ante el Tribunal Regional de Paraná.
La titular de la Corte, Carmen Lucia Antunes, cuyo voto fue decisivo para denegar el hábeas corpus del líder del PT la semana pasada, y a la que se le atribuyen veleidades políticas, tendrá ocasión de ejercer el cargo de presidenta por unos días. Es que con el viaje de Temer para la alicaída cumbre de Lima, es la sucesora constitucional tras el desbarajuste en que están las instituciones luego del golpe parlamentario del 31 de agosto de 2016. Difícilmente cambie su voto contrario a Lula.
Tiempo Argentino, 14 de Abril de 2018
por Alberto López Girondo | Abr 12, 2018 | Sin categoría
El miércoles, Donald Trump puso en alerta rojo al mundo cuando tuiteó: «Prepárate Rusia, porque van a ir, suaves y nuevos e ¨¡inteligentes!». Se refería a un inminente ataque en Siria, unos días más tarde de haber anunciado que iba a ordenar el retiro de tropas del Medio Oriente.
La controvertida noticia de un ataque químico en la ciudad de Duma atribuido a las fuerzas del gobierno de Bashar al Assad -no comprobado por organismos neutrales- trastocó una política que parecía definida por el presidente de Estados Unidos. De inmediato, a Trump le aparecieron aliados dispuestos a secundarlo, como los mandatarios de Gran Bretaña, Francia, Israel y Qatar.
Sin embargo, un nuevo giro ahora hace pensar que el ataque que parecía inminente pasó a un segundo plano. La respuesta diplomática de Vladimir Putin fue que Rusia no se quedaría de brazos cruzados y entonces desde Washington se escuchó un «recalculando» bien fuerte desde otro tuit. «Nunca dije cuándo se llevaría a cabo un ataque a Siria», escribió ahora Trump. Pero los problemas internos que padece cada uno de los «cruzados» anti Al Assad no permiten avizorar que la opción de atacar Siria no esté en los planes cercanos.
El caso del polémico presidente estadounidense es el más notorio. Desde que llegó a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2017, y antes incluso, tuvo fuertes encontronazos con los medios hegemónicos y el establishment político de Estados Unidos por relaciones supuestamente oscuras con Rusia que le habrían facilitado el triunfo electoral de noviembre de 2016.
A esto se agregaron denuncias por sus relaciones -pagas- con una actriz porno.
El carácter desafiante del empresario inmobiliario no ayudó a la comprensión o la aquiescencia de la prensa, de modo que ambos casos fueron creciendo paralelamente y ahora parecen en un punto de eclosión.
Por un lado, agentes del FBI allanaron estos días la oficina de Michael Cohen, el abogado personal de Trump, para confiscar documentos que probarían el pago de 130 mil dólares a Stormy Daniels, que es el nombre artístico de la mujer que habría tenido un affaire en 2006 con Trump.
Al mismo tiempo, el presidente evalúa despedir al fiscal especial Robert Mueller, designado para investigar aquellas vinculaciones sospechosas con agencias rusas. Mueller se convirtió en un grano en las posaderas del mandatario, pero también es un alfil para sus opositores, entre los cuales también hay de su propio partido, que desde el Congreso buscan respaldar su gestión.
Theresa May enfrenta sus propios problemas internos. Por un lado, comenzó la cuenta regresiva para el Brexit y la situación económica de los británicos no es la mejor, lo que eleva las quejas de sectores políticos que quisieran rever la medida votada en referéndum. Ahora parece algo olvidado, pero la pequeña crisis desatada cuando se reveló que Cambridge Analytica, una empresa de márketing político, había manipulado información personal de usuarios de Facebook para torcer el resultado de la consulta golpeó fuerte en el 10 de Downing Street. La empresa también participó en la campaña en favor de Trump, para colmo de males.
La premier conservadora se montó en el envenenamiento de un ex espía ruso, Sergei Skripal, y de su hija Yulia, para acusar a Rusia de intentar un doble homicidio en su territorio y forzar un enfrentamiento diplomático como no se veía desde la Guerra Fría con Putin, que rechaza esas acusaciones. Una guerra en Siria sería otra forma de esconder los problemas, por eso fue la primera nación en proponerse para participar en un posible ataque en Siria, lo que alertó a la oposición, que pretende que no se haga nada sin consultar con el Parlamento.
El antecedente de la postura del laborista Tony Blair en 2003 para atacar Irak en 2003 no es un buen argumento de venta para May. Esa vez la excusa fue que Saddan Hussein tenía armas de destrucción masiva que nunca se encontraron.
En Francia, Emmanuel Macron viene cayendo en la consideración pública y enfrenta una huelga escalonada de los ferroviarios que empalmará con la celebración del 50 aniversario del Mayo francés. Sus reformas neoliberales son un trago difícil para una sociedad que había dado un cheque en blanco favorable en las elecciones porque prometía otra cosa.
En Israel, Benjamin Netanyahu no las tiene todas consigo. Está acusado por varios casos de corrupción y el fiscal Avijai Mandelblit lo tiene en la mira. La policía pretende que se lo impute pero por ahora la justicia solo quieren indagarlo. Los últimos ataques en Gaza no le dan la mejor imagen en el exterior y se sospecha que busca la forma de adelantar elecciones porque por ahora los números le dan para ganar, más adelante quién sabe. De lograr este objetivo, se dice que haría votar una «ley francesa», un proyecto para que el jefe de gobierno no pueda ser juzgado por delitos que no vayan contra la seguridad del estado.
Qatar, con fuertes diferencias con Arabia Saudita y el bloque arabista desde hace unos meses, comparte una preocupación impensada con Rusia. Putin acaba de ganar los comicios por más del 75% de los votos y su principal preocupación debería ser que el Mundial de Fútbol sirva para mostrar al mundo la realidad de país.
Pero la ofensiva del FBI contra la FIFA despertó sospechas sobre la designación de Rusia como sede para este certameny también por el de Qatar en 2022. Según las acusaciones, la monarquía habría pagado coimas para lograr los votos necesarios durante la gestión de Joseph Blatter.
El Emir Tamim bin Hamad Al Thani está vinculado al fútbol desde que fue sponsor del Real Madrid y es dueño del Paris Saint Germain. Su relación con Trump pasó de ser considerado sponsor también de grupos terroristas, cuando el presidente de EEUU apoyaba a Arabia Saudita, hace poquitito. Ahora pasó a ser su nuevo mejor amigo y hace dos díasse vieron en Washington.
En el medio, EEU le vendió misiles a Qatar por 300 millones de dólares.
Como se ve, en mayor o menor medida, cada uno de estos jugadores tiene cosas por ganar si la situación en Siria se vuelve más complicada. Se sabe que una guerra siempre galvaniza a una sociedad y a ella recurrieron mandatarios de toda laya a lo largo de la historia.
El riesgo es que esa necesidad termine provocando un incendio que envuelva a todos los países en una guerra de imprevisibles consecuencias. Putin lo sabe y por eso intenta poner paños fríos mandando a que sus jefes militares se pongan en contacto con los mandamases del Pentágono. La vocera de la cancillería rusa, María Zajárova, aclaró que el Kremlin no está de acuerdo en la diplomacia del tuit.
Tiempo Argentino, 12 de Abril de 2018
por Alberto López Girondo | Abr 11, 2018 | Sin categoría
Yulia, la hija del doble agente ruso Sergei Skripal, fue dada de alta y llevada a un lugar secreto por las autoridades. La mujer, de 33 años, había sido víctima de un envenenamiento el 4 de marzo pasado con un neurotóxico que el gobierno británico señaló como fabricado en Rusia. Su padre, de 66, aún permanece internado en el hospital de Salisbury, indicaron los médicos, fuera de peligro pero recuperándose.
El caso se convirtió en una crisis diplomática que recuerda a la Guerra Fría, pero no deja de tener sus ribetes, ya que una sobrina del espía, Victoria, a quien le negaron la visa para visitar a sus parientes el viernes pasado, sospecha que su prima está de algún modo cautiva de los británicos y protesta para que no se lleven a los Skripal a EEUU como trascendió en medios ingleses.
Skripal, que trabajó subrepticiamente para el MI6, el servicio de inteligencia del Reino Unido, hasta que fue descubierto, vive en una residencia en la ciudad de Salisbury y había recibido la visita de su hija porque se iba a recordar a su otro hijo, Alexandr, muerto en julio de 2017 a los 43 años de algún tipo de insuficiencia hepática. Así lo contó Victoria a medios rusos.
Desde su vivienda en Yaroslav, al noroeste de Moscú, Victoria Skripal afirmó haber recibido una comunicación telefónica de su prima que le resultó inquietante. El audio fue reproducido por una radio de aquel país.
«No esperaba ese llamado -dijo Victoria al canal estatal ruso RT – yo ya sabía que me negarían el visado, pero no esperaba que Yulia me llamaría». La acotación es pertinente porque la joven recién salida de un grave envenenamiento le dijo que nadie le iba a dar un visado para ir a Londres y que, además, no era el momento apropiado para intentar visitarla.
«Aparentemente, le dictaban qué decir y, obviamente, marcaron mi número (de teléfono de la casa) por ella», evaluó Victoria, ya que descontó que no recordaba las nueva cifras de su celular. Remató la entrevista diciendo que «es nuestra familia y debe estar junta».
Fue el mismo argumento que utilizó para pedirle a la primer ministro Theresa May por su visa. Pero en el Foreign Office le respondieron que la rechazaban el permiso por errores en la confección del trámite. Una excusa sin dudas, ya que no dieron mas detalles.
Teniendo en cuenta que se trata de una historia de espías, es más que probable que el rechazo tenga que ver con la sospecha de que Victoria sea agente de los servicios rusos o que en esta ocasión este cumpliendo una función para ellos, que es lo mismo.
A poco de andar la investigación y a medida que el caso fue creciendo en los medios británicos, el gobierno conservador de May culpó a los rusos del envenenamiento que, dijo, había sido con Novichock, un neurotóxico desarrollado en la era soviética pero según Moscú, eliminado cuando la Federación Rusa adhirió a los protocolos sobre armas químicas de la ONU.
May ordenó expulsar a 23 diplomáticos rusos de Gran Bretaña. Rusioa le devolvió la «gentileza» unos días más tarde.
La controversia creció porque Londres no aceptó la presencia de peritos rusos o de la ONU para supervisar la investigación. Por otro lado, los científicos que conocen del tema mantienen sus dudas ya que en el caso de que efectivamente se haya pidodo fabricar en algún momento el Novichok, sobre lo que no hay certezas, la fórmula fue publicada en libros por agentes de la ex URSS exiliados en EEUU de modo que cualquiera la podría haberlo desarrollado.
Pero hay un detalle nimio que reveló en su momento Chris Busby, por décadas científico principal en el Departamento de Química Física de los laboratorios Wellcome Research de Beckenham, Londres. Para determinar qué sustancia integra algún compuesto, se debe contrastar con los patrones que tiene registrados un espectrómetro, el aparato utilizado para tal fin. Y la única forma para determinar que es Novichok y que proviene de Rusia sería tener una muestra previa absolutamente identificada.
Por eso es que no son muy específicos los expertos del laboratorio de armas químicas de Porton Down, ubicado estratégicamente a menos de 8 millas de Salisbury, donde ocurrió el hecho. Y por eso también, más allá de la ofuscación diplomática, en el gobierno se limitaron a asegurar que el químico que casi mata a los Skripal es «un agente neurotóxico de grado militar de un tipo desarrollado por Rusia». Con eso les alcanzó para generar un conflicto como se veía por años.
La otra cuestión es que si no fue el gobierno de Vladimir Putin, como pretende May y niega el mandatario ruso, ¿quién pudo haber sido?
Victoria Skripal tuvo una primera impresión unas semanas después de conocido el suceso. Para ella, el objetivo no habría sido su tío, como se especulaba, sino su prima Yulia. «Ella tuvo una pelea con la madre de su novio porque le anunció que se iban a casar y formar familia», argumentó a The Sun, un diario británico sensacionalista.
«La suegra -de la que no dio mas datos- no aceptaba a Yulia porque era hija de un traidor que había puesto en peligro a 300 agentes. Pensó que si era hija de un traidor ella misma sería una traidora». Y para rematar adujo que el veneno es una forma de eliminación muy propia de mujeres rusas. «Ellas gustan del veneno como forma de venganza», agregó.
Ahora dice que está segura de que en realidad el envenenamiento «debe ser con algo que comieron». Para Victoria, su tío estaba retirado y solo pasaba sus días cuidando un par de cobayos y un gato y ya no era un peligro para nadie.
Los peritos oficiales dicen que encontraron muestras del neurotóxico en la vivienda del ex espía, sobre todo en el pomo de la puerta de entrada. y que los cobayos estaban muertos y el gato famélico. Y que los llevaron a Porton Down, donde fueron incinerados
Las autoridades rusas piden explicaciones sobre la muerte de los cobayos y el gato, ya que podrían haber servido de prueba para determinar qué veneno había en la casa.
The Sun, citando fuentes gubernamentales, dice que Yulia fue llevada a un hospital militar para terminar totalmente su recuperación. Pero allí también estaría a buen resguardo de la prensa.
Dice luego que podrían ser trasladados a EEUU, donde les darían alojamiento e identidades reservadas. Victoria dice que es ultimo lugar al que deberían ir porque allí seguramente los matarían.
Esta historia, por lo que parece, continuará.
Tiempo Argentino, 11 de Abril de 2018
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