Las consecuencias del conflicto bélico en Ucrania y las sanciones contra Rusia se hacen sentir cada vez con más rigor en Europa. Francia, por ejemplo, decidió recuperar el control de la mayor empresa de electricidad y envió al parlamento una ley para implementar medidas que garanticen la soberanía energética. Alemania avanza hacia restricciones al consumo de energía y el Gobierno alerta sobre los riesgos para el próximo invierno, mientras colapsan las empresas proveedores y por primera vez en 30 años la «locomotora» del continente tiene déficit comercial. En los Países Bajos, los agricultores bloquean rutas y se enfrentan con la policía contra medidas por el cambio climático que en este escenario les resultan más gravosas.
Lo de Francia es la declaración de una «economía de guerra». El gobierno de Emanuel Macron impulsa una ley de «poder adquisitivo» destinada a evitar que los precios de la energía, se desmadren. Para eso ya anunció la renacionalización de Electricité de France (EDF), la instalación de una terminal de Gas Natural en Le Havre, la reapertura de la central de carbón de Saint-Avold, y un proyecto para revisar el programa nuclear por 51.700 millones de euros, que incluye la construcción de 14 reactores para el 2035.
La primera ministra francesa, Elizabeth Borne (apellido adecuado para hablar de electricidad) dijo en la Asamblea Nacional que se necesita garantizar la independencia energética y agregó que para combatir el cambio climático se requiere energía nuclear. Pero hasta no hace nada, esa era una opción B. La primera era la provisión de gas desde Rusia, algo cada vez menos posible habida cuenta de las sanciones por la invasión a Ucrania.
La privatización parcial de EDF en 2005 se justificó en la eficiencia que ganaría la principal operadora de energía de Francia. Con más de 165.000 trabajadores e ingresos por unos 85.000 millones de euros, EDF era una de las joyas de la corona. Pero desde entonces no hubo inversión y la infraestructura nuclear, de los años ’80, fue quedando obsoleta y hasta se convirtió en un activo peligroso por la falta de mantenimiento en las instalaciones. En ese contexto, la nacionalización tiene gusto a disimular el fracaso de la privatización.
En Alemania, el gigante Uniper, proveedora de gas de la rusa Gazprom, pidió ayuda al gobierno de Olaf Scholz para evitar la quiebra. Ante la baja en el acceso al fluido, tuvo que acceder a otros mercados, donde los precios le resultan imposibles de solventar. La firma, con sede en Düsseldorf, tiene 12.000 trabajadores. Su principal accionista es el grupo Fortum, una empresa pública con participación del estado finlandés de casi el 51% de sus acciones. El director general de Uniper, Klaus-Dieter Maubach, dijo que no caminan hacia la quiebra, pero que necesita de forma urgente un rescate en base a la nueva ley de seguridad energética.
A raíz del incremento en el costo de la energía (87,1% anual), los precios industriales aumentaron un 33,6% en mayo, récord desde 1949. El índice de precios al consumidor se incrementó un 7,9% anual en el mismo mes, el mayor desde 1970. En mayo también, el déficit comercial fue de 1.000 millones de euros. Desde 1991, a poco de la reunificación alemana, el gran exportador europeo no perdía en el intercambio internacional.
Un modo de paliar esta debacle, asume Berlín, es reducir el consumo energético. La política ambiental de las últimas décadas pasó por eliminar gradualmente las plantas nucleares. Tres fueron desactivadas en diciembre pasado y para este año se debían cerrar las últimas tres. El sustituto básico sería el gas ruso mientras se producía la reconversión a energías sustentables.
El Ministerio de Economía elaboró un plan de ahorro de energía que fue aprobado por el Bundestag. Con un lenguaje de tono ambientalista, explica las medidas recomendadas en función del cambio climático y “la ansiada independencia de las energías fósiles”. Propone soluciones que hacen recordar a las recetas de ahorro del expresidente venezolano Hugo Chávez, que tantas burlas recibió de los voceros de la derecha.
Aconseja “reducir nuestro tiempo de ducha a un máximo de cinco minutos y bajar un poco la temperatura del agua”. Apagar el horno cuando todavía falta para la cocción, cosa de aprovechar la energía remanente, y no pasar de 20 grados la temperatura ambiente durante el invierno. Algunos van por más y la inmobiliaria Vonovia, la mayor del país, informó a los inquilinos de las propiedades que administra que a partir del otoño regulará la temperatura de la calefacción hasta un máximo de 17 grados.
El Reino Unido también debatía una nueva legislación para el mercado energético. Buscan evitar shocks de alto impacto en los bolsillos británicos a medida que se acerca el invierno y cambie el precio del gas. Se supone que deberá ser una política de Estado para cualquiera que reemplace al renunciante Boris Johnson. También en este caso el plan en danza está imbuido de un toque ecológico. Pero la idea, dice Daly Mail, sería desenganchar el precio de la electricidad del costo del gas.
Foto: AFP
El tema de la transición energética, una aspiración de la Unión Europea con un cronograma estricto hasta 2030, genera daños colaterales por la emergencia por la guerra en Ucrania. Ganaderos y agricultores de los Países Bajos salieron a bloquear rutas contra la decisión de obligarlos al cierre de establecimientos y la reducción de ganado para disminuir las emisiones de nitrógeno y de amoniaco, las principales fuentes de emisión con los fertilizantes y el estiércol. Las compensaciones, juran, no son suficientes. Los enfrentamientos con la policía casi fueron entre iguales. Carros de asalto contra cosechadores y tractores, gases contra granos de maíz, como se vio en Heerenveen, en la autopista A50 cerca de Apeldoorn.
Según la policía, los chacareros neerlandeses «intentaron atropellar a los oficiales y vehículos de servicio» lo que obligó, afirman, a realizar «disparos de advertencia y dirigidos». No hubo heridos pero sí una veintena de detenidos. Para los ambientalistas, se trata de una protesta de «dueños de fábricas de ganado masivo» y contaminan mucho más que otro tipo de cultivos .«
Decae el interés en los ucranianos
El Estado Mayor ucraniano confirmó este sábado que continuaban los ataques de artillería rusos en Járkov y se registraba una ofensiva terrestre en Dolomitne, cerca de Bakhmut, en el este del país. «Toda la línea de frente está bajo un bombardeo incesante», reconoció el gobernador regional de Donetsk, Pavlo Kyrylenko.
Mientras tanto, salvo las promesas de envío de más armamento de la Casa Blanca y la oferta de entrenamiento para soldados ucranianos por el Reino Unido, no parece haber otros gestos de apoyo a las posiciones de Kiev en el conflicto. «Los ojos de todos los movimientos y regímenes políticos agresivos en el mundo están puestos en lo que nos hace Rusia», escribió Volodimir Zelenski en su cuenta de Instagram donde advierte sobre la inacción de sus «amigos».
Pero esa inacción quizás refleje otra cosa. Un cable de la agencia francesa AFP cuenta la historia de una ucraniana que vive en República Checa desde hace 20 años. Pidió una donación de zapatos por Facebook para unos niños refugiados, sin suerte. «Las reacciones a los pedidos son más lentas. Al principio del conflicto, la gente era de una gran reactividad», lamenta Ruslana Hrytskiv.
«La propensión a ayudar ha disminuido desde el inicio de la guerra» señala a AFP Eszter Bakondi Kiss, voluntaria de la ONG húngara Habitat for Humanity. «Es un efecto natural. Una causa de plena actualidad genera mucho compromiso. Luego el interés decae», corrobora Svilena Georgiev, directora de la fundación búlgara Za Dobroto. Empresas y particulares «han agotado sus presupuestos», agrega Lavinia Varodi, de Save the Children en Rumania.
Resultaba conmovedor verlo a Joe Biden presentar este viernes el decreto con el que pretende proteger el derecho al aborto, anulado por el fallo de la Corte Suprema del 25 de junio. «Por el amor de Dios, hay elecciones en noviembre, ¡voten, voten, voten!», les imploró a las mujeres, en un recurso desesperado por conseguir -dijo- los dos senadores que necesitan los demócratas para dictar una ley federal.
El miércoles, Biden visitó Cleveland, corazón industrial de Ohio y reducto difícil últimamente para los demócratas. «Hice campaña para restaurar la columna vertebral de este país, la clase media y los sindicatos», insistió. Luego, con un impecable “ah, pero Trump”, recordó que «la administración anterior perdió más empleos en su mandato que cualquier otra desde Herbert Hoover».
Salvo distinciones honoríficas a tres soldados que combatieron en Irak y Afganistán -dos de ellos fallecidos- no aparecieron mensajes del presidente relacionados con Ucrania estos días. ¿Será que las cosas no están saliendo como dicen los burócratas de la Otan y el secretario de Estado, Antony Blinken? ¿O que el oficialismo se encamina a una derrota en noviembre y la guerra no “garpa”?
La reunión de cancilleres del G20 en Bali puede dar un indicio. Se trata de una previa a la cumbre de jefes de Estado de noviembre y los medios hegemónicos auguraban avances para sacar a Rusia del grupo. Es cierto que el tema Ucrania fue central, pero no hubo una condena a Moscú por la invasión, solo una diplomática “profunda preocupación por las consecuencias humanitarias de la guerra”.
Santiago Cafiero sintetizó el clima cuando llamó a «construir un multilateralismo solidario como instrumento de paz». Porque el fin del unipolarismo es precisamente lo que ebulle desde hace tiempo y eclosionó el 24F. “La voluntad política y la colaboración global son fundamentales para garantizar que el multilateralismo funcione”, resumió la ministra de Exteriores de Indonesia, Retno Marsudi, anfitriona del evento, para concluir: “el multilateralismo beneficia a todos los países”.
Si no hubo choques directos fue porque cuando hablaban los representantes de Ucrania -invitada especial-, Alemania, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, el canciller ruso, Sergei Lavrov, se fue de la sala. Una devolución de gentilezas luego de que ellos faltaron a la cena de bienvenida. “No entienden la cortesía y las normas de etiqueta», criticó Lavrov.
Su vocera, Maria Zajárova, fue al hueso: “Hubo un intento de boicotear a Rusia pero comprendieron que quedaban en minoría absoluta: si de 20 restan 7 quedan 13, y estos trece no querían organizar ningún boicot, pensaban trabajar de modo constructivo. De ahí que el boicot fracasó y desembocó en el aislamiento del grupo de los siete».
A pesar del tono belicista de la Cumbre de Madrid, donde la Otan catalogó a Rusia de enemiga y a China como “desafío”, este martes la secretaria del Tesoro, Janet Yellen y el viceprimer ministro chino, Liu He, mantuvieron un diálogo virtual. “Discutieron los desarrollos macroeconómicos y financieros de Estados Unidos y China, las perspectivas económicas mundiales en medio de los crecientes precios de los productos básicos y los retos de la seguridad alimentaria”, explicaron desde Washington. «Las dos partes acordaron que mantener la estabilidad de la industria global y las cadenas de suministros es del interés de ambos países y de todo el mundo», dijeron desde Beijing. Este sábado, Blinken dijo que había tenido una reunión «muy constructiva» en Bali con su homólogo chino, Wang Yi.
Todo indica que las fuerzas rusas van ocupando lenta pero persistentemente el sur ucraniano, el objetivo anunciado desde que recibieron la orden de cruzar la frontera, el ya histórico 24 de febrero pasado. Los últimos informes desde el frente en el Donbass indican que fue tomada la ciudad de Lisichansk, con lo que todo el territorio de Lugansk quedó bajo control de efectivos de Moscú y de las repúblicas independientes del sur de Ucrania. «La milicia popular y el ejército ruso entraron en Lisichansk. Algunas empresas de la ciudad ya han sido tomadas. Actualmente, se están produciendo combates callejeros», escribió en su cuenta el teniente coronel Andrei Marotchko, que oficia de representante de los separatistas. El viernes las últimas tropas ucranianas habían recibido la orden de dejar Severodonetsk, en otra manifestación de que las noticias en el campo militar para Kiev no son auspiciosas por estos días.
Pero eso no significa el fin de la guerra que, como suele suceder cuando los actores son tan diversos, se puede desplazar a otros escenarios en cualquier momento. Por lo pronto, el presidente Volodimir Zelenski celebró como una victoria la decisión de los líderes europeos de otorgar el estatus de candidato a la Unión Europea de Ucrania y Moldavia, en tiempo récord. Zelenski había pedido la membresía en febrero. La movida tiene gusto a estrategia de tensión bélica, ya que Transnitria, el enclave moldavo de población rusófona, tiene características similares a las del Donbass y podría resultar un objetivo para Moscú, según los estrategas militares de la Otan. Pero el apuro dejó malheridos en el camino: Georgia había pedido el ingreso a la UE en marzo y no hubo novedades sobre el reclamo para ellos en esta semana, lo que provocó la queja de Tiflis.
En 2008, ante los primeros escarceos del gobierno Mijeíl Saakashvili por acercarse a la Otan, crecieron las tensiones en las regiones prorrusas de Osetia del Sur y Abjasia, declaradas repúblicas independientes de Georgia. El Kremlin ordenó una intervención militar que terminó con un acuerdo de cese el fuego avalado por la UE. Tanto en Georgia –la patria de Josif Stalin, por otro lado– como en Moldavia y Ucrania, lo que aparecen son los resabios de la disolución de la Unión Soviética, deudas que no se saldaron en el tiempo.
Otro “frente potencial” surgió estos días en Kaliningrado, el enclave ruso encerrado entre Lituania y Polonia, a orillas del mar Báltico. Se trata de un territorio de un tamaño similar al Área Metropolitana porteña con una historia trascendente para el mundo (ver aparte) que al final de la Segunda Guerra Mundial quedó en manos de la URSS. Hace justo cuatro años, entre el 16 y el 28 de junio de 2018, se disputaron cuatro partidos del Mundial de Rusia en el estadio Arena Báltica, que fue una de las sedes del certamen de la FIFA que ganaría Francia. Una curiosidad: allí jugaron su encuentro de la primera ronda el que sería subcampeón, Croacia, el tercero, Bélgica, y el cuarto, Inglaterra. Todo un récord.
Polonia forma parte de la Otan desde 1999, en lo que se conoce como la cuarta expansión de la Organización Atlántica. Lituania ingresó en la quinta extensión, en 2004, junto con siete países de lo que fue la órbita soviética. Justamente esa expansión fue criticada por analistas y geopolíticos internacionales desde esos tiempos como un desafío peligroso para la seguridad rusa. Putin recurre a ese argumento para explicar la invasión a territorio ucraniano.
El caso es que las autoridades lituanas anunciaron la prohibición de tránsito de mercancías sancionadas por los países occidentales desde Rusia a Kaliningrado, que administrativamente es un Oblast, o sea, tiene estatus de provincia. En esa región está asentada la flota rusa y una base con misiles Iskander, de capacidad nuclear. Desde la independencia de Lituanía, en 1991, se garantizó un corredor ferroviario para el transporte de mercancía.
Foto: Sergei Supinsky / AFP
El sábado pasado entró en vigencia el cuarto paquete de sanciones contra Rusia que, según la interpretación de máxima de Vilnius, prohíbe el tránsito de acero y metales ferrosos a través de su territorio. Para Moscú, el bloqueo es ilegal ya que sigue vigente el Acuerdo de Asociación y Cooperación entre Rusia y la UE que en el artículo 12 garantiza la libertad de tránsito.
«Lituania está implementando las medidas restrictivas impuestas por unanimidad», dijo Eric Mamer, vocero de la CE. El gobernador de Kaliningrado, Anton Alijánov, dijo que la respuesta rusa será contundente.
Mientras tanto, el Ministerio de Defensa ruso anunció este sábado que “80 mercenarios polacos fueron apresados, 20 vehículos blindados de combate y ocho lanzacohetes múltiples Grad fueron destruidos en bombardeos con armas de alta precisión contra la fábrica de zinc Megatex, en la localidad de Konstantinovka», en jurisdicción de Donetsk. Según las mismas fuentes, unos 300 militares ucranianos y un número no determinado de mercenarios cayeron prisioneros en la ciudad de Mykolaiv, a unos cien kilómetros de Odessa, el principal puerto de Ucrania. «
La tierra de Kant, Goldbach y E.T.A. Hoffmann, ante otra amenaza de guerra
La ciudad de Königsberg fue fundada en 1255 por Ottokar II de Bohemia, conocido en su tiempo como el Rey del Hierro y el Oro. Fue la capital de la Prusia oriental, con todo lo que implica ese nombre para la unificación de Alemania, en el siglo XIX, y para las guerras que asolaron Europa en el XX. Pero también fue la cuna del filósofo Immanuel Kant, el matemático Christian Goldbach y el multifacético Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, más conocido como E.T.A. Hoffmann.
Kant, sin abundar demasiado, creó su sistema filosófico, que aún sorprende por su profundidad, sin salir nunca de esa ciudad bañada por el Báltico. Prusia, a su vez, fue el símbolo de un sistema militar tan preciso como terrorífico para la paz europea. Fue así que al fin de la Primera Guerra, el territorio fue cortado al medio con un territorio controlado por Polonia, el “Corredor de Danzig”, que sirvió de justificación a Adolf Hitler para la invasión de 1939.
En 1945, Prusia directamente desapareció de la faz de la Tierra. Su población de origen germánica mayormente fue trasladada a otros países mientras que el territorio fue desarticulado entre Polonia y Lituania. La antigua capital de la parte oriental y sus adyacencias quedaron para la Unión Soviética, que estableció allí el Oblast de Kaliningrado, bautizado así en honor a Mijail Kalinin, uno de los fundadores del Estado revolucionario en 1917 que presidió el Soviet Supremo hasta marzo de 1946.
Muchos en Occidente descubrieron su existencia cuando fue designada como una de las sedes del Mundial de Rusia. Para Moscú, el bloqueo de Lituania es una provocación inadmisible.
Teivo Teivainen es docente de Política Mundial en la Universidad de Helsinki y autor de una gran cantidad de publicaciones sobre su especialidad tanto en Finlandia como en América Latina. En esta entrevista, explica las razones para que una gran mayoría en su país esté de acuerdo en abandonar la neutralidad y pedir la incorporación a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan). Una decisión que no cuenta con la aprobación de todos los integrantes de la alianza militar y ya generó una fuerte reacción del gobierno de Vladimir Putin, que justificó la intervención en Ucrania por la extensión de la Otan hacia el este. Finlandia tiene 1340 kilómetros de frontera con Rusia. “En la población, según las encuestas, hay un 75% a favor, y 10% o 12% en contra de entrar a la Otan; en el Parlamento, hay 188 a favor y ocho en contra”, se apura Teivainen.
–¿Cómo se entiende ese consenso?
–El ataque de Rusia a Ucrania cambió todo. En guerras anteriores, tipo Georgia en 2008, la población o los políticos estaban en contra de la membresía de la Otan de manera firme, pero el 24 de febrero cambió todo de una manera drástica. Hasta ahora, para Finlandia era útil tener la opción de entrar en la Otan. Con la cercanía con la Unión Soviética, Finlandia como Estado soberano tenía opción, pero no la iba a usar, de convertirse en miembro. Pero en diciembre de 2021 el gobierno ruso estaba diciendo que se debería hacer un acuerdo con EE UU para no aceptar nuevos miembros en la organización atlántica. En Finlandia se veía como que nos estaban quitando nuestra opción, que se estaban haciendo arreglos por sobre nuestras cabezas y eso olía a los acuerdos de (Adolf) Hitler y (Iosip) Stalin. Fue un tema importante incluso para el presidente de la República (Sauli Niinistö). Tradicionalmente, la derecha estaba a favor y la izquierda en contra. Pero ahora hay mucha gente que dice “OK, la Otan es una mierda, pero Putin no nos ha dejado otra alternativa”.
–¿No ven un riesgo en ponerse demasiado en la vereda de enfrente de Rusia?
–Sí, hay riesgo. Pero Finlandia está desde hace mucho tiempo integrado la Otan. Es un socio estratégico, como Suecia. Todo el sistema militar es casi un 100% compatible, entrenan juntos, pero falta lo que viene con la membresía formal: el artículo 5, “si atacan a uno atacan a todos”. La lógica es que eso te provee seguridad. La cuestión es qué país de la frontera con Rusia, que antes perteneció a la URSS o al imperio zarista, podría estar amenazado, y luego de Ucrania queda Finlandia, que no tiene la protección del artículo 5 de la Otan. El mismo Putin dijo que iba a Ucrania a corregir errores de Lenin.
–Pero Helsinki fue un lugar de encuentro donde incluso podían dialogar EE UU y la URSS en plena Guerra Fría.
–Claro, pero ¿cuál es el otro error de Lenin? Otorgar la independencia a Finlandia. Esa es la lectura.
–¿No ocurre que tanto Finlandia como Europa terminan sometidos a EE UU?
–Existe ese riesgo, pero en Finlandia hay ahora una ola nacionalista militar muy fuerte de tensar todo desde la lógica de la seguridad nacional. Se militarizaron los debates y los razonamientos. Desde esa lógica nacionalista hay un período peligroso, “período gris”, cuando todavía no hay garantías del artículo 5 pero ya se ha molestado a Rusia, por el temor de que pueda venir una respuesta incluso militar, y no existe todavía ese paraguas de protección.
–La posición de Turquía, que bloquea el ingreso, ¿cómo se explica?
–Hay especulaciones sobre algún tipo de acuerdo entre Putin y (Recep Tayyip) Erdogan. Pero ellos tienen el tema de los kurdos y el partido de (Abdulá) Ocalan, el PKK (de los Trabajadores Kurdos). En Suecia hay muchos kurdos, en Finlandia menos, pero hay actividades de PKK. Se dice que hay miembros del Parlamento sueco muy cercanos al PKK. Erdogan dice que Suecia y Finlandia albergan terroristas y por eso no va a aceptar el ingreso. Y la UE puso restricciones a la exportación de armas a Turquía.
–¿Por que razón?
–Turquía es percibido como un país que viola derechos humanos y ataca a los kurdos en el norte de Siria. Por otro lado, Erdogan es visto como autoritario, por ataques a la libertad de prensa y todo eso. Por un lado, en Finlandia dicen “bueno vamos a conversar”, pero del otro lado es “bueno, pero vamos a ver…”. El gobierno turco dice que quiere que les regresen a algunos individuos que ellos buscan. En Finlandia se hizo eso con algunos judíos en el año 1942 hacia Alemania y se hizo eso con gente que se escapaba de la URSS. En la historia de Finlandia esas cosas son vistas como unas manchas morales muy grandes. Resulta impensable que se hiciera eso con Turquía. Hay que ver cómo se puede negociar. A Erdogan le molesta que el PKK tenga cierto apoyo en Europa, pero su pelea no es tanto contra Suecia y Finlandia como con los EE UU. También el presidente de Croacia (Zoran Milanović) dice que no va a aceptar que ingresen estos dos países. Si bien el cargo de presidente en Croacia es más bien simbólico, está pidiendo que en Bosnia Herzegovina se cambie la ley electoral para que la etnia croata tenga mejores posibilidades. Quiere llamar la atención sobre eso y ahora tiene su bala de plata. Como cada país miembro tiene que aceptar el ingreso de otro, cada uno puede pescar cosas.
–¿Cómo ve lo que puede ocurrir de aquí en más en el este de Europa?
–Es una pregunta grande, no pretendo tener una respuesta. Lo que se ve es que para Putin es difícil salir como perdedor y tampoco EE UU puede resultar perdedor en Ucrania: es difícil saber cuáles serían las bases para un acuerdo de paz. No se ve qué puede ocurrir. Tampoco sé cómo le va a ir militarmente a Ucrania. Su base de acuerdo es que salgan todas las tropas, y desde la lógica de la soberanía del país es justo. “Ustedes entraron, ustedes son los invasores”. Tu puedes decir que la invasión fue causada por algo que estaba haciendo la Otan, pero lo que tienes es un país que ataca a otro. Y en Finlandia se ve una analogía con su pasado y explica por qué el sentimiento es tan fuerte con Ucrania. Se ve mucha similitud con 1939, cuando la URSS ataca Finlandia después de un acuerdo que habían hecho Stalin y Hitler. Por eso todos los medios de comunicación se han militarizado en favor de Ucrania. Se la ve luchando contra el invasor ruso… No quedan países con el historial de haber pertenecido al imperio ruso. Por eso se piensa que cada tanque ruso destruido en Ucrania es un tanque menos para invadir Finlandia. «
Biden logró 40 mil millones para la guerra, Rusia controla Mariupol
El Ministerio de Defensa ruso anunció la “liberación total” de la ciudad de Mariupol luego de la rendición de los últimos efectivos ucranianos en la siderúrgica de Azovstal, donde informaciones no confirmadas indican que fueron apresados ex altos mandos de EE UU, Gran Bretaña y la Otan que actuaban como mercenarios para Kiev. La cancillería rusa publicó una lista de 963 estadounidenses que tienen prohibida la entrada a Rusia. Entre ellos figuran el presidente Joe Biden; el secretario de Estado, Antony Blinken; el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, y el actor Morgan Freeman. En otra vuelta de tuerca, la empresa Gazprom cortó el suministro de gas a la estatal finlandesa Gasum porque el país nórdico se negó a pagar en rublos al proveedor ruso.
Biden, en tanto, firmó durante su gira por Corea del Sur, la primera por el extremo Oriente desde que asumió su cargo, la ley para destinar un fondo de 40 mil millones de dólares para el suministro de armas y apoyo económico destinados a la guerra en Ucrania. Es bastante más de lo que había solicitado hace dos semanas –33 mil millones– y logró un apoyo legislativo importante (86 contra once). Lo que demuestra una vez más que toda crisis económica y toda grieta política en Estados Unidos se salva con una buena guerra. El armamento será provisto por las corporaciones del complejo industrial-militar-legislativo de EE UU.
Se trata del mayor paquete de ayuda exterior aprobado por el Congreso en 20 años, y computando todas las remesas enviadas desde febrero a Ucrania, el gasto en sostener al gobierno de Kiev contra Rusia suma unos 54 mil millones de dólares.
Activistas y figuras de los medios ultraconservadores habían presionado para no aprobar el proyecto de Biden y 57 republicanos se opusieron. Pero votaron con las dos manos los líderes del ala dura, Ted Cruz, Marco Rubio y Tim Scott, que se lanzan decididamente a candidatearse para la futura ronda de elecciones presidenciales.
Volodimir Zelenski agradeció en un tuit el gesto mayoritariamente bipartidario. «El apoyo del Poder Ejecutivo, del presidente Biden y del pueblo estadounidense a la lucha contra el agresor ruso es crucial», escribió.
Comentarios recientes