En su discurso en el Foro Económico del NOA que se desarrolló en el Hotel Hilton Garden Inn de San Miguel de Tucumán, el presidente volvió a desplegar una exégesis del pensamiento de Adam Smith, como había hecho un día antes en Buenos Aires, y ensalzó que el economista escocés, «básicamente, era un gran profesor de filosofía moral». En ese marco inscribió su lema de inauguración del año legislativo: «La moral como política de Estado». Fue una especie de clase académica de alrededor de 80 minutos en la que Javier Milei insistió en diatribas contra los «empresarios prebendarios que le ponen tonelada de guita los periodistas»; sin nombrarlo, aludió al CEO de Techint, y sugirió que hay «una carnicería» contra su Gobierno. Horas más tarde, partió en el avión oficial ARG 01 con destino a Budapest, donde se reuniría con el presidente húngaro, Tamás Sulyok, y el ultraderechista primer ministro, Viktor Orbán.
Pero la verdadera razón del viaje a Hungría era el encuentro de este sábado en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC). Un club derechista que desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca funge como el gran catalizador internacional de referentes de ese sector. En la aeronave oficial tuvieron cabida su hermana, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. No se sumó, esta vez, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, atribulado por estos días a raíz de la revelación de otros vuelos con fuertes cuestionamientos desde lo ético, que catapultaron investigaciones sobre la esquiva posesión de bienes materiales difíciles de sostener con sus ingresos declarados. Ni en Tucumán ni en el homenaje previo al moralista nativo de la ciudad de Kirkaldy, Milei habló sobre el «Adornigate» ni sobre la otra mancha que se extiende sobre su gestión: la criptoestafa $Libra, en la que tanto él como la secretaria general de la Presidencia aparecen cada vez más complicados.
ALERTA – AHORA
1/6 Una anotación recuperada del celular del lobista Mauricio Novelli detalla un presunto acuerdo de US$5 millones por el apoyo del presidente Javier Milei al lanzamiento de $LIBRA.https://t.co/piZ6F9bkoX
Como si con estos «contratiempos» no fuera suficiente, a esto se le suma que los datos de la inflación, la desocupación y la caída en picada de la imagen presidencial también golpean en Balcarce 50, por más que el mandatario intente barrer debajo de la alfombra. O la AFA vuelva a ser noticia por las investigaciones judiciales contra la cúpula. Con un combo, además, en que la guerra en Irán golpea de lleno en la estrategia económica del ministro Luis Caputo, por el lado del incremento del precio del petróleo, de insumos básicos para la producción agrícola como la urea, y el riesgo que las bravuconadas del presidente contra Teherán terminen por meter al país en un conflicto en el que no tiene arte ni parte, por más que ese sea el deseo y hasta la necesidad política del Gobierno, como ya no callan sus voceros más belicosos, entre ellos la senadora Patricia Bullrich, que dan como probada la intervención de agentes de Irán en este ataque y en el de la AMIA.
"No nos estamos metiendo en una guerra ajena, estamos yendo contra alguien que atacó a la Argentina"
Patricia Bullrich sostuvo que en el país "han pasado muchas cosas con Irán", recordó los "ataques a la embajada y la AMIA" y agregó: "Esta guerra tiene raíces acá". pic.twitter.com/5H8kRq5NJV
Durante el acto en conmemoración de los 34 años del atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, Milei dijo que ese hecho «es una herida en el pueblo argentino, en la comunidad judía y en los cimientos morales de nuestra sociedad» y añadió que desde entonces el país enfrenta al terrorismo y subrayó que «Israel es un aliado estratégico de nuestro país y, por eso, reafirmamos nuestro compromiso porque creemos que es lo correcto. Llevamos la moral como política de Estado», dijo.
Es la economía… Lo llamativo, a esta altura, para quienes tienen algo de memoria es el argumento recurrente no solo para justificar las medidas que busca imponer la élite conservadora, a 50 años del golpe, sino también la justificación para cuando todo sale mal, como inevitablemente ocurre. Esta semana, Luis Caputo trató de explicar las razones por las cuales la inflación viene en aumento, a pesar del discurso presidencial en contrario. «Veníamos muy bien hasta junio del año pasado y sufrimos un retroceso en los últimos siete, ocho meses», dijo en el 21° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas. Bien al estilo del «veníamos bien y pasaron cosas» de Mauricio Macri en 2018, que fue usado para explicar la mochila de la deuda con el FMI que el propio Caputo dejó como legado de su primer paso por la administración pública. El caso es que mientras el titular de Economía ensaya alambicadas explicaciones sobre el por qué de la escalada inflacionaria y estira algunos meses el famoso dato de que el IPC dará «con un cero coma», Milei sostiene que en realidad ya estamos en ese escenario y «todo marcha de acuerdo al plan», con una inflación mayorista que a él le da con un 0 adelante.
INFLACIÓN MAYORISTA A LA BAJA IPIM: 1,0% IPIB: 0,7% IPP: 0,7%
TOTO, por lejos, el mejor ministro de economía de la historia argentina.
En las calles, sin embargo, pasan otra película y la población de a pie está dando, según coinciden varias encuestas, muestras de repudio a la palabra oficial. Crece, en este contexto, el rechazo al Gobierno, y lo más destacable es que esos guarismos se dan incluso entre votantes de La Libertad Avanza. También se registra mayor cantidad de respuestas que reflejan cansancio sobre los mensajes acerca de la «batalla cultural» mileísta. Es que el incremento en los niveles de morosidad crediticia señalan que no hay más lugar para seguir pedaleando las deudas con tarjetas para comprar artículos esenciales: alimentos y medicamentos. Es así que productos como la carne ya son un lujo para gran parte de los argentinos.
A todo esto, en la oposición peronista se siguen cruzando invitaciones a unirse a algún tipo de alianza para enfrentar al oficialismo ante un previsible clima de mayor deterioro social y carencia de presentación que esté en condiciones de defender a los caídos del sistema, que son cada vez más, pero están más invisibilizados en las cuentas oficiales que provienen del Indec caputista. Hay quienes pretenden extender el convite hasta la vicepresidenta, notoria negacionista de los crímenes de la dictadura.
Uno que también percibe para dónde están soplando los vientos es el expresidente Macri. En un acto que se realizó el pasado jueves en Parque Norte, azuzó a sus seguidores que aún están en el PRO, el partido que fundó en 2007, a volver del letargo para plantarse de cara al 2027. Ninguneado por LLA, que como un Pacman le va comiendo a sus acólitos, está buscando un lugar bajo el sol sin distanciarse de la base ideológico-política conservadora. En realidad, quiere competir en el espacio del oficialismo para negociar mejores lugares ante una eventual candidatura de Milei o, si todo se termina de ir al demonio –por causas económicas o «morales»–, encabezar a ese sector de la sociedad que jamás votaría a alguien con el menor atisbo de peronista. «El PRO no viene a cuestionar el rumbo, señores. Viene a completarlo». Y para que no queden dudas, agregó: «No vamos a hacer oposición, no vamos a boicotear ninguna ley que haga bien al país, no vamos a darle ninguna excusa al populismo para volver. Eso no va a pasar nunca».
Como todo lo que hacen los capitostes ultraderechistas que gobiernan el Estados Unidos y países “amigos”, no sólo tiran a la banquina a quienes ya no les sirven, sino que gozan de hacerlo con un grado de humillación ostensible. Fue lo que hizo el secretario de Guerra estadounidense con el jefe del Estado Mayor del Ejército, Randy George, y otros dos altos mandos de las Fuerzas Armadas, echados sin mayores explicaciones este jueves. Tres que se suman a otros 23 oficiales “retirados” en 14 meses de gestión. En medio de las mayores amenazas contra Irán y cuando el presidente Donald Trump jura que desplegará tropas en el país persa, al que pretende volver “a la Edad de Piedra” si no aceptan antes de este lunes sus condiciones para una rendición, no suena a que todo esté marchando de acuerdo a algún plan en la aventura desatada con Israel el 28 de febrero pasado. De hecho, las fuerzas iraníes acaban de voltear dos aviones militares -un F-15 y un A-10- y dos helicópteros Blackhawk y los estadounidenses buscaban desesperadamente a uno de los pilotos antes de que lo encontraran los iraníes.
No es mucho lo que se dijo sobre la exoneración del general George, convocado por el jefe del Pentágono para pedirle el retiro de manera inmediata. Sólo un mínimo agradecimiento “por servicios prestados”. Pero lo que nos e dijo impacta profundamente. Nadie echa el DT de un equipo que según Trump está ganando y en dos o tres semanas volverá a casa con los objetivos cumplidos. Más bien, desde los pasillos de los cuarteles se deslizo, con bastante verosimilitud, que la cúpula militar está en absoluto desacuerdo con la ofensiva militar. Temen otro desastre como lo fueron las dos décadas en Afganistán e Irak. Dos países que, por cierto, no tenían ni la población ni el nivel de desarrollo que alcanzó Irán.
El jefe del Estado Mayor del Ejército, general Randy George, fue echado por Hegseth sin mayores explicaciones.
Se entiende así que, como detalla Eric Calcagno en su columna, en la Casa Blanca -y en Tel Aviv- vean como el real objetivo la destrucción del aparato científico, tecnológico y militar de Irán. De una parte importante de los expertos nucleares se había encargado Israel en junio pasado. En lo que va de esta guerra la destrucción de universidades de alto nivel y de las instituciones de formación van en el mismo sentido. Ya que se está demostrando una resistencia que no se esperaban con armamento muy sofisticado de factura propia, la única forma de terminar con una cultura milenaria como la persa sería emular los romanos hicieron con Cartago: enterrar al país una alfombra de sal para que nada vuelva a crecer.
Mientras tanto, los que demuestran haber vuelto a la Edad de Piedra son los líderes extremistas israelíes, que festejaron en esta semana la aprobación en el Parlamento de una ley que castiga con la pena de muerte a los palestinos hallados culpables de delitos considerados por un tribunal militar como actos terroristas. Sólo a palestinos, no así a colonos que ocupan ilegalmente sus territorios por acciones similares. Ellos serían juzgados por jueces civiles.
Al conocerse esa decisión ampliamente votada en la Knesset -celebrada con champagne por su principal impulsor, el supremacista ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir- el titular de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, convocó a una huelga general, que tuvo alto acatamiento en Hebrón, Ramallah y Nablus. A los rechazos en la mayoría de los países occidentales se sumó la ONU. Hubo quien recordó que la pena capital no se suele aplicar en Israel y señalan que la última persona en ser ejecutada fue, en 1962, el criminal nazi Adolf Eichmann, que estuvo viviendo en Argentina hasta que agentes del Mossad lo capturaron en la localidad bonaerense de San Fernando para ser juzgado.
Este jueves, la administración Trump pidió la renuncia también de la fiscal general, Pamela Bondi. La rubia abogada hasta no hace tanto considerada “amiga leal” del magnate inmobiliario, quedó mal parada con la gestión de la crisis de los Archivos Epstein. No porque haya abierto totalmente los expedientes, más bien los intentó cajonear todo lo que pudo. Pero ella era un fusible de una crisis que en gran medida, para los analistas, explica la sumisión que Trump demuestra para con las apetencias expansionistas del primer ministro Benjamin Netanyahu. Una sumisión que ya le costó las renuncias de varios fieles seguidores del movimiento MAGA, como el exdirector de Contraterrorismo, Joe Kent. Dentro de ese club de ExMAGAs se dice que Trump no ceja en su voluntad de sostener a Israel hasta la ultima gota de sangre estadounidense.
En reemplazo de Bondi, interinamente quedó en funciones Todd Blanche, el número dos de esa cartera. Dejó el prestigioso estudio Cadwalader, Wickersham & Taft para abrir un bufete y ser abogado de Trump en un juicio penal en que el reo terminaría condenado por 34 cargos, el hombre funge como incondicional del Salón Oval.
Foto: Agencia Noticias Argentinas
En lugar de George, Hegseth designó a Chris LaNeve, hasta ahora su asistente. Los otros despedidos del jueves son el general David Hodne, titular del Comando de Entrenamiento y Transformación, y el otro es el jefe de capellanes del Ejército, el general de división William Green Jr.
Un artículo de a principios de marzo del periodista independiente Jonathan Larsen en la plataforma Substack muestra denuncias de suboficiales que se quejaban de un comandante que les dijo que la guerra de Irán “es parte del plan de Dios” y que Trump fue «ungido por Jesús para encender la señal en Irán para provocar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra». Hay quienes sostienen que el extremismo religioso de Hegseth, que se autodefine como un Cruzado, no resulta compatible con otras interpretaciones sobre el rol de los militares en Estados Unidos.
Teherán, a todo esto, denunció que aviones estadounidenses e israelíes bombardearon nuevamente las inmediaciones de la planta nuclear de Bushehr. «Debido a la onda expansiva y la metralla, uno de los edificios anexos de la central eléctrica resultó dañado y, lamentablemente, uno de los empleados del departamento de seguridad física de la central falleció en el acto», cita la agencia Europa Press. El director general del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi, advirtió sobre los riesgos de una fuga radiactiva ante nuevos ataques.
La OTAN no teme al socio atlántico
Donald Trump no puede con su genio y volvió a emprenderla contra los líderes de la OTAN por negar su apoyo contra Irán. No contento con haberlos humillado con Groenlandia y por dejarlos solos contra Rusia en Ucrania, ahora les refriega que “son un tigre de papel”, y amenaza con dejar la organización atlántica.
El primero en no sumarse a la aventura iraní fue el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. Pero también Alemania, Francia e Italia están avisando que ya no les mueve el amperímetro la violencia verbal del socio del otro lado del océano. Emmanuel Macron le pidió “estar a la altura” de los compromisos, algo similar a lo que reclaman desde Berlín. Giorgia Meloni, más cercana ideológicamente a las ultraderechas, ironizó: “Genial… ¿Entonces deberíamos cerrar sus bases, cortar el comercio o simplemente asaltar McDonald’s?”
Lo de Sánchez va por otro lado. Cuestiona a Israel en Gaza y a EE UU en Irán y lo tildan de “la némesis de Trump en Europa”.
«Cuba es el siguiente… hagan como que no lo dije, por favor, finjan que no lo dije». Así, a modo de broma siniestra, Donald Trump cerró este viernes la cumbre de la Iniciativa de Inversión Futura (FII en inglés), el principal fondo soberano de Arabia Saudita, que se desarrolló en el Hotel Faena de Miami. El presidente de Estados Unidos estuvo particularmente locuaz o, si se quiere, “bocón”, en ese foro creado por el príncipe Mohamed bin Salman que es conocido como el “Davos del Desierto”. Ante ese selecto auditorio, el mandatario le espetó al jefe de estado saudita, como al pasar, que hace un año ni se imaginaba que terminaría “besándole el culo”. Y agregó: “creía que yo sería un presidente más. Pero ahora tiene que ser amable conmigo, díganle que más le vale serlo”.
Lo más sustancioso de esa charla ante monarcas rebosantes de dinero -cuando se cumple un mes del ataque a Irán junto con Israel- fue que reconoció que “el portaaviones más grande del mundo” sufrió una andanada de misiles de las fuerzas iraníes desde 17 ángulos diferentes. El USS Gerald Ford, que de él se trataría, debió volver a su base en Creta la semana pasada, según el Pentágono, por un fuerte incendio en el área del lavadero. El otro portaaviones de la flota, el USS Abraham Lincoln, fue llevado a unos 1000 kilómetros de las costas iraníes por precaución.
En esa demasiado distendida charla, el inquilino de la Casa Blanca reconoció además que los iraníes se habían preparado muy bien para esperar esta incursión armada y, ya que estaba, agradeció a los países árabes, representados además del saudita por los jerarcas de Kuwait, Emiratos, Bahrein y Qatar. “Ellos hicieron más por la guerra contra Irán que la OTAN”, despotricó.
Lo que queda claro luego de esa alocución en la ciudad donde más tiempo pasa el 47º presidente de EE UU es que ya no pueden ocultar la sorpresa por la resistencia que ofrece el país persa, que padeció desde el 28 de febrero bombardeos en el operativo llamado “Furia Épica”. Como ocurrió a lo largo de la historia, al principio toda guerra parece un «paseo» de no más de una semana. La experiencia enseña que empezar es fácil, o difícil es ponerle fin. Y la verborragia triunfalista de Trump y sus ministros no hace sino confirmar por el absurdo que «pasaron cosas».
No hay modo de saber cuánto resto le puede quedar a Irán en misiles de la tecnología más exquisita o los drones de bajo precio que demostraron su utilidad como elemento destructivo y como distractivo para las cúpulas defensivas. Esa combinación logró destruir radares y bases militares estadounidenses y dejó a Israel desprotegido por aire.
Más allá de los discursos triunfalistas, tampoco es fácil determinar cuánto resto le queda a Estados Unidos ni a Israel, que comienza a mostrar desgaste tanto en material como en “mano de obra” (ver aparte). Las guerras desde la revolución industrial son contiendas en las que obtiene ventaja el que muestra mayor capacidad de producción. Y las cifras de pérdidas material por el lado estadounidense superan con creces a los volúmenes que pueden reponer las empresas ligadas al Pentágono. Una analista brasileña, Patricia Marins, evalúa que cuando arrastró a Trump a la guerra contra Irán, Netanyahu no solo erró “al evaluar las capacidades iraníes, sino que también sobreestimó la capacidad estadounidense para sostenerlo en un conflicto de alta intensidad” como la que plantea el país persa. Y agrega: «Esta fragilidad es el resultado de un largo proceso de atrofia de la base industrial de defensa, que comenzó tras el fin de la Guerra Fría. En la década de 1990, el Pentágono contaba con 51 contratistas principales que competían por contratos importantes. Hoy en día, solo quedan cinco gigantes: Lockheed Martin, RTX (antes Raytheon), General Dynamics, Northrop Grumman y Boeing”.
Cuesta poco imaginar que ahí radica la razón para las marchas y contramarchas que ensaya Trump ante una resistencia que no esperaban y una belicosidad israelí que cada vez le cuesta más sostener. Las redes se llenaron estos días de memes sobre la errática estrategia del magnate inmobiliario. Un sábado ataca sitios claves de Irán, da un plazo de 48 horas para negociar y se dispara el precio del petróleo. El lunes, cuando abren los mercados, dice que otorga cinco días más: bajan los precios y un grupo de vivillos con información privilegiada hace fortunas con eos vaivenes en la Bolsa. Durante la semana presenta condiciones para un acuerdo y ante el rechazo iraní extiende el plazo para “destruir sus plantas de energía” a diez días.
A todo esto, el pliego de condiciones estadounidense es en realidad una rendición incondicional que no se sostiene por el momento en la cancha. Son 14 puntos que van de la exigencia de desmantelar todas sus capacidades nucleares y el compromiso de no desarrollar ese tipo de armamento ni de enriquecimiento de uranio, a abandonar todo tipo de apoyo a «proxies» regionales (Heboláh, Hutíes et al), dejar abierto el estrecho de Ormuz y limitar el programa de misiles en alcance y capacidades.
Desde Teherán respondieron con su propio esquema de condiciones. Son apenas seis puntos: eliminar todas las sanciones contra Irán, reconocer el derecho a enriquecer uranio, indemnización por los daños causados en la guerra, no más ataques contra los movimientos de resistencia islámica en Líbano y el Ansar Allah en Yemen y como frutilla del postre, desmantelar todas las bases militares estadounidenses en esa región.
Como en toda negociación, siempre se parte de una pretensión de máxima hasta ir acercando posiciones. Acá las diferencias son enormes, y todavía nadie muestra estar verdaderamente “con la lengua afuera”. Sin embargo hay un tema crucial y es con quién se sentaría una delegación occidental, habida cuenta de que Israel se jacta de haber ido asesinando uno a uno a los miembros de la cúpula iraní y amenaza con seguir haciéndolo. Desde el punto de vista de Irán, ¿cómo creer en cualquier oferta negociadora si las dos últimas guerras, la de 2025 y la desatada hace 30 días, fueron por ataques producidos en medio de negociaciones? «
Intento de abolir el futuro
Israel no sólo asesinó al ayatolá Alí Jameei y a miembros de la cúpula del gobierno, así como en junio de 2025 eliminó a gran parte de los científicos que desarrollaron el proyecto nuclear persa. Ahora, además de amenazar con seguir por ese camino, atacó en dos de las universidades más prestigiosas del país, la Tecnológica de Isfahan y la Tecnológica de Teherán.
En los primeros 27 días de bombardeos conjuntos con Estados Unidos destruyeron 600 escuelas en todo el territorio. El caso más horroroso se registró el mismo 28 de febrero en un colegio primario de la ciudad de Minab, un bombardeo que dejó alrededor de 170 personas asesinadas, la abrumadora mayoría niños.
El ensañamiento con la clase dirigente es paralelo al que se ve contra intelectuales y científicos que demostraron su capacidad con el desarrollo tecnológico que ahora se ve en las respuestas.
Donald Trump se está quedando sin narrativa para continuar con la guerra en Irán y da señales de estar buscando la forma de bajarse de la aventura con el menor costo político posible. Pero a esta altura no le va a resultar fácil. Este sábado, en un intento que huele a desesperado para limitar una de las consecuencias de la ofensiva que inició el 28 de febrero con Israel, el secretario del Tesoro, nuestro conocido Scott Bessent, anunció el levantamiento de sanciones al petróleo procedente del país persa por un mes, mientras avanza en “descastigar” a Rusia y a Bielorrusia de medidas dictadas en el marco del conflicto en Ucrania. Con el oro negro superando los 120 dólares el barril y el golpe en las plantas gasíferas del Golfo Pérsico, la preocupación del inquilino de la Casa Blanca es mayúscula de cara a la inflación que ya se está manifestando en Estados Unidos. Un tema que puede resultar catastrófico en su lucha por no terminar aplastado en las elecciones de medio término de noviembre. Pero Teherán ya avisó que “no tiene reservas de crudo ni excedentes para abastecer a otros mercados internacionales”, según el ministro de la cartera respectiva, Saman Goidousi. Para colmo de males, Europa le devolvió gentilezas por los desplantes con Ucrania y ante el reclamo de que ayudaran a abrir el estrecho de Ormuz, le respondieron que esa no es su guerra. O sea, que se arregle solo, así que el magnate inmobiliario los acusó de cobardes. A todo esto, el ministro de Defensa hebreo, Israel Katz, prometió “un aumento significativo de los ataques conjuntos” contra infraestructuras claves del país persa. Lo que contradice el deseo explicitado por su aliado de bajar un cambio antes de que todo empeore.
Fue una semana más bien complicada para Trump, que va cayendo en la cuenta de que Irán no es un hueso fácil de roer. Pero lo peor es que a la resistencia que no habían calculado de los persas le debe sumar las acciones inconsultas del gobierno de Benjamin Netanyahu, que no duda en meter en un brete a su socio con tal de conseguir sus objetivos. Que cada vez es más evidente que no son los mismos.
Esto quedó en claro cuando este miércoles se confirmó que el secretario del Consejo Supremo de seguridad Nacional, Ali Larijani, había sido asesinado junto con el jefe de la fuerza Basij, Golamreza Soleimani, en un bombardeo que Israel vendió como de precisión, aunque hay indicios de que los “daños colaterales” se estiman en cientos de muertos civiles. Larijani, un intelectual con un doctorado en filosofía occidental y especializado en Emmanuel Kant, era el más indicado para establecer un posible acuerdo de paz. Pero la estrategia de Netanyahu nunca fue llevar a la paz, sino crear un caos o sumir al país en una guerra civil. Esta elucubración no forma parte de un análisis tendencioso, sino que fue parte de la declaración del renunciante director de Contraterrorismo de la administración Trump, Joe Kent. El hombre, veterano de la guerra de Irak, donde luchó por dos décadas, dio una extensa entrevista al periodista Tucker Carlson en la que coincidió con todos los “arrepentidos de MAGA” que la política exterior de Estados Unidos se digita en Tel Aviv y responde a los intereses israelíes, no a los estadounidenses. Recordó, entonces, que el propio secretario de Estado Marco Rubio había admitido en un mensaje del 2 de marzo: “Sabíamos que iba a haber una acción israelí, sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses, y sabíamos que, si no actuábamos preventivamente antes de que lanzaran esos ataques, sufriríamos más bajas”.
En su carta pública de renuncia, Kent ya había adelantado que prefería dejar el cargo para no resultar cómplice de una guerra que solo profundizará el declive estadounidense. “Irán no es una amenaza para Estados Unidos”, dijo el hombre que tenía como tarea vigilar cuáles son las acechanzas contra su país. Abundó en consideraciones sobre las divergencias entre los objetivos de Israel y de Estados Unidos e instó a recuperar aquella determinación de campaña del 47º presidente de no meterse en “guerras estúpidas”. No tardó mucho el mandatario en fustigar al funcionario renunciante, la que también destrozaron desde las redes sociales. Como sea, se ve que la bala entró en la Casa Blanca, porque cuando al otro día fuerzas israelíes bombardearon el yacimiento de gas de South Pars, una gigantesca explotación que por debajo del Golfo Pérsico se comparte con Qatar, envió un mensaje claro desde su red social Truth disculpando la respuesta iraní contra la planta de GNC qatarí y reprendiendo a los israelíes.
“Israel, enfurecido por lo ocurrido en Oriente Medio, atacó violentamente una importante instalación conocida como el Campo de Gas South Pars en Irán (…) Estados Unidos desconocía por completo este ataque, y Qatar no estaba involucrado de ninguna manera, ni tenía idea de que iba a ocurrir. Lamentablemente, Irán desconocía esto, así como cualquier otro dato relevante sobre el ataque a South Pars, y atacó injustificadamente una parte de la planta (…) de Qatar”, escribió. ¿A qué se refería con eso de que Israel está enfurecido con lo ocurrido en Oriente Medio? Seguramente a que Irán desde el primer día acertó en la estrategia defensiva y a pesar de los asesinatos selectivos de sus líderes, que comenzaron con el del ayatolah Ali Jamenei, causa estragos en Tel Aviv y Haifa tras haber inutilizado radares y sistemas interceptores con sus misiles y drones. A última hora se confirmó que la ciudad de Dimona, donde Israel desarrolla su plan nuclear -sin supervisión inernacional- también había recibido impactos de misiles.
Los ataques iraníes también golpearon en las bases estadounidenses en la región y es mas que probable que en el portaaviones USS Gerald Ford, el más grande del mundo y al que se ve envuelto en llamas en posteos en las redes. La información oficial es que hubo un incendio en la lavandería principal durante operaciones en el Mar Rojo y tuvo que enfilar para la base naval de Souda Bay, en la isla de Creta. Se reportaron, además, daños en dos aviones F-35 alcanzados por misiles iraníes. El ministro Katz, en tanto, dijo en un mensaje que se había autorizado el asesinato de cualquier oficial iraní “una vez que se haya cerrado un ‘círculo de objetivos’ sobre él, sin necesidad de aprobación adicional”. Otro desafío para Donald Trump. «
Ecos de Pearl Harbor
Si hay algo que Donald Trump no puede hacer es cerrar su bocota. Ahora lo volvió a hacer, esta vez al lado de la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, alguien que le sigue al pie de la letra su estrategia de irritar a China mientras rearma al imperio del Sol Naciente para lo que el socio necesite.
Este jueves, Takaichi en visita oficial, se prestó a una rueda de prensa en el Salón Oval, donde el anfitrión no tuvo mejor idea que chicanear ante una pregunta de un periodista japonés. Incisivo, Morio Chijiiwa, de TV Asahi, quiso saber por qué Estados Unidos no le había avisado al aliado sobre el ataque a Irán.
“Cuando entramos, entramos con mucha fuerza. Y no le dijimos a nadie porque queríamos que fuera una sorpresa”, tomó carrera Trump, que se acomodó en el sillón miró a un costado, donde estaban los siempre listos aplaudidores, y largó: “¿Quién sabe más de sorpresas que Japón? ¿Por qué no me avisaron de Pearl Harbor?”.
La referencia procaz al ataque del 7 de diciembre de 1941, que justificó el ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial, irritó en el archipiélago y miles salieron a las calles para gritarle de todo a Trump, mientras los medios despotricaban contra una afrenta. La cara de Takaichi era de incredulidad.
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