A las 8:15 horas del 6 de agosto de 1945, un avión B-29 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos bautizado Enola Gay, que comandaba el coronel Paul Tibbets, arrojó sobre la ciudad japonesa de Hisoshima la Little Boy, primera bomba atómica arrojada sobre población civil en la historia de la humanidad. Murieron unas 80.000 personas de manera inmediata. Tres días después, el 9 de agosto, a las 11:01, el capitán Kermit Beahan a bordo del B-29 Bockscar dejó caer la Fat Man, que explotó a más de 400 metros de altura sobre Nagasaki. La cifra de víctimas en ese primer momento fue estimada en 74.000 seres humanos. Otros tantos cientos de miles que habían sobrevivido, conocidos con el término hibakusha ( víctima de la bomba atómica) sufrieron consecuencias físicas y psicológicas el resto de sus vidas, que en algunos casos fue de unos pocos meses.
A 80 años de aquellas dos matanzas –¿por qué no llamarlos genocidios instantáneos?– no hubo, como en 2024, una cumbre de líderes mundiales para recordar ese hecho. Por varios motivos: uno es porque varios de los jefes de Estado que se dieron cita en Hiroshima (sic) ya no están en el poder. Faltan Joe Biden, Rishi Sunak, Olaf Scholz, y el local, Fumio Kishida. Y para colmo, Donald Trump no resulta persona grata por una macana de cuando el bombardeo sobre la planta nuclear iraní de Fordow, en apoyo a la ofensiva iraní.
Dijo entonces que el ataque del 21 de junio pasado “terminó con la guerra (de los 12 días)”. Y agregó: “Si miras a Hiroshima, si miras a Nagasaki, sabes que eso también puso fin a una guerra. Esto terminó una guerra de una manera diferente, pero fue (también) devastador”. El rechazo ante esa liviandad todavía resuena en algunos despachos oficiales.
La guerra en Ucrania destapó fantasmas que parecían olvidados en el este de Europa y la avidez bélica inunda las almas de muchos que deberían velar por el destino de la humanidad. Donald Trump no da la impresión de ser el mejor exponente para apaciguar los ánimos, por más que insista en mostrarse como aspirante al Premio Nobel de la Paz. Cierto que su antecesor y los colegas actuales y recientes tampoco son gentes de confianza. Pero Trump a veces juega demasiado sobre el fleje.
Cuando el ataque a Fordow, sin ir más lejos, desde sus propios acólitos de MAGA le señalaron que se estaba corriendo de las promesas electorales para dejarse llevar por Benjamin Netanyahu. El vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvedev, que fue presidente (2008-2012) y primer ministro (2012-2020) lo chicaneó entonces desde las redes sobre su deseo manifiesto de recibir el galardón que se entrega en Oslo. Que por cierto, fue instituido en su testamento por Alfred Nobel, fabricante de armas e inventor, entre otras cosas, de la dinamita.
Trump, que no es de quedarse callado, aprovechó la red de la que es propietario, Truth Social, para poner en la misma bolsa los acuerdos comerciales entre Rusia y la India, país sobre el que descargó aranceles extras por comprar petróleo ruso. «No me importa lo que India haga con Rusia. Pueden llevar sus economías muertas juntas, por lo que a mí respecta», dijo el inquilino de la Casa Blanca, quien a la sazón, tiene la prerrogativa de apretar el botón rojo letal.
Medvedev, que tampoco es mudo, replicó con una frase elíptica. “Si unas pocas palabras de un expresidente de Rusia bastan para provocar una reacción tan nerviosa por parte de un presidente estadounidense tan temible, esto confirma que Rusia tiene razón en todos los aspectos y perseverará en el camino que ha elegido. En cuanto a las ‘economías muertas’ de la India y Rusia, que recuerde sus películas favoritas sobre ‘muertos vivientes’, sin olvidar tampoco lo peligrosa que puede ser la ‘Mano Muerta’”.
El sistema de «Mano Muerta» es un protocolo nuclear que se activa de manera automática en caso de que el Kremlin fuera arrasado por un ataque exterior. Fue desarrollado en la Guerra Fría y garantizaría una represalia nuclear aunque el presidente y la cúpula militar hubiesen sido eliminados. La famosa Destrucción Mutua Asegurada (MAD en inglés) que en la guerra fría sirvió para evitar una catástrofe. En el idioma de Shakespeare mad es “loco”.
Este lunes, el Kremlin anunció que pone fin a la moratoria que se auto impuso sobre el despliegue de misiles de cabeza nuclear de alcance intermedio. Se trata de un acuerdo conocido como INF firmado originalmente en 1987 por la Unión Soviética. En 2019, alegando que el gobierno de Putin no cumplió parte de ese tratado, Trump retiró a EE UU. Moscú decidió una moratoria unilateral que ahora rompió en el marco del incremento del armamentismo.
El nivel de disolución de la dirigencia de Estados Unidos es cada día más notorio y las imputaciones cruzadas entre el “republicano-trumpismo” y los últimos vestigios de los demócratas cruzaron estas semanas quizás los últimos márgenes. Por un lado, el sainete en torno a los archivos Jeffrey Epstein escaló de tal modo que para los medios opositores solo el presidente Donald Trump pareciera haber sido cliente en las fiestas orgiásticas con menores de las que se imputó al fallecido empresario. Desde la administración, contraatacaron con un informe lapidario de la directora del Departamento de Inteligencia Nacional (DNI en inglés) Tulsi Gabbard, sobre el armado de imputaciones mendaces acerca de una supuesta injerencia de Rusia en las elecciones de 2016, que perdió la exsecretaria de Estado Hillary Clinton.
De ahí a acusar al expresidente Brack Obama de traición a la patria había un paso, y lo dio el actual inquilino de la Casa Blanca. “Obama intentaba liderar un golpe de Estado”, dijo Trump en rueda de prensa, tras publicar en su red social que el entonces jefe de Estado había sido personalmente responsable de “la farsa de Rusia, Rusia, Rusia (con) la corrupta Hillary, el dormilón Joe (Biden) y muchos otros participaron de esto”.
Obama no respondió directamente a la acusación. El que salió a dar la cara fue su vocero, Patrick Rodenbush, quien dijo, con tono solemne: “Por respeto al cargo de la presidencia, nuestra Oficina no suele dignificar con una respuesta las constantes tonterías y desinformaciones que salen de la Casa Blanca”. Y agregó que las declaraciones del gobierno “son ridículas y un débil intento de distracción”.
Es cierto que se trata de una maniobra de distracción, a medida que el escándalo por las listas de Epstein -que primero iban a ser publicadas ni bien Trump volviera al poder y luego se anunció que no existen- impacta fuertemente en la imagen presidencial. En un país con un imaginario de pureza moral que no condice con el historial de Trump y mucho menos con lo que se conoce de las juergas con menores que organizaba el suicidado Epstein, la andanada de fotos de ambos amigotes de décadas están apareciendo a raudales en todos los medios. Pero la manipulación creada en el último estertor de la administración Obama no es menos cierta. Y al igual que el caso de la corrupción de menores se conocía desde hace mucho, también se sabía del armado de una gran fake news sobre la participación de hackers rusos en una elección que en las urnas había ganado Hillary Rodham Clinton pero quedó trunca en el colegio electoral.
Este choque Trump-Obama revela además las gruesas contradicciones del “Estado Profundo” sobre las relaciones que debe mantener Estados Unidos con Rusia. Porque cabría decir que Obama al principio de su gestión, en 2009 -el año en que fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz por sus promesas electorales de salirse de Irak y Afganistán- intentó un acercamiento con Moscú que llevó hasta un célebre encuentro en una hamburguesería con el entonces presidente Dmitri Medvedev. Con el actual vicepresidente del Consejo de Defensa ruso firmaría en abril de 2010 el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido por sus siglas en inglés como START III, suspendido en febrero de 2023 por Vladimir Putin en el marco de la guerra en Ucrania, ya durante el gobierno de Joe Biden.
Luego de aquella “entente” Obama-Medvedev, las presiones contra Obama fueron llevando a un endurecimiento paulatino entre Washington y Moscú y en otro orden, al abandono de su pretensión de pacifista. Mucho hizo en ese sentido la que era portavoz del Departamento de Estado y luego sería subsecretaria de Estado para los Asuntos Políticos de Biden, Victoria Nuland. Ella fue la gran impulsora del golpe de Estado en Kiev de febrero de 2014 que devino en un gobierno ucraniano antirruso. De ahí se llegó a la incorporación de Crimea a la Federación de Rusia semanas más tarde y luego se desataría la tormenta que asola al este de Europa desde 2022.
La denuncia de injerencia llevó hace casi nueve años a un comentario de Putin bastante ilustrativo: “¿Alguien piensa seriamente que Rusia puede influir en la elección del pueblo estadounidense? ¿Es EE UU una especie de ‘país bananero’?”. El caso es que fue caballito de batalla luego del resultado electoral. La candidata demócrata tenía casi tres millones de votos más que el empresario inmobiliario, pero el sistema político y en todo caso las matufias sobre la composición que se establece para el colegio electoral, de las que no se posible culpar a los rusos, le dieron el triunfo a Trump. Las denuncias de los demócratas y sus medios afines buscaban conseguir que algunos electores cambiaran su boleta en el momento de la certificación de los resultados. Lo mismo pretendió Trump en 2020 denunciando fraude y luego, en famoso 6 de enero de 2021, cuando sus partidarios coparon el Congreso. Que también se calificó de intento de golpe de estado, por cierto.
Pero había algo previo. La de 2016 fue una campaña sucia como pocas en la historia de EE UU. Fue ahí que se usaron todas las denuncias que se encontraron contra el ostentoso millonario por su historial sexual, no tan puro como el ideario exige. Algunas de esas causas regresaron en 2024, claro, pero con el aplastante triunfo republicano la “justicia” las dejó de lado. Ocurre. Como sea, el trumpismo recurrió aquella vez a correos de Hillary y de su asesor de campaña John Podestá, que lo implicaba en una red de pedofilia en varios restaurantes del país. Se lo conoció como el Pizzagate. La gentileza demócrata volvió cuando Trump asumió el cargo y tuvo que renunciar el recién designado Consejero de Seguridad Nacional, el general Michael Flynn. El hombre también era partidario de recomponer relaciones con Rusia en una estrategia tendiente a enfocar todos los esfuerzos estadounidenses en China. Pero Flynn terminó acusado de haber mantenido una reunión secreta con el embajador ruso en Washington.
Ahora, mientras Tulsi Gabbard hurga en documentos que, jura, son irrefutables, pierde sentido aquella vieja frase de que en Estados Unidos no había golpes de Estado porque no hay embajadas de Estados Unidos. «
Trump en Escocia, de la sombra de Epstein a negociaciones con la UE
La maldición Epstein persigue a Donald Trump dondequiera que vaya. Esta vez, con un pie en la explanada antes de tomar el avión que lo llevaría a Escocia, debió responder sobre sus relaciones con el empresario suicidado. “Hablan de mí. No tengo nada que ver con él”, dijo. “Deberían hablar de Larry Summers, (Profesor emérito de la Universidad de Harvard), de Bill Clinton, a quien conocen muy bien, y de muchos otros amigos, muy cercanos, de Jeffrey Epstein”, concluyó.
El primer mandatario estadounidense pasó un día dedicado el golf y este domingo se reunirá con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en un encuentro que tendrá lugar a pocos días de que expire el ultimátum dado por el mandatario norteamericano antes de imponer el 1 de agosto aranceles generalizados sobre las producciones europeas. Von der Leyen dijo que había tenido una «buena» llamada telefónica con Trump y se siente confiada en el buen futuro para «las relaciones comerciales transatlánticas y cómo reforzarlas».
Por las dudas de que no prospere la bilateral en el norte de la isla de Gran Bretaña, el canciller de Alemania, Friedrich Merz, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el primer ministro británico, Keir Starmer, hablaron este sábado en una “tripartita” telefónica para tratar una postura coordinada sobre las situaciones en la Franja de Gaza, Irán y Ucrania.
El nuevo contacto tuvo lugar tras la publicación de un comunicado conjunto en el que declaran que «ha llegado la hora de poner fin a la guerra de Gaza» y también después de una nueva ronda de conversaciones directas con Irán sobre el programa nuclear de la república islámica que se desarrollaron en Estambul. En esa ciudad turca hubo una ronda de negociaciones entre representantes ucranianos y rusos para acercar posiciones en torno a un alto el fuego. Este encuentro no fue demasiado provechoso y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, declaró que podría conversar esta semana con Vladimir Putin y Trump para explorar la posibilidad de celebrar una cumbre en Estambul. “Veremos si podemos reunir a estos líderes en Estambul. Ese es nuestro esfuerzo”, enfatizó.
Trump, siempre deseoso de ofrecerse como mediador en cuanto entuerto surja, normalmente fomentado desde la Casa Blanca, anunció este sábado que habló con el primer ministro de Tailandia, Phumtham Wechayachai, y su par de Camboya, Hun Manet, para intentar alcanzar un alto el fuego tras un recrudecimiento del conflicto en la frontera entre ambos países. «Resulta que, por coincidencia, actualmente estamos haciendo negocios con ambos países, pero no queremos hacer ningún trato con ninguno de ellos si están peleados, y así se lo he dicho», dijo Trump.
Rechazo a Lamelas
El equipo de Mundo Sur, grupo de discusión de política internacional que integran, entre otros, los excancilleres Rafael Bielsa y Jorge Taiana y los exembajadores Oscar Laborde, Carlos Tomada, Ariel Basteiro y Carlos Raimundi, repudió “las insólitas e insolentes declaraciones del designado embajador de EEUU en Argentina, Peter Lamelas” y el “silencio cómplice del gobierno que encabeza Javier Milei”. Al mismo tiempo, en un breve comunicado indica que no se trata de un exabrupto, sino “lo que más preocupante y se necesita combatir desde el campo nacional y popular es una lógica y un recargado proyecto imperial detrás en el marco del repliegue de EEUU hacia lo que entiende su ‘patio trasero’, al que busca aplicar un revival de la Doctrina Monroe”. Concluye en una adhesión a “las voces que han pedido la declaración de persona no grata de Lamelas.
La tormenta Epstein se vuelve más intensa en Estados Unidos y este sábado el presidente Donald Trump ordenó al Departamento de Justicia la publicación de «todos los testimonios» recopilados en el proceso judicial por varios cargos relacionados con prostitución infantil contra el magnate que apareció “suicidado” en la celda del Centro Correccional Metropolitano de Nueva York (MCC en inglés) el 23 de julio de 2019.
El escándalo de la red de pedofilia de alta gama que regenteaba Epstein junto con Ghislaine Maxwell –hija del fallecido oligarca mediático Robert Maxwell y cumpliendo condena a 20 años por iguales delitos sexuales– ameritó grandes coberturas mediáticas, investigaciones periodísticas y algún que otro documental televisivo y fue creciendo desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Una de las promesas de su campaña y del movimiento que encabeza, MAGA (Make America Great Again), era la publicación de la lista de clientes de Epstein. A fines de febrero la Fiscal General, Pamela Bondi, había anunciado la desclasificación de los documentos y se mostró con gruesas carpetas que se suponía contenía el material sobre el caso.
Pero la cosa se fue enfriando y con la ruptura entre Elon Musk y el mandatario estadounidense que terminó con su desordenado despido del gobierno, el sudafricano dejó un posteo en su red X que luego borró, arrepentido. “@realDonaldTrump está en los archivos Epstein, esa es la verdadera razón de que no los hubiera publicado”, decía el texto, arrobado a la cuenta de Trump.
Cuando Trump miró para otro lado ante el ataque de Israel a Irán del 13 de junio, y luego ordenó bombardear la planta nuclear de Fordow, sus propios leales, como Steve Bannon y el periodista Tucker Carlson lo acusaron de haberse sometido a Benjamin Netanyahu. Y deslizaron que una de las razones podría ser que aparecía en esos archivos. Con los antecedentes de Trump, quizás eso no agregaría mucho a su imagen. Pero, arguyen algunos analistas, esa lista es una bomba nuclear contra líderes políticos, empresariales y artísticos de todo el planeta.
El historial de Epstein lo relaciona con el aparato de inteligencia de Estados Unidos y de Israel, aunque su rango podría ser mayor. Habría armado carpetas comprometedoras con personajes públicos en situaciones non sanctas, muy valiosas para manejar a voluntad a protagonistas claves. Algo que tal vez explique muchos comportamientos sorpresivos de líderes mundiales cuando se los analiza desde una perspectiva racional.
En este mes el caso se desmadró. El 8 de julio el FBI y el Departamento de Justicia afirmaron que no hay algo así como “una lista de clientes” de Epstein. De pronto, los mismos apoyos de MAGA se iban disolviendo: al alineamiento con Netanyahu y el acercamiento con Volodimir Zelenski se le sumaba esto. Para colmo, este martes fue despedida la fiscal del distrito sur de Nueva York, Maurene Comey, quien sustanció el proceso contra Epstein hace seis años. Curiosidades: Maurene es hija de James Comey, el director del FBI nombrado en 2013 por Barack Obama que investigó presuntas relaciones de Trump con los servicios rusos y fue despedido en 2017 por el empresario inmobiliario.
Musk -que quiere armar un partido político opositor a demócratas y republicanos en el que espera juntar a exMAGAs- se hizo un festival con todo este escandalete y desde X escribió: “¿Cómo se puede esperar que la gente tenga fe en Trump si no publica los archivos de Epstein?”. El presidente, que tiene su propia red, Truth Social, respondió a sus examigos. “¡Los demócratas de izquierda radical han dado con la tecla otra vez! (…) Su nueva estafa es lo que siempre llamaremos ‘el engaño de Jeffrey Epstein’, y mis antiguos partidarios se han tragado esta ‘mierda’ a pies juntillas”. Y termina un largo posteo contra sus exfieles: “Dejen que estos débiles sigan adelante y hagan el trabajo de los demócratas; ni se les ocurra hablar de nuestro increíble y sin precedentes éxito, ¡porque ya no quiero su apoyo! Gracias por su atención a este asunto. ¡HAGAMOS A ESTADOS UNIDOS GRANDE DE NUEVO!”.
“Wow, no puedo creer que Epstein se suicidara antes de darse cuenta de que todo era un engaño”, ironizó Musk. Continuará. «
Tratado de amistad entre el Reino Unido y Alemania
El primer ministro británico, Keir Starmer, y el canciller alemán, Friedrich Merz, firmaron lo que consideran un «histórico» tratado de amistad que incluye un «profundo compromiso de defensa mutua» en caso de ataque exterior. Lo de histórico se entiende en el marco de los tradicionales enfrentamientos entre ambas potencias continentales que llevaron a dos guerra mundiales. Desde ahora puede decirse que una futura guerra será en conjunto contra Rusia.
«Bajo este tratado uniremos nuestras industrias para aumentar las exportaciones de defensa en miles de millones de libras y aceleraremos nuestra colaboración en armas y equipos de alta tecnología, fortaleciendo a la OTAN y manteniendo a nuestra gente segura», dijo Starmer tras la firma del documento, que se llevó a cabo en el museo Victoria & Albert, de Londres, y se denomina Tratado de Kensington.
Merz dijo que el acuerdo, esbozado en 27 páginas, representa una «respuesta conjunta» a los «desafíos de una nueva era» y tiene como objetivo «unir fuerzas» para ofrecer a los ciudadanos «un futuro de prosperidad, seguridad y sostenibilidad».
El gobierno del Reino Unido junto con la Unión Europea, por otro lado, anunciaron nuevas medidas contra Rusia dirigidas directamente a los ingresos petroleros del país, incluyendo una reducción del límite del precio del petróleo crudo ruso, que baja a 47,60 dólares por barril, un 20,6% menos que los 60 dólares actuales. Londres cree que esto afectará directamente a los ingresos petroleros de Rusia, que ya han caído un 35% en tasa interanual hasta mayo, y restringirá la capacidad de la industria petrolera del país.
Para Donald Trump, los aranceles resultan ser la continuidad de la guerra por otros medios. Y le acaba de declarar la guerra no sólo a Brasil, con la excusa de defender a su amigo Jair Bolsonaro, sino a sus principales socios estratégicos, a los que prometió aplicar tarifas de entre 30 y 40% desde el 1 de agosto si no se doblegan a sus demandas. En este marco, el 50% contra el gigante sudamericano no representa tanto más que el 35% que anunció para Canadá, el 30% a la Unión Europea y México, el 25% a Japón y Corea del Sur o, puntualmente, el 200% contra productos farmacéuticos australianos. El caso de Brasil tiene otro aditamento geopolítico: esta semana se realizó en Río de Janeiro la XVI Cumbre de los BRICS, donde los países que integran ese bloque avanzaron en la discusión, entre otras “menudencias”, del sistema de comercio mundial, la desdolarización y la condena del uso coercitivo de medidas unilaterales, como precisamente esta amenaza Trump. No olvidaron en el documento final la situación en los territorios ocupados de Palestina y Gaza. Y en todos estos aspectos, el anfitrión de ese encuentro fue figura descollante, aun teniendo que lidiar contra un frente interno tortuoso.
Habrá que decir que esta guerra de Trump se plantea como una nueva batalla de la que anunció desde el día que regresó a la Casa Blanca, en enero pasado, cuando en su discurso inaugural abundó en loas al 25º presidente, William McKInley, que “hizo a nuestro país muy rico, a través de aranceles y talento”. McKinley, también, fue expansionista (Cuba, Puerto Rico, Guam, Filipinas) y murió baleado por un joven anarquista en 1901, pero esa es otra historia.
Habrá que decir igualmente que tal vez la primera guerra contra los BRICS fue la de los Doce Días contra Irán, comenzada por Israel el 13 de junio pasado y culminada luego del bombardeo de EE UU a la planta nuclear de Fordow y la réplica persa en la base de Al Udeid, en Qatar. Esta segunda etapa, en cuanto al gobierno de Lula, resulta una defensa burda e irrespetuosa del exmandatario brasileño, imputado por el intento de golpe de estado de enero de 2023. Mientras Trump habla de una caza de brujas, el Supremo Tribunal Federal analiza la detención del exmandatario por riesgo de fuga y el gobernador de San Pablo, Tarcisio Gomes de Freitas sugiere que si lo dejan viajar, Bolsonaro soluciona el tema directo con Trump.
Foto: Xinhua
El inquilino de la Casa Blanca, en tanto, fue muy activo estos días en cartas publicadas en su red Truh Social a los jefes de Estado de una veintena de naciones avisando de qué venía la cosa. La titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, respondió -sumisa- al anuncio de las tarifas para la región que “la UE prefiere invariablemente alcanzar el acuerdo con EE UU mediante negociaciones, lo cual muestra nuestra adhesión al diálogo, a una asociación transatlántica estable y constructiva”. El mes pasado, el primer ministro australiano, Anthony Albanese, pasó un papelón cuando intentó una bilateral con Trump y lo dejaron pagando. El premier canadiense, Mark Carney, que ganó la elección con la promesa de que no cederá a la presión de convertirse en el 51º estado de EE UU, cuando la cumbre del G7 en la ciudad de Kananaskis dijo que habían iniciado conversaciones para llegar un acuerdo antes del 9 de julio, la fecha tope que se había fijado Trump. Pero este viernes el empresario inmobiliario recurrió en una misiva pública al argumento del tráfico de fentanilo a través de las fronteras par aplicar el 35% de tasa. Lo mismo le dice a la presidenta mexicana, Claudia Scheinbaum, aunque le hace precio: 30%.
Lula, por su parte, tiene pocas chances de ir a negociar a Washington, aunque quisiera. Cosa difícil porque implicaría aceptar términos que el exdirigente metalúrgico no está dispuesto a hacer. Sus primeras menciones al hecho destacaron que Trump “esta muy mal informado” sobre los cargos contra Bolsonaro, al que llamó “aquella cosa cobarde” que preparó el golpe cuando Lula recién asumía su tercer mandato. Por otro lado, si bien es cierto que los aranceles impactarían de manera importante, EE UU representa el 12% de las exportaciones brasileñas, “menos de la mitad de las ventas a China”, destaca a la cadena CNN el economista André Perfeito. El ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Favaro ya adelantó que Brasil buscará mercados alternativos para sus productos en Oriente Medio y el sur de Asia. Ventajas de estar en los BRICS.
Los medios argentinos ya comenzaron a hacer evaluaciones sobre el impacto que podría tener en el país el golpe arancelario contra el Brasil de Lula. Por el incremento de ofertas brasileñas hacia este lado de la frontera, pero también por la posibilidad que se le podría abrir a la Argentina en el mercado estadounidense. No es de descartar que Javier Milei busque avanzar en las migajas geopolíticas que vislumbra, como es el sueño húmedo de las elites que representa. Es decir, ser la cabeza de puente del imperio angloestadounidense en América del Sur en lugar de Brasil, que ocupó ese lugar desde la Segunda Guerra Mundial, cuando de este lado Juan Perón pugnaba por la integración y mayores grados de independencia. Milei, que espera ansioso una carta de Trump, hizo los deberes en la cumbre de Mercosur con el intento de petardear la integración.
Las denuncias de Francesca Albanese que Israel y EE UU no quieren oír
La Casa Blanca anunció el miércoles sanciones contra la relatora especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, a la que acusa de haber llevado a cabo una «campaña de guerra política y económica» contra Estados Unidos e Israel que «ya no será tolerada». Fue el secretario de Estado, Marco Rubio, quien dio el aviso, mediante un comunicado en el que fustiga «sus ilegítimos y vergonzosos esfuerzos para impulsar la acción del Tribunal Penal Internacional (TPI) contra funcionarios, empresas y ejecutivos estadounidenses e israelíes». No sólo eso, Rubio se justifica en que «ni Estados Unidos ni Israel son parte del Estatuto de Roma», por lo que la abogada italiana comete «una grave violación de la soberanía de ambos países». Y en esa bolsa mete como antecedente la recomendación de las órdenes de arresto del TPI contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa Yoav Gallant que La Haya dictó en mayo de 2024. ¿Cuál es el pecado de Albanese? Investigar, recopilar información sobre crímenes cometidos por tropas israelíes en el marco de la ocupación ilegal de ambos territorios y especialmente de la ofensiva desatada tras los ataques de grupos islamistas el 7 de octubre de 2023. El pasado 3 de julio, en una intervención en el Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra, Albanese denunció que «Israel es responsable de uno de los genocidios más crueles de la historia moderna». Y agregó: “la situación en los Territorios Palestinos ocupados es apocalíptica”, para luego dar una lista de corporaciones que no solo son partícipes necesarios en las matanzas sino que se benefician directamente del genocidio. En su informe, nombra a más de 60 empresas involucradas en el apoyo a los asentamientos israelíes y las acciones militares en Gaza. Entre ellas, IBM («que permite a Israel la recolección y almacenamiento de datos biométricos de los palestinos», dice) y Microsoft, que facilita su tecnología en operaciones militares. Amazon y Google colaboran en programas de gestión y Palantir suministró inteligencia artificial a las FDI. Las firmas más obvias son las de provisión de armamento y equipamiento, como la estadounidense Lockheed Martin, que fabrica los aviones de combate F-35, y FANUC Corporation de Japón. También figuran las petroleras BP y Chevron, las entidades financieras BNP Paribas, Barclays, Allianz y los fondos Blackrock y Vanguard, que, dice Albanese “han canalizado miles de millones de dólares en bonos del tesoro y hacia compañías directamente involucradas en la ocupación y el genocidio israelí”.
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