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Otro lugar en el mundo

Otro lugar en el mundo

Si el Fondo Monetario Internacional (FMI) eligió esperar hasta después de la PASO para refrendar el acuerdo por la refinanciación de la montaña de dinero que entregó a la gestión de Mauricio Macri, bien puede el Gobierno nacional esperar unos días más y recibir la sorpresa de que los países del BRICS aceptan a la Argentina como uno de los nuevos socios, lo que abriría las puertas del club que ya apunta a ser el más poderoso del siglo XXI.
El grupo, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, concentra el 42% de la población mundial, cubre el 30% de la superficie del planeta, sostiene el 20% del comercio internacional y representa el 23% del PBI total, y se prepara para una cumbre en Johannesburgo entre el 22 y el 24 de agosto que se considera clave para este momento de rediseño de la arquitectura geopolítica internacional.
Fueron invitados 69 países, de los que ya dieron el sí una veintena. Se trata de naciones de Asia, África y el sur global, todo un símbolo de pertenencia que fue la excusa formidable para decirle no al mandatario francés Emmanuel Macron, que quería ser de la partida. En la ciudad sudafricana se trataría el ingreso no solo de Argentina sino, entre otros, de Arabia Saudita, Irán, Argelia, Bielorrusia, Egipto, Venezuela, Indonesia y Turquía. Pero permanece como incógnita si habrá o no ampliación, algo que debe hacerse por consenso.
El BRICS viene mostrando que le da al cuero para discutir el tablero internacional más allá de los dados que cayeron al fin de la segunda guerra mundial y dieron como resultado la creación de la Organización de Naciones Unidas, con un Consejo de Seguridad integrado por cinco miembros permanentes con derecho a veto. Ya desde los tiempos de Néstor Kirchner como presidente, y en sintonía con el brasileño Lula da Silva, se intentó, por un lado, ampliar la mesa de esos «Cinco Grandes» (EE.UU., Rusia como heredera de la URSS, Francia, Reino Unido y China) para construir un mundo multipolar.

Mesa chica
La otra opción, mucho más explícita durante los gobiernos de Cristina Fernández, fue pedir el ingreso a esa liga de naciones que dibujó en 2001 un poco como un juego de siglas el economista británico Jim O’Neill para explicar su teoría de que cuatro países estaban llamados a ser las mayores potencias del siglo que comenzaba. Eran los BRIC y dejaron de ser un juego cuando en 2008 los líderes de esas cuatro naciones originales decidieron recoger el guante. Dos años más tarde se sumaría Sudáfrica para agregarle la S final y una silla para el continente.
Entre el 2015 y la actualidad «pasaron cosas» y Argentina quedó en stand by acerca de construir algo así como el BRICSA: el expresidente Mauricio Macri no hizo nada por buscar el ingreso. De su colega brasileño, Jair Bolsonaro, se pueden decir muchas cosas, pero nunca esbozó la menor crítica al organismo. Baste decir que, en su última intervención, en la cumbre de junio de 2022, destacó que «el grupo representa un factor de estabilidad y prosperidad en el escenario internacional, así como un modelo de cooperación basado en beneficios para todas las partes». Fue en esa asamblea en Beijing que, de manera virtual, Alberto Fernández aprovechó la invitación para pedir formalmente la incorporación de la Argentina, cosa que le prometieron estudiar. Se entiende que en la mesa chica del grupo, Argentina ahora tiene dos votos favorables, el de Brasil y el de China, y las circunstancias dan para un moderado entusiasmo de las autoridades.
La crisis de reservas favoreció un intento de recurrir al Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES) en mayo de este año, que terminó empantanado porque en rigor de verdad, Lula no puede disponer a voluntad de dinero ni de esa institución ni del Banco Central, que debía ser garante de la operación. Peripecias de la independencia de la máxima entidad monetaria de un país. El líder metalúrgico tampoco pudo facilitar un crédito del recién creado Banco BRICS, que dirigía desde abril la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, porque Argentina no forma parte del grupo.
La próxima jugada del ministro de Economía Sergio Massa fue pagar parte de los vencimientos que se sucedieron con el FMI en yuanes, mediante la aplicación del acuerdo con China que data de 2009, refrendado por Cristina Fernández y luego también por Macri, pero que nunca se había utilizado hasta ahora y que se extendió al pago de importaciones con la moneda china. La «sequía» de fondos frescos también llevó a que se recurriera a créditos de Qatar y del Banco de Desarrollo para América Latina y el Caribe (CAF), una manera de resguardar los dólares que quedan en el Banco Central.
La semana pasada, Lula Da Silva apoyó de manera indirecta la candidatura de Massa a la primera magistratura cuando dijo en una rueda de prensa: «Le pido a Dios que la democracia venza en Argentina y que no gane un candidato que piense que inversión social es gasto o quiere privatizar todo».
La pertenencia a BRICS es un horizonte deseado y en vista de la realidad actual, hasta imprescindible para el país, más allá de quien llegue a la Casa Rosada en diciembre. Es que el grupo no solo trataría la ampliación de sus miembros, a efectos de fortalecer sus espaldas, sino a discutir la creación de una moneda de intercambio común con respaldo en oro. Sería un regreso a las épocas de Breton Woods, pero sin el dólar como moneda de reserva internacional. Una amenaza letal para la hegemonía estadounidense.

Revista Acción, 11 de Agosto de 2023

Washington busca acuerdos nucleares con Rusia y China

Washington busca acuerdos nucleares con Rusia y China

El gobierno de Joe Biden dice estar dispuesto a mantener conversaciones con Moscú para lograr un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START), cuando se cumplieron más de tres meses desde que Vladimir Putin anunció que suspendía su participación en el que habían renovado con Washington por cinco años en 2021. Esta vez, no sólo se suma la amenaza de un estallido nuclear en torno a Ucrania –una situación de la que EE UU no es ajeno ya que con la OTAN viene desplegando armamento atómico cada vez más cerca de las fronteras rusas– sino el crecimiento de China como potencia militar.

«Estamos dispuestos a ceñirnos a los límites centrales, sin condicionamientos previos, siempre que Rusia haga lo mismo», dijo el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, en un discurso en la Asociación Nacional de Control de Armas en Washington. El planteo de EE UU sería limitar la cantidad de ojivas nucleares a 1550 cada uno. Y que el Kremlin se comprometa a sentar a esa mesa de negociaciones a China, que según Sullivan, «para 2035 se encamina a tener hasta 1500 ojivas nucleares». Beijing nunca firmó acuerdos semejantes porque en el momento en que se establecieron, en la Guerra Fría, no era una potencia nuclear que pudiera amenazar el poderío estadounidense.


¿Invasión ucraniana?

El Ministerio de Defensa ruso informó que las Fuerzas Armadas de Rusia repelieron tres ataques de tropas ucranianas contra la ciudad de Shebékino, en Bélgorod. 12 personas resultaron heridas en bombardeos contra objetivos civiles, dijeron las autoridades. Putin había indicado poco antes que la situación allí es «alarmante» y ordenó evacuar a niños de esa provincia fronteriza con Ucrania.

El subjefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas rusas, el coronel general  Yevgeny Burdinsky, dijo en tanto en una entrevista con la agencia Sputnik que Rusia ya formó a dos ejércitos completos, un cuerpo de ejército, cinco divisiones, 26 brigadas, los distritos navales de Azov y los distritos militares de Moscú y Leningrado, con lo que se cumple el propósito de elevar el número de tropas a 1,5 millones de efectivos militares, entre ellos 695.000 soldados contratados.

Burdinsky dijo que la movilización parcial del otoño de 2022 ordenada por el ministro de Defensa Sergei Shoigu permitió entrenar a más de 280 unidades y subunidades y reclutar a más de 300.000 personas, una movilización, añadió, que no se había visto en Rusia «desde la Gran Guerra Patria de 1941-1945».

En una entrevista con el Wall Street Journal, el presidente ucraniano Volodomir Zelenski dijo que sus tropas están listas para iniciar la contraofensiva contra los rusos en las zonas del país que mantienen bajo control desde el 24F de 2022. «Para ser honesto, esto puede ir de varias maneras completamente diferentes. Pero vamos a hacerlo, y estamos listos», dijo, enigmático. Pero aprovechó para pedir más armamento y que le acepten el ingreso a la OTAN  en la futura cumbre en Vilna. El mandatario pidió concretamente más sistemas de misiles antiaéreos Patriot, de los que dispondría al menos dos y necesita «tantos como 50», según declaró. 

Tiempo Argentino, 4 de Junio de 2023

China estrecha lazos con Rusia y en la OTAN reconocen que no todos aceptan a Ucrania

China estrecha lazos con Rusia y en la OTAN reconocen que no todos aceptan a Ucrania

Todos miran a China, muestra del rol que el gigante asiático tomó desde el 24 de Febrero de 2022. Esta semana, autoridades de Alemania, Polonia y Francia le pidieron al emisario de Beijing Li Hui que convenza a su gobierno de presionar a Rusia para que abandone los territorios tomados en Ucrania. En la capital china, el primer ministro ruso, Mijail Mishustin, se reunió con el presidente Xi Jinping, quien le prometió el apoyo a Moscú «de manera firme en temas que afecten a los intereses fundamentales de cada uno, fortaleciendo la colaboración en los escenarios multilaterales».

Mientras tanto, la guerra en Ucrania entró en su semana 66 con el retiro de las tropas del grupo Wagner de la localidad de Bajmut para dejar el control de ese estratégico nudo de carreteras ucranianas a las tropas regulares rusas. Se acallaron las voces que hablaban de una inminente contraofensiva ucraniana de primavera –algo que de todas maneras no se descarta– pero lo que sí se ve son ataques del otro lado de la frontera rusa, como el que la semana anterior se produjo en la zona de Belgorod, atribuido en los medios occidentales a partisanos rusos contrarios al gobierno de Vladimir Putin y a la guerra en particular. Algo que desde el Kremlin fue desmentido enfáticamente al acusar a comandos ucranianos y prometer que responderá de manera «extremadamente firme» ante nuevas incursiones armadas en su territorio.

Este viernes se registraron nuevos ataques, confirmó el gobernador de Belgorod, Viacheslav Gladkov en su cuenta de Telegram.

El gobierno de Putin, en tanto, anunció que comenzó  cumplir con su promesa de transferir armas nucleares a Bielorrusia, su principal aliado en esa región y limítrofe con Ucrania y Polonia, tal vez el socio de la OTAN más enemigo de Rusia.

Petitorios ucranianos

Kiev pidió al gobierno germano el envío de misiles aire-tierra, según confirmó el portavoz del ministerio de Defensa de ese país. Alemania se muestra como un fuerte aliado de Ucrania pero bastante remiso a la hora de entregar armamento. No es el único país que cuando se trata de concertar las promesas, demora la decisión.

Así lo confirma el noruego Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, quien declaró que «hay puntos de vista diferentes en el interior de la alianza» en cuanto a apurar la aceptación del ingreso de Ucrania a la organización atlántica. En un encuentro promovido por la fundación estadounidense German Marshall, Stoltenberg se sinceró: «nadie puede decir exactamente cuál será la decisión final en esa cumbre en Vilna y la forma de responder a las ambiciones de Ucrania».

El gobierno ruso, por su lado, ordenó la expulsión de cientos de funcionarios alemanes destinados en la sede diplomática y a organizaciones culturales y educativas. Se trata de «contrasanciones» en el marco de los castigos que occidente y los aliados de Estados Unidos impusieron a Moscú. Desde Berlín alegan que entre los expulsados hay trabajadores del Instituto Goethe.

Yanquis por la paz

La semana pasada, los lectores del New York Times se sorprendieron con una solicitada a página completa que financió la Eisenhower Media Network, una fundación de ex miembros del establishment burocrático –militares, diplomáticos, asesores en política exterior– que consideran a la guerra en Ucrania «como un desastre absoluto» y culpan a la gestión de Joe Biden por las consecuencias en un futuro «exponencialmente mayor a medida que el poder nuclear lleve cada vez más cerca de una guerra abierta».

Bajo el título «Estados Unidos debería ser una fuerza de paz en el mundo», el documento señala que «los planes y acciones para expandir la OTAN a las fronteras de Rusia sirvieron para provocar temores en Rusia» y entiende que la respuesta de Moscú es entendible. «Como estadounidenses y expertos en seguridad nacional, instamos al presidente Biden y al Congreso a usar todo su poder para poner fin rápidamente a la guerra entre Rusia y Ucrania a través de la diplomacia», reclama el texto, que firman los directivos del EMN, Dennis Fritz y Mattehw Hoh; el coronel del Ejército (RE) Lawrence Wilkerson, exjefe de Estado Mayor del General Colin Powell; el exagente Especial de Inteligencia del FBI Coleen Rowley; el exembajador en la Unión Soviética Jack Matlock, y el economista Jeffrey Sachs, en su momento asesor de Nijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin en el proceso de conversión de Rusia al capitalismo, al inicio de los ’90.  «

Nuevo jefe militar en EE UU, con la mira en oriente

En una señal de que la mira de la Casa Blanca apunta ahora a China, el presidente Joe Biden nominó como jefe de Estado Mayor Conjunto a Charles Q. Brown Junior, el segundo afrodescendiente en ocupar ese cargo desde la creación del organismo en 1942. Hasta ahora era titular en su arma, la aeronáutica, y según su currículum, es un general de cuatro estrellas, piloto experto en aviones caza F-16 que lideró las bases de la USAF en Alemania y Co-rea del Sur. «El general Brown es un guerrero que ha sido comandante en Europa, en Oriente Próximo y después en el Indopacífico. Tiene un conocimiento único de nuestras operaciones y teatros operacionales y una visión es-tratégica para entender cómo trabajar todos juntos para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense», dijo Biden al presentarlo.

Sustituye a Mark Milley, que se retira en septiembre tras cuatro años en el cargo. En enero pasado, Milley había declarado que «desde un punto de vista militar, es muy difícil o casi imposible que Ucrania pueda expulsar a las fuerzas rusas de cada centímetro ocupado de su territorio», lo que despertó críticas entre los belicistas de Washington.

El primer afrodescendiente en el Estado Mayor Conjunto fue Colin Powell, quien luego sería el secretario de Esta-do que se presentó ante Naciones Unidas en 2003 para pedir una alianza occidental que sustentara la invasión Irak destinada a acabar con «las armas de destrucción masiva» que, dijo, había acumulado Saddam Hussein pero nunca aparecieron. Ahora esa operación se considera el mayor error estratégico de Estados Unidos en su historia.

Tiempo Argentino, 28 de Mayo de 2023

Los líderes del G7 denuncian la amenaza nuclear de China y Rusia… desde Hiroshima

Los líderes del G7 denuncian la amenaza nuclear de China y Rusia… desde Hiroshima

Si Estados Unidos quería dar una muestra de lo que es capaz, no podía haber elegido mejor lugar para la Cumbre del G7 que Hiroshima, la ciudad japonesa donde a las 8:15 horas del 6 de agosto de 1945, un B-29 de la USAF bautizado Enola Gay arrojó la Little Boy, primera bomba atómica sobre población civil en la historia de la humanidad, matando a unas 80.000 personas en forma instantánea. Tres días después un artefacto aún más poderoso destruyó Nagasaki.

Entre este viernes y hoy, los líderes de las siete potencias económicas más grandes de Occidente se dieron cita en Hiroshima para debatir sobre este delicado momento que vive el mundo por la guerra en Ucrania y anunciaron un nuevo paquete de sanciones contra «la maquinaria de guerra rusa» y –lo más sorprendente teniendo en cuenta el escenario– advirtieron que «la acumulación del arsenal nuclear por parte de China plantea una preocupación mundial y regional».

Los mandatarios de Estados Unidos (Joe Biden), Reino Unido (Rishi Sunak), Francia (Emmanuel Macron), Alemania (Olaf Scholz), Canadá (Justin Trudeau), Italia(Giorgia Meloni) y la Comisión Europea (Ursula von der Leyen) fueron recibidos con toda la pompa por el primer ministro japonés, Fumio Kishida, nacido en esa emblemática ciudad 12 años después del ataque.

Las sanciones a Moscú incluyen bienes considerados críticos «para sus capacidades de combate», mientras que Londres y la Unión Europea pergeñaron restricciones al comercio y uso de diamantes de Rusia, para lo que juran disponer de tecnología de punta para el seguimiento del material. En cuanto a China –que a algo más de 2100 kilómetros desarrollaba su propia cumbre regional (ver aparte)– los jefes de estado condenaron «la aceleración de la acumulación de arsenal nuclear (…) sin transparencia ni diálogo significativo», y ya que estaban, fustigaron la «retórica nuclear irresponsable» de Rusia.

Al encuentro en Japón fueron como invitados los líderes de Brasil, India, Australia, Indonesia, Corea del Sur, Vietnam, Comoras e Islas Cook. También el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, quien se demoró en otra cumbre en Arabia Saudita. Ni Lula da Silva, que trabaja febrilmente para reinsertar a su país en la gran mesa de discusión internacional, ni Narendra Modi, premier indio, apoyan las sanciones a Rusia e integran junto con Sudáfrica los dos «condenados» en Hiroshima del grupo BRICS.

Más aún: el mandatario brasileño les dijo a sus pares occidentales –tras cuestionar el «dogma neoliberal» y apoyar el reclamo de Argentina ante el FMI (ver aparte)– que la solución a los graves problemas que vive el mundo «no está en la formación de bloques antagónicos o respuestas que incluyan sólo a un pequeño número de países».

Cuentas pendientes

La Segunda Guerra Mundial terminó en Europa cuando las tropas soviéticas tomaron Berlín, el 8 (o 9, según el calendario juliano) de mayo de 1945. Japón, el otro aliado de las potencias del Eje, estaba buscando negociar una paz lo más honorable posible para el emperador, según varias investigaciones. De acuerdo a otras interpretaciones, el presidente Harry Truman no era amigo de los soviéticos como lo fue Franklin Delano Roosevelt. Pero el impulsor del New Deal había muerto el 12 de abril de ese año, a 82 días de haber asumido su cuarto mandato, y su sucesor, anticomunista visceral, quiso dar fuertes señales al interior de EE UU, a la Unión Soviética y a las fuerzas lideradas por Mao Zedong, que avanzaban hacia la toma del poder en Beijing. Qué mejor que mostrar el poderío apocalíptico de EE UU.

El militar a cargo de las fuerzas en el Pacífico, el general de cinco estrellas Douglas MacArthur, dirigió la ocupación del Imperio del Sol Naciente y rediseñó al Japón moderno a cambio de la continuidad de Hirohito y una constitución de tipo occidental. Pero con la creación de la República Popular China, en octubre de 1949, y la guerra en Corea en 1950, no tuvo mejor idea que recurrir a la amenaza atómica contra el nuevo régimen chino. La iniciativa fue desechada cuando Mao le respondió a un enviado de Truman –según reveló Henry Kissinger en su libro China– que su país tenía 600 millones de habitantes. «Cuántos pueden matarnos en un ataque nuclear. ¿50 millones, 100 millones? ¿Todavía nos quedarían 500 millones?».

MacArthur fue destituido en 1951. La guerra en Corea continuó hasta un armisticio en 1953. Recién en 2019 Donald Trump firmó un tratado de paz con el norcoreano Kim Jong-un. Más de siete décadas después, el gobierno de Joe Biden se lanzó a una ofensiva contra los principales escollos para la supremacía estadounidense y arrastra a sus aliados al pozo negro de Ucrania.

En Japón, además de sostener el apoyo a Kiev y defender las políticas de aislamiento y confrontación con Moscú y Beijing, Biden  abrió las puertas a la entrega de aviones F-16 al autorizar a que se entrene a pilotos ucranianos en el uso del caza estrella del conglomerado industrial-militar de Estados Unidos.  «

Lula, Argentina, FMI, multipolaridad y un plan de paz que Kiev no quiere

«El endeudamiento externo de muchos países, que victimizó a Brasil en el pasado y hoy destroza a Argentina, es causa de una flagrante y creciente desigualdad, y requiere un tratamiento del FMI que considere las consecuencias sociales de las políticas de ajuste». La frase de Luiz Inácio Lula da Silva resonó como otra bomba en el encuentro del G7 de Hiroshima. El presidente brasileño fue uno de los invitados «extrapartidarios» a la cumbre occidental y usó el escenario para poner la situación argentina sobre la mesa. «El sistema financiero global tiene que estar al servicio de la producción, el trabajo y el empleo. Sólo tendremos un crecimiento sostenible real dirigiendo esfuerzos y recursos hacia la economía real», agregó. El líder metalúrgico se reunió este sábado con la titular del Fondo, Kristalina Giorgieva, para plantearle un reclamo similar, según informó la cancillería brasileña.

En su discurso en la cumbre, donde le tocó estar sentado junto a Joe Biden, Lula fue más lejos: «No nos hacemos ilusiones. Ningún país puede hacer frente solo a las amenazas sistémicas actuales. La solución no está en la formación de bloques antagónicos o respuestas que incluyan sólo a un pequeño número de países. Esto será particularmente importante en este contexto de transición a un orden multipolar, que requerirá cambios profundos en las instituciones».  El mensaje sólo encontró miradas serias y solemnes

Lula también se cruzó en los pasillos del hotel Grand Price, de la isla de Ujina, a unos cinco kilómetros del centro de Hiroshima, con su par de Ucrania, Volodimir Zelenski, quien llegó a Japón tras pasar por la cumbre de la Liga Árabe. Al cierre de esta edición no se habían sentado en una bilateral. Brasil presentó un plan de paz que fue descartado in limine por Kiev, ya que entienden que implica reconocer la soberanía rusa en territorios de Crimea y el Donbass como parte de un acuerdo para terminar con la guerra desatada el 24 de febrero de 2022. Zelenski en cambio se había reunido con todos sus pares europeos –todos le prometieron el oro y el moro– y también con el indio Narendra Modi, quien se comprometió –así, vagamente– a «asegurarle que para resolver (el conflicto) India, y yo personalmente, haremos todo lo posible».

Tiempo Argentino, 21 de Mayo de 2023