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Volvieron a suspender vuelos en Hong Kong por las protestas

Volvieron a suspender vuelos en Hong Kong por las protestas

La autoridad aeroportuaria de Hong Kong suspendió por segundo día consecutivo todos los vuelos en esa estación aérea porque cientos de manifestantes ocuparon la zona de facturación de la terminal. El aeropuerto había reanudado sus actividades pocas horas antes luego de haber finalizado un bloqueo previo.

La autoridad aeroportuaria confirmó en un nuevo aviso que se cancelarían todos los vuelos que no hubiesen completado el proceso de facturación antes de las 16.30 (hora local). Además, solo dejaron aterrizar los aviones que ya están en ruta, según la agencia de noticias alemana dpa.

Con la de este martes ya son cinco las jornadas consecutivas de protestas en el aeropuerto. «Estamos intentando detener los vuelos y, como ayer, bloqueamos toda la zona de salida para que quien quiera irse de Hong Kong no pueda hacerlo», ha explicado uno de los manifestantes, Joshua Wong, en declaraciones a la agencia alemana.

El aeropuerto de Hong Kong se convirtió en el principal centro de las protestas contra el gobierno de Carrie Lam, quien a principios de junio había aprobado una ley que autorizaba la extradición de sospechosos a países con los que no había un tratado específico, como es el caso de China continental.

La normativa se había promovido para el caso de un hombre acusado de femicidio en Taiwán, pero para sectores políticos de la oposición iniciaron protestas tras considerar que permitiría extraditar a disidentes del gobierno chino que se refugien en Hong Kong. Tras las primeras manifestaciones, el gobierno suspendió la ley de extradición, aunque ahora el reclamo popular es por la renuncia

El enclave fue tomado por el imperio británico tras la guerra del opio en el siglo XIX pero luego de pacientes negociaciones con Beijing se firmó un acuerdo por el cual en 1997 el Reino Unido se retiró del gobierno. El tratado contempla la existencia de “un país dos sistemas”. En 2047 Hong Kong pasará definitivamente al control chino.

Sin embargo, sectores muy influyentes de ese territorio rechazan la incorporación a China. Para las autoridades de Beijing, muchos de esos grupos son sustentados por Estados Unidos. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Hua Chunying, pidió a Washington que deje de interferir en la crisis de Hong Kong. Una semana antes, el director de la Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao del Consejo de Estado, Zhang Xiaoming, se quejó de que luego de que la ordenanza fue dejada de lado, ahora las protestas tienen las características de una «revolución de color».

“La parte estadounidense ha hecho con frecuencia declaraciones irresponsables sobre los asuntos de Hong Kong, lo que ha confundido lo blanco con lo negro e incitado a problemas”, insistió Hua. “Hay políticos de peso y funcionarios diplomáticos de Estados Unidos que han interactuado con los alborotadores y acusado injustamente al gobierno central chino, están instigando la violencia y actos ilegales que ponen en riesgo la prosperidad y estabilidad de Hong Kong”, agregó.

Como consecuencia de las manifestaciones, la policía reprimió con dureza, lo que provocó el rechazo de distintos gobierno, incluido el de Donald Trump, que dijo que esperaba “que no hubiera muertos”.

La chilena Michelle Bachelet, titular de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh), por otro lado, instó a las autoridades a investigar «el uso desproporcionado de la fuerza» por parte de los agentes policiales en las protestas.

Tiempo Argentino, 13 de Agosto de 2019

Presidente por un voto en la ONU

Presidente por un voto en la ONU

El de Honduras fue uno de los nueve votos contra el rechazo de la mudanza de la embajada de EE UU a Jerusalén. Horas después, Washington reconoció el triunfo de Juan Hernández.

Si alguien esperaba que el gobierno de Estados Unidos apoyara el reclamo de la oposición hondureña y reconociera que hubo fraude para impedir el triunfo de Salvador Nasralla, no tuvo en cuenta que Donald Trump puede estar en contra de las políticas de Barack Obama en casi todo el mundo. Pero que en cuanto al «patio trasero», la Casa Blanca siempre los prefiere sumisos. Y Juan Orlando Hernández lo demostró el jueves cuando su representante en la ONU fue uno de los nueve que disciplinadamente levantó la mano contra la resolución que rechaza el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel. El otro país latinoamericano que acompañó ese escaso apoyo en la Asamblea general fue Guatemala, donde su presidente Jimmy Morales también depende del apoyo de Washington para sostenerse en el poder ante las denuncias de corrupción en las que aparece envuelto.

Tanto Hernández como Morales, por lo demás, mantienen excelentes relaciones con el gobierno derechista de Israel. Y Morales fue el primero en acompañar a principios de este mes la decisión de Trump. En el caso del cuestionado presidente hondureño, diversos medios de aquel país señalaron al general Jacob Levi y al oficial Jehad Leiner, de los servicios de inteligencia israelíes, como asesores en temas de seguridad del presidente. Que cuenta con el apoyo del lobby judío de Estados Unidos.

Los pasos que dio el candidato de la Alianza de Oposición, el presentador televisivo Salvador Nasralla, podrían indicar que estos datos tienen mucho asidero ya que durante esta semana viajó a Estados Unidos para presentar su caso, horas después de que el Tribunal Supremo Electoral (TSJ) declarara triunfador del comicio al actual presidente.

Primero, Nasralla se reunió con el secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, y luego con representantes del gobierno de Trump. Almagro, diplomáticamente, aceptó que pudo haber irregularidades en la elección que se hizo el 26 de noviembre y pidió nuevos comicios. Pero pateó la pelota para los primeros días de enero.

En el departamento de Estado le dijeron que tenía a todo el Poder Judicial hondureño para hacer las denuncias que creyera convenientes. Pero da la casualidad de que la Corte –la misma que se opuso de un modo tajante a que Manuel Zelaya planteara una reforma constitucional con la excusa de que no avalarían la reelección permanente– torció su criterio para aceptar un nuevo mandato de Hernández sin siquiera llamar a consulta.

Tras la votación en la ONU, Washington se apuró a reconocer como ganador a Hernández. Ya tenía la excusa de que era lo que había indicado el TSJ. Nasralla no esperó mucho más en el país del norte y anunció que dado que EE UU reconocía a JOH, no tenía mucho mas que hacer y que dejaba la Alianza para volver a la tevé, donde es estrella y entre otras cosas, condujo la versión local de Bailando por un sueño.

Ese fue un duro golpe para la coalición coordinada por Manuel Zelaya, que quedó como quien dice «pedaleando en el aire» ante la realidad de que su candidato, por el que salió a las calles a defender incluso con la vida de muchos hondureños el triunfo electoral, decidía abandonar. En cercanías del mandatario derrocado en 2009, prefieren no romper lanzas definitivamente y aseguran que volverán a manifestarse esta semana porque el reclamo sigue vigente. «Todo lo que pasó no cambia que hubo fraude y ganó la Alianza de Oposición contra la Dictadura», dicen. Y aseguran que si se lograra su objetivo y Nasralla no quisiera asumir el cargo, tienen a la vicepresidenta para ocupar ese lugar en representación de Libre, la agrupación creada por Zelaya. De hecho, Xiomara Castro es la esposa del expresidente. «

Tiempo Argentino Sábado 23 de Diciembre de 2017

 

Bob Kennedy ya les avisó que se venía una revolución

Bob Kennedy ya les avisó que se venía una revolución

“Una revolución está viniendo –una revolución que será pacífica si somos lo suficientemente sabios; compasiva, si nos preocupamos lo suficiente; exitosa si tenemos suerte– pero una revolución que está llegando, queramos o no. Podemos influir en su carácter pero no podemos alterar su inevitabilidad.» El 9 de mayo de 1966, el entonces senador Robert F. Kennedy explicaba así ante la Cámara Alta estadounidense las reflexiones de su gira por el «patio trasero» latinoamericano. La frase fue rescatada en estos días por Information Clearing House (http://www.informationclearinghouse.info/), un sitio no partidario con información «que no publica la CNN«, como se jactan.

La Asamblea General de la ONU eligió ayer a cinco nuevos miembros rotativos para el Consejo de Seguridad. Si hay un dato de relevancia para la región es que Venezuela logró 181 votos para ocupar un lugar en la primera votación, entre las 193 naciones que participan del organismo. A España, otro país que aspiraba a un lugar, le costó un poco más y necesitó de tres rondas para imponerse sobre Turquía.

Como se sabe, las plazas permanentes están en manos de las cinco naciones que se declararon ganadoras de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, Rusia –como continuadora de la Unión Soviética–- China, Gran Bretaña y Francia. Otras diez bancas se reparten entre el resto de los países, cada una por un período de dos años y en representación de las diferentes regiones. La renovación de esos sitiales es de a mitad por año, de manera que los cinco nuevos miembros deberán compartir parte de su mandato con Chad, Chile, Jordania, Lituania y Nigeria. Argentina cede su lugar a la Venezuela de Nicolás Maduro, el sucesor del líder bolivariano Hugo Chávez.

Los analistas coinciden en que entre los principales desafíos que deberá enfrentar el nuevo Consejo de Seguridad figuran los conflictos en África, Medio Oriente y Ucrania. A los que se agrega la crisis económica y últimamente la falta de respuestas globales a la epidemia de ébola, que parece haberse convertido en un grave problema en la medida en que se extendió del África pobre hacia España y Estados Unidos.

La postulación de Venezuela, como era de esperarse, había despertado críticas de la derecha internacional. La congresista estadounidense Ileana Ros-Lehtinen, una anticrastrista visceral, había alertado a sus pares que la nominación del país sudamericano «tendrá serias consecuencias para la seguridad global y los intereses de Estados Unidos». La representante republicana por Florida, argumentó que ahora Venezuela se convertirá en «un golpe de propaganda para Maduro y sus titiriteros, el régimen Castro». Por supuesto que Ros-Lehtinen, cubano-estadounidense, no estuvo sola en esta virulenta crítica.

Uno de quienes la acompañó fue el venezolano Diego Arria, quien fuera embajador ante las Naciones Unidas y candidato presidencial por la derecha en Venezuela. Arria se quejó de que «un régimen como el venezolano, que tiene un record olímpico de violaciones a los derechos humanos, que se ha opuesto a todas las resoluciones de la Asamblea General que tienen que ver con la paz, que es algo muy serio, tenga ahora el compromiso de naciones de Latinoamérica y el Caribe de apoyarlo, pagándole de cierta manera la ayuda que reciben».

Si es por desoír las decisiones de la ONU, en lo que afecta a Argentina es evidente la sordera de Gran Bretaña para sentarse a discutir la soberanía de Malvinas. Estados Unidos es campeón en este rubro y sin dudas el más flagrante de los «olvidos» es el fin del bloqueo a Cuba, un pedido refrendado cada año por una aplastante mayoría de estados miembros del organismo –los rechazos se cuentan con los dedos de una mano- y que incluso va alcanzando consenso dentro de los mismos EE UU.

Precisamente el The New York Times publicó una encendido alegato por el levantamiento del embargo a la nación caribeña. Fue quizás el más grande argumento desde que fue instaurado el castigo a la revolución cubana, en 1961. Sobre todo porque proviene de uno de los medios más influyentes en la dirigencia política estadounidense.

Claro que el NYT no podía aparecer apoyando al gobierno de La Habana. Y si bien sostiene que “en conjunto estos cambios demuestran que Cuba se está preparando para una era post-embargo”, dice que el “régimen” sigue “acosando disidentes” y critica que “el proceso de reformas ha sido lento y ha habido reveses”. De todas maneras el periódico le da ideas a Barack Obama, al recordarle que la Casa Blanca no necesita respaldo del Congreso para reanudar las relaciones diplomáticas. A su vez, le avisa que “un acercamiento a Cuba ayudaría a mejorar las relaciones de EE.UU. con varios países de América Latina y a impulsar iniciativas regionales que han sufrido como consecuencia del antagonismo entre Washington y La Habana”.

El tono sinuoso del editorial despertó críticas en el propio Fidel Castro, quien definió a la movida como un intento de obtener «el mayor beneficio para la política» interna de Estados Unidos, sumido en una realidad grave y en medio de una “compleja situación, cuando los problemas políticos, económicos, financieros y comerciales se acrecientan”.

Más allá del artículo del líder de la revolución cubana en el Granma, el NYT se hace eco de un clamor que va creciendo fronteras adentro. Es que los descendientes de los primeros “gusanos” no conservan el mismo odio al gobierno surgido en 1959 tras el triunfo de la guerrilla. Y además, la crisis económica en muchos sectores estadounidenses hace ver las ventajas que ganarían en poder comerciar con la isla.

Por otro lado, desde el punto de vista ideológico no hay defensa posible del embargo. Salvo que el orgullo nacional del principal imperio de la tierra todavía se considere herido por la afrenta de aquellos barbudos entre los cuales fulguraba el argentino Ernesto Che Guevara. A esto apunta el reverendo Jesse Jackson, alguna vez precandidato demócrata a la presidencia, quien llamó a terminar con el bloqueo desde las páginas del Chicago Sun-Times. «La oposición implacable del gobierno de Estados Unidos a la presencia de Cuba en las reuniones hemisféricas, ha ofendido prácticamente a todos nuestros vecinos», dijo.

«El embargo contra Cuba se ha mantenido en gran medida por dos razones. En primer lugar, (Fidel) Castro avergonzó a la CIA y los guerreros fríos, frustrando sus intentos de invadir la isla, desestabilizar el régimen y asesinarlo», finalizó el religioso.

Documentos desclasificados del gobierno demuestran que el propio Robert Bob Kennedy había promovido el levantamiento de la prohibición de viajar a Cuba cuando era procurador de Justicia, en diciembre de 1963, poco después del asesinato de su hermano John. RFK consideraba entonces que la medida aprobada durante la administración de JFK no resultaba coherente «con nuestros criterios de sociedad libre y contrastaría con cosas tales como el Muro de Berlín y los controles comunistas a esos viajes».

Otros documentos desclasificados que salieron a la luz estos días hablan de la intervención de la CIA en el asesinato del Che en Bolivia, el 8 de octubre de 1967, cuatro años después del pedido de RFK al Secretario de Estado, un año después del informe al congreso sobre su viaje a América Latina y uno antes de que fuera asesinado a tiros tras haber ganado la nominación como candidato a presidente por los demócratas. Toda una parábola.

Esa revolución que los Kennedy querían sofrenar o conducir mediante la Alianza para el Progreso, siguió su marcha en Cuba y se fue extendiendo al resto del continente de diversas maneras y en distintos grados. El Chile de Salvador Allende fue uno de los casos más emblemáticos. Los golpes de los ’70 y los genocidios cometidos por las dictaduras militares fueron la respuesta que llegó desde Washington.

El ALCA, la nueva Alianza para el Progreso, fue enterrada en Mar del Plata en 2005. Para entonces, Evo Morales se disponía a ocupar la presidencia de Bolivia, Chávez estaba en todo su esplendor, Néstor Kirchner comenzaba a mostrar sus cartas regionales y Lula da Silva ponía en marcha sus primeros planes sociales.

El domingo pasado, el ex líder cocalero ganó por tercera vez una elección presidencial. Con una mayoría que le suma dos tercios del parlamento tras ocho años de gestión. De pronto, el indígena que aprendió a hablar castellano en una escuela argentina cuando su padre venía a hacer la zafra, que para algunos no sería capaz de gobernar un país complejo como Bolivia, es visto por los capitales internacionales como rubio y alto –incluso en nada revolucionario semanario británico The Economist escribió artículos laudatorios sobre su figura– y batirá un récord en el tradicionalmente combustible asiento presidencial boliviano.

Ya lo había avisado Bob Kennedy. Se venía una revolución en América Latina. Con sus diferencias y algunos retrocesos, pero ya sin la “ayuda” estadounidense. Un dato a tener en cuenta.

Tiempo Argentino

Octubre 17 de 2014

Ilustró: Sócrates

Irak, territorio peligroso

El 20 de marzo de 2003 una coalición formada a las apuradas por el entonces presidente George W. Bush cumplía el sueño que había desvelado a su progenitor: invadir Irak. El argumento para la avanzada contra el líder Saddam Hussein era «desarmar a Irak de armas de destrucción masiva, poner fin al apoyo brindado por Hussein al terrorismo y lograr la “libertad” del pueblo iraquí», razones expuestas en una asamblea de la ONU donde se buscó el apoyo internacional a la intervención por el secretario de Estado, Colin Powell, el general de cuatro estrellas que en 1991 había dirigido la Operación Tormenta del Desierto, el primer intento estadounidense de apropiarse de las reservas petrolíferas del país, en 1991.
George W. encontró la excusa –para convencer a un puñado de gobiernos amigos y neutralizar las quejas de los ciudadanos bienpensantes– en la paranoia desatada por los ataques del 11 de setiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York. Irak aparecía en este contexto como un capítulo necesario en la batalla contra «el eje del mal». El primero había sido Afganistán, año y medio antes. La alianza invasora, que logró anuencia en la ONU, fue secundada por un exultante Tony Blair, a la sazón primer ministro británico y un no menos entusiasmado José María Aznar, presidente del gobierno español y furibundo representante del ala más neoliberal dentro de la dirigencia europea, a la vez que impulsor de ese ideario en el resto del planeta. La historia viene a cuento en estos días en que el clima prebélico se enseñorea en Ucrania y las campañas destituyentes buscan un objetivo similar en Venezuela. No es casual que el dúo Aznar-Bush haya también protagonizado el golpe contra Hugo Chávez en abril de 2002 y fueran los únicos en reconocer al efímero gobierno surgido de esa intentona. Irak, en tanto, se convirtió para Estados Unidos en la representación de un fracaso que atormenta a la dirigencia política, que ahora no encuentra la forma de justificar otra invasión ante el temor de que las cosas se le vayan de madre, como ocurrió en esas últimas incursiones armadas. Esto se hizo evidente en la respuesta del presidente Barack Obama ante el parate al que lo obligó el ruso Vladimir Putin el año pasado sobre una posible intervención en Siria; una debilidad que ya había mostrado en la secundaria participación que Washington tuvo en el derrocamiento de Muammar Khadafi en 2011.
Para España, Irak también es una piedra en el zapato, aunque, por otro lado, ofrece oportunidades de negocios que, en el marco de la colosal crisis económica de la península, son unas de las pocas salidas para algunas de sus empresas golpeadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008.

Periodistas go home
Grupos de periodistas de todo el mundo se habían afincado en Bagdad a poco de la invasión para cubrir en vivo y en directo el acontecimiento, pero Estados Unidos había aprendido del fracaso de Vietnam, y el Pentágono no tenía entre sus planes dejar que los periodistas estuvieran metiendo las narices en donde podían resultar molestos. Porque una cosa es la «libertad de prensa» como estrategia de marketing político y otra es revelar los bárbaros procedimientos usuales en toda guerra que escandalizarían a cualquier ciudadano que se precie de civilizado.
El 8 de abril de 2003, un carro de combate se acercó peligrosamente al Hotel Palestine, de Bagdad, que alojaba a numerosos periodistas de todo el mundo. Según el informe oficial, una compañía del comando de la 3ª División de Infantería del Ejército estadounidense repelía un ataque desde la otra orilla del río Tigris, justo en la misma línea del hotel. Un tanque M1 Abrams disparó su cañón, que impactó directamente en el edificio. Hubo tres bajas por demás elocuentes hoy día: un periodista ucraniano, Taras Protsyuk; un jordano, Tarek Ayub; y un español, el camarógrafo José Couso Permuy.
Después saldrían a la luz algunos datos impactantes. El primero y más perturbador, que no había armas de destrucción masiva en Irak. Luego, que el ataque al hotel fue una provocación que dio resultados: no hubo muchos periodistas más hurgando entre las tropas invasoras. Finalmente, que Couso era un trabajador que estaba en Irak con un contrato basura del canal Telecinco. Y finalmente –a través de una filtración de WikiLeaks–, que el embajador de Estados Unidos en España, el cubano anticastrista Eduardo Aguirre, presionó al gobierno para que parara toda investigación. Sin embargo, la causa terminó en manos de un juez, Santiago Pedraz, quien desafió el «orden establecido» y ya en 2007 procesó a los tres tanquistas –el sargento Thomas Gibson, el capitán Philip Woldrford y el teniente coronel Philip de Camp– por un delito contra la comunidad internacional. Tres años más tarde ordenó la detención de los militares acusados de crímenes de guerra, por lo tanto imprescriptibles. Ese exhorto fue dictado bajo la jurisdicción universal para combatir delitos contra la humanidad; una legislación que le había permitido al juez Baltasar Garzón perseguir crímenes cometidos por las dictaduras de Argentina y Chile.

No obstante, ocurre que esta España que votó al Partido Popular de Aznar y depositó en el gobierno a Mariano Rajoy, decidió que no quiere más problemas con aliados poderosos por hacer justicia donde quiera que se hubiesen cometido tropelías contra el género humano. Así, este 15 de marzo entró en vigor una ley que limita la aplicación de la justicia universal, motivada por la respuesta del gobierno chino contra un magistrado que aceptó la denuncia de un ciudadano de Tíbet contra ex mandatarios de China a los que imputa de genocidio. El único juez que desafió, hasta ahora, ese verdadero aval a la impunidad, es precisamente Pedraz, que sigue sin aceptar que el caso Couso se pierda en el olvido.

El infierno de cada día
En diciembre de 2011, el presidente Obama cumplió a su manera con una de sus promesas electorales y evacuó a los últimos soldados estadounidenses que quedaban en Irak, aunque dejó contingentes de «contratistas» privados que abultan el plantel de la embajada en Bagdad hasta una cifra que ronda los 18.000. Así como Vietnam fue un baldón en la historia bélica de Estados Unidos para las generaciones anteriores, Irak es una afrenta para la sociedad actual. Obama llegó al gobierno montado en la irritación que aún hoy provoca esa incursión que, además, fue hecha sobre una mentira.
Según el sitio www.costofwar.com, en la aventura iraquí murieron 4.801 soldados regulares de Estados Unidos y 1.455.590 nativos del país asiático, mientras que la cifra de desplazados por la violencia trepa hasta los 2 millones en un país de 33 millones de habitantes.
La incursión estadounidense profundizó las diferencias en un territorio pergeñado por el imperio británico en torno a tres comunidades poco propensas a formar una unidad: una mayoría musulmana chiíta (60%), una minoría sunnita (20%) y una región que corresponde a parte de la mayor nación sin territorio propio del mundo, los kurdos. Saddam era sunnita y durante su mandato ese sector tenía una influencia decisiva. Los estrategas de Washington buscaron una salida «democrática», haciendo aprobar una Constitución y armando elecciones para conformar un gobierno parlamentarista, con un primer ministro y un presidente como símbolo de la unidad, a la manera de un rey europeo. Hoy, ese cargo lo ocupa el kurdo Yalal Talabani. Los sunnitas nunca aceptaron ir a las urnas y protestan por ser discriminados, además de que el antiguo partido oficialista, el Baath, tiene prohibido ocupar cargos públicos.
Desde entonces se mantiene una guerra civil larvada, con atentados casi cotidianos que dejan un tendal de víctimas, que las autoridades atribuyen a sunnitas y que los medios internacionales ya casi ni registran. Según cálculos de la ONU, 8.868 personas murieron en 2013, víctimas de este tipo de ataques, de las que 7.818 eran civiles, en lo que constituye la mayor cifra de víctimas en cinco años, y sólo este año unas 140.000 personas tuvieron que dejar sus casas en la provincia de Al Anbar, acosados por la violencia.
La ONU también alerta sobre la vecina Siria, donde fuerzas rebeldes apoyadas por Occidente intentan derrocar al gobierno «baathista» de Bashar al Assad a un costo en vidas humanas que supera en tres años los 144.000 . Una comisión de ese organismo computó cientos de grupos extremistas en Siria; entre ellos, el Estado Islámico de Irak y del Levante (EIIL), acusado de cometer las mayores atrocidades.
Dentro de Irak las cosas no son mejores, y miembros de una de la agencias de seguridad que ofrecen mercenarios –la ex Blackwater, actual Adcademi– fueron acusados de utilizar a niños para saciar las apetencias sexuales de sus «contratistas». Por estas semanas se debatía la «ley Jaafari», que retrotrae los derechos de la mujer y permite que un hombre pueda tener de esposa a niñas de hasta 9 años. En Estados Unidos, mientras tanto, el gobierno federal dio su aval a un estudio de la Universidad de Arizona sobre el uso de la marihuana para tratar el trastorno de estrés postraumático en ex combatientes. La Administración de Asuntos de Veteranos de Guerra estima que sufre ese mal entre un 10% y un 20% de los soldados que vuelven de Irak y Afganistán.
Pero aparte del petróleo que fluye a raudales desde sus entrañas, Irak es una fuente de oportunidades única. «El país ha salido de una guerra civil salvaje y necesita importarlo todo», señalaron hace no mucho empresarios españoles, emocionados con la posibilidad de reconstruir todo lo que la guerra viene destruyendo desde hace casi 11 años. Un programa de inversiones de aquí a 2017, aprobado por el gobierno del primer ministro Nuri al Maliki, proyecta destinar más de 356.000 millones de dólares para rubros como la construcción, los servicios, la agricultura, la educación, el transporte y la energía. Ninguno de los viejos aliados se quiere perder el negocio.

Piratas petroleros en Libia
Desde el asesinato de Muammar Khadafi, en octubre de 2011, Libia es una tierra en llamas. Al igual que Irak, el país africano era un mosaico que sólo el liderazgo del líder podía mantener unido. Por supuesto que entre los objetivos de la coalición europeo-estadounidense no estaba mantener la paz ni la unidad territorial. Por eso, desde hace tres años, Libia es un polvorín, lo que se pudo percibir en setiembre de 2012, cuando el embajador de Estados Unidos, Christopher Stevens, moría en un ataque en Benghazi, la capital de Cirenaica. La región, rica en petróleo, había sido clave para desestabilizar a Khadafi y ahora busca independizarse para no tener que compartir sus ingresos con el resto del territorio. El 10 de marzo último, el Parlamento de Libia –un órgano legislativo provisional, como lo es aún todo el gobierno de ese país– destituyó al primer ministro, Ali Zeidán, y designó en su lugar al titular de Defensa, Abdullaa Al Zani. Las razones muestran en profundidad el estado de la nación.
Unos días antes, un buque cisterna, el Morning Glory, partía del puerto de Sirte cargado de petróleo que no había sido declarado al gobierno central. El premier acusó a secesionistas de Cirenaica de pretender burlar el control del estado central y también al gobierno de Corea del Norte de apoyar a los «rebeldes» a los que ahora vincula con el «antiguo régimen». Pero el resto de los parlamentarios lo acusó a él de no tener capacidad de liderazgo para mantener la unidad del país. Esperan que su sucesor pueda hacerlo a punta de pistola, sólo que los rebeldes también tienen armas y entre sus planes no figura entregarlas. Comandos de la Marina de Guerra estadounidense tomaron el control del petrolero una semana más tarde. Norcorea negó que ese buque estuviera bajo su bandera, como se dijo al principio y, por lo que declararon los captores, la nave circulaba «sin nacionalidad conocida». Todavía nadie dijo para qué empresa era la carga, que en realidad es lo que importaría.

Revista Acción, 31 de Marzo de 2014