«Nuestro país vive una situación difícil y sin embargo creyeron que éramos la herramienta para empezar a construir una nueva etapa en la historia argentina», expresó Sergio Massa y prometió no fallarle a los millones de argentinos y argentinas que lo eligieron. El ministro de Economía y candidato convocó a apoyarlo en segunda vuelta a quienes votaron en blanco, no votaron, lo hicieron por la izquierda y a los radicales de Juntos por el Cambio y manifestó que haría el mayor esfuerzo para ganarse su confianza. Asimismo, reiteró su llamado a un Gobierno de unidad nacional. Resulta evidente que el escenario para noviembre está abierto y ambos candidatos deben ampliar su base de sustentación para ganar la presidencia. Un poco después de las 21:15 cuando el secretario de la Presidencia, Julio Vitobello, anunció los primeros datos oficiales sobre el resultado de la primera vuelta presidencial, comenzaron a tejerse escenarios de cara al 19 de noviembre. Fue una sorpresa que se adelantara tres cuartos de hora la información que se había prometido para las 22. Sin embargo, esa no sería la única sorpresa: un Sergio Tomás Massa en primer lugar (36,29%) y con una diferencia de seis puntos sobre Javier Milei (30,19%), con el agregado de que Patricia Bullrich quedó bastante más lejos (23,82%), no estaba en los cálculos de La Libertad Avanza (LLA) ni en los de Juntos por el Cambio (JxC) y hasta era una suerte de aspiración quimérica para Unión por la Patria (UxP) en el marco de una situación económica difícil y de recientes casos de supuesta corrupción de dirigentes oficialistas que salieron a la luz pública. Además del triunfo de Massa –finalmente de 36,68% sobre el 29,98% de Milei– que pasa al balotaje con un guarismo a su favor interesante aunque no definitivo, el oficialismo celebró que Axel Kicillof retuvo la provincia de Buenos Aires con casi 20 puntos sobre el aspirante de JxC, Néstor Grindetti, y la candidata de LLA, Carolina Píparo (44,88% contra 26,62 % y 24,59% respectivamente). Desde temprano voceros de los partidos y los canales más identificados en contra del ministro de Economía venían mostrando sorpresa por los resultados que se traslucían desde los datos de telegramas que los fiscales enviaban a cada espacio. Y quizás el primero que mostró las cartas fue Guillermo Francos, la figura que Milei había anunciado como su ministro del Interior en caso de llegar al Gobierno, quien dijo que la elección había sido muy pareja. O sea, que la perspectiva de representantes de LLA sobre un eventual triunfo en primera vuelta no se verificaban. «El proceso electoral se ha desarrollado con normalidad», adelantó Francos, cuando desde LLA se había deslizado inicialmente que ya habían denunciado más de 4.000 casos de presuntos fraudes. Luego, con los cómputos ya en firme, el propio Francos salió al escenario del búnker en el hotel Libertador para reconocer que estaban en la segunda vuelta de acuerdo con la información que emitía la Cámara Nacional Electoral. Las caras de derrota entre los militantes libertarios eran evidentes. Luego de semanas de una euforia que les hizo pensar en un mayor crecimiento por eso de que muchos opositores apostarían por el «voto útil» contra el peronismo, quizás les hizo perder la perspectiva. Podría decirse que se apuraron a comer la cena antes que el almuerzo y los traspiés de algunos de sus personajes de mayor visibilidad mostraron un cariz intolerante y peligroso para la convivencia. Y eso, podría decirse que se pagó caro. Le costó a Milei disimular en su rostro la decepción por no haber alcanzado el triunfo amplio que vaticinaba. Volvió a plantear el siglo XIX como su ideal de país y tendió puentes hacia JxC, destacando los triunfos de Macri y Frigerio. Hizo suyo el discurso de Bullrich: «No podemos permitir que el kichnerismo nos siga arruinando la vida», dijo. Ya no habló de la casta, se limitó a un sector de la política.
Caras largas y titubeos Pero también en JxC hubo resbalones que tuvieron su impacto en las urnas y se reflejó en las caras largas en los pasillos del búnker de Parque Norte. Pocos minutos después de Francos salió a hablar el candidato a jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, el único que podía por entonces mostrar un triunfo dentro del PRO. Las palabras del exintendente de Vicente López se colaron entre las voces de los partidarios que cantaban «kirchnerismo nunca más». Luego de algunos titubeos sobre la oportunidad de hablar, Patricia Bullrich enfrentó las cámaras para lamentar no haber podido alcanzar «los objetivos que queríamos para nuestra Argentina». En lo que parecía una toma de posición ante la ronda del 19 de noviembre, acusó al «populismo» de haber empobrecido al país, dijo que ratifica los «valores de nuestra causa» y se comprometió a «representar los valores de los que hoy nos votaron». Mientras tanto, la cúpula partidaria del PRO –Mauricio Macri, Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta– se reunía en otro salón para analizar un resultado que se interpreta como un golpe quizás definitivo contra el partido que el expresidente supo armar en 2007. Por otro lado, la gran incógnita será cómo va a jugar el expresidente, que se mostró mucho más cercano a Milei de lo que sus propios adláteres le toleraban. La irritación de los radicales, vilipendiados por el líder de LLA, podría ser una fuente a la que indudablemente Massa recurrirá para llegar a la Casa Rosada con la banda presidencial. Kicillof, en tanto, también salió al estrado para decir que si bien hay problemas tanto en la provincia como en el país, «los problemas se resuelven con más Estado y no con menos» y abundó: «Los problemas se afrontan con más solidaridad y no con egoísmo (…) tendiéndole la mano al que lo necesita» y completó: «Siempre fuimos un pueblo solidario, y la provincia sigue creyendo en más Estado, más solidaridad y más Patria». En la provincia de Entre Ríos, mientras tanto, la disputa entre el candidato de JxC, Rogelio Frigerio, y el de UxP, Adan Bahl, era voto a voto, se imponía el exministro del Interior de Macri por 41,7% a 39,2%. Mientras que en Catamarca, el gobernador Raúl Jalil ganó con comodidad.
Que un candidato que podría ser consagrado presidente por el voto ciudadano diga que la moneda de su nación es menos que excremento resultaría insólito o hasta un delito en cualquier parte del mundo. Pero no sorprende en un lugar donde, desde hace años, afamados conductores televisivos baten el parche diciendo que este es un país de m… Tampoco sorprende que una de las propuestas electorales de Javier Milei que más oleaje levanta sea la de dolarizar la economía y dinamitar el Banco Central para que «los políticos no puedan seguir imprimiendo billetes». Coherente con esta actitud, el líder de La Libertad Avanza anunció que al frente de esa institución nombrará como sepulturero a Emilio Ocampo, un economista que luce con orgullo su prosapia de descendiente de Carlos María de Alvear, aquel compañero de logia de José de San Martín en los primeros años de la Revolución de Mayo que desarrolló otra iniciativa para salir de una crisis reñida con la soberanía nacional: solicitar el protectorado británico para las nacientes Provincias Unidas.
Identidad y animalitos La moneda representa, además de las cuestiones económicas, la identidad y la historia de cada país. En Argentina, el peso o el efímero austral lucían los rostros de personajes con significación para cada momento de su historia. San Martín y Belgrano siempre estuvieron en el podio de esa lista, pero no faltaron los Pellegrini, Mitre, Roca o Rosas, una osadía esta última para el pensamiento oficial posterior a la batalla de Caseros. Durante el gobierno de Mauricio Macri los próceres fueron reemplazados por animales autóctonos. «Nuestro país es mucho más que hombres y mujeres. Tenemos la responsabilidad de cuidar nuestro medio ambiente (…) celebrar la vida, reivindicar el federalismo y reemplazar solemnidad por alegría», dijo en octubre de 2016 el entonces presidente del BCRA, Federico Sturzenegger. También se dijo que esa era una forma de eliminar debates sobre los personajes que aparecían retratados. Los simpáticos animalitos eran el modo McDonald’s de terminar con «la grieta». En la gestión del presidente Alberto Fernández se volvieron a imprimir billetes con personalidades a destacar en todos los ámbitos. A los clásicos San Martín y Belgrano se les sumaron Juana Azurduy, Martín Miguel de Güemes, Remedios del Valle. Bastante espuma se levantó, casi al fin de la pandemia, con los que muestran a la primera médica recibida en el país, Cecilia Grierson, y al padre de la salud pública nacional, Ramón Carrillo. Parecida a la que en su momento despertó la serie de 100 pesos con la imagen de Eva Perón en 2012, durante el gobierno de Cristina Fernández: hubo gente que no los quería recibir por desprecio a la figura que aparecía en el anverso y otros que los atesoraban como amuleto. No es ocioso mencionar que los billetes de euro que utilizan 20 de los países de la Unión Europea son comunes y tienen imágenes arquitectónicas alusivas a la unidad continental, pero las monedas metálicas tienen de un lado un diseño distinto a elección de cada país. En España figuraba el rostro del rey Juan Carlos en las de 1 euro hasta que el monarca cayó en desgracia –por asuntos monetarios de otra índole, vale aclarar– y fueron cambiadas en 2015 por el de su sucesor, Felipe VI. En el Vaticano la imagen de Francisco sustituyó a Benedicto XIV, como venia siendo de rigor desde la aparición del euro, en este siglo. Pero el mismo Jorge Bergoglio decidió correrse de esa distinción para reemplazarla por el escudo de su pontificado.
Mejor los de afuera Lo de Ocampo termina de cerrar esa parábola que se esparce desde La Libertad Avanza. Si bien se lo consideraba en cierto modo el «padre» de la idea, ya que había publicado un libro junto con Nicolás Cachanosky (Dolarización: Una solución para la Argentina), no fue sino hasta que Milei lo anunció como su hombre de la motosierra en el Banco Central que su historial apareció en los medios masivos. En su CV, Ocampo –emparentado con las escritoras Victoria y Silvina Ocampo– se presenta como máster en Administración de Empresas por la Universidad de Chicago, licenciado en Economía por la UBA y con experiencia laboral en Chase Manhattan, Citigroup y Morgan Stanley en Nueva York y Londres. Representó a Solomon Brothers en la intermediación de la venta de las acciones de YPF en manos del Estado en 1998, entre otras actividades.
Banco Central. El organismo que pretende eliminar La Libertad Avanza si llega al Gobierno.
Foto: Jorge Aloy
Provocativo, Ocampo se dio tiempo luego de su nominación para tirarle un poco de lodo a San Martín. «¿Cuál es el mito? El del Libertador de América y el Padre de la Patria. Tiene connotaciones muy importantes. Si uno es el Libertador de América, ya, de por sí, mira a los demás países desde otro escalón. Alimenta un poco más la idea de excepcionalidad y superioridad, algo que, a los argentinos, se les critica desde tiempo inmemorial», adujo, y agregó, para escándalo del diario La Nación, que ese mito fue una creación ficticia de Mitre. «Tengo parentesco no directo con Pueyrredón. Tengo parentesco directo con Rosas. Soy descendiente directo de Manuel Aguirre (…) del general Benito Nazar, que peleó en la batalla de Ituzaingó bajo las órdenes de Alvear», abunda Ocampo, según refleja el centenario periódico fundado por Mitre. Que Alvear «haya sido o no un traidor, no me cambia», culmina el también autor de La independencia argentina. De la fábula a la Historia y Alvear en la guerra con el imperio del Brasil. En una carta del 25 enero de 1815 dirigida al embajador británico en Río de Janeiro, Lord Strangford, y al secretario de Relaciones Exteriores Vizconde de Castlereagh, el entonces Director Supremo Alvear escribe: «Cinco años de repetidas experiencias han hecho ver de un modo indudable a todos los hombres de juicio y opinión, que este país no está en edad ni estado de gobernarse por sí mismo, y que necesita una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden antes que se precipite en los horrores de la anarquía». Era, aquel, un país de m… para esa parte de la dirigencia, y al decir de tanto alborotador actual, lo sigue siendo. Por eso más que ídolos de procerato discutible o miembros de la fauna autóctona, afirman, sin pudores, que es la hora de que circulen billetes con la cara –grande o chica, ya habrá de verse– de Benjamin Franklin. Lo de dejar que los habitantes de Malvinas decidan sobre la soberanía de las islas, como deslizó Diana Mondino, eventual canciller de un posible Gobierno de Milei, no es más que otra consecuencia de esta forma de resolver los problemas argentinos. Lo mismo que haber traído nuevamente al FMI al país para tutelar la economía nacional.
La idea de convocar a un Gobierno de unidad nacional no es nueva en el candidato del oficialismo, Sergio Massa. Ni siquiera es nueva en ese espacio: la vicepresidenta Cristina Fernández viene insistiendo en que la única forma de poner fin al bimonetarismo y diseñar un proyecto de país sólido es mediante fuertes consensos entre las fuerzas políticas. Pero el ministro de Economía viene delineando ese concepto desde que se puso el traje de competidor en la interna de Unión por la Patria y lo repitió luego de las PASO, cuando quedó claro que la UCR tiene más espalda de la que ellos mismos pensaban y que en la capital argentina los votantes de Martín Lousteau quedaron muy cerca de haber desbancado al representante del PRO, Jorge Macri. La coalición de la UCR y el partido del expresidente Mauricio Macri fue útil para derrotar a Daniel Scioli en 2015, pero nunca dejó de ser agua y aceite. Y el triunfo en la primaria de Patricia Bullrich desnuda algunas de esas contradicciones, en un escenario en el que el rival por derecha, Javier Milei, desafía varios de los pilares sobre los que se construyó el partido fundado por Leandro Alem. Hubo tiempos en que no resultaba extraño escuchar en charlas de café que los problemas del país se podían arreglar muy fácil: «Basta con que los políticos se pongan de acuerdo para salir adelante». La frase podía sonar a inocente o incluso «a-ideológica», pero encerraba el imaginario de un ciudadano común que solo aspiraba a que la dirigencia le facilitara la vida mientras él o ella cumplían su parte con la sociedad. Era la esperanza con la que los argentinos vivieron el retorno de la democracia, hace justo 40 años, pero la realidad mostró que esa virtud no es tan fácil de conseguir. Y no es que a nadie se le haya ocurrido, ni siquiera se trata de que no se hayan registrado algunas coincidencias básicas desde 1983. El «Nunca más» era seguramente la más sólida. Otra fue la respuesta de la oposición peronista durante el Gobierno de Raúl Alfonsín ante el levantamiento de los militares «carapintadas» de Semana Santa de 1987. El «Usted es el comandante en la batalla, somos uno solo en esta pandemia» del radical Mario Negri al presidente Alberto Fernández de marzo de 2020 es quizás el más reciente ejemplo de unidad nacional. Aunque duró poco. Hubo otro, espontáneo y por lo tanto mucho más revelador, durante el mundial de fútbol de Qatar, que culminó con 5 millones de personas en las calles celebrando alegre y pacíficamente el triunfo del seleccionado argentino. Pero pronto «diferencias insalvables» volvieron a enturbiar las relaciones.
Un poco de historiaEn momentos críticos de la historia nacional hubo dirigentes que trataron de tender puentes para «salir adelante». Se podría ir hasta el principio de la Argentina como país, pero para no hurgar tan lejos, la ley electoral que permitió la llegada del primer Gobierno radical a la Casa Rosada, entre el que luego sería presidente, Hipólito Yrigoyen, y Roque Sáenz Peña, en 1912, podría inscribirse en esta somera lista desde el siglo XX. Otro radical, Ricardo Balbín, llegó a negociar una fórmula presidencial con Juan Domingo Perón en 1972, según confirma quien fuera secretario del PJ, Juan Manuel Abal Medina, en un reciente libro de memorias. En épocas más recientes, el Pacto de Olivos entre Alfonsín y el entonces presidente Carlos Menem, que llevó a la reforma constitucional de 1994, fue otro momento de coincidencias. Varios testigos de aquellas discusiones, que se llevaron a cabo fuera de los focos, mostraron las dificultades y las amenazas que se cernían sobre el sistema democrático. Algunos años antes esos dirigentes habían tenido que acordar la entrega adelantada del poder en medio de la hiperinflación. El mismo Alfonsín sería clave para otro pacto con un sector de la oposición peronista que lideraba Eduardo Duhalde, en 2001, cuando el país estallaba por los aires durante el gobierno de Fernando de la Rúa. De ese compromiso participó también la Iglesia Católica, entonces comandada por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio. Hay que decir que De la Rúa había llegado al Gobierno con la Alianza, que integraban movimientos de centroizquierda en los que había peronistas disidentes del menemismo, militantes del socialismo y el comunismo e independientes que en la interna habían apoyado a su vice, Carlos «Chacho» Álvarez. Los emergentes de esos incendios fueron primero Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández. El radicalismo había quedado malherido y parecía en vías de extinción, y Néstor Kirchner sabía que para consolidar su proyecto tenía que ampliar su espacio político: había llegado con apenas el 22% de los votos y enfrente tenía al propio Menem, que había obtenido el 24%. Si no hubo balotaje fue porque el expresidente sabía que detrás de Kirchner iría todo el rechazo a su figura, que era mucho. Pero esa contradicción permanecía dentro del PJ.
Transversalidad
Así se explica la fórmula del Frente para la Victoria de 2007, con Cristina Fernández y el que había sido gobernador mendocino por la UCR, Julio Cobos. Esa coalición, dentro de una estrategia llamada «transversalidad», terminó abruptamente en julio de 2008 cuando el vicepresidente votó contra la resolución 125, de retenciones móviles a productos agropecuarios. Vale recordar que el primer Gabinete de Fernández estaba conformado por Lousteau en la cartera de Economía, Graciela Ocaña en Salud y Florencio Randazzo en Interior.En 2015, el que era jefe de Gobierno de CABA, Mauricio Macri, también tentó al radicalismo en una coalición, que tenía como objetivo derrotar al kirchnerismo. Pero había otras opciones y en la Convención de la ciudad entrerriana de Gualeguaychú, la UCR tuvo que decidir entre una alianza con Sergio Massa, que había fundado el Frente Renovador tras distanciarse de Cristina Fernández, o con el alcalde porteño. Esa vez se acordó apoyar al ganador de una interna entre Macri y el mendocino Ernesto Sanz. Consecuencia: Macri derrotó en segunda vuelta a Scioli, pero una vez en la Casa Rosada no dejó conformes a los radicales, que siempre se sintieron excluidos de las grandes discusiones. Los argentinos se enfrentan ahora con situaciones críticas que hacen creer que la historia en estos lares tiene recurrencias dramáticas insalvables. Quizás esas recurrencias sean la mejor explicación al fenómeno Milei, con lo que tiene de retrógrado y amenazante para la convivencia democrática. Como Cristina Fernández y Sergio Massa, muchos dirigentes entienden que de este laberinto solo se puede salir con grandes coincidencias que demuestren las virtudes de la democracia. De hecho, la candidatura del líder del Frente Renovador dentro de Unión por la Patria es una señal en ese sentido. Y la invitación a esos sectores radicales que no se sienten cómodos al lado de Bullrich y en Juntos por el Cambio debería ser algo más que una estrategia de campaña. Podría ser un puente para lograr coincidencias históricas que terminen con la inflación, consoliden una moneda nacional, terminen con la dictadura del FMI y demuestren que la democracia permite comer, educar y tener salud.
Juntos por el Cambio (JxC) recibió otro respiro en el Chaco, donde a una semana del triunfo del radical Maximiliano Pullaro en Santa Fe, el diputado Leandro Zdero logró derrotar al gobernador Jorge Capitanich y terminar con 16 años de gobiernos justicialistas en la provincia. El resultado, algo más del 46% de los votos contra cerca del 42% del actual mandatario, derrumbó las esperanzas del oficialismo de ir a una segunda vuelta y consolidó una seguidilla de malas noticias para el frente Unión por la Patria, que cayó en distritos clave como Santa Cruz, San Luis, San Juan y Chubut. El tercero en la contienda presidencial, La Libertad Avanza (LLA), apenas superó el 3% de los sufragios. La elección de este domingo tenía algunos elementos simbólicos a nivel nacional, por más que Chaco represente apenas el 3% del electorado del país: Capitanich, tres veces gobernador y dos veces jefe de Gabinete nacional, es un líder de peso dentro del Partido Justicialista con aspiraciones de llegar a la Casa Rosada. Por otro lado, el triunfo de Zdero levanta los ánimos de la fórmula Patricia Bullrich-Luis Petri, que luego de las PASO comenzó a perder la brújula. El espacio de la derecha más agria fue ocupado sin discusión por Javier Milei, y si bien la exministra de Seguridad derrotó ampliamente a Horacio Rodríguez Larreta en la interna de JxC, sus posiciones ultras quedaron girando en el vacío y crecieron las incógnitas en torno a cómo mantener a los votantes más moderados del alcalde porteño y hasta a los más antiperonistas, que quedarían tentados de ir con LLA. Por esa razón, así como el 10 de septiembre corrieron a mostrarse junto a Pullaro para reflejar una unidad que precisamente en Santa Fe había sido controvertida por la disputa de la periodista Carolina Losada con el exboxeador, este domingo acudieron a Resistencia a abrazar al arquitecto de 52 años que desde el 10 de diciembre gobernará la provincia. La UCR recupera así un distrito que desde el retorno de la democracia solo había gobernado entre 1995 y 2007 de la mano de Ángel Rozas y Roy Nikisch. En el festejo con Zdero estuvieron el gobernador correntino, Gustavo Valdés, también radical, Ricardo López Murphy y Luis Naidenoff.
Unidad rota Es difícil dimensionar de qué manera el femicidio de Cecilia Strzyzowski impactó en el resultado final. Lo que si tiene una evaluación matemática en las perspectivas de Capitanich es la pérdida de aliados clave como el intendente de Resistencia, Gustavo Martínez, que presentó una alianza con la que obtuvo el 5% de los votos, y de su ex vicegobernador, Juan Carlos Bacileff Ivanoff, que logró otros dos puntos clave. Para completar el panorama, el conteo se demoró porque hubo mucho corte de boleta: intendentes del oficialismo tuvieron más apoyo que Capitanich y abundó un cruce de boletas PJ local UCR provincial. En vista de cómo venía la mano, el gobernador admitió la derrota y felicitó al triunfador antes de que se conociera el escrutinio final. «Le deseé el éxito necesario, ha sido elegido por la voluntad del pueblo del Chaco. Que cuente con nosotros para una transición necesaria y ordenada como corresponde. Esto no es un feudo. Es un Estado democrático, donde se respetan las instituciones y la voluntad popular», informó antes de que Zdero diera su primer mensaje como mandatario electo. A Bullrich las urnas chaqueñas le dieron empuje para presentar a JxC como la mejor opción para octubre. Apuró, así, un tuit en el que felicita a los chaqueños «por el gran paso que dieron hoy para liberar a su provincia del kirchnerismo». Martin Lousteau, que el 13 de agosto perdió la interna porteña contra Jorge Macri, recordó el sello del centenario partido en esta celebración. «Un dirigente radical vuelve a gobernar la provincia», escribió en la red social X. Rodríguez Larreta se sumó al festejo, pero también marcó la cancha. «¡Empieza un nuevo capítulo en la historia del Chaco y la ola de cambio sigue arrasando en toda la Argentina!», anotó, y completó con: «Felicitaciones al gobernador electo, @LeandroZdero, a la futura vicegobernadora, Silvina Schneider, y al presidente del PRO, @Ernestoblasco1, electo diputado provincial». El otro dato que dejó la elección chaqueña fue que el candidato a gobernador por La Libertad Avanza, Alfredo Rodríguez, con el 3% de los sufragios, se mantuvo en los guarismos que las elecciones provinciales vinieron mostrando desde que empezó la ronda electoral y que llevó a minimizar las posibilidades de Javier Milei. Es entendible y hasta razonable en este contexto que la oposición cambiemita busque nacionalizar el resultado que le sirve para levantar el ánimo de los propios y alertar a los ajenos. En las primarias presidenciales, UxP ganó en Chaco con el 35% de los votos y el espacio libertario salió segundo con el 29%, mientras que JxC quedó tercero con 27%. Bien se dice que nadie muere en las vísperas. Tampoco se tiene ganado el cielo antes de merecerlo.
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