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Obama busca ser el líder del progresismo estadounidense

Sus gestos pueden parecer superfluos por lo tardíos, pero las últimas decisiones de Barack Obama demuestran que se propone liderar el progresismo estadounidense ni bien deje la Casa Blanca. Ese fue su mensaje cuando el miércoles dijo en su despedida de los periodistas que cubren información presidencial que piensa volver al ruedo “si los valores medulares del país están en riesgo”. O sea, que no está en sus planes abandonar la política para meterse en alguna fundación que administre sus ingresos dando conferencias, como lo hicieron algunos de sus antecesores. Ni para calzarse las pantuflas.

Consciente de que la llegada de Donald Trump al gobierno representa un giro copernicano a lo que fueron sus ocho años de gestión, Obama dio una serie de señales que, si se leen los diarios de esta última semana, lo ubicarían como un mandatario de avanzada sobre el promedio de los últimos ocupantes del cargo, desde Ronald Reagan hacia acá.

Así, envió un correo a los congresistas republicanos –que sobre todo en esta última parte de su período presidencial usaron la mayoría en ambas Cámaras para bloquear las decisiones del oficialismo– donde denunció el rechazo a su reclamo de cerrar la prisión de Guantánamo. «No hay simplemente ninguna justificación, más allá de la política, para la insistencia del Congreso en dejar abierto ese centro de detención», sostiene Obama en su póstuma misiva a favor de una de las promesas electorales cuando ganó la primera elección, en 2008.

Pero también tomó cartas en asuntos más comprometidos, como el conflicto en Palestina. Y tras una histórica abstención en la ONU sobre los asentamientos judíos en Jerusalén Este –Washington siempre acompañaba a Israel en todos los foros internacionales–, dijo ahora que el actual “status quo es insostenible. Es peligroso para Israel, es malo para los palestinos, es malo para toda la región, y además es malo para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Y abogó por la solución de dos Estados, uno judío y uno árabe, caso contrario, “de alguna forma estaremos extendiendo la ocupación”. Dura definición para un mandatario estadounidense.

Luego dio otro paso en su intento por recomponer vínculos con Cuba, que fue su gran apuesta desde fines de 2014 en su relación con América Latina. Y puso fin a la política de “pies secos-pies mojados”, por la cual todo cubano que lograba pisar suelo estadounidense era considerado un exiliado mientras que si caía en manos de la guardia costera era devuelto a la isla. Aunque no logró –y no hizo una carta a los republicanos– modificar el bloqueo comercial y financiero al gobierno revolucionario.

Luego, también en esta su última semana en el poder, conmutó la pena a Chelsea Manning, la exsoldado que como Bradley Manning había filtrado miles de documentos a WikiLeaks y había sido condenadoa 35 años de prisión. «Vi los detalles de este caso de la misma manera que otras conmutaciones y perdones y sentí a la luz de todas las circunstancias que conmutar su sentencia era completamente apropiado», se justificó.

Finalmente, y en una acción menos difundida pero altamente significativa, conmutó la pena al independentista puertorriqueño Óscar López Rivera, detenido en 1981 como integrante de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y condenado a 55 años de cárcel, a los que en 1988 se le agregaron otros 15 años adicionales. López Rivera quedará en libertad en mayo, si es que Trump no veta esta decisión.

Pero ante el reclamo de organizaciones de derechos civiles, se negó a indultar a otro preso político, Leonard Peltier, activista del Movimiento Indígena Estadounidense encarcelado desde 1976 y condenado –en un juicio de dudosa imparcialidad– a dos cadenas perpetuas consecutivas por el crimen de dos agentes del FBI durante un tiroteo en la reserva Pine Ridge, en los territorios sagrados Sioux de Dakota del Sur, donde meses antes se hallaron uranio y carbón.

Otra mella para su aspiración es que en su mandato –con Hillary Clinton en la secretaría de Estado– tres gobiernos progresistas de la región fueron destituidos mediante golpes parlamentarios: Honduras, Paraguay y Brasil. Y en todos los casos los destituyentes recibieron apoyo y reconocimiento de Washington. Además, el 13 de enero renovó por otro año el decreto que declara a Venezuela «una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE UU». «

Tiempo Argentino
Enero 22 de 2017

La oposición condiciona el diálogo en Venezuela

El ex canciller uruguayo Luis Almagro es el hombre clave en la embestida de la Organización de Estados Americanos contra el gobierno de Venezuela. Desde el miércoles, tras una declaración final alejada de su deseo, recibe los ataques de los sectores progresistas pero también de la oposición venezolana porque no logró imponer la Carta Democrática que reclamaban los más acérrimos antichavistas. Primó, al fin de una jornada muy acalorada en Washington, la mesura –sustentada por los representantes argentinos, al principio los más duros– y el texto final recomienda negociaciones entre todos los sectores para calmar los ánimos en un momento que muchos temen podrían desembocar en una guerra civil.

El presidente Nicolás Maduro fue especialmente enérgico contra el secretario general de la institución acaudillada por Estados Unidos: «Venezuela no es dominada por la OEA ni por la basura del secretario general Almagro», dijo. El documento final, una salida consensuada promovida por los ex jefes de gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Leonel Fernández, de España, Panamá y República Dominicana respectivamente, fue desairado por la oposición. «Nosotros no podemos sentarnos allí en esa mesa con los ex presidentes y mediadores (…) hasta tanto aquí en nuestro país las señoras rectoras del Consejo Nacional Electoral no respeten la Constitución y le pongan fecha a la validación de las firmas» para el referéndum revocatorio que busca para poner fin al mandato de Maduro.

El tema de fondo es el procedimiento de destitución que contempla la Constitución de la República Bolivariana, promulgada en el primer gobierno de Hugo Chávez. Desde que la oposición derrotó ampliamente al oficialismo en diciembre pasado, la crisis que ya arrastraba el sucesor de Chávez se profundizó porque los líderes de la derecha se propusieron avanzar con el viento de cola hacia el cambio de régimen en ese país, alentados por el triunfo de Cambiemos en Argentina y por el rol que tomó la nueva cancillería local en contra de Caracas.
En Buenos Aires, el diputado del PSUV Héctor Rodríguez Castro, quien fuera ministro del Poder Popular con el líder bolivariano, explicó el dilema en que se debate en estos momentos la democracia venezolana. «Ellos (por la nueva mayoría en la Asamblea Nacional) quisieron hacer una ley de amnistía que liberaba a presos comunes, incluso por delitos de narcotráfico, por eso la rechazó el Tribunal de Justicia», señaló en una rueda de prensa.

Rodríguez también explicó la posición del gobierno sobre el tema del referéndum. «Es una figura que está en la Carta Magna y que nadie discutió antes». Pero, resaltó, el reglamento tiene características que no se han cumplido aún. En principio, estaban en condiciones de pedir el revocatorio desde el 11 de enero, cuando pasó la mitad de mandato de Maduro, «pero no lo hicieron porque entre ellos no están de acuerdo en si la mejor forma de derrocarnos era esa o la presión social». Esto, apunta el legislador, provocó una demora en la junta de firmas del 1% de la ciudadanía, que están el la etapa de revisión que la ley permite. Luego faltaría, si esa instancia es avalada por la justicia, recolectar adhesiones del 20% del electorado para avanzar otro escalón. «Así se hicieron 15 referendos, uno de ellos presidencial, y nunca hubo rechazo al procedimiento. Sucede que los tiempos esta vez se les escapan. Eso los desespera». Ese ventarrón de la derecha continental, calcula Rodríguez, podría amainar luego del golpe en Brasil y finalmente también bajaría la presión contra Maduro.

Una apuesta por la ONU

La designación de Susana Malcorra en la Cancillería fue una de las sorpresas que deparó el nuevo presidente. La mujer, con un pasado en empresas privadas, venía de ser jefa de Gabinete del secretario Ban Ki-Moon en la Organización de las Naciones Unidas y no figuraba en la lista de aspirantes. La decisión de Mauricio Macri se muestra ahora con nitidez: Malcorra es su apuesta para ocupar el cargo que Ban dejará a fines de año. Una jugada ambiciosa que puede darle una resonancia similar a la de Jorge Bergoglio como papa, pero más amistosa.

Malcorra representa ese «volver al mundo» que vira 180 grados en relación con la política exterior del kirchnerismo. Así, mientras en 2003 Néstor Kirchner se unió a Lula da Silva para consolidar los vínculos que construyeron el modelo de integración regional, la primera visita del nuevo canciller brasileño, José Serra, fue a Buenos Aires para tejer una alianza en sentido opuesto. Macri y el presidente provisional Michel Temer, uno surgido de elecciones y el otro de una operación legislativa, son proclives a un acercamiento estrecho con Estados Unidos y la Unión Europea y a cambiar al perfil del Mercosur.

En el marco de la geopolítica, esto cuestiona las relaciones con China. Pero el gigante asiático es el principal comprador de los productos más rentables de los dos países. Y si el golpe en Brasil suena a ofensiva contra la influencia china, negocios son negocios y ya hubo guiños para calmar las aguas. De hecho, cuando Macri anunciaba la candidatura de Malcorra, la canciller completaba una gira que la había llevado por Gran Bretaña, Rusia y China. Con cada uno de estos países hay temas por aclarar, y cada uno de ellos es clave para su designación. Son miembros del Consejo de Seguridad y el veto de uno solo de los cinco (los otros son Francia y Estados Unidos) haría caer la postulación de esta ingeniera rosarina de 61 años.

La relación más delicada, sin embargo, es con Londres. La disputa por las Malvinas fue uno de los caballitos de batalla del kirchnerismo y, ni bien asumió, Macri propuso «desideologizar» todo. Lo que implica, para él, abandonar la idea de un mundo multipolar para acercarse a los poderes que atienden en Washington y Bruselas.

¿El gobierno del Reino Unido daría el visto bueno a una candidata argentina? Macri tuvo un intercambio amable y discreto con el premier David Cameron en Davos. No se habló de Malvinas, se dijo a la prensa, y se supone que el diálogo fue en inglés, lengua a la que no le teme el mandatario argentino.

El anuncio de la candidatura de Malcorra coincidió con uno del titular de la petrolera británica Rockhopper Exploration plc, quien aseguró que habían encontrado pruebas de que en el área marítima Sea Lion, al norte del archipiélago y en un territorio que Argentina reclama como propio, habría unos 1.000 millones de barriles de crudo.

En otra época, esto habría significado una protesta encendida del gobierno nacional, ahora mereció apenas un artículo periodístico. La canciller ya había declarado que las islas no son el tema principal en la relación con Londres. Unos días antes se había dejado transcender que se evaluaba restituir vuelos hacia Malvinas y dar asistencia sanitaria a los pobladores, algo que fue suspendido desde 2003.

Otro modelo
Con ser un tema crucial para la argentinidad –el reclamo por las islas figura en la Constitución Nacional de 1994 y hace unas semanas un fallo de la onu aceptó que la plataforma marítima argentina incluye a las Malvinas– hay otros aspectos que muestran la profundidad de los cambios implementados en el Palacio San Martín desde el 10 de diciembre.

Ya lo había dicho en campaña, pero desde ese día arreció el embate contra la administración de Nicolás Maduro. Para el gobierno, siguiendo el planteo de la secretaría de Estado de ee.uu., la República Bolivariana es un régimen reñido con la democracia que mantiene presos políticos. Fue tanto el fervor antichavista que Malcorra tuvo que salir a morigerar el reclamo de aplicar la cláusula democrática contra Caracas en el primer encuentro de presidentes del mercosur al que le tocó asistir a Macri, en Asunción.

Que la gestión de Cambiemos es contraria al proceso de integración iniciado por Hugo Chávez, Kirchner y Da Silva queda también patente en todo el proceso destituyente contra Dilma Rousseff. Es cierto que el primer viaje de Macri fue a Brasilia para «presentarse» con la presidenta. Pero estos gestos son hijos de la necesidad más que del deseo. Como dijo Malcorra, «cuando Brasil estornuda, a Argentina le agarra neumonía» y esta alianza estratégica es fundamental para el país. Más bien, es tal vez la única política de Estado en la que coinciden tirios y troyanos.

Sin embargo, es obvio que hay más simpatía entre Macri y cualquier gobierno que no sea del pt. Por eso la Casa Rosada fue la primera en reconocer implícitamente al gobierno provisorio con frases de ocasión sobre la institucionalidad de la movida que desplazó a Rousseff. Lo mismo haría luego Washington.

Este primer salvavidas diplomático fue respondido con premura por Serra, dos veces derrotado en presidenciales por el pt y crítico despiadado del mercosur. Serra representa los intereses de la burguesía paulista que juega sus fichas a la tradicional alianza con Estados Unidos. El mercosur al que aspira, igual que Macri, es el que permitiría acuerdos comerciales por fuera del organismo regional.

De allí que esta nueva Argentina busque ser país observador de la Alianza del Pacífico, el modelo de integración fomentado desde Washington que incluye a Chile, Perú, Colombia y México. Una plataforma para llegar a los acuerdos transatlántico y transpacífico que pretende Obama antes de dejar el Salón Oval, en enero de 2017, y resulta una etapa superior del alca, sepultado en Mar del Plata en noviembre de 2005 en las narices de George W. Bush.

Resta saber si estas nuevas amistades y las que negocia Malcorra entre los países del Consejo de Seguridad alcanzarán para que la canciller se convierta en la sucesora del coreano Ban. También, si se diluirán las denuncias contra Malcorra por el ocultamiento de abusos sexuales a menores cometidos por Cascos Azules en África. Teniendo en cuenta la declaración de principios contra la suspensión de Rousseff de países de la unasur y la celac, si la canciller Argentina pretende representar a América Latina en la onu como lo hizo el peruano Javier Pérez de Cuéllar entre 1982 y 1991, va a tener que trabajar mucho hasta la votación, que se realizará en octubre.

Revista Acción
Mayo de 2016

Pedro Brieger, visiones en juego

Pedro Brieger, visiones en juego

Pedro Brieger es sinónimo de análisis profundo de la política internacional. Lo saben los lectores de Acción por las columnas publicadas en cada número de la revista. Fue la cara visible en esa materia en el noticiero de Canal 7 durante los últimos 12 años, donde además conducía, junto con Raúl Dellatorre y Telma Luzzani, el programa Visión 7 internacional. Pero ya no estará en pantalla, al menos en los noticieros, donde su perspectiva era un punto de referencia para miles de espectadores, y aún no queda claro qué piensan hacer las autoridades con el espacio sabatino, donde ya no estará el trío. ¿La razón? El ministro de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi, dijo que tiene una «visión muy sesgada y claramente queremos cambiar eso». El mismo funcionario se encargó de señalar que por «razones de austeridad» y de perfil político, Argentina se retira de Telesur. Dos señales en un mismo sentido, si bien se lo mira.

–¿Cómo es su situación en los medios públicos?

–Estuve en el noticiero central de la Televisión Pública (tvp) durante los últimos 12 años y obtuve dos premios Martin Fierro por mis columnas de política internacional. Conmigo se puso en contacto una persona que me dijo que no iba a estar más en la radio ni en el noticiero, luego me confirmaron oficialmente que el programa de los sábados también sería retirado de pantalla. En Radio Nacional sigo pero en un espacio muy acotado del noticiero. Un miércoles a la noche, Hernán Lombardi en el programa Intratables confirmó la noticia y luego interpeló a quienes le preguntaron: «¿Ustedes vieron los noticieros de la tvp en temas internacionales?, tiene una visión muy sesgada y claramente queremos cambiar eso». Soy la cara pública de los noticieros en temas internacionales, entonces cuando dice que es una opinión muy sesgada se refiere claramente a mí. Sesgado es una palabra muy peyorativa. Podría usarse la palabra subjetivo pero no sesgado. La suya también es una opinión sesgada.

–¿Diría que están usando esa palabra para estigmatizar a los periodistas que no piensan como ellos?

–Exactamente. Porque estamos tratando con gente que sabe la significación de las palabras y sesgado es una palabra despectiva, peyorativa. Yo sigo esperando la reunión para entender qué es lo que quieren. Sigo sin saberlo aunque lo que creo es que no quieren más política internacional en los noticieros. Y decidí hablar luego de escuchar a Lombardi, porque mucha gente me preguntaba y, por una cuestión de ética, esperé una segunda reunión. Me tomé 24 horas antes de hacer pública la situación, pero yo me debo a la gente que me escucha hace 12 años y entonces decidí contarles la verdad desde el noticiero, porque no sabía cuánto más iba a estar ahí.

–¿Qué opina de la política comunicacional del macrismo? El gobierno se retiró de Telesur y el canal ya no está en la grilla de los principales operadores.

–Veo una paradoja: el gobierno dice que quiere insertarse en el mundo y al que hace tantos años habla en horario central de política internacional lo quieren sacar. No conozco pormenores del acuerdo con Telesur, pero es claro que es una voz disonante con las nuevas autoridades. Telesur es un canal que apunta a la información regional y mostró las luchas populares que no son del agrado de este gobierno. Además, políticos del oficialismo se mostraron en apoyo de la oposición venezolana. Yo creo que en este caso, uno más uno es dos.

–¿Cuál sería entonces la razón para acallar esas voces?

–Me imagino que si la política del gobierno es la misma receta que se esta aplicando en España y que ha dejado más de cinco millones desocupados y más del 50% de los jóvenes sin trabajo y uno lo cuenta, no es algo que les guste demasiado. Si uno explica que mucho de lo que sucede en Grecia se asocia a la situación ocurrida en la Argentina desde los 90 y hasta 2001, se puede pensar que no quieren que se visibilice. Nosotros en la tvp hemos mostrado mucho la situación en Grecia, adonde viajé dos veces, hemos hablado de la situación de España, también lo hizo Telesur, entonces me imagino que preferirán mostrar otra cosas.

–Que no se sepa lo que ocurre.

–Que no se sepa de la crisis en España, en Portugal, en Grecia. En la tvp le hemos dado mucho espacio a esos temas. Alguien me decía que el tema Syriza (el partido que llevó al poder a Alexis Tsipras en Grecia) lo traje yo a la televisión; que el tema del partido español Podemos lo traje yo. No sé si es del todo exacto, pero que le di visibilidad, no cabe la menor duda. Está claro que le di visibilidad a sectores políticos que al gobierno no le gusta mostrar. Cuando fue la Revuelta de los Forajidos en Ecuador en contra de Lucio Gutiérrez (año 2005), que estaba aplicando políticas neoliberales, nosotros sacamos en vivo en el noticiero central de la tvp a los que se movilizaban en las calles. Probablemente la conducción actual del canal no lo haría.

–En España, por primera vez no pudieron formar gobierno y la irrupción de Podemos tiene mucho que ver con eso. En Grecia, Syriza llegó al poder pero finalmente dejó de lado muchos de sus postulados. ¿Qué se puede decir de esto?

–Tsipras reculó, es cierto. Y creo que la situación en España es incierta, es muy difícil saber si se va a nuevas elecciones el 26 de junio. También es cierto que el gobierno de Mauricio Macri sigue en muchos aspectos las políticas de Mariano Rajoy con el Partido Popular (pp).

–De hecho algunas de las fundaciones que sustentan el pensamiento del PP tienen fuertes vínculos con Macri y el PRO.

–Uno puede trazar un nexo también entre los políticos conservadores europeos y Álvaro Uribe (expresidente colombiano), que se opone a los acuerdos de paz en Colombia. Es un hecho muy positivo el rol de Cuba y de Venezuela en esa mesa de diálogo. Nosotros visibilizamos que Uribe estaba y está en contra del proceso de paz.

–El caso de Colombia está en terreno de definiciones, pero los gobiernos progresistas de América Latina viven momentos críticos.

–Respecto de Colombia, me parece que la gran apuesta del presidente Juan Manuel Santos es pacificar el país e integrar a las organizaciones guerrilleras a la vida política para acabar con un conflicto que tiene más de 50 años. Esto choca con muchos intereses de las fuerzas armadas, intereses económicos, de centros vinculados con el negocio del armamento. Esta gran apuesta la puede hacer porque tiene el apoyo de Venezuela y de Cuba y eso implica integrar Venezuela y Cuba a la región, algo que choca con la política de ee.uu. Washington preferiría tener una voz mucho más importante en las negociaciones en Colombia. Pero es claro que la corriente progresista en el más amplio sentido de la palabra ha tenido y tiene un rol fundamental para el proceso de paz en Colombia.

–¿Cómo analiza la situación de Venezuela?

–El gobierno de Nicolás Maduro enfrenta muy serios problemas. Muchos de ellos tienen que ver con la guerra que le han hecho la oposición y ee.uu., pero también hay problemas que ellos no han logrado resolver y ahora pagan las consecuencias. El triunfo electoral de la oposición muestra esto y ahora la pelota está en su campo, porque hay que ver si logran impulsar el referendo revocatorio y derrocar a Maduro. Primero tienen que conseguir las firmas necesarias y luego hay que conseguir los votos y convocar a elecciones.

–¿Y Brasil?

–Lo que vemos allí es una ofensiva en contra de un gobierno que forma parte de esta corriente progresista donde me parece que hay un elemento en común en la región y es que los sectores que históricamente controlaron estos países no toleran que tome fuerza un discurso a favor de las grandes mayorías, los más pobres, la inclusión. En Brasil es clarísimo: por más que Lula y Dilma Rousseff apliquen políticas neoliberales quieren derrocarlos. Para decirlo en lenguaje muy argentino, Lula y Dilma no son del palo. Aunque pongan a un economista neoliberal al frente de Hacienda, para la mayoría de la población Lula sigue implicando inclusión de negros, de pobres, de marginados, que por primera vez en la historia sienten que encuentran un lugar. La política es compleja, no es solamente la aplicación de determinadas recetas económicas.

–En Bolivia sorprendió el resultado del referendo.

–Un gran problema que tienen los procesos de cambio en América Latina es que están liderados por personalidades muy fuertes y muy difíciles de reemplazar. Es muy fácil hablar de alternancia, pero las figuras fuertes son irremplazables. Suceder a alguien como Hugo Chávez no es fácil, suceder a alguien como Evo Morales no lo es, como tampoco lo es con Rafael Correa. Lula encontró una fórmula que parecía exitosa: inventar a alguien. No lo digo despectivamente pero Dilma Rousseff fue la elección de Lula, el partido no la quería. Ahora se ve que no alcanzó y retorna Lula. Los grandes medios de comunicación insisten en este tema respecto de los gobiernos populares. Pero nadie se rasga las vestiduras por los años que estuvo en el poder Felipe González o Angela Merkel.

–Todo cambió después de Franklin Roosevelt, para que no volviera un populista a gobernar en EE.UU.

–Claro. Y cuando en América Latina se plantea la reelección de un mandatario popular estos sectores ponen el grito en el cielo, se plantea que eso es autoritarismo y esto cala en gran parte de la población. Por otro lado, el tema de la corrupción tiene mayor visibilidad, con lo que hay un cóctel explosivo que sufren casi todos los partidos políticos.

–Y al mismo tiempo hay un problema con los partidos populares que en ocasiones recurren a zonas oscuras de la economía y de la política.

–Es cierto. Muchos de los gobiernos progresistas han establecido vínculos con empresarios corruptos especialmente en medios de comunicación, a sabiendas de que se metían en un problema, pero aparecían como aquellos que los podían apoyar y contrabalancear la hegemonía mediática. Y muchos quedaron atrapados en esto, no solo en el tema comunicacional.

–A Lula lo acusaron de haber llevado en aviones oficiales a empresarios para que hagan negocios.

–Todos los gobiernos tratan de exportar y de llevar a sus empresas nacionales a todos los rincones del planeta para que hagan negocios. Lo hacen todos, el tema es si eso indica corrupción o favorecer a unos en desmedro de otros. Para mí no es condenable ni implica que el presidente está recibiendo una dádiva por llevar a un empresas determinada a hacer negocios. Lo cierto es que hay algo que no está resuelto y excede mi capacidad de análisis sobre la relación del mundo empresarial y gobierno en todo el mundo.

–No es un tema exclusivo de los países de la región como sostiene cierta prensa.

–Exactamente. Los alemanes, que tantas veces se presentan como los más honestos, han estado involucrados con muchas de sus empresas en escándalos de corrupción. Ni que hablar de la historia nefasta de empresas privadas vinculadas con los campos de concentración. Pero el caso es que en los gobiernos progresistas eso es un problema, porque ¿con quién hace negocios un gobierno? Y…con los que están.

Múltiples identidades

–¿Cómo fue que, siendo sociólogo, se interesó por la política internacional?

–Tiene mucho que ver con mi historia familiar. Mis padres escaparon del nazismo, por lo tanto desde la vivencia personal lo internacional –aunque no dicho de esta manera– estuvo en mi casa desde mi nacimiento. Nací en la Argentina pero en mi casa primero se hablaba alemán, el castellano lo aprendí después. Lo alemán, lo judío, Europa, tuvieron un vínculo muy fuerte conmigo. Crecí en un ámbito latinoamericano en la década del 60 y principios del 70. La revolución cubana y el proceso de Salvador Allende en Chile me influyeron mucho. Después, por motivos personales, me fui a vivir a Israel, donde estuve 11 años, lo que me dio una visión muy amplia del espectro del mundo. Me fui a Israel no exiliado de la dictadura, me fui en 1973 porque quería vivir esa experiencia. Y estar parado en el Oriente Medio, en un lugar que es el cruce de civilizaciones, fue determinante. Me metí de lleno en lo que pasaba en el mundo árabe y fui absorbiendo culturas y lo internacional se fue introduciendo en mi carne profundamente. Volví a fines del 84 y recuperé mis raíces latinoamericanas. Pero al poco tiempo vuelve a irrumpir Oriente Medio cuando Saddam Hussein invadió Kuwait (en 1990) y debí seguir esos temas. También tengo un vínculo muy particular con España que se fue dando con los años, sin tener sangre española. Pero lo español forma parte de nuestra identidad y yo tengo múltiples identidades. Madrid y Barcelona, Andalucía, son nuestras. Tengo una visión muy cosmopolita que tiene que ver con mis raíces. Podría vivir mañana en Tailandia y me pondría a aprender tailandés.

–¿Cuantos idiomas sabe?

–Bien, hablo cinco, en otros me manejo. Me manejo con el italiano o el portugués pero no soy tan arrogante para decir que lo hablo. No daría una conferencia en portugués y sí lo podría hacer en francés. Estudié chino y árabe en varias oportunidades. Pero no es cierto eso que se dice por ahí que hablo once idiomas, a esa cifra no llego ni con los idiomas que estudié.

 

Revista Acción
Abril 15 de 2016

La foto es de Horacio Paone