por Alberto López Girondo | Abr 7, 2018 | Sin categoría
«El gobierno está mirando lo que acontece en Brasil, que tiene repercusión en la Argentina y la región. Siempre nos va a encontrar en la defensa de la institucionalidad, de la paz social, de la calma y del derecho.» Escueto, el secretario de Derechos Humanos de Argentina, Claudio Avruj, trató de esquivar definiciones demasiado comprometedoras ante Alejandro Bercovich en Radio con Vos. El gobierno nacional, vinculado ideológicamente con las medidas de Michel Temer desde la destitución de Dilma Rousseff, no puede celebrar abiertamente la detención de Lula, pero ese paso judicial puede ser fuente de inspiración en torno de Cristina Fernández.
Bercovich le recordó a Avruj el peligroso mensaje del comandante del Ejército brasileño, Eduardo Villas Boas en contra de «la impunidad» horas antes de que el Supremo Tribunal de Justicia votara el hábeas corpus de Lula. «Los que tenemos cargos de relevancia tenemos que llamarnos a la moderación, y en situaciones como estas tener mucho cuidado con las cosas que se dicen y la responsabilidad que tenemos».
El amenazante tuit del militar vino luego de una declaración de un general de la reserva, Luiz Gonzaga Schroeder Lessa, llamando a un golpe militar. «Si [Lula] tiene tanta racha y cambia la ley (para ser candidato) no queda otro recurso que la reacción armada. Ahí es el deber de la Fuerza Armada restaurar el orden.»
Ni la OEA, ni el Mercosur ni la Unasur emitieron comunicados sobre un hecho tan grave como la amenaza de interrupción armada de una democracia.
El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, se limitó a decir «confiamos en la fortaleza institucional de nuestro principal socio comercial y que haya tranquilidad institucional para poder sostener este proceso de recuperación de la economía y de la situación social que se viene viendo en los últimos meses».
En este páramo, se destaca el repudio contra «sectores de las Fuerzas Armadas de Brasil con explícito apoyo del sector mediático, en especial de la cadena Globo, donde pretende repetir lo que se hizo en 1964, cuando se incitó a jefes militares contra el gobierno constitucional de João Goulart» de parlamentarios regionales. Firman el documento, fechado en Panamá, la bancada Progresista del Parlasur, el Grupo político en el Parlamento Europeo Izquierda Unitaria Europea-Izquierda Verde Nórdica (GUE/NGL) y parlamentarios de Izquierda del Parlamento Centroamericano, Parlamento Andino y Parlamento Latinoamericano.
Los partidos españoles Podemos e Izquierda Unida, que con Unidos Podemos son la tercera fuerza en el Congreso de los Diputados, denunciaron por su parte una «persecución política» contra Lula da Silva.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, calificó a ese hecho de «criminal persecución» contra el exmandatario brasileño.»Lula ha sido símbolo mundial de justicia, de democracia, pero las élites oligárquicas de Brasil, neofascistas, han desatado una criminal persecución.»
«El fallo sólo busca impedir su retorno a la presidencia de Brasil, pues a la oligarquía no le interesa ni la democracia ni la justicia», afirmó Evo Morales.
Lucía Topolansky, vicepresidenta de Uruguay,se lamentó por la detención de Lula pero también «por la democracia latinoamericana». El ministro del Interior uruguayo, a su turno, indició que lo que se busca con la prisión de Lula es «que no sea candidato».
Tiempo Argentino, 7 de Abril de 2018
por Alberto López Girondo | Sep 12, 2017 | Sin categoría
El anuncio del megaplan de privatizaciones del gobierno de Michel Temer fue muy bien recibido en la Bolsa de valores, como era de prever, y también despertó las más furiosas críticas desde la oposición al neoliberalismo. Para el mandatario de facto, la venta total o parcial de 57 activos en manos del Estado es esencial para equilibrar las cuentas públicas y cumplir con la reforma constitucional que limita los gastos por 20 años. Para la destituida presidenta Dilma Rousseff, la privatización de Eletrobras es una amenaza de apagones en el futuro y lo que es peor, de tarifazos descomunales. «Sólo hay un resultado: el consumidor pagará una factura de luz estratosférica por una energía cuyo abastecimiento no estará garantizado», describió. Pero además, es quizás el último clavo al ataúd del proyecto iniciado por Getulio Vargas, de cuyo suicidio se cumplieron este jueves 63 años.
La ola privatizadora –planificada para que vaya entrando justo antes de las elecciones– incluye, entre otros bienes, además de parte de la eléctrica y de la petrolera Petrobras, la Casa de la Moneda, 13 aeropuertos y 15 terminales portuarias. Según el gobierno, se podrán recaudar un total de 17 mil millones de dólares.
El afán de alentar la inversión privada a como dé lugar liberará para la explotación minera la reserva amazónica, una suerte de santuario protegido del tamaño de Suiza que el último presidente de la dictadura militar, el general João Baptista Figueiredo, había declarado como territorio estratégico.
Con esta decisión de Temer, simbólicamente se le pone punto final al desarrollismo brasileño. En efecto, durante la Segunda Guerra Mundial el presidente Getulio Vargas fomentó la creación de Eletrobras, Petrobras y el Banco Nacional de Desarrollo (BNDes), la otra joya de la abuela que se encamina a ser enajenada por Temer. A lo largo del tiempo, a través de esta entidad se canalizaron préstamos a empresas brasileñas y se financió la expansión de firmas como Odebrecht, Camargo Correa y el frigorífico JBS, todos ahora en la picota por investigaciones judiciales. El banco se fondea con los aportes jubilatorios de los brasileños.
Este proyecto de Estado necesitaba de una alianza con Estados Unidos que Vargas defendió hasta que estratégicamente le resultó inconveniente. Desde entonces la prensa lo atacó ferozmente y en la carta donde explica las razones para su suicidio, producido el 24 de agosto de 1954, Vargas no pudo ser más claro: «Quise crear la libertad nacional potenciando nuestras riquezas a través de Petrobras, mal comienza ésta a funcionar cuando la onda de agitación crece. La Electrobras fue obstaculizada hasta el desespero. No quieren que el pueblo sea independiente».
Los militares que dieron el golpe en 1964 dieron fe de anticomunismo, pero mantuvieron el impulso a la industria nacional. Recién en los ’90 parte de las empresas públicas salieron a la Bolsa y sumaron inversores privados, aunque con control estatal.
Como se ve, la andanada contra Petrobras es de vieja data. Dilma agrega un dato sobre Eletrobras en una carta publicada el miércoles. Toda obra hidroeléctrica se amortiza a los 30 años de su construcción, lo que disminuye los costos. «Entregar a Eletrobras y sus usinas ya amortizadas a algún grupo privado, tal vez extranjero, significa hacer que el consumidor de energía pague una segunda vez por lo que ya pagó, además de abandonar cualquier concepto estratégico en relación con la producción, la distribución y la provisión de energía con seguridad y sin interrupciones ni apagones».
Tiempo Argentino
Agosto 27 de 2017
por Alberto López Girondo | Jul 17, 2017 | Sin categoría
«¿Dónde están ahora los caceroleros? (os batedores de panela)», se preguntó, exaltado, el expresidente Lula da Silva en un acto desarrollado este sábado en la ciudad paulista de Diadema, en la asunción de la nueva cúpula local del Partido de los Trabajadores (PT). Rodeado de enfervorizados militantes, el mandatario, condenado a nueve años y medio de prisión el miércoles (ver aparte), ligó su sentencia a la aprobación de una ley laboral que retrotrae derechos de los trabajadores a la época previa a Getulio Vargas, que instauró en sus presidencias lo esencial de lo que quedó enterrado el martes y que el jueves, en una demostración de timing llamativo, fue sancionada por el presidente Michel Temer.
No se equivocaba Lula en el análisis. Su acta de condena, señala, estaba escrita y firmada por juez Sergio Moro desde mucho antes de que lo llamara a indagatoria, el 10 de mayo pasado. Pero ese no era el momento político de anunciarla. Tampoco erraba el exdirigente metalúrgico –que ante el magistrado se presentó como de profesión «tornero mecánico»– en cuestionar a los que salieron a las calles contra Dilma Rousseff, en 2014, tras un aumento en el precio de los transportes pero que ahora verán cercenados derechos que tuvieron sus padres y abuelos y que fueron conquistados por sus bisabuelos luego de largas luchas.
«Solo el pueblo puede juzgarme», repitió Lula, luego de pedirle al juez que, «si tiene una mínima prueba en mi contra, me la muestre, y yo me retiro de la vida pública y me quedo tranquilo». Y volvió a la carga con la ley laboral. «¿Dónde terminaron las cacerolas? Lo que nosotros tenemos es orgullo, parece que ellos solo tienen odio».
Entre las reformas está la posibilidad de que la jornada laboral pueda extenderse hasta las 12 horas. Además, la ley permite que los salarios puedan abonarse sobre una base diaria y hasta horaria, a decisión de la patronal, que deberá avisar al trabajador tres días antes cómo será su jornada.
Como si esto fuera poco, crea la figura del «trabajador autónomo exclusivo», por la cual la empresa tiene derecho a llamar al empleado para que cumpla tareas solo cuando lo necesite. Otra perlita, que ya en medios de comunicación local tuvo sus defensores, es que se elimina el sistema de indemnizaciones. Se implanta, en su lugar, un fondo con aportes del mismo trabajador, que recupera cuando lo echan. O sea que la patronal tiene las manos libres para disponer de su empleado como si fuera un mueble más en su oficina.
Las mujeres también tienen mucho para reclamar, ya que la normativa aprobada por Temer –que entrará en vigencia 120 días después de su publicación en el Diario Oficial de la Unión– permite que hasta las embarazadas puedan trabajar en lugares insalubres si un médico lo permite.
En pocas palabras, con esta reforma se cumple el viejo sueño neoliberal: que la mano de obra finalmente sea un costo más, sin la menor consideración hacia el ser humano que realiza el trabajo, como desde la izquierda e incluso la Iglesia Católica se postula desde la revolución industrial.
Muchos analistas que interpretan a la ley desde el punto de vista económico, la ven como una destrucción de los derechos de la clase trabajadora inconsistente porque ni siquiera cumplirá el objetivo que declara, que es generar más puestos de trabajo. A este argumento, el procurador general del Trabajo, Ronaldo Fleury, le añade que «oficializa el fraude y es fruto de la mentalidad esclavista que aún persiste en Brasil» .
Para Temer, sin embargo, es la forma de aferrarse al poder aceptando el decálogo empresarial cuando aparece en medio de investigaciones por corrupción con pruebas incluso filmadas sobre maniobras para sobornar a un testigo.
«Las protestas se hacen pero la caravana va pasando, no tengo duda (…) Si hicimos esto en 14 meses –se ufanó este jueves en la ceremonia de sanción de la reforma laboral–, imaginen lo que haremos en otro año y medio de gobierno».
El proyecto que venía del Ejecutivo fue aprobado en abril por la Cámara de Diputados y se demoró hasta ahora en el Senado, muchos de cuyos miembros se mostraron remisos, arguyendo que violaba garantías constitucionales. Pero el martes esa «resistencia» se quebró y terminó votada por 50 senadores y rechazada por otros veintiséis.
La nueva ley está llamada a impactar de este lado de la frontera, ya que el Mercosur, como lo entienden el gobierno de Mauricio Macri y el de Temer, es una plataforma para beneficio de las multinacionales que tienen un pie en cada país y no mucho más. Por eso el canciller argentino Jorge Faurie se apuró a viajar a Brasilia este viernes para entrevistarse con su par brasileño Aloysio Nunes Ferreira y con el presidente. Luego de hacer un panegírico de un posible acuerdo Mercosur-UE, Faurie dijo en relación con el proteccionismo estadounidense: «Si somos razonables podemos ser un modelo en un momento en que se dice que no hay posibilidad de libre comercio. Los cambios culturales se dan con la fe infinita. Hay una fe en este momento de cambio tecnológico que es no cerrar fronteras, hacer un comercio inteligente».
Tiempo Argentino
Juylio 16 de 2017
por Alberto López Girondo | Jul 31, 2016 | Sin categoría
Theotonio dos Santos, a los 79 años puede decir que vivió los grandes procesos políticos regionales en carne propia, desde su exilio en Chile tras el golpe de 1964 en Brasil y su nuevo destino en México desde 1973 hasta el regreso a su patria con la vuelta de la democracia, en 1985. Es uno de los pilares de la Teoría de la Dependencia y luego del concepto de Sistema Mundial. Ahora, de paso por Buenos Aires invitado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, del que fue uno de los fundadores, le toca explicar las razones para que el gobierno de Dilma Rousseff esté en sus últimos estertores y la región sufra un retorno al neoliberalismo que parecía ya alejado de esta parte del mundo.
«Yo veo a la situación en Latinoamérica como parte de una ofensiva más general a nivel mundial», dice desde las oficinas de CLACSO, donde el elemento determinante es una pérdida de control económico y político por parte del centro hegemónico del sistema mundial, que es Estados Unidos.
–¿Cómo se manifiesta esta ofensiva?
–Hay una postura muy desesperada de recuperación de poder y si bien no tuvo el resultado que pretendían, tuvo efectos locales bastante destructivos. Es el caso de Oriente Medio, donde ha quedado una crisis profunda y Rusia, que integró un proyecto de colaboración, termina volviendo a su condición de gran enemiga de Europa.
–¿Este nuevo enfrentamiento comienza en Siria?
–Ven a Rusia como una amenaza sobre todo por su alianza con China, que la pone otra vez dentro de un esquema de disputa mundial. Por ahora sólo han conseguido crear unas condiciones realmente difíciles en el antiguo mundo soviético pero EE UU no tiene control de la situación.
–¿El ataque contra el gobierno de Dilma se explicaría entonces por el acercamiento a los países del BRICS?
–Todo lo que no está bajo control de EE UU pasa a ser una amenaza y los BRICS son una amenaza estratégica para EE UU. Y en cierto sentido tiene razón, porque ocupa un espacio que antes ocupaban ellos. En el caso latinoamericano su preocupación pasa por el petróleo y básicamente Venezuela, que tiene las reservas más grandes del mundo y Brasil, tras el descubrimiento del Presal, que tiene comprometido parte de las rentas a salud, educación, ciencia y tecnología.
–Al gobierno de Dilma lo frenaron, lo boicotearon, llenaron el Congreso de impresentables…
–No es difícil eso (risas).
–La pregunta es por qué el PT no pudo hacer nada contra eso.
–El PT jugó siempre una carta de negociación y una de las consecuencias de esta política era bajar la intensidad de la movilización social y política.
–¿Ese fue su gran error?
–Yo siempre que pude hablar con Lula de estas cosas le dije que había que tener una unidad de izquierda aunque se negociara con quien fuera, pero había que tener una base bien fuerte para la negociación. Si te restringes a ti mismo, el resultado es que empiezas a depender de la negociación cada vez más. Lula tenía una capacidad muy alta de negociación y había una expectativa de que el PT y el PSDB gobernasen en alternancia. Este era el planteo de Fernando Henrique Cardozo luego de que rompió con la Teoría de la Dependencia. Pero hubo muchas concesiones innecesarias y muy negativas. Porque un país no puede darse el lujo de patrocinar la creación y el fortalecimiento de una minoría financiera que vive de la improductividad y de la especulación.
–Pero el PT nunca atacó a esos grupos financieros.
–Al contrario, el presidente del Banco Central de Lula, Henrique Meirelles, ahora es ministro de Economía (de Michel Temer) y venía de la época de Fernando Henrique. Es una figura de la banca internacional. Eso ayudó a consolidar la relación de Lula con el sistema financiero, pero el resultado es catastrófico.
–¿Que pasó después? ¿Dilma no tiene la misma capacidad de negociación?
–Hay un par de cuestiones, primero la baja en el precio del petróleo por el aumento en la producción en EE UU a través del fracking, que tuvo un impacto grande, pero por un período localizado. Se formó en torno de Dilma un grupo muy crítico a que el PT intentara enfrentar esas situaciones negativas y dijeron que había que hacer un ajuste. Todo esto en un cuadro en que decían que estábamos viviendo una crisis muy peligrosa y una inflación en expansión, que no existía –era del 4 y poco por ciento– pero pasó a existir con la suba de la tasa de interés.
–Eso fue en enero del 14 cuando asumió su segundo mandato.
–Ya en 2013 ella empezó a aceptar la idea, forzada por el Banco Central, de subir de la tasa. Estaba abriendo el camino de la contención del crecimiento y no de la paralización de la inflación. Por el contrario, una cosa que yo discuto hace años con distintas corrientes del pensamiento económico burgués, es esa historia de que la inflación es el resultado de un exceso económico que sólo puede ser contenido a través de un aumento de tasas de interés.
–Una receta clásica monetarista.
–El resultado dramático es que aumenta la inflación. ¿Qué conclusión sacas? Que está mal la teoría y la aplicación, pero no, ellos dicen que subió muy poco la tasa de interés. Se hizo un clima para todo eso y ya estábamos con un 14% de interés, y un crecimiento cada vez menor.
–¿Cómo va a ser este futuro, Dilma vuelve o no?
–La sensación es que no había condiciones para volver porque la campaña ha sido tan fuerte, pero el gobierno de transición ha hecho muchas cosas detestables y además paradójicas, porque un líder sindical que apoya un gobierno tan anti–sindicalista y anti–trabajadores tiene un costo no sólo electoral sino dentro de su propia clase. Los líderes sindicales, incluso los que estuvieron con la derecha y el impeachment, están retrocediendo para no aparecer en favor de un aumento en la edad jubilatoria y cosas así. Es muy violento que se proponga aumentar las horas semanales trabajadas y se afecte el propio sueldo mínimo, que Lula había aumentado casi el 200 por ciento. Eso tiene una dimensión muy grande en la vida de la gente. Si tú empiezas a creer que puedes proponer esto en un régimen de excepción, imagínate lo que podrías hacer si te confirmas en el poder. Esto está creando una situación difícil que aún no tuvo una fórmula de apoyo a Dilma pero me dicen en el PT que hay posibilidad de volver, es muy pequeña la diferencia, son seis votos de senadores. Claro, cada senador es un mundo y Dilma no es sencilla. Ella difícilmente negociará en términos de compra–venta de votos, viene del movimiento revolucionario, tiene aún una cierta fidelidad a eso, aunque al mismo tiempo sabe que es necesario hacer estas cosas…
–Pero no le gusta.
–No le gusta, esa es la cuestión.
–Da la impresión de que Brasil renuncia a un destino histórico de liderazgo que Itamaraty veía cumplido tras el ingreso en los BRICS.
–Son 200 años de lucha por la independencia de América Latina. Los pro-hispánicos y pro-portugueses han luchado años por mantenerse en el poder cuando ya España y Portugal eran sólo un instrumento de Inglaterra. Estos tipos aún creen que su supervivencia como clase dominante depende de esa alianza histórica. Y ellos creen que EE UU está arriba de todo y no ven mucho cómo manejarse con la potencialidad que, por ejemplo, trae China como demandante mundial. Y eso es grave porque los chinos negocian en forma colectiva, en grandes proyectos y, por lo tanto, de estado a estado. Los empresarios cuentan pero como auxiliares de un planeamiento estatal. Nuestra burguesía no cree en eso. Esta gente es como la anti-independencia de América Latina.
–¿Cómo ve el futuro de la región? Porque el triunfo de Mauricio Macri seguramente aceleró el golpe en Brasil y la avanzada contra Venezuela.
–Parece que hay una fase muy favorable para ellos. Pero cuando surja una resistencia efectiva dudo mucho de su capacidad para controlar la situación. Porque todo eso está arriba de un mundo creado por los medios de comunicación, por una negación de realidades, por la creación de situaciones psicológicas con gente muy especializada y que sabe muy bien transmitirlo a las masas. Realmente la idea de manejar el mundo como si el libre mercado fuera la fuente del crecimiento económico, del desarrollo, es una cosa absurda. No puede mostrar ningún sector económico que no sea dirigido por la inversión estatal y ningún proceso de enriquecimiento que no pase por la transferencia de recursos del Estado. Lo que nos lleva a una falsa cuestión que la izquierda también debe aprender, de que hay que cortar gastos para transferir hacia esa minoría que está básicamente en el sector financiero. En Brasil pagamos un 40% más del gasto público para una deuda creada explícitamente por razones macroeconómicas.
–Este escenario implica que en algún momento puede haber grandes levantamientos. ¿Eso no podría implicar situaciones como las de Medio Oriente?
–En último caso sí, pero no creo que Estados Unidos lo quiera porque el costo es muy elevado en un momento en que ellos están sacando tropas para hacer una cosa que suena increíble, y lo dicen claramente: cercar a China. En Medio Oriente los resultados fueron desastrosos. Puede ser que la estrategia fuera la del caos creativo. Si es así, ya lo consiguieron.
Tiempo Argentino
Julio 31 de 2016
Foto de Mariano Martino
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