Para Donald Trump, los aranceles resultan ser la continuidad de la guerra por otros medios. Y le acaba de declarar la guerra no sólo a Brasil, con la excusa de defender a su amigo Jair Bolsonaro, sino a sus principales socios estratégicos, a los que prometió aplicar tarifas de entre 30 y 40% desde el 1 de agosto si no se doblegan a sus demandas. En este marco, el 50% contra el gigante sudamericano no representa tanto más que el 35% que anunció para Canadá, el 30% a la Unión Europea y México, el 25% a Japón y Corea del Sur o, puntualmente, el 200% contra productos farmacéuticos australianos. El caso de Brasil tiene otro aditamento geopolítico: esta semana se realizó en Río de Janeiro la XVI Cumbre de los BRICS, donde los países que integran ese bloque avanzaron en la discusión, entre otras “menudencias”, del sistema de comercio mundial, la desdolarización y la condena del uso coercitivo de medidas unilaterales, como precisamente esta amenaza Trump. No olvidaron en el documento final la situación en los territorios ocupados de Palestina y Gaza. Y en todos estos aspectos, el anfitrión de ese encuentro fue figura descollante, aun teniendo que lidiar contra un frente interno tortuoso.
Habrá que decir que esta guerra de Trump se plantea como una nueva batalla de la que anunció desde el día que regresó a la Casa Blanca, en enero pasado, cuando en su discurso inaugural abundó en loas al 25º presidente, William McKInley, que “hizo a nuestro país muy rico, a través de aranceles y talento”. McKinley, también, fue expansionista (Cuba, Puerto Rico, Guam, Filipinas) y murió baleado por un joven anarquista en 1901, pero esa es otra historia.
Habrá que decir igualmente que tal vez la primera guerra contra los BRICS fue la de los Doce Días contra Irán, comenzada por Israel el 13 de junio pasado y culminada luego del bombardeo de EE UU a la planta nuclear de Fordow y la réplica persa en la base de Al Udeid, en Qatar. Esta segunda etapa, en cuanto al gobierno de Lula, resulta una defensa burda e irrespetuosa del exmandatario brasileño, imputado por el intento de golpe de estado de enero de 2023. Mientras Trump habla de una caza de brujas, el Supremo Tribunal Federal analiza la detención del exmandatario por riesgo de fuga y el gobernador de San Pablo, Tarcisio Gomes de Freitas sugiere que si lo dejan viajar, Bolsonaro soluciona el tema directo con Trump.
Foto: Xinhua
El inquilino de la Casa Blanca, en tanto, fue muy activo estos días en cartas publicadas en su red Truh Social a los jefes de Estado de una veintena de naciones avisando de qué venía la cosa. La titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, respondió -sumisa- al anuncio de las tarifas para la región que “la UE prefiere invariablemente alcanzar el acuerdo con EE UU mediante negociaciones, lo cual muestra nuestra adhesión al diálogo, a una asociación transatlántica estable y constructiva”. El mes pasado, el primer ministro australiano, Anthony Albanese, pasó un papelón cuando intentó una bilateral con Trump y lo dejaron pagando. El premier canadiense, Mark Carney, que ganó la elección con la promesa de que no cederá a la presión de convertirse en el 51º estado de EE UU, cuando la cumbre del G7 en la ciudad de Kananaskis dijo que habían iniciado conversaciones para llegar un acuerdo antes del 9 de julio, la fecha tope que se había fijado Trump. Pero este viernes el empresario inmobiliario recurrió en una misiva pública al argumento del tráfico de fentanilo a través de las fronteras par aplicar el 35% de tasa. Lo mismo le dice a la presidenta mexicana, Claudia Scheinbaum, aunque le hace precio: 30%.
Lula, por su parte, tiene pocas chances de ir a negociar a Washington, aunque quisiera. Cosa difícil porque implicaría aceptar términos que el exdirigente metalúrgico no está dispuesto a hacer. Sus primeras menciones al hecho destacaron que Trump “esta muy mal informado” sobre los cargos contra Bolsonaro, al que llamó “aquella cosa cobarde” que preparó el golpe cuando Lula recién asumía su tercer mandato. Por otro lado, si bien es cierto que los aranceles impactarían de manera importante, EE UU representa el 12% de las exportaciones brasileñas, “menos de la mitad de las ventas a China”, destaca a la cadena CNN el economista André Perfeito. El ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Favaro ya adelantó que Brasil buscará mercados alternativos para sus productos en Oriente Medio y el sur de Asia. Ventajas de estar en los BRICS.
Los medios argentinos ya comenzaron a hacer evaluaciones sobre el impacto que podría tener en el país el golpe arancelario contra el Brasil de Lula. Por el incremento de ofertas brasileñas hacia este lado de la frontera, pero también por la posibilidad que se le podría abrir a la Argentina en el mercado estadounidense. No es de descartar que Javier Milei busque avanzar en las migajas geopolíticas que vislumbra, como es el sueño húmedo de las elites que representa. Es decir, ser la cabeza de puente del imperio angloestadounidense en América del Sur en lugar de Brasil, que ocupó ese lugar desde la Segunda Guerra Mundial, cuando de este lado Juan Perón pugnaba por la integración y mayores grados de independencia. Milei, que espera ansioso una carta de Trump, hizo los deberes en la cumbre de Mercosur con el intento de petardear la integración.
Las denuncias de Francesca Albanese que Israel y EE UU no quieren oír
La Casa Blanca anunció el miércoles sanciones contra la relatora especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, a la que acusa de haber llevado a cabo una «campaña de guerra política y económica» contra Estados Unidos e Israel que «ya no será tolerada». Fue el secretario de Estado, Marco Rubio, quien dio el aviso, mediante un comunicado en el que fustiga «sus ilegítimos y vergonzosos esfuerzos para impulsar la acción del Tribunal Penal Internacional (TPI) contra funcionarios, empresas y ejecutivos estadounidenses e israelíes». No sólo eso, Rubio se justifica en que «ni Estados Unidos ni Israel son parte del Estatuto de Roma», por lo que la abogada italiana comete «una grave violación de la soberanía de ambos países». Y en esa bolsa mete como antecedente la recomendación de las órdenes de arresto del TPI contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa Yoav Gallant que La Haya dictó en mayo de 2024. ¿Cuál es el pecado de Albanese? Investigar, recopilar información sobre crímenes cometidos por tropas israelíes en el marco de la ocupación ilegal de ambos territorios y especialmente de la ofensiva desatada tras los ataques de grupos islamistas el 7 de octubre de 2023. El pasado 3 de julio, en una intervención en el Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra, Albanese denunció que «Israel es responsable de uno de los genocidios más crueles de la historia moderna». Y agregó: “la situación en los Territorios Palestinos ocupados es apocalíptica”, para luego dar una lista de corporaciones que no solo son partícipes necesarios en las matanzas sino que se benefician directamente del genocidio. En su informe, nombra a más de 60 empresas involucradas en el apoyo a los asentamientos israelíes y las acciones militares en Gaza. Entre ellas, IBM («que permite a Israel la recolección y almacenamiento de datos biométricos de los palestinos», dice) y Microsoft, que facilita su tecnología en operaciones militares. Amazon y Google colaboran en programas de gestión y Palantir suministró inteligencia artificial a las FDI. Las firmas más obvias son las de provisión de armamento y equipamiento, como la estadounidense Lockheed Martin, que fabrica los aviones de combate F-35, y FANUC Corporation de Japón. También figuran las petroleras BP y Chevron, las entidades financieras BNP Paribas, Barclays, Allianz y los fondos Blackrock y Vanguard, que, dice Albanese “han canalizado miles de millones de dólares en bonos del tesoro y hacia compañías directamente involucradas en la ocupación y el genocidio israelí”.
El encuentro se olfateaba como una gran final sudamericana, de esas picantes por alguna Copa entre la celeste y blanca y la «verde-amarela», esta vez con Argentina de local. Y si bien la sangre no llegó al Río de la Plata, la cumbre del Mercosur plasmó en la cancha las profundas diferencias entre Luiz Inacio «Lula» da Silva y Javier Milei, ante la mirada tensa de los otros jefes de Estado del grupo de naciones que alguna vez aspiraron a una integración regional que trajera prosperidad a los pueblos de esta parte del mundo de la mano, en su origen, de personalidades tan divergentes como Raúl Alfonsín, que dio el puntapié inicial en 1985 con José Sarney; y Carlos Menem, que selló el Acuerdo de Asunción en marzo de 1991.
La propuesta integradora, que a los tumbos atravesó estos últimos 40 años de historia rioplatense, cruje desde hace tiempo y Milei, que se jacta de ser un topo que llegó a la Casa Rosada para destruir al Estado nacional desde adentro, parece que se propone hacer lo mismo en ese organismo colectivo. Con argumentos similares, basados en un supuesto idealismo libertario que petardea el sentido original de la asociación, como es el de unirse para defender la producción local en un mundo hostil, más propicio a la depredación que a la colaboración.
«La barrera que levantamos para protegernos comercialmente terminó excluyéndonos del comercio y de la competencia global y castigando a nuestras poblaciones con peores bienes y servicios a peores precios, lo cual contribuyó a frenar el crecimiento de nuestras economías», leyó Milei, en su habitual tono monocorde, en el que incluso catalogó al organismo de ser «una cortina de hierro». Y amenazó: «Emprenderemos el camino de la libertad, y lo haremos acompañados o solos, porque Argentina no puede esperar».
Discurso del Presidente Javier Milei en la Cumbre del Mercosur en Buenos Aires. pic.twitter.com/PGWYoEFC1k
— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) July 3, 2025
Más allá de un mensaje paleolibertario habitual en el que denostó, por ejemplo, «la estructura elefantiásica» de la burocracia del Mercosur y abundó en el uso de la palabra «libertad», el presidente argentino presentó como una iniciativa –a su juicio, central– la creación de una agencia regional de lucha contra el crimen organizado. Si hasta ese momento de su alocución había prescindido de chicanas directas, aprovechó entonces para arrojar un dardo contra el mandatario brasileño al señalar: «Si el Primer Comando de la Capital o el Comando Vermelho se extendieran por el Mercosur, toda la región estará en peligro y será imposible erradicarla de su país de origen». Se trata, claro, de las dos organizaciones de narcotráfico más poderosas de Brasil.
Contrastes No es un secreto que para Milei, el presidente brasileño es seguramente su contracara más tangible a nivel internacional. Nacido en la pobreza más extrema en el nordeste brasileño, este hombre que se enorgullece de su único título profesional, tornero mecánico, comenzaba su carrera sindical en el gremio metalúrgico paulista para la misma época en que el argentino nacía en un hogar de clase media acomodada de la Ciudad de Buenos Aires, en 1970. En su tercera presidencia, Lula es sin dudas un líder de fuste a nivel global y desde la capital argentina viajó a Río de Janeiro, donde presidirá la cumbre de los países Brics, el grupo de naciones del que es socio fundador y que está modificando las reglas de juego entre las potencias.
Este mano a mano argentino-brasileño no es más que la continuidad del extremismo verbal que Milei usó contra Lula desde antes de ser elegido presidente y que se potenció cuando invitó a Jair Bolsonaro al acto del día de su asunción. Los desplantes y destratos se morigeraron en el Mercosur por razones de protocolo que apenas disimula el personal de Cancillería con más experiencia. Pasó este jueves cuando el brasileño demoró su ingreso al Palacio San Martín porque no dejaban pasar a su fotógrafo personal, Ricardo Stuckert. Un problema insólito que fue solucionado ante el revuelo generado.
Lula también marcó sus diferencias y, viejo zorro de la política, antes de viajar a Buenos Aires dio una entrevista al Jornal da Manhã en la que, en el mejor estilo del libertario, adelantó que durante su presidencia pro tempore –que recibió justamente de Milei– «firmaré el acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE), el mayor acuerdo comercial de la historia». Y detalló que los dos bloques tienen 722 millones de habitantes y un PBI de 27 billones de dólares.
Al argentino le quedó como logro el tratado comercial con EFTA, las siglas en inglés para Asociación Europea de Libre Comercio, un bloque de países paralelo a la UE, integrado por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, «cuyo PIB asciende a 1,5 billones de dólares y presenta un PIB per cápita promedio cercano a los 95.000 dólares anuales, uno de los más elevados del mundo», según indicó Milei.
Otros contrastes conceptuales: mientras el dogma de Milei es la apertura irrestricta de los mercados y cada tanto vuelve a avisar que su gran idea es dolarizar la economía nacional, el exsindicalista plantea «un sistema de pago en monedas locales que facilite las transacciones digitales» y declama que el Arancel Externo Común «blinda» al bloque «contra guerras comerciales ajenas».
Pero Lula tenía otra punzada para su par argentino: la visita a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner en su departamento del barrio porteño de Constitución, donde cumple su condena. «Mi amistad con Cristina es de larga data y va mucho más allá de la relación institucional. Es el cariño y el amor de amigos, colegas en el ámbito político y en los ideales de justicia social y lucha contra la desigualdad», posteó Lula en su cuenta de X, con una foto, claro, de Stuckert.
Visitei hoje a companheira e ex-presidenta Cristina Kirchner (@CFKArgentina) em sua residência, em Buenos Aires. Fiquei muito feliz em revê-la e encontrá-la tão bem, com força e gana de luta.
«Lula también fue perseguido, también le hicieron lawfare hasta meterlo preso, también intentaron callarlo. No pudieron. Volvió con el voto del pueblo brasileño y la frente en alto. Por eso hoy su visita fue mucho más que un gesto personal: fue un gesto político de solidaridad», destacó CFK en X, con el énfasis que dan las mayúsculas, en un extenso tuit en el que fustigó el plan económico y el modelo represivo y de vigilancia interior que plantea Milei, que describe como una amenaza para la democracia.
MISERIA PLANIFICADA Y TERRORISMO DE ESTADO DE BAJA INTENSIDAD.
HOY RECIBIMOS AL COMPAÑERO @LulaOficial en mi casa, donde estoy bajo detención domiciliaria por decisión de un Poder Judicial que hace tiempo dejó de disimular su subordinación política y se convirtió en un partido… pic.twitter.com/4WgdyeZdrP
No dejó de lado, la expresidenta, los últimos aumentos en los servicios públicos y el corte de gas en Mar del Plata en medio de una ola de frío con pocos precedentes. El Servicio Meteorológico Nacional confirmó que este miércoles en la Ciudad de Buenos Aires se había registrado una temperatura mínima cercana al récord anterior, de 1991. Justo cuando nacía oficialmente el Mercosur, en la capital paraguaya.
Una semana movida la que pasó. El 17, desde el Amazonas, Joe Biden se mandó un discurso ecologista y ya que estaba, autorizó el uso misiles de largo alcance contra territorio ruso, una medida que Volodimir Zelenski le venía implorando porque advertía que no había forma de frenar los avances rusos en el Donbas y la OTAN olfateaba una humillante derrota en Ucrania.
Fue un tiro a dos bandas el del presidente de EEUU: le deja una papa caliente a Donald Trump y desafía a Xi Jinping, con quien había coincidido en la capital peruana para el encuentro de Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). El mandatario chino inauguraba el lunes un megapuerto en Chancay, a pocos kilómetros de Lima, y de ahí fue a Río de Janeiro, a la cumbre del G20.
En la disputa por la hegemonía del mundo, Sudamérica es un escenario clave. Y esa cumbre, con sus tironeos, resultó en música para los oídos de Lula, que como presidente protémpore organizó el encuentro de los países más poderosos y ese puñado de emergentes del que, milagrosamente, participa Argentina. Ese mismo día, el presidente ucraniano se despachó con seis misiles contra la ciudad rusa de Brianks. No hicieron mucho daño, pero le dio pie a Vladimir Putin para poner la rúbrica en la nueva Doctrina Nuclear de Rusia, que tenía cajoneada desde septiembre.
Luego, el presidente ruso apretó el botón de lanzamiento de un misil hipersónico Orenshik, y a poco de ver el resultado, se jactó del éxito en el terreno para anunciar que van a producirlo en serie. Parecía un aviso publicitario del artefacto desarrollado por el Instituto de Tecnología Térmica de Moscú (MITT).
En Río, los países asistentes -incluso el reacio Milei, que se tuvo que quedar en el molde – firmaron un documento que plantea una agenda contra el hambre y avanza hacia el cobro de gravámenes para las grandes fortunas del planeta. No es para ilusionarse, pero que se discutan esos temas cuando algunas potencias iban por el lado de condenar a Rusia y justificar a Israel en Gaza, es para resaltar.
Ya en Brasilia, Lula firmó 37 acuerdos de asociación comercial y estratégica con Xi Jinping. Uno de ellos es para la construcción de un corredor ferroviario bioceánico que permitirá sacar la mercadería brasileña por el Pacífico a través del flamante puerto peruano. Otro le abre una competencia binacional a la empresa satelital de Elon Musk, quien tuvo que avenirse a un fallo del Tribunal Supremo de Justicia por la red X. Todo esto mientras prosperaba una investigación contra los bolsonaristas por el intento de magnicidio contra Lula.
El jueves, la Corte Penal Internacional de La Haya ordenó detener al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu y el extitular de Defensa, Yoav Gallant, una medida que Milei rechazó por su deseo consolidar una alianza -personal- con Israel.
En esta parte de la Cuenca del Plata, mientras tanto, Uruguay se apresta a elegir al presidente que gobernará en el período de su Bicentenario (2025-2030). Hace 200 años, la región estaba enfrascada en una guerra entre las Provincias Unidas con la Banda Oriental contra el Imperio de Brasil. Ahora está la posibilidad de perseverar en la unidad mirando al mundo desde acá y no con anteojeras eurocéntricas. Como hace 200 años, el tren de la historia está pasando y habría que tratar de lo perdérselo.
Elon Musk le declaró la guerra abierta al titular de la Corte de Brasil, Alexandre de Moraes, y ya que está al presidente Lula da Silva, mientras deja en claro que juega todas las fichas por Donald Trump en las presidenciales su país de adopción. El dueño de la red X prometió en su cuenta personal que desde hoy publicará “la larga lista de crímenes” que según él cometió el magistrado, al que califica de dictador y “fraude”. En posteos anteriores, el empresario sudafricano-estadounidense había salido en defensa de su competidor de Telegram, Pavel Durov, detenido por unos días en Francia (ver aparte), argumentando en favor de la libertad de expresión irrestricta en la web. Ahora fue algo más lejos y dijo que situaciones que considera como censura pueden repetirse en Estados Unidos si en noviembre Kamala Harris llegara a la presidencia.
Los primeros escarceos se produjeron cuando el juez ordenó bajar contenidos racistas y de grupos extremistas que utilizan la plataforma para desinformar y difundir mensajes de odio. ADM se centró a principios de agosto en siete perfiles que responden al expresidente Jair Bolsonaro, socio ideológico de Trump. El antecedente para el togado es el intento golpista de enero de 2023, cuando partidarios de Bolsonaro coparon la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia con el objetivo de forzar la destitución de Lula, que había asumido su tercer mandato la semana anterior. «La libertad de expresión no debe confundirse con el permiso para faltar el respeto a las leyes o promover ideales antidemocráticos», anotó el presidente del Tribunal Supremo de Justicia.
Sucede que Musk no solo es correligionario de Trump, sino de Bolsonaro y de cuanto discurso ultraderechista pulule en las redes. Y al igual que toda esa camada de magnates del siglo XXI de gran visibilidad publica en las plataformas digitales, el propietario de X se maneja en la Tierra como si tuviera un poder superior al de cualquier gobierno elegido por el pueblo. No son pocos los que le rinden pleitesía, como el argentino Javier Milei. Pero Lula no está entre ellos. «¿Quién se cree que es? No por tener mucho dinero ese tipo puede faltar al respeto; es un ciudadano estadounidense, no es un ciudadano del mundo, no puede ofender a los presidentes, a los diputados, al Senado, a la Cámara, al Tribunal Supremo. Tiene que respetar la decisión del Tribunal Supremo de Brasil», se ofuscó en una entrevista con la radio Rede Mais.
Como la orden no se cumplía, el 15 de agosto el juez triplicó la pena económica original por incumplimiento, que era de U$S 8900 por día. La respuesta de Musk fue levantar las oficinas de X en Brasil y trasladar a su responsable local al exterior. ADM ordenó, en consecuencia, designar un representante legal. Al no obtener resultados, salió la orden de bloqueo total, que se transmitió inmediatamente a la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel). Mientras dure la prohibición, no se permitirá el acceso a Xy los operadores de telefonía están obligados a bloquear las IP de la red social. Tanto Apps Store como Google Play Store tienen que bajar la aplicación. Cualquier violación a esta decisión implicará una multa, también de U$S 8900 diarios.
El magistrado bloqueó además las cuentas bancarias de Starlink, la empresa de satélites de Musk, para cobrarse las multas impuestas, que a esta altura sumaban unos 3 millones de dólares. El magnate respondió que «no cumplirá las órdenes ilegales para censurar a opositores políticos» y aseguró que seguirá prestando el servicio de conexiones de SpaceX de manera gratuita a hospitales, escuelas, al ejército brasileño y a los particulares que lo tuvieran contratado hasta ahora y mientras dure la clausura. No por gentileza, sino porque básicamente no puede cobrarles.
En un extenso fallo de 51 páginas, el juez fija posición en base a investigaciones de Sergio Arce García. El especialista de la Universidad Internacional de La Rioja (España) se explaya sobre los trabajos de la consultora Cambridge Analytica, dice ADM, en la “utilización de tecnología e inteligencia artificial en campañas políticas, narrando el éxito en las elecciones del Brexit (2016) y Estados Unidos (2016)”. Y menciona puntualmente la influencia de las técnicas desarrolladas por “Steve Bannon, que llegó a ser consejero del expresidente Donald Trump”.
No habla el titular del TSJ de que la empresa británica también tuvo un papel relevante en la elección argentina de 2015, como reconoció el CEO, Alexander Nix, ante una comisión investigadora del parlamento británico en junio de 2018. Pero sí afirma que Musk “pretende, claramente, continuar incentivando los posteos de discursos extremistas, de odio y antidemocráticos e intentar substraerlos al control jurisdiccional, con real peligro, inclusive, de influenciar negativamente en el electorado en 2024 con masiva desinformación, con el objetivo de desequilibrar el resultado electoral a partir e campañas de odio en la era digital para favorecer a grupos populistas extremistas”.
El 6 de octubre 155 millones de ciudadanos brasileños deberán elegir alcaldes y concejales de 5568 municipios de ese país. Un mes más tarde serán los comicios en Estados Unidos. ¿Alexandre de Moraes habla sólo de Brasil?
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