por Alberto López Girondo | May 9, 2017 | Sin categoría
Foto: Gentileza Mariano Martino, Tiempo Argentino
Hay similitudes entre los ataques de la prensa que recibieron los ex presidentes Getúlio Vargas y Lula da Silva y el amargo final de los períodos progresistas en el Brasil. Hay tanta semejanza entre algunas actitudes del otro lado de la frontera y algunos personajes locales que, con solo intercambiar ciertos nombres y algunos detalles, se podría hablar tranquilamente de los gobiernos populares argentinos. Eso se desprende de un voluminoso trabajo de Ariel Goldstein, docente en la cátedra de Política Latinoamericana en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Prensa tradicional y liderazgos políticos en Brasil, que acaba de ser publicado y sobre el que mantuvo una charla con Tiempo Argentino.
«Hay dos grandes diferencias entre Vargas y Lula. Una es de clase y otra de enfoque sobre la prensa», aclara el joven investigador. Y desmenuza: Lula nació en un hogar extremadamente pobre del nordeste brasileño, mientras que Vargas era un rico hacendado de Rio Grande do Sul. Vargas -que había tenido un gobierno casi autoritario, tuvo posteriormente un segundo mandato en que impulsó reformas laborales que ahora el gobierno de Michel Temer quiere voltear- financió medios a su favor. Lula, del PT, un sindicalismo de origen antivarguista, nunca fue proclive a crear una prensa propia. Por lo demás, ambos sufrieron el impiadoso sistema de medios de la oligarquía por haber apoyado medidas que beneficiaban a la clase trabajadora. «Los medios se presentan como garantes de la moralidad y atacan al populismo de entrada», sintetiza.
El libro cuenta el caso de Samuel Wainer, el fundador de Última Hora, el único medio afín a Vargas (su lema era «diario de oposición a la clase dirigente y a favor de un gobierno») y posteriormente a João Goulart. «En 1949, Vargas estaba prácticamente retirado en su campo de San Borja cuando le dio un reportaje a Wainer, un periodista de la cadena de Chateaubriand, entonces la más poderosa del continente -cuenta Goldstein- la nota causó tal impacto que catapultó a Vargas a la presidencia en las elecciones de 1950». Detalla el investigador que Wainer había sido comunista y que recibió la propuesta de hacer el diario con créditos del Banco do Brasil. Así nació un medio revolucionario en su estilo que cambió para siempre el periodismo brasileño y trepó al primer lugar en ventas en poco tiempo.
«Eso le ganó el odio de otro periodista, Carlos Lacerda, que desde las páginas de Tribuna da Imprensa atacaba a Vargas como luego haría con Goulart, pero también a Wainer por haber recibido el crédito, y por ser extranjero -había nacido en territorio de la actual Moldavia-. Eso llevó al suicidio de Vargas».
¿Cómo pudo ocurrir eso? «El presidente venía sufriendo el embate de los medios tradicionales, que son liberales en lo económico y conservadores en lo político. Hubo un ataque contra Lacerda en que murió un militar que lo acompañaba. El atacante era de la custodia del mandatario. No hubo pruebas de la responsabilidad de Vargas pero pocos días más tarde el presidente se suicidó dejando una carta muy impactante». El suicidio generó manifestaciones y represión policial, debidamente ocultada por los medios que habían arrinconado a Vargas.
El embate contra Lula se gestó desde 2004, a poco mas de un año de asumir, tuvo su punto culminante con el escándalo del mensalão. «Lula vino moderando su discurso desde que era dirigente gremial y, al llegar al gobierno, hizo políticas para amigarse con la prensa y los poderes reales. Pero nunca fue aceptado porque nunca sería uno de ellos.» Finalmente, mucho de este clima destituyente se cristalizó en la caída de Dilma Rousseff y el escándalo del Lava Jato.
-¿Por qué el PT nunca tuvo medios ni intentó cambiar la ley?
-Creo que mayoritariamente compraron el discurso liberal de los medios. Por otro lado, Antônio Carlos Magalhães, ministro de Comunicación de José Sarney -puesto por O Globo, hay pruebas de ello, como forma de conseguir el apoyo para la reforma constitucional que quería el presidente para darle cinco años de mandato- repartió licencias de radiodifusión a todos los diputados. De allí que se hable del coronelismo mediático electrónico. Una reforma a la ley de medios tendría que ser votada por esos mismos diputados regionales que tienen emisoras. «
Periodismo y política sin fronteras
Carlos Lacerda fue el principal enemigo de Getulio Vargas desde los medios y luego incursionó en la política, destaca Ariel Goldstein. Fue clave en el suicidio del presidente «gaúcho» pero también en el derrocamiento de Joao Goulart en 1964. «Como muchos creyó que la dictadura sería transitoria y podría ser candidato, pero duró 20 años».
Uno lo podría asimilar a un Jorge Lanata a la brasileña. Después de todo, para Lacerda la principal crítica contra Vargas y luego contra su hijo político, Goulart, quien había sido ministro de Trabajo en su gestión, es que eran peronistas.
Samuel Wainer, en cambio, podría asimilarse a Jacobo Timerman, si bien este último nunca hizo un periódico oficialista. Wainer, nacido en Besarabia, creó en 1951 un diario que más allá de su orientación política, revolucionó la manera de hacer periodismo en Brasil. Timerman, nativo de la actual Ucrania, hizo lo propio en Argentina con Primera Plana y La Opinión, casi una década y media después. Ambos terminaron perseguidos por dictaduras.
Tiempo Argentino
Mayo 7 de 2017
por Alberto López Girondo | May 3, 2017 | Sin categoría
Los graves incidentes registrados al finalizar la primera huelga general en los últimos 21 años de historia del Brasil dejaron un saldo provisorio de 60 detenidos y decenas de heridos, entre ellos un estudiante de 33 años, golpeado con una cachiporra en la cabeza por la policía de Goiás y que peleaba por su vida en el Hospital de Urgencias de Goiana. La represión a las manifestaciones y los incidentes con grupos aislados se hicieron sentir sobre todo en Río de Janeiro y San Pablo, la capital económica del país, donde la policía reprimió con intensidad el intento de algunos centenares de manifestantes de ir a escrachar a Michel Temer en su casa. No estaba, ya que desde la destitución de Dilma Rousseff ocupa la residencia presidencial en Brasilia.
La huelga fue masiva y las principales ciudades del país amanecieron con una calma solo atravesada por movilizaciones que preanunciaba lo que para Vagner Freitas, el secretario de la CUT –la central obrera creada por Lula da Silva en los 80 y que fue la base para su crecimiento político– fue un éxito total y el inicio de un movimiento popular que ponga freno a las políticas neoliberales que un gobierno con la credibilidad por el piso quiere imponer sin la menor sensibilidad política.
No se necesita demasiada perspicacia para aventurar que realmente los tiempos se aceleran en el gigante sudamericano, inmerso en una crisis económica, pero con una base política indudable. Dilma fue exonerada del poder en agosto de 2016 luego de meses de acoso desde los medios y de un Congreso que fue tensando la cuerda a pesar de que muchos de los legisladores llegaron a su banca mediante acuerdos con el PT, el partido que también creó Lula da Silva y que le permitió llegar al Planalto en 2003.
Esa coalición, esquiva a dar respaldo en tiempos de vacas flacas, es ahora el único sostén de Temer, que cuenta según la última encuesta de Ipsos con un 87% de rechazo popular, la segunda peor imagen entre los políticos, detrás del detenido por corrupto Eduardo Cunha, el hombre que abrió el impeachment contra Dilma en la Cámara baja.
Sucede que las principales espadas destituyentes están implicadas en el escándalo Lava Jato e incluso el propio mandatario de facto enfrenta la posibilidad de un juicio político por las denuncias de haber recibido coimas de Odebrecht que hicieron ejecutivos de la misma empresa.
Se entiende que la respuesta de Temer, ante la masiva huelga, haya sido que las reformas laborales resistidas en las calles son necesarias para luchar contra la recesión y que las piensa debatir en el único y limitado espacio que le queda. «El trabajo a favor de la modernización de la legislación nacional continuará, con debate amplio y franco, realizado en la arena adecuada para esta discusión: el Congreso Nacional», dijo, sin inmutarse.
Esta orfandad evidente del mandatario alentó a la ex presidenta, que calificó a la huelga del viernes como «un símbolo de valentía, un momento de esperanza y de resistencia: 35 millones de brasileños cruzaron los brazos para fortalecer la democracia en Brasil».
Lula, su mentor y el único líder político con aspiraciones reales para ganar las presidenciales de 2018, también celebró la movida. «Es una satisfacción saber que el pueblo está tomando conciencia. La gente se quedó en casa porque no quiere que le quiten los derechos (…) adhirieron las amas de casa, el trabajador y el pequeño comerciante», dijo.
«Destruir derechos no mejora la vida a nadie. Para resolver el problema es necesario incluir a los más pobres en la economía, pero el gobierno lo único que sabe hacer es cortar, ajustar, siempre por lo más delgado», insistió Lula, para repetir que se piensa postular el año entrante y que solo violando la Constitución podrán evitarlo.
Luego abundó: «Esa gente quiere volver a la esclavitud, al tiempo de antes de Getulio Vargas». Y no se equivoca.La reforma que pretende Temer, que ya había logrado aprobar el trabajo tercerizado, por el cual las empresas están en condiciones de convertir a empleados con derechos en prestadores de servicios sin ningún beneficio.
Ahora se pretende agregar-como una ferozy despiadada burla ante el 1 de mayo- una flexibilización amplia que volvería a las 12 horas continuas de trabajo sin retribución especial y baja los derechos a la indemnización justa, vigentes desde 1943. Al mismo tiempo busca aumentar la edad para la jubilación a 65 años los hombresy 62 las mujeres.
La reforma es tan brutal que la huelga encontró adhesión hasta en la iglesia brasileña, a caballo de una carta del Papa Francisco contra esta dosis extrema de neoliberalismo que ni siquiera la dictadura militar, con la suma del poder público entre 1964 y 1980, se atrevió a imponer. Así fue que un centenar de obispos, con parte de las iglesias evangelistas, se sumaron a las protestas. «Reformas de tal importancia no pueden ser implementadas sin una extensa discusión», destacó Leonardo Steiner, obispo auxiliar de Brasilia, en una entrevista que publicó la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil.
¿Las polémicas leyes serán aprobadas en el Senado? El ministro de Justicia, Osmar Serraglio, no dudó en desafiar a la oposición al tildar a los que adhirieron al paro –que calificó de fracaso– de «vagos y perezosos». Y en declaraciones al portal UOL señaló que la protesta «al contrario de intimidar, motivará a los parlamentarios a observar que la gran mayoría de la sociedad está absolutamente de acuerdo con lo que está ocurriendo (…) la expectativa es que efectivamente arreglemos y corrijamos este país».
Pero el apoyo a esta embestida contra los derechos laborales no será tan lineal como se dio en Diputados. Lo confesó Antonio Imbassahy, ministro de la Secretaría de Gobierno, al diario paulista O Estado. «Hay un tipo de inquietud» en aumento de»parlamentarios de la base oficialista que no están conformes» con el rumbo que toman los acontecimientos. Tanto es así que el jefe del PMBD en la Cámara alta, Renán Calheiros –clave también el juicio contra Dilma–, consideró que las resistidas normativas «no pasarán» en el Senado porque «solo interesan a la banca, son rechazadas en peso por la población» y además, “avergüenzan a la base del propio Gobierno». A algo más de un año de elecciones no todos aceptan digerir vidrios con tanta facilidad.
Tiempo Argentino
Abril 30 de 2017
por Alberto López Girondo | Feb 15, 2017 | Sin categoría
«No puede ser embajador un señor que viene a destruir la casa», dijo de un modo categórico –y haciendo honor a su apellido– Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo. El «señor» en cuestión es Theodore Roosevelt Malloch, PHD en Economía Política Internacional por la Universidad de Toronto, docente y lobista en el Capitolio con un paso como diplomático en las Naciones Unidas en Ginebra, quien se ganó la enemistad de los organismos paneuropeos por decir que el euro podría colapsar en un plazo de 18 meses y que Grecia estaría a punto de salirse de la moneda común.
Tal vez finalmente no ocurra lo que Tajani y la propia canciller Federica Mogherini rechazan: que Malloch sea designado embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea. Pero en todo caso, el desatino del asesor presidencial fue suficiente como para erizar los pelos en un continente que todavía no digiere el Brexit. Y para alertar sobre el plan de Donald Trump de desatar una guerra de monedas que consume esa ambigua situación que crece larvadamente desde la crisis de 2008 en episodios puntuales.
Malloch, que no tiene prurito en decir lo que piensa –lo que atrae especialmente a Trump, otro incontinente verbal– se ufanó de que en su anterior paso por la diplomacia había ayudado a «hacer caer a la antigua Unión Soviética. Así que es probable que haya otra Unión que necesita un poco de amansamiento», señaló en referencia clara a la Unión Europea. Trump ya había dado muestras de incondicional apoyo al Reino Unido y al gobierno conservador de Theresa May en este momento crítico. Malloch explicó esa posición al decir que su presidente «no cree en las instituciones supranacionales». Algo que ya había demostrado con el retiro del Tratado Trans Pacífico y el anuncio de que piensa rever el que Estados Unidos mantiene con México y Canadá y de que reimpulsará la industria estadounidense a como dé lugar.
Precisamente otra de las formas para poner en marcha el programa que prometió en campaña es presentar batalla en el mercado de cambios. En el primer día en la presidencia denunció a China, con ese tono de indignado que lo caracteriza, como «un manipulador de divisas». En uno de sus ya masivos tuits, fue más contundente al decir que «si miran lo que hace China y lo que hizo Japón durante años, ellos juegan al jueguito de la devaluación, mientras que nosotros nos quedamos sentados como unos idiotas». Esto es, que las dos economías asiáticas fijan un valor arbitrariamente bajo a sus monedas para hacer más competitiva a su economía y beneficiar a su comercio exterior.
Por esa misma época otro de sus asesores, Peter Navarro, director del Consejo Nacional para el Comercio de Estados Unidos, disparaba sus dardos contra Alemania, país al que acusó de mantener un euro muy subvalorado «para explotar a sus socios comerciales de Europa y a los EEUU». Trump en persona dijo en una entrevista al británico The Times y al germano Bild que «si miras a la UE, es Alemania. Básicamente es un vehículo para Alemania», frase puntualmente repudiada por la canciller AngelaMerkel.
No resulta casual que el euro cayó levemente el viernes ante el dólar, que sigue animado por la promesa del presidente estadounidense de anunciar en pocas semanas una «fenomenal» reforma fiscal con rebajas de impuestos.
Para quienes piensan el valor de la divisa en función de los bienes o las reservas que garantizan su fortaleza, resulta difícil explicar cuál es el sustento real del dólar desde que en agosto de 1971 el presidente Richard Nixon suspendió la convertibilidad con el oro. No es osado decir que en gran medida se apoya en Estados Unidos como gendarme del mundo, pero sobre todo en que el dólar es la moneda en que se intercambian productos esenciales en esta etapa del capitalismo internacional, como el petróleo y los alimentos.
Desde este ángulo, se puede interpretar la invasión de Libia y la destrucción del Estado construido por Muhammar Khadafi desde 2011 y los ataques a los gobiernos progresistas latinoamericanos como una represalia. A partir de la crisis de 2008, China anunció la acuñación del yuan de oro y desde algunos países árabes exportadores se comenzó a manifestar la voluntad de reintroducir el patrón de oro. Khadafi pretendía emplear el dinar de oro para su comercio internacional. Mientras tanto, en América Latina los gobiernos de Venezuela, Brasil y Argentina –Lula da Silva, Cristina Fernández y Hugo Chávez, junto con los mandatarios de Bolivia y Ecuador– propugnaban el comercio intrazona en monedas locales o en un recurso financiero denominado SUCRE.
Ahora, Trump también amenazó con romper o al menos diluir el efecto de los acuerdos nucleares que habían firmado los cinco miembros permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania con el gobierno de Irán. La respuesta de estos últimos días de Teherán la dio el gobernador del Banco Central de la República Islámica, Valiollah Seifm, quien adelantó que desde el 21 de marzo dejará de utilizar al dólar como moneda de elección en sus informes financieros para avanzar paulatinamente hacia el intercambio en otras divisas. Irán tiene el 13% de las reservas de petróleo reconocidas por la OPEP y tuvo ventas en 2016 por 41 mil millones de dólares, lo que para los analistas es un volumen importante como para hacer ruido en esa guerra que se avecina.
El último año de gestión de Barack Obama no dejó buenas señales para su sucesor, que bien podría hablar de «pesada herencia». El país celebró sus 41 años ininterrumpidos de déficit comercial con una diferencia negativa en su comercio exterior de 502.252 millones de dólares, la mayor desde 2012. Mientras tanto, el dólar se fortaleció un 3,6% en relación a una canasta de seis monedas.
El diario mexicano El Financiero cita a Joachim Fels, asesor económico global de Pacific Investment Management, en una frase que ilustra claramente que las bravatas de Trump tienen también un contexto y buscan un objetivo en el mundo de las cosas concretas: «El nuevo gobierno estadounidense es menos propenso a tolerar la solidez del dólar y mucho más inclinado a usar el arma nuclear del proteccionismo.» Lo que abre las puertas a una abierta guerra de divisas que quizás el cálido intercambio telefónico del jueves con el presidente chino Xi Jinping –en el que se comprometió a respetar la política de «una sola China»– no alcance a disipar.
Tiempo Argentino
Febrero 12 de 2017
por Alberto López Girondo | Dic 14, 2016 | Sin categoría
El embate contra el polémico presidente de la Cámara de Senadores brasileña, Renan Calheiros –que se atrevió a no dejar el cargo ante el pedido de un juez de la Corte y se salió con la suya– es apenas una muestra en escala de la descomposición que envuelve a la dirigencia política, que usó una argucia para acusar y destituir a Dilma Rousseff y ahora enfrenta escándalos de proporciones mayúsculas. Uno de los protagonistas de esta trama es la empresa Odebrecht, uno de los emblemas del período de Lula en el poder y ahora una pieza clave para develar los manejos de la política en Brasil.
La historia de este gigante que emplea a 168 mil trabajadores en 28 países –incluida la Argentina– y factura alrededor de 29 mil millones de dólares anuales comienza en 1856. Ese año, Emil Odebrecht, un joven de 23 años oriundo de Jacobshagen, Pomerania –entonces parte de Prusia y ahora territorio polaco– llegaba a América para afincarse en el sur del Brasil.
Era la segunda gran oleada de alemanes que llegaban a este rincón del mundo. En 1820 hubo una primera migración, atraída por el emperador Pedro I, que quería poblar de connacionales de su esposa, María Leopoldina de Habsburgo, esa región en disputa con las Provincias Unidas. Muchos de aquellos germanos terminaron como mercenarios en la guerra contra Buenos Aires, entre 1825 y 1828.
El primero de los Odebrecht se casó con su paisana Bertha Bichels y tuvieron 15 hijos. Es el tronco de una rama que computa más de 1300 personas con ese apellido. El más famoso en estos últimos meses es Marcelo Odebrecht, condenado a 19 años de prisión bajo severos cargos de corrupción como responsable de uno de los mayores conglomerados empresariales del mundo, con intereses en la construcción y la industria petrolera y química.
Marcelo Odebrecht fue uno de los principales aliados de Lula desde que llegó al poder, en 2003. Tanto la megaempresa como otros grandes holdings como Camargo Correa, constituyeron la “burguesía nacional” con la que el PT aspiraba al despegue de Brasil como potencia mundial.
Con créditos del Banco Nacional de Desarrollo y un empuje indudable, Odebrecht había extendido sus tentáculos hacia la mayoría de los países latinoamericanos y algunos africanos de lengua portuguesa. En Argentina ganó decenas de licitaciones desde 1987 y es uno de los que hará el soterramiento del ferrocarril Sarmiento. En Cuba construyó el complejo Puerto Mariel, una de las mayores apuestas del gobierno de la isla en esta etapa de actualización del modelo socialista.
Pero desde que intentaron poner un pie en Miami, murmuran en la filial porteña, se le complicaron las cosas. Y cuando el juez Sergio Moro avanzó en la megacausa Lava Jato, el nombre de Odebrecht era figura cantada en el despacho del polémico magistrado. Hace 16 meses, tras varios amagues, Moro ordenó la detención de Marcelo Odebrecht y de otros directivos de la firma. Ya había dejado tras las rejas a responsables de otras contratistas de Petrobras.
Marcelo Odebrecht cerró la boca por más de un año, como para cumplir un pacto de caballeros con el partido con el que había crecido tanto. Hasta que un golpe parlamentario dejó fuera de juego a Dilma Rousseff en agosto pasado. Y entonces abrió negociaciones con el juez. Prendería el ventilador y ordenaría hacer lo propio a ejecutivos bajo la figura de la “delación premiada”.
La semana pasada trascendió la lista de los que recibieron aportes de Odebrecht en distintas etapas de estos últimos años. Podría decirse que están todos, pero todos. Es cierto que aparecen encumbrados representantes del PT –no así Lula ni Dilma– pero especialmente se pueden ver los dirigentes que dieron el golpe. El que abrió el impeachment y terminó expulsado de la Cámara Baja, Eduardo Cunha, el canciller José Serra, algún apellido Temer que se relaciona fácilmente con el presidente y, claro, el senador Calheiros.
Esta semana hubo un pase de comedia cuando el juez supremo Marco Aurelio Mello ordenó suspender al jefe de los senadores por una causa de corrupción que data de 2007. La edición de Playboy de octubre de ese año mostraba como “conejita” de tapa a Mónica Veloso, examante del presidente de la Cámara Alta. La mujer, periodista, dijo que tenía una hija de tres años con Calheiros y que le retaceaba dinero. Era grave que las hubiera mantenido en las sombras, pero más que había conseguido “aportes” de empresas para darles una mensualidad bajo cuerda durante años.
Calheiros, del mismo partido de Temer y pieza clave hoy día para aprobar una reforma constitucional que limita el gasto público por dos décadas, también fue acusado de haber beneficiado a una fabricante de cerveza y de ser socio oculto de emisoras de radio. En esa época, el escándalo repercutía en el PT, ya que el hombre era aliado del gobierno de Lula. Ahora, todos sus atributos quedaron expuestos, como en una tapa de Playboy.
Tiempo Argentino
Diciembre 11 de 2016
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