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Los militares avanzan en Brasil para controlar el gobierno de Bolsonaro

Los militares avanzan en Brasil para controlar el gobierno de Bolsonaro

La crisis política que se comenzó a incubar a poco de que el excapitán Jair Bolsonaro se puso la banda presidencial, finalmente terminó por consolidar un gobierno que para las grandes decisiones mucho se parece a una junta militar. Reminiscencia de aquella que gobernó al país entre 1964 y 1985 y que Bolsonaro recuerda como un hecho virtuoso en la historia brasileña. Sin embargo, no sería un déjà vu sino que la influencia militar es una suerte de preventivo a una administración que preocupa en el estabilshment brasileño porque lo ven sin rumbo.

La expulsión del secretario general de la Presidencia, Gustavo Bebianno, tiene su secuela. El hombre, cinturón negro de jiujitsu, un arte de defensa japonés muy arraigado en Brasil, estaba enfrentado con los hijos de Bolsonaro, Carlos y Flávio, por cuestiones de influencias políticas.

El escándalo de las cuentas ocultas del chofer de Flávio, Fabricio José de Queiroz, posible testaferro de negocios no tan pulcros del senador carioca, golpearon debajo de la línea de flotación en el mandatario, que había basado su estrategia electoral en la transparencia en pleno auge de la causa Lava Jato, que comandaba el juez Sergio Moro. De hecho, Bolsonaro padre le dio el Ministerio de Justicia al magistrado que llevó a prisión a Lula da Silva.

Para colmo, el presidente tuvo que ser internado para retirarle la bolsa de colostomía que le habían puesto tras la cuchillada que recibió durante la campaña electoral. Bolsonaro no supo muy bien de qué lado venía la filtración sobre las finanzas de su hijo Flávio, pero sospechó de los dos que perfilaban como enemigos del vástago, mucho más derechista en sus expresiones, si cabe, que su progenitor. Uno era Bebianno, el otro su vicepresidente, el general Hamilton Mourão. Por eso se negó a pedir licencia mientras estuvo internado.

Mourão es un militar de estirpe: su padre también vistió uniforme. Integra el complejo entramado de miembros de las Fuerzas Armadas que conforman el núcleo de la gestión bolsonarista desde el primer día. El secretario de Gobierno es el general Carlos Alberto dos Santos Cruz; el titular del Gabinete de Seguridad Institucional, el general Augusto Heleno Ribeiro; el ministro de Defensa, el general Fernando Azevedo e Silva Minas. En la cartera de Energía está el almirante Bento Costa Lima Leite de Albuquerque, mientras que en Ciencia y Tecnología, el teniente coronel de la Fuerza Aérea, Marcos Pontes, primer astronauta latinoamericano.

Bebianno quedó en el ojo de la tormenta cuando aparecieron los primeros artículos sobre el chofer de Flávio, un policía militar que manejaba cuentas con más de 300 mil dólares con un salario de empleado administrativo. Los Bolsonaro no tuvieron duda que el hombre que comandó el Partido Social Liberal (PSL) que coronó al presidente había filtrado la noticia a O Globo y lo comenzaron a atacar por las redes sociales. Ni lerdo ni perezoso, Bebianno dijo que si él caía también caería el presidente y se negó a renunciar. El presidente lo echó el lunes a la noche y puso en su lugar al general Floriano Peixoto.

Las primeras disidencias de Mourão con Bolsonaro se comenzaron a mostrar cuando el presidente anunció que analizaba trasladar la embajada de Brasil en Israel a Jerusalén, siguiendo los pasos de Estados Unidos. El vicepresidente relativizó el anuncio al decir que Brasil tiene relaciones y reconoció al Estado Palestino. 

Cuando la situación en Venezuela comenzó a escalar y desde el entorno del mandatario se deslizaba un acompañamiento irrestricto al deseo de Donald Trump, fue también el compañero de fórmula del excapitán, quien dijo que «no tendría sentido una intervención militar estadounidense en Venezuela. La cuestión de Venezuela debe ser resuelta por los venezolanos».

La sensación que deja en los analistas este momento de la política brasileña es que el gobierno está a la deriva, que hay pujas internas promovidas por los hijos de Bolsonaro que afectan su desempeño. Y que los militares avanzan para cumplir el objetivo fijado al apoyar la destitución de Dilma Rousseff pero sobre todo, para controlar al hombre que expulsaron por un acto de indisciplina en 1988.

Tiempo Argentino, 24 de Febrero de 2019

Bolsonaro lo echó y ahora dice que el presidente «es un loco y un peligro para Brasil»

Bolsonaro lo echó y ahora dice que el presidente «es un loco y un peligro para Brasil»

Gustavo Bebianno Rocha nació en Río de Janeiro hace 54 años. Cinturón negro de jiu-jitsu, regenteó durante cuatro años un gimnasio en Miami donde entrenaba en ese tradicional arte de defensa japonés. De regreso a Brasil, terminó los estudios que había dejado en suspenso para recibirse de abogado en la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro y desde 2014 buscó la forma de acercarse al círculo íntimo del ex capitán del Ejército y diputado Jair Bolsonaro. Llegó a ser su jefe de campaña para la presidencia en 2017 y secretario general de la Presidencia de Brasil, o sea el brazo derecho del mandatario, hasta hace algunas horas. Fue expulsado tras varias denuncias por corrupción en el manejo de fondos del Partido Social Liberal (PSL).

Sus enfrentamientos con los hijos de Bolsonaro fueron muy ostensibles en el poco tiempo que lleva el gobierno ultraderechista en el Palacio del Planalto. Pero la gota que derramó el vaso es la sospecha de que Bebianno era informante de la red O Globo y fue quien acercó datos acerca de un escándalo que involucra a Flavio Bolsonaro y a su chofer en un caso de desviación de fondos.

Bebianno se sentía amenazado desde hace unos diez días y, conocedor de las técnicas de defensa niponas, pretendió aplicar algún tipo de estrangulamiento cuando dijo que si él caía, también caería Bolsonaro. Ya tenía en su haber varias denuncias por aprietes, aunque sobre personajes secundarios en esta trama y en el marco de disputas internas dentro de la alianza que llevó al poder a Bolsonaro. «Perdí la razón, estaba con al sangre caliente» se disculpó luego de llamar «maricones» a militantes por no apoyar sus posiciones políticas.

Las denuncias contra el hijo del presidente, que golpean directamente en un gobierno que basó su campaña en el combate de la corrupción y puso como ministro de Justicia al juez que condenó al expresidente Lula da Silva, no es un dato menor. Y más cuando apenas habían pasado 20 días de la asunción al cargo.

El caso es que la acusación contra el chofer de Flavio tiene similitudes con la gran causa que atraviesa a la dirigencia del país: Lava Jato. Y es, también, por la financiación de las actividades políticas de manera irregular.

Bebianno fue clave en el armado de una estrategia para que Bolsonaro tuviera un sello electoral a nivel federal que le permitiera competir contra los partidos tradicionales, el PMDB, el PSDB y el PT. El experto en artes marciales primero llegó a la cima dentro del PSL, un partido menor dentro del espectro brasileño, y una vez frente a frente con Bolsonaro, se puso a disposición para lo que hiciera falta.

Para llegar hasta el ex capitán, usó los contactos de su suegro, coronel del ejército. Y luego de los hijos de Bolsonaro, Flavio y Carlos.

Después del triunfo electoral, en el que fueron claves los 65 grupos de Whatsapp creados por Rómulo Bittencourt desde Pernambuco para difundir noticias falsas, Bebianno aspiraba a ser ministro de Justicia del nuevo gobierno. La designación del mediático juez Sergio Moro fue un trago amargo. El consuelo de la Secretaría, que tiene rango ministerial y en teoría le da mayor preeminencia sobre el resto del gabinete, no logró calmarlo.

Las intrigas comenzaron desde ese día y la filtración de las «irregularidades» de Flavio Bolsonaro generaron preocupación. Más aún cuando el presidente debía ser internado nuevamente por secuelas de la cuchillada que recibió durante un acto de campaña. La sospecha sobre Bebianno encontró razones en la «calentura» con que respondió.

Si bien el nuevo mandatario brasileño es un personaje muy extravagante y en general la política de ese país entró en el descrédito luego de la destitución de Dilma Rousseff, que un ministro tan cercano amenace al presidente con arrastrarlo en su caída era inadmisible.

No hubo un «pedido de renuncia», como acostumbra la elegancia política, sino que el propio mandatario dijo en un video que lo exoneraba, aunque no olvidó agradecerle sus servicios y desearle lo mejor para el futuro.

Bebianno, a su turno, dijo que le había perdido la confianza a » Jair y tengo vergüenza de haberle creído”. además, declaró que «Bolsonaro está loco, es un peligro para Brasil». Habrá que ver con qué otra cosa se lanza en las próximas horas.

Tiempo Argentino, 19 de Febrero de 2019

Guilherme Boulos: «Para Bolsonaro cualquier protesta es un acto de terrorismo»

Guilherme Boulos: «Para Bolsonaro cualquier protesta es un acto de terrorismo»

«En Brasil los tiempos son oscuros», dice Guilherme Boulos. Dirigente del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) y candidato presidencial por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) en las elecciones de octubre, es uno de los líderes más reconocidos por Lula da Silva dentro del campo de la izquierda. Junto con Manuela D´Avila fueron protagonistas del escenario donde el ex dirigente obrero se despidió de sus compañeros metalúrgicos antes de entregarse para cumplir la sentencia del juez Sergio Moro, en abril pasado. De paso por la ciudad para participar en el Foro de Pensamiento Crítico de Clacso, se dio algunos minutos para hablar en la sede del Sindicato de Prensa de Buenos Aires, (SiPreBA) y para mantener una entrevista con Tiempo en la que detalló el panorama que prevé el espacio que integra en Brasil y cómo piensan resistir los embates del gobierno de Jair Bolsonaro.

«Creemos que va a intentar ataques fuertes a las libertades democráticas en el inicio de su gobierno, porque es el momento que tiene más poder para dar respuesta a los más duros de su lado y a los sectores de las Fuerzas Armadas», advierte. En tal sentido, abundó sobre los riesgos que corren los movimientos sociales por la reforma a la ley tendiente a tipificar como acto terrorista a las protestas sociales.

«En la definición de terrorismo que pretende imponer Bolsonaro, ponen que puede ser catalogada como terrorismo toda forma de coacción a los gobiernos. Cualquier protesta en un barrio por el agua o la escuela o por demandas salariales podría ser considerado una coacción al gobierno y por lo tanto un acto de terrorismo», alertó Boulos.

–¿Habrá forma de responder a esos embates?

–Sin dudas que va a haber resistencia. No es que va a hacer lo que quiera  y del otro lado va a estar el silencio de los cementerios. Es cierto que en Brasil hay menos historia de movilización callejera, en comparación con Argentina. Pero los sectores organizados ya empezamos a trabajar en la constitución de un Frente Amplio en favor de las libertades democráticas y los derechos sociales. Una alianza que creemos que debe sumar no solamente a la izquierda sino a todos los sectores que estén preocupados por lo que representa el gobierno de Bolsonaro.

–La izquierda en general y la prensa, que tampoco fue amiga del Partido de los Trabajadores, también figuran entre los enemigos de Bolsonaro aún desde antes de asumir su cargo.

–Él ha sido elegido con un discurso claramente autoritario, en defensa de la dictadura y la exaltación de los torturadores y contra los «rojos», la izquierda y los movimientos sociales. Llegó a decir que la oposición a él tenía dos alternativas: la cárcel o el exilio. Lo dijo antes y mantuvo el discurso después. Eso es un programa de gobierno que ya empieza a mostrar sus primeros rasgos con esa ley antiterrorista. En cuanto a la prensa, ha dicho que se van a acabar algunos medios que no le gustan y que son insospechados de ser de izquierda como la Folha de São Paulo, que está más ligada el PSDB (el partido de Fernando Henrique Cardoso). También tuvo enfrentamientos directos con la red O Globo. Hay un temor de ataques a la propia libertad de prensa, y estamos hablando de una prensa que no fue democratizada. Pero incluso a esa prensa amenaza Bolsonaro. Y dijo que iba a cerrar la Tevé pública, la radio pública y la empresa de comunicaciones.

–¿Puede decirse que ahora finalmente O Globo perdió una batalla? Porque todo indica que la preeminencia la tendrá el canal Record, que es de un líder evangélico, Edir Macedo, el fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios.

–Bolsonaro tomó a la RecordTV como su prensa oficial y ella se está prestando a un papel indigno: es casi el medio oficial del futuro gobierno. Escribe y muestra lo que Bolsonaro quiere de manera escandalosa. Pero es difícil saber hoy día si es que él va a hacer una política de enfrentamiento o va a buscar un acuerdo. Los medios en Brasil dependen del gobierno, desde la publicidad a las deudas con organismos y bancos oficiales. Tienen poderío económico por las pautas publicitarias oficiales y por una ausencia completa de regulación. No cumplen siquiera la ley que existe, que dice que políticos no pueden ser dueños de medios de comunicación en Brasil. Pero hay varios medios controlados por políticos. Es algo que necesita ser reglamentado.

–¿Se equivocó el PT en no hacer una ley para regular los medios?

–Seguro que sí y fue uno de los equívocos más grandes. En Brasil cuando uno habla de ley de medios enseguida salen a decir «eso es censura». Y no se trata de eso sino de democratizar, de que más voces se expresen para el pueblo. Hoy seis familias tienen el control de más del 70% de los medios de todo el país. Es un oligopolio, todos son privados, no hay una tevé pública con la inversión real que se necesita y la que hay puede desaparecer. No hay apoyo a otra forma de comunicación popular, como radios comunitarias. Por el contrario, hay persecución y son criminalizados por la policía.

–De todas maneras, la estrategia comunicacional de Bolsonaro no pasó por los grandes medios.

–Es así. Él ganó con estrategias de comunicación totalmente nuevas, que no han pasado centralmente por los medios. El tiempo en tevé siempre fue decisivo para aspirar a la presidencia. Es la primera vez que alguien gana sin participar casi en debates ni tuvo una gran exposición. Hizo un trabajo altamente profesional a través de WhatsApp con financiación que no sabemos de dónde vino. Con mensajes segmentados para cada público. A mujeres evangélicas pobres en las ciudades le llegaban mensajes de que el adversario era el Anticristo y cosas por el estilo.

–Creador de este tipo de estrategias es el estadounidense Steve Bannon, uno de los fundadores de Cambridge Analytica, exasesor de Donald Trump y por estos tiempos el nexo entre todos los líderes derechistas del mundo. ¿Brasil se inscribe a partir de ahora dentro de esa internacional ultraconservadora?

–Por cierto que sí. De hecho el hijo de Bolsonaro ha ido a visitar a Bannon dos veces, y Bannon le dio el apoyo antes de la elección. Los métodos de campaña, el tema de las fake news, el uso de las redes, todo eso lo habíamos visto en la campaña de Trump y ahora en Brasil.

–Los movimientos evangélicos pentecostales fueron fundamentales para el triunfo de Bolsonaro ¿Qué tipo de políticas deberían desarrollarse en ese terreno?

–Los evangélicos crecieron mucho en Brasil. Hay varios tipos de iglesias evangélicas. No todas son ligadas a la derecha ni todas propagan una posición antipopular, conservadora. Pero hay algunas muy fuertes que sí lo hacen y que fueron muy decisivas. Sin embargo, tenemos que comprender que buena parte de los evangélicos construyeron esa fuerza porque la izquierda y los movimientos sociales dejaron de hacer un trabajo en las bases. La Teología de la Liberación había desarrollado todo un trabajo con los partidos de izquierda en las favelas, en las periferias. Eso se fue perdiendo por un proceso de institucionalización muy perverso y ese espacio quedó vacío.

–El Papa Juan Pablo II hizo mucho por destruir a la Iglesia de la Liberación.

–La Teología de la Liberación en Brasil estuvo muy ligada a la formación del PT. Juan Pablo ha destrozado a ese movimiento, ha perseguido a líderes y debilitado a ese sector de la Iglesia. A eso se suma la institucionalización político-partidaria con una visión solamente electoral.

–Otra cosa que llama la atención de este momento político en Brasil es que las Fuerzas Armadas, que fueron desarrollistas e industrialistas, ahora están comprometidas con este gobierno que será ultraneoliberal.

–Hay una contradicción ahí. Hay sectores de las FF AA que no miran con buenos ojos lo que representa este proyecto entreguista y antisoberano y esta contradicción se va a expresar en su gobierno, va a estar en la coyuntura brasileña. De un lado (Paulo) Guedes (el designado ministro de Economía), del otro lado un cierto nacionalismo que aún existe en sectores de las FF AA. Pero es importante remarcar que lo que parece, mirando desde afuera, es que estos sectores nacionalistas no tienen la misma fuerza que en el pasado.

–Ni siquiera tienen el apoyo del vicepresidente, que también es militar.

–Es así, él ya ha dado declaraciones en defensa de todo tipo de privatización.

–¿Qué puede ocurrir con el sector industrial? ¿Son los grandes perdedores de esta elección? De hecho, la principal compañía brasileña privada, Odebrecht, terminó envuelta en escándalos de corrupción. Podría pensarse también que esa fue una forma de atacar a los empresarios que apoyaron y se beneficiaron con el PT.

–Los efectos económicos de la operación judicial de Lava Jato fueron destructivos para el país. Es verdad también que hubo procedimientos inaceptables y corruptos por parte de esas empresas con agentes públicos y eso no se puede admitir. Porque perdonar esas actitudes no es algo de izquierda ni tampoco creemos que se pueda dialogar y conectar con el rechazo del pueblo a este tipo de procedimientos. Es necesario separar: una cosa es penalizar a los responsables y a los involucrados en corrupción. Pero eso debe estar hecho respetando las garantías constitucionales, con base en pruebas, y también manteniendo la soberanía económica del país.

–Lula es una de las víctimas de esa falta de garantías, como solés recordar. ¿Nadie en el Poder Judicial se plantea ir en contra de este sistema de lawfare, nadie que sea crítico de este tipo de operaciones?

–Lo hay, claro que los hay, y algunos lo han manifestado públicamente en alguna ocasión, pero hasta el momento la mayoría que se ha formado en la Suprema Corte ha dado respaldo a las medidas de excepción tomadas por el juez Moro. Creemos y esperamos que más sectores del Poder Judicial tomen conciencia y actúen ante la gravedad de la amenaza a la democracia para frenar lo que representa un proyecto profundamente autoritario como el de Bolsonaro.

–Para el movimiento obrero ese proyecto va a ser un golpe letal. Recién hablabas de que va a haber resistencia, pero ¿de qué forma se haría esa resistencia si hubo una reforma laboral y no hubo un rechazo tan fuerte en las calles?

–Es verdad en relación a la reforma laboral, que la  consiguieron aprobar. Pero no lograron aprobar la reforma previsional. La mayor huelga general en la historia de Brasil fue en el 2017 contra esa reforma de la jubilación de (Michel) Temer. Creemos que va a haber un proceso de resistencia social pero precisa estar integrado con un frente democrático amplio, no sólo de partidos de izquierda o movimientos sociales, sino con lideranzas políticas democráticas en general, con artistas, intelectuales, juristas, donde estén todos aquellos que estén preocupados por los destinos del país. No podemos volver a cometer el error de subestimar a Bolsonaro. Hubo un error del conjunto de la izquierda y de centro, que han dicho que era mejor Bolsonaro en segunda vuelta porque era más fácil de ganarle y no lo enfrentaron cuando era necesario. Un nuevo error sería pensar ahora «dice eso, pero no lo va a hacer».

Tiempo Argentino, 25 de Noviembre de 2018

Dilma: «La derecha tiene a la violencia como el método central de control social»

Dilma: «La derecha tiene a la violencia como el método central de control social»

La ex presidente brasileña, como solía hacer cuando estuvo en el gobierno ante cada Asamblea General de las Naciones Unidas, fue ahora la encargada de abrir los debates en el Foro del Pensamiento Crítico de Clacso que se desarrolla en el estadio de Ferro. Y en un extenso discurso, presentado y orientado por preguntas del rector de la UMET, Nicolás Trotta, explicó la necesidad de para mantener la resistencia al avance neoliberal generando un frente popular «aunque sea con el diablo», y al mismo tiempo hizo un análisis de las razones para esta derrota circunstancial de los movimientos progresistas en la región.

Entre estas razones puso a los ataques que ponen en crisis a la democracia occidental desde los sectores neoliberales que pululan «por la financierización de la economía, la concentración de la riqueza y el crecimiento de la desigualdad», la utilización del poder judicial para perseguir a la izquierda y el aprovechamiento de las redes sociales, y fundamentalmente whatssap, para difundir mensajes de odio y manipular a las sociedades.

Rousseff se complació en ese encuentro, que se lleva a cabo justo el Día de la Soberanía Nacional, un detalle que quiso destacar especialmente. Y luego señaló ante una nutrida multitud que desbordó las instalaciones, que mientras los gobiernos progresistas miraban a América Latina como su territorio natural «para construir un mundo mejor», los nuevos mandatarios (a los que no mencionó por su nombre, aunque se entiende que hablaba del golpista Michel Temer y también del presidente electo Jair Bolsonaro) «le están dando la espalda».

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(Foto: CLACSO)

En ese marco puntualizó el destrato contra los médicos cubanos que cumplían funciones en Brasil a instancias del gobierno del PT mediante el plan Mais Medicos. «Son 9500 profesionales que cubrían las necesidades de más de 30 millones de brasileños de las periferias», dijo. Como se sabe, esos médicos fueron retirados por el gobierno cubano luego de que desde la trinchera de Bolsonaro se dijo que deberían rendir exámenes para verificar su conocimiento. Para Dilma, «la población que ahora se queda sin esa cobertura en un país donde faltan médicos nacionales para hacerlo, en algún momento va a salir a reclamar por su derecho a la salud». Como dato de archivo, el plan fue resistido por las corporaciones médidas desde el principio, pero tuvieron que tolerar la llegada de cubanos porque con las mismas condiciones no hubo doctores brasileños diuspuestos a cubrir las mismas vacantes en esos lugares.

Sin embargo, cuando ensayó una explicación al impeachment que llevó a su destitución, a la que no dudó en calificar de golpe porque ninguna de las razones esgrimidas para hacerlo fueron legales o constitucionales -de hecho no tiene ninguna causa judicial en su contra- y al posterior triunfo de un personaje militarista, machista y misógino como Bolsonaro, adujo que los sectores fascistas permanecieron latentes en la sociedad porque «no se juzgaron los crímenes del terrorismo de Estado» y además en Brasil hubo 300 años de esclavitud. «La derecha tiene a la violencia como el método central de control social», añadió.

Para dar cuenta de las diferencias entre los golpes militares como los que la región conoció en los 70, Dilma aplicó el ejemplo de un árbol. «Las dictaduras cortaban directamente el árbol. Ahora lo van corroyendo desde adentro, con hongos y parásitos». El resultado es que termina en un descrédito sobre la política en general. «Brasil entró en una ruta trágica», alertó.

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(Foto: CLACSO)

La ex presidenta, votada en 2014 por 54 millones de ciudadanos, apuntó luego a que el neofascismo, que ahora toma el poder ungido con las ideas neoliberales, necesitó del lawfare para criminalizar al Partido de los Trabajadores, como antiguamente se había en la Guerra fría con todo lo que sonara a comunista.

Por eso, indicó, Lula terminó preso sin pruebas, «solo una delación sin fundamento», y luego proscripto. Acto seguido ilustró el comportamiento del juez que lo llevó tras las rejas, Sergio Moro, que aceptó ser Ministro de Justicia de Bolsonaro, con una metáfora: «acá se dice que el rey esta desnudo, nosotros en Brasil decimos, tiene rouge en los calzoncillos».

Es que esa actitud de persecución contra el hombre que tenía un 41% de apoyo para una reelección quedaría demostrada por el solo gesto de aceptar un cargo del que pudo llegar al poder gracias a esa medida restrictiva, ya que el ex dirigente metalúrgico no pudo presentarse como candidato, ni siquiera hablar o dar entrevistas tras su reclusión.

La otra pata del mecanismo que elevó a la primera magistratura a Bolsonaro fue el uso indiscriminado de mensajes falsos por whatssap. Ella, que según reveló Edward Snowden, era espiada por los servicios de inteligencia estadounidenses, dijo que precisamente la guerra de guerrillas a las cuentas de esa red social no pudo haberse hecho solamente desde Brasil. «Si la corte de justicia abriera los ojos podría investigar eso», que de manera abrumadora podría señalar la injerencia estadounidense en la política brasileña, insinuó.

Así, también advirtió sobre la necesidad de resistir a la creación de «esta internacional de extrema derecha» que está armando el cultor de esos grupos neofascistas mundiales, el ex asesor de Donald Trump Steve Bannon, al que tampoco mencionó por nombre y apellido.

La ex mandataria también detalló los puntos que tal vez muestran por qué lado venía el golpe. Entre ellos la privatización de Embraer, la tercera fabricante de aviones del mundo, Petrobras, con enormes riquezas petroleras en el fondo del mar, y Electrobras.

Pero a diferencia de la dictadura, cuando a ella le tocó ser presa política y torturada por un coronel al que admira Bolsonaro, dijo que «ahora no fuimos derrotados, tenemos la mayor bancada en el Congreso, y la mayor cantidad de gobernadores».

Tiempo Argentino, 19 de Noviembre de 2018