por Alberto López Girondo | Ago 1, 2014 | Sin categoría
Moshé Feiglin es parlamentario del Likud, el partido del primer ministro Benjamin Netanyahu, dentro de la línea interna Manhigut Yehudit [Liderazgo Judío]. En un plan que presentó a mediados de julio y al que llamó “Mi esquema para una solución en Gaza”, Feiglin planteó una estrategia tendiente a que la Franja deje de ser un problema para Israel. Allí dice claramente que las tropas israelíes deben atacar todas las infraestructuras y los blancos militares “sin consideración alguna por eventuales escudos humanos ni daños al medio ambiente. Es más que suficiente realizar ataques precisos y advertir con anterioridad a las poblaciones interesadas”. Si bien establece diferencias entre los que Feiglin llama “enemigos de Israel” de población “que haya tenido la precaución de mantenerse apartada de los terroristas”, el plan dice sin medias tintas que los ejércitos israelíes “eliminarán hasta el último de todos los enemigos de Israel sobre las armas”. Los demás serán tratados “conforme al derecho internacional” y estarán “autorizados a abandonar el territorio”.
Agrega el legislador ultraderechista que Israel “aportará una ayuda generosa a todos los que deseen irse”. Luego justifica que “Gaza es parte de nuestra Tierra y allí nos quedaremos hasta el fin de los tiempos” y se explica: “Cuando Gaza haya sido liberada del terrorismo se convertirá en parte integrante del Estado de Israel y será poblada por los judíos”. La versión en inglés puede verse en www.israelnationalnews.com/Articles/Article.aspx/15326#.U9lTXrEXipo
La diputada Ayelet Shaked, una bella joven ingeniera que viene abriéndose camino entre los dirigentes más extremos dentro del partido Bayit Jehudi (Hogar Judío) –que también forma parte de la coalición de gobernante- escandalizó a todo el mundo hace un par de semanas cuando se difundió lo que sería su propia propuesta para poner fin al conflicto. Según parece, dijo que los chicos palestinos son como víboras y que es necesario «matar a todas las madres de Palestina para que no nazcan más terroristas”.
Según aclaró días más tarde, esas palabras fueron sacadas de contexto de un Facebook que el periodista que dio a conocer el texto en Daily Beast, Gideon Resnick, interpretó con mala lecha. La aclaración de Shaked en The Jewish Ppress es que el texto que ella reprodujo, en hebreo, era del fallecido Uri Elitzur de hace 12 años y se refería a que cuando alguien ataca a civiles del otro bando no puede reclamar moralmente un estatuto para sus propios civiles. Y agrega algo de aquel viejo material: «Las leyes de la guerra reconocen que es imposible de evitar el choque contra civiles enemigos. Esas leyes no condenaron a la fuerza aérea británica por las bombas incendiarias que destruyeron por completo la ciudad alemana de Dresde, o los aviones de Estados Unidos que destrozaron las ciudades de Polonia y la mitad de Budapest, cuyos habitantes nunca había hecho nada contra Estados Unidos. Esos sitios tuvieron que ser destruidos con el fin de ganar la guerra contra el mal”.
Otro halcón, pero más poderoso, es Avigdor Lieberman, canciller de Netanyahu como aliado por el partido Israel Beitenu (Israel Nuestra Casa). Antes de que comenzara esta nueva escalada anunció que se retiraba de la coalición gobernante, aunque no renunciaba al gabinete. Muchos consideran que fue la señal que convenció a Netanyahu de avanzar sobre Gaza, para no perder el apoyo de los grupos que lo podían correr por derecha. Lieberman impulsa la colonización de zonas palestinas, tal vez porque como reveló el diario Haaretz (http://www.haaretz.com/weekend/magazine/who-s-the-boss-1.217557) tiene una casa en el asentamiento de Nokdim, cerca de Jerusalén. Su posición es tan extrema que el gobierno de Barack Obama rechazó su presencia en algunas de las rondas de conversaciones que intentó entre Netanyahu y Mahmud Abbas en Washington hace unos cuatro años.
Para los palestinos, la presencia de Lieberman en el ministerio de Relaciones Exteriores es una señal no positiva para encarar negociaciones. Todavía recuerdan que en 2010 declaró que la paz es un «objetivo inalcanzable» en «esta generación» y propuso directamente abortar nuevos encuentros entre las partes. Los 17 años pasados desde los Acuerdos de Oslo, argumentó, son «tiempo suficiente para sacar algunas conclusiones» y «lo posible es posible y lo imposible, imposible».
Desde el propio gabinete de entonces reclamaron otras voces en la mesa de diálogo y el laborista Avishay Braverman habló de «sabotaje» a la política de paz. «¿Puede imaginarse qué hubiera pasado si el ministro palestino de Exteriores hubiera hecho estas declaraciones? Habríamos saltado todos a su cuello», abundó otro ministro israelí bajo condición de anonimato al diario Yediot Aharonot.
Es que lo más difícil en todo proceso de paz es desarmar a los adalides de la guerra. A pesar de lo cual tanto dentro de Israel como en Palestina hay voces que como el músico Daniel Barenboim -quien fundó en 1999 la orquesta binacional la West-Eastern Divan, junto con el intelectual palestino Edward Said- no piensan que el otro es el enemigo. Una de estas voces es la de Amira Haas, corresponsal del diario Haaretez en los territorios ocupados, quien publicó en una columna donde se pregunta si Gaza es un estado independiente y desmenuza cuál es la situación en el enclave gobernado aún por Hamas y que explica el caldo de cultivo para posiciones extremas entre los palestinos. (http://www.haaretz.com/news/diplomacy-defense/.premium-1.604844)
“Gaza y Cisjordania tienen el mismo prefijo telefónico internacional: 970. (Un prefijo distinto –972– para Israel es un gesto sin relevancia del período de Oslo. El sistema telefónico palestino es una división del de Israel. Cuando el servicio de seguridad del Shin Bet llama a una casa de Gaza para avisar de que las fuerzas aéreas están a punto de bombardearla, el Shin Bet no tiene necesidad de marcar el 970.)” Y detalla:
*“Israel sigue controlando el registro de la población de Gaza y Cisjordania. Todo recién nacido palestino ha de ser inscrito en el Ministerio del Interior israelí (por medio de la Administración de Coordinación y Enlace) para poder obtener una tarjeta de identidad a los 16 años”.
*“La información impresa en las tarjetas lo está también en hebreo. ¿Han oído ustedes alguna vez de un Estado independiente cuyos habitantes tengan que inscribirse en el Estado “vecino” (ocupante y agresor), sin lo cual no obtendrían nunca papeles ni existirían oficialmente?”
*“Las dos partes (Hamas e Israel) afirman que abren fuego en situación de legítima defensa. Sabemos que la guerra es una prolongación de la política por otros medios. La política de Israel está clara (si no es usted consumidor de los medios de comunicación israelíes): aislar todavía más la Franja de Gaza, oponerse a toda posibilidad de unión palestina y desviar la atención de la ofensiva colonialista acelerada en Cisjordania. ¿Y Hamas? Desea reforzar su posición en tanto que movimiento de resistencia tras los golpes que ha sufrido como movimiento de gobierno. Tal vez piensa que puede verdaderamente cambiar toda la estrategia de la dirección palestina frente a la ocupación israelí. Tal vez quiere que el mundo (y los Estados árabes) salgan de su sopor”.
*“(Se dice que) Israel suministra agua, electricidad, alimentos y medicamentos a Gaza. No, no los suministra. Vende 120 megavatios de electricidad a precio de oro, no más de un tercio de la demanda. En la factura se deducen los costos aduaneros que Israel recauda sobre las mercancías que llegan a sus puertos y se destinan a los territorios ocupados. Los alimentos y medicamentos que adquieren los comerciantes palestinos, también a precio de oro, entran en Gaza por pasos fronterizos controlados por Israel”.
*”De acuerdo con el Gisha, Centro Jurídico para la Libertad de Movimientos, en 2012 la Franja de Gaza adquirió productos israelíes por un valor de 1.300 millones de shekels (cerca de 280 millones de euros). Lo que hace que Gaza sea también un mercado cautivo de Israel!.
*”En cuanto al agua, Israel ha impuesto una economía autárquica sobre el agua en Gaza; es decir, que los gazatíes deben contentarse con el agua de lluvia y las aguas subterráneas que recogen en su territorio. Israel, que impone una cuota de agua a los palestinos, no les deja que compartan las fuentes de agua de Cisjordania con la Franja de Gaza. Como consecuencia, la demanda sobrepasa a la oferta, y hay un bombeo excesivo. El agua de mar se infiltra en las capas freáticas, lo mismo que las aguas residuales de canalizaciones vetustas. El 95 % del agua de Gaza no es apta para el consumo. Y sobre la base de acuerdos pasados, Israel vende 5 millones de metros cúbicos de agua a Gaza (una gota de agua en el océano)”.
*“(Se dice que) Israel no identifica más que blancos legítimos. ¿Las casas de los miembros de Hamas, jóvenes o ancianos, son bombardeadas –con o sin niños dentro– y según el ejército, serían blancos legítimos? ¿Hay una casa judía en Israel que no albergue a un oficial que haya participado en planificar o lanzar una ofensiva? ¿O un soldado que no haya disparado o vaya a disparar sobre un palestino?”
*”(Se dice que) Hamas utiliza a la población como escudos humanos. Si no me engaño, el Ministerio de Defensa se encuentra bien metido en el corazón de Tel Aviv, cuando se trata del principal “centro de guerra” del ejército. ¿Y qué decir de la base de adiestramiento militar de Glilot, cerca del gran centro comercial? ¿Y de la sede del Shin [Servicio de Información] en Jerusalén, que linda con un barrio residencial?”
Este es un punto importante en la cuestión. Porque aunque sea cierto que Hamas utiliza tanto a niños como a civiles de escudos humanos –una actitud abominable en cualquier circunstancia- no es menos cierto que el atacante está obligado a cuidar de no excederse en el uso de la respuesta. En tal sentido, un trabajo de la BBC recuerda que el Protocolo Adicional a la Convención de Ginebra para la Protección de las Víctimas de Conflictos Armados “indica en el punto siete de su artículo 51 que ´las partes en conflicto no deben dirigir el movimiento de la población civil o de individuos civiles para proteger objetivos militares de ataques o para evitar operaciones militares´”.
¿Qué pasaría si fuerzas de seguridad de cualquier país en respuesta a acciones violentas disparan sobre civiles y los matan? Porque esto sería disparar a mansalva sobre rehenes. En noviembre de 1985 integrantes del grupo guerrillero M-19 ocuparon el Palacio de Justicia de Colombia, en Bogotá, y tomaron de rehenes a todos los ocupantes. Tras 27 horas de infructuosas negociaciones efectivos militares intentaron recuperar el edificio a los balazos. El saldo fue de 98 muertos, entre ellos once miembros de la Corte Suprema. La toma fue calificada como “holocausto” y “masacre” por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El hecho es también conocido como el Holocausto del Palacio de Justicia. En Argentina se conoce como la Masacre de Ramallo a la toma de rehenes en un intento de robo a la sucursal del Banco Nación de esa localidad bonaerense en setiembre de 1999. Tres asaltantes, al no poder concretar el robo, tomaron seis rehenes. Al cabo de varias horas lograron que les entregaran un auto para poder huir. La policía disparó y mató a dos de los rehenes. Todavía horrorizan las imágenes en los noticieros de la época. Tanto como las de chicos baleados en Gaza, porque el horror no tiene medida ante lo inexplicable.
1 de Agosto de 2014
por Alberto López Girondo | Ago 1, 2014 | Sin categoría
El Conflicto en Medio Oriente tiene aristas intrincadas y que hasta al Papa le costaría resolver, al menos el corto plazo. Pero no es menos cierto que otros conflictos que también parecían imposibles se terminaron revolviendo. La pacificación en Irlanda del Norte entre el IRA, el Ejercito Republicano Irlandés, y el gobierno británico es uno de ellos. El de Colombia entre el poder central y la guerrilla de las FARC camino de serlo. Cierto que no se pueden comparar, pero es bueno tenerlo en cuenta.
En junio 2009 Obama, recién llegado a la Casa Blanca y con todas las ínfulas por completar la tarea que sus antecesores demócratas no habían logrado, tuvo un par de gestos que prometían cambiar la ecuación en la región: fue a Egipto donde brindó el famoso Discurso del El Cairo. Todavía entonces se mostraba orgulloso de llevar “los mejores deseos del pueblo estadounidense y un saludo de paz de las comunidades musulmanas de mi país” y se daba el lujo de saludar con un “assalaamu alaykum”. (http://www.whitehouse.gov/the_press_office/Remarks-by-the-President-at-Cairo-University-6-04-09)
A principios del 2009 había designado a George Mitchell como el negociador ante israelíes y palestinos. Mitchell había logrado unos años antes la paz definitiva en el Ulster, si había podido con el empecinamiento de británicos, protestantes y católicos, quizás iba a lograrlo entre dos pueblos de origen semita y una religión que tiene las mismas raíces. Pues, no, se fue con las manos vacías y casi al borde del papelón.
Ante cada intento de negociar impulsado por Washington, el gobierno derechista de Israel respondía con la ampliación de los asentamientos y Hamas con cohetes. O al revés, que viene a significar lo mismo.
El ya nombrado Norman Finkelstein habla claramente de las cuestiones legales implicadas en la región y entre ellas menciona específicamente la Resolución 242 de la ONU, que ordena volver a las fronteras previas a 1967. También recuerda la necesidad de garantizar el regreso de los refugiados, a pesar del tiempo transcurrido. http://www.youtube.com/watch?v=T3R0Mp6a6zg&feature=player_embedded
http://www.youtube.com/watch?v=58AMrFTW3Gc&feature=player_embedded
Finalmente, Finkelstein puntualiza que la Corte Internacional de Justicia de La Haya se expidió oportunamente en contra de la construcción de los muros. «La corte considera que la construcción del muro y su régimen asociado crean un hecho consumado sobre la base de que podría convertirse en algo permanente, en cuyo caso, independientemente de la caracterización formal que ha dado Israel, equivaldría a una anexión de hecho», afirmó el tribunal. «Esa construcción, junto con medidas tomadas anteriormente, impidieron gravemente el ejercicio del pueblo palestino a la autodeterminación», agregó la CIJ.
En noviembre de 2012, y con 138 votos a favor, nueve en contra y 41 abstenciones, la Asamblea de Naciones Unidas aprobó la admisión de Palestina como Estado Observador. No se pudo incorporar como estado pleno porque para eso se necesitaría el voto de los cinco miembros del Consejo de Seguridad, y el trámite se demora para no obligar a EE UU a tomar una decisión comprometida. Israel y Estados Unidos se encontraron muy solos –con unas naciones del tamaño de una servilleta de Oceanía y Canadá, Panamá y república Checa- en la Asamblea General de la ONU frente a un amplísimo consenso de países de todos los continentes.
Israel se viene quedando con la sola compañía de Estados Unidos en foros internacionales y son muchos los que dentro y fuera de su territorio se preocupan por lo que entienden ubica al estado judío como un paria del mundo. Incluso toman en cuenta al muro y al trato que se le da a Gaza para hablar lisa y llanamente de apartheid.
La Sudáfrica del apartheid también fue un paria internacional hasta que puso fin al segregacionismo. La dirigencia afrikaneer –población europea emigrada a África del Sur que tomó el control y sometió a la mayoría negra durante siglos- percibió que le resultaría más provechosa una salida consensuada con la mayoría negra (y también con la mayoría de los países del mundo, en verdad). El blanco Frederik de Klerk acordó con el negro Nelson Mandela iniciar un nuevo proceso plagado de incertidumbres pero auspicioso. Hace justo dos décadas, en mayo de 1994, el ex guerrillero que había pasado 27 años preso del régimen asumió la presidencia y De Klerk fue su vice en elecciones libres. La colaboración de ambos permitió la creación de la primera democracia multirracial y recibieron el Premio Nobel de la Paz. Mandela, que murió en diciembre de 2013, podía haber tenido argumentos para emprender una venganza contra los europeos que habían humillado y masacrado a su pueblo por centurias. Pero apostó a la convivencia.
Algo similar puede decirse del boliviano Evo Morales, quien fue campesino y dirigente cocalero. Dos lacras condenables: indio aymara y además cultivador de la planta que para su cultura es ritual pero en el “mundo civilizado” sinónimo de un negocio prohibido. Pero además, Morales es uno de los líderes del MAS, el movimiento al socialismo.
Los pueblos originarios de América sufrieron esclavitud, persecución y directamente genocidio desde la llegada de los españoles al continente. Cuando se constituyó Bolivia, el libertador Simón Bolívar pensó en un país de blancos y no contempló especialmente la existencia de los indígenas. Hasta la Revolución de 1952, las leyes no permitían que indios –y mujeres- pudieran votar libremente. Los pueblos aborígenes ni siquiera podían circular por la misma vereda que un blanco o sentarse en los mismos bancos de una plaza. Algo parecido al segregacionismo estadounidense hasta bien avanzada la década del 60, que jamás hubiera aceptado en la posibilidad de un negro como inquilino de la Casa Blanca, y sin embargo…
Fueron muchas las críticas que se hicieron sobre la experiencia de gobierno-hasta por la forma de vestir- desde que Evo llegó al Palacio Quemado, en 2006. Y ya cumplió un récord para un país tan acostumbrado a la inestabilidad y los golpes de estado.
Con una lucha tremenda, Evo logró aprobar una nueva carta magna y avanzó sobre los sectores más retrógrados y racistas de Bolivia. La respuesta fue la creación del Estado Plurinacional donde se reconocen 36 nacionalidades entre originarias, inmigrantes e implantadas (como los negros). El preámbulo de la Constitución del Estado Plurinacional dice taxativamente: “En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia”.
Suena a inocente y habrá quienes traten a este intento de comprensión de un drama actual como de naíf. ¿Será este un modelo posible para Medio Oriente? Seguramente se necesitan liderazgos positivos para lograrlo. Y dos sociedades con la madurez suficiente como para entender que la paz es el mejor negocio. El cineasta Dror Moreh sentó ante una cámara a los últimos seis directores del Shin Bet, el servicio de inteligencia de las Fuerzas de Defensa Israelíes. Con sus diferencias, estos hombres a quienes no le tembló el pulso en los frentes de batalla y los palestinos, coinciden en el documental The gatekeepers, Los guardianes (http://www.teledocumentales.com/the-gatekeepers/ )en que esta es una guerra que no hay modo de ganar en términos militares. Algo así como que la política debería ser continuación inevitable de una guerra sin fin.
Las últimas encuestas indican que en Israel una abrumadora mayoría acepta y sostiene la ofensiva sobre Gaza que encara el gobierno. En Gaza pudiera ocurrir algo similar, porque la guerra solo genera odio. Pero un liderazgo no se construye solo leyendo encuestas.
La civilización no se entiende sin los infinitos aportes que ha hecho y hará el pueblo judío. Pero tampoco sin los palestinos. La pregunta es ¿Cómo hacer entonces?
1 de Agosto de 2014
por Alberto López Girondo | Jul 26, 2014 | Sin categoría
Norman Finkelstein nació en Nueva York, hijo de sobrevivientes del gueto de Varsovia de campos de concentración nazis. Daniel Baremboim nació en Buenos Aires, donde sus padres buscaron refugio de las persecuciones en Rusia. David Grossman nació en Jerusalén y perdió un hijo, soldado, en un ataque de Hizbullah en el sur del Líbano en 2006. Carlos Escudé nació en Buenos Aires y se convirtió al judaísmo cuando ya había pasado largamente el medio siglo de vida. Son cuatro casos apenas que a su modo reflejan posturas tan claras como diferenciadas en relación con el conflicto en Medio Oriente.
Para Finkelstein, entender la cuestión es sencillo: las relaciones internacionales se ordenan de acuerdo a legislaciones más o menos consensuadas en la Organización de Naciones Unidas (ONU) y el Tribunal de La Haya y a esta altura Israel lleva desoídas varias de sus resoluciones, con lo que cualquier solución debe ser política. Baremboim, que tiene pasaportes como argentino, español, israelí y también palestino, piensa que «no es un conflicto político, sino uno humano entre dos pueblos que comparten la profunda y aparentemente incompatible creencia de que tienen un derecho sobre el mismo pequeño pedazo de tierra».
Grossman lamenta que vayan creciendo los israelíes que en su país ahora descreen de una solución posible para un conflicto que ya se llevó miles de vidas y lo sigue haciendo de un modo brutal con regularidad escandalosa. Escudé, en cambio, dijo alguna vez que “no todos los problemas humanos tienen solución, y el de Medio Oriente es un conflicto que tal vez no la tiene”.
Como en todo análisis que intente no caer en el pesimismo, es bueno partir desde algún punto para desmenuzar las divergencias en torno de esta delicada cuestión. Delicada por las consecuencias humanas y políticas que acarrea y por las pasiones que despierta en sectores de lo más disímiles.
Es bueno entonces recordar que árabes y judíos no han sido a lo largo de la historia enemigos irreconciliables. Más aún, los períodos de oro de la cultura árabe coincidieron en Al Ándalus, la región del sur de España más cercana al África, con la era dorada de la cultura judía.
Moros y sefaradíes convivieron durante ocho siglos en la península ibérica y pudieron alumbrar a pensadores de la talla del árabe Abū l-Walīd Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd (más conocido en su versión castellana de Averroes) con el judío Moshé ben Maimón (Maimónides), nativos los dos de Córdoba. Salvo aislados incidentes, la coexistencia fue pacífica y ambos pueblos –ambas culturas- tuvieron destino de exilio cuando los reyes católicos lograron derrotar al Reino musulmán de Granada. Justo en ese 1492 cuando la España imperial también llegaba a América, de la mano del navegante genovés Cristóforo Colombo.
La expulsión de islamitas y judíos privó a España de los dos pilares más desarrollados de la cultura ibérica. Recién hace un par de meses el gobierno de Mariano Rajoy aceptó un reconocimiento histórico al aprobar una ley que permite a los descendientes de sefaradíes obtener la ciudadanía española, donde quiera que hayan terminado sus ancestros. Muchos otros tuvieron que convertirse al catolicismo o padecer el fanatismo criminal de la Inquisición, al igual que los creyentes de Alá.
Los judíos sufrieron persecuciones en el resto de los países de Europa, sobre todo en las regiones del este. “Pogrom” es una palabra que se traduce como devastación o disturbio y se aplicó a los violentos ataques contra poblaciones judías. La palabra es rusa y las persecuciones eran en la época zarista. “Ghetto” es un término que remite a los barrios cercados durante el nazismo, pero es una palabra en italiano que se relaciona con los vecindarios judíos de Venecia, desde donde el vocablo se trasladó al resto de la Europa central y oriental. Ninguno de los dos términos se relaciona con la cultura árabe.
El sionismo, por otro lado, es un movimiento político desarrollado por el húngaro Teodoro Hertzl tras el llamado Caso Dreyfuss, por el capitán del ejército francés que terminó condenado por un delito que no había cometido, víctima de un clima antisemita creciente en la Francia de fines del siglo XIX.
Fue entonces que los judíos europeos tomaron conciencia de que en un contexto de avance de los nacionalismos –era el período de las formaciones nacionales modernas, tras la unificación de Italia y Alemania fundamentalmente – había pocas esperanzas de que pudieron desarrollarse en un espacio de libertad y seguridad personal. Era una época de oro para la cultura europea -¿o habría que hablar de cultura judía?- con el florecimiento de figuras de la talla de Einstein, Freud, Marx, Buber por citar solamente a algunos.
Los judíos europeos, según el historiador israelí Zeev Sternhell, tenían en ese momento dos opciones: integrarse a sus países de nacimiento o fundar su propio estado. Bloqueada la posibilidad de integrarse como consecuencia de los pogromos y de la suerte corrida por el militar francés, quedaba la respuesta de un Estado Nacional, ¿pero dónde? La elección fue volver a la Tierra Prometida, el Eretz Israel. Fue así que comienzan a llegar a Palestina las primeras oleadas de inmigrantes durante la llamada Primera Aliyá, en 1882.
No es que en Palestina no hubiera judíos, pero la mayoría de la población era musulmana. En ese momento el territorio formaba parte del Imperio Otomano. No había mayores conflictos ni raciales ni religiosos, al punto que la guerra de Crimea de 1854 se comenzó a gestar en el plano ideológico –toda guerra es económica y geopolítica en primer término pero se fundamenta en cuestiones culturales- a partir del reclamo que hacían los zares de protección a los peregrinos cristianos ortodoxos que querían visitar los Santos Lugares.
Pero la Gran Guerra se llevó puesto al último sultán otomano y para el fin de la contienda, los británicos habían logrado repartirse con los franceses el control de la región. La Declaración de Balfour de 1917 prometía “los mejores esfuerzos” para apoyar la creación de un “hogar nacional para el pueblo Judío” en Palestina. Pero casi en simultáneo el alto comisionado británico para Egipto, Henry McMahon, con el fin de que los árabes se rebelaran contra el Imperio Otomano para apoyar a los Aliados en la Primera Guerra Mundial, también le había prometido el control de la región al Sharif de la Meca, Hussein.
Como sea, siguieron llegando inmigrantes judíos cuando el territorio quedó como Protectorado británico, al fin de la guerra. Y los nuevos pobladores fueron creando instituciones que cumplían funciones estatales, como la Histadrut. Las oleadas de perseguidos que se fueron sumando, sobre todo desde que el nazismo tomó el poder en Alemania, fue cada vez mayor.
La segunda guerra dejó como saldo horroroso el Holocausto de seis millones de judíos. Fue la prueba más contundente de que quienes pensaban que Europa no era un lugar seguro tenían razón. Fue, también, el momento en que la dirigencia del Eretz Israel –encolumnada detrás de Ben Gurión-decidió dar la última puntada para la creación del estado judío.
Como recordaba Rodolfo Walsh en una serie de artículos escritos en 1973 para el diario Noticias, los que llegaban a Medio Oriente eran los judíos pobres, que habían sido los que pudieron sobrevivir a los campos de concentración y vagaban sin rumbo porque lo habían perdido todo. Eran masas de desesperados en busca de un lugar donde poder soñar con un futuro de paz.
La visión para los palestinos era bien otra. Los que llegaban no lo hacían a un territorio vacío. Podrían considerarse, siguiendo a la Biblia, que eran un pueblo originario. Pero eso también podría argumentar los árabes nativos, que por otro lado comparten raíces semíticas. Suele decirse que así como los mexicanos, peruanos o bolivianos descienden de los pueblos originarios, los argentinos descienden de los barcos. Algo similar podrían sostener los palestinos de entonces: los israelitas también descendían de los barcos.
Hay muchas semejanzas entre la forma en que Palestina fue recibiendo nuevas oleadas de población venida de otros lares y el modo en que españoles pobres y luego italianos y anglosajones míseros vinieron a América en busca de un destino mejor. Porque una cosa es el trabajador que emigró para huir de la miseria y otra los imperios lanzados a la conquista de las riquezas sin la menor consideración humana. Esos imperios invasores destruyeron culturas, se apropiaron de recursos incalculables pero sobre todo asesinaron y sometieron a los peores vejámenes a millones de indígenas desde casi ese mismo año de 1492 en lo fue que uno de los mayores genocidios en la historia de la humanidad. ¿Se los debería poner en la misma lista que la de los que vinieron a ganarse la vida?
También el África negra sufrió y sufre las consecuencias de la codicia y la barbarie. Dos “virtudes” bien occidentales que los europeos suelen enmascarar de progreso civilizador. La Biblia y el garrote, dos instrumentos de sometimiento brutal que provocaron otro genocidio imposible de estimar en términos matemáticos. Es que los pueblos donde se produjeron las sangrías no tenían posibilidad de dejar registro porque eran ágrafos.
Continuará con los siguientes temas:
-La construcción del Estado y el abandono del universalismo.
-Las resoluciones de la ONU y las guerras árabe-israelíes.
-Fronteras seguras y la solución de los dos estados.
-Bloqueo a Gaza y túneles. ¿Es aceptable el argumento de los escudos humanos?
-El modelo boliviano y Nelson Mandela como ejemplos de integración.
26 de Julio de 2014
por Alberto López Girondo | May 27, 2014 | Sin categoría
El emperador Constantino, ese nativo de la actual Serbia que a los 40 se convirtió en cristiano y luego haría lo propio en el año 313 con todo el Imperio Romano, se quedó con el cargo de Pontifex Maximus que desde Augusto unificaba la jerarquía divina con la terrenal en el paganismo. Arrastrada a una lenta decadencia, Roma sufriría el acoso de Atila, el rey de los Hunos, en 452 y caería en manos de Genserico, el rey de los vándalos, en 455.
Las desabridas tropas del que fuera el imperio más importante de Occidente durante cerca de medio milenio no tenían ánimo para defender su historia. En ambas ocasiones apareció un obispo que supo cómo detener las ansias destructivas de los invasores y utilizarlas en su favor. Desde entonces, el toscano León I, conocido luego con el apelativo de León Magno, es el símbolo de la resurrección romana, aunque cubierta con el halo de la religión nacida en Belén. Y con el cargo de Sumo Pontífice que antes usaban los emperadores.
Sólo así se entiende que 1000 años más tarde el valenciano Rodrigo de Borgia –miembro de una familia famosa por su ansia irrefrenable de poder– desde la Santa Sede y como Alejandro VI, emitiera, en 1493, las bulas con que repartió la conquista del continente americano entre España y Portugal.
Una institución dos veces milenaria como la Iglesia Católica sabe leer los tiempos que corren, por más que sea heredera de quien respondiera al romano Pilatos «mi reino no es de este mundo».
Por eso entendió que nuevos vientos soplan desde América Latina y designó al frente de la grey a un nativo de esta parte del planeta, un jesuita que entiende como pocos qué cosa es el poder. El polaco Juan Pablo II sabía que el Imperio Americano necesitaba de la ayuda que pudiera brindarle Roma para asestar un golpe mortal al comunismo soviético. Francisco entendió que ahora el que tambalea es el poderío de Washington. Lo terminó de percibir cuando las conversaciones de paz que quería apurar el gobierno de Barack Obama en Medio Oriente iban camino al fracaso.
El argentino Jorge Bergoglio intenta ocupar ese espacio vacante para forzar un nuevo renacer de Occidente buscando un acercamiento entre Israel y Palestina. Si lo logra será más que Gardel y Perón juntos.
Tiempo Argentino, 27 de Mayo de 2014
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