por Alberto López Girondo | Nov 29, 2017 | Sin categoría
Los hermanos Koch, la tercera fortuna de EEUU, niegan el calentamiento global, abogan por reducir impuestos y financian la operación del grupo Meredith. Nace otro medio amigo de Trump.
Donald Trump sigue ganando amigos en los medios más influyentes de Estados Unidos. Y al apoyo que le brindan (y blindan) los medios de la derecha tradicional como Fox y al crecimiento que él mismo beneficia desde el gobierno como los medios de Sinclair (ver acá) ahora le sumará la venta de Time Inc al grupo Meredith, con el respaldo financiero de los hermanos Koch. Con esta operación, la agenda ultra conservadora gana un espacio de relieve amparada en los millones de David y Charles Koch, quienes rechazan visceralmente las advertencias sobre el cambio climático y hacen lobby desde hace décadas por una drástica eliminación de impuestos para los más ricos. Entre los cuales están ellos: la tercera fortuna de Estados Unidos, un nivel de facturación anual de 100 mil millones de dólares y unos 120 mil empleados en 60 países diseminados en empresas petroleras, químicas, de fertilizantes, mineras y hasta casi 190 mil hectáreas de la Matador Cattle Company, donde pastan 12 mil vacunos de la mejor carne, según se ufanan en su página web.
La operación sobre Time fue concretada el domingo pasado a última hora y anunciada el lunes. Desde entonces las especulaciones sobre este hecho discurren por todos los medios estadounidenses, aunque no puede decirse que sorprende porque se sabía de las conversaciones desde hace por lo menos tres años.
Es una oferta por 2800 millones de dólares por una editorial que publica las revistas Time, People, Fortune y Sport Illustrated. Es bueno aclarar que Time Inc. se desprendió en 2014 del grupo Time-Warner, cuya fusión con AT&T rechaza el gobierno de Trump.
El grupo Meredith, con sede en Des Moines, estado de Iowa, a su vez, creció en torno de la revista Better Homes & Gardens y tiene varias otras publicaciones relacionadas con el hogar, la salud y la mujer. Pero además posee 16 canales de televisión locales, afiliadas unas a CBS, otras a Fox, MyNetworkTV, NBC y ABC, las cadenas más conocidas de EEUU.
Esta operación con Time genera, aseguran, un medio con impacto en 135 millones de lectores y unos 60 millones de suscriptores y una facturación de 2700 millones en publicidad.
Time venía en picada por el cambio de paradigmas informativos que se registra en todo el planeta. Y le cuesta trabajo adaptarse a la realidad de que cada vez menos personas se informan por medios en papel y que la publicad en la web aún le es esquiva. Pero nadie ignora que sigue teniendo una influencia poderosa en la sociedad. De hecho su modelo se exportó a revistas de todo el mundo, incluida la Argentina, donde Noticias aparece como un claro producto surgido de esa escuela. Hablando en plata, sin embargo, Time perdió en el primer semestre de este año unos 72 millones de dólares y de no hacer algún tipo de acuerdo de salvataje se encaminaba a la bancarrota.
La cuestión es que detrás de esta operación están los 650 millones que aportaron los hermanos Koch. El presidente ejecutivo del grupo Meredith, Stephen Lacy, aseguró que los «Big Brothers» como se los menciona irónicamente, tendrán una «participación pasiva» y que no se sentarán en el directorio, con lo que, jura, «no tendrán influencia en las operaciones editoriales o gerenciales de Meredith».
Eso despertó suspicacias entre quienes conocen como se mueven los Koch y como se mueven los empresarios en general en todo el planeta.
Es cierto que la participación parece mínima en esta etapa, pero hay una experiencia previa de cuando los hermanos intentaron comprar los ocho periódicos de Chicago Tribune y recibieron a cambio una ola de protestas que los hizo desistir. Era 2013 y gobernaba Barack Obama. Ahora son otros tiempos, pero mejor entrar de a poco antes de que aparezcan cuestionamientos.
«La revista Time no mueve la aguja sobre nada más», pontifió Jay Rosen, profesor de periodismo en la Universidad de Nueva York, ante el británico The Guardian. «Simplemente (la compra) no tiene mucho sentido para mí, a menos que quieran influir en los rankings de Fortune 500 o algo así » agregó.
Pero el sentido puede estar en análisis para el mismo medio de Bill McKibben, un militante del movimiento ecologista que suele escribir para del New Yorker. «Es una decisión empresarial muy adecuada: una forma barata de ejercer aún más influencia política», en relación con la negación del cambio climático, uno de los caballitos de batalla de empresarios como ellos que tienen, según el Political Economic Research Institute de Massachusetts. la décima compañía más contaminante de Estados Unidos.
Efectivamente, para Koch, que patrocina la fundación Americans for Prosperity y sponsorea al grupo ultraderechista republicano Tea Party, no será negocio tener medios influyentes. Hay coincidencia entre los analistas que no está ahí precisamente la gallina de los huevos de oro.
Pero puede ser más que conveniente a largo plazo mantener medios que confronten con los argumentos de científicos y especialistas de todo el mundo en torno a las consecuencias del cambio climático. Una agenda que consideran «de izquierda».
Ellos son, en realidad, libertarios. Propugnan una sociedad donde el estado sea mínimo y solo sirva para defender las libertades individuales. Nada de mantener organismos como el FBI, la CIA o financiar la Seguridad Social. En este contexto, tiene sentido contar con medios que apoyen nuevas y más contundentes reducciones impositivas como las que Donald Trump intenta aprobar.
El mandatario, por cierto, ya se convirtió en un adalid en el negacionismo climático y aboga por una reforma fiscal que beneficie a los más poderosos con el viejo y conocido argumento que así habrá más inversiones.
Pero todo indica que el hombre de los Koch no era el actual inquilino de la Casa Blanca sino su vicepresidente, Mike Pence, quien conoce a los Koch desde hace más de una década y recibió generosos aportes para ganar la gobernación de Indiana. No pudieron colocarlo como cabeza de la candidatura la presidencia, en 2016, pero fueron fundamentales para que acompañara en las sombras a Trump.
Si por alguna razón el polémico magnate es destituido -y no resultaría algo insólito a esta altura el amigo de los Koch ocuparía su lugar.
Tiempo Argentino Miércoles 29 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Nov 25, 2017 | Sin categoría
Donald Trump está a punto de anular la obligación de los proveedores de Internet de tratar a todos los contenidos de la misma forma.
El 14 de diciembre es una fecha clave para la libertad de expresión y la democracia informativa en Estados Unidos y por lo que significa como espejo, donde otros querrán mirarse, para el resto del mundo. Ese día, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) se apresta a dictar dos medidas que podrían cambiar definitivamente el mapa de los medios y la forma en que circula la información por la Web. Por un lado, pondría fin a la neutralidad en la red y por el otro aprobaría una nueva flexibilización a la norma que prohíbe la propiedad cruzada de medios, con lo que cualquier propietario de un diario, por ejemplo, podría ser dueño al mismo tiempo de canales de tevé y radios en el mismo distrito, y que beneficia al grupo Sinclair, un silencioso conglomerado que apoya sin restricciones a Donald Trump.
Al mismo tiempo el Departamento de Justicia rechazó la fusión de AT&T y Time Warner con la excusa de no aceptar monopolios. El detalle es que la propia AT&T se vería beneficiada por el cambio en las condiciones de transporte de paquetes de información por la red. ¿Contradicciones de Trump?
Para los sectores menos condescendientes, el magnate republicano tiene entre ceja y ceja a CNN, parte del grupo Time Warner, porque cuestiona su gestión desde antes de que llegara al gobierno. Eso es lo que advierten analistas políticos como Will Bunch: «No hay una pistola humeante, pero hasta los medios pro-Trump como Daily Caller y New York Post han citado fuentes que indican que Trump querría expulsar al jefe de CNN, Jeff Zucker. Otros periodistas han trabajado para encontrar una razón que no sea el rencor presidencial para el intento de bloquear la fusión».
La neutralidad de la red es un asunto complejo que tiene su enfoque comercial pero también político y filosófico, ya que habla de la obligación de los proveedores de conectividad en la Web de tratar a todos los «paquetes» de información que circulan por la autopista informática de la misma forma. Es decir, no hacer distingos entre lo que envía un gran jugador como podrían ser los grandes productores de contenidos por sobre cualquier medio alternativo e incluso un ciudadano que tenga algo para decir. Lo aclara Beatriz Busaniche, de la Fundación Vía Libre: «Que los carriers, los propietarios de los caños (como pueden ser Fibertel, Telefónica o Telecentro en nuestro país) no puedan establecer un tráfico diferenciado de contenidos o incidir en calidad de lo que circula sobre la red».
Un ejemplo clásico, puntualiza la especialista, es el de un proveedor que tiene al mismo tiempo un medio, como podría ser el caso Clarín con Fibertel. Que haya neutralidad implica que Fibertel debe tratar de igual manera a un humilde blog o al diario Tiempo Argentino que sus propios portales. O que Netflix tenga las mismas posibilidades de circulación y velocidad que Flow, la plataforma desarrollada por el grupo.
Lo grave no es sólo el riesgo de invisibilizar a un medio pequeño o que se ahogue a una empresa «no amiga». Sin neutralidad, un concepto que defendía el gobierno de Barack Obama y surge del académico estadounidense Tim Wu, se vulnera el derecho a la información en sociedades donde, como vemos cada día y no sólo en Argentina, se apagan brutalmente las voces disidentes en favor del discurso único.
Ana Bizberge es docente e investigadora de políticas de comunicación en la Universidad de Buenos Aires y desde ese lugar alerta sobre otro aspecto que también está en agenda para el 14 de diciembre. Ese día se aprobaría –los republicanos tienen mayoría de 3 a 2 en un comité bipartidario– una «relajación de las normas que regulan la propiedad de medios».
Un aspecto que se tomó en cuenta en el debate por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue el de la limitación en Estados Unidos a que un diario pudiera tener al mismo tiempo un canal y una radio. A los tumbos esa regla se mantiene en el Acta de Telecomunicaciones de 1996. Pero al llegar a la Casa Blanca Trump nombró en la FCC a Ajit Pai, un indo-estadounidense partidario de la liberación total de los mercados. El hombre trabajó la mayor parte de su vida en la administración publica, salvo un paso no demasiado extenso por la telco Verizon.
El Sinclair Broadcasting Group (SBG) es un conglomerado nacido en los ’70 en el estado de Maryland que sin levantar espuma llegó a sumar 200 medios en todo el país. Hace unos meses arregló la compra de Tribune Media, surgido en torno al Chicago Tribune, de Illinois. De aprobarse la operación, se formalizaría una cadena con diarios, radios y televisoras que tendría el 72% de la audiencia de todo el país, nada menos.
Pai aprueba la compra pero para ello se deberán concretar un par de reformas en las normas. Una de ellas, la que establece que si un medio quiere comprar otro en el mismo distrito, tiene que haber por lo menos ocho que representen voces distintas. La otra es que se elimine el tope del 39% de audiencia en la misma área de cobertura. Por ahora hicieron una interpretación algo nebulosa por la cual se le computa la mitad de la audiencia por todos los canales en banda UHF.
¿Por qué no habría monopolio con Sinclair y si lo habría con AT&T-Time Warner? Ya se mencionó la inquina de Trump por CNN. SBG, en cambio, esta a la derecha de la derecha, apoyó desde el vamos al excéntrico millonario y fue clave para que ganara en lugares donde los otros canales no mueven el amperímetro.
De allí el rechazo de militantes de los derechos civiles por esta movida del FCC y el gobierno de Trump. Hubo manifestaciones a oficinas de Verizon para demostrar la ligazón entre Pai y la telefónica. También crecen las expresiones de repudio al bloqueo selectivo de Facebook y Google contra medios rusos como Sputnik y RT.
¿Por qué Facebook y Google encabezan la defensa de la neutralidad en la red, entonces? «Ellos también son usuarios de la infraestructura de las redes, se trata de dinero y poder», resume Busaniche. «
Tiempo Argentino Sábado 25 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Mar 5, 2011 | Sin categoría
Está en el lado equivocado de la historia”, evaluó Barack Obama, y sonó contundente. Por las dudas, quiso reforzar: “Voy a ser muy poco ambiguo sobre esto. El coronel Muammar Khadafi tiene que dejar el poder y marcharse.” El presidente estadounidense indicó luego que los EE UU estudia “toda una gama de opciones” para aplicar en Libia. Si uno se guía por el pasado de incursiones neocoloniales en el mundo, no podría menos que considerarlo una amenaza de intervención armada. Con una escalada que podría comenzar, por ejemplo, con una zona de exclusión aérea sobre el país norafricano, para impedir que la aviación leal a Khadafi ataque a las fuerzas opositoras.
Las palabras de Obama parecen una respuesta a la presión que el espectro conservador viene desplegando para que el Pentágono tome cartas en el problema libio a la usanza de los buenos viejos tiempos. Es así que unos 40 “neocons” enviaron una carta al actual ocupante del Salón Oval para pedirle, también sin ambigüedad, una intervención militar y terminar con Khadafi. “Libia está en el umbral de una catástrofe moral y humanitaria”, dice la nota, en la que se detallan una serie de operaciones posibles, como el incremento de sanciones y el pedido a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para que “desarrolle planes operativos a fin de desplegar con urgencia aviones de guerra”.
Entre los signatarios de la carta figuran cuatro personajes muy cercanos a Bush hijo: su ex subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz; su principal asesor sobre Medio Oriente, Elliott Abrams; y dos ex redactores de sus discursos, Marc Thiessen y Peter Wehner.
Pero algo cambió en las relaciones internacionales últimamente. Algo que percibe la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, quien le puso un manto de sutileza histórica al problema Khadafi. “Una de nuestras mayores preocupaciones es que Libia no se hunda en el caos“, declaró la funcionaria, para explicar: “Los sangrientos enfrentamientos podrían provocar condiciones como en Somalia, que carece hace varios años de un Estado central.”
La operación Devolver la esperanza había comenzado con Bush padre, y terminó en un rotundo fracaso en marzo de 1995, cuando Bill Clinton y la ONU decidieron abandonar Somalia, que quedó en manos de un rosario de señores de la guerra enfrentados a muerte. Aquella intervención tuvo un costo diez veces mayor que la ayuda humanitaria que pretendía sustituir, y fue el despliegue militar estadounidense más grande en ese continente. El extremo del Cuerno de África sigue sin gobierno ni instituciones, dividida en tres proyectos de países que piden reconocimiento de Naciones Unidas (Somalilandia, Puntland y Somalia).
Bill Clinton, como se sabe, es el esposo de Hillary. De manera que ella conoce aquel fracaso en vivo y en directo. Pero también en el Pentágono saben qué se quiere decir cuando se habla de intervención bélica. Y se les frunce la nariz.
En abril de 1986, siendo presidente Ronald Reagan, cazas norteamericanos atacaron Trípoli y Benghazi, en una operación que dejó unos 100 muertos –entre ellos una hija de Khadafi– en represalia por el estallido de una bomba en la discoteca berlinesa “La Belle”, predilecta de los soldados estadounidenses apostados en Alemania, donde murieron tres personas. Reagan había anunciado un golpe “quirúrgico y proporcionado” contra el país acusado por el atentado. Pero Khadafi salió fortalecido. Otras intervenciones que recuerdan en los despachos militares son la invasión a Afganistán y a Irak, que tampoco fueron grandes éxitos políticos.
Es cierto que unos 400 marines de la II Unidad Expedicionaria Marina, con base en Carolina del Norte, desembarcaron en la isla de Creta. Y que también llegaron al Mediterráneo barcos anfibios de asalto. Pero el secretario de Defensa tamizó un poco la cosa. “Las consecuencias de nuestros actos tienen que ser ponderadas muy cuidadosamente. Tenemos que pensar antes de que se use a las fuerzas militares estadounidenses en otro país”, dijo con toda claridad Robert Gates.
En similares términos se manifestó el jefe del Estado Mayor, Mike Mullen, quien cuestionó una de las medidas en análisis, como la creación de una zona de exclusión aérea, por considerarla una operación “extraordinariamente compleja”. En off, resaltó Peer Meinert, de la agencia dpa, los uniformados estadounidenses comentaron que una intervención de los Estados Unidos confirmaría el argumentos de Khadafi, de que la oposición está fogoneada por lacayos de EEUU, que no tienen ningún interés en la democracia sino sólo en el petróleo. Sería como un balazo en el propio pie, sostienen.
Tampoco hay consenso en el núcleo fuerte de la ONU. Guido Westerwelle, ministro alemán de Relaciones Exteriores, comentó que una acción militar ni siquiera estaba en la agenda, y que además, Alemania se opone. China ya había adelantado su repudio al uso de armas, mientras que Rusia rechazó la idea por “superflua” y pidió respetar las sanciones aprobadas por el Consejo de Seguridad. El canciller italiano, Franco Frattini, descartó a su turno cualquier intervención militar por “razones obvias”. Italia ya tuvo su propia aventura bélica en África, entre 1911 y 1943, y con eso le basta.
Para Obama, abrumado aún por la derrota electoral de noviembre pasado que lo puso a merced de los republicanos en el Congreso, y del Tea Party y sus representantes en los medios más recalcitrantes de la derecha, una acción armada siempre puede ser una opción interesante para fijar agenda exterior y desviar los temas que afligen en política interior.
También de esto podría hablarle su secretaria Hillary Rondham Clinton.
Porque como primera dama tuvo que esquivar las dentelladas de los republicanos cuando estalló el affaire de Bill Clinton con la becaria Monica Lewinsky. El caso, según terminó por confesar él, “fue una relación inapropiada”, que permitió la chanza casi cantada de que gobernaba desde el Salón Oral. “Es una operación de la derecha, es inocente”, juraba ella.
El tema fue tomando espesor político en los primeros días del ’98. Y muy pocos dudaron de que el incremento de las presiones contra el régimen de Saddam Hussein eran una forma de desviar la atención.
Porque a medida que el escándalo iba comprometiendo al gobierno, también aumentaba la embestida contra Irak. El 9 de diciembre, un comité del Congreso aprobó un juicio político contra el presidente. El 16, Clinton y el entonces premier britanico Tony Blair deplegaron la operación Zorro del Desierto, el mayor de los bombardeos mientras que Hussein estuvo en el poder. En febrero de 1999, un Clinton recuperado fue absuelto de culpa y cargo por el Senado de los EE UU.
Tal vez la duda con Libia es que ni Obama ni Hillary tienen relaciones inapropiadas. Que se sepa.
Tiempo Argentino, 5 de Marzo de 2011
Comentarios recientes