por Alberto López Girondo | Dic 16, 2017 | Sin categoría
Tras el reconocimiento de Trump a Jerusalén, la Autoridad Palestina se opone a que EE UU realice otra gestión de entendimiento y los asiáticos reaccionaron con reflejos.
La sorpresiva decisión de Donald Trump de reconocer oficialmente a Jerusalén como capital de Israel y el anuncio de que la Embajada de EE UU será trasladada a esa ciudad generó, además del previsible repudio de los palestinos y de los gobiernos de todo el mundo, un acelerado cambio de rumbo en la región.
El martes, el presidente dela Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, dijo que su pueblo ya no aceptará ningún rol para Estados Unidos en cualquier proceso de paz que se pretende llevar a cabo. Algo también previsible ya que al dar ese paso, Trump inclina su balanza hacia las posiciones israelíes de modo definitivo.
Pero ese lugar prontamente podría ser utilizado por China. Al menos eso trasunta la información de que el asesor de la ANP para Asuntos Exteriores, Nabil Shaath y el vicepresidente de Parlamento israelí, Yehiel Bar participarán en la conferencia de paz palestino-israelí en China a finales de diciembre.»La parte china organizará los días 21 y 22 de diciembre una conferencia de paz palestino-israelí en Beijing con delegaciones encabezadas por el asesor del presidente de la Autoridad Palestina para Asuntos Exteriores, Nabil Shaath y el vicepresidente del Parlamento israelí, Yehiel Hilik Bar», declaró este viernes el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lu Kang.
El primer mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan, en tanto, se reunió en Estambul con líderes musulmanes para reclamar, ante esta nueva situación, el reconocimiento de Jerusalén Este como capital del Estado palestino como contrapartida al anuncio de Trump, que celebró Benjamin Netanyahu. Pero ahora le puede traer más problemas que beneficios.»Proclamamos a Jerusalén Este como capital del Estado de Palestina y llamamos a los otros países a reconocer el Estado de Palestina y Jerusalén Este ocupada como su capital», dice el comunicado final de la cumbre de la Organización de la Cooperación Islámica (OCI).
En tanto, sigue latente la posibilidad de que se desate una nueva intifada y creció la represión de las tropas israelíes. Ya se habían registrado cuatro muertes –siempre del lado palestino- y hubo represalia con bombardeos en la Franja de Gaza. Se supo además de que israelíes infiltrados entre los manifestantes palestinos habían dispersado una protesta en Cisjordania. Ante el estallido de una granada antidisturbios, un camarógrafo de AFP registró el momento en que un grupo entre la multitud desenfundó sus armas y comenzó a disparar al aire.
Tenían la tradicional kufijja palestina y al menos uno de ellos la bandera de esa nación. Conocidos como «mustaribine», son judíos, árabes, drusos o beduinos que hablan perfectamente árabe y no se diferencian físicamente de los palestinos. «
Tiempo Argentino Sábado 16 de Diciembre de 2017
por Alberto López Girondo | Dic 1, 2017 | Sin categoría
Entre los 194 detenidos en las protestas del 20 de enero hay dos periodistas independientes. El primer tramo del juicio, contra seis acusados, servirá de espejo para lo que pueda ocurrir en la segunda fase. «Es como el canario en la mina de carbón»; dicen los analistas.
Un tribunal de Washington está por definir lo que sin dudas será un caso testigo para el tratamiento de las protestas sociales en Estados Unidos en el futuro. Se trata del juicio contra seis de los 194 detenidos durante las manifestaciones del 20 de enero pasado, el día que asumió el presidente Donald Trump, y que enfrentan cargos de hasta 60 años de prisión.
Como se recuerda, miles de personas fueron a expresar su rechazo a la llegada de magnate a la Casa Blanca, pero la movilización terminó con incidentes y la policía reprimió arrinconando a un puñado de personas en la esquina de las calles L y 12, desde donde fueron llevados a la rastra hasta una sede policial. Allí les quitaron las pertenencias, los celulares y sufrieron todo tipo de abusos.
Entre los detenidos había varios periodistas, algunos de los cuales fueron liberados pocas horas más tarde, pero dos siguen atados a esa causa, tal vez porque trabajan como free lance o para medios alternativos. Por ahora las únicas pruebas contundentes en su contra son algunos videos provistos por una ONG financiada por sectores ultraconservadores y que a su vez enfrenta denuncias por haber intentado en estas semanas “sembrar” una testigo a periodistas de The Washington Post con una acusación falsa contra un candidato a senador por Alabama. Para los grupos de defensa de los derechos civiles, este primer tramo contra los seis implicados es, apelando a una frase popular, “como el canario en la mina de carbón”, es decir, lo que ocurra con ellos indicará el rumbo judicial para los demás acusados. Uno de los trabajadores de prensa acusados es Alexei Wood, un reportero gráfico de San Antonio, California, que según declaró, tomó la decisión de viajar a Washington para asistir a la ceremonia de jura porque intuía que las protestas contra Trump serían grandes y quería testimoniar ese evento. El otro periodista acusado es Aaron Cantú, quien también trabaja en forma independiente.
El empresario inmobiliario ganó la presidencia en el colegio electoral pero obtuvo casi tres millones de votos menos que su oponente, Hillary Clinton. Y es el mandatario que llegó a la Casa Blanca con peor imagen pública. No parecía una mala oportunidad de registrar lo que ocurriera. Wood acostumbra a poner el lente en lugares donde los grandes medios no quieren ni asomar la nariz, Cantu hace lo propio con palabras.
Según mostraron las cámaras de tevé aquel día y contaron luego testigos presenciales, un grupo con algunos encapuchados se desprendió de la manifestación y provocó incidentes con la policía e incluso causó destrozos en comercios aledaños. Pero los uniformados persiguieron a un sector de la multitud a mansalva.
El argumento de los desmanes fue presentado ante el tribunal por la fiscalía, en este caso a cargo de Jennifer Kerkhoff, quien mostró a los jurados la boleta de reparación de una vidriera de un local de Starbucks y un televisor de una estación de servicio de BP atacados por manifestantes pro varios miles de dólares. Por esta razón los acusados enfrentan cargos por hasta 60 años de prisión ya que se los acusa de amotinamiento, conspiración, y daños a la propiedad y a las personas.
Este juicio genera en los grupos de defensa de los derechos civiles de Estados Unidos dos cuestiones a debatir en los tribunales y ante la opinión pública ¿Se puede acusar a un grupo masivo por los delitos que puedan haber cometido solo algunas personas? ¿Se trata de una acusación contra actos de violencia o el inicio de una escalada de ataques a la libertad de expresión de un gobierno sin pudores para avanzar contra derechos y garantías?
Y aquí es donde entra en juego Project Veritas, una organización creada por James O´Keefe, un joven de 33 años, militante ultraconservador de escasa credibilidad desde que se encontró que editaba maliciosamente videos en los que los personajes involucrados aparecen diciendo lo contrario de lo que realmente habían dicho. En 2010 se declaró culpable de haber ingresado en la oficina de la senadora Mary Landrieu, demócrata por Luisiana, mediante falsos pretextos para realizar grabaciones ilegales.
Hace un par de semanas una mujer se presentó en la redacción del Washington Post para denunciar que cuando tenía 15 años había sido víctima de abuso sexual por parte de Roy Moore, un ex juez y dos veces presidente del Supremo Tribunal de Alabama que se presenta para senador para ocupar el cargo que dejó vacante Jeff Sessions cuando asumió la secretaría de Justicia de Trump. A los periodistas no les cerraba el testimonio de la mujer y decidieron tomarse unos días para contrastar la información antes de publicarla. Pero hete aquí que la encontraron ingresando a la oficina de Project Veritas. Allí les cayó la ficha de que era algo armado por O´Keefe para desprestigiar a un aspirante al Senado que, de todas maneras, ya tenía otras denuncias en su contra y está tan corrido a la derecha como para ir en contra del casamiento igualitario en un distrito donde es legal.
Pero este incidente le sirvió al Post para mostrar imparcialidad y a los organismos de derechos civiles para alertar al jurado que debe resolver sobre los acusados por las marchas contra Trump sobre una de las pruebas consideradas por la fiscalía como contundentes contra los activistas. Es que el ministerio público presentó una grabación de Project Veritas donde se ve una presunta reunión secreta de militantes sociales del día previo la marcha donde se estaría hablando de los planes para interrumpir la ceremonia de inauguración del nuevo periodo presidencial.
«Es absolutamente impactante que los fiscales hayan declarado que confían en un video de Project Veritas», dijo a Democracy Now Jude Ortiz, miembro de Defend J20 Resistance, una organización que apoya a los 194 manifestantes involucrados en el juicio. Para James Anderson, de It´s Going Down, otra ONG progresista, que el tribunal haya tenido que recurrir a un video de Project Veritas “muestra que el Estado no tiene mucho de dónde agarrarse” para condenar a los manifestantes.
«El hecho de que tienen que recurrir al uso de estos trolls de extrema derecha, que están ampliamente desacreditados, no solo habla de la ilegitimidad de su caso, sino también de una relación fundamental entre la administración Trump y el alt-right (la derecha alternativa, un sector de extrema derecha que apoya al magnate)», abundó Anderson ante el británico The Guardian.
No solo eso, en el juzgado quedó claro que los investigadores desmenuzaron información de ocho teléfonos celulares de los incautados y que revisan historiales de internet y las imágenes extraídas de los aparatos para utilizarlas en contra de los reos. La conocida Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU por sus iniciales en inglés) demandó a la policía por el uso de fuerza excesiva contra los detenidos, maltrato y abusos sexuales como forma de intimidación. Para el departamento de policía de Washington, “los arrestos del 20 de enero fueron apropiados”, lo mismo que los procedimientos posteriores.
“Periodistas, abogados, el manifestante promedio: esas son las personas a las que acecharon, arrestaron y acusaron de delitos graves”, dijo Alex Stokes al portal The Intercept. Stokes también es periodista pero pudo zafar de la causa porque fue liberado a los pocos días. Lo que no queda claro es cómo se resolverá el caso, en el que parecen haber muchas presiones desde el gobierno federal.
Así lo interpreta Suzanne Ito, de ACLU, quien ironiza sobre la forma que podrían utilizar los jueces para una condena como la que sustancia la fiscalía. “Podrías sacar una pistola en el centro del DC (Washington) y asesinar de un disparo en la cabeza contra un policía y tendrías 30 años de prisión”. La mitad de la que se cierne sobre las cabezas de los detenidos el 20J, como titulan el caso los medios en inglés.
Tiempo Argentino Viernes 1 de Diciembre de 2017
por Alberto López Girondo | Nov 29, 2017 | Sin categoría
Los hermanos Koch, la tercera fortuna de EEUU, niegan el calentamiento global, abogan por reducir impuestos y financian la operación del grupo Meredith. Nace otro medio amigo de Trump.
Donald Trump sigue ganando amigos en los medios más influyentes de Estados Unidos. Y al apoyo que le brindan (y blindan) los medios de la derecha tradicional como Fox y al crecimiento que él mismo beneficia desde el gobierno como los medios de Sinclair (ver acá) ahora le sumará la venta de Time Inc al grupo Meredith, con el respaldo financiero de los hermanos Koch. Con esta operación, la agenda ultra conservadora gana un espacio de relieve amparada en los millones de David y Charles Koch, quienes rechazan visceralmente las advertencias sobre el cambio climático y hacen lobby desde hace décadas por una drástica eliminación de impuestos para los más ricos. Entre los cuales están ellos: la tercera fortuna de Estados Unidos, un nivel de facturación anual de 100 mil millones de dólares y unos 120 mil empleados en 60 países diseminados en empresas petroleras, químicas, de fertilizantes, mineras y hasta casi 190 mil hectáreas de la Matador Cattle Company, donde pastan 12 mil vacunos de la mejor carne, según se ufanan en su página web.
La operación sobre Time fue concretada el domingo pasado a última hora y anunciada el lunes. Desde entonces las especulaciones sobre este hecho discurren por todos los medios estadounidenses, aunque no puede decirse que sorprende porque se sabía de las conversaciones desde hace por lo menos tres años.
Es una oferta por 2800 millones de dólares por una editorial que publica las revistas Time, People, Fortune y Sport Illustrated. Es bueno aclarar que Time Inc. se desprendió en 2014 del grupo Time-Warner, cuya fusión con AT&T rechaza el gobierno de Trump.
El grupo Meredith, con sede en Des Moines, estado de Iowa, a su vez, creció en torno de la revista Better Homes & Gardens y tiene varias otras publicaciones relacionadas con el hogar, la salud y la mujer. Pero además posee 16 canales de televisión locales, afiliadas unas a CBS, otras a Fox, MyNetworkTV, NBC y ABC, las cadenas más conocidas de EEUU.
Esta operación con Time genera, aseguran, un medio con impacto en 135 millones de lectores y unos 60 millones de suscriptores y una facturación de 2700 millones en publicidad.
Time venía en picada por el cambio de paradigmas informativos que se registra en todo el planeta. Y le cuesta trabajo adaptarse a la realidad de que cada vez menos personas se informan por medios en papel y que la publicad en la web aún le es esquiva. Pero nadie ignora que sigue teniendo una influencia poderosa en la sociedad. De hecho su modelo se exportó a revistas de todo el mundo, incluida la Argentina, donde Noticias aparece como un claro producto surgido de esa escuela. Hablando en plata, sin embargo, Time perdió en el primer semestre de este año unos 72 millones de dólares y de no hacer algún tipo de acuerdo de salvataje se encaminaba a la bancarrota.
La cuestión es que detrás de esta operación están los 650 millones que aportaron los hermanos Koch. El presidente ejecutivo del grupo Meredith, Stephen Lacy, aseguró que los «Big Brothers» como se los menciona irónicamente, tendrán una «participación pasiva» y que no se sentarán en el directorio, con lo que, jura, «no tendrán influencia en las operaciones editoriales o gerenciales de Meredith».
Eso despertó suspicacias entre quienes conocen como se mueven los Koch y como se mueven los empresarios en general en todo el planeta.
Es cierto que la participación parece mínima en esta etapa, pero hay una experiencia previa de cuando los hermanos intentaron comprar los ocho periódicos de Chicago Tribune y recibieron a cambio una ola de protestas que los hizo desistir. Era 2013 y gobernaba Barack Obama. Ahora son otros tiempos, pero mejor entrar de a poco antes de que aparezcan cuestionamientos.
«La revista Time no mueve la aguja sobre nada más», pontifió Jay Rosen, profesor de periodismo en la Universidad de Nueva York, ante el británico The Guardian. «Simplemente (la compra) no tiene mucho sentido para mí, a menos que quieran influir en los rankings de Fortune 500 o algo así » agregó.
Pero el sentido puede estar en análisis para el mismo medio de Bill McKibben, un militante del movimiento ecologista que suele escribir para del New Yorker. «Es una decisión empresarial muy adecuada: una forma barata de ejercer aún más influencia política», en relación con la negación del cambio climático, uno de los caballitos de batalla de empresarios como ellos que tienen, según el Political Economic Research Institute de Massachusetts. la décima compañía más contaminante de Estados Unidos.
Efectivamente, para Koch, que patrocina la fundación Americans for Prosperity y sponsorea al grupo ultraderechista republicano Tea Party, no será negocio tener medios influyentes. Hay coincidencia entre los analistas que no está ahí precisamente la gallina de los huevos de oro.
Pero puede ser más que conveniente a largo plazo mantener medios que confronten con los argumentos de científicos y especialistas de todo el mundo en torno a las consecuencias del cambio climático. Una agenda que consideran «de izquierda».
Ellos son, en realidad, libertarios. Propugnan una sociedad donde el estado sea mínimo y solo sirva para defender las libertades individuales. Nada de mantener organismos como el FBI, la CIA o financiar la Seguridad Social. En este contexto, tiene sentido contar con medios que apoyen nuevas y más contundentes reducciones impositivas como las que Donald Trump intenta aprobar.
El mandatario, por cierto, ya se convirtió en un adalid en el negacionismo climático y aboga por una reforma fiscal que beneficie a los más poderosos con el viejo y conocido argumento que así habrá más inversiones.
Pero todo indica que el hombre de los Koch no era el actual inquilino de la Casa Blanca sino su vicepresidente, Mike Pence, quien conoce a los Koch desde hace más de una década y recibió generosos aportes para ganar la gobernación de Indiana. No pudieron colocarlo como cabeza de la candidatura la presidencia, en 2016, pero fueron fundamentales para que acompañara en las sombras a Trump.
Si por alguna razón el polémico magnate es destituido -y no resultaría algo insólito a esta altura el amigo de los Koch ocuparía su lugar.
Tiempo Argentino Miércoles 29 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Nov 25, 2017 | Sin categoría
Donald Trump está a punto de anular la obligación de los proveedores de Internet de tratar a todos los contenidos de la misma forma.
El 14 de diciembre es una fecha clave para la libertad de expresión y la democracia informativa en Estados Unidos y por lo que significa como espejo, donde otros querrán mirarse, para el resto del mundo. Ese día, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) se apresta a dictar dos medidas que podrían cambiar definitivamente el mapa de los medios y la forma en que circula la información por la Web. Por un lado, pondría fin a la neutralidad en la red y por el otro aprobaría una nueva flexibilización a la norma que prohíbe la propiedad cruzada de medios, con lo que cualquier propietario de un diario, por ejemplo, podría ser dueño al mismo tiempo de canales de tevé y radios en el mismo distrito, y que beneficia al grupo Sinclair, un silencioso conglomerado que apoya sin restricciones a Donald Trump.
Al mismo tiempo el Departamento de Justicia rechazó la fusión de AT&T y Time Warner con la excusa de no aceptar monopolios. El detalle es que la propia AT&T se vería beneficiada por el cambio en las condiciones de transporte de paquetes de información por la red. ¿Contradicciones de Trump?
Para los sectores menos condescendientes, el magnate republicano tiene entre ceja y ceja a CNN, parte del grupo Time Warner, porque cuestiona su gestión desde antes de que llegara al gobierno. Eso es lo que advierten analistas políticos como Will Bunch: «No hay una pistola humeante, pero hasta los medios pro-Trump como Daily Caller y New York Post han citado fuentes que indican que Trump querría expulsar al jefe de CNN, Jeff Zucker. Otros periodistas han trabajado para encontrar una razón que no sea el rencor presidencial para el intento de bloquear la fusión».
La neutralidad de la red es un asunto complejo que tiene su enfoque comercial pero también político y filosófico, ya que habla de la obligación de los proveedores de conectividad en la Web de tratar a todos los «paquetes» de información que circulan por la autopista informática de la misma forma. Es decir, no hacer distingos entre lo que envía un gran jugador como podrían ser los grandes productores de contenidos por sobre cualquier medio alternativo e incluso un ciudadano que tenga algo para decir. Lo aclara Beatriz Busaniche, de la Fundación Vía Libre: «Que los carriers, los propietarios de los caños (como pueden ser Fibertel, Telefónica o Telecentro en nuestro país) no puedan establecer un tráfico diferenciado de contenidos o incidir en calidad de lo que circula sobre la red».
Un ejemplo clásico, puntualiza la especialista, es el de un proveedor que tiene al mismo tiempo un medio, como podría ser el caso Clarín con Fibertel. Que haya neutralidad implica que Fibertel debe tratar de igual manera a un humilde blog o al diario Tiempo Argentino que sus propios portales. O que Netflix tenga las mismas posibilidades de circulación y velocidad que Flow, la plataforma desarrollada por el grupo.
Lo grave no es sólo el riesgo de invisibilizar a un medio pequeño o que se ahogue a una empresa «no amiga». Sin neutralidad, un concepto que defendía el gobierno de Barack Obama y surge del académico estadounidense Tim Wu, se vulnera el derecho a la información en sociedades donde, como vemos cada día y no sólo en Argentina, se apagan brutalmente las voces disidentes en favor del discurso único.
Ana Bizberge es docente e investigadora de políticas de comunicación en la Universidad de Buenos Aires y desde ese lugar alerta sobre otro aspecto que también está en agenda para el 14 de diciembre. Ese día se aprobaría –los republicanos tienen mayoría de 3 a 2 en un comité bipartidario– una «relajación de las normas que regulan la propiedad de medios».
Un aspecto que se tomó en cuenta en el debate por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue el de la limitación en Estados Unidos a que un diario pudiera tener al mismo tiempo un canal y una radio. A los tumbos esa regla se mantiene en el Acta de Telecomunicaciones de 1996. Pero al llegar a la Casa Blanca Trump nombró en la FCC a Ajit Pai, un indo-estadounidense partidario de la liberación total de los mercados. El hombre trabajó la mayor parte de su vida en la administración publica, salvo un paso no demasiado extenso por la telco Verizon.
El Sinclair Broadcasting Group (SBG) es un conglomerado nacido en los ’70 en el estado de Maryland que sin levantar espuma llegó a sumar 200 medios en todo el país. Hace unos meses arregló la compra de Tribune Media, surgido en torno al Chicago Tribune, de Illinois. De aprobarse la operación, se formalizaría una cadena con diarios, radios y televisoras que tendría el 72% de la audiencia de todo el país, nada menos.
Pai aprueba la compra pero para ello se deberán concretar un par de reformas en las normas. Una de ellas, la que establece que si un medio quiere comprar otro en el mismo distrito, tiene que haber por lo menos ocho que representen voces distintas. La otra es que se elimine el tope del 39% de audiencia en la misma área de cobertura. Por ahora hicieron una interpretación algo nebulosa por la cual se le computa la mitad de la audiencia por todos los canales en banda UHF.
¿Por qué no habría monopolio con Sinclair y si lo habría con AT&T-Time Warner? Ya se mencionó la inquina de Trump por CNN. SBG, en cambio, esta a la derecha de la derecha, apoyó desde el vamos al excéntrico millonario y fue clave para que ganara en lugares donde los otros canales no mueven el amperímetro.
De allí el rechazo de militantes de los derechos civiles por esta movida del FCC y el gobierno de Trump. Hubo manifestaciones a oficinas de Verizon para demostrar la ligazón entre Pai y la telefónica. También crecen las expresiones de repudio al bloqueo selectivo de Facebook y Google contra medios rusos como Sputnik y RT.
¿Por qué Facebook y Google encabezan la defensa de la neutralidad en la red, entonces? «Ellos también son usuarios de la infraestructura de las redes, se trata de dinero y poder», resume Busaniche. «
Tiempo Argentino Sábado 25 de Noviembre de 2017
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