El canciller cubano Bruno Rodríguez rechazó como «un acto hostil» los nuevos anuncios de endurecimiento del bloqueo contra la isla que promueve la administración del empresario Donald Trump. En la práctica, esta nueva embestida contra la Revolución Cubana implica que, de acuerdo a lo que establece la ley Helms-Burton -votada en 1996 durante la gestión de Bill Clinton y que no había sido puesta en vigor desde entonces-, se habilita a que se presenten demandas judiciales en tribunales estadounidenses contra firmas expropiadas por el gobierno de la Isla desde 1959 en adelante.
«Por sus pretensiones ilegítimas y contrarias el Derecho Internacional, la Ley Helms-Burton y el bloqueo concitan el rechazo universal, reiterado durante casi tres décadas, en los más importantes organismos regionales e internacionales. El ejemplo más reciente fue en la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando el pasado 1 de noviembre fue objeto de diez votaciones consecutivas de rechazo, en que el gobierno de los Estados Unidos quedó en absoluto aislamiento», dijo un comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores cubano.
La cancillería agregó:»El título II de la Ley Helms-Burton dispone que el derrocamiento del gobierno revolucionario, la posterior tutela del país a cargo de un interventor estadounidense y el ulterior establecimiento de un gobierno contrarrevolucionario y subordinado a Washington tendrían como tarea inequívoca la devolución o pago a los antiguos propietarios de todas las propiedades que sean reclamadas por antiguos dueños o sus descendientes, hayan sido estadounidenses o no al momento de las nacionalizaciones o de que las abandonaron».
Esta vuelta atrás en la política estadounidense en relación con Cuba, que durante el gobierno de Barack Obama había reconocido el fracaso del bloqueo económico impuesto en 1962 y reanudó relaciones diplomáticas en 2015, fue uno más entre los lineamientos políticos que Trump rompió unilateralmente desde que llegó a la Casa Blanca en enero de 2017. Lo que convierte a cualquier acuerdo firmado con Washington -como el establecido con Irán, o el NAFTA, o los de Cambio Climático- en un papel mojado y una advertencia para quienes buscan sellar tratados con EEUU.
Esta nueva ofensiva debe inscribirse en el ataque contra el gobierno de Nicolás Maduro, de allí que la noticia se haya difundida en mismo día que el presidente promovido por EEUU, el diputado Juan Guaidó, regresaba a Caracas y -contra el deseo de escalar la arremetida-, no fue detenido por las autoridades bolivarianas.
Uno de los más enconados enemigos de todo lo que suene a progresismo o socialismo en la región, el ultrabelicoso asesor en Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump, John Bolton, lo señaló claramente desde un tuit amenazante.
«El rol de Cuba en la usurpación de la democracia y el fomento de la represión en Venezuela es claro. Por eso Estados Unidos continuará reforzando restricciones financieras a servicios militares e intelectuales de Cuba. Democracias de la región deben condenar al régimen de Cuba».
Cuando se conoció el resultado del referéndum para una nueva constitución cubana, el domingo 23 de febrero pasado, Bolton ya había mostrado las garras en otro mensaje en la red social en el que calificaba a la consulta de «otra estratagema del régimen cubano para encubrir su represión y tiranía». Y agregó que «los Estados Unidos apoyan al pueblo cubano a pedir libertad y democracia».
Curiosa manera de entender la libertad y la democracia cuando horas antes en 90 % de los 8,6 millones de ciudadanos empadronados en la isla habían acudido a los 25.000 colegios electorales para dar su veredicto acerca de una reforma a la Carta Magna. Y que el 86,85 % de ese total había aprobado las enmiendas.
La reforma se estaba analizando en los despachos oficiales desde hace algunos años y había sido debatida en cada rincón de Cuba entre agosto y noviembre pasado. Incluso participaron cerca de un millón y medio de cubanos residentes en el exterior que pudieron dar sus puntos de vista para actualizar el texto de 1976.La nueva Constitución en lo sustancial mantiene el sistema comunista pero, en consonancia con la actualización económica iniciada por Raúl Castro cuando asumió la presidencia, en 2008, reconoce la propiedad privada y la necesidad de la inversión extranjera para el desarrollo económico del país. También establece limites al mandato presidencial, circunscripto a un máximo de dos periodos consecutivos de cinco años, mientras fija un tope de 65 años para acceder por primera vez a la jefatura del Estado.
El anuncio de este lunes, consideran los analistas, tendrá poco impacto en la vida real, pero simbólicamente es una nueva señal de que las amenazas del bloque más agresivo del entorno de Trump, su secretario de Estado, Mike Pompeo, el enviado para destituir a Maduro, Elliot Abrams, viejo zorro que asistió a los golpes de estado y a los contras en Centroamérica en los 80, y el propio Bolton. Coinciden en calificar a los gobiernos cubano, venezolano y nicaragüense como la «troika de la tiranía» a las que esperan derrocar mas temprano que tarde.El sueño de acabar con la revolución Cubana ya cumplió 60 años, los mismos que se cuentan desde el 1 de enero de 1959 cuando la guerrilla encabezada por Fidel Castro y el Che Guevara terminó con la dictadura de Fulgencio Batista. El bloqueo impuesto durante la gestión de John Kennedy solo provocó pesares para los cubanos porque según cifras oficiales significó pérdidas en dinero y bienes por una cifra cercana al billón de dólares.
Desde 1992, cuatro años antes de la ley Helms-Burton, la Asamblea de las naciones Unidas someten a votación de sus miembros una resolución de rechazo al bloqueo estadounidense. paulatinamente su fueron sumando naciones y el noviembre pasado 189 países le dieron su apoyo a La Habana, incluida la Argentina. Sólo Israel votó junto con Estados Unidos.»Desde 1996, la ley Helms Burton ha procurado universalizar el bloqueo económico, mediante presiones brutales e ilegales de EEUU contra terceros países, sus gobiernos y sus empresas», dice la cancillería cubana.
«Es una nueva declaración descabellada de un representante de la administración estadounidense, que busca reconfigurar la región latinoamericana según su modelo», declaró el director Departamento de América Latina del Ministerio de Exteriores ruso, Alexandr Schetinin. el funcionario agregó que esta embestida demuestra que «todas las conversaciones sobre el ‘restablecimiento de la democracia’ en Venezuela no son nada más que una fachada para modelar a los países de América Latina según los parámetros estadounidenses».
Donald Trump concluye posiblemente su peor semana en la Casa Blanca. Mientras la ofensiva sobre Venezuela pierde vigor (ver aparte) ahora debe enfrentarse con el testimonio de su ex abogado, Michael Cohen, que en una audiencia pública en el Congreso hizo mucho por hundirlo. Para colmo, su cumbre con el líder norcoreano terminó diluyéndose y como corolario de su visita a Vietnam, los padres de un estudiante que estuvo detenido en Pyongyang y murió pocos días después de haber sido devuelto al país, ahora le reclaman su pasividad sobre el hecho cuando estuvo frente a Kim Jong un. Mientras Trump estaba por entrar al salón principal del Sofitel Legend Metropole de Hanoi en su cara a cara con Kim, en la Cámara baja de Estados Unidos Cohen no se ahorraba epítetos para describir cómo es el hombre al que representó hasta hace unos meses, cuando el FBI –buscando testimonios sobre la relación de Trump con agentes rusos– puso su mira sobre sus cuentas fiscales. «Es un embaucador, racista y tramposo», fue lo menos que dijo ante las preguntas de los representantes demócratas. Los republicanos, a su turno, le recordaron a Cohen que él tampoco tenía el traste tan pulcro, a lo que él replicó: «Yo hice lo mismo que están haciendo ustedes ahora durante diez años. Protegí al señor Trump durante diez años. Lo único que puedo hacer ahora es advertir a la gente (de quién se trata)». Cohen aportó carradas de material en la comparencia pública, y se supone que mucho más en una sesión a puertas cerradas del jueves en la comisión de Inteligencia del Congreso. Tantos elementos como para que los demócratas, que ahora lideran la Cámara de Representantes, analicen seriamente la posibilidad de encarar un juicio político contra el empresario inmobiliario. Es cierto que Cohen ya fue condenado por fraude y evasión fiscal en torno de maniobras para encubrir el pago a dos mujeres que amenazaban con revelar sus relaciones con Trump, en plena campaña electoral. Y también que hace un año estaba cerrando un contrato para escribir un libro sobre el presidente que, todo indica, era laudatorio. Pero la investigación del FBI lo sentó en el banquillo de los acusados y Trump –para no quedar pegado– le retiró el apoyo. Ahora su lengua y las pruebas que pueda haber acumulado en una década pueden ser más filosas que un puñal sobre la yugular del presidente. De Hanoi, en tanto, Trump vino con las manos vacías y la sensación de que le va a costar desandar el camino que había planteado. Luego de la primera cumbre en Singapur el año pasado, el mandatario se había convencido que un acuerdo para la desnuclearización de Corea del Norte estaba a la vuelta de la esquina. Pero Kim se plantó en que lo primero era levantar las sanciones comerciales. Trump no golpeó arriba de la mesa, más bien dijo que «a veces hay que retirarse» de una negociación, y dijo que seguirían viendo como continuar. Al volver a Washington, le exigió a Cohen que mostrara los textos que ya tenía listos para un libro, que según dijo, «eran una carta de amor a Trump», repentinamente abortado por el proceso judicial en su contra. Los padres de Otto Warmbier, por otro lado, mostraron su desagrado porque Trump aceptó en Hanoi la versión de Kim de que no sabía lo que ocurrió con el chico, de 22 años, detenido por uniformados norcoreanos cuando visitaba ese país, que entró en coma y murió a su regreso a EE UU. «Hemos sido respetuosos durante la cumbre. Ahora debemos hablar», declararon los Warmbier. «Kim y su malvado régimen son responsables de la muerte de nuestro hijo Otto», concluyeron.
Michael Cohen fue abogado de Donald Trump durante una década, hasta que un par de hechos, dice, le hicieron ver que estaba sirviendo a un hombre peligroso que, para colmo, estaba ocupando el Salón Oval de la Casa Blanca. Cohen, sentenciado a tres años de cárcel en diciembre por fraude fiscal e infracción al código electoral, se presentó a una audiencia pública en el Congreso de Estados Unidos y durante la que fue enterrando pacientemente a su ex cliente en un caso que podría terminar con la presidencia del polémico empresario inmobiliario. Habló de sexo, mentiras y videos: de las relaciones de Trump con Rusia, del pago para acallar a una actriz porno, y de una cinta grabada que podría comprometerlo en actitudes poco elegantes para un sucesor de George Washington.
«Me avergüenzo porque sé lo que es el señor Trump. Es un racista. Es un estafador. Es un tramposo», arrancó el abogado. «Hoy estoy aquí para decir la verdad sobre el señor Trump».
“¿Cuándo tomó conciencia de que estaba junto a un mentiroso, racista, embustero y estafador?”, se sumó un legislador. Era una de esas preguntas capciosas en ese tipo de ceremonias que el sistema político estadounidense replica dada tanto. Muchos habrán visto películas sobre las interpelaciones del senador Joseph McCarthy en la década del 50 contra actores y guionistas en su caza de comunistas.
Los medios recordaban, en cambio, la comparencia del abogado de Richard Nixon, que en 1973 se tuvo que sentar en ese mismo estrado para responder por el espionaje en el hotel Watergate. El testimonio de John Dean terminó por hundir al presidente, que tuvo que renunciar poco tiempo después. El letrado se había dado cuenta de que lo habían “mandado al frente” para que todas las culpas de las maniobras para ocultar la responsabilidad de Nixon en el caso recayeran sobre él. Y prendió el ventilador. Ahora, Dean consiguió un extra como comentarista del Rusiagate para la cadena CNN, acérrima enemiga de Trump.
Cohen fue un obediente y servicial abogado, respondió, hasta que dos hechos lo marcaron. Uno en Helsinki y el otro en Charlottesville. Trump se había reunido en julio del año pasado con Vladimir Putin en la capital finlandesa y señaló que el mandatario ruso le había dicho que no hubo ninguna interferencia de su país en las elecciones de 2016 y que para él eso bastaba.
En agosto de 2017 un supremacista blanco atacó a una multitud que celebraba que las autoridades hubieran decidido retirar símbolos de los confederados sureños –esclavistas- en la ciudad de Charlottesville, Virginia.
Cohen dijo que había » visto en estos hechos “la destrucción diaria de nuestra civilidad entre nosotros” y reconoció haber sido responsable de “ese tipo de comportamiento”. Ante el embate de representantes del partido Republicano, replicó: “Yo hice lo mismo que están haciendo ustedes ahora durante diez años. Protegí al señor Trump durante diez años. Lo único que puedo hacer es advertir a la gente (de quién se trata)”.
«Se han planteado preguntas sobre si conozco evidencia directa de que el señor Trump o su campaña se hayan asociado con Rusia», señaló al Comité de Supervisión de la Cámara baja, en manos de la oposición desde enero. «No las tengo, quiero ser claro. Pero tengo mis sospechas». ¿Cuáles serían esas sospechas?
Cohen asegura haber estado en la Torre Trump de Nuerva York en junio de 2016 cuando un hijo del entonces candidato le dijo al empresario que “la reunión con los rusos está lista”.
-Trump respondió “bien, bien, háganmelo saber”.
La tal reunión sería una en la que el equipo se juntó con una abogada rusa que tenía información que podría perjudicar a la demócrata Hillary Clinton. Y agregó que Trump sabía que mucho de ese material saldría publicado en Wikileaks, el portal creado por el australiano Julian Assange. Y que cuando se enteró simplemente dijo “¿No sería eso genial?”
-¿Trump tendría el potencial de cooperar o conspirar con una potencia extranjera para ganar la presidencia a toda costa?, preguntó la demócrata Debbie Wasserman Schultz.
-Sí, fue la lacónica respuesta de Cohen.
Para ilustrar el racismo de Trump, Cohen dijo que cuando Barack Obama era presidente de Estados Unidos “una vez me preguntó si podía nombrar a un país dirigido por una persona negra que no fuera ‘una mierda’.”
En cuanto a los escándalos sexuales que cada tanto salen a la luz, Cohen confirmó que intervino para silenciar a la actriz porno Stormy Daniels y la exmodelo de Playboy Karen McDougal, quienes durante la campaña presidencial amenazaron con revelar las relaciones que habían mantenido.
Cohen mostró un cheque que le pagó el presidente para pagar por el silencio de las mujeres. En el primer momento, el abogado había dicho que el pago había sido por su cuenta y que nada había tenido que ver el presidente. Ahora, ya enemistado con el empresario, indicó que el cheque prueba que sin bien es cierto que el pago salió de su bolsillo, enseguida sus cuenta volvieron a quedar cubiertas por el dinero de Trump. Lo que no pudo estar en condiciones de asegurar es si realmente hay un video que podría incriminar al inquilino de la Casa Blanca.
El presidente, que estaba en Vietnam reunido con el líder norcoreano Kim Jong un, defenestró a su es representante legal desde un tuit inflamado.
«Michael Cohen fue uno de los muchos abogados que me representaron (desafortunadamente). También tenía otros clientes. Fue expulsado por la Corte Suprema del estado por mentir y fraude. Hizo cosas malas sin relación con Trump. Está mintiendo para reducir su tiempo en prisión. ¡Usando al abogado inescrupuloso!»
Inquietante, Cohen dejó la pelota picando para un nuevo encuentro con los congresistas, a puertas cerradas, mañana.
-¿Hay algún otro acto ilícito o ilegal del que tenga conocimiento con respecto a Donald Trump que aún no hayamos discutido hoy?, le preguntaron.
-Sí, pero desafortunadamente, este asunto algo que está siendo investigado en este momento por el Distrito Sur de Nueva York, y me pidieron que no discutiera ni hablara públicamente sobre estos temas.
Más inquietante aún, en un momento del interrogatorio dijo que los que siguen al lado de Donald Trump también podrían terminar en la cárcel.
Kim Jong-un llegó a la estación de Dong Dang luego de una travesía de 60 horas en su tren blindado a través de territorio chino. Luego viajó en un Mercedes S600 Pullman a la capital vietnamita. Donald Trump bajó del avión presidencial Air Force One directamente en Hanoi y celebró en su cuenta de Twitter la recepción de las autoridades de la nación del sudeste asiático.
El segundo encuentro cumbre entre los líderes de Estados Unidos y Corea del Norte despertó expectativas, alentadas por el polémico empresario, de que finalmente se firmará un acuerdo de paz luego de 65 años de finalizada la contienda y que había finalizado con un precario armisticio firmado en 1953. Lo más importante, según el ocupante de la Casa Blanca, sería firmar un tratado de desnuclearización, con lo que Washington levantaría las sanciones comerciales y permitiría así una «lluvia de inversiones» en el norte de esa península asiática.
«Me dirijo a Vietnam para mi reunión con Kim Jong un. ¡ Esperamos una cumbre muy productiva!»
…había dicho Trump al subirse a la aeronave
«Acabo de llegar a Vietnam. Gracias a todas las personas por la gran recepción en Hanoi. Enormes multitudes, y tanto amor!»
…dijo al llegar.
La cumbre, que se desarrollará en el hotel Sofitel Legend Metropole, de Hanói, fue preparada con poca antelación, dijeron las autoridades vietnamitas. «Tuvimos apenas 10 días, cuando en Singapur -donde ese hizo el primer encuentro, en junio del año pasado- tuvieron como dos meses». Una muestra de la preocupación por cualquier incidente que opaque el encuentro que podría significar la paz definitiva en esa parte del mundo y lllevaría, sin dudas, a cambiar la economía norcoreana definitivamente.
Los analistas de medios occidentales se demoraron en explicaciones sobre las posibles razones de Kim para viajar en tren durante casi tres días para recorrer más de 4000 kilómetros. Algunos atribuían la decisión a tradiciones aún vigentes en esa nación desde que el ferrocarril era el medio preferido del abuelo de Kim, el fundador de la dinastía, Kim Il Sung, porque le temía a los aviones. Aprovechan esta explicación para contar que este tercer Kim hizo una suerte e de purga entre sus funcionarios hace algunas semanas, cuando ya estaba definido el nuevo encuentro con Trump.
Si bien la información que proviene de Piongyang se basa usualmente en trascendidos con poca posibilidad de ser verificados, fuentes surcoreanas aseguran tener certezas de que Kim III hizo detener o ejecutar a unas 70 funcionarios y dirigentes a los que acusó de actos de corrupción.
El dato es que muchos de esos exonerados fueron críticos de las concesiones de que acusan a Kim para lograr un acercamiento a Estados Unidos. Es que, se sabe, negociar quiere decir precisamente conceder para obtener algo a cambio. Y los halcones de la política no suelen hablar ese idioma.
Algo parecido le pasó a Trump al volver de Singapur. Recibió furibundas críticas de funcionarios del departamento de Estado pero también de los medios de comunicación y de dirigentes del Partido Demócrata, que lo acusaron de haberse reunido con un dictador y de con esa cumbre no hizo sino legitimar un régimen comunista.
Podrían marcarle también la contradicción de que mientras le dio la mano a Kim Jong-un, que reivindica una vía coreana al socialismo, en América Latina mete presión y amenaza con invasiones a gobiernos como el de Venezuela, el de Nicaragua y el de Cuba.
«Ahora todos pueden sentirse mucho más seguros que el día en que asumí el cargo. Ya no hay una amenaza nuclear de Corea del Norte», había dicho Trump el año pasado. Ahora especuló que el deseo de negociar de Pionyang obedece a que Kim «se da cuenta, quizás mejor que nadie, de que sin armas nucleares, su país podría convertirse rápidamente en una de las grandes potencias económicas de cualquier parte del mundo. Debido a su ubicación y su gente (y él), tiene más potencial para un crecimiento rápido que cualquier otra nación! «.
Comentarios recientes