Por más que Donald Trump se muestre displicente por la tormenta que desató en todo el mundo, hay un dato que indica cierta preocupación: este lunes posteó en su red social un mensaje de aliento para la población en general que bien se parecía a esas palabras de los directores técnicos antes de una gran final. “Estados Unidos tiene la oportunidad de hacer algo que debió hacerse hace décadas. ¡No sean débiles! ¡No sean estúpidos! ¡No sean PANICAN (un nuevo partido basado en gente débil y estúpida!). ¡Sean fuertes, valientes y pacientes, y el resultado será GRANDEZA!«
Es que a la catarata de aranceles que aplicó a todos los países, incluso algunas islas sin población -lo que generó menes brillantes- el presidente promueve tal estado de exasperación en las sociedades por sus posturas misóginas, su maltrato a inmigrantes y colectivos diversos y el despido masivo de trabajadores en varias instituciones públicas que este fin de semana hubo masivas manifestaciones en miles de ciudades de Estados Unidos y de otros rincones del planeta. El lema de las protestas era “manos afuera”, pero en cada lugar se agregó algún distintivo local y en muchos casos apuntaban contra Elon Musk, secretario del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE en inglés), el portador de la motosierra.
El lunes negro también generó incertidumbre y los medios de comunicación pusieron el foco en las abruptas caídas en las bolsas de todo el planeta y la respuesta de cada país a las gabelas que decidió Trump en base a una fórmula de difícil comprensión. La respuesta de los más encumbrados no se hizo esperar y China no solo devaluó su moneda -apenas un 0,4% contra el dólar pero suficiente como amenaza- sino que anunció una tasa de 34% a las importaciones de Estados Unidos en represalia a una cifra similar que impuso la Casa Blanca.
Europa, en tanto, ya bastante golpeada por el desaire de haberla dejado afuera de las negociaciones con Rusia por Ucrania, no alcanza a coordinar acciones y las líneas de debate oscilan entre replicar los aranceles o negociar tasas mutuas de 0%. Las disputas parecen tan sutiles como para que, para lograr el apoyo francés, la Comisión Europea aceptó sacar de la ronda de aranceles de hasta 25% a productos de Estados Unidos al bourbon y el vino.
En el mientras tanto, este martes Trump agotó también su red Truth para anunciar que había hablado con el presidente interino de Corea del Sur y aseguró: ”tenemos posibilidades de un gran acuerdo para ambos países. Su equipo principal está en un avión rumbo a EE. UU., y la situación pinta bien. También estamos negociando con muchos otros países, todos los cuales desean llegar a un acuerdo con Estados Unidos”.
El léxico puede servir para para entender lo que está detrás del desparramo que armó el 47º presidente de Estados Unidos. Digamos entonces lo obvio: Trump es un empresario inmobiliario. No un martillero que dedica a intermediar entre la parte vendedora y la compradora. Es un tiburón de los que cuando ven un negocio no dudan en usar todos los recursos -incluso civilizados, claro- para conseguir un objetivo. O sea, si quiere construir una de sus torres y el propietario del terreno se muestra remiso a vender, ya le hará “una oferta que no pueda rechazar” al mejor estilo de Don Corleone.
La semana pasada, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dio una extensa entrevista al periodista Tucker Carlson que vale la pena ver no solo para elucidar cuestiones económicas.
Treasury Secretary Scott Bessent explains the administration’s new tariffs, and why we had to do something to stop the slide.
(0:00) Trump’s Tariff Plan (5:42) The Current State of the Stock Market (8:22) Will Americans See Substantial Tax Cuts Because of Tariffs? (13:16) How… pic.twitter.com/ejO9XppT8s
Dice Bessent: “El creador original de los aranceles fue (el presidente) Alexander Hamilton. Y utilizó los aranceles para financiar la nueva nación y proteger la industria estadounidense. El presidente Trump ha añadido una tercera pata al taburete: utiliza los aranceles para negociar”.
Y prosigue: “Vamos a reindustrializarnos. Hemos pasado a una economía altamente financiarizada. Hemos dejado de producir cosas, especialmente muchas cosas que son relevantes para la seguridad nacional. Creo que uno de los pocos buenos resultados de la COVID fue que tuvimos una prueba beta de cómo podría ser una guerra con un gran adversario. Y resultó que estas cadenas de suministro altamente eficientes no eran estratégicamente seguras. Así que ya no fabricamos nuestros propios medicamentos. No fabricamos nuestros propios semiconductores. Ya no fabricamos nuestros propios barcos”.
Y repitió uno de sus latiguillos: “ Wall Street lo ha hecho muy bien. Puede seguir haciéndolo bien. Pero es el turno de Main Street”. Esto es, algo así como la gente común, en referencia a la calle principal de las pequeñas ciudades, descuidadas en el largo período de la globalización.
Y aquí viene el punto central. Trump suele culpar de los males que vive Estados Unidos en el primer cuarto del siglo XXI a Bill Clinton por su estrategia de apertura de mercados con el objetivo de Integrar a China en el sistema de la OMC, en 2001. Pero la cosa no salió como pensaban los cráneos de la época, dicen en cercanías del actual inquilino de la Casa Blanca. Así, el crecimiento del país asiático lo llevó a ser el competidor económico a derrotar si es que EEUU pretende seguir siendo el que corte el bacalao en el mundo.
Hay que decir también que mucho de lo que Trump está haciendo desde el 20 de enero, tanto sea en geopolítica como en economía, revela que escuchó a teóricos y estrategas que advertían sobre la decadencia estadounidense. Por un lado las desastrosas invasiones de Irak y Afganistán devastaron su capacidad militar, que además no fue un dechado de virtudes desde 1945.
De hecho, salvo un “empate” en Corea -fue Trump el que recién en 2018 firmó un acuerdo de paz con Corea del Norte, ya que desde 1953 regía un armisticio- y los “triunfos” en sendas invasiones en Panamá y Granada, las tropas estadounidenses vienen de derrota en derrota. Desde Vietnam hace 50 años hasta Afganistán en 2020. Y en Ucrania están tratando de que no se note demasiado su responsabilidad en otra guerra perdida.
En el plano de la economía, también da para entender la postura de que con la apertura del comercio todo el mundo se benefició vendiendo en un mercado grande y ávido a rabiar. El déficit en la balanza de pagos de Estados Unidos, según la Comisión Internacional del Comercio fue en 2024 de u$s 1,2 billones cercano al 4% del PBI. En cualquier país eso sería una hecatombe, pero contar con la maquina de fabricar la moneda en que se maneja el comercio internacional tiene sus ventajas.
We have massive Financial Deficits with China, the European Union, and many others. The only way this problem can be cured is with TARIFFS, which are now bringing Tens of Billions of Dollars into the U.S.A. They are already in effect, and a beautiful thing to behold. The Surplus…
— Donald J. Trump Posts From His Truth Social (@TrumpDailyPosts) April 7, 2025
De todas maneras la deuda pública, que ya supera el 120% del PBI, unos u$s 26.000 millones, es un salvavidas de plomo. La mayoría de esa deuda consiste en bonos del Tesoro que están en manos de varios países: Japón (u$s 1200 billones), China (775 billones), Reino Unido (701 billones), y con cifras en torno a los 300 billones, siguen Luxemburgo, Canadá, Bélgica, Irlanda, Islas Caimán y Francia. La semana pasada hubo una cumbre inesperada entre representantes de China, Corea del Sur y Japón. Tienen cuentas pendientes desde la II Guerra y 1950. Pero el espanto puede más que el amor, se sabe, y que el odio, y son de las tres economías mas grandes de Oriente.
¿Qué puede pasar de aquí en más? Una verdadera guerra comercial, a todo o nada, implicaría que algunos de los “enemigos” den una vuelta de tuerca y decidan deshacerse de los bonos, con lo cual la catástrofe sería mucho mayo por la depreciación de todos las tenencias y todos perderían. Una guerra militar no suena plausible por la debilidad industrial de Estados Unidos, y también de la OTAN, como se comprobó en Ucrania.
Volvamos a Bessent. “¿Cómo vaa responder China como nación?”, pregunta Carlson.
“No sé si puedan tomar represalias (…) Si analizamos la historia (…), somos la nación deudora. Sí, tenemos déficits comerciales (y) la nación con superávit está en la posición más débil (…) Nunca hemos visto nada parecido en términos de su nivel de exportaciones en relación con el PIB y la población. (…) El sistema de manufactura chino es como esa vieja película de Disney con las escobas cargando los cubos. No hay nada que se pueda hacer, simplemente sigue funcionando. Ese es su modelo de negocios. Esto no va a parar. (…) ¿Cuál es el escenario ideal? (…) que de alguna manera se llegara a un acuerdo entre Estados Unidos y China… Queremos más manufactura, lo que significaría que una parte menor de la economía se destina al consumo. China tiene una economía desequilibrada con demasiada manufactura. Y, de hecho, los consumidores chinos salen perdiendo. Los hogares chinos están atrapados en lo que se llama la trampa de la renta media. ¿Podríamos hacer algo juntos para reequilibrarlos: consumir más y fabricar menos?”.
Por ahora, los chinos se burlan de la desindustrialización estadounidense.
Mañana Donald Trump inaugura el período más perturbador en la historia de Estados Unidos. No es que en sus 249 años de vida independiente nunca hubiera habido momentos inquietantes. Pero no hay registro de que la llegada de un nuevo presidente conmoviera los cimientos del mundo como esta vez a días de su jura.
Se podrían enumerar todas y cada una de las movidas dentro de la Unión Europea, la OTAN y Medio Oriente ante la promesa de sacar a EEUU del atolladero de Ucrania y de Gaza. Movidas algunas de una falta de elegancia que también es símbolo de época. Anular la elección en Rumania porque ganaba el que no conviene y dejar en el poder a un señor con Mandato Cumplido, al igual que en Kiev, no luce bien si se menea eso de la democracia liberal.
Además, será el primer presidente que tuvo dos juicios políticos en su paso por el cargo y el primero que asume procesado y condenado por varios delitos… Pero el que deja el poder indultó a un hijo en otra retahíla de imputaciones, entre las cuales no figuraban -aunque debería- sus negociados con empresas ucranianas desde 2014, cuando se abrió esta nueva temporada de guerras en el este de Europa fogoneada por EE UU.
Trump, por otro lado, tiene esa sinceridad brutal de no ponerse en paladín de la democracia, como sus antecesores. Su principal argumento para promover una invasión a Venezuela era que “nos hubiéramos quedado con todo ese petróleo”. Ahora, quiere comprar Groenlandia porque además de sus riquezas, “es importante para la seguridad nacional”. Dentro de esa necesidad estratégica incluye anexar Canadá y re-tomar el Canal de Panamá. Hacer Grande a EE UU Otra Vez (MAGA, en inglés) era esto. Un expansionismo que forma parte del ADN norteamericano, que ahora sueña con la Conquista del Ártico.
“Ser enemigo de EE UU es peligroso, pero ser amigo es fatal”, dijo alguna vez Henry Kissinger. Estas nuevas amenazas afectan a países que coquetearon con Washington y ahora son la frutilla del postre en el nuevo tablero de ajedrez que plantea la futura administración. Que consiste en un Plan Monroe recargado con Marco Rubio en la Secretaría de Estado (atención a los gobiernos que se creen bendecidos por Trump) y el retiro de fondos para la OTAN y Ucrania. Ya el nuevo secretario general del organismo del Atlántico Norte, el neerlandés Mark Rutte, avisó que los europeos deben recortar los sistemas sociales para financiar equipamiento militar. O sea: el gasto lo pagarán los educandos, los enfermos y los jubilados, dijo.
Más allá de Trump, o precisamente por él, se percibe la decadencia del imperio estadounidense. Con las bravatas sobre Groenlandia, Canadá y Panamá, el electo “corre la marca” de los medios sobre la caída de Ucrania. EE UU azuzó ese conflicto desde los primeros días de Joe Biden para enmascarar la vergonzosa retirada de Kabul, tan parecida a la de Saigón, de la que en abril se cumplirán 50 años. Es cierto el enfrentamiento de Trump con el “estado profundo”. Pero con ese aire de cowboy procura ocultar una nueva derrota del gendarme de Occidente.
Últimas trapisondas en Washington: Biden retira a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo, cosa que había hecho Barack Obama en 2015 y Trump tiró al retrete en 2021. Otra es el acuerdo para el cese el fuego entre Hamás y el gobierno de Israel. La administración saliente y la entrante se atribuyen el mérito de un arreglo que ahora hace falta implementar.
Pero hay otro acto en el sainete desde este 20 de enero. Trump se asienta en Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos. Estos magnates para los medios occidentales -nosotros preferiríamos llamarlos “oligarcas globales”- son los adalides de esta etapa del capitalismo, la del “tecnofeudalismo”. Musk manejará la motosierra en el Estado federal hasta el 4 de Julio de 2026, 250º aniversario de la independencia. Trump ya le marcó la cancha: “A mí me eligieron los votantes”. Su mentor, Steve Bannon, dijo al Corriere della Sera, de Italia: “Él es una persona verdaderamente malvada. Frenarlo se ha convertido en un asunto personal para mí. Al principio, como él había aportado tanto dinero, estaba dispuesto a tolerarlo. No más».
Diría Eric Hobsbawm, “se vienen tiempos interesantes”.
Cuando todavía faltan ocho días para que vuelva a ocupar el Salón Oval de la Casa Blanca, ahora como 47º presidente, Donald Trump ya produjo un desparramo importante en todo el mundo y también desencajó al sistema judicial dentro de Estados Unidos. Fronteras afuera, sus ansias expansionistas preocupan en Panamá, Canadá y Groenlandia. En su propio territorio, un tribunal de Nueva York condenó este viernes a «libertad incondicional» al inminente mandatario en el caso de soborno a la ex actriz porno conocida como “Stormy Daniels”. El caso se resume así: fue encontrado culpable por el jurado en mayo pasado pero no irá a prisión por decisión del juez Juan Merchan, lo que implica que asumirá el cargo desde el que se suelen condenar acciones contra la moral, las buenas costumbres y el respeto a la Justicia a los gobiernos extranjeros un hombre imputado por varios delitos, desde el uso indebido de aportes de campaña para comprar silencio, como este, o por las acciones de sus seguidores el 6 de enero de 2021.
Dentro de todo, ese incidente podrá ser considerado menor, si se repara en que presentará las apelaciones correspondientes y cuando llegue a la Corte Suprema será seguramente anulado. Es que en su primer mandato tuvo la ocasión de nombrar tres jueces afines que le dan absoluta mayoría a los conservadores filotrumpistas.
Como sea, ya tiró líneas con el Kremlin para una entrevista con Vladimir Putin en torno a la situación en Ucrania, en primer lugar. Trump declaró que el mandatario ruso lo había invitado a conversar. Desde Moscú el vocero, Dmitri Peskov, avisó que no habrá problemas, pero que cualquier diálogo deberá ser sin precondiciones. «Estamos viendo que Trump también ha expresado su disposición a resolver los problemas mediante el diálogo, y damos la bienvenida a ello», indicó el portavoz de la presidencia.
Seguramente el trasfondo de esa bilateral será empezar a hablar del rediseño del mundo que esboza el empresario inmobiliario. Lanzarse a anexar Canadá al tiempo que hace una oferta se diría que hostil por Groenlandia dejaría en el Ártico solo a dos jugadores globales. EE UU y Rusia. Estos días la primera ministra de Dinamarca, el país que ostenta la soberanía groenlandesa, Mette Frederiksen, declaró que el futuro de esa isla poblada por unas 56.000 almas, deberá ser decidido por los propios habitantes. El primer ministro groenlandés, Mute Egede, fue algo más ambiguo: coincidió en que el futuro debe ser decidido en esas heladas regiones, pero insistió en que entre las futuras cartas estaría la independencia. Y ofreció hablar de negocios con los estadounidenses. “Los daneses, los estadounidenses y otros pueden tener su opinión, pero no debemos quedar atrapados en la histeria ni culpar a otros. Nosotros somos quienes daremos forma a nuestro futuro», dijo Egede.
Estados Unidos tiene una base aérea en Thule, a unos 1200 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, donde hay una pista de aterrizaje de unos 3000 metros de longitud. Fue instalada durante la II Guerra Mundial y quedó como centro estratégico durante la Guerra Fría. Tanto para Trump como para el Pentágono, esa base es esencial para los intereses estratégicos de EE UU.
El presidente Javier Milei estaba a sus anchas en el encuentro de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC en inglés) que se desarrolló en Buenos Aires a principios de mes. Porque logró traer a la Argentina a ese foro ultraderechista con base en Washington y porque recibió el espaldarazo de dos de sus mentores más admirados: Donald Trump y Steve Bannon. El mandatario electo de Estados Unidos envió a su nuera, Lara Trump, una presentadora, productora de televisión y gestora de campañas políticas. Bannon está a otro nivel: es el verdadero estratega de la nueva derecha mundial, y para que no quedaran dudas sobre el lugar que le reserva al libertario local, le regaló un video en que afirmó: «Argentina es clave en la lucha global. El destino de los sudamericanos está en manos de Milei, (si él) no logra ejecutar este plan, todo el movimiento de Latinoamérica está en peligro». Qué más podría pedir el fundador de La Libertad Avanza.
El futuro de Sur América está en las manos de Milei y los patriotas Argentinos. El Pdte. Milei ha generado un aire fresco en la escena política nacional e internacional luchando contra la corrupción, y es el primer país en los últimos 100 años tomando esta iniciativa seriamente. pic.twitter.com/aF5sD1SB8A
Veamos entonces quién es este hombre de 71 años que se jacta de haber forjado, entre otras, las candidaturas de Trump en 2016, de Jair Bolsonaro en 2018 y Giorgia Meloni en 2022, pero que a través de una de las empresas en las que tuvo participación, Cambridge Analytica, forjó mediante noticias falsas y manipulaciones campañas en todo el mundo, incluso la de Mauricio Macri en 2015, según reveló una investigación promovida en el Parlamento británico.
Stephen Kevin Bannon nació en Norfolk, Virginia, EE.UU., en el seno de una familia de trabajadores de origen irlandés. Hizo la secundaria en la Escuela Preparatoria Benedictina de Richmond, un colegio militar católico exclusivamente masculino. El barrio donde se crio estaba frente a un astillero naval, de modo que su destino inicial estuvo vinculado a la armada. Así que a bordo de un destructor se lanzó a la aventura y estuvo como teniente de Navío en el Mar Arábigo y el Golfo Pérsico en 1979. Alguna vez recordó su malestar por cómo el Gobierno de Jimmy Carter manejó entonces la crisis iraní, que terminó con la Revolución Islámica que encabezó el ayatolá Ruhollah Jomeini.
Noticias sesgadas En 1984 dejó la fuerza, luego asistió a la Escuela de Negocios de Harvard y realizó cursos en la Escuela Walsh del Servicio Exterior, donde alguna vez tomaron clases Bill Clinton, el rey Felipe VI y la exsecretaria de Estado Madeleine Albright. De casualidad pudo ingresar en Goldman Sachs, la banca de inversión más grande del mundo. Ya era un muchacho grande (rondaba los 30) cuando en una fiesta, whisky en mano, mantuvo una amena charla con un hombre que resultó ser un directivo de GS que, embelesado con Bannon, lo hizo entrar al plantel a pesar de que había superado la edad límite.
Se fue metiendo en el negocio cinematográfico porque supo conseguir financiación para proyectos de, por ejemplo, los estudios MGM, y de carambola, también, llegó a productor de programas como la comedia Seinfeld, de enorme éxito entonces y serie de culto hoy día. Inquieto, fundó la firma Bannon & Co y dejó el banco para buscar oportunidades donde se le presentaran. El mundo en el que circulaba ya era uno como para que dijera: «Provengo de una familia de demócratas obreros, católicos irlandeses, pro Kennedy y pro sindicalistas» que, ante el abandono que venían padeciendo, se inclinaban ahora por los republicanos. En su caso, cada vez más convencido de que tenía por delante una batalla cultural. Por algo había pasado por el tamiz benedictino, que con los años lo llevaría a tener fuertes diferencias con el papa Francisco.
Pero antes de eso, había incursionado en una empresa de videojuegos de Hong Kong en la que aprendió un secreto que luego sabría cómo explotar. Descubrió que muchos se metían a jugar no tanto para ganar como para canalizar sus energías destructivas. Vamos, para exhibir sin pudores el odio. Para 2007 fue miembro fundador de Breitbart News, un sitio de extrema derecha en el que potenciaría extravíos semejantes, pero también los argumentos para instalar sus ideas y su figura.
El recetario es relativamente sencillo: individuo y propiedad privada por encima de todo, Estado mínimo, impuestos mínimos, mercados sin restricciones, libre uso de armas, romper con los tratados internacionales y, sobre todo, «no tengas vergüenza de ser de derecha, di lo que piensas libremente». Nada que Milei no postule a capa y espada.
Milei. Según la nuera de Trump, es «un hombre dispuesto a desafiar al status quo».
Foto: Getty Images
Trump, a todo esto, lo tomó como asesor de campaña, en 2016. Las encuestas venían mal luego de un par de declaraciones que cayeron muy mal en el electorado. Competía con Hillary Clinton, la exsecretaria de Estado y esposa del expresidente demócrata. Bannon organizó la publicación de un libro de Peter Schweizer, un periodista también ligado a la ultraderecha, Cash Clinton, en el que hay abundante información –verídica, por lo demás– sobre el modo en que la candidata y su familia habían hecho su fortuna con la Fundación Clinton. Fue un éxito editorial y terminó de convencer a los republicanos remisos de votar por el empresario inmobiliario.
Bailando por un sueño En pago, Trump designó a Bannon como consejero de Seguridad Nacional, el 20 de enero de 2017. Duró poco. El 18 de agosto tuvo que renunciar tras un escándalo por un ataque neonazi en Charlottesville. Fue acusado de haber recomendado a Trump que no se manifestara en contra del golpe de los supremacistas. En verdad, él nunca condenó el hecho.
Otra vez en el llano, fue procesado por algunos asuntillos contra el organismo recaudador de impuestos e indultado por Trump poco antes de irse. Luego sería nuevamente imputado, esta vez por fraude en la captación de donaciones para la construcción de un muro entre EE.UU. y México. En octubre pasado quedó libre luego de cuatro meses de prisión por haberse negado a una indagatoria de la Cámara de Representantes sobre la toma del Capitolio de 2021. Hasta ahora no se sabe que tenga lugar en el futuro gabinete de Trump, pero los vínculos entre ambos son florecientes.
En Buenos Aires, la nuera del electo –Lara Lea, esposa de Eric, el tercer hijo de Trump– bailó y cantó con la «esperanza argentina» de la derecha extrema para el patio trasero.
«Estamos tomando nota del recorte de regulaciones, de deshacernos de la burocracia. Eso es algo que el pueblo estadounidense también quiere que ocurra. Milei es un hombre dispuesto a desafiar al status quo», dijo la presentadora de la cadena Fox.
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