Seleccionar página

Cuba: doble moneda y doble estándar

Tras casi 20 años de vigencia, la doble moneda cubana tendrá su fin al cabo de un cronograma de adecuación que el gobierno de Raúl Castro pondrá en vigencia más temprano que tarde, según publicó el diario oficial Granma. No es que sea una novedad, ya que ni bien el hermano de Fidel lo remplazó en el poder, formalmente en 2008, promovió una serie de cambios en la economía y reconoció que uno de los fundamentales –pero no el único– sería terminar con el sistema bimonetario que rige en Cuba desde agosto de 1993.
Ya en julio Tiempo Argentino adelantó cuáles serían los próximos pasos en el plan de actualización económica del que la cuestión monetaria es un pilar. En una conferencia de prensa el vicepresidente Marino Murillo fue muy claro: 1) Cuba debe terminar con el sistema de precios regulados administrativamente para ir a uno regido por el mercado. 2) Hay que acabar con el subsidio a los productos para ir al subsidio a las personas. 3) La prioridad de la economía es ganar eficiencia en base a inversiones y aportes de tecnología y mercados del exterior.
Las autoridades recalcan que aggiornar el modelo económico socialista –sin perder la base revolucionaria– implica tomar medidas que no por dolorosas son menos necesarias. Lo que en todo caso están tratando es de sacrificar algo de velocidad para no perder el logro más caro a la revolución que encabezaron Fidel junto con el Che Guevara, Camilo Cienfuegos y Raúl Castro en 1959: la sensibilidad social. El propio Murillo lo dijo en términos bastante precisos y a modo de eslogan: «Necesitamos crear una sociedad socialista próspera y sostenible.» Para lo cual, aclaró, el Estado dejará cada vez más lugar a la actividad privada en áreas donde el individuo puede ser más eficiente que la maquinaria colectiva. Ya lo viene haciendo con la creación de centenares de cooperativas en rubros donde antes había sólo emprendimientos estatales. Y le abrió el paso a varios miles de cuentapropistas que dejan empleos públicos para ganarse el pan, como quien dice, en las calles.
La doble moneda nació cuando Cuba debió enfrentar el colapso definitivo de la Unión Soviética, en 1990. Acostumbrada a un intercambio económico con el bloque socialista, la isla había generado divisas con la venta de su principal producto de exportación, el azúcar. Pero desde entonces todo fue diferente. Las relaciones ventajosas con «amigos del palo» se convirtió en lo que es el sistema capitalista: una jungla impiadosa donde priman el lucro por sobre cualquier otra consideración humana o ideológica.
Pero había un componente adicional que no es para nada desdeñable. Desde 1961 Cuba padece un bloqueo económico de la principal potencia del mundo. Los cubanos computan pérdidas económicas por el embargo estimadas sólo durante el año pasado en unos 3921 millones de dólares, un 10% más que en 2011. En el medio siglo de cerrojo a la economía cubana el daño se cifra en 1,15 billones de dólares.
Las razones de Estados Unidos para mantener y aún extender el cerco alrededor de una isla que está a 90 millas de sus costas resultan cada vez más inentendibles tanto en el exterior como para las mentes bien pensantes en el interior de su propio país. Porque hay lobbies económicos que cuentan en millones las pérdidas por no poder comerciar con Cuba. Y eso que la tienen ahí tan cerquita y ávida de comprar alimentos e insumos como de ofrecer sus productos tradicionales o las nuevas tecnologías en las que demostró estar a la vanguardia.
Con el cambio obligado de los ’90, Cuba tenía dos opciones: se dejaba arrastrar hacia el modelo neocapitalista al que se encaminaron los países del este europeo o trataba de mantenerse en sus ideales socialistas a cualquier costo. Hicieron esto último y el precio que pagaron por su tozudez es incalculable. No cuantificable en términos monetarios pero mucho menos en el factor social a largo plazo. Con la aclaración que ese largo plazo es ayer, hoy, estos días, cuando toda una generación de cubanos que nació en una pobreza atravesada por diferencias que sus padres no habían conocido, comienzan a desenvolverse en la vida pública.
La política de desarrollo basada en el turismo, que se inició en los ’90, llevó dólares a la isla y dislocó la hasta entonces sencilla economía local. Como consecuencia del bloqueo, el dólar no podía circular en ese país, y el auge de euros y otras monedas generó consecuencias nefastas. Fue así que las autoridades crearon una divisa convertible, el CUC, que serviría para ese mundo ligado al exterior que iba creciendo, mientras que para «el otro país» quedaba el tradicional Peso Cubano, CUB. Nacieron paralelos, uno a uno, pero en la actualidad un CUC equivale a 25 CUB. Los trabajadores «de a pie» ganan en CUBs el equivalente a no más de 25/30 CUC. Pero tienen un mercado donde circulan esos billetes y mercadería a precios acomodados a esos valores.
A eso se refieren las autoridades cuando dicen que quieren dejar de subsidiar a productos para subsidiar a personas. El déficit que ocasiona esta doble economía es inviable para el conjunto de la sociedad, y además perturba el desarrollo de nuevos emprendimientos. Cuba tiene altísimos estándares en todas las mediciones sociales y sanitarias que se encuentren, desde el nivel más bajo de mortalidad infantil del continente (menor aun a Estados Unidos y Canadá) hasta índices de educación que la colocan entre las naciones más avanzadas del mundo.
Por otro lado, un país sometido al embargo más obcecado, que no podía conseguir ni medicina y tecnología, se las tuvo que rebuscar como podía –inventar, como proponía Simón Bolívar– y ahora lidera en fabricación de cierto tipo de vacunas y de aparatos y en la formación de personal. Creó más profesionales, incluso, de los que puede sostener, por eso «exporta». A tal punto que envió médicos y educadores para alfabetizar al resto del mundo.
Profesionales cubanos viajaron especialmente para ejercer en Venezuela, Bolivia y Brasil, donde los médicos, además, tuvieron que enfrentar el lobby de los colegios médicos locales, que intentaban impedir el acceso de millones de brasileños de las zonas más pobres del país a cuidados de salud. Tras muchos cabildeos y luego de manifestaciones de Campesinos Sin Tierra que reclamaban la presencia de profesionales de la nacionalidad que fuese –en vista de que los brasileños se quejaban de los cubanos pero no se anotaron para acudir al convite– finalmente, la presidenta Dilma Rousseff ganó la partida. Los primeros galenos formados en la isla ya están trabajando en los lugares más remotos del gigante sudamericano.
Desde el punto de vista de la economía más crasa, por otro lado, se puede decir que la isla ofrece a los inversores que se atrevan, trabajadores que en valores de mercado reciben salarios mucho más bajos pero tienen una preparación óptima, lo que los hace adecuados para desempeñarse con eficiencia en cualquier desafío que se les cruce.
Empresas internacionales conocen el dato de sobra y se sumaron a compañías mixtas en áreas como la energía y la minería. Firmas brasileñas participan del proyecto de recuperación de la industria azucarera y están construyendo un megaproyecto en Puerto Mariel, que está llamado a ser un polo industrial y tecnológico de importancia regional. Hay decenas de proyectos en turismo con aportes multimillonarios de las cadenas más grandes de Europa. En algunos casos el plan consiste en puertos adecuados para cruceros de gran porte que podrían recorrer todo el Caribe.
Pero en gran medida todo plan de desarrollo sustentable para la Cuba de estos días dependerá de cómo siga la relación con su vecino más cercano e incómodo. Proyectos en danza para una explosión económica cubana hay muchos, pero los grandes inversores temen las millonarias multas que hoy por hoy pueden sufrir si se suman a la invitación del gobierno. Ni siquiera puede viajar con libertad para hacer negocios.
Los críticos de la revolución cubana sostuvieron desde siempre que la situación de ese país es consecuencia de fallas propias del socialismo real o de la insolvencia de sus dirigentes. Que el bloqueo es apenas una excusa. Los defensores del modelo comunista desafían a que se levanten las sanciones contra la isla y lo comprueben efectivamente. Sienten, con razón, que hay un doble estándar para medir el éxito de un sistema. «Si realmente piensan que no funciona ¿Qué necesidad tienen de maniatarlo?», sería el planteo.
El martes que viene la Asamblea General de la ONU volverá a tratar el caso del bloqueo a Cuba. El año pasado 188 países de un total de 193 votaron contra el embargo que decretó Dwight Eisenhower en julio de 1960 como estrategia para asfixiar al gobierno revolucionario de Fidel Castro. Nada indica que esta vez los números serán diferentes y, quién sabe, no se sume algún díscolo en apoyo de la posición cubana.
El caso es cuándo esa abrumadora mayoría servirá para poner fin a tal arbitrariedad.

Tiempo Argentino, 25 de Octubre de 2013

Cuba actualiza el modelo económico

«El primer paso para superar un problema de manera efectiva es reconocer su existencia en toda la dimensión y hurgar en las causas y condiciones que han propiciado este fenómeno», propuso el presidente cubano, Raúl Castro, a principios de julio en la Primera Sesión Ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional. El discurso del hermano del líder de la revolución duró algo así como dos horas y se caracterizó por no escatimar críticas hacia la sociedad al tiempo que agregaba detalles sobre el avance de las nuevas medidas económicas puestas en marcha desde que llegó al poder sucediendo a Fidel. El mensaje fue que hay que corregir errores, que no se van a cambiar los fundamentos del modelo socialista pero también que es necesario revisar códigos y conductas sociales que, a su modo de ver, ponen en peligro el proceso revolucionario iniciado hace justo seis décadas.
“Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”, dijo Castro, tras advertir que “una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado” y explayarse sobre otras costumbres que alarman a la generación que protagonizó las luchas contra la dictadura de Fulgencio Batista. Luego habló de la nueva política económica no sin antes aclarar cuál es el límite para los cambios propuestos: «A mí no me eligieron presidente para restaurar el capitalismo en Cuba ni para entregar la Revolución».
El contraste de esta época de transición se percibe en las calles de La Habana y del resto del país, donde las nuevas posibilidades de desarrollo individual presentan expectativa y la gente va dejando lentamente la modorra caribeña o la queja en sordina para plantearse nuevas actividades y proyectos.
Para mostrar en qué consisten esos cambios y de qué modo se están implementando, el gobierno cubano armó un programa para periodistas de todo el mundo ávidos de conocer de primera mano qué ocurre con la isla. Entre ellos estuvo Tiempo Argentino, el único medio de América del Sur en esta recorrida que se abrió con una presentación del vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo Jorge, el jefe de la Comisión de Implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social. Es decir, el encargado de que la llamada Actualización del Modelo Económico Cubano funcione.
Murillo es economista y docente universitario, y recalcó en una conferencia de prensa que el nuevo modelo implica que “la propiedad social de los medios fundamentales de la producción va a seguir en el marco del socialismo”, es decir, bajo control estatal. Pero señaló al mismo tiempo que “el Estado no puede ocuparse de todo”. Así se explica que el eje de las medidas pase por dejar en manos de sectores no estatales o individuos una parte de la creación de riqueza, el fundamento de todos estos cambios.
Porque como las autoridades cubanas no dejan de mencionar, la economía de la isla necesita lograr eficiencia para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y aún sostener los fundamentos de la revolución. “Necesitamos crear una sociedad socialista próspera y sostenible”, repite Murillo. La frase es el lema para este proceso de renovación económica.
Murillo deslizó luego algunos conceptos sobre lo que habrá de significar este cambio para una sociedad que viene golpeada por más de 50 años de bloqueo económico por parte de EE UU y a la que la caída del bloque socialista debilitó peligrosamente.
“Las transformaciones comenzaron con la eliminación de prohibiciones a la venta de casas y a proyectos en el sector del transporte” enumera Murillo, tras recordar que los primeros esbozos de esta nueva etapa se fueron dando con los años, desde que en los 90 se crearon emprendimientos mixtos para la explotación turística y surgieron los primeros cuentapropistas.
Hoy el número de trabajadores individuales suma 429.500 dirá en su momento Carlos Mateu, vocero del Ministerio de Trabajo. Las cifras oficiales muestran que en los últimos meses se abrieron 197 cooperativas, 124 de ellas ya en funcionamiento y 71 más en proceso de acreditación. La mayoría de los nuevos emprendedores trabajaban en alguna dependencia del Estado, la mayoría de ellas atestadas de personal, como registró el propio Raúl Castro al anunciar en 2011 que cerca de un millón de empleados públicos deberían plantearse empleos no estatales porque el país debía encarar una etapa con mayor eficiencia.

Es que, a diferencia de un país capitalista, el socialismo no se puede permitir dejar a la gente en la calle; cuando la crisis de los 90, muchos trabajadores de la industria azucarera, por mencionar a una, pasaron al estado (ver aparte). “Hoy la desocupación, es decir la cantidad de personas que buscan trabajo y no lo encuentran, es del 3,2%”, detalla Mateu, para quien el desafío es subir los niveles de productividad en rubros como la construcción y la agricultura.
Aquí aparece un problema que viene acuciando a Cuba desde hace también dos décadas: la doble moneda. Los nativos se manejan en el mundo del peso cubano, el CUB, mientras que para el sector relacionado con el turismo rige el CUC o peso convertible. Castro ya adelantó que se va hacia la unificación monetaria. Murillo especificó que se estudia la forma de terminar con esa dualidad económica, social y cultural “pero sin aplicar terapias de choques”. Esto es, sin generar un proceso inflacionario que termine de licuar los ingresos. Un punto importante es que paralelamente habrá de cambiar la política de precios “para subsidiar a las personas y no a los productos”. Otro punto es que los cambios también pasarán por una nueva política impositiva, algo a lo que la sociedad no estaba acostumbrada (ver aparte).
Pero este programa de renovación tiene otra pata, que pasa por las inversiones externas. El vicepresidente Murillo no tiene dudas de que “es difícil el desarrollo sin inversión extranjera”. De hecho, hay más de 190 emprendimientos mixtos, todos ellos con mayoría estatal, en áreas como la minería y la generación de energía eléctrica. Los privados, de acuerdo a la ley de inversiones en vigencia desde hace años, no tienen la propiedad absoluta ni pueden vender sus acciones sin la autorización de su socio estatal, según detalla el viceministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Antonio Carricarte. Lo que ahora el gobierno pretende es que quienes se acerquen aporten en cinco temas puntuales, dijo Murillo: “tecnología, financiamiento, mercado, empleo y know how administrativo”. Para despertar la vocación exportadora de los cubanos y estimular las fuerzas productivas internas y sustituir importaciones en rubros fundamentales como los combustibles y los alimentos. Pero todo esto se irá haciendo en forma paulatina. “El éxito consistirá en mantener el equilibrio macro mientras se da espacio al mercado y la creación de la riqueza”, sostienen en el gobierno. “Acelerar los cambios es peligroso”, entiende Murillo.

Un nuevo contexto para el intercambio comercial
El viceministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera cubano (MINCEX), Antonio Carricarte, descartó de plano que se vaya a modificar la ley de inversiones extranjeras, aunque señaló que la actualización del modelo económico podría significar la actualización de algunas normativas puntuales. De todas maneras, el funcionario aseguró que se estudia una nueva cartera de negocios para ofrecer a socios internacionales en áreas clave como la minería, el turismo, energías renovables y la industria alimentaria. En tal sentido, y en un aparte con Tiempo Argentino, deslizó la propuesta de que empresarios locales puedan aportar su expertise en el área de la agricultura y la alimentación.
Al mismo tiempo, Carricarte dio algunas cifras sobre el comercio exterior de Cuba. Y computó que el 70% de las exportaciones –unos 10 mil millones de dólares– corresponden a la venta de servicios al exterior. La cifra incluye al turismo, uno de los motores de la economía actual, que ingresa unos 2500 millones de dólares, pero también la oferta de servicios de salud, de medicinas y de profesionales a otros países, un rubro en que los cubanos figuran entre los más desarrollados del mundo. Si bien en este caso los números son menos precisos, algunas fuentes estiman en unos 6.000 millones de dólares la exportación de servicios médicos. Gran parte del comercio con Venezuela se basa en este rubro, que se intercambia con el petróleo del país bolivariano. Carricarte destacó los convenios que se analizan para proveer médicos a Brasil, que por otro lado es un fuerte jugador en el mercado cubano, donde construye el Puerto Mariel, a unos 30 kilómetros de La Habana, donde habrá una zona especial que bien podría servir para la instalación de industrias livianas. También es una empresa brasileña la que se asoció para la administración del complejo azucarero (ver aparte). El níquel es otro importante producto de exportación y si bien una de las minas fue cerrada estos días porque daba pérdidas, la planta procesadora Pedro Soto Alba, se mantiene a todo vapor. Se trata de una sociedad mixta con canadiense Sherrit International, que también participa en plantas de generación de energía eléctrica a partir del gas.

La medicina sigue siendo el estandarte de la revolución
Si hubo un área donde la revolución se desarrolló con mayor ímpetu, esa es la de la ciencia médica. Así lo destacó Gustavo Sierra González, director de Política Científica de BioCubaFarma, el holding creado a fines de 2012 para concentrar a las industrias biotecnológicas y farmacéuticas cubanas. Y los números lo confirman: un país que tuvo que alfabetizar a la mayoría de la población desde 1959 –además de que se quedó sin médicos porque la mitad de los 6000 que había en la isla emigraron–, hoy se jacta de contar con 236 entidades de ciencia e innovación tecnológica, 130 centros de investigación. Además, tiene 528 investigadores, dos mil científicos e ingenieros y 943 doctores en ciencias por millón de habitantes.
Gran parte de los ingresos en divisas de Cuba provienen de los servicios que presta este cluster productivo de alta especialización. Se supone que hay algo así como 40 mil trabajadores de la salud esparcidos por el mundo, entre ellos unos 15 mil médicos, 2300 oftalmólogos, 15 mil licenciados, 5000 técnicos de la salud y 800 empleados de servicio en los cinco continentes. Sierra González señaló que en el sector farmacológico se desarrollan unas 200 patentes por año y que hay proyectos mixtos con laboratorios extranjeros para unos 1600 “objetos de invención”. Las vacunas cubanas contra la meningitis y el tétanos se venden en todo el mundo y hay tratamientos contra varios tipos de cáncer y contra la diabetes mellitus. Mediante acuerdos y joint ventures también se producen en el exterior.
Otro emprendimiento paralelo, el Sistema Ultra Micro Analítico (SUMA) desarrolló toda una línea de avanzada para el diagnóstico y la prevención. En Argentina tiene acuerdos con el Hospital Posadas, de Haedo, donde se utilizan algunos de esos aparatos para operaciones cerebrales.

Campesinos, usufructuarios y organización cooperativista
Ricardo Lazo Martínez ahora quiere hacerse la vivienda en el campo que usufructúa. Las nuevas medidas se lo permiten. y lo quiere aprovechar. El agricultor explota una extensión de «una caballería», una medida cubana que equivale a 13,42 has. Tiene un Buick modelo 47 del que se siente orgulloso y un tractor soviético. “El bloqueo nos traba la compra de insumos”, dice.
Cerca de su campito está la Cooperativa Héroes de Yaguajay, en Alquízar, un municipio de la provincia de Artemisa, lindante con La Habana. Allí Alfredo Acosta, el presidente de la cooperativa, explicará que ahora venden el 53% de su producción al Estado y el resto al mercado. Que tienen unas 400 hectáreas donde 200 cooperativistas que cultivan todo tipo de productos como tabaco y papas, pero se especializan en la cría de búfalos y ganado de la raza Siboney, una cruza desarrollada a partir de instrucciones del propio Fidel Castro, dice Acosta. Las cifras indican que es una de las más productivas de la región y que tienen a unos 600 animales. Por allí también hay otra cooperativa de servicios, que hace su aporte en unas 950 hectáreas pertenecientes a 114 fincas.
Las 10 claves de los cambios
1.- El lema es crear “una sociedad socialista prospera y sostenible.
2.- Dejar en manos de particulares rubros de la economía en que el estado no es ineficiente. Las grandes industrias seguirán en manos estatales aunque pueden participar empresas extranjeras.
3.- Separar las funciones administrativas del estado de las tareas productivas. Mantener el sistema de protección social y el desarrollo educativo de la población.
4.- Apostar a los rubros donde Cuba resulta competitiva: salud, tanto con personal como investigación y desarrollo de tecnología y medicamentos; turismo; algunas industrias extractivas como el níquel; energías renovables.
5.- Utilizar la fuerza creativa de los emprendedores individuales para generar riqueza en la sociedad.
6.- Comenzar a aplicar impuestos en áreas donde no eran necesarios para redistribuir la riqueza creada.. Apoyo crediticio a nuevos emprendedores. 7.- Que los precios en los productos e insumos agropecuarios comiencen a basarse en el mercado y no en decisiones administrativas.
8.- Dar tierras improductivas en usufructo a campesinos individuales o cooperativas eficientes. Las transformaciones más profundas se pondrán en marcha en 2014
9.- Eliminación de la doble moneda. Aumentar niveles de eficiencia por aumento de productividad. Subsidiar a las personas y no a los productos.
10.- La fuerza laboral de 5,1 millones de personas está empleada hoy en un 77% en instituciones estatales y 23% en actividades no estatales. Hay 429500 trabajadores cuentapropistas.
El 1 de julio comenzaron a funcionar 124 cooperativas no agrarias y hay otras 71 en proceso de acreditación.
Enrique Ubieta Gómez, periodista: «Hay que garantizar la posibilidad de explotar al máximo las capacidades individuales que hemos creado»

“Lo que hay que entender es que el socialismo no es un lugar de llegada sino un camino hacia otra parte”, se ataja Enrique Ubieta Gómez, director del mensuario La calle del medio y autor de varios libros, entre ellos Cuba: ¿revolución o reforma?, para el cual realizó al menos 8000 entrevistas con jóvenes de todo el país que le sirvieron para conocer lo que piensan de esta particular etapa de la isla.

La respuesta de Ubieta parecía una justificación para un proceso de cambios que desde algunos sectores ideológicos es visto como una renuncia a los principios con que aquel grupo de seguidores de Fidel Castro iniciaron la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista en la Sierra Maestra. “Estas construyendo un camino del que no tienes un plano ni un mapa a mano para hacerlo. Hace algunos años existían (por el bloque socialista), pero estaban equivocados o por lo menos se evidenció que no conducían al lugar que se deseaba.”
El periodista, hombre de la primera generación luego de la revolución, fue testigo de otros tiempos, y sus charlas con estos chicos que nacieron luego del período especial, tras la caída de la Union Soviética, cuando todo faltaba a la población, le permitió entender que estos cambios de alguna manera son inevitables.
«Mi generación vivió todo el proceso concientizador de la revolución en un momento en que existían situaciones económicas normales y solidarias con el campo socialista, cuando había posibilidades de satisfacer las necesidades más elementales para todos y, por lo tanto, tuvimos otra experiencia vital. Los que nacieron con el período especial han enfrentado otra realidad. Yo jamás conocí lo que era la prostitución en Cuba, mi padre me contaba, pero para mí no existía. Era muy raro encontrar una persona en la calle pidiendo dinero. No existía.
–¿Cómo tomaron ustedes todos esos cambios?
–Con tristeza, con dolor. Mi generación tuvo una preparación política profunda y sabemos que no se puede entender un proceso local sin entender un proceso global. Hoy existen algunas diferencias sociales que no existían en mi época. En los años ‘70 hubo mucha carencia material pero la gente vivía con un total acuerdo y vivía la revolución con pasión. Yo iba a las fiestas con botas y cuando aparecieron en el mercado unos zapatos que imitaban a un modelo italiano, pero de plástico, las colas para comprar ese zapato eran gigantescas y nosotros íbamos muy felices con esos zapatos. Aquel momento nos abarcaba a todos.
–Era todo más igualitario
–Era mucho más igualitario. En los ‘80 hubo un aparente despegue y empezaron a haber más cosas para vestir y para comer. Entonces yo iba una vez al mes a comer al Floridita (uno de los lugares preferidos de Ernest Hemingway) con mi esposa. O antes de casarme podía hospedarme en el Habana Libre una noche o dos noches, y todo ese mundo desapareció con la caída del bloque soviético. Eso dejó de existir para las nuevas generaciones, que han vivido un mundo mucho más sórdido en los años ‘90. Fueron años de apagones, que llamábamos alumbrones, y no tenías nada que hacer a la noche, ni ver televisión ni leer, simplemente conversar en la calle por el calor, con los vecinos, mirar las estrellas. Yo he ido a todas partes en bicicleta. Fue una época muy dura pero era igualitaria, era dura para todo el mundo, los vicepresidentes del Consejo de Ministros iban en bicicleta. Las nuevas medidas se han tenido que tomar para sacar el hocico del agua en medio de un mundo capitalista y hostil.
–¿Cómo analizan eso los jóvenes?
–Los muchachos que nacieron en esta nueva etapa nacieron viendo esas diferencias, escuchando los cuentos de los padres pero viviendo otra experiencia. Con cosas garantizadas que permanecieron intactas hasta hoy pero con vivencias personales diferentes, eso no se puede obviar. Uno como revolucionario sabe que ninguna realidad subjetiva llega para quedarse y es inalterable. Un revolucionario debe actuar sobre esas realidades para cambiarla, no a nuestro antojo pero sí con nuestra voluntad y conocimiento. Yo creo que estas medidas son para salvar la revolución, para conservar lo que hemos alcanzado y buscar otro camino para seguir el rumbo.
–Escuché gente en la calle decir que llegan un poco tarde.
–Yo no sé si llegan tarde, a lo mejor pudieron haberse hecho un poco antes, pero yo creo que son medidas que en tanto intentan tomar un nuevo camino intentan ser muy pensadas y son fruto de debate y del pensamiento de académicos y de políticos y luego de una discusión con la gente. Estos lineamientos se discutieron en todos los barrios, las escuelas, las instituciones del país para ser aprobadas.
–¿Implican el fin del igualitarismo?
–Hoy llegamos a la comprensión de que no se puede amparar a todo el mundo por igual porque hoy no todo el mundo tiene la misma situación, sino que tienes que amparar a determinadas personas. No se trata de amparar los productos sino a las personas. Eso aparece claro porque ahora hay una diferencia entre las personas que no había antes. Diferencias que no tienen nada que ver con las que pueden existir en otros países. Aquí no hay un Carlos Slim y el 50% de la población bajo de la línea de pobreza, por decir algo. Pero no se trata ahora de eliminar esas diferencias sino hacer que sean legítimas. Que esas diferencias sean fruto de su trabajo.
–¿Cómo se explican las ineficiencias de las que habla el gobierno en la economía?
–Al caer la economía se cerraron muchos lugares de producción cuyas materias primas venían del campo socialista. La industria terciaria, los servicios, el turismo, cobraron una importancia mayor. Hay una pirámide social que esta invertida cuando el botones de un hotel o un taxista o cualquier persona en el mundo de los servicios gana diez veces más que un profesional calificado y probablemente gane más que el gerente de ese hotel. Cada vez que baja unas maletas con que le den un solo dólar ya acumula una barbaridad en el día.
–¿Como se sale de esa doble moneda sin crear un problema mayor?
–Van a aumentar los precios, sin duda. Los precios no pueden estar tan bajos como los actuales en moneda nacional. La cuota que yo recibo subvencionada por el Estado no me alcanza para el mes completo, pero eso yo lo compro con 15 pesos, a lo sumo 20 pesos cubanos. Es nada, con menos de un dólar compro una canasta básica para diez, 15 días. Eso no se puede sostener respaldando la sobrevivencia de un sector importante de la sociedad. Es una economía subsidiada. No podría ser tan barato, tampoco puede ser tan caro como es el mundo del CUC, de la divisa. Habría que buscar un intermedio. Como todo está subvencionado los salarios han permanecido intactos desde los años ‘60, pero incrementar el salario es como el huevo y la gallina, tienes que incrementar la producción, la productividad del trabajo. Hay que hacer un pacto en algún momento donde se logre esto y creo que hacia eso se va. Lo más importante no es ahora eliminar las diferencias que existen sino que sean el resultado del aporte real y concreto tuyo a la sociedad. Y no estamos contradiciendo ninguna máxima socialista, es precisamente lo que el socialismo pretende. Lo que hay que garantizar es la posibilidad de explotar al máximo las capacidades individuales que hemos creado. Hoy no lo podemos hacer desde el Estado. Sencillamente se nos están yendo (los profesionales).
-¿La cuestión es tratar de que no se vayan?
-Yo sé lo que Lenin planteó sobre lo que entrañaba el pequeño propietario en términos ideológicos, pero yo no me puedo plantear hoy de un modo tan rígido el horizonte de país. Tengo que hacer que este país sea próspero económicamente y tratar al mismo tiempo de construir una cultura socialista y una cultura lo más igualitaria, no igualitarista, lo más igualitaria en oportunidades y al mismo tiempo no consumista en los jóvenes. Nuestra principal riqueza hoy son las personas, nuestra política va en el sentido de que esas personas puedan realizarse espiritualmente, eso incluye laboralmente y eso incluye sus condiciones de vida, que puedan al mismo tiempo tener una calidad de vida que el país le permita, ese es el enfoque. No hay otro camino, no se vislumbra, no lo tenemos en la mano que no sea el que estamos haciendo con mucho control. Yo creo que aquí se están enfrentando dilemas en los que no había habido necesidad de pensar. Uno de esos dilemas quizás sea el de la construcción desarrollista de la sociedad y el concepto del Buen Vivir que plantea Evo (Morales). Ahora hay un nivel de debate sobre todos estos temas, hay quien está a favor de desarrollar los transgénicos cubanos, justamente porque no tendríamos la explotación trasnacional de las Monsanto y hay quienes han formado una barricada intelectual contra eso. Hay un debate sobre todas esas opciones, pero también hay urgencias. Hace algunos años esos eran debates que nada tenían que ver con nosotros pero ahora están en el día a día.

Tiempo Argentino, 28 de Julio de 2013

Enrique Ubieta Gómez: «El gran reto de Cuba es construir la individualidad socialista»

Escribió Cuba: revolución o reforma y asegura que un revolucionario hace reformas, pero no es un reformista. Es decir que «no acepta la realidad tal cual es, y avanza a pequeños pasos en torno a ella, sino que la quiere modificar de raíz». Por eso para Enrique Ubieta Gómez, investigador y ensayista cubano que vino a presentar su libro a Buenos Aires, el debate sobre los cambios que se están produciendo en la isla son un tema incesante de debate en el plano cultural, a pesar de que estos pareciera sólo una movida económica.
«Se asocia el concepto de revolución con la violencia, cosa que me parece absurda. Pero hay muchas maneras de ser revolucionario que no tienen que ver con la violencia. En América Latina se han producido procesos revolucionarios a través de las urnas. Entonces, revolucionario también es saltar sobre lo imposible», dice en esta charla con Tiempo Argentino.
–Para algunos sectores conservadores, Cuba se está volcando al el capitalismo, reconoce que el socialismo fracasó. ¿Qué puede responder a eso?
–El mundo en que Cuba existe cambió. Evidentemente el camino que nosotros estábamos transitando para superar el capitalismo es hoy inviable. Es preciso rediseñarlo empleando el mayor recurso que tiene Cuba. Cuba ha creado una sociedad donde las masas se han transformado en colectividades de individuos con un alto nivel de instrucción. Es preciso desatar un poco las capacidades individuales y buscar de esa manera posibles desarrollos que no existen desde la perspectiva de los recursos naturales que no tenemos, o convenios comerciales que sólo con muy pocos países podemos tener de forma verdaderamente solidaria. Ese desatar las fuerzas individuales constituye un gran peligro porque en el mundo el único individuo culturalmente concebido es el que responde al individualismo burgués. El gran reto del socialismo cubano es construir y propiciar el desarrollo y la construcción de la individualidad socialista. Diría más, es el reto que no ha logrado, ningún Estado Socialista.
–¿Se lo planteó algún Estado socialista?
–Yo creo que no lo vieron de esa forma. El socialismo es la solución de grandes problemas colectivos que impiden el desarrollo del individuo, pero a la postre, el individuo ha vuelto a emerger. Ahora, todo está preparado en el mundo para comprar a ese individuo. A un pelotero cubano nunca se le va a pagar 30 millones de dólares para jugar en Cuba, a un biotecnólogo nunca se le va a pagar por un desarrollo lo que pagarían las transnacionales. Hay que buscar otras maneras, en eso es hacia lo que Cuba transita hoy, y es un camino extremadamente difícil.
–¿El Che Guevara hablaba del Hombre Nuevo?
–Cuando el Che hablaba del Hombre Nuevo no hablaba de un hombre individual perfecto que hablara cinco idiomas, que fuera karateca.
–No, no… En Superman seguro que no…
–Él estaba hablando de un tipo diferente de relaciones sociales donde el individuo encontrara el pleno desarrollo de su felicidad no en el consumismo sino en una verdadera realización de sus potencialidades individuales. Hacia ahí va el concepto de individualidad socialista. Yo no hablo de eliminar el odio, porque donde existe amor, existe odio. Hablo de una manera de encontrar la felicidad de forma diferente, que no excluye –esto lo hemos comprendido plenamente– la satisfacción material, el confort.
–¿Pero el sistema capitalista le promete más al biotecnólogo o al beisbolista de lo que le puede dar Cuba?
–En efecto es una guerra, y una guerra desigual. Porque además la cultura del capitalismo está en Cuba también, no podemos pensar que Cuba es un lugar aislado. De hecho la cultura del socialismo es sólo un proyecto en desarrollo que se hace a partir de la contracultura del capitalismo y a partir de la cultura popular. Pero la cultura dominante en el mundo, la cultura del capitalismo, la tenemos en la televisión, en las películas de Hollywod, en la música, en el sistema de ventas de los Grammys, en la NBA. Es un gran reto, ahora el punto sería, ¿puede ser una batalla que sólo se gana desde lo cultura?, paradójicamente sólo desde la cultura puede ganarse, aunque la economía es el fundamento. Usted no puede retribuir a las personas según lo que aportan en la sociedad, que es la divisa del socialismo, si no existe una economía fuerte para eso. Y al mismo tiempo, sin un alto nivel de cultura en la población, sin un permanente debate de ideas, tampoco es posible vencer. Yo creo que estamos en un momento en la sociedad cubana donde es imprescindible debatirlo todo.
–¿Una revolución dentro de la revolución?
–Hoy por hoy, no existe capacidad alguna, ni interés alguno de prohibir nada. De hecho las nuevas tecnologías lo hacen imposible, el tema es que sí hay que debatirlo todo. Desarrollar en el ser humano la capacidad, la mirada crítica hacia todo lo que lee, todo lo que ve para que pueda discernir desde sus propios conocimientos. Esa capacidad crítica no se desarrolla por la simple acumulación de conocimientos, además tiene que haber un entrenamiento, y eso sólo lo ofrece el debate. Es lo que estamos diciendo siempre en los últimos meses, nos estamos refiriendo a ese tipo de debate. Porque no vas a poder competir, no vas a poder dar 30 millones de dólares a un beisbolista, pero le podés dar condiciones materiales adecuadas según lo que aporta a la sociedad, eso en la parte material. Pero a la vez, está toda la parte cultural, que esa persona sea capaz de sentirse feliz, teniendo lo elemental que merece tener materialmente, pero al mismo tiempo, teniendo la satisfacción de servir al país, de ser querido…
–De servir a la comunidad…
–De ser querido por las personas, de ocupar un lugar, de ser protagonista de la historia, de ser protagonista de su propia vida, de decir yo me muevo para acá, yo no quiero jugar en este equipo.
–¿Cómo está ese debate en Cuba?
–Yo creo que en Cuba hay un gran debate intelectual y popular, y es un debate que el partido está interesado en promover, yo creo que hay conciencia de la trascendencia de lo cultural, e insisto mucho en llamarlo cultural más que ideológico. Porque abarca muchos elementos que conforman una cosmovisión. Esa conciencia se ha ido tomando poco a poco, aunque se priorizó el aspecto económico que era primordial. Vamos tomando conciencia de la imprescindible necesidad de debatir las bases culturales del proyecto que estamos construyendo.
–¿La sociedad lo entienden así? Porque en países como los nuestros muchos terminan votando contra de sus propios intereses.
–Yo creo que la mayoría del pueblo de Cuba sigue apoyando la revolución y sigue pensando en la revolución como su camino, pero es una guerra que podemos ganar o que podemos perder, claramente. «
Los jóvenes y la participación
–Este libro me permitió recorrer todas las universidades del país y conversar con los jóvenes y creo que ha sido fructífero para ellos y para mí. Creo que son muy abiertos, muy espontáneos. A veces se pinta al joven cubano como apolítico y creo que puede haber un reducto donde estén más cercanos al mercado y a una idea de realización capitalista. Pero a la mayoría de los jóvenes cubanos les interesa lo que ocurre en la sociedad, y debaten mucho en torno a ello. A veces, discutir con ellos resulta escabroso, a veces la forma en que formulan una pregunta puede moverle el piso a alguien desprevenido. Pero yo creo mucho en su sinceridad y en su honestidad, y en el auténtico deseo de incorporarse como protagonistas de esos cambios.
–¿Por qué a más de 50 años de la revolución hay una generación que llega a tener estas contradicciones?
–Porque el mundo, lejos de haber cambiado a favor del socialismo, retrocedió; tú no puedes comprender a Cuba aislada del contexto internacional. Han pasado 50 años pero el socialismo del este europeo se desmoronó y dejó profundas grietas en su interior. Hoy existe un renacer de la izquierda en el mundo, en América Latina y en Europa también, pero había quedado una grieta profunda.
Actividad privada
«El que se incorpora a la actividad privada no necesariamente es mi enemigo. Esa persona tiene límites en su crecimiento, pero también va a aportar a la economía de la sociedad, y está recibiendo servicios de la sociedad, del socialismo.»

Tiempo Argentino, 5 de Mayo de 2013

La organización vence al tiempo

Qué error tan fundamental! Y sobre todo en un revolucionario con algunas modestas responsabilidades como las que la revolución me vino imponiendo desde hace más de 30 años”, se lamentó el presidente venezolano Hugo Chávez al anunciar públicamente que el mal que lo mantiene internado en La Habana desde principios de julio tiene mayor gravedad de la que se sospechaba. El mandatario atribuye su situación a descuidos en su salud, quizás por los masculinos temores a consultar un médico, a hacerse chequeos regulares. Pero el error que percibe el bolivariano no es tanto por su propio estado –al fin de cuentas reconoció que está en las mejores manos posibles, ya que si algo puede mostrar Cuba es la calidad de su medicina– sino por las consecuencias políticas de la ausencia obligada hasta que se reponga totalmente.
No por nada en un discurso de menos de 15 minutos que, fuera de su costumbre, leyó ante las cámaras de la televisión, recordó la forma en que le detectaron que algo andaba mal en su organismo. “Me interrogó casi como un médico, me confesé casi como un paciente”, dijo, para desgranar luego una serie de metáforas sobre el delicado momento que vive. Al mismo tiempo, deslizó algunas menciones que quizás para el gran público rioplatense suenen lejanas, sin olvidarse del Libertador caraqueño, fuente constante de inspiración de Chávez.
El venezolano relató que desde que el mismo Castro le dio la noticia sobre el resultado de los análisis, “comencé a pedirle a mi señor Jesús, al Dios de mis padres, diría Simón Bolívar; al manto de la Virgen, diría mi madre Elena; a los espíritus de la sabana, diría Florentino Coronado; para que me concedieran la posibilidad de hablarles, no desde otro sendero abismal, no desde una oscura caverna o una noche sin estrellas. Ahora quería hablarles desde este camino empinado por donde siento que voy saliendo ya de otro abismo. Ahora quería hablarles con el sol del amanecer que siento me ilumina. Creo que lo hemos logrado. ¡Gracias, Dios mío!”
Florentino Coronado es un personaje de Cantaclaro, una de las novelas de Rómulo Gallegos, ambientada en los llanos del Guárico, con similitudes tan fuertes con el Martín Fierro que la explicación de Chávez suena pertinente: el espíritu de la llanura, de la sabana, guió su pluma. Porque Gallegos fue uno de los escritores más impactantes del continente y a la vez fue todo un ejemplo de compromiso político al que suele recurrir Chávez.
Florentino, un coplero que recorre la sabana recogiendo historias de perseguidos y humillados, es el paradigma de la lucha que Gallegos y muchos otros venezolanos de la década de 1930 mantenían contra una dictadura retrógrada como la de Juan Vicente Gómez. Tras el golpe de Estado de 1945 que llevó al poder a Rómulo Betancourt, Gallegos fue ungido candidato por todas esas fuerzas progresistas en la primera elección verdaderamente libre en la historia de ese país, con voto secreto, universal y sin fraudes. Asumió con una abrumadora mayoría de votos (nada menos que el 80%) en febrero de 1948, pero en noviembre de ese mismo año el ejército lo expulsó del poder y el novelista tuvo que exiliarse, hasta que en 1958 volvió a su patria, donde moriría en 1969.
El Chávez de estos días también tiene en mente el derrotero de Bolívar, que en su intención de crear la Patria Grande latinoamericana tuvo que dejar el poder en Bogotá y Caracas a dos personajes que finalmente pasarían a la historia como traidores a su causa, Francisco de Paula Santander y José Antonio Páez. Ese espíritu de traición no se percibe en su gobierno, pero sin dudas será azuzado por los grandes medios de comunicación, que vienen disputando una fuerte lucha contra el líder de la revolución bolivariana, principalmente desde el intento de golpe de 2002.
Sólo en ese contexto se entiende que la cadena CNN se haya permitido sugerir que ese hombre de campera con los colores de la bandera bolivariana que hablaba –firme pero con huellas de haber acusado el magullón sobre su salud– bien podría ser un doble y no el original. No es la primera vez que ante la demostración de que los líderes de procesos de cambio genuino en una sociedad también se enferman y son mortales, salen a relucir ese tipo de miserias.
Tal vez el antecedente más siniestro sea el de aquel lejano 1951, cuando a Eva Perón le encontraron un tumor en el cuello del útero.
“¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente”, describió el uruguayo Eduardo Galeano en Memorias del Fuego. “Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra”, continuaba en uno de los textos más reveladores del autor de Las venas abiertas de América Latina.
También padecieron estos ataques infrahumanos la por entonces aspirante a la presidencia de Brasil, Dilma Rousseff, cuando en abril de 2009 anunció que comenzaba un tratamiento contra un cáncer linfático en una clínica de San Pablo. La derecha utilizó la enfermedad para cuestionar la elección de Lula de Silva como sucesora, a pesar de que Dilma presentó un año más tarde certificados de su recuperación.
Algo más complicada la tuvo el paraguayo Fernando Lugo, que también se atendió en la clínica paulista, pero además de luchar contra un cáncer que tratado a tiempo es curable, tuvo que hacerlo contra un vicepresidente como Federico Franco, finalmente un rival político que no habría tenido empacho en gritar “Viva el cáncer”. También se repuso el ex obispo, y si bien no habla del asunto, muchos de sus seguidores fomentan un cambio en la constitución para que pueda acceder a un nuevo mandato.
“Mi único heredero es el pueblo”, dijo Juan Domingo Perón, cuando ya sus días se estaban apagando. Precisamente ayer se recordó el aniversario de la muerte de ese estadista que marcó toda una época. El mismo que luego de 18 años de exilio volvió con todos los honores y dejó otra frase reveladora: “Sólo la organización vence al tiempo.”
Cuando murió Néstor Kirchner, fronteras adentro quedó marcado a fuego el “Nunca menos”. Nunca la sociedad habrá de aceptar menos de lo que viene construyendo desde 2003 hasta ahora. Hacia el exterior, a Kirchner lo sucedió una institución como la Unasur, capaz de lidiar en momentos de crisis contra los enemigos de la integración y de la democracia en Sudamérica.
Si Chávez no estuviera enfermo, este martes iba a nacer una organización teñida con el mismo espíritu de la Unasur, en ocasión de celebrar el Bicentenario de Venezuela: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), de la que forman parte todos los países del continente, salvo los Estados Unidos y Canadá. Ambos países quedaron deliberadamente fuera de una entidad destinada a integrar a los iguales, a los más débiles, a los que han padecido injusticias, como los personajes de José Hernández o de Rómulo Gallegos.
En la tradición de unidad continental que no pudo concretar Bolívar, tempranamente muerto en 1830, y que otros latinoamericanos vienen impulsando desde diversos ámbitos con suerte esquiva. Como marcan los tiempos y las experiencias, una organización que trascienda la humana finitud de sus creadores.

Tiempo Argentino, 2 de Julio de 2011