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Europa, de la guerra de divisas a la guerra por el gas, pero ahora sin Merkel

Europa, de la guerra de divisas a la guerra por el gas, pero ahora sin Merkel

El secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo hace unos días que ante “la nueva normalidad para la seguridad europea, hemos pedido a nuestros comandantes militares que brinden opciones para lo que llamamos un reinicio, una adaptación a más largo plazo de la OTAN”. La nueva normalidad, el reinicio, también se verifica y sobre todo, en el plano de la economía de Europa.

Las sanciones contra Rusia apuntaron explícitamente a devastar la economía del país euroasiático, golpeando básicamente en su principal fuente de ingresos, la exportación de combustibles. El objetivo a largo plazo, coincidían analistas de toda laya, era impedir que Rusia recupere antiguos esplendores como potencia mundial. Pero en realidad, el formateo golpea directamente en el corazón de Europa, que pugnaba por fortalecerse como potencia industrial con la energía rusa.  Y que geopolíticamente estaba a las puertas de una alianza que pondría fin a siglos de derramamientos de sangre en esa región del este europeo.

Las presiones contra el gasoducto Nord Stream II y a favor de la venta de gas de esquisto estadounidense desde tiempos de Donald Trump eran una forma de bloquear esa sociedad, fruto de una amistad estratégica entre la canciller alemana Angela Merkel y el presidente ruso Vladimir Putin. El combustible de EE UU es hasta un 40% más caro. Las ganancias para las empresas estadounidenses serían fabulosas. Pero abastecerse a un precio mayor impacta directamente en la competitividad de los productos europeos y puntualmente de los alemanes.

Merkel protestaba en octubre de 2010 contra la guerra de divisas desatada en perjuicio del euro. La canciller germana lideró la resistencia al embate monetario en tiempos de Barack Obama, a expensas de un corset a Portugal, Italia, Grecia y España, los llamados PIGS, cerdos en inglés, por la sigla de los países del sur europeo que padecían una crisis de deuda fenomenal. El euro resistió y el dólar se debilitó.

Ahora ya no está Merkel y el ataque impacta directamente contra la industria alemana a través de una guerra en Ucrania, que se venía preparando desde hace mucho y ahora se ve más claro cómo se fueron encadenando los acontecimientos.

Alemania, el motor económico de la Unión Europea, había apostado a energía “verde”. En este proyecto, el gas resultaba un paso intermedio. Por eso desactivó 27 centrales nucleares desde 2011 y planteaba cerrar las últimas tres para fines de este año. Italia ya había abandonado el uso de esa fuente de energía tras un referéndum realizado en 1987 y en 2011 los italianos volvieron a manifestarse en contra en otra consulta popular.

El año pasado, mucho antes del conflicto bélico, el aumento en los precios de la energía en todo el continente hacía presagiar algo malo en el futuro y comenzaron a alzarse voces en favor de la energía atómica. Los más audaces intentaron sumar el átomo a las llamadas energías verdes.  El actual presidente francés y el premier británico abrieron el juego a la construcción de nuevas centrales, Alemania analiza reabrir sus centrales y hasta Italia se plantea dejar de lado el rechazo. El precio de la energía tiene cara de hereje.

Alemania, hoy por hoy, compra más el 50% del gas, el 30% del petróleo y el 50% del carbón mineral a Rusia. Resulta un objetivo económico y militar para la ofensiva de EE UU y la OTAN: comprarle al enemigo es como ser un cómplice, porque lo financia. Tal vez por eso el gobierno de Olaf Sholz se sometió mansamente a la voluntad estadounidense y no dio la certificación para el funcionamiento de Nord Stream II, que está juntando mojo desde septiembre pasado. No quería terminar acusado de prorruso.

La Comisión Europea propone aumentar la producción de hidrógeno verde para sumarse así al “castigo” contra Rusia. Con un plan de ahorro de gas hogareño dicen que pueden reemplazar 15.500 millones de m3 de gas en 2022 y acelerando el desarrollo de energía eólica y solar pueden reemplazar otros 20.000 millones de m3. EE UU promete enviar tanques con unos 50.000 millones de m3. Pero Europa consume unos 540.000 millones de m3 y Rusia provee aún 216.000 millones. El formateo será duro, costoso y tan letal como una guerra.

Tiempo Argentino, 17 de Abril de 2022

Occidente envía más refuerzos militares a Ucrania

Occidente envía más refuerzos militares a Ucrania

Hay dos fechas simbólicas para la culminación del conflicto bélico en Ucrania, si es que esas evaluaciones pudieran cronometrarse en una guerra. La más cercana es el 9 de mayo, cuando Rusia celebre un nuevo aniversario de la capitulación alemana firmada en 1945 por los mariscales Wilhelm Keitel y Gueorgui Zhúkov para poner fin a la Segunda Guerra Mundial. La otra, a fin de año, cerca de la elección de medio término del 8 de noviembre en Estados Unidos. Mientras tanto, los países occidentales echan más combustible para mantener vivo el fuego que consume a ucranianos y rusos en los campos de batalla enviando armamento y amenazas en todos los frentes.

La fecha límite del 9 de mayo es una evaluación de fuentes de inteligencia occidentales que argumentan, sin evidencias, que el presidente Vladimir Putin quiere poner fin a la “operación militar especial”, lanzada el 24 de febrero, antes de ese día para recordar así el triunfo de la Unión Soviética sobre el nazismo adosándole su propio triunfo sobre los nazis ucranianos. En Occidente, ese día se recordará el Día de Europa, pero no por el triunfo de la URSS sino porque ese día -¿casualmente?- pero de 1950, se dio a conocer la Declaración Schuman, por el ministro de Relaciones Exteriores francés (Robert Schuman) que lanzó la propuesta de unir a los países europeos para poner fin a las guerras que habían azotado al continente por siglos. La sociedad entre Francia y Alemania es considerada el origen de la Unión Europea y el 9 de mayo se celebra el Día de Europa. Como están las cosas en el este europeo, ese parece un sueño imposible de mantener.

Elecciones  a la vista

Para analizar la versión de que EE UU quiere mantener la guerra en Ucrania hasta fin de año, se puede mencionar la frase del secretario de Estado Antony Blinken a sus homólogos europeos cuando esta semana elucubró al pasar que no se percibía una paz antes del fin de 2022. Habida cuenta de la baja popularidad del presidente Joe Biden, que ni siquiera consigue que le aprueben las leyes que le permitirían recomponer la economía estadounidense, es plausible que como hicieron varios de sus antecesores, intente aprovecharse de una guerra en el exterior en la que además no arriesga soldados propios, un combo que normalmente seduce a mayorías electorales en ese país.

Los 800 millones de dólares adicionales para “ayuda militar” a Ucrania que anunció Biden, con helicópteros y vehículos blindados para transporte de tropas incluidos, dan pie a sostener que la apuesta de la Casa Blanca no es a fomentar una mesa de negociaciones. Alemania, que desde el fin de la Segunda Guerra se había prohibido enviar armamento para un conflicto exterior, volvió a romper el compromiso y anunció este viernes que entregará a Kiev otros mil millones de euros en armamentos. Pero nada parece suficiente para el mandatario ucraniano, Volodimir Zelensky, quien volvió a pedir más ayuda de Occidente y advirtió que Rusia podría utilizar armamento nuclear.

Crucero hundido

El parte de guerra indica que los ucranianos se anotaron un punto a su favor con el hundimiento del crucero Moskva, alcanzado por dos misiles en el mar Negro el jueves. Las autoridades rusas reconocieron el hecho y aseguraron que pudieron evacuar a todos los tripulantes. Este sábado, un comunicado del Ministerio de Defensa ruso indicó que «armas aire-tierra de largo alcance y alta precisión destruyeron edificios de una planta de producción de armamento en Kiev”.  El portavoz de esa cartera, Igor Konashénkov, dijo además que la aviación había destruido en un solo día 811 instalaciones militares de Ucrania.

La designación del general Alexandr Dvornikov al frente de las fuerzas rusas en Ucrania, información no confirmada oficialmente, desató toda una ola de interpretaciones. Por un lado, se dijo que era para hacer bien lo que otros altos mandos habían hecho mal. Mientras Putin y las evidencias muestran que el objetivo de Moscú siempre fue el sudeste del país y no la capital ucraniana, el hecho de que las tropas se estén retirando del norte aparece como una derrota ante el embate de fuerzas de Ucrania.

Dvornikov fue presentado por el asesor de Seguridad de Biden, Jake Sullivan, como “otro autor más de crímenes y brutalidad contra civiles ucranianos” y como el comandante que se propone arrasar con Ucrania. Los medios occidentales comenzaron a llamarlo “El carnicero de Siria”. Efectivamente, comandó las tropas rusas en Siria en operativos contra los terroristas yihadistas, que a todo esto, estaban apoyados subrepticiamente por Washington. Para fuentes más cercanas a Rusia, es un “héroe que viene a terminar de desnazificar a Donbass”, como había pedido Putin.

Por lo pronto, las fuerzas rusas están estrechando el cerco en Mariupol, a un costo que parece grande, y con ello se supone que mantendrán el Donbass bajo control para sentarse a negociar condiciones. Pero Putin teme, dijo, que desde Occidente se intente extender la guerra a territorio ruso, luego de un par de incidentes, entre ellos el bombardeo a un depósito de combustible en Belgorod.

La otra pata de esta ofensiva occidental está dada por la amenaza de que Finlandia y Suecia ingresen a la Otan, algo impensable hasta ahora por un status quo implícito dada la cercanía de ambos países bálticos al territorio ruso. Putin dijo que eso “no traerá más estabilidad a Europa”.

Mientras tanto, los jefes de Estado de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania viajaron a Kiev para dar su apoyo a Zelenski en un gesto más que elocuente. Sobre todo, cuando el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, fue “desinvitado” de un encuentro cumbre en la capital ucraniana. De poco le vale a Kiev, por lo que parece, la ayuda militar ordenada por el canciller Sholz, reclaman que Alemania termine la relación con Rusia. Lo curioso es que parte del gas que va hacia Europa fluye por un conducto que atraviesa Ucrania.

Putin y el mundo unipolar

Vladimir Putin se reunió con el presidente bielurroso, Alexánder Lukashenko, en el centro espacial de Vostochny y lanzó una serie de análisis sobre la realidad internacional que podrían ser útiles para interpretar sus movimientos. «Muchas veces se decía que EE UU está preparado para luchar contra Rusia hasta el último ucraniano. ¡Así es! Esa es la esencia de lo que está pasando», destacó, según la cadena informativa RT.

«Ucrania es una herramienta para conseguir los objetivos que no tienen nada que ver con los intereses del pueblo ucraniano», agregó, para explicar luego: «Así es el problema y nuestra lógica de las acciones en Donbass, en Ucrania en general».

Para el jefe de Estado ruso, “incluso en las condiciones trágicas de hoy, los ucranianos son un pueblo hermano» y consideró que lo que pasa en ese país es una tragedia para ambos pueblos.

Yendo a lo estrictamente geopolítico, Putin dijo que lo que está ocurriendo es “la destrucción del sistema de un mundo unipolar que se formó tras la caída de la URSS” y agregó que «el mundo unipolar se romperá ya que su base, EE UU, ahora es destructiva».

El Kremlin, en tanto, prohibió la entrada a Rusia de altos cargos del gobierno británico, principalmente del primer ministro Boris Johnson. «Esta medida fue tomada como una respuesta a la desenfrenada campaña informativa y política destinada a aislar a Rusia (…) y estrangular a nuestra economía», dijo la cancillería en un comunicado. También expulsó a diplomáticos de la Unión Europea. «Como represalia a acciones inamistosas de la UE, 18 miembros de la representación son declaradas ‘persona non grata’», informó.

Tiempo Argentino, 17 de Abril de 2022

Quedan menos oportunidades para la paz en Ucrania

Quedan menos oportunidades para la paz en Ucrania

Hace apenas diez días podía pensarse en la inminencia de un cese el fuego en Ucrania por el avance de las negociaciones de paz en Estambul bajo el auspicio del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Las condiciones que se vislumbraban eran la renuncia de Ucrania a integrar la Otan y a tener armamento nuclear en su territorio. La exigencia rusa seguía siendo el reconocimiento de que Crimea forma parte de la Federación y un status de autonomía más amplio para la región del Donbass. Como gesto de “buena voluntad”, Moscú aceptó retirar las tropas que mantenían bajo asedio al norte del país, especialmente a la capital, Kiev.

Pero un par de días más tarde comenzaron a aparecer señales de que se estaban empiojando esos pequeños acuerdos. La primera fue el bombardeo a un depósito de petróleo en Belgorod, una localidad a 40 kilómetros de la frontera pero del lado ruso. El ataque se produjo con dos helicópteros identificados como ucranianos. Luego, el retiro de las tropas fue visto como una derrota para los objetivos rusos y una muestra del «heroismo de la resistencia ucraniana».

Esta semana, la difusión de imágenes terribles de cadáveres esparcidos en las calles de la localidad de Bucha, en cercanías de Kiev, escandalizaron al mundo, y con razón. La indignación fue inmediata y la acusación no se hizo esperar: fueron crímenes atroces cometidos por tropas rusas. Tan veloz corrió el estupor que apenas circuló en los medios occidentales el argumento de Moscú: que en cumplimiento de las promesas efectuadas en Estambul, las tropas se retiraron el 31 de marzo y las imágenes comenzaron a circular tres días más tarde. Para el gobierno de Vladimir Putín, se trata de un montaje y pidió una investigación seria a cargo de las Naciones Unidas para determinar qué ocurrió realmente.

Condena y expulsión

Este jueves, la Asamblea General de la ONU votó por amplia mayoría por la expulsión de Rusia del Consejo de los Derechos Humanos de esa organización por lo que urgentemente se consideró como crímenes de guerra. A favor de la propuesta impulsada por EE UU y la UE votaron 93 países, entre ellos Argentina: se registraron 58 abstenciones -entre ellas las de Brasil y México- y hubo 24 en contra, sumando a China, Cuba y Venezuela. En un intento por morigerar el impacto, el representante ruso, Gennady Kuzmin, calificó la expulsión de “ilegítima” y anunció que la Federación abandonaba el Consejo de DDHH por su propia voluntad y de forma total.

Ese organismo está integrado por 47 miembros rotativos que cumplen un período de tres años cada uno. A Rusia le quedaba todavía un año más. Los archivos periodísticos muestran que durante la administración de Donald Trump, Estados Unidos también había abandonado el Consejo de DD HH. El anuncio lo hizo el entonces secretario de Estado, Mike Pompeo, el 19 de junio de 2018. “No dudamos de que su creación fue con buena fe, pero tenemos que ser honestos: el Consejo de Derechos Humanos de la ONU es un pobre defensor de los Derechos Humanos», dijo Pompeo, tras aclarar que la Casa Blanca no tenía problemas “en trabajar con instituciones multilaterales». Pero consideró que «Estados Unidos lidera el mundo en asistencia humanitaria (y) no tomará lecciones de hipócritas». El disparador de esa decisión fue una condena a Israel por violaciones a Derechos Humanos en Palestina.

Unos meses más tarde, en marzo de 2019, el mismo Pompeo anunció que se había prohibido el otorgamiento de visas a personal de la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya que había abierto una investigación por crímenes de guerra cometidos por tropas estadounidenses en Afganistán. Poco antes, el asesor de Seguridad John Bolton había amenazado con sanciones contra ese tribunal por esa investigación. «Estados Unidos utilizará cualquier medio que sea necesario para proteger a nuestros ciudadanos y a los de nuestros aliados contra las acusaciones injustas de este tribunal ilegítimo”, declaró Bolton.

Cierto es que Estados Unidos nunca refrendó el Estatuto de Roma de 2002 que creó la CPI. Como tampoco ratificaron el convenio China, India, Pakistán, Turquía, Israel ni Rusia. El dato viene a cuento de presiones mediáticas y de dirigentes occidentales que reclaman una condena de la CPI a Rusia por el caso Bucha.

Agenda RAND

Como para echar más leña al fuego en Ucrania, el viernes un misil mató a por lo menos 50 personas e hirió a otras 86 en la estación de tren de la ciudad de Kramatorsk, en la ahora República de Donetsk. El lugar estaba lleno de personas que pugnaban por ser evacuadas en ómnibus. El gobierno ruso atribuyó el hecho a las fuerzas ucranianas que todavía mantienen el control sobre ciertas zonas del Donbass y pidió, otra vez, una investigación imparcial.

Como sea, la seguidilla de estos ataques hace prever que las negociaciones para una salida diplomática al conflicto difícilmente salgan del estancamiento desde aquella esperanzadora noticia de hace unos días.

El documento de la Rand Corporation del que este medio dio cuenta oportunamente titulado Sobreextender y desequilibrar a Rusia diseñó estrategias para desangrar al país euroasiático “chuceando” en todos los rincones de su extensa geografía. Muchos “librepensadores” en EE UU alertan sobre el riesgo de apostar a un conflicto de larga duración como para que Ucrania sea la Afganistán de Putin sin medir las consecuencias.

La agenda de la Rand, sin embargo, se mantiene y profundiza. Las febriles entrevistas del muy activo ministro de las Fuerzas Armadas británico, James Heappey, un adalid de la industria bélica (ver aparte) con miembros de los gobiernos de Croacia, Bulgaria, Azerbeiyan, Georgia y hasta Kenia, marcan el escenario. La visita del primer ministro británico, Boris Johnson, a Kiev y la promesa de enviar vehículos blindados y misiles antibuques para lo que llamó «la mayor hazaña del siglo XXI» también.

A esto se agrega un adelanto del Libro Azul de la Diplomacia del ministerio de Relaciones Exteriores de Japón que se “filtró” a la prensa. Por primera vez desde 2003, el gobierno nipón designa “ocupación ilegal” al control ruso de un puñado de islas al norte de Hokkaido. El endurecimiento de las relaciones motivó que a fines de marzo Rusia anunciara el fin de las conversaciones sobre esa cuestión por la postura antirrusa que tomó la cancillería japonesa tras el 24F.

Cómo reactivar el empleo fabricando armamento

El 21 de febrero pasado, tres días antes de que Vladimir Putin anunciara el inicio de la «operación militar especial» en Ucrania, el Ministerio de Defensa británico anunció un Plan de Equipamiento para la Defensa. Se trata de una fuerte inversión destinada a la modernización de sus Fuerzas Armadas para la década que culmina en 2031. Contempla un presupuesto de 270.000 millones de libras, que, se ufanan, podría crear hasta 200.000 puestos de trabajo en el Reino Unido.

Paralelamente, se aceleró un proyecto común entre el Reino Unido y Alemania para la fabricación de vehículos blindados Boxer. En Inglaterra, informan, serán 1000 empleos adicionales para reactivar la industria local.

En su visita al presidente Volodimir Zelenski, el primer ministro británico Boris Johnson le prometió “ayuda letal y no letal” por 450 millones de libras. Serán 800 misiles antitanque NLAW y Javelin, sistemas de defensa aérea Starstreak, cascos, armaduras y lentes de visión nocturna.

Al incremento en gastos militares de todos los países de la Otan hasta llegar al 2% del PBI que reclamaba Donald Trump en 2018, ahora se le suman nuevas inversiones por parte de miembros de la Commomwealth, como Canadá, que incrementó sus gastos en armas hasta el equivalente a 6400 de dólares, por ahora algo menos del mítico 2 por ciento.

Mientras tanto, en Australia se avanza en el desarrollo de misiles hipersónicos dentro de la alianza AUKUS, con Gran Bretaña y Estados Unidos, por un monto inicial de 1000 millones de dólares. El Kinzhal (puñal), el misil ruso hipersónico, desveló a los productores de aparatos bélicos por su eficacia, que había sido probada en un escenario con menos visibilidad en Occidente como Siria. Ahora en Ucrania despertó del ímpetu por no quedar atrás.

El proyecto SCIFiRE, (sigla que corresponde a Experimento de Investigación de Vuelo Integrado de Southern Cross) se inició en 2020 bajo la batuta del gigante armamentístico Lockheed Martin con Boeing Defense Systems. Aprovechan el motor scramjet HIFiRE desarrollado con fondos públicos por la Universidad de Queensland.

Hijes presidenciales

Entre el último paquete de sanciones contra Rusia por la invasión a Ucrania, EE UU, el G7 y la UE incluyeron a Katerina Tikhonova y Maria Vorontsova, las dos hijas que Vladimir Putin tuvo con su exesposa Liudmila Shkrebneva. Se sabe poco de ellas. Que no usan el apellido paterno para no estar tan expuestas, que María, la mayor, tiene 36 años y es médica endocrinóloga. Que la menor, de 35, nació en Dresde, en la ex Alemania Oriental cuando el padre era jefe de la estación de la KGB, y tiene un máster en física y matemática.

Robert Hunter Biden es el segundo hijo del presidente Joe Biden. Es abogado pero funge de lobista, para lo cual el apellido le resulta imprescindible. Fue así que logró, tras el golpe de 2014 en Ucrania, hacerse de un puesto en el directorio de la empresa de energía Burisma, la mayor de ese país, y también generosos contratos con firmas chinas.

Donald Trump lo tenía en la mira, pero para limar la carrera de su padre a la presidencia. Le costó un juicio político. Esta semana, los demócratas bloquearon una convocatoria al hijo presidencial ante el Comité de Supervisión de la cámara baja que pedían los republicanos. Pero esta historia recién empieza.

Alimentos por las nubes

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertó sobre las consecuencias de la guerra en Ucrania para los consumidores de todo el mundo, y especialmente los más pobres, por el incremento de los precios de alimentos, la energía y los fertilizantes. En el marco de la 169ª sesión del Consejo de la institución, se advirtió que el índice de precios promedió en marzo 159,3 puntos, un 12,6% más que en febrero, que ya era un récord alarmante. Según la FAO, los cereales crecieron en marzo un 17,1% sobre febrero, impulsados por los precios del trigo y de todos los cereales secundarios.

Explica esta situación, recordaron, el impacto de Rusia y Ucrania en el mercado internacional, ya que representan alrededor del 30% de las exportaciones mundiales de trigo y el 20% de maíz. Pero el incremento también obedece a la preocupación por las condiciones de los cultivos en Estados Unidos, otro gran proveedor mundial. Y en simultáneo, los altos precios de los fertilizantes podrían llevar a un menor uso la próxima temporada, lo que, indica la FAO, podría provocar una caída en la productividad, con la consecuente reducción adicional a la oferta de esos productos esenciales. «Los precios de los productos alimenticios básicos, como los aceites de trigo y vegetales, han estado aumentando últimamente, imponiendo costos extraordinarios sobre los consumidores globales, particularmente los más pobres», resumió el director general de FAO, Qu Dongyu.

Tiempo Argentino, 10 de Abril de 2022

Magnates y oligarcas

Magnates y oligarcas

Una simpática extensión para el navegador Firefox creada por el desarrollador estadounidense Noah Liebman reemplaza automáticamente la palabra en inglés billionaire (que tiene más de mil millones) por oligarch (oligarca). 

Puede verse aquí: https://addons.mozilla.org/es/firefox/addon/billionaire-oligarch-replacer/.

La clasificación que el jueves dio a conocer la revista especializada en ranquear a los superricos se titula, mediante esta extensión, “Lista de los oligarcas del mundo”.

Hay que reconocer que el término tiene un sentido despectivo y que si se quiere estigmatizar a alguien adinerado, cae como anillo al dedo. Como muy bien decía Mafalda (Quino): “Nadie puede amasar una fortuna sin hacer harina a los demás”. Pero resulta interesante el divertimento de Liebman para al menos igualar a las grandes fortunas del planeta en momentos en que la palabra oligarca -usada en tiempos inmemoriables para describir a los ricos de cada país que estaban en contra de gobiernos populistas latinoamericanos- pareciera aplicar solo a los magnates rusos.

La aplicó el presidente Joe Biden cuando comenzaron las sanciones a Rusia por la invasión a Ucrania. “Esta noche les digo a los oligarcas rusos y a los líderes corruptos que han estafado miles de millones de dólares a este régimen violento: no más”, dijo el inquilino de la Casa Blanca en su discurso del Estado de la Unión del 1° de marzo. “El Departamento de Justicia de EE UU está reuniendo un grupo de trabajo dedicado para perseguir los crímenes de los oligarcas rusos”, agregó.

El más famoso de ese selecto club resulta ser Roman Abramovich, tal vez porque tuvo la perspicacia de haber comprado el club Chelsea inglés, del que ahora se tuvo que desprender. Se lo vio haciendo ingentes esfuerzos hace unos días para mediar entre Ucrania y Rusia en un intento de pacificar la situación y para no seguir en la picota, ya que tiene negocios en ambos países y también en el Reino Unido y en Israel. Dicen que en esos viajes hasta se habría intoxicado – o fue envenenado – en Kiev. Como buen oligarca ruso, tiene un yate, el Eclipse, un Boeing 767 diseñado especialmente para viajes de ultramar y un Gulfstream G650 para cabotaje, más una cantidad innumerable de propiedades y una fortuna que se calcula en poco más de 8000 millones de dólares.

En la lista de Forbes -donde, hay que decirlo, figura un puñado de individuos que hicieron su fortuna en Argentina, pero esa es otra historia – hay 83 rusos, aunque la publicación aclara que de ellos “solo” 69 son oligarcas. El resto son simplemente “millonarios”. Pero resulta que a la cabeza de los recontramillonarios está Elon Musk, con 219.000 millones de dólares, 68.000 millones más que hace un año. Musk, nacido en Sudáfrica, a los fines empresariales, es estadounidense. El segundo es Jeff Bezos, el fundador de Amazon. Entre los diez primeros, solo se cuela un francés, Bernard Arnault, dueño de las marcas de lujo Louis Vuitton y Sephora, en el tercer puesto. Debajo están Bill Gates, y tres propietarios de tecnológicas. Hay 34 oligarcas rusos menos, aclara Forbes, por las sanciones estadounidenses. Y el primero de esa nacionalidad que figura, en el puesto 87, es Vladimir Lisin, de la industria del metal y la minería, con “apenas” 18.400 millones.

El caso de Bezos tiene su actualidad ahora que los trabajadores de Amazon, contra la voluntad patronal, decidieron armar un sindicato para defender sus derechos (ver aparte). El año pasado había gastado unos 5000 millones para hacer un viaje al espacio de unos minutos. A principios de febrero, antes de la invasión a Ucrania, los medios internacionales se solazaron con la noticia de que para sacar un yate de 500 millones de dólares del astillero de Rotterdam, donde lo construyeron, había que desarmar el histórico puente de Koningshaven. El Oceanco Y721 tiene 127 metros de eslora y más de 40 de altura.

Foto: AFP

El escritor estadounidense Richard Eskow halló que los “oligarcas” (de Rusia) tienen no más del 10% de los superyates que hay en el mundo. Del resto, el 25% es propiedad de “magnates” (de EE UU). Eskow calcula que si el gobierno de Biden aplicara un “superimpuesto a los oligarcas estadounidenses, generaría ingresos de hasta 755.000 millones de dólares”.

Además de Forbes, también investiga las maniobras de oligarcas ICIJ, un consorcio de periodistas de investigación de medios de todo el mundo que revelaron en su momento los Pandora, los Panamá y los Paradise Papers, donde desnudaron las maniobras de ricos de todo el mundo para escamotear sus fortunas al fisco de cada país.

En su último trabajo revelan quiénes facilitan esas maniobras: “porteros”, los denominan. Ellos podrían estar detrás del ocultamiento de fondos de oligarcas, por supuesto. Se trata de agentes registrados, una figura que fue proliferando en estos últimos años, dice el informe.

Ver acá: https://www.icij.org/investigations/pandora-papers/the-gatekeepers-who-help-open-america-to-oligarchs-and-scammers/

Cuenta el estudio que en Wyoming creció exponencialmente la cantidad de agentes que se encargan de crear empresas ficticias. También en Delaware, el feudo de Joe Biden como senador y su base electoral primitiva.

Este trabajo, el último de la serie de Pandora Papers, aclara ICIJ, fue realizado en colaboración con el The Washington Post. En agosto de 2013, Bezos había dado otro golpe de efecto cuando anunció la compra de ese diario, el mismo que había revelado los chanchullos de Richard Nixon por lo que tuvo que renunciar en 1974 en medio del escándalo, por 250 millones de dólares. Prometió no meterse con el contenido, dijo que no sabía nada de periodismo, que lo suyo eran los negocios.

La semana pasada, Elon Musk anunció la compra de acciones equivalentes al 9,2% de la empresa que gestiona la red social Twitter. Tras el módico pago de 2.888 millones de dólares, Musk -que no tiene yates, esto también hay que decirlo- se convirtió en el mayor accionista de la red del pajarito. No dijo si va a controlar los contenidos que se publican, pero como desde el 24F son muchas las denuncias de censura a usuarios que no siguen el enfoque sobre el conflicto en Ucrania que emana de Washington, quizás ni pague el costo político de seguir la línea.

Tiempo Argentino, 10 de Abril de 2022

Por un mundo multipolar

Por un mundo multipolar

Celso Amorim, a los 79 años, atesora una dilatada carrera como diplomático, que coronó como canciller brasileño durante el Gobierno de Itamar Franco, entre 1993 y 1994. Luego acompañó a Lula da Silva durante toda su gestión, para finalizar con Dilma Rousseff, como ministro de Defensa. Ferviente defensor de la integración regional y el multilateralismo desde un origen desarrollista, ahora entiende la necesidad de incorporar valores que en los años 60 no parecían tan importantes, como las cuestiones de género, raciales y ambientales. Como hombre de Itamaraty, lamenta la política de destrucción que llevó a cabo Jair Bolsonaro y analiza el modo en que se puede reconstruir Brasil.
–Latinoamérica aparece en medio de tensiones por la llegada de figuras como Gabriel Boric, en Chile; Xiomara Castro en Honduras; y Pedro Castillo en Perú, pero con una derecha poco dispuesta a dejar gobernar. ¿Cómo ve el panorama regional?
–Hay un embate de la extrema derecha, muy importante en Brasil, Chile, de alguna manera en Bolivia y al mismo tiempo hay una crisis del neoliberalismo. Tienen que ver una cosa con la otra, pero no son la misma cosa. En el caso de Brasil las dos están muy juntas. En Chile quizás la cuestión contra el neoliberalismo era más importante, aunque luego se vio que la extrema derecha también lo era. En Brasil la principal batalla es contra la extrema derecha representada por Bolsonaro. Para ese conjunto de cosas hubo avances con Argentina, Bolivia, Chile, Perú, donde el presidente está muy débil, pero la manera como la gente votó era de protesta. No vamos a brindar con champaña antes de las fiestas, pero en Brasil camina bien el apoyo amplio a la candidatura a Lula. Incluso en Colombia, donde hace tiempo no había una candidatura con la fuerza de Petro, además de México y el caso de Honduras. Es una tendencia muy fuerte en la región que es algo para tener muy en cuenta y que va a determinar el tipo de relación que se tiene con Estados Unidos, con China, con la Unión Europea.
–Pero hay una tendencia a la dispersión entre las fuerzas que apoyan esos cambios, como se vio en Perú, en Honduras.
–No tengo un conocimiento tan profundo, aunque sí estuve muy involucrado en el caso de Manuel Zelaya (a quien Brasil dio protección en su embajada tras el golpe de junio de 2009). En Perú veo la fragilidad de los Gobiernos sin una base de partidos sólida y eso hace que una persona que tenga ideas más progresistas sufra las presiones. Eso, desde el punto de vista de los progresismos de América del Sur, refleja la necesidad de tener partidos fuertes, organizados y en cuanto fuera posible, unidos. Esa es la cuestión central para nosotros. En el caso de Brasil la extrema derecha llegó al poder, pero hay incluso sectores que uno podría decir que son neoliberales a los que tampoco les gusta la extrema derecha. Que además no funciona, ya que ni siquiera hay crecimiento, no hay inversiones extranjeras. Por lo tanto, se abren posibilidades de una alianza. Yo no diría que la alianza llega hasta los neoliberales, pero llega hasta una centroderecha que tiene una mezcla de desarrollismo y neoliberalismo. Que eso es un poco lo que significa Geraldo Alckmin (exgobernador de San Pablo, posible candidato a vice de Lula). Él no es un neoliberal en sentido estricto y por otra parte es un político del establishment, entonces hasta ahí va la alianza.
–¿No existe riesgo de que Alckim termine siendo como Michel Temer, que resultó el golpista contra Dilma Rousseff e impuso medidas neoliberales?
–Creo que son situaciones distintas. También se aprende algo con la experiencia. La alianza con Temer no tenía nada que ver con algo ideológico, era más bien una alianza con lo que hay en el Congreso de Brasil, de intereses dispersos con los cuales se negocia. Temer había sido presidente de la Cámara de Diputados, era líder del PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), que es el partido más grande de los que hay. El PMDB de hoy no tiene nada que ver con el partido histórico, más bien tiene que ver con estar en esas negociaciones al menudeo, de regateo. Los factores que desgastaron a Dilma fueron una serie de cuestiones complicadas, algunas internas, otras externas, también hubo maniobras. No se puede olvidar que hubo espionaje (denunciado por el exanalista de la CIA, Edward Snowden), que las manifestaciones de 2013 de alguna manera fueron manipuladas. Yo creo que las personas que se están aproximando a Lula lo hacen con la convicción de que es necesaria una amplia alianza democrática más que para tener una posición u otra en el Gobierno, que era el caso de Temer.

MAURO PIMENTEL/AFP/DACHARY


–El Gobierno de Bolsonaro produjo daños a todo nivel. ¿Cómo cree que se podrá recuperar Brasil?
–Los daños son enormes y el tiempo que se pierde es tiempo perdido, no hay solución «proustiana» en la política. Además de la desocupación, las cuestiones culturales, sociales, derechos humanos, el daño es muy profundo. Sin embargo, hoy, por increíble que sea, las discusiones de raza o de género son más profundas que en 2012, ahí empezaremos quizás en un punto más avanzado. Pero habrá mucho que reconstruir. Bolsonaro dijo que venía para deconstruir y lo hizo. Lo hizo en instituciones científicas, en la universidad, en institutos de patrimonio histórico, en medioambiente, género. En la política exterior también creo que hay un déficit de credibilidad que tendrá que ser recuperado. Depende un poco de la magnitud de la victoria que Lula pueda tener y en ese sentido las alianzas son importantes, pero con esas reservas. Yo creo que la figura de Lula es muy fuerte internacionalmente, conlleva una gran fuerza por lo que hizo y lo que puede hacer. Eso quedó muy claro en el viaje a Europa. Lula ha sido recibido como presidente. Emmanuel Macron rompió todos los protocolos. Claro que era una señal para Bolsonaro, pero también era decir «nuestro problema es con el Gobierno actual, no con Brasil». La manera como ha sido recibido en otras instituciones, por los otros partidos, en España, en la UE, en África y con los BRICS. Creo que eso se puede recuperar muy rápidamente, pero tendremos que hacer cosas muy concretas para consolidar, para demostrar que eso que se hace va a quedar. Bolsonaro ha sido contrario a lo que ha sido la política exterior desde el imperio, desde la monarquía. Como tomar posiciones contra un Gobierno demócrata estadounidense, alejarse de toda Suramérica, de Europa al mismo tiempo, ninguna atención a África. Todas esas son cosas que van contra toda la política desde el Gobierno militar. De Ernesto Geisel (1974-1979) para acá la política exterior mantenía una línea. Por eso Lula es tan importante desde el punto de vista externo, es una figura que ayudará a retomar rápidamente la agenda. Si fuera otro progresista la gente podría pensar qué va a hacer, pero con Lula no hay duda, lo hizo, no es algo por ver.
–En su origen usted se consideraba desarrollista.
–Bueno, sí, en cierto sentido sí. Celso Furtado ha sido una inspiración para muchos de nosotros y era el desarrollismo. La cuestión es que el desarrollismo quedó como una palabra antigua porque parece que no da importancia a otros aspectos como los derechos humanos o sobre todo al medioambiente, y hoy creo que eso ya no es así. El desarrollismo tiene que ser humano y sostenible, pero al lado de la industrialización, al lado del interés inicial en la integración sudamericana.
–A los Gobiernos progresistas se los criticó también por impulsar el crecimiento a expensas del medioambiente. ¿Qué cambió en su manera de pensar desde sus orígenes hasta ahora?
–Hay una evolución cultural en la humanidad. Yo veo tres grandes problemas que son el cambio climático, las pandemias, porque vendrán otras, y la desigualdad, y tenemos que poner estas cosas hacia adentro de Brasil y actuar de manera coherente. Pero no creo que haya habido cambios fundamentales, pienso que es una cuestión de énfasis, en el abordaje de cuestiones raciales y de género. Hacer de ese un tema central sería algo diferente de hace 30 años. Y también la cuestión ambiental: en el desarrollismo clásico esa no era una preocupación tan grande y hoy está muy claro que es algo fundamental. Hoy es imposible pensar el desarrollismo sin pensar en el medioambiente y eso es bueno. Otra cosa que veo mucho más claro es la cuestión de las alianzas. Es mejor hacer esas alianzas de manera programática, si es necesario hacer alguna concesión se puede hacer, aunque creo que la izquierda tiende a ser la fuerza dominante. Es mejor hacer alianzas así que hacerlas en el regateo minorista, porque ese camino lleva al desastre. Creo también que es necesaria una reforma política en el sistema electoral brasileño, aunque reconozco que es difícil y ahora lo principal es combatir al bolsonarismo, la extrema derecha, que además es de tan bajo nivel intelectual, cultural, ético. Yo podría esperar un Gobierno neoliberal, más conservador, pero lo que pasó con Bolsonaro no lo esperaba.
–¿En qué situación se encuentra el grupo BRICS, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, especialmente en la relación con Estados Unidos?
–Fuimos unos de los creadores de los BRICS. Llamémosle club porque tampoco es una alianza militar. Nosotros queremos tener una relación pragmática. Con Barack Obama, con George W. Bush tuvimos una relación pragmática en cuestiones muy distintas como el Grupo de Amigos de Venezuela para el referendo revocatorio (año 2004), sin grandes problemas. Lo mismo con Condoleeza Rice (secretaria de Estado de Bush) en relación con Oriente Medio. Hemos tenido reuniones del Consejo de Paz donde había solo países donantes o miembros del Consejo de Seguridad y de la región, pero invitó a Brasil. Con relación a la Organización Mundial de Comercio (OMC) pese a diferencias hemos tenido relaciones. Estados Unidos tiene cosas muy importantes en muchos sentidos, por lo que hace internamente. La política económica de Biden es de expansión, de presencia del Estado, es casi «rooseveltiana» y eso no solamente dicho por mí sino por los enemigos de Biden. Eso es muy bueno y deberíamos tomar como ejemplo en muchos casos en nuestra alianza, que no solamente va a ser de izquierda. Eso es positivo, en acciones afirmativas, de raza, de género, tenemos que aprender con ellos. Estados Unidos tiene hoy un secretario de Defensa que es negro, hay muchas mujeres en su Gabinete, pero queremos nuestra independencia, nuestra autonomía. Para mí la autonomía pasa por dos caminos. Uno por la multipolaridad: nos interesa lo que podamos hacer para un mundo multipolar. Dos, por la integración sudamericana y hasta la latinoamericana. México ha tenido posiciones muy extraordinarias, realmente positivas, pero tiene una situación geopolítica, geoeconomía y geoestratégica que no es la misma de América del Sur, sobre todo de Brasil y Argentina. Eso es importante, porque no queremos salir de una hegemonía para caer en otra. Nos interesa trabajar en un mundo multipolar y Brasil tiene condiciones para eso. Tenemos una natural relación con África, con los países árabes, por otras razones una natural relación con India. Antes del BRICS ya tenías IBAS, India, Brasil, África del Sur, que fue un factor para creación del Brics.


Alberto López Girondo

VOCES | EUROPA DEL ESTE

Conflicto en contexto 21 de marzo de 2022

La guerra que se libra en Ucrania obviamente forma parte de las preocupaciones de Amorim en su carácter de observador y analista de la política internacional. Al respecto, sostiene una mirada que pone en contexto los sucesos actuales, haciendo referencia a la política estadounidense de avanzada hacia el este europeo. «Un ataque armado de un país a otro viola la Carta de la ONU. No existe la legítima defensa preventiva. Escribí en contra de esa doctrina en 2002, antes de ser canciller. La condené en relación con Estados Unidos en 2003, y la condeno ahora. Hay que dialogar, teniendo en cuenta el principio sacrosanto de la integridad territorial y también la seguridad de los Estados. Veo legítima la preocupación de Rusia por su seguridad, pero no en su uso de la fuerza. Si fuéramos una región más unida, no digo que nosotros tendríamos que hacer una mediación entre Rusia y Estados Unidos, pero podríamos contribuir en Naciones Unidas y en otros foros para que eso pueda ocurrir. Quién soy yo para juzgar la política norteamericana –se pregunta–, pero a mí me parece, siguiendo a personas como George Kennan y Henry Kissinger, que ellos han sido muy críticos en grados distintos de la expansión de la OTAN al este, que fue un gran error desde el punto de vista estadounidense avanzar en ese sentido. Kennan dice en 1997 que si la OTAN va al este va a ser el más grande error de la política exterior norteamericana. Él fue el creador de la Teoría de la Contención (contra la Unión Soviética), no es Bernie Sanders, no es inspirado por Noam Chomsky. El mundo de hoy no es el mismo de la Guerra Fría. China es el más grande tenedor de títulos de la deuda externa norteamericana, produce chips y componentes para todos los equipos norteamericanos, es un contrasentido tan grande tener una guerra… Alguna rivalidad va a haber, es obvio, cuando hay una gran potencia que sobrepasa a otra hay siempre una gran tensión. Un pensador, Graham Alison, habla de la Trampa de Tucídides en alusión a la guerra del Peloponeso. Pero lo que me espanta en este caso, y hablo como analista, sin juicio de valor, cómo Estados Unidos hace lo contrario de lo que hizo Kissinger, que intentó separar a China de la URSS para tener más equilibrio en el mundo. La política exterior de Estados Unidos hoy hace que China y Rusia queden más unidas. El documento de Vladimir Putin y Xi Jinping es de gran trascendencia, no es una simple declaración, es algo muy fuerte. Habla de «una amistad sin límites». Hay ponencias muy fuertes en relación con Estados Unidos en el Indo-Pacífico y en la OTAN. Todo eso es una cosa que me deja muy sorprendido».

Revista Acción, 6 de Abril de 2022

Las sanciones contra Rusia desafían al dólar

Las sanciones contra Rusia desafían al dólar

Las imágenes de dos helicópteros bombardeando un depósito de petróleo en Belgorod, a unos 40 kilómetros de la frontera con Ucrania pero en territorio ruso, elevaron las alarmas ante un nuevo encuentro entre ambos países en una mesa de negociaciones. El gobierno de Kiev dijo al principio que “no confirma ni niega” su responsabilidad, pero luego atribuyó el golpe, que provocó el estallido de los tanques de combustible –que terminaron envueltos en llamas– a un “atentado de bandera falsa” perpetrado por Moscú. En todo caso, el ataque amenazó con empiojar las conversaciones de paz, aunque con las horas el tema fue bajando de agenda a medida que la complicada evacuación de civiles de la ciudad de Mariupol le agregaba una dosis de dramatismo a la situación general en este conflicto bélico que ya lleva 38 días.

Mientras tropas rusas aparecían reagrupándose hacia el este del país, como parte de algunos acercamientos para hablar de un alto el fuego, el anuncio del presidente Vladimir Putin de que a partir de este viernes los países que quieran seguir comprando gas a Rusia deberán abonar en rublos generó otro tipo de rispideces.

El decreto firmado por Putin dice que, “si no se realizan estos pagos, lo consideraremos un incumplimiento de las obligaciones por parte del comprador, con todas las consecuencias que ello conlleva”, léase, cortar el envío del fluido. La respuesta fue que los contratos fueron hechos en euros o en dólares. Pero entre las sanciones establecidas a instancias de Estados Unidos –y que acataron casi en su totalidad los países europeos–, las que más impactan se relacionan con las suspensiones de bancos y, sobre todo, la incautación de reservas del Banco Central de Rusia en el exterior, que suman el equivalente a unos 300 mil millones de dólares.

Hace algunos días el canciller Sergei Lavrov había manifestado la sorpresa para Moscú, que evaluaba sanciones pero nunca una semejante, ya que atenta contra confianza en el resguardo de depósitos de los fondos de países soberanos. Por si no bastaba con los 1200 millones de dólares de oro que el Banco de Inglaterra se niega a devolver al gobierno de Nicolás Maduro, argumentando que el Reino Unido reconoce a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, ahora se agrega la mitad de la reserva acumulada por Rusia durante años y confiada en la seguridad de que los depósitos de países soberanos son intangibles.

La maniobra de Moscú tampoco se la esperaban en Occidente y el grupo G7 dijo que era inadmisible porque representa “un incumplimiento unilateral y claro de los contratos existentes”, según el ministro de Economía germano, Robert Habeck. Más allá de discusiones técnicas y hasta morales, lo concreto es que el rublo, que en los primeros días tras la batería de sanciones había caído hasta mínimos históricos de 115 por euro, a poco del anuncio de Putin se recuperó hasta 94. La razón habría que buscarla en compras en secreto de empresas u organismos públicos europeos para cumplir con las nuevas disposiciones.

Si las sanciones esperaban destruir la economía rusa, luego del impacto inicial tal vez termine por golpear más a los países occidentales y hay quienes sostienen incluso que el dólar dejará en el camino jirones de su vigencia para ser una moneda más, con lo que puede eso significar para la fortaleza económica de Estados Unidos.

Por lo pronto, India ya anunció que las compras de gas ruso se harán en monedas locales –rupia y rublo– y mediante un sistema alternativo al de transferencia SIWFT del que se eliminó a Rusia, lo que despertó amenazas de la Casa Blanca contra un país al que consideraban amigo de Washington. El Banco Central de Brasil, además, cuadruplicó sus reservas en yuanes –la moneda china– y redujo su exposición en dólares y euros. “El motivo es que ahora hay mayor incentivo al yuan después de que EE UU bloqueara aplicaciones en dólares a Rusia”, dice un comunicado del BCB, que preside desde la llegada de Jair Bolsonaro al Planalto el economista liberal Roberto Campos Neto.

Otra liberal, Elvira Nabiullina, ocupó los medios especializados estas semanas. A cargo del Banco Central de Rusia desde 2013 y considerada desde 2014 por la revista Forbes como una de las mujeres más poderosas del mundo, esta mujer de origen tártaro nacida en la República de Baskortostán tiene mandato hasta el 24 de junio y Putin ya adelantó que va a proponerla para un nuevo período.

Nabiullina fue muy criticada tras el bloqueo de las cuentas del BCR. Muchos la acusan de que con su consistente fe en los mercados, expuso al país a perder la mitad de sus ahorros. Pero al mismo tiempo, es una garantía para los mercados de que buscará que no se le desmadren las variables financieras. En 2014, tras la reincorporación de Crimea, había tenido que enfrentar un cimbronazo parecido y estabilizó el rublo incrementando las tasas bancarias del 9 al 17%, para luego volver al valor inicial. Ahora, elevó la tasa de referencia del 9,5% al 20% y frenó una posible corrida, que era el objetivo confeso de las medidas punitivas contra Moscú.

El premio Nobel de Economía Paul Krugman publicó una columna en el New York Times donde acota que “Rusia ha logrado defender con bastante eficacia el valor de su moneda” y, tras reconocer la importancia de haber impuesto severos controles de cambio, elucubra que una de las razones de Moscú para elevar las tasas es sostener al rublo como una estrategia de propaganda. El británico Financial Times fue más lejos y entrevistó a la subdirectora gerenta del Fondo Monetario Internacional, Gita Gopinath, quien dijo que “las sanciones financieras impuestas a Rusia amenazan con debilitar el dominio del dólar estadounidense y podrían resultar en un sistema monetario internacional más fragmentado”.

Los países occidentales, a su vez, ya están sufriendo en carne propia las consecuencias de guerra y las represalias. En Alemania sacaron del menú en los bares las papas fritas porque el aceite de girasol aumentó un 500%. El combustible también se disparó y la liberación de un millón de barriles de las reservas de petróleo que anunció Joe Biden no dio el resultado esperado.

«Ayuda» para prevenir conflictos en otros países

La Casa Blanca anunció un plan de diez años de prevención de conflictos a poner en marcha en Haití, Libia, Mozambique, Papúa Nueva Guinea y la costa occidental de África para «promover la estabilidad y favorecer el desarrollo económico». La nueva estrategia del gobierno demócrata se implementará «a través de la acción colectiva y la asociación», y se sustenta en la Ley Global de Fragilidad aprobada por el Congreso, informa la agencia AFP.

Entre los países que formarán parte de este esquema figuran también Benín, Costa de Marfil, Ghana, Guinea y Togo, y de acuerdo con lo que afirma Washington, se contemplan medidas para «prevenir conflictos, fomentar la resiliencia y la estabilidad y promover el desarrollo económico».

Para el gobierno de EE UU, es «más necesario que nunca» prevenir y estabilizar conflictos y «mirar más allá de las crisis urgentes y las necesidades a corto plazo» para centrarse en objetivos estratégicos a largo plazo. El gobierno afirma que se enfocará en fortalecer las instituciones democráticas, «por ejemplo, en las áreas del estado de derecho, anticorrupción, aplicación de la ley y transparencia fiscal», y en promover los Derechos Humanos y la igualdad de género.

El Congreso de Estados Unidos autorizó hasta 200 millones de dólares anuales para este tipo de estrategias y asignó 125 millones de dólares en el año fiscal 2022 para el Fondo de Prevención y Estabilización. En algunos de esos países, la intervención de Estados Unidos fue clave para crear las condiciones de su inestabilidad, como ocurre en Haití desde hace décadas y en Libia desde 2011.

Tiempo Argentino, 2 de Abril de 2022