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La Unasur y las locuras de Lula

La Unasur y las locuras de Lula

La cumbre sudamericana de Brasilia dejó el sabor amargo de que el renacimiento de la Unasur está más lejos de lo que hizo suponer el regreso de Lula da Silva al Palacio del Planalto. La noticia fría dice que no todos los gobernantes se juegan a recuperar esa instancia de integración regional iniciada formalmente en 2011. La excusa ahora fue, como lo viene siendo desde que en diciembre de 2015 Mauricio Macri tomó el poder en Buenos Aires, la Venezuela bolivariana. Pero el trasfondo del recelo que mostraron algunos presidentes, como el uruguayo Luis Lacalle Pou, es darle largas hasta ver qué puede ocurrir en el futuro no tan lejano.

Las presiones de la Casa Blanca son cada vez más desembozadas. Este desparpajo propio de cowboy de las distintas administraciones de Estados Unidos se potenció desde que Donald Trump sentó sus reales en el Salón Oval. Fue un golpe sobre la mesa luego de que algunos rebeldes del sur del Río Bravo le dijeron en la cara a George W. Bush «No al ALCA» en 2005. Barack Obama se tuvo que tragar la reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba en un intento de congraciarse, aunque sin ceder casi nada en el bloqueo a la isla. Joe Biden mira con gesto de abuelo bueno pero se hace eco del lema “hablar suavemente y llevar un gran garrote” de Theodore Roosevelt.

No es casual que ya no solo vengan emisarios de traje, corbata y modales suaves sino que la generala Laura Richardson hizo ya varios viajes para avisar, sin titubeos, que el litio, el gas, el petróleo y hasta el hidrógeno son objetivos militares para el Pentágono. Y que cualquier acercamiento con China va a incomodar en el Southcom, el Comando Sur de EE UU. El detalle es que la RPCh es el primer socio comercial de muchos de los países de esta parte del mundo que incluso lo ven como tabla de salvación ante crisis que EE UU y el FMI no muestran ganas de resolver.

Con Trump el acompañamiento a la Casa Blanca fue tan promiscuo en algunos presidentes de la época que poco faltó para que se produjera una invasión a Venezuela, con la anuencia del brasileño Jair Bolsonaro y el colombiano Iván Duque. Néstor Kirchner, como primer Secretario General de la Unasur, había conseguido frenar sobre la hora un conato de guerra en 2010, cuando Álvaro Uribe debía dejarle el mando a Juan Manuel Santos. Gracias al expresidente argentino, desde entonces Santos fue el “nuevo mejor amigo” de Hugo Chávez.

La Unasur había sido clave ya en 2008 en impedir un intento secesionista en Bolivia, luego una intentona policial contra Rafael Correa en Ecuador en 2010 y sancionó a Paraguay por el golpe institucional contra Fernando Lugo en 2012. Demasiadas muestras de ser una institución que amenaza los intereses imperiales. Y eso que en el mismo club estaban Sebastián Piñera junto a Evo Morales, Uribe y Chávez, y podrían haber convivido tranquilamente gobiernos de todos los pelajes en estos tiempos que corren.

Pero mejor no, piensan en las derechas sudamericanas. En Argentina bien puede ser electo un “amigo” de Washington, Trump puede volver a la Casa Blanca y para colmo, según lo que ocurra en Ucrania, quién sabe si todavía las presiones no serán mayores.

Encima este loco de Lula que se quiere meter a proponer un plan de paz a Zelenski…

Tiempo Argentino, 4 de Junio de 2023

Washington busca acuerdos nucleares con Rusia y China

Washington busca acuerdos nucleares con Rusia y China

El gobierno de Joe Biden dice estar dispuesto a mantener conversaciones con Moscú para lograr un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START), cuando se cumplieron más de tres meses desde que Vladimir Putin anunció que suspendía su participación en el que habían renovado con Washington por cinco años en 2021. Esta vez, no sólo se suma la amenaza de un estallido nuclear en torno a Ucrania –una situación de la que EE UU no es ajeno ya que con la OTAN viene desplegando armamento atómico cada vez más cerca de las fronteras rusas– sino el crecimiento de China como potencia militar.

«Estamos dispuestos a ceñirnos a los límites centrales, sin condicionamientos previos, siempre que Rusia haga lo mismo», dijo el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, en un discurso en la Asociación Nacional de Control de Armas en Washington. El planteo de EE UU sería limitar la cantidad de ojivas nucleares a 1550 cada uno. Y que el Kremlin se comprometa a sentar a esa mesa de negociaciones a China, que según Sullivan, «para 2035 se encamina a tener hasta 1500 ojivas nucleares». Beijing nunca firmó acuerdos semejantes porque en el momento en que se establecieron, en la Guerra Fría, no era una potencia nuclear que pudiera amenazar el poderío estadounidense.


¿Invasión ucraniana?

El Ministerio de Defensa ruso informó que las Fuerzas Armadas de Rusia repelieron tres ataques de tropas ucranianas contra la ciudad de Shebékino, en Bélgorod. 12 personas resultaron heridas en bombardeos contra objetivos civiles, dijeron las autoridades. Putin había indicado poco antes que la situación allí es «alarmante» y ordenó evacuar a niños de esa provincia fronteriza con Ucrania.

El subjefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas rusas, el coronel general  Yevgeny Burdinsky, dijo en tanto en una entrevista con la agencia Sputnik que Rusia ya formó a dos ejércitos completos, un cuerpo de ejército, cinco divisiones, 26 brigadas, los distritos navales de Azov y los distritos militares de Moscú y Leningrado, con lo que se cumple el propósito de elevar el número de tropas a 1,5 millones de efectivos militares, entre ellos 695.000 soldados contratados.

Burdinsky dijo que la movilización parcial del otoño de 2022 ordenada por el ministro de Defensa Sergei Shoigu permitió entrenar a más de 280 unidades y subunidades y reclutar a más de 300.000 personas, una movilización, añadió, que no se había visto en Rusia «desde la Gran Guerra Patria de 1941-1945».

En una entrevista con el Wall Street Journal, el presidente ucraniano Volodomir Zelenski dijo que sus tropas están listas para iniciar la contraofensiva contra los rusos en las zonas del país que mantienen bajo control desde el 24F de 2022. «Para ser honesto, esto puede ir de varias maneras completamente diferentes. Pero vamos a hacerlo, y estamos listos», dijo, enigmático. Pero aprovechó para pedir más armamento y que le acepten el ingreso a la OTAN  en la futura cumbre en Vilna. El mandatario pidió concretamente más sistemas de misiles antiaéreos Patriot, de los que dispondría al menos dos y necesita «tantos como 50», según declaró. 

Tiempo Argentino, 4 de Junio de 2023

Unión en reconstrucción

Unión en reconstrucción

Bien dicen que es mucho más fácil destruir que construir. Ese dicho popular se vuelve a constatar tras la reunión cumbre de presidentes en Brasilia en el intento de reflotar la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Ese espacio, trabajosamente elaborado a principios del siglo para la integración regional durante el primer ciclo progresista en el subcontinente, fue puesto en marcha en 2011, pero fue detonado por los gobiernos derechistas a partir de 2016. Con el regreso de Lula da Silva al Planalto, el proyecto vuelve a plantearse como una necesidad, pero en este primer encuentro se perciben las huellas del retroceso registrado en estos años y lo dificultoso que será reconstruir una cofradía que se saltee la grieta continental.
El primer obstáculo fue comprobar que no todos los países que se alejaron de la UNASUR a instancias de mandatarios conservadores en la «Era Trump» están dispuestos a volver así como así. El escollo que apareció fue el regreso de Venezuela y especialmente del presidente Nicolás Maduro a los foros regionales, que ya había sido el argumento para vaciar de contenido a la entidad y crear en su lugar artilugios como los fugaces y ya olvidados Grupo de Lima y Prosur.
Del encuentro en el Palacio de Itamaraty participaron, junto con Lula Da Silva, el presidente argentino Alberto Fernández y los jefes de Estado de Bolivia, Luis Arce; de Colombia, Gustavo Petro; de Paraguay, Mario Abdo Benítez; de Ecuador, Guillermo Lasso; de Guyana, Irfaan Ali; y de Surinam, Chan Santokhi. Perú envió al jefe de Gabinete, Alberto Otálora, ya que el Congreso no autorizó el viaje de la presidenta de facto, Dina Boluarte.
El eje de los debates –para algunos la excusa que demoraría el renacimiento de Unasur o algún proyecto similar– estuvo en el rechazo a Maduro expresado por el uruguayo Luis Lacalle Pou y la crítica del chileno Gabriel Boric. El disparador fue la caracterización de Lula sobre Venezuela. «Siempre defendí la idea de que cada país es soberano para decidir su régimen político, qué tipo de elecciones tendrá y para debatir cosas internas», sostuvo el líder brasileño, para agregar luego: «Maduro sabe la narrativa que construyeron contra Venezuela durante tanto tiempo». Según Da Silva, una narrativa similar fue la que se construyó a su alrededor para llevarlo a prisión en 2018.

Cuestión de palabras
Sobre esa mágica palabrita se montaron Lacalle Pou y Boric. «Quedé sorprendido cuando se habló de que lo que sucede en Venezuela es una narrativa», dijo el uruguayo. «Lo peor que podemos hacer es tapar el sol con un dedo. Pongámosle el nombre que tiene y ayudemos», completó. Desde otro sector del espectro político, Boric expresó que «hay una discrepancia en las declaraciones del presidente Lula: no es una construcción de una narrativa, es una realidad seria y la vi en los ojos de venezolanos que llegaron a nuestro país». 
El chileno mostró matices en el cuestionamiento, ya que no tuvo problemas en cruzarse con el heredero de Hugo Chávez, y tras aclarar que «como presidente de izquierda era importante enfrentarlo de frente a Maduro por primera vez en un foro internacional» se sumó al pedido a Estados Unidos y la Unión Europea para que terminen «con las sanciones, que debilitan a los pueblos y no a los gobiernos».
Alberto Fernández había mantenido un encuentro con su par venezolano y también reclamó el fin de las sanciones. El canciller Santiago Cafiero fue más efusivo en declaraciones radiales ante las críticas que lanzaron desde la oposición sobre el Gobierno argentino. «Yo no sé qué mundo están viendo, se quedaron con el mundo de (Juan) Guaidó y (Donald) Trump, pero ese mundo se acabó. Ese fue un abordaje sobre la situación venezolana, que es compleja, que fue un abordaje de exclusión y de sanciones unilaterales», dijo.
Lula también se había referido al exdiputado venezolano y a una recomendación para resolver la crisis política que sufre el país caribeño. «Le dije a Maduro que él debería construir una narrativa, le dije que necesita hacer un documento con todos los partidos de oposición, movimientos sociales, sindicatos, Parlamento y gobernadores para pedir respeto a la soberanía de Venezuela, porque el mundo llegó a elegir a un presidente que era una persona que no existía y sufre un bloqueo económico».
El líder metalúrgico también apuntó contra la doble vara de los discursos críticos contra el Gobierno chavista. «La misma exigencia que el mundo democrático hace para Venezuela no la hace para Arabia Saudita», con lo que se ganó una inminente respuesta del régimen de la casa de Saúd.

Unidad y divergencias
Fiel a su estilo componedor, pero que no se guarda nada, el brasileño recordó que en la primera década del siglo XXI pudieron convivir en el mismo espacio regional Hugo Chávez con el expresidente colombiano Álvaro Uribe, y expresó que espera poder reconstruir un foro de las mismas características, pero de mayor amplitud. «Ningún país por sí solo tendrá fortaleza para enfrentar los retos de la geopolítica y la economía mundial actual», indicó en su discurso inaugural. «Debemos profundizar nuestra identidad sudamericana también en el ámbito monetario a través de mecanismos de compensación más eficientes y la creación de una unidad de referencia común para el comercio, reduciendo la dependencia de monedas extrarregionales», agregó, dando un paso más allá de lo que fuera el organismo que tuvo como primer secretario general a Néstor Kirchner.
A falta de mayores compromisos en esta instancia, los presidentes acordaron un documento final, el Consenso de Brasilia, que en sus 9 puntos determina los valores y los pasos necesarios para construir un espacio de integración regional. Menciona el respeto a la democracia y la no injerencia en los asuntos internos de los otros países, pero no habla de volver a la Unasur. El actual presidente colombiano, Gustavo Petro, tras anunciar que su país se reincorporaba a la Unión de Naciones Suramericanas, «ratificando el tratado del Congreso a través de una ley», consideró oportuno pedir una modificación al nombre de la institución. «He solicitado que se llame Asociación de Naciones Suramericanas, para garantizar el pluralismo y la permanencia en el tiempo», propuso. Iván Duque, el presidente que le entregó el bastón de mando a Petro en 2022, publicó en un tuit que «para reingresar (a Unasur) hay que hacer todo el trámite de ley en el Congreso y de control en la Corte Constitucional». El mecanismo de adhesión había sido legitimado en su momento por cada uno de los Parlamentos regionales, pero el retiro de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú fue una suspensión por decretos presidenciales anunciada en abril de 2018 a Bolivia, que con Evo Morales había asumido la presidencia pro-témpore del bloque. La excusa, entonces, fue que había vencido el mandato de Ernesto Samper, quien también había sido presidente de Colombia, y que no había consenso para elegir un sucesor. Responsabilidad que era de los jefes de Estado, por cierto. Samper, en una columna en el diario español El País pidió este miércoles «retomar sin mayores dilaciones la regionalización desde el Sur con el mismo espíritu y dinamismo que dio nacimiento al proceso más complejo de integración alcanzado en esta parte del mundo que fue y debe volver al bloque sudamericano». 

Revista Acción, 1 de Junio de 2023

Hasta el FMI le pide a Estados Unidos que no llegue a un default

Hasta el FMI le pide a Estados Unidos que no llegue a un default

Por ahora, lo que se sabe sobre el aumento en el techo de la deuda que el Congreso le autoriza al gobierno estadounidense es que el día D para el default, anunciado inicialmente para el 1 de junio, se pasa al 5. Así lo indicó la secretaria del Tesoro, Janet Yellen. De no haber antes un acuerdo entre el partido republicano y la administración de Joe Biden sobre dónde resolver el entuerto, ese día el gobierno se quedará «sin fondos para satisfacer las obligaciones», según le escribió la ministra de Economía estadounidense al líder de la oposición en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, quien en esta jugada es el que tiene la lapicera para que la Casa Blanca no tenga que declarar un default. Cómo será la preocupación que despiertan estas controversias que hasta el Fondo Monetario Internacional lanzó una advertencia contra una «política arriesgada» que podría generar «un riesgo sistémico adicional y completamente evitable tanto para EE UU como para la economía mundial».

En una puja de amenazas, presiones y extorsiones, el gobierno estadounidense vuelve a tener que recurrir a endeudamientos superiores a los establecidos en el presupuesto para hacer frente a los gastos corrientes. Sería la centésima vez desde que el artilugio legislativo fue instaurado en Estados Unidos. El techo de la deuda es el límite hasta el cual la administración a cargo está autorizada a emitir deuda para financiar los gastos corrientes por medio de bonos públicos y letras de tesorería. Se implementó por primera vez, no casualmente, en 1917, cuando el país ingresó a la Primera Guerra Mundial, como un modo de que el Congreso conservara el control que reclama la Constitución y para facilitar al Ejecutivo contraer deuda en un contexto bélico. Se emitieron entonces Bonos de la Segunda Libertad, que el público podía comprar para financiar la entrada de las tropas en la guerra europea.

Una nueva regulación se produjo en 1939, ya en el marco de la Segunda Guerra, cuando el presidente Franklin D. Roosevelt aún juraba que no se iba a sumar a la contienda pero era evidente que si la cosa escalaba –como realmente ocurrió–  eso sería inevitable. A Roosevelt esta nueva modalidad de regulación, que cubría todos los tipos de instrumentos crediticios, le sirvió de paso para manejarse con mayor libertad para su proyecto económico, el New Deal «populista».

Desde entonces la deuda no dejó de crecer, porque básicamente Estados Unidos no dejó de estar en guerra y de armarse hasta los dientes para construir su imperio global desde 1945. Pero había un compromiso bipartidario para no remover las olas ante cada nuevo pedido de la Casa Blanca. Eran los años en que los gastos militares se habían convertido en una forma de asignación estatal de recursos que mantenía a la economía pujante, según relataba entonces el economista John Kenneth Galbraith. Una suerte de keynesianismo militar.

Sin embargo, en los 90 los aires ya eran otros y se desató una era de pujas entre demócratas y republicanos cada vez que había que pedir más fondos al Tesoro. El monto del endeudamiento iba creciendo de manera exponencial al tiempo que el neoliberalismo se desplegaba sin freno sobre ambos partidos y entonces, ante cada nueva discusión parlamentaria, el eje del debate fue no si era necesario recortar, sino dónde. Y especialmente, dejando lejos de la tijera al aparato militar industrial, como destaca el economista Jeffrey Sachs (ver aparte). Las víctimas de los ajustes fueron las asignaciones sociales, educación, salud y pensiones. Un tema con muy conocido por estos confines.

Desde 1976 hubo una veintena de «cierres del gobierno», esto es, momentos en los cuales no hay fondos para determinados sectores de la administración pública, que es la amenaza latente por estos días. La mayoría de los mandatarios que los padecieron, por distintas razones, fueron demócratas, pero también le sucedió al propio Ronald Reagan y a Donald Trump. Ninguno de esos cierres fue por más de un puñado de días. Aunque hay excepciones, como el de 1979 contra Jimmy Carter, que vetaba presupuesto para construir un portaviones nuclear y destinaba dinero a la salud pública, de 18 días, y el de 1995 contra Bill Clinton, desde el 16 de diciembre al 6 de enero del 96. Barack Obama tuvo que digerir 15 días de cierre porque los republicanos rechazaban fondos para su plan de Salud. Los demócratas, en 2018 les devolvieron el gesto a Trump tres veces, la última por 35 días, al rechazar financiación para el muro en la frontera con México.

Todo indica que habrá arreglo entre Biden y McCarthy, aunque el ala izquierda de los demócratas dice que el déficit se podría cubrir con mayores impuestos a los ricos o a las empresas, algo que suena a blasfemia a la oposición y algunos sectores del oficialismo; y los republicanos no quieren más dólares para el IRS –la AFIP de EE UU– que necesita más personal para controlar que todos paguen lo que corresponde.

Se habla de «ingeniería contable» en los programas de Medicaid y Medicare, de la posible venta de activos del servicio de Seguridad Social o el Departamento de Salud para evitar el cierre en esas áreas, uno de los ejes de las alarmas que despliega el oficialismo para presionar mediáticamente a la oposición.

La deuda de EE UU es de 31,4 billones de dólares, alrededor del 126% del PBI. A la preocupación de Kristalina Georgieva por un eventual default se suman agencias de evaluación como Fitch y DBRS Mornigstar, que pusieron «en revisión» la calificación de la deuda estadounidense, o sea, que estudian si bajarla de la categoría AAA. Las autoridades de Japón y China también tiemblan, ya que ambos países tienen entre sus reservas más de la cuarta parte de los títulos del Tesoro en manos extranjeras, unos 7,6 billones de dólares. «

Nuevo jefe militar en EE UU, con la mira en China

En una señal de que la mira de la Casa Blanca apunta ahora a China, el presidente Joe Biden nominó como jefe de Estado Mayor Conjunto a Charles Q. Brown Junior, el segundo afrodescendiente en ocupar ese cargo desde la creación del organismo, en 1942. Hasta ahora era titular en su arma, la aeronáutica, y según su currículum, es un general de cuatro estrellas, piloto experto en aviones caza F-16 que lideró las bases de la USAF en Alemania y Corea del Sur. «El general Brown es un guerrero que ha sido comandante en Europa, en Oriente Próximo y después en el Indopacífico. Tiene un conocimiento único de nuestras operaciones y teatros operacionales y una visión estratégica para entender cómo trabajar todos juntos para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense», dijo Biden al presentarlo.


Sustituye a Mark Milley, que se retira en septiembre tras cuatro años en el cargo. En enero pasado, Milley había declarado que «desde un punto de vista militar, es muy difícil o casi imposible que Ucrania pueda expulsar a las fuerzas rusas de cada centímetro ocupado de su territorio», lo que despertó críticas entre los belicistas de Washington.


El primer afrodescendiente en el Estado Mayor Conjunto fue Colin Powell, quien luego sería el secretario de Estado que se presentó ante Naciones Unidas en 2003 para pedir una alianza occidental que sustentara la invasión Irak destinada a acabar con «las armas de destrucción masiva» que, dijo, había acumulado Saddam Hussein pero nunca aparecieron. Ahora esa operación se considera el mayor error estratégico de Estados Unidos en su historia.

Tiempo Argentino, 28 de Mayo de 2023

China estrecha lazos con Rusia y en la OTAN reconocen que no todos aceptan a Ucrania

China estrecha lazos con Rusia y en la OTAN reconocen que no todos aceptan a Ucrania

Todos miran a China, muestra del rol que el gigante asiático tomó desde el 24 de Febrero de 2022. Esta semana, autoridades de Alemania, Polonia y Francia le pidieron al emisario de Beijing Li Hui que convenza a su gobierno de presionar a Rusia para que abandone los territorios tomados en Ucrania. En la capital china, el primer ministro ruso, Mijail Mishustin, se reunió con el presidente Xi Jinping, quien le prometió el apoyo a Moscú «de manera firme en temas que afecten a los intereses fundamentales de cada uno, fortaleciendo la colaboración en los escenarios multilaterales».

Mientras tanto, la guerra en Ucrania entró en su semana 66 con el retiro de las tropas del grupo Wagner de la localidad de Bajmut para dejar el control de ese estratégico nudo de carreteras ucranianas a las tropas regulares rusas. Se acallaron las voces que hablaban de una inminente contraofensiva ucraniana de primavera –algo que de todas maneras no se descarta– pero lo que sí se ve son ataques del otro lado de la frontera rusa, como el que la semana anterior se produjo en la zona de Belgorod, atribuido en los medios occidentales a partisanos rusos contrarios al gobierno de Vladimir Putin y a la guerra en particular. Algo que desde el Kremlin fue desmentido enfáticamente al acusar a comandos ucranianos y prometer que responderá de manera «extremadamente firme» ante nuevas incursiones armadas en su territorio.

Este viernes se registraron nuevos ataques, confirmó el gobernador de Belgorod, Viacheslav Gladkov en su cuenta de Telegram.

El gobierno de Putin, en tanto, anunció que comenzó  cumplir con su promesa de transferir armas nucleares a Bielorrusia, su principal aliado en esa región y limítrofe con Ucrania y Polonia, tal vez el socio de la OTAN más enemigo de Rusia.

Petitorios ucranianos

Kiev pidió al gobierno germano el envío de misiles aire-tierra, según confirmó el portavoz del ministerio de Defensa de ese país. Alemania se muestra como un fuerte aliado de Ucrania pero bastante remiso a la hora de entregar armamento. No es el único país que cuando se trata de concertar las promesas, demora la decisión.

Así lo confirma el noruego Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, quien declaró que «hay puntos de vista diferentes en el interior de la alianza» en cuanto a apurar la aceptación del ingreso de Ucrania a la organización atlántica. En un encuentro promovido por la fundación estadounidense German Marshall, Stoltenberg se sinceró: «nadie puede decir exactamente cuál será la decisión final en esa cumbre en Vilna y la forma de responder a las ambiciones de Ucrania».

El gobierno ruso, por su lado, ordenó la expulsión de cientos de funcionarios alemanes destinados en la sede diplomática y a organizaciones culturales y educativas. Se trata de «contrasanciones» en el marco de los castigos que occidente y los aliados de Estados Unidos impusieron a Moscú. Desde Berlín alegan que entre los expulsados hay trabajadores del Instituto Goethe.

Yanquis por la paz

La semana pasada, los lectores del New York Times se sorprendieron con una solicitada a página completa que financió la Eisenhower Media Network, una fundación de ex miembros del establishment burocrático –militares, diplomáticos, asesores en política exterior– que consideran a la guerra en Ucrania «como un desastre absoluto» y culpan a la gestión de Joe Biden por las consecuencias en un futuro «exponencialmente mayor a medida que el poder nuclear lleve cada vez más cerca de una guerra abierta».

Bajo el título «Estados Unidos debería ser una fuerza de paz en el mundo», el documento señala que «los planes y acciones para expandir la OTAN a las fronteras de Rusia sirvieron para provocar temores en Rusia» y entiende que la respuesta de Moscú es entendible. «Como estadounidenses y expertos en seguridad nacional, instamos al presidente Biden y al Congreso a usar todo su poder para poner fin rápidamente a la guerra entre Rusia y Ucrania a través de la diplomacia», reclama el texto, que firman los directivos del EMN, Dennis Fritz y Mattehw Hoh; el coronel del Ejército (RE) Lawrence Wilkerson, exjefe de Estado Mayor del General Colin Powell; el exagente Especial de Inteligencia del FBI Coleen Rowley; el exembajador en la Unión Soviética Jack Matlock, y el economista Jeffrey Sachs, en su momento asesor de Nijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin en el proceso de conversión de Rusia al capitalismo, al inicio de los ’90.  «

Nuevo jefe militar en EE UU, con la mira en oriente

En una señal de que la mira de la Casa Blanca apunta ahora a China, el presidente Joe Biden nominó como jefe de Estado Mayor Conjunto a Charles Q. Brown Junior, el segundo afrodescendiente en ocupar ese cargo desde la creación del organismo en 1942. Hasta ahora era titular en su arma, la aeronáutica, y según su currículum, es un general de cuatro estrellas, piloto experto en aviones caza F-16 que lideró las bases de la USAF en Alemania y Co-rea del Sur. «El general Brown es un guerrero que ha sido comandante en Europa, en Oriente Próximo y después en el Indopacífico. Tiene un conocimiento único de nuestras operaciones y teatros operacionales y una visión es-tratégica para entender cómo trabajar todos juntos para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense», dijo Biden al presentarlo.

Sustituye a Mark Milley, que se retira en septiembre tras cuatro años en el cargo. En enero pasado, Milley había declarado que «desde un punto de vista militar, es muy difícil o casi imposible que Ucrania pueda expulsar a las fuerzas rusas de cada centímetro ocupado de su territorio», lo que despertó críticas entre los belicistas de Washington.

El primer afrodescendiente en el Estado Mayor Conjunto fue Colin Powell, quien luego sería el secretario de Esta-do que se presentó ante Naciones Unidas en 2003 para pedir una alianza occidental que sustentara la invasión Irak destinada a acabar con «las armas de destrucción masiva» que, dijo, había acumulado Saddam Hussein pero nunca aparecieron. Ahora esa operación se considera el mayor error estratégico de Estados Unidos en su historia.

Tiempo Argentino, 28 de Mayo de 2023

Los líderes del G7 denuncian la amenaza nuclear de China y Rusia… desde Hiroshima

Los líderes del G7 denuncian la amenaza nuclear de China y Rusia… desde Hiroshima

Si Estados Unidos quería dar una muestra de lo que es capaz, no podía haber elegido mejor lugar para la Cumbre del G7 que Hiroshima, la ciudad japonesa donde a las 8:15 horas del 6 de agosto de 1945, un B-29 de la USAF bautizado Enola Gay arrojó la Little Boy, primera bomba atómica sobre población civil en la historia de la humanidad, matando a unas 80.000 personas en forma instantánea. Tres días después un artefacto aún más poderoso destruyó Nagasaki.

Entre este viernes y hoy, los líderes de las siete potencias económicas más grandes de Occidente se dieron cita en Hiroshima para debatir sobre este delicado momento que vive el mundo por la guerra en Ucrania y anunciaron un nuevo paquete de sanciones contra «la maquinaria de guerra rusa» y –lo más sorprendente teniendo en cuenta el escenario– advirtieron que «la acumulación del arsenal nuclear por parte de China plantea una preocupación mundial y regional».

Los mandatarios de Estados Unidos (Joe Biden), Reino Unido (Rishi Sunak), Francia (Emmanuel Macron), Alemania (Olaf Scholz), Canadá (Justin Trudeau), Italia(Giorgia Meloni) y la Comisión Europea (Ursula von der Leyen) fueron recibidos con toda la pompa por el primer ministro japonés, Fumio Kishida, nacido en esa emblemática ciudad 12 años después del ataque.

Las sanciones a Moscú incluyen bienes considerados críticos «para sus capacidades de combate», mientras que Londres y la Unión Europea pergeñaron restricciones al comercio y uso de diamantes de Rusia, para lo que juran disponer de tecnología de punta para el seguimiento del material. En cuanto a China –que a algo más de 2100 kilómetros desarrollaba su propia cumbre regional (ver aparte)– los jefes de estado condenaron «la aceleración de la acumulación de arsenal nuclear (…) sin transparencia ni diálogo significativo», y ya que estaban, fustigaron la «retórica nuclear irresponsable» de Rusia.

Al encuentro en Japón fueron como invitados los líderes de Brasil, India, Australia, Indonesia, Corea del Sur, Vietnam, Comoras e Islas Cook. También el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, quien se demoró en otra cumbre en Arabia Saudita. Ni Lula da Silva, que trabaja febrilmente para reinsertar a su país en la gran mesa de discusión internacional, ni Narendra Modi, premier indio, apoyan las sanciones a Rusia e integran junto con Sudáfrica los dos «condenados» en Hiroshima del grupo BRICS.

Más aún: el mandatario brasileño les dijo a sus pares occidentales –tras cuestionar el «dogma neoliberal» y apoyar el reclamo de Argentina ante el FMI (ver aparte)– que la solución a los graves problemas que vive el mundo «no está en la formación de bloques antagónicos o respuestas que incluyan sólo a un pequeño número de países».

Cuentas pendientes

La Segunda Guerra Mundial terminó en Europa cuando las tropas soviéticas tomaron Berlín, el 8 (o 9, según el calendario juliano) de mayo de 1945. Japón, el otro aliado de las potencias del Eje, estaba buscando negociar una paz lo más honorable posible para el emperador, según varias investigaciones. De acuerdo a otras interpretaciones, el presidente Harry Truman no era amigo de los soviéticos como lo fue Franklin Delano Roosevelt. Pero el impulsor del New Deal había muerto el 12 de abril de ese año, a 82 días de haber asumido su cuarto mandato, y su sucesor, anticomunista visceral, quiso dar fuertes señales al interior de EE UU, a la Unión Soviética y a las fuerzas lideradas por Mao Zedong, que avanzaban hacia la toma del poder en Beijing. Qué mejor que mostrar el poderío apocalíptico de EE UU.

El militar a cargo de las fuerzas en el Pacífico, el general de cinco estrellas Douglas MacArthur, dirigió la ocupación del Imperio del Sol Naciente y rediseñó al Japón moderno a cambio de la continuidad de Hirohito y una constitución de tipo occidental. Pero con la creación de la República Popular China, en octubre de 1949, y la guerra en Corea en 1950, no tuvo mejor idea que recurrir a la amenaza atómica contra el nuevo régimen chino. La iniciativa fue desechada cuando Mao le respondió a un enviado de Truman –según reveló Henry Kissinger en su libro China– que su país tenía 600 millones de habitantes. «Cuántos pueden matarnos en un ataque nuclear. ¿50 millones, 100 millones? ¿Todavía nos quedarían 500 millones?».

MacArthur fue destituido en 1951. La guerra en Corea continuó hasta un armisticio en 1953. Recién en 2019 Donald Trump firmó un tratado de paz con el norcoreano Kim Jong-un. Más de siete décadas después, el gobierno de Joe Biden se lanzó a una ofensiva contra los principales escollos para la supremacía estadounidense y arrastra a sus aliados al pozo negro de Ucrania.

En Japón, además de sostener el apoyo a Kiev y defender las políticas de aislamiento y confrontación con Moscú y Beijing, Biden  abrió las puertas a la entrega de aviones F-16 al autorizar a que se entrene a pilotos ucranianos en el uso del caza estrella del conglomerado industrial-militar de Estados Unidos.  «

Lula, Argentina, FMI, multipolaridad y un plan de paz que Kiev no quiere

«El endeudamiento externo de muchos países, que victimizó a Brasil en el pasado y hoy destroza a Argentina, es causa de una flagrante y creciente desigualdad, y requiere un tratamiento del FMI que considere las consecuencias sociales de las políticas de ajuste». La frase de Luiz Inácio Lula da Silva resonó como otra bomba en el encuentro del G7 de Hiroshima. El presidente brasileño fue uno de los invitados «extrapartidarios» a la cumbre occidental y usó el escenario para poner la situación argentina sobre la mesa. «El sistema financiero global tiene que estar al servicio de la producción, el trabajo y el empleo. Sólo tendremos un crecimiento sostenible real dirigiendo esfuerzos y recursos hacia la economía real», agregó. El líder metalúrgico se reunió este sábado con la titular del Fondo, Kristalina Giorgieva, para plantearle un reclamo similar, según informó la cancillería brasileña.

En su discurso en la cumbre, donde le tocó estar sentado junto a Joe Biden, Lula fue más lejos: «No nos hacemos ilusiones. Ningún país puede hacer frente solo a las amenazas sistémicas actuales. La solución no está en la formación de bloques antagónicos o respuestas que incluyan sólo a un pequeño número de países. Esto será particularmente importante en este contexto de transición a un orden multipolar, que requerirá cambios profundos en las instituciones».  El mensaje sólo encontró miradas serias y solemnes

Lula también se cruzó en los pasillos del hotel Grand Price, de la isla de Ujina, a unos cinco kilómetros del centro de Hiroshima, con su par de Ucrania, Volodimir Zelenski, quien llegó a Japón tras pasar por la cumbre de la Liga Árabe. Al cierre de esta edición no se habían sentado en una bilateral. Brasil presentó un plan de paz que fue descartado in limine por Kiev, ya que entienden que implica reconocer la soberanía rusa en territorios de Crimea y el Donbass como parte de un acuerdo para terminar con la guerra desatada el 24 de febrero de 2022. Zelenski en cambio se había reunido con todos sus pares europeos –todos le prometieron el oro y el moro– y también con el indio Narendra Modi, quien se comprometió –así, vagamente– a «asegurarle que para resolver (el conflicto) India, y yo personalmente, haremos todo lo posible».

Tiempo Argentino, 21 de Mayo de 2023