Argentina sigue sumida en una tempestad desde el 10 de diciembre que por previsible no deja de asombrar. Lo que nadie avizora es hasta dónde las «fuerzas del cielo» podrán arrastrar a la población que padece ya los primeros efectos de medidas económicas que se parecen más a castigo por atrevimientos pasados que a un plan para mejorar la vida de los habitantes. O por lo menos, la vida de las grandes mayorías, porque los beneficiarios del «caputazo» y del programa libertario no solo están cosechando sus mieses, sino que además, desde todo el mundo, se acercan para ver en qué nuevo negocio se pueden meter ahora que pintan ofertas de temporada a nivel privatizaciones, concesiones graciosas o eliminación de «molestas reglamentaciones» sobre la actividad privada. Lo que va quedando claro para quienes creyeron que las advertencias eran parte de una campaña electoral es que este plan no cierra sin represión, y que la ministra de Seguridad no volvía a su cargo para sumar CV a su historial como funcionaria.
La avenida del centro La aprobación en general con 144 votos favorables y 109 en contra se logró tras arduas negociaciones en las que el oficialismo dejó de lado más de la mitad del contenido original y llevó adelante un tratamiento inédito por las irregularidades cometidas desde que el proyecto se trató en las comisiones. Así, con el respaldo de las bancadas del Pro, Innovación Federal, la mayoría de los integrantes de la UCR y Hacemos Coalición Federal, junto con el bloque Independencia, el oficialismo alcanzó la aprobación en general. Aliados para el ajuste y el avance de un modelo neoliberal a ultranza que ya se está aplicando sobre el pueblo argentino. Javier Milei envió para su tratamiento en el Congreso de la Nación, en este nuevo intento refundacional de un gobierno recién asumido, una megaley que con el pomposo nombre de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos pretendía el aval para reformar mediante 664 artículos un centenar de leyes votadas a lo largo de la democracia argentina por representantes del pueblo en cada ocasión durante todos estos años. Para alcanzar el apoyo en general bajó una gran cantidad de artículos aunque queda por ver qué ocurrirá en el tratamiento punto por punto. Las dilaciones para avanzar hacen presumir que todavía no cerraron los acuerdos necesarios con las bancadas predispuestas a negociar. Ciertamente, al candidato de La Libertad Avanza lo votó el 56% de los argentinos en balotaje, pero su dotación de legisladores no le garantiza el respaldo del Congreso a menos que acuerde con aliados y amigos. Algo que, con la ayuda del PRO, del bloque Hacemos Coalición Federal, sectores importantes del radicalismo y desprendimientos de Unión por la Patria, como los tres diputados tucumanos que responden al gobernador Osvaldo Jaldo, fue sumando trabajosamente. Por ahora. Porque si bien en esa avenida del medio o «Centrão», como se lo bautizó en Brasil a ese gran centro político acuerdista con el gobierno de Jair Bolsonaro, siempre hay lugar para uno más, no es menos cierto que los apoyos están prendidos con alfileres. Los «centrones» son dirigentes a los que irónicamente se conoce como «dadores de gobernabilidad» y que, a pesar de haber soportado y seguir soportando todo tipo de denuestos y acusaciones del propio presidente, insisten en «darle las herramientas que necesita para sacar al país del abismo», como suelen repetir. Cómo será que el diputado por el PRO, Nicolás Massot, protestó por el bulling oficial que sufren quienes necesita el Gobierno para aprobar la ley y habló de «carpetazos y campañas de desprestigio». Si eso hacen con los amigos… Quizás por eso cada línea del proyecto conllevó ásperos cabildeos en el mayor de los secretos. Fue todo tan desprolijo que en las primeras sesiones hubo denuncias de que el despacho en comisión que había logrado el oficialismo había sido cambiado entre gallos y medianoche y no era el que se llevó al plenario inaugural.
Hotel infinito El matemático alemán David Hilbert inventó una figura para explicar el concepto de infinito. Habla de dos empresarios turísticos que se fijan el objetivo de construir el hotel más grande del mundo. Como siempre podía ser que un competidor hiciera uno más grande, se decidieron por uno infinito. Cuando ingresara un nuevo pasajero, simplemente se le daba la primera habitación y el resto de los alojados debían pasar de la que ocupaban a la siguiente. Siempre había lugar para uno más. Para eso era infinito. Algo así pensó el hasta ahora embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, anunciado como nuevo secretario de Turismo, Ambiente y Deportes. Se suma a las huestes de LLA con otros que quedaron de la gestión anterior, como la secretaria de Minería, Flavia Royon, y el titular del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), Marco Lavagna. La explicación del exmotonauta fue que conoce a Milei desde hace años y que tiene una profunda amistad con su ministro del Interior, Guillermo Francos, a la sazón, representante argentino ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con Alberto Fernández hasta hace nada.
Violencia institucional. El accionar de las fuerzas de seguridad en la Plaza del Congreso dejó como saldo decenas de heridos.
Foto: Télam
Los diputados tucumanos Agustín Fernández, Gladys del Valle Medina y Elia Fernández de Mansilla, tres de los cinco de la provincia por UxP, ya habían anunciado su voto favorable a la Megaley, despertando la furia de sus pares en el Congreso. Se dijo entonces que lo habían hecho luego de conseguir que el Gobierno nacional sacara del proyecto la parte que afectaba a la industria azucarera. Las provincias en manos de mandatarios del PRO o de la UCR, por su parte, también pulsearon para sacar del plan original lo que pudiera dañar sus arcas o a producciones locales, como era el caso de las retenciones. Así consiguieron que el ministro de Economía, Luis Caputo, bajara el paquete fiscal completo de la iniciativa primigenia. Punto para la Liga de gobernadores opoficialistas.
Palos y negocios Si las primeras marchas en contra del paquetazo económico del gobierno libertario parecían haberse encaminado en un tira y afloje dentro de todo civilizado, entre el modelo antipiquete de Patricia Bullrich y el derecho a la protesta, las fuerzas de seguridad federales se despacharon con una ordalía de gases, balas de goma y palos contra los manifestantes que cuando comenzaba a sesionar el Congreso se dieron cita frente al histórico edificio porteño. La represión fue desembozada, indiscriminada y, sobre todo, injustificada. Fue un intento de demostrar fortaleza de una ministra que hace del marketing su razón de ser. Ese raid de gendarmes, policías federales y efectivos de Prefectura Naval dejó un saldo de decenas de heridos, entre ellos, 25 trabajadores de prensa lesionados con balas de goma. La casta, para el gobierno de Milei, no solo son los jubilados, ciudadanos de a pie o militantes que estaban en las cercanías, también los fotoperiodistas y camarógrafos de todos los medios, incluso de alguno que apoya la gestión de Milei. A todo esto, el presidente había pasado el día posteando en la red X mensajes violentos y hasta amenazantes. Lo mismo hizo en su cuenta personal el titular de Economía y la canciller Diana Mondino. No se recuerda en la historia democrática argentina un jefe de Estado o encumbrados miembros de un Gabinete con ese nivel de agresividad. Esa es la esencia del modelo libertario que quieren imponer a los argentinos. Esos ejemplos derraman hacia abajo: un gendarme lució en su chaleco antibalas el emblema de Gadsden, una bandera que viene de la historia estadounidense, al punto que algunos la atribuyen a Benjamin Franklin. Representa las ideas libertarias, fue retomada por grupos antiestatales de EE.UU. en las últimas décadas y creció con el grupo Tea Party, y militantes de Trump que tomaron el Capitolio la lucían como estandarte. Milei retuiteó un post en X de alguien que resaltó ese hecho, mientras que Bullrich se comprometió tibiamente a sancionar al agente. Está obligada a hacerlo porque las reglamentaciones de los agentes de seguridad les impiden tener consignas partidarias en sus uniformes. Habrá que ver qué hace. La otra actividad de Milei tuvo que ver con el mundo financiero. Por un lado, la directora ejecutiva del FMI dijo, mientras el Congreso era un hervidero, adentro y afuera, que no se estaba negociando un nuevo acuerdo por la deuda que el gobierno de Mauricio Macri –con Caputo como protagonista– contrajo en 2018. Un día antes, el directorio había aprobado un desembolso de US$4.700 millones y había festejado las «políticas ambiciosas» de esta administración, aunque alertó por una recesión del 2,8% para este año. Ese mismo día se anunció que el primer mandatario había tenido una reunión virtual con el mandamás del fondo de inversiones BlackRock, Larry Fink, y que el hombre más poderoso del sistema financiero occidental vendría en mayo para analizar inversiones en el país. En los mentideros políticos se dijo, con cierta dosis de verosimilitud, que espera meter baza en privatizaciones a precio de ganga. Junto con el dueño de X y Tesla, Elon Musk, tiene intereses en el litio. Otro con el que habló fue el fundador de Tinder, Sean Rad. Se informó que planean una reunión de emprendedores del mundo tecnológico en Buenos Aires. La plataforma que creó Rad es útil para encontrar pareja. En estos algoritmos navega el país del tórrido verano.
Con el clima tórrido de Buenos Aires de fondo, esta charla virtual de Tiempo con el expresidente ecuatoriano Rafael Correa (2007-2017) comenzó con un cruce de sensaciones térmicas. “Qué envidia, porque acá (en Bruselas) el invierno está horrible. Yo prefiero el calor tropical”, acota, risueño, este economista egresado en las universidades de Lovaina y de Illinois, EE UU.
-Pasar del calor ecuatoriano al frío de Bélgica no habrá sido lo peor que tuvo que padecer en estos años, ¿no?
-He tenido una vida dura y he aprendido a ver las cosas. La lucha, la salud, el cáncer, un hijo enfermo. Prefiero diez mil veces esto. No nos van a vencer pero han perdido tiempo, porque han destruido el país. Peleamos contra la irracionalidad, no sólo contra la inmoralidad.
-El caso de Ecuador nos golpea directamente en Argentina, pero allí esa irracionalidad está teñida de sangre.
-Mirá, yo encontré el país con 18 homicidios por cada 100 mil habitantes y lo dejé con 5,8. Era el segundo más seguro de América Latina, solo detrás de Chile, y por arriba de Argentina, un país relativamente seguro y con mucho más ingreso que nosotros. Ahora estamos entre los cinco mas violentos del mundo, y en 2022 estuvimos con 44 homicidios por cada 100 mil habitantes. Yo no he visto destrucción parecida en época de paz.
-¿Cómo hizo para llegar a ese nivel? En los últimos tiempos usted fue criticado por las medidas que tomó.
-Siete años tratando de deslegitimar lo que hicimos. Así son los mediocres y la politiquería. Como no pueden negar las carreteras, adujeron sobreprecio. No hay un solo juicio por sobreprecio. Es demasiado descarado. Convirtieron al país en importador de energía y volvimos a los cortes de luz con los que yo encontré el país en el 2007. Nos engañaron durante años. Y hay gente que se deja convencer y se olvidan del pasado. Hay una diferencia con Argentina: Milei gana por mucha gente que cree que ya no tiene nada que perder por el 140% de inflación. En cambio, en Ecuador veníamos de un proceso que fue un ejemplo para América Latina y el mundo. La gente está cegada por el odio, o que se deja manipular por la prensa o por la derecha, cuya estrategia es el miedo. Dicen que se va a acabar la dolarización y nos vamos a volver como Venezuela. Otra mentira: que tuve paz porque pacté con las mafias. Alguien con sentido común diría “bueno volvamos a pactar, hermanitos” (risas). Estuvimos en un proceso de prosperidad con dignidad, con equidad. Pero como ellos no lo logran, por ineptos, por corruptos, porque entregaron las cárceles, entonces yo pacté con las mafias. Nos falta mucha madurez democrática. Es un poco la diferencia con Argentina. No es que veníamos de una crisis y la gente votó desesperadamente: no, teníamos prosperidad y nos hicieron pedazos.
-Un tema que nos preocupa a los argentinos es el de la dolarización propuesta de este gobierno. ¿Por qué en su gestión no pudo salir de la dolarización y cuál es el riesgo de entrar en ella?
-No es tan difícil entrar a la dolarización, pero es imposible salir. Peor para un gobierno de izquierda: lo van a boicotear por todos los medios. Hubiera tenido una esperanza de salir sin traumas económicos un gobierno de derecha, porque si es un gobierno de izquierda te sacan el capital, te hacen quebrar el sistema financiero. Lo que hicimos nosotros fue acomodar nuestra política a un sistema dolarizado que es una camisa de fuerza. ¿Si es tan buena idea por qué el mundo no dolariza? Porque la moneda nacional es el principal instrumento de coordinación económica y social para reactivar la economía, enviar el crédito a los sectores objetivos estratégicos del país. Para asumir una moneda extranjera está la teoría de las “áreas monetarias óptimas”: seguir los mismos ciclos económicos que el país que emite la moneda o tener movilidad de fuerza laboral. La unión monetaria más perfecta es EE UU. Se puede tener la misma moneda en todo el país porque tiene los mismos ciclos económicos y la misma necesidad de política económica. Si hay problemas en un estado, la gente va al otro: hay movilidad laboral. En la Unión Europea funcionó porque tiene moneda común. En el Banco Central Europeo algo de injerencia tiene Grecia. Si hay crisis en Grecia y hay prosperidad en Alemania, los trabajadores griegos pueden trabajar en Alemania, aunque la experiencia le demostró que hay otra clase de barreras. Pero nosotros tenemos una moneda extranjera, no tengo ninguna incidencia en la política monetaria de EE UU y la única movilidad laboral que podemos tener es como “espaldas mojadas”: cruzando el río grande para entrar a EE UU.
-¿Hay alguna solución ante eso aún a largo plazo?
-Cuidado que para Ecuador incluso es más fácil tener dolarización que Argentina. Tú puedes tener la organización de Panamá, donde el principal ingreso por exportaciones de servicio del Canal, que no tiene competencia. En El Salvador son remesas de migrantes, Ecuador tiene petróleo, pero Argentina tiene granos, y otros países producen granos, que además tienen sustitutos. En Argentina es mucho más riesgosa la dolarización. Ahora, se pueden mitigar los efectos negativos en la dolarización y potenciar los positivos. Una moneda dura te controla inflación ¿Pero a qué costo? ¿A qué nivel de precios? Y afecta el crecimiento. El nivel de precios en Ecuador es carísimo. Hay graves problemas para competir con Colombia o Perú en oferta turística, porque ellos tienen lo mismo pero son dos veces más baratos. En todo caso se pueden mitigar ciertos problemas y aprovechar los beneficios. Es más fácil atraer inversión extranjera, lo cual no ha funcionado en Ecuador. Transparenta, porque se puede luchar mejor contra la corrupción. El aspecto más negativo es que se pierde el principal instrumento de control del sector externo, el talón de Aquiles para países en vías de desarrollo que es el tipo de cambio. La dolarización ecuatoriana fue tan tramposa, tan mañosa: el argumento era para que el Estado no nos meta la mano en el bolsillo, para que no nos robe la plata con la devaluación, se elimina la moneda nacional.
-Una de las cuestiones que en este momento gira en torno a Ecuador es el narcotráfico. En esta ofensiva de las bandas criminales ocurrió la toma de un canal de televisión, que muchos consideran una operación armada por el gobierno.
-Yo no creo en la teoría del complot. El 30 de septiembre de 2010, cuando casi me matan, la prensa se la ha pasado diciendo que fue un show. No tengo motivo para encontrar que la toma del canal no fue auténtica, de muchachos inexpertos o tal vez le falló el plan. Realmente es difícil de entender para qué lo hicieron. En el cortísimo plazo, no hay otra alternativa que la represión, esto se desbordó. Tito, el cabecilla de la principal banda, entraba y salía como Pedro en su casa porque dominaban las cárceles. Cuando el gobierno anunció que lo iba a mandar a otra cárcel más segura, se escapó. Desafiaron al Estado. En circunstancias así no te queda más que aceptar el desafío y derrotarlo. El Estado debe prevalecer. Entonces el presidente Noboa decretó de estado de urgencia, sacó las Fuerzas Armadas a las calles para combatir y le hemos dado todo el apoyo. Nadie dice que es suficiente. Hay que retomar las políticas sociales. La salud está destrozada, el sistema de rehabilitación social era un ejemplo para América Latina. Teníamos universidades en las cárceles, nuestros presos se graduaban de abogados y yo les daba el indulto. No me lo han contado, lo he vivido. Todo lo destrozaron. Esto tomará años probablemente, hay que recuperar la institucionalidad del Estado, destrozaron a las funciones ejecutivas, la seguridad, Derechos Humanos, el sistema de inteligencia nacional hasta cancillerías por las cuestiones de fronteras, deportaciones: todo. Por odio a Correa.
Foto: Alfredo Estrella / AFP
-¿La Argentina va en ese mismo rumbo?
-Veo que sí. Mira, el libertarismo en lo político y en lo económico se traduce como anarcocapitalismo, que todo lo haga el mercado. Más allá de los cuestionamientos éticos, es inviable técnicamente. Porque hay bienes que el mercado no puede proveer. ¿La Defensa Nacional la va a proveer el mercado? Podemos tener ejércitos privados, pero Dios no lo quiera. Ante una invasión inglesa, ¿ese ejército privado va a estar diferenciando quién pagó? Imposible. Te puedo dar diez mil casos. Los bienes en que se basa la teoría del mercado para la mano invisible, Adam Smith, en condiciones extremas, competencia, información perfecta, se llaman bienes privados de consumo y exclusividad individual. Si yo como una manzana, tu no la comes. Pero hay bienes que no son de consumo y exclusividad individual, como la defensa nacional. O como el conocimiento, que no se agota. Te rompe todos los conceptos de la economía como ciencia de la escasez, porque el conocimiento, una vez creado, pueden utilizarlo uno o diez mil millones de personas y sigue estando ahí. Ya no es un bien escaso. Técnicamente este libertarismo es inviable, pero no lo entienden estos libertarios de kermesse. Te dicen: ah no, el progreso es la famosa mano invisible, la riqueza de las naciones. Cuando Smith describió el sistema, ese mercado era posible por la Paz de Westfalia, por la consolidación de los Estados nacionales modernos, que permite la base jurídica y la razón pública para decir qué es mercancía y qué no lo es. Smith tiene un famoso ejemplo: el carnicero, el panadero y el cervecero. No invoca su generosidad sino su interés y por eso tenemos carne, cerveza y pan en la mesa. Pero también pudo incluirse el mercado de esclavos. En una época había esclavitud lícita. ¿Quién limita eso? La acción colectiva del Estado. La sociedad humana es lo que se llama un “sistema adaptativo complejo”. Si tu dejas de pagar impuestos es bueno para ti, pero si nadie paga impuesto, es malo para todos, incluso para ti. Si tú te paras en un teatro lleno, vas a ver mejor: si todos se paran, todo el mundo va a estar peor. Lo que es bueno para una parte no es bueno para el todo. Entonces se requiere gobernanza. Son cosas técnicas, ya no te estoy hablando de ideología, esto se llama “ciencia de la complejidad”. La sociedad humana es como una colmena o una colonia de hormigas, pero tenemos la capacidad de autogobernarnos, de pensar colectivamente. Eso es lo que niegan estos tipos y creen que haciendo cada uno las cosas, vamos a tener el mejor de los mundos. Vamos a tener el peor de los mundos.
-Milei se asocia con Donald Trump. Hay como un link entre ellos y esas teorías aparecen triunfantes en la sociedad porque se ven mucho más sencillas. Esto que usted explica es muy técnico. A lo mejor el triunfo de ellos se basa en que explican las cosas de modo muy simple ¿Habrá forma de explicar esto tan técnico más fácilmente?
-Es cierto, pero eso no quiere decir que porque lo explican más fácil tienen razón ellos. Lo que estamos hablando de la sociedad humana es complejo. Hasta en el nombre, el libertarismo es un gran producto del marketing. Es bonita la libertad, pero cuántos crímenes se han cometido en nombre de la libertad. Es uno de los conceptos más prostituidos de la historia de humanidad.
-Pasaron 15 años desde la época en que Sudamérica tenía gobiernos progresistas. ¿Qué pasó que hoy estamos en una región tan distinta? ¿Es necesario una autocrítica, un análisis profundo sobre estos cambios?
-Siempre es necesaria una autocrítica, pero yo un poco discuto si estamos en una situación tan diferente. La cumbre de la Marea Rosa no fue hace tanto tiempo. Estamos hablando de 2010/12, cuando estaba repleta América del Sur de gobiernos de izquierda. Y con resultados extraordinarios, exitosos, no fracasados. En un momento dado solo dos países no tenían gobierno de izquierda, Perú y Colombia. Tuvieron que reprimirnos con todo porque éramos ejemplo para el mundo. América Latina crecía, disminuía la pobreza, la desigualdad, se integraba, tenía un lugar en el mundo. Pero si comparas con los 90, la izquierda no existía. En Ecuador: las tres elecciones presidenciales que estuvimos durante los ’90 en segunda vuelta fue derecha contra derecha. No existía la izquierda, sacaba el 3 por ciento. Ahora tienen que exiliarme, calumniarnos, perseguirnos para no ganarles elecciones pese a siete años de difamaciones. Incluso ahora puede ser que haya más gobiernos de izquierda que a principios de siglo. Tenemos a México, a Guatemala, a Honduras, está Chile, Colombia, el país más derechoso del continente probablemente. Entonces no es tan correcto que todo se ha perdido. América Latina es una zona en disputa.
-¿Cuáles son las diferencias?
-Veo a esta izquierda más ligera, un poco más heterogénea. Nosotros teníamos matices, pero una unidad muy profunda, era mucho más lo que nos unía que lo que nos separaba. Con Lula, con Cristina, con Chávez, con Evo, se actuaba en conjunto. Ahora, por ejemplo, para un Boric el principal problema es Venezuela. Y lo otro que veo también es que aprendió la derecha. Al principio del siglo los agarramos aturdidos. Estaban tan envanecidos con el fin de la historia como dijo Fukuyama, con la absoluta hegemonía del neoliberalismo, que se descuidaron. Pero superaron ese aturdimiento y en el 2014 ya sentimos una derecha nacional e internacional articulada, con discurso, con recursos infinitos, dispuesta a todo. Yo le llamé la «Restauración conservadora». Esa derecha ya aprendió, estos gobiernos enfrentan a esta derecha y cada paso es más difícil. Esta gente, como te decía, no tiene límite ni escrúpulos. No le importan los Derechos Humanos, no le importa la democracia, como han demostrado en Brasil, en Ecuador, no les importa la injusticia, con el lawfare, y están dispuestos a todo. Los nuevos golpes ya no son golpes militares, sino golpes judiciales. Cooptaron desde el Norte el sistema de Justicia, los fiscales y con eso condicionan a los gobiernos. Creo que enfrentan un escenario más difícil para avanzar en los cambios que nosotros sí logramos a principio de siglo.
-¿Así como la derecha aprendió la lección, la izquierda está aprendiendo de estos cambios?
-Por supuesto que siempre hay que aprender, pero yo no estoy muy de acuerdo en que ahora los problemas de América Latina son tan tremendamente distintos a los de 15 años atrás. Es un poco el discurso de los grupos identitarios que tienen sus preocupaciones posmodernistas. El matrimonio gay, la adopción de niños por los homosexuales. Y sí, son los principales problemas de esa agenda, pero no del resto de la gente. Porque no resolvimos los problemas del siglo XIX. Tenemos pobreza generalizada. No tenemos subdesarrollo, tenemos mal desarrollo. Tenemos en nuestras ciudades una mezcla de Nueva York y Calcuta. Hay tantas prioridades y tantas cosas que todavía siguen sin resolverse. Y que fue la razón de ser de la izquierda, que nació en respuesta a los problemas socioeconómicos, a la injusticia socioeconómica. Los problemas esencialmente siguen siendo los mismos: todavía se nos mueren los niños por enfermedades del siglo XIX, por patologías de la miseria.
-¿Podrá ser que estos problemas no del todo resueltos por los gobiernos más progresistas llevaron a los cambios en Ecuador, en Argentina, de derechización, de frustración?
-No, porque no tendría lógica. Había gran nivel de satisfacción. La gente veía que se avanzaba. Miren, el principal adversario nuestro no son los partidos de derechas, son sus medios de comunicación. Es a nivel planetario, pero sobre todo en América Latina, donde no hay límites ni escrúpulos para mantener el status quo, darle odio a la gente, llenarla de miedo, que es la estrategia de la derecha. “Con Correa estamos bien”. Entonces: “Correa ha sido narcotraficante, pactó con las mafias” y los hacen votar contra su propio bienestar. Yo creo que mientras la izquierda no asuma ese adversario que es la prensa hegemónica, la prensa de derecha, seguiremos perdiendo batallas. Perderemos la guerra. Porque el objetivo no es ganar una elección y tener espacios en el Congreso, en la Asamblea. El objetivo es sacar a nuestros países del subdesarrollo con equidad, con soberanía, con justicia. Y eso no lo estamos logrando. Te hablan de la libertad de prensa, a lo burgués. No, libertad no es libertad para manipularte.
-En los últimos años la información circula más por las redes sociales y muchas plataformas son las que en realidad diseminan la información. ¿Cómo se hace para disputar en ese campo de batalla?
-Muchas veces las redes repiten lo que dicen en la televisión. Yo creo que la peste de la mala información está derrotando a la vacuna de más información. Byung-Chul Han, un filósofo coreano, lo llama infocracia, psicopolítica, y dice que esto está destruyendo a la democracia, porque las redes sociales con el Big data, con algoritmos, te mandan lo que quieres creer. Te manda opinión disfrazada de información. Información manipulada, descontextualizada, parcializada, alimenta lo que quieres creer. Y te convierte en tribu, destroza el sentido de comunidad, el debate público, que es la base de la democracia. ¿Cuál es el antídoto para esto? El derecho a la verdad. Nadie te puede robar la verdad, sea un medio de comunicación, sea televisión, sea un influencer en redes. La izquierda latinoamericana debe luchar para que en nuestras constituciones se ponga también el derecho a la verdad. Que cualquier ciudadano pueda acudir al sistema de Justicia cuando alguien le robe este derecho a la verdad. Sea un tiktoker, sea un influencer sea un político, sea un periodista. En el caso del periodismo es doblemente grave, porque deberían ser los guardianes de la verdad. Es como que un policía uniformado y con su arma de dotación te esté asaltando. Para mí esto es sencillo: el derecho a la verdad. Pero nadie se atreve a decir estas cosas, porque el poder más grande del planeta no es el poder financiero. A todo el mundo le caen mal los banqueros, el poder militar es muy evidente. Es el poder mediático. Porque en nombre de tu libertad, te están dominando y sometiendo.
-¿Sigue en contacto con líderes de aquella época?
-Con Lula muy poco, con Cristina un poco más, mucho más con Ernesto Samper, con Rodríguez Zapatero, del Grupo de Puebla. Es un espacio que se requería a gritos. Hay muchos expresidentes y excancilleres. Nos vemos con alguna frecuencia, ya sea virtual o físicamente.
«Hay que superar el colonialismo intelectual»
-¿Es comparable la realidad sudamericana con lo que ve en Europa?
-Uno de los más grandes errores que se cometen en el análisis del desarrollo es hacer lo que ellos hacen ahora. Cada país debe buscar sus propias soluciones. Para mí el desarrollo es como una prueba de (triatolon) Ironman, que tiene tres fases. Primero correr, luego natación y la última ciclismo. Ellos están en la etapa ciclísticas. Nosotros estamos llegando a la parte de natación y queremos nadar con bicicleta. Son realidades distintas. Si queremos copiar hagamos lo que ellos hacían cuando tenían nuestro nivel de desarrollo. Es un gravísimo error tratar de copiar las instituciones actuales. Nosotros tenemos que lograr democracias con mayor capacidad de gobernanza, para el pueblo, por el pueblo. Estos tienen reyes, monarquías, y nos califican nuestras democracias. Hay que superar el colonialismo intelectual y sin miedo buscar nuestra propia solución. Yo creo que uno de los aportes del Socialismo del Siglo XXI, con todos nuestros errores, fue que nos atrevimos a pensar nuevamente. Hemos perdido la capacidad del pensamiento propio que se dio mucho en los años de la posguerra, con el estructuralismo, con la escuela “cepalina”, con la teoría de la dependencia. En los 80/ 90, América Latina dejó de pensar. Hoy hemos dejado de pensar nuevamente. Estamos esperando que nos den las soluciones de afuera.
-Está creciendo la derecha en Europa, ¿como ve ese fenómeno?
-Más que la derecha está creciendo la polarización. Donde pueden ser un factor importante las redes sociales que te decía. Te llega lo que quieres escuchar. Si los algoritmos te detectan que tú eres antinmigrante, te mandan todos los estudios diciendo que la inmigración es el culpable de que pierdas tu empleo y acrecientan estos odios. Más que la derecha es la polarización. Pero la solución es mejorar las condiciones de vida en el norte de África, eso va a disminuir la inmigración. La solución para Estados Unidos es permitir que se mejoren las condiciones de vida en América Latina. Pero gobiernos exitosos como el mío, que mejoraba condiciones de vida, somos perseguidos, denostados con el apoyo de Estados Unidos.
La persecución de Moreno
-¿Extraña el regreso a Ecuador?
-Claro, ¿quién no extraña a la patria, a su gente, a su ciudad, las playas, la montaña, la comida? Ahora yo quiero mucho y me gusta mucho Europa. El clima no, pero mi familia está acá, y la idea era poder regresar los veranos. Tuve hasta que vaciar mi casa por la amenaza de que la allanen. La idea era poder regresar cada verano y tener ahí mi escritorio, la casa donde crecieron mis hijos. Todo eso se perdió. Por la persecución estúpida, criminal. La idea era regresar varias veces por año, dar conferencias. Cuando tu dejas de ser presidente, se te acercan muchas empresas que representan a presidentes, como Obama, Clinton, Uribe, Juan Manuel Santos, y te proponen conseguirte conferencias. Eran 60 mil dólares por cada conferencia, era la tarifa que establecieron para mí. Un Obama cobrará 200 mil dólares. Ya teníamos invitaciones y empieza la persecución de (Lenin) Moreno. Entonces todo se fue al diablo. Cambiaron los planes. Pero sé relativizar las cosas y sé que hay pruebas mayores y mientras esté bien la salud, mientras esté bien la familia, habrá fuerzas para seguir luchando.
-¿Cómo se explica lo de Moreno?
-Engañó a todo el mundo. Yo siempre me cuestiono mucho. Acabo de hablar con una persona que me llamó y me dice “cuando estuvimos en Galápagos era como un santo, como el Dalai Lama. Una persona que te hablaba de filosofía, del honor, de la lealtad, del sufrimiento, de que perdonó a sus enemigos, al que le metió una bala». En fin, un hombre superior. Pero es un psicópata, esa es la característica de los psicópatas. Saben ocultar muy bien su naturaleza. Es un tipo que es capaz… hay un tercer eje vial que se construyó en Ecuador con Colombia que une la Amazonía. Antes construimos la de la costa, pero como éramos más rápidos que Colombia llegamos al puente y Santos nos dice “háganlo ustedes”. Moreno dijo que era el puente hacia ningún lado, hacia la selva, para que pase el narcotráfico, una guerrilla. Se pasó diciendo esos tres años. Cuando ya llegó el lado colombiano fue a inaugurar la carretera. ¿Quién hace eso? Un psicópata. No tiene vergüenza, no tiene sangre.
Fue ciertamente testigo de gran parte de las luchas políticas latinoamericanas en el último siglo, que coincidió con el centenario de su paso por este mundo. Pero Alferdo Eric Calcagno no fue de esos espectadores que se apoltronan con una bolsa de pochoclos y luego pontifican desde un lugar impoluto. Se comprometió hasta el tuétano en proyectos y utopías destinadas a cambiar el rumbo de los pueblos de esta parte del mundo. Cuando se dice que fue testigo, se quiere decir que participó en iniciativas en el Chile de Salvador Allende, cuando integraba la CEPAL, que colaboró en el Plan Trienal que impulsó el gobierno peronista en 1973, que hizo su aporte a propuestas de Hugo Chávez, de Fidel Castro. Y también tuvo estrecha relación con el padre del flamante –y resistido por la oligarquía local- presidente de Guatemala. Pero además, de manera individual o junto con sus hijos Eric, columnista de Tiempo, y Alfredo, desplegaron sus ideas en un programa de radio. Además, publicó una veintena de libros que así vistos, a la distancia, reflejan la tragedia repetitiva que atraviesa a nuestro país durante todo ese período.
Y sino veamos: de 1988, cuando Argentina se sumía en la hiperinflación, data La perversa deuda, subtitulado “Radiografía de dos deudas perversas con víctimas muy diferentes: la de Erendira con su abuela desalmada y la de América Latina con la Banca Internacional”.
En 1999 ve la luz La deuda externa explicada a todos (los que tienen que pagarla).
En 2003 escribió un artículo para la revista La Nueva Sociedad titulado Los intentos de dolarización en la Argentina, que puede leerse aquí.
La lista de sus obras incluye, según el recuento de la editorial AKAL, El pensamiento económico latinoamericano: estructuralistas, liberales y socialistas (1989), El Estado en países desarrollados. La acción pública en Estados Unidos, Alemania, Francia y Japón (1993), Argentina. Derrumbe neoliberal y proyecto nacional (2003), Manual del Estado: Teoría y Práctica de la Política (2018).
Alfredo Eric Calcagno estaba por cumplir 100 años y tenía una vitalidad, una lucidez y un sentido del humor que transmitió a sus hijos. Decía algina vez Eric que en vista de como transitaba esa etapa de su vida le aseguraban: “te vas a morir en perfecto estado de salud”. Se fue, además, sabiendo que sembró descendencia que sigue su camino, lo que era una de sus más insistentes ambiciones.
Doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, tenía un posgrado en Ciencias Políticas en la Universidad de Paris. Fue docente en Política Económica en un puñado de universidades latinoamericanas. En los últimos años, junto con sus hijos, participó del programa Los Calcagno. En el laberinto, que va por Radio Rebelde AM740, con la conducción de Néstor Piccone.
Acá se puede escuchar una de sus útimas intervenciones, donde recuerda su colaboración con el Plan Trienal. Y espera que esa contribución sea algo que “quede para nuestros nietos” y destaca que era un verdadero plan de liberación nacional, frustrado luego por la muerte del presidente Juan Domingo Perón.
Lo que siguen son artículos de Eric Calcagno en nuestro diario en los que recuerda algunos momentos claves de la historia latinoamericana en los que les tocó participar a los Calcagno, una marca a esta altura.
Una vieja tradición argentina dice que un nuevo gobierno tiene 100 días de gracia antes de que le lluevan las primeras críticas a su gestión. Javier Milei ya habrá consumido, al 30 de enero, la mitad de ese período. En pocas semanas ya tuvo una crisis de gabinete, debió bajar artículos importantes de su proyecto de ley ómnibus porque no serían votados ni por sus aliados, se enfrentó con lideres internacionales y en ese camino fue acumulando en su contra hasta a sectores que lo habían votado y confirmó el rechazo de quienes nunca creyeron que la solución para los problemas nacionales fuera una motosierra o el regreso a la Argentina de fines del siglo XIX. Señales de cómo sería la gestión del paleolibertario abundaron desde el primer día, y nadie puede decir que no la vio venir. Nunca un presidente de la democracia había elegido darle la espalda al Congreso Nacional en su discurso inaugural, como hizo Milei aquel 10 de diciembre que parece tan lejano. Tampoco hubo presidentes que les hubieran dado a espalda tan ostensiblemente a los socios estratégicos del país, como lo hizo al otorgarle estatus oficial al exmandatario brasileño Jair Bolsonaro en contra del presidente Lula da Silva. Es que si algo caracteriza al núcleo más cercano al presidente argentino es su dogmatismo. Los primeros tropiezos internacionales fueron, en tal sentido, protagonizados por su canciller, Diana Mondino, que tuvo que enfrentar chisporroteos con Itamaraty aun antes de asumir el cargo. Luego tuvo enfrentamientos con el gobierno chino, al que en un inexplicable gesto de provocación le mencionó el derecho de Argentina a comerciar con Taiwán en un encuentro con el embajador Wang Wei. La relación con la segunda potencia económica del mundo se ha convertido en tan determinante para la Argentina que Mondino tuvo que admitir ante el mismo Wang que el país, como viene ocurriendo desde que se restablecieron las relaciones diplomáticas, en 1972 –plena dictadura de Alejandro Agustín Lanusse–, reconoce la existencia de una sola China y que Taiwán es una provincia indivisible de esa Nación.
Cuestión de peso Pero esos son apenas detalles de cómo La Libertad Avanza (LLA) piensa que deben conducirse estas pampas. Porque ese mismo esquema de rigidez intelectual se intentó aplicar al resto de la cosa pública. En un contexto en el que, y esto es un punto clave, LLA no tiene suficiente peso político como para imponer sin más sus propuestas, pero sí tiene voluntad en pasar por sobre usos y costumbres sin reparar en daños y contando con el apoyo de medios hegemónicos. Esto fue muy evidente en el anuncio del DNU 70/2023, que de un plumazo borra más de 300 leyes, que recibió cuestionamientos en varias instancias judiciales y está a la espera de que la Corte Suprema decida sobre su constitucionalidad. Algo que juristas de toda laya han dicho que no pasa el filtro de la legalidad de acuerdo con la Carta Magna vigente. Además, generó, con su solo anuncio, una reacción social inédita para un gobierno recién asumido: miles de argentinos y argentinas expresaron un espontáneo rechazo en marchas y cacerolazos. El anuncio de ese DNU se recuerda por el rol predominante que tuvo el economista Federico Sturzenegger, uno de los adalides de esta reconstrucción oligárquica. El expresidente del Banco Central durante la gestión Macri había sido impulsor del ruinoso megacanje de deuda externa en el final del gobierno de Fernando de la Rúa. En esta tercera oportunidad que le da la vida, se lo vio con un traje celeste que se destacaba en el entorno de ministros más bien formales cuando Milei leía el mensaje en el que se prometía que iba a volver la Argentina potencia. El académico del Instituto Tecnológico de Massachusetts y de Harvard entonces no tenía un puesto definido en el Gobierno y oficiaba de «ministro sin cartera», el que le acercó a Milei el plan de megaajuste regresivo que le había propuesto a Patricia Bullrich cuando era candidata presidencial. El otro personaje que también venía de fracasos previos con el macrismo, Luis «Toto» Caputo, se instaló en el Ministerio de Economía con la tarea de arreglar el problema de la deuda con el FMI que él mismo había generado en su paso por ese puesto, en 2018. Su primera medida esta vez fue una devaluación del 118% de la moneda argentina. Una devaluación sin paracaídas, acompañada por la liberación de todos los precios que golpeó directamente en los bolsillos de los ciudadanos con menos espaldas para resistir.
Milei. En sus primeras semanas de gestión se enemistó con los dos principales socios comerciales: China y Brasil.
Foto: Getty Images
Bases austríacas Sobre llovido, mojado, a poco de que el DNU generara rechazos sucesivos de los afectados y de aquellos que saben cómo puede terminar todo, el Gobierno envió al Congreso la ley Ómnibus, que con el rimbombante nombre oficial de «Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos» pretende modificar o derogar otras 360 leyes. Tanto el DNU como el proyecto de ley Ómnibus intentan una reforma tan profunda de la vida de los argentinos que ni siquiera las dictaduras que se sucedieron desde 1955 pudieron lograr. Y acá es bueno recordar quiénes son los mentores de Milei y a qué obedece su, a esta altura, empecinada defensa del liberalismo más feroz. Uno de los personajes más influyentes de la llamada Revolución Libertadora fue Alberto Benegas Lynch, padre del ahora diputado «Berty». Impulsor de la escuela económica austríaca –Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, entre los que Milei suele mencionar–, Benegas Lynch, de 83 años, es un furibundo enemigo de todo lo que huela a socialismo. Escuchar las diatribas del presidente contra estas ideas es rememorar sus columnas en el diario La Prensa de los años del peronismo proscripto. Las mismas añejas consignas que repitió Milei en el Foro de Davos, para sorpresa del mundo. Puede decirse que esa línea ideológica abomina de tres «so»: socialismo, solidaridad y soberanía. Y no lo ocultan, de allí que busquen denodadamente relaciones carnales con Estados Unidos y el Occidente, sin medir incluso los beneficios que ese seguidismo pueda acarrear al país. Lo hicieron en los 30 con el tratado Roca-Runciman, que ató al país a una potencia decadente. Por eso suena a extemporáneo que defiendan ahora la dolarización, su manera de evitar que «los políticos» puedan usar «la maquinita» para llevar adelante propuestas públicas. Esta suerte de fanatismo liberal que viene de los Benegas Lynch y se inscribe en el gen de Milei y Mondino, al que algunos denominan «fascismo religioso de mercado», es el que lleva a que tanto el inquilino de la Quinta de Olivos como la canciller traten con desprecio a quienes no piensan igual, lo que en cualquier gobierno resulta fuente de enfrentamientos constantes, como se ve desde el 10 de diciembre pasado. Así, la oposición más amigable –esa del PRO, de un núcleo importante de la UCR, del llamado irónicamente «peronismo tolerable» y de gobernadores de esos espacios– se las ven en figurillas para dar su apoyo a la ley Ómnibus. En los últimos días de enero, hubo ingentes cabildeos en esos sectores para modificar las propuestas más irritativas para los votantes de cada uno de esos ámbitos mientras recibían furiosas acusaciones de la Casa Rosada. Los negociadores se topan con mensajes francamente ofensivos del presidente o del titular de Economía, pero que soportan sin despeinarse, con un estoicismo digno de mejor causa. El eje de cada intervención es que los que no querían apoyar las iniciativas oficiales es porque esperan una coima. Caputo, que también es un agresivo «tuiteador», tampoco se guardó brulotes y amenazas a quienes no firmen a libro cerrado esas propuestas como las únicas posibles para que el país salga del atolladero en que se encuentra. Andando las horas, y cuando se acercaba el día que la CGT se había fijado para su primer paro general y movilización contra el DNU y el megaproyecto de ley, se evidenció que no le iba a resultar fácil al Gobierno lograr su objetivo. Por un momento, parecía que esas ínfulas de violencia verbal contra la oposición se morigeraban en aras de obtener apoyo legislativo. Los puntos más urticantes eran el intento de retorno del Impuesto a las Ganancias para al menos 800.000 trabajadores –revirtiendo una medida del exministro de Economía y candidato Sergio Massa que apoyó LLA–, las privatizaciones, los tramos de la reforma laboral y la fórmula de actualización de las jubilaciones. En paralelo, crecían los amparos en el fuero judicial a la espera de que se termine el mes de feria para que la Corte intervenga. Hasta que el 26 de enero el ministro Caputo anunció que bajaban el capítulo entero de reformas fiscales, aunque seguía en la mesa la consigna «déficit cero» a cualquier precio. Lo que también quedó claro luego de extenuantes sesiones parlamentarias en las comisiones que analizaron el megaproyecto de ley y que, a duras penas, aprobaron un dictamen con el apoyo de 55 diputados –34 de ellos en disidencia– es que el Gobierno no dudará en apelar a todas las mañas que se atribuyen a «la casta» política con tal de cumplir con sus objetivos. Por ejemplo, cuando todavía no se habían acallado las voces de la protesta en todo el país, se supo que el dictamen firmado tuvo cambios de última hora en una maniobra que para algunos críticos responde a un símil «Banelco» de Milei, en homenaje a aquella ley de tiempos de De la Rúa que selló en gran medida el destino de ese gobierno. Según las denuncias, en una reunión subrepticia en la casa de un flamante dirigente de LLA se acordó hacer cambios sobre el texto votado, lo que invalidaría su legitimidad. En condiciones normales de democracia institucional, claro.
24 de enero. Multitudinaria protesta en Buenos Aires y decenas de ciudades contra el DNU y el proyecto de ley Ómnibus.
Foto: NA/Reuters
La respuesta La movilización del 24 de enero fue masiva en todo el país y significó un desafío de las organizaciones sindicales ante las amenazas del protocolo antidisturbios de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien desde su primer día de gestión –otra reciclada de anteriores gobiernos de destino malogrado– hizo gala de un estilo prepotente y enmarcado en el marketing político. Como cuando informó de la detención de una célula terrorista que resultó ser un peluquero, un entrenador de ping pong y un fabulador, luego liberados por falta de pruebas. Un detalle del proyecto de ley Ómnibus la pinta de cuerpo entero: la primera versión penalizaba las reuniones de más de tres personas, algo que dijo, había sido un error de redacción y cambió por 30. ¿Error o chicana para que parezca que ceden algo en las negociaciones? Era ella la que pensaba poner en marcha el paquete de reformas de Sturzenegger. De hecho, la propaganda en la que el polémico funcionario, ahora al frente de la flamante Unidad Transitoria de Desregulación de la Economía, entrega un mamotreto con el que piensa cambiar para siempre la historia argentina formaba parte de la campaña del PRO. Y el lema era «si no es todo, no es nada», lastimoso reverso del «Triunfo agrario», de Armando Tejada Gómez y César Isella que cantaba Alfredo Zitarrosa. Los cambios que Milei pretende imponer, a todo o nada, son los que el golpe de 1955 no pudo completar, al igual que el de 1976 y el gobierno de Carlos Menem, que lo puso en marcha, pero se estrelló con la convertibilidad, en diciembre de 2001. Macri hizo lo suyo, pero tampoco llegó a avanzar demasiado y fue repudiado en las urnas. Volver a Juan Bautista Alberdi, como proclaman, sería volver a la Constitución de 1853 –que a la sazón no firmó la provincia de Buenos Aires–, cuando no había leyes laborales y el país estaba subsumido en el Imperio Británico. Años de oro que esa élite todavía añora. Previo a los «desvíos» de Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón, entre otros, y a la democracia recuperada hace 40 años.
Si algo tiene en claro Donald Trump es que para volver tiene que jugar fuerte. Y tan claro lo tiene que en la misma semana en que –ya se la veía venir– un jurado de Manhattan le ordenó pagar 83,3 millones de dólares a la escritora Elizabeth Jean Carroll en un cargo por difamación, una causa que podía opacar su triunfo en la interna republicana de New Hampshire, llamó a sumarse a la rebelión del gobernador de Texas. Y por si el tema no resultara espinoso, sugirió que los atentados contra las Torres Gemelas del 11S de 2001 fueron una operación de falsa bandera. Una declaración que no alcanzó relevancia para los medios internacionales y que sin embargo representa la crítica más feroz contra el modelo expansionista que Estados Unidos aplicó desde entonces con la excusa de luchar contra el terrorismo.
La polémica declaración se produjo en Laconia, pequeña ciudad del condado de Belknap que recuerda a ese extremo del Peloponeso donde reinaron los espartanos, tras haberle ganado ampliamente en la primaria republicana de New Hampshire a la exembajadora en la ONU Nikki Haley. Una semana antes, en Iowa, Trump había derrotado a Ron DeSantis y la propia Haley. El gobernador de Florida comunicó luego que se bajaría de la pelea. El que para los medios hegemónicos pintaba para ser el republicano favorito del establishment apenas consiguió el 15 de enero el 21,2% de los apoyos y se convertía en un escollo para alguna candidatura de unidad que destrone al polémico expresidente de su aspiración a tener un «segundo tiempo».
Trump no sólo lidia contra sectores de su partido sino con lo que llama el Estado Profundo, que genéricamente es la burocracia estatal y los servicios de inteligencia, a los que acusa de bloquearle las reformas que quiso llevar adelante entre 2017 y 2021. Si hay una interpretación del 11S y sus consecuencias que sectores críticos del imperialismo –tildados incluso de «conspiranoicos»– lanzaron desde el 11S, es que fue una operación para justificar las invasiones de Afganistán e Irak y el despliegue de leyes y sistemas de vigilancia sobre la población en aras del presunto combate del terrorismo.
En este marco, las palabras de Trump pueden sonar a música hasta en simpatizantes de la izquierda. Vale la pena ponerlo textual. Hay reproducciones varias en las redes sociales. Así lo muestra el Telegram de QAnon de España, la organizació de ultraderecha que apoya a Trump.
https://t.me/Qanon_Spain/28427
«Queríamos impedir que el terrorismo llegara a nuestro país, pero yo no podía hablar de eso porque no quería mencionar el asunto y que algo sucediese de inmediato. Así que durante cuatro años cerré mi boca. Pero ahora hablo de eso todo el tiempo.
No hubo tal ataque exterior contra el World Trade Center. No existieron ataques como ustedes percibieron aquí y en otros países.
Y, por cierto, ahora nos implicamos otra vez en Medio Oriente y vean lo que está sucediendo. Te implicas en Medio Oriente y… ¡allá vamos otra vez con el Medio Oriente!
Gastamos 9 billones de dólares, matamos millones de personas, tanto de nuestro lado como del otro lado, ¡millones de personas! ¡Nueve billones de dólares! ¿Y saben qué tenemos? ¡Nada! ¡Nada!
Tenemos muerte, tenemos sangre ¡para nada! Invertimos nuestra sangre y dinero público, como se dice, nuestra sangre y nuestro dinero público y nuestra sangre es más importante que nuestro dinero público. Es una vergüenza, una vergüenza».
En esta mención, Trump alude a su Acuerdo Abraham, con el establecieron relaciones Emiratos Árabes Unidos e Israel y que pretendía hacer lo propio con Arabia Saudita, lo que implicaba una reconfiguración general de esa región. Si es que podía dar solución a los palestinos. Ahora, Trump promete que si es elegido presidente terminará con la guerra en Ucrania de inmediato y afirma que si él hubiera estado al mando, esa guerra nunca hubiera comenzado.
¿Texit en puerta?
La otra espina que el empresario inmobiliario clavó esta semana fue su apoyo irrestricto al gobernador Greg Abbot en su puja con la administración Biden (ver página 20). Esa disputa ya envuelve a la mitad de los estados, que desde el sur esclavista vienen mancomunándose hacia el centro del país y que amenazan con rememorar aquella sangrienta Guerra de Secesión de 1861 a 1865.
Si uno se atiene a los mensajes de cada lado, parecería haber un punto de no retorno. Los tejanos se jactan de tener un ADN rebelde con el que constituyeron una república independiente de México, entre 1836 y 1845. Tuvieron en ese lapso una bandera que es muy parecida a la actual de Chile y que lucen con orgullo en los edificios públicos. No eran muy progres, ya que lo primero que hicieron fue restablecer la esclavitud, abolida en México. Ahora amenazan con irse otra vez porque reivindican su derecho a no dejar entrar a más mexicanos por la frontera sur.
«Nos solidarizamos con nuestro querido gobernador Abbott y el estado de Texas en su uso de toda herramienta y estrategia, incluidas las vallas de alambre de púas, para asegurar la frontera. (…) Los autores de la Constitución de Estados Unidos dejaron claro que en momentos como este, los estados tienen derecho a la autodefensa», escribió en un comunicado la Asociación de Gobernadores Republicanos. Los momentos a los que hacen referencia son los de una invasión extranjera, como definen a la migración a través de la frontera sobre el río Bravo. Desde Moscú se refriegan las manos y deslizan que si la estrategia del Estado Profundo de EE UU era desmembrar y debilitar a Rusia, como indica un informe de la Corporación Rand, quizás el tiro les está saliendo por la culata.
México y Ucrania, socios del silencio
La frontera sur de Estados Unidos, por esas paradojas de la política exterior de Joe Biden, repercute también en la guerra en Ucrania, ahí nomás de la frontera rusa. Es que el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, advirtió que el pacto que negocia las Casa Blanca con congresistas del Partido Republicano para habilitar más ayuda a Kiev estará «muerto al llegar» si no hay una contrapartida para frenar la inmigración irregular en el sur. Se trata de un paquete adicional de 60 mil millones de dólares que Biden pretende desde hace algunas semanas para sostener a las fuerzas de Ucrania contra Rusia y que en el contexto de la campaña electoral 2024 la oposición no duda en utilizar a su favor.
En aquella otra frontera, en tanto, Moscú y Kiev se cruzaron nuevamente en el Consejo de Seguridad por el derribo de un avión militar ruso en el que murieron 65 prisioneros ucranianos que iban a ser intercambiados.
«Toda la información que tenemos hoy –por el jueves pasado– demuestra que estamos ante un crimen premeditado y bien pensado», dijo el embajador ruso adjunto ante la ONU Dmitri Polianski, quien agregó que las autoridades ucranianas «conocían muy bien la ruta para el transporte de soldados hacia la zona de intercambio».
«Ucrania no fue informada del número de vehículos, vías o medios de transporte de los cautivos. Eso solo puede representar un acto intencional ruso para poner en riesgo la vida y la seguridad de los prisioneros», respondió la embajadora adjunta de Ucrania, Khrystyna Hayovyshyn.
Convocado por Argelia, en su carácter de flamante miembro no permanente, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunirá este miércoles para tratar el pronunciamiento de la Corte Internacional de Justicia sobre la brutal represalia de Israel en Gaza que Sudáfrica había pedido inscribir como genocidio. Si bien el dictamen del tribunal de La Haya no califica al estado israelí como genocida ni pide taxativamente un cese el fuego, sí recomienda que «tome todas las medidas a su alcance» para que sus tropas no cometan semejantes acciones, que ponga fin a la incitación contra los palestinos como grupo y pide que se facilite el ingreso de ayuda humanitaria. Puede parecer una tibia respuesta al reclamo de los sudafricanos, pero fue suficiente para el rechazo del primer ministro Benjamin Netanyahu, que la consideró «escandalosa». Pero tanto los líderes de gran parte de los países del mundo como el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, exigieron a Israel su cumplimiento inmediato. Guterres detalló que «las decisiones del Tribunal son vinculantes».
«La acusación de genocidio formulada contra Israel no sólo es falsa, sino escandalosa, y la gente decente de todo el mundo debería rechazarla», se indignó Netanyahu ante el dictamen que leyó el presidente de la CIJ, Joan Donoghue. La acusación de Sudáfrica comenzó a tratarse a principios de año e incluye denuncias por el bloqueo israelí al ingreso de medicamentos y alimentos, el corte de servicios esenciales como agua y electricidad, y declaraciones de funcionarios como el ministro de Defensa Yoav Galanr, quien calificó a los palestinos de «animales humanos».
Se fueron sumando al reclamo de acatar a la CIJ los gobiernos de Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, España, Turquía, Irán, Arabia Saudita, Egipto. Para Qatar, «las medidas temporales ordenadas por la CIJ (…son) una victoria para la humanidad, el Estado de Derecho y la Justicia internacional». En un posteo en la red X, la cancillería catarí reitera su posición «sobre la Justicia de la cuestión palestina y los derechos legítimos del hermano pueblo palestino, incluido el establecimiento de su Estado independiente en las fronteras de 1967, y cuya capital es Jerusalén Este».
Amnistía Internacional (AI), junto con Human Right Watch (HRW), Oxfam Intermon y Médicos Sin Fronteras, por su parte, también exigen el cumplimiento del dictamen de la CIJ. AI, puntualmente, señala que es necesario un urgente alto el fuego para poner fin al conflicto y recuerda que esa es la única forma de poner fin al conflicto tras el fallo de la CIJ. «Aunque no lo haya ordenado la corte, es la condición más eficaz para implementar las medidas provisionales y poner fin al sufrimiento civil sin precedentes», dijo su secretaria general, Agnès Callamard.
Israel respondió con el anuncio del canciller Israel Katz de que buscará la suspensión definitiva de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA en inglés) a la que acusa de que varios de sus empleados participaron dl ataque contra las comunidades israelíes del 7 de octubre que desencadenó esta escalada. De inmediato, anunciaron que dejarán de aportar financieramente para la UNRWA los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Australia y el Reino Unido. El dictamen de la CIJ coincidió con la celebración del Día de la Memoria del Holocausto en todo el mundo, una fecha que conmemoró este 27 de enero el 79º aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Aquella incursión de Hamas dejó un saldo oficial de casi 1200 muertos y el secuestro de 240 rehenes, de los cuales ya recuperaron su libertad cerca de la mitad. En las últimas horas hubo nuevos enfrentamientos en el territorio gazebí que elevan la cifra de muertos palestinos a unos 26.000, la mitad de ellos mujeres y niños, según las autoridades de Gaza. Los desplazados suman alrededor de dos millones de personas, el 85% de la población de la Franja.
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