El próximo viernes, Javier Milei debería asistir en Montevideo a la cumbre del Mercosur en que sería ser ungido presidente pro témpore de ese espacio común sudamericano que cumplió 33 años. El bloque es una construcción de las entonces recién recuperadas democracias sudamericanas, cuando el 30 de noviembre de 1985 Raúl Alfonsín y José Sarney firmaron el Acta de Foz de Iguazú. El inicio de esta nota está deliberadamente redactado en condicional: en un contexto normal, el modo verbal debería ser el indicativo, pero a esta altura de la gestión del paleolibertario cualquier cosa podría ocurrir.
Por ejemplo, en la cumbre en Asunción de julio pasado, la entonces canciller Diana Mondino representó a Milei porque él había preferido un encuentro de la ultraderechista Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) en Camboriu, Brasil, en la que se vio con Jair Bolsonaro y aprovechó para no estrecharle la mano, esa vez, al presidente Lula da Sliva, al que había acusado de «corrupto y comunista». Lo terminó saludando en Río de Janeiro en el encuentro del G20, al que fue luego de haberse entrevistado en Buenos Aires con Emmanuel Macron. ¿El francés lo convenció de no dejarse llevar por un capricho otra vez?
Por lo que dejaron trascender fuentes presidenciales, en la capital uruguaya el mandatario argentino piensa plantear a los socios regionales la apertura a tratados de libre comercio o, de no encontrar eco, amenaza con salirse del Mercosur. Lo que implicaría darle un tiro debajo de la línea de flotación a esa entidad que inauguraron en marzo de 1991 su referente neoliberal, Carlos Menem, junto con Luis Lacalle Herrera –padre del actual presidente uruguayo–, Andrés Rodríguez por Paraguay y Fernando Collor de Melo por Brasil.
Distancia. Saludo meramente protocolar de Lula Da Silva al recibir al presidente argentino en Río.
Foto: G20
En Montevideo Milei abundaría –condicional– en sus propuestas neoliberales extremas, como lo suele hacer cada vez que hay un micrófono cerca. Lo hizo en Davos en enero, en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre, y en la reunión de la CPAC en Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump, hasta que le cortaron la transmisión, hace 15 días. En el G20, en cambio, sus ideas fueron interpeladas por el colombiano Gustavo Petro y el chileno Gabriel Boric, lo que generó profundas rabietas, que en el fondo serían las «razones de Estado» del Gobierno en política exterior.
Este es mi debate con Milei: Libre mercado o sociedad solidaria. Volver al pasado de violencia, desigualdad, y negacionisno de la crisis climática, o asumirla y pensar una América latina y.un mundo diferente.
Tanto el vocero presidencial, Manual Adorni, como los referentes mediáticos que acompañan al Gobierno, negaron un feroz intercambio con Petro, con quien tiene viejas disputas alimentadas desde este lado del Plata. El entuerto en Río de Janeiro se descargó en el Vaticano contra el Gobierno de Boric y otro líder de fuste al que tampoco ha ahorrado diatribas hasta no hace tanto: el papa Francisco.
El sumo pontífice había organizado una celebración por los 40 años del acuerdo de límites firmado con Chile. La ocasión daba para el festejo. El 2 de mayo de 1977 la reina Isabel II emitió el Laudo Arbitral elaborado por cinco jueces de la Corte Internacional de Justicia sobre la soberanía del canal de Beagle y las islas Picton, Nueva y Lennox. El resultado adverso a Argentina estuvo a punto de desencadenar una guerra entre las dictaduras de Jorge Videla y Augusto Pinochet. Un conflicto que pudo ser frenado a tiempo por la tarea conciliadora del cardenal Antonio Samoré, enviado por Juan Pablo II.
A la convocatoria de Francisco fue el canciller chileno, Alberto van Klaveren, y estaba armando las valijas su par argentino, Gerardo Werthein, pero a último momento Milei le ordenó quedarse. Fue solo Luis Beltramino, el embajador argentino ante la Santa Sede. A diferencia del polaco Karol Wojtila, que vino a Buenos Aires en 1982 para otra de las batallas con la que los dictadores pensaban perpetuarse, Malvinas, ahora Jorge Bergoglio difícilmente venga a su patria, en señal del disgusto que le causó ese desaire.
Desplante semejante tuvieron el presidente y su ministro de Economía, Luis Caputo, ante la 30ª Conferencia de la UIA del martes pasado. Los industriales, que ahora sí ven que las políticas de libremercado los afectan directamente, habían girado las invitaciones correspondientes y todos alegaron problemas de agenda. Según Marcelo Bonelli, en Clarín, Federico Sturzenegger se ofreció a ir, pero el presidente se lo habría prohibido. El Gobierno tiene un planteo con la industria que no difiere del de la dictadura y el menemismo. Un debate que vuelve y en el que vale la pena seguir este hilo de tuits de Daniel Schteingart, sociólogo y curador de la ONG Argendata.
"Es toda ineficiente y prebendaria". "Es la solución a todos los problemas".
La industria otra vez está en discusión y por eso se me ocurrió hacer un hilo sobre 10 mitos y verdades sobre este sector que, a diferencia de otros países, en Argentina genera mucha grieta. pic.twitter.com/Kzf7zgH6LR
El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos alentó las ínfulas presidenciales de liderar un espacio ultraderechista, mientras en Brasil su colega en esas lides, Jair Bolsonaro, aparece cada vez más implicado en el intento de golpe y magnicidio contra Lula da Silva.
«Argentina será un jugador estratégico en la región por la relación entre Trump y Milei», dijo claramente en el Canal E la CEO de la CPAC de Argentina, Soledad Cedro. El jefe del Ejecutivo argentino será el orador principal en la cumbre de esa organización en el hotel Hilton de Buenos Aires que se llevará a cabo dos días antes de la reunión del Mercosur.
Milei hubiera estado más acompañado en Montevideo con un triunfo de la coalición de la centroderecha armada tras la primera vuelta. Pero ganó el Frente Amplio con Yamandú Orsi a la cabeza, acompañado como vicepresidenta por Carolina Cosse. Del MPP –heredero de Tupamaros– él, del Partido Comunista ella. Un resultado que despertó la provocación módica del subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez.
Por denuestos, insultos, improperios y banalidades semejantes la Argentina de Milei preocupa en el mundo y a los argentinos que, si no la veían, ya la están viendo. El exalcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta, se animó a cuestionar las formas en que el presidente se expresa y armó un texto que presentó en las redes con la lista de insultos proferidos bajo la banda presidencial.
No será mucho, pero es de los pocos dirigentes de lo que fuera Juntos por el Cambio que no ensayan justificaciones benévolas para el hálito de violencia que emanan las palabras oficiales. La respuesta del entorno presidencial fue, dentro de todo, menos irascible de lo acostumbrado, aunque tiene un tono arrogante que ya es un sello de fábrica. «Resulta absolutamente intrascendente el análisis que pueda hacer», dijo Adorni. «Según las últimas elecciones PASO, el precandidato a presidente, porque nunca llegó a ser candidato, se quedó en la precandidatura, sacó un 10% de los votos. Así que 9 de cada 10 argentinos no cree en lo que dice».
Cada día Estados Unidos da muestras de una decadencia institucional y política que la transforma de considerarse “la gran democracia de Occidente” a ser una simple república bananera. Las últimas: el actual presidente, Joe Biden, indultó a su hijo Robert Hunter porque, dice ahora, lo vio “procesado de manera selectiva e injusta”. El hombre que lo reemplazará el 20 de enero, Donald Trump, con varios procesos judiciales sobre su espalda pero el paraguas de un sistema judicial que ahora juega a su favor, prometió que impondrá aranceles del 100% a los productos de países BRICS que no comercien en dólares. O sea.
Biden Jr fue un problema para la administración demócrata incluso desde que Biden Senior llegó a la Casa Blanca, en 2021. Sucede que Trump apretó a Volodimir Zelenski para que la justicia ucraniana imputara a Hunter por sus negociados en una empresa de energía, Burisma, donde ocupaba un sillón en el directorio desde el golpe institucional de febrero de 2014 en Kiev. Esa iniciativa de Trump fue causal para el primer juicio político en su contra, abierto sin éxito por la oposición demócrata en septiembre de 2019.
Las causas contra el hijo presidencial no se ceñían solo sobre sus “habilidades comerciales”, quizás en el fondo un tema ese más de tipo ético que legal. También había un rosario de cuestiones relativas a evasión impositiva, haber mentido para obtener el permiso de posesión de un arma de fuego, entre otras minucias.
Al principio de la campaña 2024, y cuando todavía Biden aspiraba a cuatro años más en el Salón Oval, proliferaron en los tribunales zancadillas de ambos partidos.
Las urnas marcaron la diferencia luego. Y los jueces que tenían en la mira al empresario inmobiliario, decidieron cajonear sus asuntos hasta nuevo aviso. En todos los tribunales del mundo se cuecen habas. Se entiende entonces la maniobra de Biden. Es que cuando todavía era candidato a la presidencia y se postulaba para representar al “honestismo” promedio de la ciudadanía, juró que nunca iba a indultar a Hunter porque no quería interferir en otro poder constitucional como es el Judicial. Pero ahora que su partido ni siquiera tiene el control de las cámaras legislativas y la Corte está en manos de conservadores, descubrió que los jueces no le garantizan la inmunidad al muchacho, de 54 años y un díscolo pasado.
La «absolución» llegó a través de un documento de la Casa Blanca en el que se deshace en disculpas ante quienes le creyeron antes. “La política ha infectado este proceso y ha conducido a un error judicial», dice. «Espero que los estadounidenses comprendan por qué un padre y un presidente tomarían esta decisión», puntualizó.
No es el primer presidente que antes de irse “perdona” a gente de su entorno o parientes. Lo hizo Gerald Ford con su predecesor Richard Nixon en 1974. Trump, antes de dejar el cargo en 2021, indultó a 143 personas, entre ellas a su mentor ultraconservador, Steve Bannon, a su exjefe de campaña presidencial, Paul Manafort -también con negocios en Ucrania- y a su consuegro Charles Kushner, a quien ahora nominó para ocupar la embajada en Francia. En la lista estaba el “rey de los bonos basura”, Michael Milken, a quien Javier Milei le tiene tanta estima como para haber asistido en mayo pasado a una cumbre en su Instituto, donde afirmó que “Argentina tiene todas las condiciones para ser la nueva meca de Occidente”.
Trump, que se encargó de cuestionar ahora el indulto de Biden, en un mensaje promovido por su hijo Donald Jr., había lanzado desde su red Truth una amenaza contra los países que más le van a traer dolores de cabeza en su gestión, como era de imaginarse. Los BRICS, a los que Argentina renunció ni bien asumió el paleolibertario vernáculo.
“La idea de que los países BRICS están tratando de alejarse del dólar mientras nosotros nos quedamos de brazos cruzados y observamos ha TERMINADO. Exigimos que estos países se comprometan a no crear una nueva moneda BRICS ni a respaldar ninguna otra moneda que sustituya al poderoso dólar estadounidense, o se enfrentarán a aranceles del 100% y deberían esperar decir adiós a las ventas a la maravillosa economía estadounidense. ¡Que se busquen otro “tonto”! No hay ninguna posibilidad de que los BRICS sustituyan al dólar estadounidense en el comercio internacional, y cualquier país que lo intente debería decir adiós a Estados Unidos”.
Si bien China es el principal objetivo de Estados Unidos porque es el rival más poderoso pera destronar su hegemonía, el grupo que integra el gigante asiático con Brasil, Rusia, India, Sudáfrica, Etiopía, Irán, Egipto y Emiratos Árabes Unidos ya dejó atrás al PBI, mídaselo como se lo mida, del G7 y va por más. La forma de seguir creciendo, saben, es romper con la dependencia de la moneda estadounidense para las transacciones internacionales. Por otro lado, el dólar viene perdiendo presencia en gran medida debido a las sanciones con las que EEUU y la UE pretendieron doblegar a Rusia por la guerra en Ucrania. Una de las cuales es haber incautado unos 300.000 millones de dólares en activos en bancos europeos.
Nada de lo que ocurre en política internacional debería atribuirse a la casualidad. Con esta premisa, se pueden trazar las líneas de fondo que subyacen en el Medio Oriente en una semana en la que al tiempo que la administración saliente de Joe Biden y la entrante de Donald Trump llegaron a un acuerdo estratégico en quizás el único lugar en que no tienen mayores diferencias: el apoyo al Estado de Israel. De tal manera que lograron coordinar un alto el fuego entre el gobierno de Benjamin Netanyahu y el grupo chiíta Hezbolláh en El Líbano, que por ahora no se está respetando tanto como dicen los papeles. Al mismo tiempo, “misteriosamente” fuerzas yihadistas avanzan en varios barrios de la ciudad siria de Aleppo, en una reaparición que tensa la situación hasta ahora calma para la presidencia de Bashar al Assad. Todo en un escenario en que en el otro campo de disputa hegemónica, Ucrania, todavía la OTAN trata de metabolizar la implicancia del misil Oreshnik para el futuro de una guerra a esta altura casi definida para Rusia.
Para dar cuenta de estas últimas definiciones habría que partir del fallo del Tribunal Penal Internacional de La Haya (TPI) del jueves 21 de noviembre que pide la detención de Netanyahu y de su exministro de Defensa, Yoav Gallant, por delitos de lesa humanidad. Huelga decir que Tel Aviv inscribió esa acusación en el marco de una decisión antisemita del mismo tribunal que había dictado en 2023 una medida similar contra Vladimir Putin. La novedad es que primero Francia y luego Países Bajos se apuraron a afirmar que no habrían de cumplir con ese mandato en el caso de que el primer ministro israelí quisiera visitar sus territorios. El caso es que ambas son naciones que firmaron el Estatuto de Roma, que obliga a cumplir con las resoluciones. A menos que estén adelantando el fin de esa institución a la que, además, no adhieren Israel, Estados Unidos, China, India y Rusia, entre otros.
Sin embargo, un reclamo contra el mandatario israelí lo convierte en un paria para la comunidad internacional o al menos le dificulta la libertad de movimiento y fundamentalmente la autoestima. Lo cierto es que esa cuestión aceleró en el otro lado del Atlántico la voluntad de sentar a Israel a una mesa de negociaciones para ponerle un freno a una ofensiva sobre el sur del Líbano que ya causó alrededor de 4000 muertos y más de 16.000 heridos, según el Ministerio de Salud Pública libanés, e impacta en la transición en EE UU. Como en Líbano Francia también tiene su influencia política, las versiones circulantes y que no habría que desdeñar indican que el presidente Emmanuel Macron habría también intervenido para “convencer” a Netanyahu.
La otra pata de este tablero candente, el este europeo, también encuentra otra serie de “casualidades permanentes” en Ucrania. Joe Biden autorizó en su gira sudamericana -entre la cumbre de la APEC en Lima y la del G20 en Rio de Janeiro de mediados de mes- a que Kiev lance misiles de largo alcance provistos por Washington contra territorio ruso. Las fuerzas de Volodimir Zelenski mandaron seis cohetes ATACMS contra la región de Briansk. La respuesta fue el misil hipersónico Oreshnik de seis ojivas con carga convencional de seis cabezas cada una. El aparato, indetectable actualmente, viaja a diez veces la velocidad del sonido y alcanzaría a cualquiera de las grandes capitales europeas en entre 10 y 20 minutos. Si se lanzaran desde el extremo oriental de Rusia los números serían similares para las ciudades estadounidenses.
Putin explicó que la ojiva puede llegar a los 4000 grados de temperatura, lo que la hace altamente letal incluso sin un cargamento nuclear. Y que ordenó la fabricación en serie porque había demostrado su efectividad destruyendo la fábrica de armamento de Yuzhmash, erigida en la época soviética. Estos días hubo otro intercambio de ATACMS y Storm Shadows y una nueva réplica de Oreshnik. ¿Querían probar si Moscú tenía alguno más?
Foto: Xinhua
Los europeos habían anunciado preparativos para la III Guerra Mundial y nada indica que se bajen de esa ofensiva, al menos verbal, aunque por ahora desde Washington les llega la palabra de Trump, que avisa su voluntad de terminar con la guerra. Esta semana, Zelenski dijo que estaría dispuesto a arreglar a condición de que Ucrania ingrese a la OTAN. «Si queremos detener la fase caliente de la guerra, el territorio de Ucrania que tenemos bajo nuestro control debe ser tomado bajo el paraguas de la OTAN», dijo a Sky News. Aunque se mantiene en que las fronteras son las reconocidas internacionalmente desde 1991, dice que está dispuesto a “negociar la devolución del resto de los territorios más adelante de manera diplomática”.
Desde Moscú, Putin dice que lo pasado pisado, que esa era una opción que se perdió cuando Kiev no aceptó el acuerdo de paz promovido por Turquía al comienzo de la contienda y antes, en los Acuerdos de Minsk de 2014. Las fuerzas rusas, por lo demás, a los frentes de Ucrania y Kursk en territorio ruso, le tuvieron que agregar estos días Siria, donde se despliegan en defensa del gobierno de Bashar al Assad y de su base en Tartus. “Las llaves del Kremlin se encuentran en Damasco”, aseguran que dice en los pasillos del Palacio Imperial.
No todo es Ucrania y Medio Oriente en las profundas convulsiones que se registran en la geopolítica actual y que no casualmente rondan la Federación de Rusia, China y la India, pilares de la nueva conformación del mundo que avanza a pesar de los remilgos y operaciones de EE UU y la OTAN. Esta semana, sin ir tan lejos, se potenció en Georgia el conflicto de la presidenta prooccidental con el parlamento, controlado por un partido más cercano a Moscú, mientras que en Pakistán las fuerzas del ex primer ministro Imran Khan fueron ferozmente reprimidas cuando marchaban hacia Islamabad para exigir la liberación de su líder, depuesto en abril de 2022 mediante un golpe militar avalado por la Casa Blanca, mientras el gobierno central debe enfrentar en el distrito de Kurram, en la provincia pakistaní de Jaiber Pastunjuá violentos choques entre sunies y chiitas que ya dejaron un saldo de más de 110 muertos y otros tantos heridos. En Rumania, en tanto, la Corte Constitucional ordenó el recuento de votos de la primera vuelta de la elección presidencial, que dio ganador al prorruso Calin Georgescu y dejó fuera del balotaje al actual primer ministro, Marcel Coilacu, superado apenitas por Elena Lasconi. Para desgracia de los franceses, que nunca se resignan a perder del todo sus colonias africanas, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chad anunció además el viernes la rescisión del acuerdo de cooperación en seguridad y defensa que el país mantenía con su exmetrópoli.
En Tiflis, más de cien manifestantes fueron detenidos y hubo una veintena de heridos entre civiles y policías por las protestas frente al Parlamento de opositores a la conformación de ese poder y sobre todo, por la decisión del primer ministro Irakli Kobajidze de suspender hasta 2028 las negociaciones para que el país ingrese a la Unión Europea. La presidenta Salomé Zurabishvili -un cargo no ejecutivo- alienta el rechazo a la relección de Shalva Papuashvili como presidente del Parlamento. Se trata de un dirigente del mismo partido del premier, Sueño Georgiano, que el 26 de octubre obtuvo 53% de los votos en los comicios y ahora impulsa la realización de elecciones presidenciales antes de fin de año porque se vence el periodo constitucional de Zurabishvili sin posibilidad de renovar. La mujer desconoce el resultado electoral de octubre, lo mismo que Bruselas, que alegan inteferencia externa, léase rusa.
Lo de Rumania tiene un talante parecido. Georgescu dio lo que se considera un batacazo porque no estaba en los cálculos de nadie. Nacionalista y de derecha, dice que Rusia garantiz la paz en Europa. Su candidatura fue potenciada a través de la red TikTok y ahora todos se preguntan ¿Cómo no la vimos venir? Los que no lo quieren en el gobierno, proeuropeos y específicamente la UE, rechazaron el resultado de las urnas y llegaron a pedir nuevos comicios. La segunda vuelta será el 8 de diciembre. El hombre logró un 23% de sufragios, seis puntos más que la segunda, que sólo pasó por 2000 votos de diferencia.
El presidente parece necesitar la pelea permanente. Cuando no es un opositor –la elegida ahora es Cristina Fernández de Kirchner–, son legisladores o periodistas. Cada tanto desde sus huestes chuceaban a su compañera de fórmula y actual vicepresidenta. Ahora, directamente, el primer mandatario apuntó contra Victoria Villarruel, elevando la tensión institucional de un modo que ya es costumbre en las últimas décadas. Baste recordar los cruces de Cristina Fernández con Julio Cobos a siete meses de asumir el cargo, en 2008, o de ella misma con Alberto Fernández desde 2019. Y más atrás en el tiempo, la disputa entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde, o la renuncia de Carlos Chacho Álvarez a su cargo durante la presidencia de Fernando de la Rúa. Lo que marca una diferencia es que ahora los choques ocurrieron desde el 10 de diciembre de 2023, con la designación del primer gabinete de Javier Milei. Y se da de un modo mucho más violento a través de las redes sociales, donde la Casa Rosada tiene un batallón de trols con los que todavía la vicepresidenta no cuenta, aunque se nota el «esfuerzo».
Durante la campaña habían establecido que Villarruel se ocuparía de los temas relacionados con la seguridad, la defensa y la inteligencia del Estado y Milei del resto. Pero para ganar el balotaje, el paleolibertario debió hacer un acuerdo con el PRO por el cual los integrantes de la fórmula de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich y Luis Petri, ocuparon ambas carteras, mientras que la agencia de espionaje la terminó ocupando la gente de Santiago Caputo.
Villarruel, que representa la pata reivindicadora de la dictadura dentro del conglomerado de La Libertad Avanza, no se quedó quieta y avanzó hacia la construcción de su propio espacio. Si bien ambos dirigentes tienen en la ultraderecha su espacio de referencia, eran inevitables las diferencias, que en rigor de verdad tienen profundas raíces dentro de las élites vernáculas. Por un lado, un liberalismo a ultranza cercano al desprecio sarmientino por todo lo nacido de estas tierras, consideradas bárbaras en contraste con la civilización que viene de las culturas occidentales. Jorge Luis Borges dijo alguna vez que se sentía «un europeo en el exilio», y este gobierno creó una Secretaría de Culto y Civilización dentro de la cancillería.
Villarruel, en cambio, apela a un nacionalismo católico que, para los historiadores, apela a la idea de una defensa de lo nacional con los que se justificaron todos los golpes de Estado que luego aprovecharon los liberales para tomar el poder e implementar un plan económico extranjerizante. La «oligarquía con olor a bosta» que ya había advertido el «padre del aula». Por eso, la vicepresidenta, que por un lado maniobra para sacar de las prisiones a los militares detenidos por delitos de lesa humanidad, al mismo tiempo recorre las provincias en cuanto acto pueda mostrarse con vestimenta gauchesca.
El 20 de noviembre, en la celebración del Día de la Soberanía, que recuerda la batalla de la Vuelta de Obligado, cuando en 1845 las fuerzas al mando del general Lucio Mansilla intentaron resistir el ingreso de buques de Inglaterra y Francia por el río Paraná para «abrir los mercados» sudamericanos al comercio europeo, posteó su homenaje.
“Día de la Soberanía Nacional. Cuando la Azul y Blanca se plantó ante las dos mayores potencias colonialistas de la tierra. Hazaña americana recompensada con el sable del Libertador José de San Martín. Gloria y Honor a los bravos de la Vuelta de Obligado. ¡Viva la Patria!” pic.twitter.com/N3U5DGaVRs
Ese acontecimiento se produjo durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, personaje incómodo para esas oligarquías, que en el periodo de Carlos Menem fue figura de un billete que la inflación condenó al olvido. Un usuario de la red X cercano al exsecretario de Comercio, Guillermo Moreno, subió en su cuenta de X un video donde se ve el gesto de rechazo de Villarruel ante un discurso de Milei que reivindica a Justo José de Urquiza, el gobernador entrerriano que comandó las tropas que derrotaron a las fuerzas de Rosas en la batalla de Caseros.
“Día de la Soberanía Nacional. Cuando la Azul y Blanca se plantó ante las dos mayores potencias colonialistas de la tierra. Hazaña americana recompensada con el sable del Libertador José de San Martín. Gloria y Honor a los bravos de la Vuelta de Obligado. ¡Viva la Patria!” pic.twitter.com/N3U5DGaVRs
Como anecdótico quedó que justo ese 20 de noviembre el Gobierno anunció la licitación de la vía navegable del Paraná, la llamada Hidrovía, la principal salida para la producción nacional.
La vicepresidenta había viajado un par de días antes a Entre Ríos para la Fiesta Nacional del Arroz. Un gesto que fue severamente condenado en X por cuentas mileístas.
Gracias al pueblo entrerriano por invitarme a la Fiesta Nacional del Arroz, son momentos donde compruebo de qué somos capaces los argentinos si estamos unidos. El arroz es como la argentinidad, noble, resistente y muy resiliente. Gracias a todos los productores por mostrarnos el… pic.twitter.com/0gnpdB9Tc4
La diputada Lilia Lemoine, que tiene a Villarruel entre ceja y ceja y la llama despectivamente «Bichacruel», se encargó de avanzar en sus críticas más despiadadas y en sendos reportajes radiales y televisivos descargó su ira contra la vicepresidenta, que se había atrevido a caratular como «Jamoncito» al primer mandatario, en una de las embestidas más certeras contra el mandatario.
Compartí abajo una captura de cuando te bloqueó Bichacruel; y si no te bloqueó, ¿qué estás esperando para dejarle una verdad incómoda en su perfil y obtener tu captura?
Esta ruptura, que ya parece irreversible, se potenció luego de una entrevista del presidente con uno de sus divulgadores más cercanos, Esteban Trebucq, por el canal LN+. Preguntado por la relación entre ambos compañeros de fórmula, Milei dijo que el trato que mantienen es estrictamente institucional, que ella no participa de las reuniones de gabinete ni comparte muchas de las políticas de su gestión, y agregó: «Ella está mucho más cerca del Círculo Rojo y de lo que llama “la alta política” y nosotros llamamos “la casta”».
El revuelo fue de tal magnitud que tanto el vocero Manuel Adorni como el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, ensayaron una pirueta asombrosa para tratar de seguir sosteniendo que «no pasa nada» y que todo está en calma entre la sede del Gobierno y la presidencia del Senado, esas dramáticas 15 cuadras sobre la Avenida de Mayo. «Cuando el presidente dice que está cerca de la casta se refiere a que trabaja con los bloques de senadores para llevar adelante las propuestas del Gobierno nacional», le dijo Francos al comunicador Jonathan Viale. Al cierre de esta nota, la vicepresidenta no había respondido a Milei. En cambio, sí lo hizo con Lemoine. En la red X, tomando el mensaje de una usuaria que llamaba «Miss Rivotril» a la legisladora, reivindicó el mote «Bichacruel» que le endilgan, señalando que es «un sobrenombre épico». Como se aprecia, un debate político de alto vuelo.
Analistas políticos afines al oficialismo coincidieron en que Milei aprovechó una semana en la que alega tener viento a favor para marcarle la cancha a Villarruel. Hablan de datos de inflación y actividad económica y pintan a un presidente envalentonado por la visita de los jefes de estado de Francia e Italia a Buenos Aires. Dejan de lado el rol que le cupo en la cumbre del G20 en Río de Janeiro y de la forma en que morigeró sus improperios contra Lula da Silva y Xi Jinping. Presionado en un caso para firmar un acuerdo por un gasoducto de Vaca Muerta a Brasil, y en el otro por los famosos swaps y el proyecto hidroeléctrico en Santa Cruz.
¿Habrá una fumata blanca similar entre Milei y Villarruel?
Que Volodimir Zelenski se queje por el lanzamiento de un misil ruso sobre una fábrica de armamento en Dnepropetrvosk parece un sketch de una de las comedias que solía protagonizar hasta que se metió en la carrera política, en 2018. Porque durante la semana, había aprovechado rápidamente el permiso de Joe Biden para utilizar seis misiles de largo alcance ATACMS de fabricación estadounidense y dos Storm Shadow británicos sobre territorio ruso, sin mayores daños materiales ni víctimas. Lo esperable era una respuesta por lo menos igual de Vladimir Putin. Pero tanto en Ucrania como en la OTAN y la agonizante administración demócrata captaron el mensaje del Kremlin. Se trató de un misil hipersónico Oreshnik que podría llegar a Berlín en 14 minutos, a Bruselas en 14 y a Londres en 19. Viaja a una velocidad de Mach 10 y por el momento occidente no tiene como detectar ni frenar. Por si fuera poco, porta seis ojivas independientes, cada una de las cuales tiene otras seis, 36 en 1. Cada una de ella podría tener una cabeza nuclear, algo que esta vez no ocurrió.
La mojada de oreja de Biden desde Manaos, en el Amazonas –camino de la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Lima a la del G20 en Río de Janeiro– cuando dio el OK al reclamo del presidente de Ucrania, corre el arco hacia una confrontación incluso nuclear. De allí el otro mensaje de Putin al firmar este lunes la modificación de la Doctrina Nuclear rusa, que considera usar armamento atómico ante un ataque de un país que, aunque no tenga ese tipo de artefactos, esté apoyado por naciones que sí los tengan y provean los implementos. Lo que causó el rechazo de los países de la UE y la OTAN.
No se anduvo con vueltas el mandatario ruso: señaló que los misiles en manos de Kiev son operados por personal de EE UU y del Reino Unido, con lo cual la guerra ya no solo es con Ucrania. Puntualizó también que el Oreshnik (Avellana, en castellano) es un misil experimental y como probó su efectividad en el teatro de operaciones, ordenó fabricarlo en serie. El complejo militar-industrial ruso está demostrando, desde su intervención en Siria desde 2015, ser superior al estadounidense, que contaba con picar en punta en Ucrania desde más o menos la misma fecha y embolsó dinero a carradas gracias al actual jefe del Pentágono, Lloyd Austin III, ex directivo de una de ellas, Raytheon.
En Europa entendieron de qué viene ahora la cosa y se están preparando para lo peor. Esta semana se conocieron detalles de los manuales de supervivencia que Suecia y Finlandia, los últimos socios de la alianza atlántica, le entregan a sus poblaciones, y los nuevos protocolos para las fuerzas armadas alemanas. Desde el otro lado, el Ministerio de Emergencias ruso mostró los refugios portátiles KUB-M, con capacidad para 54 personas y protección contra la radiación nuclear. Es también una forma de guerra psicológica para todos, pero de paso…
Sin embargo, la OTAN particularmente registró que de EE UU no pueden esperar nada si no arreglan con Donald Trump, que asumirá la presidencia en 57 días. El futuro inquilino de la Casa Blanca no habló esta vez, aunque prometió en campaña terminar con la guerra y su colaborador estrella, Elon Musk, venía insistiendo en la necesidad de reconocer la soberanía rusa en los territorios de Crimea y Donbass. En su primer período de gobierno, Trump había amenazado con retirarse de la OTAN si los europeos no ponían más fondos para su defensa. Cosa que hicieron con creces desde 2021.Donald Trump Jr., el primogénito del empresario inmobiliario, calificó a la movida de Biden como una maniobra de la industria bélica para dejarle una guerra a su padre.
El caso es que el neerlandés Mark Rutte, flamante secretario General de la OTAN, viajó de apuro a Palm Beach, Florida, para entrevistarse con el electo 47° presidente de EE UU y con el designado asesor de Seguridad Nacional, Mike Waltz en el marco de conversaciones secretas que Trump estaría manteniendo con Zelenski y Putin vía Zoom. Walz, coronel de la reserva galardonado con cuatro Estrellas de Bronce por su participación en Afganistán, África y Medio Oriente, fue lapidario con la autorización a Zelenski: «Es otro paso en una escalada que nadie sabe adónde conduce». Varios analistas advierten sobre la posibilidad de algún ataque de falsa bandera que empioje las cosas y justifique una nueva vuelta de tuerca que desate una respuesta brutal de Rusia.
El que percibe el tiempo que le toca vivir es el canciller alemán, Olaf Scholz. Golpeado por la renuncia de su ministro de Finanzas, Christian Lindner, y sin soportes para continuar en el gobierno, llamó a elecciones adelantadas para el 23 de febrero. La caída de la actividad económica por la guerra en Ucrania y el incremento del costo de la energía a raíz de las sanciones -que siguió al pie de la letra- pusieron a la ex locomotora de Europa contra las cuerdas. La semana pasada, Sholz habló por teléfono una hora con Putin sin que se difundiera el contenido de la charla. Este lunes anunciará que se postula nuevamente para el cargo por el partido Social Demócrata (SPD en alemán). En su plataforma prometió evitar que la OTAN entre en un conflicto directo con Rusia.
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