Lo primero que llama la atención de Manssour Bin Mussallam es su castellano perfecto, hasta con un dejo caribeño en la entonación. Dice que siempre le atrajo América Latina y eso lo llevó a recorrer Cuba, México, y a interesarse en las culturas regionales. Que estas regiones son un espejo del mundo árabe. El joven saudita es secretario general de la Organización de Cooperación del Sur (OCS) vino para el Coloquio del Gran Sur que se desarrolló en la Universidad de Avellaneda y del que participaron intelectuales y dirigentes argentinos y latinoamericanos -entre ellos Jorge Taiana, Atilio Boron, Daniel Filmus y Ricardo Forster), aunque no vinieron todos los que estaban convocados de fuera del continente. “Los servicios consulares de la Argentina han rechazado a todos los participantes africanos e incluso a muchos de mi propio equipo en la OCS”, lamenta. Así, sin explicación oficial.
–¿Por qué razón considerás que nuestras regiones son como espejos?
–Somos dos regiones unidas más o menos por un solo idioma y una cultura similar con un deseo, un anhelo transgeneracional de unidad. Fracasó la unidad, pero el anhelo sigue existiendo. No hay otras regiones así. Como árabe, siempre me fascinó América Latina porque me reconocía en eso.
–¿A qué atribuís el fracaso de la unidad?
–Podría entrar en los temas históricos, pero yo creo que habría que hablar de herramientas y estructuras. Regis Debray dice que se habla cada vez menos de pueblo. Se habla de la gente, de la población. ¿Y cuál es la diferencia? Una población es el conjunto de individuos que ocupan un espacio. Un pueblo es una población que ha atravesado el tiempo y el espacio, y ya tiene una memoria colectiva y tiene custodia de una promesa de porvenir. La integración o la unidad requiere de fundar pueblo. Y para fundar un pueblo necesitamos tiempo. Desafortunadamente creo que todas las herramientas que hemos articulado en América Latina tal como en el mundo árabe tienen o han tenido el problema de surgir desde la afinidad ideológica o personal entre nuestros líderes.
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–¿Cuál sería el problema?
–Cambia el gobierno y el gobierno siguiente, no del mismo bando, se retira de la herramienta y se acabó la integración. Las herramientas necesitan estabilidad, sobrevivir en el tiempo y fundar pueblo. Nos hemos limitado a los acuerdos entre los gobiernos y no hemos construido puentes entre los pueblos. Una de las propuestas que tenemos desde la OCS es el programa Freyre, (Framework to Reinforce Exchanges Between Youth and Regions Through Education, Marco para Reforzar los Intercambios Entre las Regiones y la Juventud Mediante la Educación). Es en honor por supuesto de Paulo Freire y es justamente como un Erasmus (el programa de intercambio de la Unión Europea) del sur. Para tener movilidad estudiantil entre nuestros tres continentes, cosa que ni siquiera existe en América Latina como tal, ni en África, ni en el mundo árabe. Somos una organización enfocada en el sur, en nuestros tres continentes, pero no somos dogmáticos. Hay que aprender también de las experiencias exitosas en el norte como a mi juicio es la UE, países que no comparten idioma. En la UE se habla inglés y no es el idioma de ninguno de los estados miembros.
–De uno que no quiso ser.
–Y entre países que en toda su historia se hicieron la guerra. Pero tuvieron éxito, ¿por qué? Porque no empezaron por acuerdo político, lo empezaron en términos económicos, pero además, e primer lugar se dieron cuenta de que si queremos competir necesitamos trabajar conjuntamente. Y segundo, Erasmus. Cuando un joven estudia en otro país por seis meses, se erige un puente sostenible que sobrevivirá a cualquier giro geopolítico. Y eso no supimos hacerlo en el sur, en América Latina, en el mundo árabe.
–Hablemos un poco de la OCS.
–La OCS nació en enero 2020, en una cumbre internacional en la República de Yibuti, fundada en aquel momento por 27 estados. Hoy somos 28 y hay algunos que en los próximos días cumplirán los procedimientos para sumarse. Son estados de América Latina y el Caribe, África, Asia, con la convicción de que necesitábamos una herramienta nuestra, un espacio nuestro como países para cooperar. Son tres continentes, la mayor parte de la humanidad, con una diversidad extraordinaria, que comparten entre otras cosas, una historia despojo, de resistencia. Compartimos una realidad de injusticia estructural y económica. Y tenemos anhelos y aspiraciones comunes de construir un mundo mejor. Existen espacios de cooperación, como el Movimiento de No Alineados, por ejemplo. Imprescindible, pero sin capacidad ejecutiva de implementar decisiones. El G-77 más China, un espacio importante, pero una coalición dentro del marco de la ONU para negociaciones. Nuestros estados llegaron a la conclusión de que necesitábamos una herramienta, una organización nuestra con una secretaría ejecutiva capaz de implementar los programas. Es una organización intergubernamental y multilateral que no tiene un Consejo de Seguridad donde unos pocos estados toman todas las decisiones a nombre de los demás. Es un proceso completamente democrático. Tenemos una ideología que es la de la transformación y no solamente la reforma de la realidad de nuestro mundo en lo que llamamos la construcción de una Tercera Vía de Desarrollo.
–Necesito una aclaración porque me suena mucho a la Tercera Vía de Tony Blair.
–Entiendo la confusión, de hecho creo que fue un error, una equivocación, usar la palabra Tercera Vía, cuando la intención era decir una alternativa.
–Acá te habrán hablado de la Tercera Posición.
–Sí, es algo similar, y de hecho, yo le he robado algo a Perón. Hay una carta de él donde define al peronismo como «un río en el que confluyen múltiples corrientes”. La Tercera Vía es esto, un río poderoso donde confluyen múltiples corrientes que discurren, soberanas pero simbióticas, hacia un mismo horizonte. Tenemos algunos principios, las soberanías que se mencionan en la Carta Meridional (su reciente libro) y un multilateralismo solidario, equitativo y de igualdad entre las partes. Dentro de ese marco, cada país, cada pueblo tiene que encontrar sus propios caminos. Uno de los principios que articulamos es la industrialización de alto valor agregado y el desarrollo endógeno. Por supuesto, no pretendemos que la OCS es el Alfa y el Omega. Necesitamos articular otras herramientas y una de ellas tiene que ver con la capacidad financiera. La OCS está trabajando sobre la creación del Banco de Desarrollo del Gran Sur. Necesitamos nuestras propias instituciones capaces de financiar nuestros proyectos como países.
–¿Qué diferencia tendría con el banco de los BRICS?
–Nuestro enfoque es principalmente en la cooperación sur-sur concreta, tangible, sin una dimensión excesiva de geopolítica. No hay que ser un gigante económico para involucrarse. El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) es una herramienta interesante, pero sus estatutos no son muy distintos a los del Banco Mundial. Nuestra propuesta es otra, no en contradicción, sino en paralelo. Sería como el banco de los que creen en la equidad y la igualdad. Todos los bancos de desarrollo, en general, funcionan como las empresas privadas: el país que aporta más tiene más voto. En este banco, el 100% de sus acciones serán detenidas por la OCS misma. La Asamblea General de la OCS es la autoridad última del banco. No estamos intentando solo reformar el mundo, un cambio cosmético, sino cambiar las dinámicas subyacentes de injusticia, transformar nuestras sociedades. Necesitamos tener política en el sentido noble, hay que politizar. Y politizar no es hablarle a al pueblo. Es hablar con el pueblo, en el sentido de Paulo Freire, en el sentido pedagógico de conversar con el pueblo. Tenemos que reconquistar nuestra capacidad de soñar, tenemos que relegitimar el sueño dentro de la política, porque sin sueños no hay movilización y sin movilización no habrá transformación.
–La OCS también creó una plataforma para investigadores y científicos. ¿De qué se trata?
–Es una herramienta digital, GreSIS, (https://gresis.osc.int), para promover la cooperación entre investigadores del Sur Global. Está en su fase Beta, es de código abierto y brinda acceso gratuito a las universidades a una base de datos, a un repositorio de artículos, publicaciones transdisciplinarias. Se lanzó en febrero 2024 y hasta diciembre sumó más de 400.000 publicaciones y artículos. El objetivo es llegar a 3 millones en dos años. Usa inteligencia artificial para traducir instantáneamente en español, francés, inglés y árabe con una precisión de entre el 90 y 95 por ciento. No para decir «no necesitamos ya traductores humanos», pero sí permite superar la barrera lingüística inicial.
Para Donald Trump, los aranceles resultan ser la continuidad de la guerra por otros medios. Y le acaba de declarar la guerra no sólo a Brasil, con la excusa de defender a su amigo Jair Bolsonaro, sino a sus principales socios estratégicos, a los que prometió aplicar tarifas de entre 30 y 40% desde el 1 de agosto si no se doblegan a sus demandas. En este marco, el 50% contra el gigante sudamericano no representa tanto más que el 35% que anunció para Canadá, el 30% a la Unión Europea y México, el 25% a Japón y Corea del Sur o, puntualmente, el 200% contra productos farmacéuticos australianos. El caso de Brasil tiene otro aditamento geopolítico: esta semana se realizó en Río de Janeiro la XVI Cumbre de los BRICS, donde los países que integran ese bloque avanzaron en la discusión, entre otras “menudencias”, del sistema de comercio mundial, la desdolarización y la condena del uso coercitivo de medidas unilaterales, como precisamente esta amenaza Trump. No olvidaron en el documento final la situación en los territorios ocupados de Palestina y Gaza. Y en todos estos aspectos, el anfitrión de ese encuentro fue figura descollante, aun teniendo que lidiar contra un frente interno tortuoso.
Habrá que decir que esta guerra de Trump se plantea como una nueva batalla de la que anunció desde el día que regresó a la Casa Blanca, en enero pasado, cuando en su discurso inaugural abundó en loas al 25º presidente, William McKInley, que “hizo a nuestro país muy rico, a través de aranceles y talento”. McKinley, también, fue expansionista (Cuba, Puerto Rico, Guam, Filipinas) y murió baleado por un joven anarquista en 1901, pero esa es otra historia.
Habrá que decir igualmente que tal vez la primera guerra contra los BRICS fue la de los Doce Días contra Irán, comenzada por Israel el 13 de junio pasado y culminada luego del bombardeo de EE UU a la planta nuclear de Fordow y la réplica persa en la base de Al Udeid, en Qatar. Esta segunda etapa, en cuanto al gobierno de Lula, resulta una defensa burda e irrespetuosa del exmandatario brasileño, imputado por el intento de golpe de estado de enero de 2023. Mientras Trump habla de una caza de brujas, el Supremo Tribunal Federal analiza la detención del exmandatario por riesgo de fuga y el gobernador de San Pablo, Tarcisio Gomes de Freitas sugiere que si lo dejan viajar, Bolsonaro soluciona el tema directo con Trump.
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El inquilino de la Casa Blanca, en tanto, fue muy activo estos días en cartas publicadas en su red Truh Social a los jefes de Estado de una veintena de naciones avisando de qué venía la cosa. La titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, respondió -sumisa- al anuncio de las tarifas para la región que “la UE prefiere invariablemente alcanzar el acuerdo con EE UU mediante negociaciones, lo cual muestra nuestra adhesión al diálogo, a una asociación transatlántica estable y constructiva”. El mes pasado, el primer ministro australiano, Anthony Albanese, pasó un papelón cuando intentó una bilateral con Trump y lo dejaron pagando. El premier canadiense, Mark Carney, que ganó la elección con la promesa de que no cederá a la presión de convertirse en el 51º estado de EE UU, cuando la cumbre del G7 en la ciudad de Kananaskis dijo que habían iniciado conversaciones para llegar un acuerdo antes del 9 de julio, la fecha tope que se había fijado Trump. Pero este viernes el empresario inmobiliario recurrió en una misiva pública al argumento del tráfico de fentanilo a través de las fronteras par aplicar el 35% de tasa. Lo mismo le dice a la presidenta mexicana, Claudia Scheinbaum, aunque le hace precio: 30%.
Lula, por su parte, tiene pocas chances de ir a negociar a Washington, aunque quisiera. Cosa difícil porque implicaría aceptar términos que el exdirigente metalúrgico no está dispuesto a hacer. Sus primeras menciones al hecho destacaron que Trump “esta muy mal informado” sobre los cargos contra Bolsonaro, al que llamó “aquella cosa cobarde” que preparó el golpe cuando Lula recién asumía su tercer mandato. Por otro lado, si bien es cierto que los aranceles impactarían de manera importante, EE UU representa el 12% de las exportaciones brasileñas, “menos de la mitad de las ventas a China”, destaca a la cadena CNN el economista André Perfeito. El ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Favaro ya adelantó que Brasil buscará mercados alternativos para sus productos en Oriente Medio y el sur de Asia. Ventajas de estar en los BRICS.
Los medios argentinos ya comenzaron a hacer evaluaciones sobre el impacto que podría tener en el país el golpe arancelario contra el Brasil de Lula. Por el incremento de ofertas brasileñas hacia este lado de la frontera, pero también por la posibilidad que se le podría abrir a la Argentina en el mercado estadounidense. No es de descartar que Javier Milei busque avanzar en las migajas geopolíticas que vislumbra, como es el sueño húmedo de las elites que representa. Es decir, ser la cabeza de puente del imperio angloestadounidense en América del Sur en lugar de Brasil, que ocupó ese lugar desde la Segunda Guerra Mundial, cuando de este lado Juan Perón pugnaba por la integración y mayores grados de independencia. Milei, que espera ansioso una carta de Trump, hizo los deberes en la cumbre de Mercosur con el intento de petardear la integración.
Las denuncias de Francesca Albanese que Israel y EE UU no quieren oír
La Casa Blanca anunció el miércoles sanciones contra la relatora especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, a la que acusa de haber llevado a cabo una «campaña de guerra política y económica» contra Estados Unidos e Israel que «ya no será tolerada». Fue el secretario de Estado, Marco Rubio, quien dio el aviso, mediante un comunicado en el que fustiga «sus ilegítimos y vergonzosos esfuerzos para impulsar la acción del Tribunal Penal Internacional (TPI) contra funcionarios, empresas y ejecutivos estadounidenses e israelíes». No sólo eso, Rubio se justifica en que «ni Estados Unidos ni Israel son parte del Estatuto de Roma», por lo que la abogada italiana comete «una grave violación de la soberanía de ambos países». Y en esa bolsa mete como antecedente la recomendación de las órdenes de arresto del TPI contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa Yoav Gallant que La Haya dictó en mayo de 2024. ¿Cuál es el pecado de Albanese? Investigar, recopilar información sobre crímenes cometidos por tropas israelíes en el marco de la ocupación ilegal de ambos territorios y especialmente de la ofensiva desatada tras los ataques de grupos islamistas el 7 de octubre de 2023. El pasado 3 de julio, en una intervención en el Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra, Albanese denunció que «Israel es responsable de uno de los genocidios más crueles de la historia moderna». Y agregó: “la situación en los Territorios Palestinos ocupados es apocalíptica”, para luego dar una lista de corporaciones que no solo son partícipes necesarios en las matanzas sino que se benefician directamente del genocidio. En su informe, nombra a más de 60 empresas involucradas en el apoyo a los asentamientos israelíes y las acciones militares en Gaza. Entre ellas, IBM («que permite a Israel la recolección y almacenamiento de datos biométricos de los palestinos», dice) y Microsoft, que facilita su tecnología en operaciones militares. Amazon y Google colaboran en programas de gestión y Palantir suministró inteligencia artificial a las FDI. Las firmas más obvias son las de provisión de armamento y equipamiento, como la estadounidense Lockheed Martin, que fabrica los aviones de combate F-35, y FANUC Corporation de Japón. También figuran las petroleras BP y Chevron, las entidades financieras BNP Paribas, Barclays, Allianz y los fondos Blackrock y Vanguard, que, dice Albanese “han canalizado miles de millones de dólares en bonos del tesoro y hacia compañías directamente involucradas en la ocupación y el genocidio israelí”.
Aziz Salmone Fall, politólogo, cineasta y activista senegalés-egipcio, se siente cercano al país por más de una razón. Aquí murió un sobrino, Massar Ba, en circunstancias no esclarecidas del todo; es la patria de Ernesto Guevara; y aquí surgieron proyectos como el peronismo. Docente en las universidades UQAM (Quebec en Montreal) y McGill, también de Canadá, fue invitado a una conferencia en la Universidad Nacional de Avellaneda en el marco de la celebración del Día de la Organización de la Cooperación del Sur (OCS), y desde su alojamiento porteño se sorprendió por la concentración de símbolos de la aristocracia en el Cementerio de la Recoleta y con una estatua al líder del MPLA y primer presidente de Angola, Agostinho Neto, justo enfrente.
“La cuestión en todo el mundo -reflexiona- es que estamos pasando de un período monopolista a uno oligopólico, donde la ostentación de la plutocracia y los oligarcas prevalece cada vez más. En Argentina es un microcosmos de la brutalidad del sistema mundial”.
-¿La brutalidad?
-Se trata de una violencia estructural basada en el eurocentrismo. Es una mezcla de problema psicocultural pero también político y económico. Hay un pequeño estrato de la población que quiere seguir siendo europeo.
-Borges decía que se sentía como un europeo en el exilio.
-Esta la creencia de que siguen siendo europeos, mientras los propios europeos están cambiando.
-En Buenos Aires y las grandes ciudades sí, pero en el resto del país no es tan así.
-Hay un estrato en el centro de la burguesía que quiere parecerse a Europa. Es lo que (el peruano Aníbal) Quijano llama colonialidad. Es más complejo que el colonialismo porque si el colonialismo desaparece, este culturalismo no va a desaparecer. Borran el hecho de que la clase media y la población pobre también vinieron de Europa y son la gran mayoría blanca, pero cuando son pobres, se les considera como negros. Cuando se habla con afrodescendientes dicen eso, que sus colegas son los argentinos pobres.
-¿Que cambió en Europa?
-Cuando se une con una moneda común y el espacio Schengen surge una Europa diferente al fantasma y la narrativa que existe en Argentina. Es una aceptación más abierta de la inmigración incluso europea, con la integración del Este y las demás antiguas colonias como constitución de una Europa moderna. El argentino todavía mira a otro latinoamericano como inferior. Durante la Guerra de Malvinas, todo el sur global apoyó a la Argentina viendo que Gran Bretaña había atacado a uno de los nuestros. No fue algo ingenuo. Sabíamos que era una estrategia militar. Sin embargo, la Argentina no se siente parte de ese sur global. El espíritu de la nación Argentina moderna es el peronismo. Es nacionalista y cree que el desarrollo es posible a partir de la sustitución de importaciones, pero imbricado en eso persiste una creencia eurocéntrica no admitida. Es algo difícil porque es una creencia de este país. Y la izquierda argentina está muy ligada a eso.
-¿Eso implica que la izquierda argentina es eurocéntrica?
-No, no. Digo que parte de ello es inconsciente y es un problema psicológico. Creciste creyendo que somos europeos en el exilio. Entonces, incluso si eres peronista, es un problema inconsciente y psicológico. Parte de la izquierda no admite que esto es así. Cuando a mis camaradas de izquierda de la Argentina les digo que mi hijo se llama Che ellos se ríen y les digo: «Mira, el Che fue a hacer la revolución a otra parte, no acá”.
-¿Creés posible que sectores mayoritarios de la Argentina acepten incluirse en un proyecto del sur global?
-Argentina está llamada a ser líder del sur global. Y el rechazo del gobierno de Milei a participar en el BRICS nos permiten analizarlo. El proyecto BRICS tiene el potencial de crear un espacio multipolar, pero la realidad es que estamos en un espacio pluripolar, y si Argentina y Brasil aceleran su integración, junto con Chile, pueden ser una potencia industrial ecológica increíble.
-El proyecto de Perón, Getulio Vargas y Carlos Ibáñez del Campo, la alianza ABC.
-Una gran idea. Pero Argentina debe aceptar la realidad geográfica, su realidad histórica y asumir el rol de liderazgo para no dejárselo a Brasil.
-¿Por qué no?
-El liderazgo natural de Brasil se debe a su tamaño. Tu tienes un potencial de inteligencia y de know how y eso sigue siendo importante. Pero si las élites siguen creyendo que Argentina es una provincia de Estados Unidos, una colonia dentro de la colonia, es un callejón sin salida. La realidad del nuevo sistema mundial es que tienes el potencial del Pacífico a partir de la posición de Chile, de ahí se podría generar una transformación y desvincularse, que es una palabra muy importante.
-¿Desvincularse del sistema global?
-Puedes permanecer siendo capitalista, pero hay que hacer una desvinculación selectiva de parte del mercado y esto tiene que ver con poder ser autosuficiente en términos de alimentación, ser capaz de tener tu propia moneda, tu propia tecnología y defensa militar. Pero si mantienes, como en Argentina, el vínculo con el norte, siempre estarás en ajuste estructural por el Fondo Monetario, por el Banco Mundial. Países que se han desvinculado en la historia -Estados Unidos de Gran Bretaña, Alemania, Japón, China o incluso Suiza- lograron construir su propia economía y reconectarse más tarde en el sistema de mercado mundial.
-El problema son las élites argentinas.
-Argentina no es Israel, pero está la idea de que así como Israel es Europa en Oriente, Argentina es Europa en Latinoamérica. Canadá tiene en su moneda una imagen del rey británico, pero mantiene un alma nacional. En Argentina ese alma nacional se ve solamente cuando llega el fútbol. ¿Cómo es posible que ese alma nacional aparezca solamente con el fútbol y no en la economía? Mi sueño es ver la misma reacción que cuando Perón estaba en prisión y la gente vino a rescatarlo.
-Este año se cumplen 80 años de ese momento.
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-Sí, son ciclos. También se cumplen 80 años del fin de la Segunda Guerra, del sistema de las Naciones Unidas. No es nada, para nosotros, los africanos, no es nada. Yo soy africano y naturalmente soy optimista. Pero ese optimismo tiene que trasladarse a una conciencia social, a una conciencia histórica y a un compromiso que falta, especialmente de la izquierda. Porque hoy el fascismo internacional está mucho más unido que la izquierda.
-¿Cómo se ve a Perón en África?
-Somos de una generación que tuvo la gran suerte de aprender de Raúl Prebish y de Perón. Pero también de las escuelas de dependencia, Fernando Henrique Cardoso, Günder Frank, Celso Furtado. Un corpus de dignidad soberana y coraje. Pero el problema fue la concepción del desarrollo. No se entendió que la acumulación necesita una desvinculación.
-El kirchnerismo fomentó una asociación con Brasil y Venezuela para desvincularse de esos mercados.
-Fue un intento muy valiente pero el momento histórico no fue favorable. África, por ejemplo, estuvo totalmente sujeta al ajuste estructural. Solo parte de Asia pudo escapar, China. Estos intentos se hicieron en un momento de gobernanza gerencial tecnocrática, donde el margen de maniobra para esta desconexión era pequeño porque el capital global se movía hacia la financiarización. Fue suicida que los países latinoamericanos fueran solos. Ésa es una de las explicaciones también del fracaso de la izquierda latinoamericana.
-¿Qué pasa con África? ¿Cuál es el futuro del Sahel?
-Mientras ustedes experimentaban el progreso de la izquierda, África colapsó. El fin de apartheid fue un compromiso de la burguesía negra. Pero hemos adoptado una política de ajustes estructurales autoinfligidos. Sudáfrica, que se suponía que sería la locomotora, se descarriló del proceso. Luego, la explosión de la Unión Africana tras el asesinato de (Muhammar) Khadafi cometido por la OTAN y Francia generó una proliferación de armas a las fuerzas yihadistas instrumentalizadas por el Pentágono y Francia. Los militares de Burkina Faso, Mali y Niger entienden el síndrome del piromaníaco y el bombero.
-¿Cómo es?
-Los gobiernos occidentales crearon inestabilidad para prevalecer como padrinos geopolíticos, porque perdieron la capacidad económica para evitar la cooperación de África con China. He dado 25 años de mi vida con una red de 22 abogados en defensa de Thomas Sankara, que lideró la última revolución en África Occidental y que es imitada en África. (El domingo pasado) debería haber estado en Burkina Faso para la inauguración del mausoleo de Sankara. Fui el responsable de pedir la exhumación de su cuerpo para un estudio forense. No fui porque puse como condición que se realice la extradición de Blaise Compaoré, el jefe de Estado que mató a Sankara, desde Costa de Marfil, donde está protegido por Francia y Françafrique. Compaoré es responsable del yihadismo en la región. Las Juntas tienen un discurso nacionalista populista en los tres países. Han cortado relaciones con la antigua potencia neocolonial, Francia y EEUU, se relacionan con Rusia y restringen los derechos humanos, los partidos políticos, las democracias, con el pretexto de la guerra. La pregunta ahora es por qué no hablan con auténticas fuerzas revolucionarias progresistas.
Thomas Sankara, asesinado en octubre de 1987.
-¿Por qué?
-Hay dos posibilidades. Una es porque no pueden abrir un nuevo frente atacando Compaoré, Françafrique, Francia y Costa de Marfil. Otro motivo es que son usurpadores de un discurso panafricanista para perpetuarse en el poder a través de la guerra. No puedo decir cuál es, pero ahora en nuestro propio movimiento estamos divididos. Algunos dicen que tenemos que apoyar al Sahel y acelerar el proceso de integración y otros dicen que no hay razón para detener la democracia y dejar que sólo los militares controlen los estados.
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-¿Cuál es el papel de Rusia?
-Ucrania apoya a las fuerzas yihadistas y Rusia a la AES (Alianza de Estados de Sahel). Rusia es un territorio enorme, muy rico y apetecido por los europeos. Desde los tártaros, de Napoleón, de Hitler. Pero al fin de la Ia Guerra Mundial hubo otra guerra, cuando todos los europeos atacaron a Rusia, en 1918 y 1919. Esta es la verdadera II Guerra Mundial.
-Contra la Revolución.
-Contra los bolcheviques. Los rusos nunca olvidan eso. Nunca. La Unión Soviética fue un aliado natural de África durante la descolonización. Gracias a Cuba y Rusia cayó el apartheid. En 1991 los rusos estaban divididos y los de Yeltsin querían unirse a Europa. Otros, nacionalistas pero no progresistas, querían permanecer como rusos. La crisis de Ucrania es una guerra proxy de la OTAN. La nueva Rusia, la Rusia de los oligarcas, se vuelve compleja con la crisis en República Centroafricana, desestabilizada por Francia y una parte del régimen se alía con los mercenarios rusos. Los nuevos estados panafricanos van a sobrevivir solamente si Rusia los apoya. Aparte de esto, el capitalismo necesita la guerra cuando está en crisis. Y muchos quieren una África sin africanos. La África de los recursos, de los oligopolios.
Se aceleran los profundos movimientos geológicos en el Asia Central donde hoy por hoy se desarrolla la gran batalla por el futuro del mundo en el resto del siglo XXI. Y mientras el presidente Donald Trump -a los tumbos pero con un sesgo que se va vislumbrado muy poco diferente al de su antecesor- dice ahora celebrar la respuesta del movimiento de resistencia palestino Hamás a su propuesta de alto el fuego en Gaza, crecen las tensiones entre Rusia y Azerbaiyán, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se ofrece para mediar en este conflicto puntual pidiendo “moderación” a las partes. A todo esto, en Río de Janeiro comienza la XVII Cumbre de los países BRICS a la que no asistirán Vladimir Putin -por la incertidumbre sobre como actuaría la justicia brasileña ante el pedido de captura del TPI- ni el presidente chino, Xi Jinping.
La crisis entre Moscú y Bakú se desató a partir de la muerte bajo custodia de dos hermanos que habían sido detenidos días antes en la ciudad rusa de Ekaterimburgo por su presunta participación en varios asesinatos cometidos en hace unos 15 años, Huseyn y Ziyaddin Safarov. Las detenciones se habían producido en el marco de una redada contra un centenar de nativos azeríes de nacionalidad rusa y la captura del líder de la diáspora, Sajín Shijlinski. Como respuesta, siete periodistas de la agencia rusa Sputnik en Azerbaiyán fueron detenidos en ese país post soviético, que fueron liberados tras ásperas negociaciones entre ambas naciones. Las relaciones entre los dos estados fueron pasando de una alianza estratégica basada en un pasado como parte de la Unión Soviética a una tensión creciente.
El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev -nacido, criado y educado en instituciones de la URSS- mantiene sólidas relaciones con el primer ministro Benjamín Netanyahu y desde por lo menos 2009 hay acuerdos de cooperación muy estrechos con entre el país hebreo y el musulmán. Bakú, en la práctica, es un fuerte aliado de Tel Aviv y en Irán acusan a ciudadanos azeríes de ser parte de los espías al servicio de la Mossad que aportaron información clave para los ataques contra objetivos iraníes del 13 de junio pasado. Ese frente Aliyev-Netanyahu es una amenaza fuerte contra no solamente Irán sino especialmente en una estrategia que se enfoca contra los países BRICS, ya que el país persa es un nudo neurálgico en la región no solo por su ubicación geográfica sino por sus riquezas energéticas. Y se sumó al grupo de países emergentes en enero de 2024, en esa tanda de la que el gobierno paleolibertario argentino se negó a participar.
Unos días antes de la ofensiva israelí llamada León Naciente, había hecho su viaje inaugural el ferrocarril entre Teherán y Xi’an, en China, un monumental proyecto para el transporte de cargas. Demora 15 días en recorrer los cerca de 8000 kilómetros de extensión, contra 40 de un traslado por barco. Al mismo tiempo, Beijing anunciaba el 30 de junio la partida desde Fangshan del primer tren con carga hacia Europa, con destino a Bakú. Es un servicio multimodal a través del Mar Caspio que sale de un distrito al suroeste de Beijing, pasa por el puerto de Horgos, en Xinjiang, atraviesa Kazajistán, cruza el Mar Caspio en transbordador y continúa por tierra hasta Bakú. Parte de la carga se distribuye después, detalla un cable de la agencia Xinhua, en Georgia, Turquía y Serbia. Ejemplos más que claros de cómo se desarrolla la guerra entre las talasocracias -regímenes basados en el control de los mares- y las telurocracias, con preminencia en los territorios, el trasfondo de estas antiguas disputas geopolíticas ancestrales en esa parte del mundo, como insiste el filósofo ruso Alexandr Dugin.
De allí la importancia de la partida que se desarrolla en aquellas regiones. La ofensiva contra Irán intenta romper la alianza con Rusia y China, y fundamentalmente, es la primera guerra contra los BRICS, en una maniobra que busca “fragmentar sus componentes y minar las bases de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), elementos fundamentales de la nueva globalización con características chinas”, como señala Javier Vadell en el portal de Tektónikos. Y en esta movida, Erdogan no quiere quedarse afuera. Por eso coquetea con Occidente dentro de la OTAN, pide moderación a Moscú y Bakú -luego de un acuerdo complicado para la paz entre Azerbiayán y Armenia por Nagorno Karabaj- y mantiene acuerdos con Israel, al tiempo que acusa a Netanyahu de haber convertido al Medio Oriente en «un baño de sangre». El Ejército de Israel a su manera se hace cargo cuando el viernes dijo que las FDI mantienen el control operativo del 65% de la Franja de Gaza, casi lo que avisaron en marzo que pensaban completar cuando rompieron unilateralmente el alto el fuego que había negociado Trump al asumir su cargo, el 20 de enero. Que ahora el inquilino de la Casa Blanca desde el avión Air Force One proclame un posible nuevo acuerdo con Hamás suena a demasiado aventurado. «Tenemos que hacer algo con Gaza porque de lo contrario esta gente se va a encontrar con un gran, gran problema», agregó Trump. En un comunicado, Hamás dijo que está dispuesto a volver a una mesa de negociaciones, pero no da más certezas.
En el otro escenario clave, el este de Europa, el presidente Volodimir Zelenski mostró alivio con la promesa de Trump de “reforzar los cielos” de Ucrania. Fue luego de una conversación telefónica que pidió el mandatario para reclamar por el anuncio de que EEUU dejará de entregar armamento a Kiev. Esta semana, el empresario inmobiliario tuvo otra extensa charla telefónica con Putin de la que no se conocieron detalles pero no fue fructífera, como reconoció el propio Trump. Que desde el mismo avión presidencial declaró que “Putin quiere llegar hasta el final y seguir matando gente. Eso no está bien. Nada bien. No estoy contento».
El pedido de terminar con la guerra en Ucrania y el anuncio de que se limitaría en envío de armas a Kiev puede sonar a una forma de presionar para alcanzar la paz por el deseo de Trump de “no ver morir a 5000, 6000, 7000 soldados cada semana, rusos o ucranianos, más los civiles». Pero mucho más a que los arsenales de la OTAN y de Estados Unidos se están vaciando a niveles preocupantes para los estrategas militares.
La cumbre de Río de Janeiro ante la «insignificancia» de la ONU, según Lula
El presidente Lula da Silva estuvo especialmente “picante” este sábado, en la previa a la XVII Cumbre de los BRICS, que comienza este domingo en Río de Janeiro, y como para poner en negro sobre blanco, dijo en primer lugar que la Organización de Naciones Unidas se convirtió en una institución tan insignificante que no fue capaz de lograr un acuerdo que paz que evite el «genocidio» en Gaza. «La ONU fue capaz de crear el Estado de Israel, pero no es capaz de crear el Estado palestino», dijo en su discurso de apertura la reunión del Nuevo Banco de Desarrollo, el banco de los BRICS (NBD).
Ya que estaba con el micrófono, el mandatario brasileño dijo que los mismos liderazgos que no pueden poner fin a la matanza «de mujeres y niños inocentes en Gaza» se muestran incapaces de tomar decisiones económicas que afectan al global de la comunidad internacional. La titular de la entidad crediticia de los BRICS, Dilma Rousseff señaló que los países tengan la suficiente soberanía como para definir de qué manera estimular el crecimiento de sus naciones. «Los países del Sur Global, los miembros de los BRICS, tiene el derecho y la capacidad de definir sus propios caminos de desarrollo», dijo.
En otra intervención, en el Forum Empresarial de la organización fundada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, Lula da Silva pidió a los empresarios que defiendan el sistema multilateral de comercio y reformar la arquitectura financiera internacional. «Ante el resurgimiento del proteccionismo los BRICS siguen siendo garantes de un futuro prometedor», replicó.
Este encuentro presidencial, del que no será de la partida Vladimir Putin, ni Xi Jinping ni el jefe de estado egipcio, Abdelfatah El-Sisi, tiene como lema “Fortaleciendo la cooperación del Sur Global para una gobernanza más inclusiva y sustentable”. Y llega en un momento en que el occidente encolumnado detrás de Donald Trump se convirtió en una amenaza, y no solamente política.
De hecho, el esquema de aranceles que el presidente estadounidense pretende imponer es el eje de gran parte del debate en la excapital de Brasil. De allí que Rousseff hubiera hecho hincapié en que «las tarifas y sanciones se usan como herramientas de subordinación política», por lo que afirmó que el sistema financiero internacional continúa «profundamente asimétrico, colocando las cargas más pesadas sobre los que tienen menos recursos».
El tres veces presidente, en tal sentido, analizó que «en un escenario global cada vez más inestable, marcado por el resurgimiento del proteccionismo, el unilateralismo y el impacto de la crisis climática», el papel del NBD de los BRICS «será mayor».
«La llamada austeridad exigida por las instituciones financieras ha hecho a los países más pobres porque la austeridad hace más pobres a los pobres y más ricos a los ricos. Eso es lo que pasa en el mundo actual y lo que tenemos que cambiar», remarcó el presidente brasileño.
El encuentro se olfateaba como una gran final sudamericana, de esas picantes por alguna Copa entre la celeste y blanca y la «verde-amarela», esta vez con Argentina de local. Y si bien la sangre no llegó al Río de la Plata, la cumbre del Mercosur plasmó en la cancha las profundas diferencias entre Luiz Inacio «Lula» da Silva y Javier Milei, ante la mirada tensa de los otros jefes de Estado del grupo de naciones que alguna vez aspiraron a una integración regional que trajera prosperidad a los pueblos de esta parte del mundo de la mano, en su origen, de personalidades tan divergentes como Raúl Alfonsín, que dio el puntapié inicial en 1985 con José Sarney; y Carlos Menem, que selló el Acuerdo de Asunción en marzo de 1991.
La propuesta integradora, que a los tumbos atravesó estos últimos 40 años de historia rioplatense, cruje desde hace tiempo y Milei, que se jacta de ser un topo que llegó a la Casa Rosada para destruir al Estado nacional desde adentro, parece que se propone hacer lo mismo en ese organismo colectivo. Con argumentos similares, basados en un supuesto idealismo libertario que petardea el sentido original de la asociación, como es el de unirse para defender la producción local en un mundo hostil, más propicio a la depredación que a la colaboración.
«La barrera que levantamos para protegernos comercialmente terminó excluyéndonos del comercio y de la competencia global y castigando a nuestras poblaciones con peores bienes y servicios a peores precios, lo cual contribuyó a frenar el crecimiento de nuestras economías», leyó Milei, en su habitual tono monocorde, en el que incluso catalogó al organismo de ser «una cortina de hierro». Y amenazó: «Emprenderemos el camino de la libertad, y lo haremos acompañados o solos, porque Argentina no puede esperar».
Discurso del Presidente Javier Milei en la Cumbre del Mercosur en Buenos Aires. pic.twitter.com/PGWYoEFC1k
— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) July 3, 2025
Más allá de un mensaje paleolibertario habitual en el que denostó, por ejemplo, «la estructura elefantiásica» de la burocracia del Mercosur y abundó en el uso de la palabra «libertad», el presidente argentino presentó como una iniciativa –a su juicio, central– la creación de una agencia regional de lucha contra el crimen organizado. Si hasta ese momento de su alocución había prescindido de chicanas directas, aprovechó entonces para arrojar un dardo contra el mandatario brasileño al señalar: «Si el Primer Comando de la Capital o el Comando Vermelho se extendieran por el Mercosur, toda la región estará en peligro y será imposible erradicarla de su país de origen». Se trata, claro, de las dos organizaciones de narcotráfico más poderosas de Brasil.
Contrastes No es un secreto que para Milei, el presidente brasileño es seguramente su contracara más tangible a nivel internacional. Nacido en la pobreza más extrema en el nordeste brasileño, este hombre que se enorgullece de su único título profesional, tornero mecánico, comenzaba su carrera sindical en el gremio metalúrgico paulista para la misma época en que el argentino nacía en un hogar de clase media acomodada de la Ciudad de Buenos Aires, en 1970. En su tercera presidencia, Lula es sin dudas un líder de fuste a nivel global y desde la capital argentina viajó a Río de Janeiro, donde presidirá la cumbre de los países Brics, el grupo de naciones del que es socio fundador y que está modificando las reglas de juego entre las potencias.
Este mano a mano argentino-brasileño no es más que la continuidad del extremismo verbal que Milei usó contra Lula desde antes de ser elegido presidente y que se potenció cuando invitó a Jair Bolsonaro al acto del día de su asunción. Los desplantes y destratos se morigeraron en el Mercosur por razones de protocolo que apenas disimula el personal de Cancillería con más experiencia. Pasó este jueves cuando el brasileño demoró su ingreso al Palacio San Martín porque no dejaban pasar a su fotógrafo personal, Ricardo Stuckert. Un problema insólito que fue solucionado ante el revuelo generado.
Lula también marcó sus diferencias y, viejo zorro de la política, antes de viajar a Buenos Aires dio una entrevista al Jornal da Manhã en la que, en el mejor estilo del libertario, adelantó que durante su presidencia pro tempore –que recibió justamente de Milei– «firmaré el acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE), el mayor acuerdo comercial de la historia». Y detalló que los dos bloques tienen 722 millones de habitantes y un PBI de 27 billones de dólares.
Al argentino le quedó como logro el tratado comercial con EFTA, las siglas en inglés para Asociación Europea de Libre Comercio, un bloque de países paralelo a la UE, integrado por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, «cuyo PIB asciende a 1,5 billones de dólares y presenta un PIB per cápita promedio cercano a los 95.000 dólares anuales, uno de los más elevados del mundo», según indicó Milei.
Otros contrastes conceptuales: mientras el dogma de Milei es la apertura irrestricta de los mercados y cada tanto vuelve a avisar que su gran idea es dolarizar la economía nacional, el exsindicalista plantea «un sistema de pago en monedas locales que facilite las transacciones digitales» y declama que el Arancel Externo Común «blinda» al bloque «contra guerras comerciales ajenas».
Pero Lula tenía otra punzada para su par argentino: la visita a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner en su departamento del barrio porteño de Constitución, donde cumple su condena. «Mi amistad con Cristina es de larga data y va mucho más allá de la relación institucional. Es el cariño y el amor de amigos, colegas en el ámbito político y en los ideales de justicia social y lucha contra la desigualdad», posteó Lula en su cuenta de X, con una foto, claro, de Stuckert.
Visitei hoje a companheira e ex-presidenta Cristina Kirchner (@CFKArgentina) em sua residência, em Buenos Aires. Fiquei muito feliz em revê-la e encontrá-la tão bem, com força e gana de luta.
«Lula también fue perseguido, también le hicieron lawfare hasta meterlo preso, también intentaron callarlo. No pudieron. Volvió con el voto del pueblo brasileño y la frente en alto. Por eso hoy su visita fue mucho más que un gesto personal: fue un gesto político de solidaridad», destacó CFK en X, con el énfasis que dan las mayúsculas, en un extenso tuit en el que fustigó el plan económico y el modelo represivo y de vigilancia interior que plantea Milei, que describe como una amenaza para la democracia.
MISERIA PLANIFICADA Y TERRORISMO DE ESTADO DE BAJA INTENSIDAD.
HOY RECIBIMOS AL COMPAÑERO @LulaOficial en mi casa, donde estoy bajo detención domiciliaria por decisión de un Poder Judicial que hace tiempo dejó de disimular su subordinación política y se convirtió en un partido… pic.twitter.com/4WgdyeZdrP
No dejó de lado, la expresidenta, los últimos aumentos en los servicios públicos y el corte de gas en Mar del Plata en medio de una ola de frío con pocos precedentes. El Servicio Meteorológico Nacional confirmó que este miércoles en la Ciudad de Buenos Aires se había registrado una temperatura mínima cercana al récord anterior, de 1991. Justo cuando nacía oficialmente el Mercosur, en la capital paraguaya.
En una guerra todos pierden, pero alguno logra más objetivos que otro y al fin y al cabo es el que suele considerarse triunfador. Pero difícilmente todos puedan declararse ganadores a menos que todos mientan –lo que no es raro ya que la verdad es la primera víctima de una contienda– o que todo haya sido una representación teatral, como se solía decir ellos barrios, “para la gilada”. Esta última interpretación es la que hace el eximio analista brasileño Pepe Escobar, que califica de “teatro kabuki” a ese choque que Donald Trump pretende que se lo bautice como “la guerra de los 12 días”, en alusión a aquella de 1967 de seis días que terminó con la gran expansión territorial israelí sobre Gaza, los Altos del Golán y Cisjordania. En torno de ese incidente que el fin de semana pasado puso en vilo al planeta por las consecuencias catastróficas para la humanidad que podría desplegar, hay mucha tela para cortar y habrá mucha más en los próximos días. Pero vayamos paso a paso.
El mismo Trump belicoso que el sábado 21 de junio prometía bombardeos definitivos para poner punto final al plan nuclear iraní y hasta sellar la suerte del régimen de la República Islámica, dos días después anunció un acuerdo para un cese el fuego entre Teherán y Tel Aviv y se mostró como hacedor de una paz por la que debería ser premiado. Pero desde entonces los mensajes se cruzan, en un ejemplo de guerra cognitiva como no se tiene antecedentes.
Foto: Xinhua
Según la versión de la Casa Blanca y de Israel, un ataque con bombas de profundidad GBU-57/B desde aviones B-2 Spirit destruyó el complejo nuclear de Fordow, que está a un centenar de metros bajo capas de hormigón armado y la roca montañosa. Allí hay centrifugadoras para enriquecimiento de uranio, esencial para la producción de armamento nuclear, el gran temor que Benjamín Netanyahu promueve desde hace tres décadas. Las otras dos plantas atacadas, Natanz e Isfahan, contaban para Tel Aviv-Washington, pero menos. La central de Busheir, construida por Rusia y que produce energía eléctrica desde 2013, no fue ni mencionada. Dato importante: cuando Trump anunció el cese el fuego, el canciller iraní, Abbas Araghchi, estaba reunido en Moscú con Vladimir Putin.
El caso es que la administración Trump y de Netanyahu buscan desde entonces demostrar que de Fordow y del plan nuclear iraní quedan cenizas mientras que la evidencia muestra que los daños no son tan grandes como se quiere asegurar. Desde aquí no hay manera de saber cuál es la realidad, pero si el río suena… Además, el argentino que podría averiguarlo, el director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, no podrá volver a poner los pies en Irán, que lo acusa de haber revelado información sensible a los israelíes que permitieron asesinar a un grupo importante de científicos especializados el 13 de junio pasado. De hecho, este sábado se desarrolló en la capital persa una multitudinaria despedida a los militares y los expertos nucleares que, en algunos casos junto con sus familiares directos, fueron eliminados en sendos operativos israelíes.
Otras cuestiones: antes del anuncio de Trump, Irán atacó la base aérea Al Udeid de EE UU en Qatar. El 47º presidente dijo que no hubo daños y que las autoridades iraníes le habían avisado antes. El periodista Seymour Hersh y el ideólogo ultraderechista Steve Bannon aseguraban desde días antes que el ataque de EE UU en Irán era inminente. O sea, hubo tiempo y buena info para que vaciaran Fordow, como parece haber ocurrido.
Pero más allá de estas escenas teatrales, en esos 12 días, según las cifras oficiales, se registraron más de 600 muertos en Irán y una treintena en Israel, con una gran destrucción edilicia en ambos países. En el caso israelí, por primera vez su población vivió algo de lo que cotidianamente sufren gazatíes y palestinos de Cisjordania: la destrucción de sus viviendas y la amarga realidad de perderlo todo. Y la no menos amarga verificación de que el “Escudo de Hierro” contra ataques aéreos no funcionó contra los misiles persas, mientras Teherán jura que no más arrojó los más viejos de su arsenal. El país persa, a su vez, prontamente perdió su capacidad aérea por los precisos ataques israelíes en las bases. Otro punto para Israel fue la afectividad de su servicio de inteligencia exterior, Mossad, que realizó actos puntuales contra individuos e instalaciones clave. Lo que puede volver a hacer como actos de terrorismo contra quienes tilden de amenaza existencial.
Lo de Trump es más difuso. Quedó ante sus leales de MAGA como un súbdito de las estrategias israelíes, por más que haga alharaca de estar moviendo los hilos de las relaciones internacionales. Un rol que lo obliga a exagerar sus bravatas hasta el borde del ridículo. En eso no está solo. Los jefes de Estado de la OTAN compiten por imitarlo. El titular de la organización atlántica, el neerlandés Mark Rutte, se calzó su sonrisa de plástico cuando Trump, a su lado, dijo que los israelíes y los iraníes se “pelean como dos niños en el patio del colegio” y acotó: “a veces papi tiene que usar lenguaje fuerte”.
En la cumbre de La Haya todos los países de la OTAN -España con sus reservas- se sometieron a «Papi» para acordar una suba al 5% del PBI destinado a armamento, como reclama el inquilino de la Casa Blanca. Un adicional de más de 2 billones de dólares para fines bélicos. Música para los oídos de las británicas BAE Systems y Rolls-Royce, las alemanas Rheinmetal y Thyssen Kryupp, las francesas Thales y Dassault, las italianas Leonardo y Fincantieri y la sueca Saab. Pero sobre todo de las industrias estadounidenses –Lockheed Martin, Raytheon y Northrop Grumman entre ellas– que se llevarán más del 60% de esa torta.
¿Cuánto pasará hasta la próxima batalla? Difícil saberlo, pero es obvio que todos están analizando lo que pasó y como dar otra vuelta de tuerca. Y también que tanto EE UU como Israel tienen un historial de tomar los acuerdos como papel mojado. «
Foto: Xinhua
Colonos sin freno en Cisjordania
En el marco de la ocupación indiscriminada de territorio de Cisjordania, el Ejército de Israel se cruzó con una turba de colonos ilegales que llevaba días atacando los palestinos que viven en campamentos de refugiados en la localidad de Kafr Malik, pero que, exacerbados en su violencia, apedrearon los soldados e incluso trataron de atropellarlos con sus vehículos, publica la agencia Europa Press.
Las autoridades palestinas, por otro lado, denunciaron que tres personas fueron asesinadas por disparos del Ejército israelí, que en este caso alegó defensa propia. El Gobierno palestino en Cisjordania condena habitualmente que los colonos actúan bajo la protección de los militares «pero también existen tensiones evidentes entre ellos y los soldados que afloran de cuando en cuando», dice EP.
En su comunicado de este sábado, el Ejército denuncia que los colonos ignoraron las órdenes de alejamiento sobre la localidad de Kafr Malik y se acercaron esta pasada noche a la zona con un convoy de vehículos. Ni bien llegaron los refuerzos del Ejército, «decenas de civiles israelíes lanzaron piedras contra los militares, a los que asaltaron físicamente en medio de insultos».
Este incidente se conoció cuando en las últimas semanas están saliendo a la luz denuncias de soldados israelíes que aseguran estar recibiendo órdenes de balear a la multitud que se acerca a los centros de distribución de ayuda de la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF en inglés) para ahuyentarla “incluso cuando es evidente que no representaban ningún peligro”, según revelan efectivos de las FDI en un compilado del diario israelí Haaretz.
El avance contra la población cisjordana parece incontenible, violando toda legalidad internacional. Así, el israelí Amos Brison, editor del portal +972, señaló que la Oficina Central de Planificación de la Administración Civil de Israel está desarrollando un plan para expulsar a “unos 2500 palestinos que viven en un grupo de aldeas en la región de Masafer Yatta, al sur de Cisjordania”. Se trata de una zona que abarca unas 20 aldeas “declaradas zona militar cerrada a principios de la década de 1980 para desplazar por la fuerza a sus residentes palestinos”.
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