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Felipe y el final de toda una época en la monarquía británica

Felipe y el final de toda una época en la monarquía británica

Le faltaban dos meses para cumplir un siglo. Con él termina una era para la dinastía gobernante en el Reino Unido, que se nacionalizó inglesa y que ya no busca parejas con sangre azul, más que les pesen las consecuencias. Nacido Philippos Andreou de Schleswig-Holstein-SonderbergGlücksburg el 10 de junio de 1921 en la villa Mon Repos, en la isla griega de Corfú, Felipe de Edimburgo fue consorte de la reina Isabel II por más de 73 años. Era hijo del príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y de la princesa Alicia de Battenberg y nieto de la gran duquesa de Rusia Olga Konstantínova Románova, y bisnieto del zar Nicolás I por rama paterna y de la Reina Victoria por vía materna.

Tras la caída de la monarquía en Grecia, Felipe finalmente recaló en Gran Bretaña con sus abuelos y fue educado en el colegio Gordonstoun, de Escocia, una escuela creada por un alemán cercano al nazismo. Es la misma institución que padeció como internado Luca Prodan y de la que huyó en cuanto pudo.

Cuando en 1917 la casa real se vio obligada a nacionalizarse -su origen alemán con ramificaciones en Rusia en momentos en plena guerra contra ambas naciones era un verdadero problema- su apellido devino en Mountbatten, la traducción de Battenberg. El abuelo de Isabel II, Jorge V, cambió de Sajonia-Coburgo-Gotha a Windsor, por el castillo que más los identificaba.

Su vida estuvo marcada por la necesidad de permanecer junto a la reina sin un cargo específico. De allí que, para calmar sus inquietudes, recibió varios títulos a lo largo de su vida: duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich, caballero de la Liga, caballero del Cardo, caballero Gran Cruz de la Orden del Imperio británico, compañero de la Orden de Australia, compañero de la Orden de Servicio de la reina, consejero privado. No fueron pocos los escándalos en los que se vio envuelto, para solaz de los medios amarillos de su país. Pero no fue el que con sus andanzas más afectó a la familia real. Lo que si se recuerdan son las imposturas y hasta el menosprecio a los que sometió a muchos de sus interlocutores. Después de haber participado en más de 22 mil compromisos oficiales, el duque se retiró de la actividad pública en agosto de 2017.

Aún no se sabe cuándo serán las exequias. De acuerdo con los deseos de Felipe, la ceremonia póstuma se celebrará en la capilla de San Jorge, del castillo de Windsor, que ayudó a erigir hace más de medio siglo.

Tiempo Argentino, 11 de Abril de 2021

A 90 años de la II República Española, una utopía popular que terminó en una tragedia

A 90 años de la II República Española, una utopía popular que terminó en una tragedia

La lenta caída de la monarquía tocó fondo el domingo 12 de abril de 1931, cuando el resultado de los comicios municipales dejó en claro que si algo querían los españoles era terminar con el reinado de Alfonso XIII. En otras condiciones, el heredero de la casa de Borbón podría haber intentado formar un gobierno parlamentario, pero había gastado su último cartucho con la dictadura fascista de Miguel Primo de Rivera y ya no había espacio. Dos días más tarde, el 14, se proclamó la Segunda República Española. El rey se exilió en Francia sin la menor resistencia. Un inicio auspicioso y sobre todo, pacifico. Pero por debajo iban creciendo las oscuras fuerzas de la reacción que estallarían en julio de 1936 con la sublevación que dio inicio a una sanguinaria guerra civil. España fue entonces un enorme campo de pruebas para la maquinaria bélica que el 1 de setiembre de 1939, exactamente cinco meses después del fin de la contienda española, daría inicio a la Segunda Guerra Mundial.

La descomposición del régimen se tradujo en la pérdida de la influencia internacional y la desaparición del Imperio Español. Desde Cuba y Filipinas hasta Puerto Rico y Guam, el reino iba dejando los últimos jirones de su antiguo esplendor de comenzar el siglo XX en manos de la potencia ascendente, Estados Unidos. Tras los desastres en la guerra de Marruecos, las tropas africanas comenzaron a ser un grupo de presión importante. Siempre una derrota necesita culpables y Primo de Rivera, que había perdido un hermano en la batalla de Annual, encabezó una arremetida contra el poder político, ya bastante desgastado.

En setiembre de 1923 Alfonso XIII convocó Primo de Rivera. El militar, con el grado de Teniente General, desarrolló un gobierno corporativo y se acercó al que por esos mismos años iniciaba Benito Mussolini. De hecho, Alfonso de Borbón viajó a Roma con Primo de Rivera para estrechar lazos entre ambos gobiernos y ambas coronas: en la península itálica regía Víctor Manuel III, que tendría el mismo destino del español, pero esa es otra historia.

La crisis mundial de 1930 arrastraría el leve crecimiento logrado por Primo de Rivera, que terminó renunciando ese año. Alfonso XIII ya no tenía cómo volver el reloj siete años atrás, ya que se habían disuelto todos los organismos institucionales, incluso la Constitución de 1876. Urgía elecciones constitucionales, pero la “dictablanda” del general Dámaso Berenguer no tenía ya poder para eso.

La monarquía había quedado tan ligada a la dictadura que el avance de las fuerzas socialistas y anarquistas daba como resultado un crecimiento irrefrenable de la voluntad republicana. En una sociedad mayoritariamente rural, semifeudal y atrasada como la española, con la miseria instalándose en todos los rincones, era la salida menos explosiva.

En agosto de 1930 se firmó el Pacto de San Sebastián entre las fuerzas republicanas y se elaboró la estrategia para expulsar a los Borbones. Adherían no solo dirigentes políticos -de izquierda a derecha- sino intelectuales de la talla de José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno.  La prueba de fuego para el futuro ibérico eran los comicios municipales del abril.

En las zonas rurales, el voto fue mayoritariamente para los monárquicos, fruto de presiones de los caudillos locales, pero en 41 de las 50 capitales de provincia, y fundamentalmente en los dos grandes distritos, Madrid y Barcelona, los republicanos se impusieron de un modo demoledor. El rey entendió el mensaje, lo mismo que las Fuerzas Armadas y la Iglesia.

El 14 de abril se proclamó la Segunda República Española en medio de la algarabía de la población. Nació un gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora, un abogado republicano pero más bien conservador que se terminó exiliando y moriría en Buenos Aires en 1949.

En diciembre de 1931 se aprobó la nueva constitución, surgida de las Cortes Constituyentes votadas en junio. Definía a España como una “República de trabajadores de toda clase, que se organizan en régimen de Libertad y de Justicia” y especifica que “los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo”. Establece una presidencia y una jefatura de gobierno, a la manera de varias repúblicas europeas actuales.

Al mismo tiempo, declara que el Estado es laico, reconoce el matrimonio civil, el divorcio, da igualdad de derechos a las mujeres, prevé la posibilidad de expropiaciones de latifundios y de nacionalizaciones de empresas e instaura la educación libre y gratuita. En un país donde la mayoría era analfabeta, las Misiones pedagógicas desarrollaron una tarea ímproba, gracias también a la construcción de 27.000 escuelas.

Cada una de estas medidas fue generando enemigos que, en un contexto internacional adverso -el crecimiento del nazismo y el auge de la ultraderecha- generaron las condiciones para una crisis política terminal. Con escasos apoyos externos, la República estaba malherida. El levantamiento de un destacamento del Norte de África encendió una chispa que luego catapultó al general Francisco Franco, con el apoyo de Hitler, Mussolini, la Iglesia Católica. Esa también es otra historia.

Los colores de la República

Si algo identifica a los republicanos españoles es la bandera roja, gualda (amarilla) y morada.  De hecho, el color morado -violeta en estos pagos- forma parte de la heráldica del partido Podemos, liderado por Pablo Iglesias, hasta el 31 de marzo vicepresidente segundo del gobierno español. No hay certeza sobre el modo en que el morado simbolizó a la república, lo concreto es que ni bien se proclamó el fin de la monarquía, fue de las primeras muestras del cambio de rumbo de España, y para estos días luce en frentes y balcones de todo el país.

Con el fin de la Guerra Civil, el dictador Franco volvió a la bicolor con dos franjas rojas y una amarilla y el escudo real en el medio. Más adelante, designó a su sucesor: Juan Carlos, el nieto de Alfonso XIII. El monarca abdicó en 2014 en medio de escándalos sexuales. La debacle del Borbón continuó y a mediados del año pasado se exilió tras difundirse que evadió impuestos.

El apoyo ciudadano a la monarquía sigue en baja y según los últimos sondeos, los que quieren dejar todo como está y los que prefieren no tener reyes están casi empatados en 47%, centésimas más o menos. En diciembre pasado, había un 52% de promonárquicos contra 40.8 de republicanos.

Regularmente aparecen debates sobre la necesidad de hacer un referéndum para definir el futuro de las instituciones. La situación catalana, sumada a la crisis económica y el comportamiento de Juan Carlos I y sus hijas, las infantas Cristina y Elena, no son un buen motivo para creer en los reyes.

Por ahora los Borbones la van esquivando, pero nunca se sabe.

Tiempo Argentino, 11 de Abril de 2021

Cuidado con la vacuna zarista

Cuidado con la vacuna zarista

El aviso sonaba a la enésima proyección de alguna de Rocky, de Sylvester Stallone. Pero no, era el anuncio del enfrentamiento de Joe Smith y Maxim Vlasov por el título de la OMB en Tulsa, Oklahoma. Y el locutor presentaba a los boxeadores como un estadounidense contra un soviético. ¿Soviético? Mmmmh.

En diciembre se cumplen 30 años de la disolución de la Unión Soviética. También por estos meses se cumplió un siglo de la fundación de los Partidos Comunistas europeos y latinoamericanos. Pero los PC (que no eran Personal Computer) dejaron de tener la influencia determinante que solían y la Guerra Fría perdió sentido desde 1991.

Sin ir más lejos, en 2017, para celebrar el centenario de la Revolución de Octubre, el PC de la Federación Rusa –que ocupa el segundo lugar en las elecciones– apenas juntó unos miles de manifestantes que recorrieron un carril de la avenida Tverskaya desde la plaza Pushkin hasta la de la Revolución, en Moscú.

Eso no impide que “comunismo” y “soviético” sean herramientas útiles como recurso político a todo nivel y en todo el mundo. A falta de un enemigo adelante, qué mejor que hurgar en el pasado, como quien compra una vieja marca en una quiebra para ganar el mercado de los nostálgicos. Y no le echen la culpa a Donald Trump, aunque es cierto que el ex inquilino de la Casa Blanca aportó mucho para el renacimiento de la fobia comunista. Pero él se ensañó más con el PC chino, responsable del coronavirus, como se sabe.

En España la presidenta de la Comunidad de Madrid –Isabel Díaz Ayuso, del Partido Popular– sostuvo que en la elección regional del próximo 4 de mayo la disputa es entre “libertad o comunismo”. Le respondieron desde Unidas Podemos y ella dobló la apuesta: “Si te llaman fascista es que lo estás haciendo bien”.

Los muchachos de Vox –la agrupación neofranquista que viene creciendo a expensas de la derecha tradicional– llaman a “frenar el avance del comunismo” en América Latina combatiendo al Grupo de Puebla y al Foro de San Pablo, dos espacios progresistas. Por Argentina, adhieren los influencers libertarios Javier Milei, José Luis Espert y Luis Rosales.

Hay otros nativos que avizoran un peligro rojo en ciernes. Una es Florencia Arietto, que pasó de enfrentar a las barras bravas del rojo de Avellaneda al Frente Renovador de Sergio Massa para recalar finalmente junto a Patricia Bullrich.

Arietto alertaba hace poco desde un video que el partido peronista había sido cooptado por comunistas. Y calificó a la vicepresidenta Cristina Fernández de “burócrata soviética”. Ya que estaba con la moto en marcha, puso quinta. “Cuando Cristina dijo que ella iba de vacaciones a New York y Disneyworld confirma que son comunistas. Los comunistas estatizan los medios de producción, intervienen los precios, empobrecen a los ciudadanos mientras se van de vacaciones a EE UU con la guita del pueblo”. Lo publicó en su cuenta de Twitter.

No es la única sommelier de peronismo. Miguel Ángel Pichetto había acusado a Axel Kicillof de tener “una ideología soviética, cubana y chavista”. A la derecha peronista de los ’70 le bastaba con autodefinirse como “ni yanqui ni marxista”.

El columnista de La Nación Carlos Pagni publicó en 2012 una semblanza del entonces viceministro de Economía donde lo calificaba de “marxista (…), hijo de un psicoanalista, bisnieto de un legendario rabino llegado de Odessa” para rematar con que su ideología “parece ser una sucesión de dogmas”.

Seis atributos alarmantes por donde se los mire: soviético, cubano, chavista, marxista, hijo de psicoanalista y nieto de un rabino. Para colmo, según el mismo diario, el gobernador bonaerense facilitó las negociaciones para la adquisición de la vacuna Sputnik V. Que sigue siendo la “vacuna rusa”, denominación de origen que comparte con las elaboradas en China y Cuba, pero no con las Pfizer, AstraZeneca o Moderna.

Hubo una presentadora de noticias de TN que fue trending topic cuando aseguró que: “Argentina es la primera nación fuera de la Unión Soviética en aprobar la Sputnik V. Por eso somos noticia en el mundo”. Lo raro es que no hubiera hablado de que la traían del Imperio Zarista, si se tiene en cuenta que la desarrolló el Instituto Gamaleya, fundado en 1891 por Alejandro III y no en tiempos de la URSS ni de Vladimir Putin. Un descuido.

La confusión también llegó a la serie Stranger Things, que emitió Netflix desde 2016. Los malos son los rusos. El problema es que la historia está ambientada entre 1983 y 1985, plena era de Ronald Reagan y con la Unión Soviética en crisis pero vivita y coleando.

Claro que para aplicar epítetos izquierdofóbicos no es necesario conocer la nacionalidad de la vacuna. El diputado español Rafael Caracuel, del PP también, asegura que Asturias recibió mayor cantidad de dosis de anti Covid-19 porque está gobernada por comunistas y Pedro Sánchez, del PSOE, les hace un guiño. Es que la Unión Europea no aprobó la Spuntik V, de modo que no hay vacunas soviéticas. O zaristas. Ni siquiera chinas.

PD: Maxim Vlasov nació en septiembre de 1986 en Kuybyshev, Rusia. Técnicamente, vino al mundo en la Unión Soviética. ¿Qué culpa tiene de que cuando tenía cinco años ese país se disolviera, su ciudad natal pasara a llamarse Samara y para cuando le hicieran los documentos, haya resultado ruso?

Tiempo Argentino, 11 de Abril de 2021

El plan “peronista” de Biden para la recuperación de EE UU

El plan “peronista” de Biden para la recuperación de EE UU

Joe Biden busca el renacimiento económico de Estados Unidos con un ambicioso plan de ocho años de alcance con inversiones en infraestructuras y la creación de millones de empleos en blanco a un costo de 2,5 billones de dólares que espera el visto bueno bipartidista para convertirse en una política de Estado. El único problema es que para financiar ese monumental proyecto no piensa contraer deuda ni imprimir billetes sino aumentar el impuesto a las sociedades, lo que ya genera fuertes controversias porque va en contra de lo que hace décadas es la Biblia neoliberal: para que haya derrame, los que más tienen deben pagar menos impuestos. A su favor tiene amplia documentación que prueba más bien lo contrario.

El miércoles el mandatario estadounidense brindó un discurso para anunciar el plan Build Back Better (Reconstruir mejor), cuya primera parte consiste en inversiones en carreteras y puentes, vías férreas, servicios de agua, banda ancha en todo el territorio e incentivos para nuevas tecnologías respetuosas del medio ambiente.

Habló desde Pittsburgh, antiguamente la “Ciudad del Acero” porque era la cuna de la industria siderúrgica estadounidense. Es uno de los distritos tradicionalmente demócratas que cambiaron de bando por las promesas de Donald Trump. Gran parte de aquellas industrias afincadas en esa zona, el “cinturón de óxido” –desde Milwaukee y Chicago a Detroit y Cincinatti–, sufrió la deslocalización de empresas hacia China. La propuesta es que vuelvan, para lo cual la reconstrucción pasaría por ponerles una alfombra roja. El caso es si lograrán que las paguen los empresarios.

Es que mientras los sectores conservadores –entre los que están los republicanos y no pocos demócratas– amenazan con rechazar la propuesta, y desde la izquierda le encuentran sabor a poco. La representante neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez consideró que para recuperar puestos de trabajo y promover el crecimiento económico esa montaña de dinero es poca. El activista ambiental Ralph Nader, excandidato verde a la presidencia, recordó que Trump bajó los impuestos a las sociedades del 35% al 21% y que Biden apenas intenta elevarlos al 28%. “Los demócratas vuelven pequeños”, ironizó en un tuit. Y además dividió el monto total por los años previstos para el plan y halló que “son menos de 300 mil millones de dólares anuales para una economía de 21 billones en total”.

Más allá de estas críticas, la sola idea de aumentar impuestos resulta, para los tiempos que corren en el mundo occidental, toda una osadía. Y los republicanos están copados por el grupo Tea Party, que alude a la rebelión contra el impuesto al té que dio origen a la independencia de EE UU.

Sin embargo, estratégicamente es quizás la única posibilidad de volver a plantarse de manera pacífica en el escenario mundial. “Es un plan grande, audaz y podemos hacerlo”, alentó Biden. “Creará la economía más resistente, fuerte e innovadora del mundo para ganar la competencia con China”, agregó.

“No se trata de penalizar a nadie, no tengo nada contra los multimillonarios, creo en el capitalismo estadounidense –aclaró–, pero nuestra infraestructura se está desmoronando, estamos en el puesto 13 en el mundo”.

Este es el gran problema de la competitividad de EE UU con relación a China. El país asiático, por aquellas leyes económicas del ruso Nikolai Kondriatev hace un siglo, como potencia naciente llega al desarrollo de un modo casi virginal: está en condiciones de acceder a lo más nuevo y eficiente. La base económica estadounidense quedó antigua y el gobierno de Biden espera resucitarla. Trump también sabía que ahí estaba la clave para recuperar el liderazgo mundial, pero lo enfocó desde la perspectiva empresarial solamente.

Por eso bajó tasas y amenazó con beneficios para las firmas que volvieran a producir localmente, pero se quedó a esperar que las empresas aceptaran esas reglas. En cierto modo, los demócratas apuestan a un ida y vuelta. Habrá una tímida suba fiscal, proseguirá el “compre EE UU” que había comenzado a desplegar Trump, pero promete volcar dinero contante y sonante a través de obra pública. La vocera de la Casa Blanca, Janet Yellen, detalló incluso que la propuesta beneficiará a “las empresas que inviertan en los trabajadores estadounidenses” y que en última instancia, “pondrá fin a la carrera mundial por impuestos más bajos y hará que las corporaciones dejen de llevar sus ganancias a paraísos fiscales en el extranjero”.

Es decir, un plan que tranquilamente podría verse como peronista, aunque sigue postulados de Franklin Delano Roosevelt de los años ’30. Dato a mencionar; en 1940 ese impuesto era del 24% y en 1968 fue elevado por Lyndon Johnson al 52,8% para gastos de la Guerra de Vietnam, para quedar en torno al 35% hasta 2017. «



Ambicioso pero con muchos obstáculos

El plan del presidente  Joe Biden recibió críticas aun antes de darse a conocer. Para analistas del mundo financiero estadounidense, la propuesta tendrá que atravesar una gran cantidad de escollos y quizás en el tortuoso camino –no menos de nueve meses, un verdadero parto– deba sacrificar algunas de sus mejores intenciones.

  Por lo pronto, la iniciativa propone las siguientes inversiones, entre las más sobresalientes.

 Ciento ochenta mil millones de dólares a investigación y desarrollo no relacionado con la industria de la defensa.

 Ciento quince mil millones de dólares para carreteras y puentes.

 Ochenta y cinco mil millones de dólares para transporte público.

 Ochenta mil millones de dólares para el ferrocarril de carga y Amtrak, de pasajeros.

 Ciento setenta y cuatro mil millones de dólares para fomentar el desarrollo de autos eléctricos y fabricación de baterías.

 Cien mil millones de dólares para banda ancha.

 Cien mil millones de dólares para modernización de la red eléctrica y el cambio de cañerías de agua de plomo en algunos distritos.

 Cincuenta mil millones de dólares para ayudar a trabajadores de la industria de combustibles fósiles que deban reconvertirse.

 Diez mil millones de dólares para la creación de un “Cuerpo Civil del Clima”, destinado a vigilar el cumplimiento de normativas medioambientales.

Tiempo Argentino, 4 de Abril de 2021

Bolsonaro pierde apoyo mientras Mourão se peina para la foto

Bolsonaro pierde apoyo mientras Mourão se peina para la foto

Se dijo varias veces en estos dramáticos dos años en la historia de Brasil. Pero cada día las señales de descomposición del gobierno de Jair Bolsonaro son más claras y nadie apostaría a que llegue a cumplir su mandato. A la nueva crisis de gobernabilidad de estos días, que culminó transitoriamente con un profundo cambio de gabinete y de la cúpula militar, se agregan las alarmas de todo el mundo por el desastre sanitario que amenaza no solo a los brasileños sino a la región y al resto del planeta. Dos contundentes editoriales de medios muy influyentes del Reino Unido y de Estados Unidos coincidieron en su prédica contra el mandatario de la potencia económica sudamericana con un ex vocero del Planalto que literalmente califica a Bolsonaro de “inmaduro intelectual”.

Las últimas movidas políticas podrían significar que están tratando de ver cómo sacarse de encima al personaje sin comprometer demasiado a las Fuerzas Armadas y, sobre todo, sin que regrese al poder el cuco de Lula da Silva, el protagonista del ascenso del excapitán del Ejército al más alto cargo electivo de ese país.

Si bien las élites brasileñas no se caracterizan por sus rasgos de humanidad, el crecimiento explosivo del Covid 19 les preocupa. Con más de 3000 muertos diarios a la fecha, los analistas estiman que el mes de abril cerrará con un promedio de 5000 fallecidos cada 24 horas. Si la justificación para no tomar medidas que daba Bolsonaro es que se debía privilegiar la economía, por ese lado tampoco puede mostrar un éxito. Es así que, al cierre de las plantas de la automotriz Ford en Bahía, el interior de San Pablo y en Ceará, ahora podría sumarse el retiro de Nissan-Renault.

La caída en la producción es asombrosa: pasó de 4 millones de vehículos anuales en tiempos de Lula a los 2 millones de ahora. “Para competir en Brasil es preciso tener una montadora fuerte, con voluntad de superar los ciclos específicos de la economía local y si la empresa no tiene esa voluntad, queda todo el tiempo saliendo y entrando en el país, echando y contratando personal, parando y volviendo a trabajar. Ese stop and go es peor para la marca que para los empleados”, declaró Carlos Ghosn, extitular de la firma franco japonesa a la revista Veja.

Estas señales repercuten en el escritorio del ministro de Economía, Paulo Guedes, discípulo de Milton Friedman en la Universidad de Chicago y responsable de un plan neoliberal a rajatabla. Pero a la vista de los resultados, entre los partidos que aún apoyan al gobierno -el llamado “centrón”- están pidiendo su cabeza. El propio Guedes no descartó tener que dejar el cargo, aunque culpa de los fracasos a que no le aprobaron el presupuesto y a que no pudo avanzar con las privatizaciones.

Para el The Economist, una publicación que refleja el pensamiento del mundo financiero internacional, “la mala gestión del Covid 19 en Brasil amenaza al mundo” y dice claramente que el presidente tiene mucho que responder sobre el avance de la variante de Manaos. “Bolsonaro promovió curas charlatanescas, protestó contra los cierres y trató de impedir la difusión de datos de la pandemia”, destaca.

El The Washington Post, a su vez, dice que “en lugar de luchar contra el coronavirus, Bolsonaro parece estar preparando las bases para otro desastre: un golpe político contra los legisladores que podrían removerlo del cargo”. Y pone el foco en “el expresidente Lula da Silva emergiendo como potente adversario en las elecciones del año que viene”.

Otro que tronó fuerte fue el general de división Otávio Santana do Rêgo Barros, que acompañó la gestión de Bolsonaro como vocero hasta que el año pasado se fue tras un cruce con el presidente. En un claro objetivo de despegar a la institución de las calamidades desplegadas por el excapitán, escribió en una columna que levantó el portal de Veja: “El mandatario ya no es un militar”, aclara.

“Detenta solamente un documento que indica haber obtenido en un determinado momento de su vida los requisitos para ejercer funciones intermediarias en la jerarquía de la oficialidad de las Fuerzas Armadas -dice do Rêgo Barros en el tramo más picante del texto– (pero) la madurez intelectual, característica destacada en la formación de los actuales jefes, no estuvo presente en su trayectoria”.

Y concluye: “Permaneció como alumno, cadete y oficial cerca de 15 años. Como político, más de 30. Los atributos que le fueron enseñados como militar, quedaron en el camino, sustituidos por conceptos no aplicados dentro de una institución como el Ejército Brasileño”.Las cartas están echadas para el remplazo de Bolsonaro y en su lugar, quedaría el vicepresidente, el general Hamilton Mourão. Tan defensor del golpe de 1964 y enemigo de Lula como Bolsonaro. Pero con la astucia de haberse mostrado más civilizado. Al punto que lució barbijo desde el primer día y se vacunó esta semana. En su tuit colgó la foto y anotó que se dio la primera dosis de Coronavac, la vacuna del laboratorio chino Sinovac. “Hoy puse de mi parte como ciudadano consciente (…) Espero que en breve el mayor número posible de vacunas llegue a la población brasileña”.

Tiempo Argentino, 4 de Abril de 2021

Bolsonaro, entre la interna militar y el intento de autogolpe para frenar a Lula

Bolsonaro, entre la interna militar y el intento de autogolpe para frenar a Lula

A pocas horas de celebrarse un nuevo aniversario del golpe del 31 de marzo de 1964, estalló en Brasil una feroz interna militar en torno al gobierno de Jair Bolsonaro que dejó en el camino a seis ministros, los comandantes de las tres armas y dejó al descubierto la orfandad en que queda un gobierno acuciado por la crisis sanitaria y el regreso a la arena pública del expresidente Lula da Silva.

Así como todo el país está padeciendo las consecuencias de una pandemia sin control -el país se convirtió en una verdadera amenaza mundial- el excapitán del Ejército brasileño se fue cavando lenta pero persistentemente su propia tumba. Primero con el desdén con que trató al coronavirus y el cuestionamiento a las medidas sanitarias que fueron implementando los gobernadores estaduales. Luego con el alineamiento acrítico con el gobierno de Donald Trump. Y finalmente, con la alianza férrea con las políticas neoliberales de su ministro de Economía, Paulo Guedes.

Todo el esquema articulado en torno al apoyo que los uniformados le brindaron para que llegara al gobierno y luego para acompañarlo en la gestión, se fue diluyendo a medida que el poder judicial le fue soltando la mano a la estrategia establecida por el exjuez de Curitiba Sergio Moro para dejar fuera de carrera el fundador del PT. Cuando el Supremo Tribunal Federal mandó a fojas cero las causas contra Lula y luego ordenó investigar las maniobras ilegales de Moro y el fiscal Deltan Dallagnol, la suerte de Bolsonaro quedó echada.

Aunque es difícil de prever qué puede ocurrir de aquí en adelante, es evidente que los magistrados de la corte entendieron que Bolsonaro -con más de 330 mil muertos por COVID-19 y sin un verdadero plan para impedir la diseminación del virus, que además produjo una variación más peligrosa en Manaos- no tenía mucho rollo en el carretel. Y avanzaron hacia el reconocimiento de que la situación procesal de Lula era un mamarracho insostenible.

El rechazo de la sociedad hacia el presidente es también fundamental para que otros actores de peso en la vida política y económica brasileña decidieran que “no va más”. Una cosa era sacar del medio a Lula, indigesto para las elites, pero otra es soportar a un presidente con pocas luces y que lleva al país hacia el precipicio. La pandemia, que en gran medida llevó a la derrota a Trump, dejó a Bolsonaro también al desnudo.

La suerte del canciller Ernesto Araújo, terraplanista si los hay, que no solo concretó un seguidismo vergonzante con la Casa Blanca sino que enfrentó al país con China, el principal comprador de los productos agrarios que, además, podría haber provisto al país e la vacunas que necesitaría para frenar la expansión del virus. Araújo tenía los días contados desde la derrota de Trump, pero se terminó yendo porque terminó acusado por la falta de previsión y su incapacidad para negociar la compra de vacunas.

En un contexto, en el que lo menos que se podría decir es que Bolsonaro estaba contra las cuerdas ante un futuro de impeachment, el fin de semana se viralizaron temores de que el alocado presidente estuviera intentando un autogolpe para sacar del medio al Congreso y de paso intervenir al Poder Judicial.

El lunes obligó a renunciar al ministro de Relaciones Exteriores, al de Defensa y al de Justicia. (Ver acá) Y a continuación hizo unos enroques para fortalecer a sus leales. De tal manera que el general Walter Braga Netto pasa de la Casa Civil -jefatura de Gabinete- a Defensa en sustitución de otro general, Fernando Azevedo e Silva. Braga Netto es un antilulista empedernido que durante la gestión del PT fue agregado militar en la Embajada de Brasil en EEUU, donde mantuvo estrechos contactos con el Pentágono.

En 2016 la presidenta Dilma Rousseff lo convocó para coordinar las tareas de seguridad en torno a la Olimpíadas de Río de Janeiro. Dos años más tarde, luego del golpe, Michel Temer lo puso al mando de la Secretaría de Seguridad. En ese lugar militarizó la ciudad carioca, bastión de los Bolsonaro, y fue clave para apoyar la candidatura del actual presidente. Presionó sin mayores pruritos a la justicia para que Lula estuviera entre rejas lo suficiente como para no poder participar de las elecciones de 2018.

Más que identificado con Bolsonaro, Braga Netto es el sostén de una estrategia de gobierno militar y estaba en la Casa Civil luego de las primeras crisis de gobierno, a modo de garantía de quién era el que verdaderamente mandaba en el país. Pero no todos los uniformados estaban dispuestos a inmolarse por un proyecto ultraderechista, y menos cuando en el continente los vientos están cambiando.

Eso fue evidente en la mañana de este martes. Se sabía que las cúpulas militares estaban incómodas. Y que Bolsonaro estaba articulando con fuerzas policiales del país para dar una suerte de autogolpe.

Un comunicado de la presidencia, con la firma de Braga Netto, dice que los jefes de la Marina, la Aeronáutica y el Ejército fueron echados de su cargo. Se sostiene que el mandatario estaba descontento con Edson Leal Pujol, de las fuerzas de tierra, porque no salió a protestar como otrora hacían sus pares contra la decisión de liberar a Lula. Hubiera sido una presión a los cortesanos que hubiese favorecido los intereses bolsonaristas. La versión que dejaron entrever los jefes militares, por el contrario, es que decidieron renunciar para frenar un autogolpe.

Mientras tanto, los grupos neofascistas que siguen el presidente comenzaron a mostrar su violencia en las calles de Bahía y prometen hacerlo también en otros distritos -sobre todo los gobernados por “trabalhistas”, contra decretos estaduales que restringen la movilidad para frenar los contagios. Con la consigna que por estas tierra hablan de “libertad” y “no al barbijo”.

Tiempo Argentino, 30 de Marzo de 2021