Seleccionar página
La derecha del mundo juega sus fichas a Bolsonaro

La derecha del mundo juega sus fichas a Bolsonaro

Brasil es decididamente está en centro de la escena para la ultraderecha internacional. Y más allá de los análisis que puedan hacerse sobre las manifestaciones de este martes en apoyo de Jair Bolsonaro, nada indica que el presidente vaya bajar un cambio en su intento por llevarse puesto al titular de la corte suprema de justicia y mucho dejará de gritar que le van a robar la elección de 2022. Para eso cuenta con el fervor ya demostrado de sus seguidores, entre los cuales figura en primer lugar su hijo Eduardo. Para llevar adelante su proyecto, cuenta además con la ayuda de los grupos conservadores de EEUU, ligados al Donald Trump y a sus mentores, como Steve Bannon. Y desde las redes sociales, vinculados a Jason Miller, asesor de medios del exmandatario estadounidense y creador y CEO de Gettr, una plataforma derechista que compite con Twitter con el argumento de que no “cancela” a usuarios, como Twitter, Facebook e Instagram hicieron con Trump.

Es más, fue creada el 1 de julio pasado para que el ex inquilino de la Casa Blanca pudiera seguir hablando a su público. Aseguran que ya tienen más de dos millones de usuarios. Es un Twitter para ultraconservadores.

“Twitter de silencia, ven a Gettr y habla”, publicdad aérea en Brasil.

Miller regresó a su país luego de un incidente en el aeropuerto de Brasilia y en una entrevista por Gettr con Bannon, el articulador de este renacimiento de la derecha extrema en el mundo, aprovechó para bajar línea acerca de su concepción de la libertad.

Bannon, el gran estratega.

El hombre no está cancelado en la red del pajarito y tampoco perdió ocasión de señalar lo que le había ocurrido en esa plataforma.

DEBE LEER – ¡Es una locura lo que le está sucediendo a la buena gente de Brasil!

 “El exasesor de Trump Jason Miller fue detenido brevemente en Brasil mientras el tumulto político se apoderaba del país” – The Washington Post

El incidente es revelador también de como se juegan las fichas en esta partida en la que está en disputa la democracia no solo de Brasil, de allí la importancia de los Bolsonaro en este momento crucial para el sistema de convivencia política. A falta de información oficial sobre la detención temporaria, el propio Miller acusó del hecho al juez del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes, el mismo que se quiere cargar Bolsonaro porque lo está investigando por la campaña de fake news y además encabeza el proceso por la desastrosa gestión de la pandemia.

“Esta tarde mi grupo de viaje fue interrogado durante tres horas en el aeropuerto de Brasilia, después de haber asistido a la Conferencia CPAC Brasil de este fin de semana”, dijo Miller al diario británico The Independent.

“No se nos acusó de ningún delito, y sólo se nos indicó que ‘querían hablar’. Les informamos de que no teníamos nada que decir y finalmente nos dejaron en libertad para volar de vuelta a Estados Unidos. Nuestro objetivo de compartir la libertad de expresión en todo el mundo continúa”, agregó Miller.

Jason Miller, experto en imagen, creó una plataforma para que Trump pudiera decir lo suyo.

Habida cuenta de que Miller y Bannon están a la cabeza de las operaciones en las redes para deslegitimar las elecciones en EEUU de 2020 asegurando que hubo fraude en favor de Joe Biden, y de que Bolsonaro pretende cambiar el sistema electoral porque afirma que le quieren birlar el triunfo en 2022, no parece descabellado investigar los pasos del experto en manipulación mediática en suelo brasileño. Pero del modo en que lo hicieron le dio la excusa para ponerse en victima de persecución.

La carrera de Miller en asesoría de imagen es impactante por su efectividad y coherencia: siempre estuvo al lado de los dirigentes más inclinados a la derecha dentro del Partido Republicano. En encuentro del que hablaba se realizó este fin de semana en Brasilia.

Organizado por Eduardo Bolsonaro, una estrella fulgurante en el universo de la derecha -que en Argentina apoya con pasión a Javier Milei- la Conferencia del CPAC (Comité de Acción Política Conservadora, por sus siglas en inglés) convocó bajo el lema “La libertad no se gana, se conquista” a lo más granado de ese universo en un hotel de Brasilia y contó con la presencia desde las pantallas de Donald Trump Junior.

El CPAC fue fundado en 1974 y tiene su sede en Maryland. A lo largo de su historia entrega galardones a personalidades que luchan en favor de los valores occidentales y cristianos. El más importante es el Premio Ronald Reagan, pero también otorgan el premio Jeane Kirkpatrick a la libertad de expresión, y el premio Charlton Heston al “Coraje bajo el fuego”, entre otros. Reagan fue el presidente que inauguró el plan neoliberal en EEUU, Kirckpatrick como su embajadora en la ONU apoyó decididamente a cualquier gobierno que combatiera al comunismo en los últimos años de la Guerra Fría. Heston, actor como Reagan, presidió la Asociación Nacional del Rifle y defendió el derecho irrestricto a portar armas.

La crónica sobre el evento de Shobhan Saxena y Florencia Costa en el portal The Wire no tiene desperdicio. “El viernes y sábado, en un salón de convenciones de Brasilia inundado con el verde, amarillo y azul de la bandera brasileña, cientos de personas se arremolinaban, sin máscaras, en medio de una ruidosa charla sobre conservadurismovalores cristianos y la izquierda peligrosa”.

Desde EEUU, el hijo de Trump consideró que “los chinos pueden instalar un gobierno socialista que puedan manipular, alguien que piense como ellos, en contraposición a alguien que ama la libertad”. Bannon ya le había adelantado a Bolsonaro Jr que le “van a robar las elecciones con máquinas”, por el sistema electrónico que se usa desde 1996 en ese país. “La elección en Brasil es la segunda más importante del mundo y Jair Bolsonaro se enfrentará a un criminal, Lula, el izquierdista más peligroso del planeta”, agregó.

El presidente brasileño, en el cónclave brasiliense, no estuvo lejos de esa postura. “Están pensando que voy a dar marcha atrás, pero no huiré de la verdad o del compromiso que hice con ustedes”, dijo tras acusar al juez De Moraes de estar “contaminando” al proceso democrático.

Tiempo Argentino, 8 de Septiembre de 2021

Steve Bannon, el gran estratega de la ultraderecha internacional

Steve Bannon, el gran estratega de la ultraderecha internacional

El 11 de septiembre de 1973, con el golpe militar en Chile, el proyecto neoliberal de Milton Friedman baja a tierra. Eran reformas tan extremas que solo mediante una dictadura criminal podrían ser impuestas. El economista de la Universidad de Chicago visitó el país trasandino en marzo de 1975, para “supervisar” las medidas que implementaba el gobierno de Augusto Pinochet. Ese plan alcanzaría status de credo global en 1979, con Margaret Thatcher en el 10 de Downing Street, y a partir de 1981 con Ronald Reagan en la Casa Blanca.

Por entonces un oficial de la Marina de Estados Unidos, Steve Bannon, buscaba abrirse camino en los negocios y en 1983 entró al banco de inversión Goldman Sachs. Conservador convencido, ostenta todos los excesos de que hace gala ese sector: racista, homofóbico, elitista, impiadoso. De la banca pasó a la industria cinematográfica. Fue productor, entre otros éxitos, de la serie Seinfeld y la sangrienta Tito Andrónico, de Shakespeare, con Jessica Lange y Anthony Hopkins.

Aprendió cómo atrapar al público con buenas historias y pronto desde el portal breitbart.com se convirtió en perspicaz difusor de las ideas ultraconservadoras. Vio que los demócratas, cooptados también por la Escuela de Chicago, habían abandonado a los trabajadores. Y percibió que en los países occidentales ocurría lo mismo: irritación contra la dirigencia política, falta de perspectiva de desarrollo personal, temores ante la liberalización de ciertas costumbres y por las corrientes migratorias.

Y vio antes que nadie el potencial de las redes y las plataformas de internet para manipular poblaciones crédulas. Bastaba con aprovechar esos medios para culpar de la realidad a la política tradicional, a los extranjeros, a las ideas “comunistas” que propugnan los derechos de las mujeres, el aborto, que hablan de cambio climático. En este año y medio suman el encierro, las vacunas, los barbijos.

Bannon logró derechizar más al Partido Republicano a través del Tea Party y fue consejero de Donald Trump. Pero se tuvo que ir tras el ataque neonazi en Charlottesville de 2017. Detenido por algunos chanchullos contra el fisco, fue indultado por Trump antes de irse.

Ya había articulado una Internacional Conservadora. En Francia con el frente ultraderechista creado por Jean-Marie Le Pen y heredado por su hija Marine. Comparten mismos ideales y similares desprecios por los diferentes. Su socio más destacado en Europa es el premier húngaro Viktor Orbán, sin dejar de lado a Alternativa por Alemania y a la Liga del Norte italiana. En España, Vox de Santiago Abascal tiene su sello.

En América Latina, el mayor logro de esta derecha “paleoconservadora” es Jair Bolsonaro. Bannon viajó varias veces a Brasil, donde los hijos del presidente se jactan de ser sus amigos. En Argentina, la cercanía con Mauricio Macri y el PRO no es tan visible, aunque varios de sus integrantes -los de discurso más violento- firmaron la Carta de Madrid, que impulsa Abascal, una hoja de ruta “anticomunista” para la “Iberosfera”.

Macri abreva en el PP español, aunque últimamente está cambiando el eje. Le pasó como a los conservadores españoles: Vox es el desprendimiento por derecha del PP liderado por Abascal, un ultra capaz de cualquier agravio sin que le tiemble la pera; en Argentina quien cubre mejor ese lugar es Javier Milei.  De allí el giro en el PRO. Cuando eran gobierno hablaban de “gradualismo”, ahora sostienen que abusaron de “buenismo”. Es la acusación de Abascal al PP.

Vox, los paleocons, la derecha alternativa, como Thatcher, no aspiran al poder solo por el poder en sí. “La finalidad es cambiar el corazón y el alma”. Ese, en el fondo, era el verdadero objetivo de Friedman. «

Los amigos de Milei y la pelea contra el Grupo de Puebla

A propuesta del partido español Vox, en marzo pasado un grupo de eurodiputados ultraconservadores pusieron en marcha una iniciativa para “abrir una alternativa a la política de apaciguamiento, paños calientes y complicidad de las instituciones de la UE con las narcodictaduras comunistas y socialistas de Iberoamérica, unidas en torno al Grupo de Puebla y el Foro de Sao Paulo controlados por Cuba”.

Se trata del foro ECR-Eurolat (ECR corresponde a European Conservatives Reformist o Reformistas Conservadores Europeos) presidido por Hermann Tertsch, un periodista de nacionalidad española, hijo de un diplomático austríaco afiliado en su momento al partido nazi, aunque luego cayó en desgracia y fue confinado al campo de concentración Sachsenhausen sospechado de intento de asesinato de Adolf Hitler del 20 de julio de 1944.

En junio pasado, el foro organizó una cumbre que contó con la participación del líder de Vox, Santiago Abascal, y otras estrellas fulgurantes de la ultraderecha. Entre ellos cantaron presente el exprimer ministro de Polonia, Jarosław Kaczyński; -el expresidente de Colombia, Andrés Pastrana; la venezolana María Corina Machado, furiosa antichavista. Por Colombia también fue de la partida la senadora María Fernanda Cabal y por Italia la ex ministra de la Juventud de Silvio Berlusconi, Giorgia Meloni. Por Argentina, el invitado fue Javier Milei.

Tiempo Argentino, 4 de Septiembre de 2021

11-S: el día que nació la era de la vigilancia global y los negocios con la guerra

11-S: el día que nació la era de la vigilancia global y los negocios con la guerra

El ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono produjo uno de los cambios más profundos y veloces en la historia de Estados Unidos y el resto del planeta. Días que conmovieron al mundo –como una pandemia, pero sin virus– que dejaron una onda expansiva de la que no parece fácil volver. Para entender qué sucedió luego de que dos aviones se hubieran incrustado –como en un film de Hollywood– en edificios tan emblemáticos de Nueva York, no es mal ejercicio constatar fechas y acciones del gobierno de George W. Bush.

No había pasado un mes de los atentados del 11-S cuando, el 7 de octubre, la Casa Blanca lanzó la Operación Libertad Duradera, destinada a dar caza del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, el presunto organizador de los ataques, y desarticular al grupo terrorista.

A velocidad de rayo, el 26 de octubre el Congreso en forma casi unánime aprobó la Ley Patriótica. La USA Patriot Act es el acrónimo de Uniting and Strengthening America by Providing Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism Act, o sea, Ley para Unir y Fortalecer EE UU de América Proveyendo las Herramientas Apropiadas Requeridas para Impedir y Obstaculizar el Terrorismo.

El pomposo nombre con la apelación al nacionalismo escondía el más fenomenal proyecto de vigilancia ciudadana en un país que se jactaba de la defensa de los derechos civiles y que además, no era la imposición de una dictadura sino el acuerdo de representantes de poderes elegidos por la ciudadanía. El objetivo explícito era ampliar la capacidad del Estado para investigar posibles –o imaginados– actos terroristas. El entonces senador Joe Biden justificó su voto favorable alegando que “el FBI podría conseguir una intervención telefónica para investigar a la mafia, pero no pudieron conseguir una para investigar a los terroristas. Para decirlo sin rodeos, ¡era una locura! Lo que es bueno para la mafia debería ser bueno para los terroristas “.

Las organizaciones de Derechos Civiles de inmediato plantearon la aberración de someter a la población a un estado de vigilancia permanente, lo que iba contra de las tradiciones más arraigadas del ideario estadounidense.

Una de las primeras consecuencias fue el crecimiento explosivo de agencias de inteligencia y personal de espionaje. En 2010, cuando aún el gobierno de Barack Obama era una promesa de otros aires en EE UU, el Washington Post publicó un extenso informe tras dos años de hurgar en todos los rincones del Estado. “El mundo ultra secreto que creó el gobierno en respuesta a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 se ha vuelto tan grande, tan difícil de manejar y tan reservado, que nadie sabe cuánto dinero cuesta, cuántas personas emplea, cuántos programas existen dentro de él o exactamente cuántas agencias hacen el mismo trabajo”.

Oficialmente, la Comunidad de Inteligencia abarca hoy a unas 100 mil personas en 16 diferentes agencias. El Post encontró hace once años –no hubo ningún informe posterior para actualizar datos– que había 1271 organizaciones gubernamentales y 1931 compañías privadas relacionadas con el contraterrorismo, la vigilancia y la inteligencia en 10 mil lugares de EE UU y que empleaban a 854 mil personas.

El presupuesto para los programas de Inteligencia Nacional e Inteligencia Militar, según la Federación de Científicos de EE UU (FAS, por sus siglas en inglés, una organización creada en 1945) llegó el año pasado a 85.800 millones de dólares desde los 45.200 millones de 2001.

En 2013 Edward Snowden reveló algunas de las operaciones que se hacían con esa montaña de dinero, vigilando no solo a ciudadanos sino a dirigentes políticos, mandatarios y hasta compañías de todo el mundo. La obsesión por la vigilancia corrió pareja con el fenomenal desarrollo de la industria bélica, azuzada por la invasión a Afganistán, a Irak y las incursiones militares en Libia y Siria. De los 331.800 millones de dólares presupuestados para Defensa en 2001, con Biden la cifra llegó a los 704 mil millones. Se entiende este incremento por tantos frentes de batalla abiertos en estos 20 años. Pero también por los cargos clave que tuvieron personajes que, cuando no son funcionarios, encuentran conchabo en la empresa privada.

Dick Cheney, vicepresidente y hombre fuerte del gobierno de Bush hijo, fue CEO de Halliburton Company, una petrolera que ganó muchos concursos para la reconstrucción de países devastados por las guerras. Donald Rumsfeld, coautor de la estrategia militar que propugna el caos para las regiones que no se sometan a EE UU, tenía intereses en la industria farmacéutica y bélica. Mark Esper, secretario de Defensa de Trump, ocupó una silla en el directorio de Raytheon Technologies, fabricante de armamento y de tecnología espacial. Su sucesor con Biden, Lloyd Austin, también. 

Tiempo Argentino, 4 de Septiembre de 2021

Macron mira las urnas y alienta el renacer del Imperio Francés

Macron mira las urnas y alienta el renacer del Imperio Francés

A siete meses de las elecciones francesas, Emmanuel Macron busca posicionarse como el reconstructor del Imperio Francés, pero todavía debe enfrentar la dura realidad interna, que seguramente es la que más va a pesar a la hora de que cada ciudadano emita su voto.

Pruebas al canto: el sábado pasado participó de una cumbre en Bagdad en la que felicitó a las autoridades iraquíes “por haber derrotado a Estado Islámico” y luego prometió ayuda financiera para para seguir luchando contra el grupo yihadista, “un enemigo común que muestra signos preocupantes de resurgimiento tanto en Irak como en Siria” y aunque no lo dijo, también en Afganistán a través de su “sucursal” en Khorasan, EI o ISIS-K.

Al volver a su patria, este miércoles recorrió Marsella, acosada por la violencia entre bandas de la mafia. “Encontramos todavía en nuestros barrios una situación muy difícil, y los jóvenes (…) están de alguna manera estigmatizados, no les damos las mismas oportunidades”, reconoció ante la prensa.

Los devaneos de Macron quedaron claros también ante una pregunta periodística de un medio local sobre el futuro de la intervención militar en Mali, que data de 2012 y tiene ribetes muy similares a la ocupación por Estados Unidos de Irak y Afganistán. Es que el presidente, refiriéndose a la fallida estrategia estadounidense de “construir un estado” en ambos países asiático, había declarado que era una visión equivocada de cómo resolver la cuestión.  En África, sin embargo, desde mediados de este año Macron habla de ir abandonando el territorio (“evolucionando”, es el eufemismo utilizado) a una fuerza internacional o a autoridades locales. Pero no hubo avances en tal sentido.

Cierto es que la intervención armada en Mali no fue idea de Macron sino de su antecesor, el socialista Françóis Hollande, pero ahora debe enfrentar la realidad de que es un atolladero. Como ocurre con todas las guerras, es muy sencillo entrar, lo difícil es salirse.

En otros ámbitos interiores, Macron debió enfrentar desde fines de 2018 la revuelta de los “Chalecos amarillos”, habitantes de las periferias de las grandes ciudades que se manifestaban en contra del aumento de combustibles. Y desde hace algunas semanas, las calles de varios distritos se pueblan de jóvenes que protestan por la obligación de tener el pase sanitario que garantice que el ciudadano esta vacunado contra el Covid-19. Una medida que entienden afecta su libertad.

Como ese es un caldo de cultivo para la extrema derecha, representada por Marine Le Pen, la opción de mostrarse en el exterior como defensor de un rol protagónico de Francia en las grandes ligas internacionales suena interesante -al menos en la mesa de arena- para capturar al votante nacionalista y nostálgico de otras épocas “gloriosas”.

Cierto es que la intervención armada en Mali no fue obra de Macron sino de su antecesor, el socialista Françóis Hollande, pero ahora debe enfrentar la realidad de que están metidos en un atolladero. Como ocurre con todas las guerras, es muy sencillo entrar, lo difícil es salirse.

Como sea, la semana anterior el presidente galo se paseó por lugares clave del Medio Oriente ampliado. Había coorganizado con el primer ministro iraquí, Mustafa al-Kazemi, una cumbre de “Cooperación y Asociación” en Bagdad con el propósito de “estabilizar la región” tras al retiro de EEUU.

Lograron juntar varias cabezas en un juego de delicado equilibrio: estuvieron el presidente de Egipto, Abdelfattah al Sisi; el rey de Jordania, Abdullah II; el emir de Qatar, Tamim bin Hamad al Thani; el vicepresidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Rashid al Maktoum; el primer ministro de Kuwait, Sabah Khaled al Hamad Al Sabah; el secretario general de la Liga Árabe (LA), Ahmed Aboul-Gheit. Dos viejos enemigos, Irán y Arabia Saudita enviaron a sus cancilleres y la promesa de sentarse a negociar una entente, algo es algo.

Antes Macron había visitado  el Kurdistán iraquí y estuvo en Mosul, uno de los lugares que más padecieron la incursión de los yihadistas y que fue reconquistado en 2017 por tropas iraquíes con efectivos de una coalición internacional.  A todos prometió ayuda y solidaridad. Pero Nicodemos Daoud Matti Sharaf arzobispo de Mosul, Kirkuk y Kurdistán, no tuvo empacho en decirle: “¿Por qué, cuando ISIS llegó a plena luz del día y nos desplazó, ninguno de estos grandes países occidentales estaba allí y lo combatió?”.

En el sureste francés, Macrón prometió 300 policías adicionales para 2023 y adelantó un presupuesto de 1200 millones de euros para las escuelas públicas. Algo es algo, también.

Tiempo Argentino, 1 de Septiembre de 2021

ISIS-K, el enemigo de los talibanes que le conviene a Occidente

ISIS-K, el enemigo de los talibanes que le conviene a Occidente

Estados Unidos se despide de Afganistán con el ataque a un objetivo del grupo yihadista ISIS-K a días de terminar la evacuación desde el aeropuerto de Kabul, de lo que queda del personal que colaboró con la ocupación. Mientras tanto, en Bagdad. el presidente Emmmanuel Macron sellaba una alianza con el primer ministro iraquí, Mistafa al Kazimi, para lo que aspira sea un renacimiento del sueño imperial francés en esa región del mundo tras la huida estadounidense.

Un mensaje en Telegram se adjudicó a nombre de Estado Islámico de Khorasan (ISIS-K) el atentado del jueves en las inmediaciones del aeropuerto de la capital afgana que causó alrededor de 90 de muertos y más de 160 heridos. Desde entonces, ese movimiento fanático aparece como el gran competidor y enemigo interno de los talibanes en ese país. Con lo cual, para medios y dirigentes occidentales, la caída de Kabul se convierte en el regreso de un horror que los biempensantes deberían combatir.

Según un conocedor de los grupos yihadistas como el italiano Antonio Giustozzi, investigador del King’s College de Londres y autor de Estado Islámico en Khorasan, publicado en 2018, ISIS-K nace en esa región de Afganistán, Pakistán, Irán e India cerca de 2014. Giustozzi, habitual fuente de consulta de medios europeos a estas horas, dice que la “sucursal” de ISIS es aun más extremista que los talibanes en cuanto a la imposición de las leyes islámicas. Que recibieron financiamiento y recursos externos, y que en el camino fueron sumando talibanes descontentos con las cúpulas locales.

Otro que sabe, el francés Thierry Meyssan, creador de la Red Voltaire, sostiene que ISIS, al igual que Al-Qaeda, “son engendros de la CIA” y recibieron no solo dinero sino armas y entrenamiento de británicos y estadounidenses. La tesis ISIS=CIA se puede fundamentar en que tras la llegada de Donald Trump al poder, en 2017, cesaron milagrosamente los demenciales asesinatos yihadistas a que nos tenían acostumbrados y desapareció su amenaza en el llamado Medio Oriente Extendido. Trump fue el primero en negociar esta salida con los talibanes, además.

Cómo no interpretar que el ataque del jueves, a pesar de que murieron también 18 efectivos militares de EE UU –¿daños colaterales?–, es una buena noticia para la Casa Blanca de cara al futuro regional. Qué mejor que marcar la cancha a los talibanes con un grupo tanto o más fanatizado que ellos, con similar poder de fuego y capacidad destructiva, que alcanza visibilidad con los demócratas de nuevo en el Salón Oval.

Otra forma de disciplinamiento interno –esboza el brasileño Pepe Escobar desde las páginas de Asia Times– consiste en el ahogo financiero, algo en lo que la Casa Blanca tiene mucha experiencia. Los casos más conocidos son el bloqueo a Cuba desde hace 60 años y más recientemente a Venezuela. Así, mientras no queda claro quién estará al frente del Poder Ejecutivo en Afganistán, Washington congeló 9500 millones de dólares en reservas del Banco Central afgano y el FMI hizo lo propio con 460 millones del programa de ayuda Covid-19. Otro símil: Fulgencio Batista huyó de Cuba en 1959 con valijas cargadas con varios cientos de millones de dólares; el presidente Ashraf Ghani se escapó con 169 millones.

El escenario, para los talibanes, no pinta fácil, como se ve. A la falta de efectivo tendrán que agregarle que los países con los que necesitan arreglar para poder ejercer el liderazgo necesitan garantías y van a intentar imponer condiciones. Tanto para Pakistán como India y China, de que no buscarán extender una revolución islámica a las poblaciones de fe musulmana dentro de sus propios territorios. A Rusia, de que hará lo posible para olvidar viejos rencores de la invasión de 1979. Con Irán e Irak también tendrán que establecer acuerdos que no aviven las diferencias entre sunníes y chiítas.

Pero lo más complicado será puertas adentro. Afganistán, es un territorio diseñado en tiempos del Imperio Británico con el propósito de separar a pueblos afines bajo distintas administraciones con el principio romano de “divide y reinarás”. Dentro de los límites fronterizos afganos conviven 25 etnias –la más numerosa es la pastún, a la que pertenecen los talibanes– que, a su vez, tienen más fidelidad y sentido de pertenencia con la familia o los clanes que con la idea de una nación.

Si la invasión pretendía establecer las bases para crear un país al que los habitantes sientan como propio, ahí radicó el gran error de la Otan y el Pentágono. Confiaron en estrenar y armar a un ejército y una clase dominante con ciertas líneas de democracia occidental. Pero crearon un monstruo político corrupto y en cuanto todos notaron que se querían sacar la papa caliente de encima, todo volvió a la “normalidad”.

Los talibanes regresaron sin disparar un tiro. Si su avance era indetenible es porque nadie quiso detenerlos. Una anécdota que cuenta David Zucchino en The New York Times resulta ilustrativa: a principios de mayo un comandante talibán llamó a Muhammad Jallal, líder de la provincia norteña de Baglán. “Si no se rinden los vamos a matar”, dice que le dijeron. Todos dejaron las armas bien acomodadas al costado del camino. Joe Biden se dio cuenta, tardíamente. “Los estadounidenses no pueden ni deben luchar o morir en una guerra que los afganos no están dispuestos a luchar”.  «

El negocio del escape

Erik Prince sabe ganar dinero en cualquier circunstancia. Creador de una empresa “contratista” del Pentágono que se hizo famosa como Blackwater y ahora se llama Academi –proveedora de mercenarios, básicamente– este exteniente de navío retirado tiene un ejército privado de unos 40 mil efectivos desperdigados en varios países.

Hacen normalmente el trabajo sucio que las tropas regulares no pueden y además tienen la ventaja de que si mueren, la sociedad no va a llorar ante las bolsas negras con sus restos como si fueran reclutas.

Sus esbirros resultaron acusados de crímenes de guerra en Irak pero él sigue elucubrando la manera de acrecentar su fortuna sin medir consecuencias.

El último negocio que se le ocurrió fue ofrecer una salida segura para todos los que quieren huir de los talibanes. Por la módica suma de 6500 dólares, el asiento en un avión privado. Nadie apostaría que cuando se vaya el último soldado invasor también se vayan sus mercenarios. Siempre pueden resultar útiles en tiempos caóticos.

Tiempo Argentino, 28 de Agosto de 2021

Julian Assange y Chelsea Manning, los únicos héroes en este lío

Julian Assange y Chelsea Manning, los únicos héroes en este lío

Los únicos héroes en este lio de la invasión a Afganistán pagaron el precio más caro por sacar a la luz quiénes cometían los crímenes más horrendos en esa parte del mundo. Émulos de Daniel Ellsberg, Julian Assange y Chelsea Manning padecieron en carne propia el castigo que los poderes reservan para quienes desafían al sistema con el arma que más temen: las pruebas de la infamia.

Ellsberg, analista de la Rand Corporation, fue el que en 1971 entregó unos 7000 archivos fotocopiados a mano en la clandestinidad -los Pentagon Papers- a los diarios The New York Times y Washington Post que mostraban que la guerra de Vietnam se había construido sobre mentiras y, además, que los líderes políticos sabían que no podía ser ganada. Fue el principio del fin de una aventura militar que costó la vida de no menos de 5 millones de personas, entre ellos quizás 60 mil soldados estadounidenses, pero sobre todo civiles masacrados de la manera más espantosa. 

En 2001, el gobierno de George W. Bush, montado en otras mentiras, decidió la invasión de Afganistán y dos años más tarde, Irak. Y acá entra en juego el experto informático australiano que creó WikiLeaks, sitio donde se puede enviar información veraz sobre actos de los gobiernos a espaldas de la ciudadanía mediante una plataforma encriptada que resguarda la identidad del “whistleblower”, como se denomina en inglés al “filtrador”.

Su bautismo de fuego fue en abril de 2010, con el video de un ataque con helicópteros en Bagdad de julio de 2007 que muestra a los tripulantes disparando sobre un grupo de personas que huían despavoridas por unas callejuelas. Pero no era un juego online, entre las víctimas había diez seres humanos, entre ellos un colaborador de la agencia de noticias Reuters.

En julio de ese mismo año, tras un acuerdo con los periódicos The Guardian, del Reino Unido, Der Spiegel de Alemania y The New York Times, aparecieron 92.000 archivos de la invasión de Afganistán que databan del quinquenio 2004-2009. El impacto fue mayúsculo, porque recordaba al caso de Ellsberg y auspiciaba una respuesta trascendente de Barack Obama, que había ganado la presidencia y el premio Nobel de la Paz meses antes por su promesa de terminar con las ocupaciones de Irak y Afganistán.

Sin embargo, la Casa Blanca se comportó de un modo bien diferente. El secretario de Defensa, Robert Gates, ordenó una investigación para encontrar al responsable de la filtración. Y no tardaron en llegar a una analista de inteligencia trans destinada en Irak, ahora Chelsea Manning. Fue detenida e incomunicada en las condiciones más ásperas por el gobierno y Obama afrontó críticas y cuestionamientos de los sectores progresistas que habían hecho campaña por él.

Condenada a 35 años de prisión por violar la Ley de Espionaje, siempre dijo que lo había hecho porque el material que pasaba por sus manos mostraba atrocidades inaceptables para su conciencia cometidas por soldados de su nación. Y que además, confió en que con Obama otros tiempos soplarían en Estados Unidos.

Assange, en tanto, fue sacado de circulación primero con una denuncia de violación presentada por dos jóvenes en Suecia y con campañas de desprestigio. Asilado en la embajada de Ecuador en Londres en junio de 2012 por el gobierno de Rafael Correa, Lenin Moreno -violando toda la tradición diplomática internacional- dejó que la policía británica se lo llevara detenido en abril de 2019. Desde entonces permanece alojado en condiciones inhumanas en la cárcel de máxima seguridad de Belmarsh a la espera de que la justicia rechace el pedido de extradición de Washington, donde no le espera un juicio justo.

El año pasado Mannig se negó a declarar en contra de Assange en una audiencia sobre la que sobrevolaba la amenaza de regresarla a la cárcel. Ahora desarrolló un programa de criptografía, contratada por el matemático Harry Halpin. La startup Nym utiliza la tecnología blockchain de las criptomonedas y protege el envío de datos en la red de redes. Como pretende Manning, da garantías a los whistlebolwers de no ser detectados por los organismos de seguridad oficiales. Los diarios que publicaron los archivos de Afganistán siguen su vida sin preocuparse de persecuciones ni amenazas de castigos. 

Tiempo Argentino, 28 de Agosto de 2021