Decir que Stella Calloni entrevistó a los líderes más importantes de la segunda mitad del siglo XX no es una exageración. Desde Fidel Castro y Muamar Khadafi a Yaser Arafat, Felipe González, Omar Torrijos, Hugo Chávez y siguen las firmas. Tampoco lo es decir que es reconocida por su investigación de la trama del Plan Cóndor para la que hurgó en los documentos originales que involucran a los organismos de inteligencia y los gobiernos de Estados Unidos con las dictaduras regionales en los ’70.
Pero paralelamente a su tarea periodística, una profesión que la atrapó desde joven, Stella Manuela Juliana Calloni Leguizamón escribió poesía y acaba de publicar su primera novela, La cabeza https://www.prensa-latina.cu/2023/05/15/debemos-recuperar-la-patria-grande-asevero-argentina-stella-callonidesaparecida de Pancho Ramírez (Ediciones Continente). Una historia que conoció en su infancia en Entre Ríos («Nuestro mundo, dice, se dividía entre artiguistas y ramiristas»)-y que luego de toda una vida dejándola “para más adelante”, ahora que acaba de cumplir 88 años y dice que tiene “fecha de vencimiento”, se decidió a mandar a imprenta.
–Es un libro para paladear, porque más allá de la historia, tiene un cuidado de la lengua, del idioma castellano, que lleva al disfrute de leer.
–Soy maniática de la escritura, sí. Yo misma lo disfruté mucho. Anduvo tanto tiempo en mi cabeza…
-¿Desde cuándo?
-Desde que fui adolescente. Yo vivía con unas tías en Paraná, en una casa como conventual, porque la gente cerraba las puertas temprano. Entonces leía muchos libros de historia. Ellas eran ramiristas, igual que los Leguizamón, que eran del mismo tronco familiar que Martiniano Leguizamón. Eran de origen vasco y se vinieron a Entre Ríos desde el Paraguay. Yo leía todo eso. Había sacado un premio por una composición que había hecho sobre la Guerra Gaucha. Mi profesor de Literatura me decía que yo tenía que hacer Letras, pero para eso me tenía que quedar a vivir con las tías. Esa debía ser mi verdadera carrera, pero vine a Buenos Aires para estudiar Medicina. Sin embargo, cuando tuve que estar al lado de los enfermos me di cuenta de que eso no era lo mío. Pero siempre escribí. Me acuerdo que le hice un poema a Evita, que lo recitaba con los amigos. Yo estaba muy metida con la poesía.
-Si, claro, por ejemplo el libro Carta a Leroi Jones, publicado en Panamá, México, Colombia, traducido en EEUU y en Francia. Cuando vine a Buenos Aires, la primera acción fue ir a visitar los lugares donde estaban viviendo los exalumnos de mi mamá, que fue una maestra rural en un pueblo que había fundado mi abuelo, en el campo total. Cuando me instalé seguía leyendo: Kafka, (Niestszche) Así hablaba Zaratustra. Pero siempre estuvo esta historia.
-¿Qué quiere decir ser ramirista?
–Nuestro mundo se dividió entre los artiguistas y los ramiristas. A mí me parece que eso es falso, porque (Francisco) Ramírez y Estanislao López, que era el caudillo de Santa Fe, fueron la parte más fuerte del apoyo a (José Gervasio) Artigas en su lucha. Fueron extraordinarios lugartenientes, que era como se decía antes. Yo pensaba, cuando recorría esos caminos hacia el medio del monte, cómo habría andado Ramírez en esos lugares, porque aquello era una gloria de flores y pájaros y monte cerrado que te hace vivir de otro momento la niñez y la adolescencia, cargada con la magia que hay en ese mundo, cargado, a su vez, con el lenguaje campesino que te queda grabado para toda la vida. Eso me ayudó a ir pensando de dónde puedo partir para contar la historia. Empecé a hacer bocetos del libro, después…
-¿Cómo fue que se te dio por contarla?
–Me encantaba esa figura, ese hombre, y además porque de verdad mucha gente muy vieja, ahí, en el campo, decía que lo veían pasar a veces a la tardecita, con cabeza o sin cabeza, su poncho al viento. Siempre lo vieron a Ramírez. Además, es una figura romántica, porque él murió por salvar a su compañera, Delfina, que también tiene una vida misteriosa, porque algunos la ponen como nacida en Brasil. Desde chica se acostumbró a andar a caballo. Lo que sí es que nadie te puede decir dónde la encontró, y eso es lo hermoso y misterioso. Todo eso va creciendo en la imaginación adolescente…. Muchos de los alumnos de mi mamá los encontré en la isla Maciel, habían venido a trabajar en los frigoríficos. Cuando uno llega acá del campo se siente asombrado, imaginate. Después me fui metiendo en la vida política, en las cosas que pasaban…
-¿Cuando dejaste Medicina qué hiciste?
–Periodismo, pero también me metí en unos líos, porque me fui a Misiones a llevar un encargo para una guerrilla que entró en Paraguay, en 1959. Yo había ido a llevar los remedios que me había pedido una enfermera, porque yo había hecho terapia ocupacional cuando la epidemia de poliomielitis en el 56 y me metí en el hospital a ayudar. Me quedé casi un año en la selva, en unos campamentos. Había tres grupos distintos además del FULNA. La guerrilla recibía ayuda de la izquierda, pero también de la Libertadora, que no lo quería a (el dictador Alfredo) Stroessner porque lo había querido cobijar a Perón. Pero hay documentos de que EEUU presionó a Stroessner para que lo recibiera porque sino no podían terminar con el golpe. Esa vida en la selva también es absolutamente mágica. Ese mundo terminó siendo mi primera publicación de cuentos y también poesías. Mi primer libro fue Los subverdes: yo partía del subdesarrollo, “nosotros los subdesarrollados”. ¡Cómo se van armando las cosas¡, porque yo tenía esa historia de la selva, donde te cuentan infinitas leyendas. Decía el general Torrijos cuando le preguntaron por el realismo mágico: “no hay realismo mágico, acá la realidad de nuestros países es mágica”. Todo ese mundo tan rico que no lo hemos transmitido, con los emigrantes, los gauchos judíos. El peso que tiene Buenos Aires es que no sale de la literatura es urbana, cuando hay magníficos escritores del interior, entrerrianos como Evaristo Carriego. Habría muchísimos más, si no hubiera esa frontera.
–Contame un poco más tu incursión en la literatura.
–Yo escribí un libro de cuentos que fueEl hombre que fue yacaré, que gustó muchísimo, con prólogo de Juan Gelman.Pero desde el 76 en adelante ya me metí en el periódico Uno más Uno de México. Después terminé viajando por El Salvador, por Nicaragua, fui corresponsal y la vida era un movimiento constante. ¿Cómo te sentás a escribir? A mí me trajeron con ACNUR desde Panamá cuando fue la invasión, en el 89. Yo había pedido refugio, porque si bien yo no era de ninguna organización armada, me juntaba con ellas. Cuando volví, ya en tiempos de Alfonsín, era corresponsal de La Jornada de México y me quedé. Un día me levanté recriminándome: “porque yo esta novela la tengo que hacer”. Y empecé a escribir y escribí 50 páginas que no las tuve que tocar para nada, salvo pequeñas cosas. Pero fue increíble.
-¿En qué año fue?
-En el 94 o 95. Escribí en dos días sin parar. Son las primeras 50 páginas. Yo quería empezar con Ramírez pero hubo una fuerza que me llevó a empezar con Estanislao López. Lo primero fue ese monólogo largo y luego empezaron a salir un montón de cosas. Pero después tenía que seguir. Entonces tuve que viajar a Paraguay por los archivos, que fue cuando hice tres notas grandes del Plan Cóndor por La Jornada y después fue que dieron ese premio en EEUU (North American Congress on Latin America, NACLA). Porque todos cuentan del plan pero yo conté quien estaba detrás del Cóndor y está todo lo que EEUU hizo durante el golpe de Allende. Ese viaje me cortó otra vez. Y yo me decía ¿cuándo terminaré con el periodismo? Me fui metiendo cada vez más, enredándome cada vez más. Pero mientras tanto fui publicando libros de poemas, como Memorias de trashumante, de entrevistas comoMujeres de Fuego.Cuando volví pensé que aquí iba a estar todo muy tranquilo.
-Acá nunca va a estar tranquilo (risas).
-No, no. Yo el único período de cierta racionalidad que viví fue durante el gobierno de Perón, una cosa totalmente distinta que no se repitió más.
-¿Hasta el ‘55?
-Si. Yo eso lo viví en el interior, porque era muy fuerte esa presencia de Evita. Hasta mi mamá le pidió para la escuela, a la que nunca llegaba nada. No había ni cuadernos. Mi mamá pedía el papel de estraza, ese gris, los cosía y esos eran los cuadernos para los chicos. Después empecé a seguirla (a la novela) y la fui terminando y cuando estaba terminada, los amigos que venían me decían ¡¿pero por qué no publicas esto?!”.
-El libro se podría contar en clave actual. La historia de Ramírez, el error de haberse alejado de Artigas.
–Artigas era una figura políticamente mucho más importante que estos muchachos (por López y Ramírez) porque tenía más preparación y todo. Ellos también lucharon por una patria federal, hasta la muerte. A Ramírez lo recibieron acá y (Manuel de) Sarratea, que era muy sibilino, los llevó a negociar y terminaron firmando algo que cuando vos mirás el Tratado de Pilar, lo terminaron convenciendo sobre todo de que Artigas quería entregarnos a los portugueses, que iba contra la República Argentina. Artigas era muy impulsivo pero, a la vez, era un personaje extraordinario, porque tenía una visión mucho más avanzada. Estos habían sido como sus hijos, porque habían empezado muy jóvenes. El enojo de Artigas es por ese pacto escrito de tal manera que podía entenderse en su contra. El centralismo porteño que tan bien definió el Colorado (Jorge Abelardo) Ramos, que le llamaba “la pandilla del barranco”. Hay dos historias o tres de los mismos hechos, donde vas a encontrar la verdad, pero la mayoría sigue la historia de (Bartolomé) Mitre, y ahí empieza la confusión.
–Eso trasladado a hoy en día, lo difícil que es generar una idea de integración regional y lo fácil que resulta destruir todo eso. Pienso en la Unasur y todos los intentos que se han hecho.
–Cuando yo estaba terminando el libro me dije “este libro sirve para ahora”. Es el momento en que nos preguntamos por qué todavía estamos en el siglo XIX, donde se ve por qué los porteños siempre le rechazaban los enviados a Artigas. Porque evidentemente él tenía esa visión… en este libro de alguna manera yo quería tocar el punto en que me afectaban. Hoy en día es fácil decir Pancho lo traicionó a Artigas. Mi criterio era cómo logran desunirte, con qué facilidad lo lologan. En realidad te das cuenta de que Artigas sin ellos no podía seguir la guerra. No tuvo el acompañamiento que debió tener. Pero si hubiera sido una traición, Ramírez no le hubiera enviado el documento para que lo viera. Artigas no quiso volver a Uruguay, sintió que lo habían traicionado y se fue a Paraguay y esa historia termina triste.
Del barro de la realidad a la ficción
Por momentos, pareciera que Stella Calloni se sintiera culpable de haber escrito ficción, acostumbrada de toda su vida a mostrar los hechos metiendo los pies en el barro.
“Mi miedo era que familiares de López tomaran a mal que yo pusiera en su boca cosas que yo había escrito. Cualquiera sabía que López no hablaba así, Vinicio, el que cuenta la novela, soy yo. Tuve que poner todo en boca de un hombre porque era increíble que una mujer pudiera estar haciendo esos bocetitos”.
En su larga carrera periodística, Calloni tuvo logros impactantes, más allá de quizás su cumbre, que fue la investigación sobre el plan criminal de las dictaduras de los años setenta. “En Mujeres de fuego, tengo una entrevista con la esposa de (el líder colombiano asesinado en 1948 Jorge Eliécer) Gaitán –recuerda, entusiasmada- La mujer se robó el cadáver del hospital y lo enterró en el comedor para sacárselo a los liberales, que querían hacer figurete con él”.
También en ese texto, subtitulado “Historias de amor, arte y militancia”, hay entrevistas con la dirigente comunista argentina Fanny Edelman, que había estado en la Guerra Civil española “y llegó a tener el sudario de Evita”, relata Calloni, “Ese libro me permitió hacer tres ensayos, uno de Frida Kahlo, uno de Manuela Sáenz (quien fue amante de Simón Bolívar) y otro de una escritora mexicana que fue la primera que publicó un libro sobre Chiapas, Rosario Castellanos.
Pedro Baños Bajo es coronel en la reserva del Ejército de Tierra español y uno de los más destacados especialistas europeos en estrategia, geopolítica e inteligencia. Fue Jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo, en Estrasburgo; docente de Estrategia y Relaciones Internacionales en la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas de su país y participó en tres misiones en Bosnia-Herzegovina. Autor y conferencista, vino a Buenos Aires a presentar su último libro, La encrucijada mundial. Con Tiempo habló sobre este momento dramático para la humanidad como es la guerra en Ucrania, donde Baños despierta pasiones enfrentadas desde su cuenta de Twitter @geoestratego por su crítica sobre el papel de Europa y la OTAN en el conflicto. De allí la primera pregunta, el porqué de esa visión disonante.
-Por encima de todo debemos pensar en cada país en los intereses de cada país. Y si hablamos del contexto europeo debemos pensar en los intereses de Europa, a la que pertenecemos, pero por encima de todo a los intereses nacionales. A veces perdemos ese contexto. Entiendo que las presiones son muy fuertes por parte de los poderosos que lideran realmente dentro de las organizaciones, que nunca por más que digas son democráticas ni equitativas. Como militar español siempre me han preocupado los intereses de España y yendo un poco más allá me preocupan los intereses de la hispanidad. Cuando yo juré bandera no juré defender a ninguna organización internacional, he jurado defender a España y a los españoles. Eso lo tengo muy claro y es el faro de mi vida. Entiendo que hay a quien le es más fácil subir a la ola, dejarse llevar por la marejada del momento, y es cierto, es así como se triunfa, dejándote llevar por ese vaivén que te va marcando el ritmo de los poderosos, pero ese no es mi estilo.
-¿Hay militares de la OTAN que se estén planteando errores históricos como podría ser el avance hacia el este, que es una de las razones de Moscú para iniciar la operación militar?
-Igual que los servicios de inteligencia, las milicias tampoco son un bloque monolítico y hay opiniones. Lo que también es cierto es que somos muy subordinados y si estuviera en activo no te queda más remedio que callarte la boca y cumplir las órdenes que te den. Eso no significa que muchos militares en toda Europa no se planteen exactamente lo mismo que yo. No olvidemos que hay generales importantes en Alemania que fueron inmediatamente destituidos por decir exactamente eso. (NdR, el jefe estado mayor del Ejército alemán general Eberhard Zorn en marzo). A mí me cuentan en pequeños círculos en nuestro mundo militar -que evidentemente es un mundo paralelo, donde lo que dicen no es luego lo que se atreven a decir en público- que están pensando que nos están lanzando a Europa a una guerra que no es nuestra. Los políticos europeos están encantados porque evidentemente ni ellos ni sus hijos van a ir a esta guerra y además deberán favores o subordinación a poderes foráneos. Pero lo cierto es que cada vez hay más gente que se plantea esto. Pero también hay periodistas, lo que pasa es que a mí me dicen luego “si yo dijera lo que opino primero mi director no lo dejaría decir o al día siguiente me echan del medio”. Ahora mismo hay muchísimas presiones para que solo se traslade el discurso oficial.
-Construyen un discurso monolítico.
-Si lo analizamos bien es un discurso que no coincide con los intereses de Europa. Siempre te lo venden como que si esta guerra no la gana EEUU es el fin de la democracia y las libertades, como si en Europa no hiciéramos pingües negocios con países que no son democráticos, o con dictadores. Es parte de ese mensaje, de esa hipocresía. Llevo más de 30 años trabajando en esto, he estado en muchos puestos, y eses discursos no me los creo.
-Esta guerra implica la ruptura de un proyecto europeo que parecía virtuoso: energía barata de Rusia para una industria poderosa. Parece inexplicable.
-Lo de Alemania es más inexplicable todavía. Porque ahora gobierna un tripartito en el que están los Verdes, que tradicionalmente han sido pacifistas, antibelicistas, antimilitaristas y ahora están encantados con la guerra. Qué presiones estarán sufriendo para tomar estas decisiones. Presiones fabulosas como las que sabemos ejercer desde organismos de inteligencia.
-Acá lo llamaríamos “carpetazos”.
-A mí me engañan todos los días, solo que es más difícil engañarme que al resto porque yo sé lo que se cuece, porque yo he estado en el otro lado. Cuando ahora se filtran estos papeles del Pentágono (NdR, en abril pasado) te vuelven a decir cómo EEUU estaba espiando a todos sus socios y aliados. Ya lo vivimos en la época de (Barack) Obama, cuando se descubrió que la NSA estaba espiando a todos nuestros líderes (denuncia de Edward Snowden). Qué no sabrán y qué presiones no recibirán los políticos. En el Concepto Estratégico de la OTAN del año 2010 a China ni se la mencionaba y a Rusia se la consideraba un socio. En el 2011 en España se celebró el Año Dual España-Rusia, con muchísimos eventos, un hermanamiento total. Cuando llega al poder (Emmanuel) Macron abogaba por un acercamiento a Rusia, que no significa implantar su mismo sistema político. Hablamos de un acercamiento comercial, económico, financiero. Porque Rusia tiene en gran medida todo de lo que Europa carece para su desarrollo industrial. Y era un mercado de 150 millones de personas deseosas de consumir. Los españoles hemos perdido de vender miles de millones de euros solo en frutas, verduras y hortalizas o el servicio logístico de Ceuta a los barcos rusos. Siempre he pensado que Europa puede cometer dos grandes errores: no acercarse a Rusia, que la tenemos por carretera y nos proporcionaba el 40% de toda la energía que consumíamos, además cereales, gases nobles, pulpa de papel, minerales estratégicos. El otro gran error es enfrentarse a Rusia. Creo que hay gente que todavía no es consciente de lo que significa Rusia, no entiende la idiosincrasia del pueblo ruso. Se creen que esto es solamente cosa de un loco que se llama Putin y esto va mucho más allá. Si creen que quitando a Putin se acabó el problema es que no han entendido nada de Rusia, no han leído su historia, no comprenden la mentalidad del pueblo ruso. Cuando uno se enfrenta a un enemigo tiene que saber hasta dónde ese enemigo es capaz de llegar. Lo que se enseña en los cursos de estado mayor de las academias militares es a ponerte en la cabeza del adversario. Que puede tener otra belicosidad, otro patriotismo, otro concepto del valor que le pueden dar a la vida. A mí me hace mucha gracia, hay mucho valiente ahora de tertulia de televisión que dicen “vamos a la guerra, es el momento”.
-Animémonos y vayan.
-Efectivamente. Pero el día que empezaran a llegar ataúdes la mitad saldría corriendo. O cuando anunciaran una movilización masiva para luchar en una tierra que no es tuya y no son tus intereses, veríamos cuántos están dispuestos. Porque vamos, ¿en qué nos beneficia esto a Europa? por más que lo traten de disimular y camuflar. Acaban de aprobar y creo que van por décimo paquete de sanciones a Rusia y son un búmeran. A quienes golpea es a nosotros. Si analizamos los datos a Rusia no le está yendo tan mal, motivo por el cual el gobierno cada vez tiene más apoyo de la población. Lo que no nos está vendiendo a nosotros se los vende a otros países que además, luego indirectamente lo estamos comprando a mayor precio. Hay hipocresía, desvergüenza y muchas veces inocencia. Lo estamos padeciendo en subas de los tipos de interés, pérdida de calidad de vida…
-Y la amenaza de una guerra nuclear.
-Absolutamente. Aunque no degenerara en un gran enfrentamiento, el mero hecho de que llegáramos a ver en Europa un hongo nuclear fruto de una pequeña explosión de un arma táctica haría una desbandada. Estos valientes de pacotilla que no han visto una guerra en su vida ni han visto muertos más que en la televisión. Lo cierto es que se está doblando la apuesta constantemente.
-Eso incrementa el riesgo de una escalada fatal.
-Es que la OTAN y EEUU también se están jugando su prestigio en esta guerra. Ya no es una guerra estilo soviético para los ucranianos, es una guerra OTAN, con medios OTAN, personal entrenado por la OTAN, tácticas OTAN, estado mayor de la OTAN.
-Por eso me pregunto si la población no se muestra preocupada. Se entiende que los medios machacan todo el día e incluso eso que decía de partidos con un pasado antibélico.
-Llama poderosamente la atención en esa izquierda que ha sido pacifista y antimilitarista. Ese recelo a todo el mundo militar, a los servicios de inteligencia, esa idea de que el gasto en defensa impedía gastar más en servicios sociales. Tenían esos mantras. Debemos poner en valor otra vez el periodismo, que está ahora mismo de capa caída. Por otra parte no debemos olvidar que en Europa estamos en guerra. Estamos enviando armamento, estamos entrenando a sus soldados… estamos en guerra. Por lo tanto recibimos a cada momento propaganda de guerra. Pero no la propaganda de guerra del otro bando, en Europa están prohibidos los medios rusos, están censurados. Y están censurados porque estamos en guerra. Lo que recibimos es nuestra propia propaganda. A lo mejor no todo el mundo lo percibe, porque de eso se trata, pero es que me he dedicado y me dedico a ello. La prueba está en que como la contraofensiva ucraniana no va bien, casi no hay noticias. Si fuera bien nos tendrían 20 minutos del telediario con eso. No se trata de decir que uno es bueno y el otro malo, es que no nos están contando la verdad, están maquillando las cifras de los muertos y heridos, de la situación táctica, nos ocultan cuáles son los verdaderos intereses geopolíticos y geoeconómicos que están detrás. El mensaje que siempre sale muy bien es el emocional, de una mujer llorando, una niña que sufre.
-¿Cuáles son las fuentes de las que se nutre para informarse?
-Tengo la suerte de haber dado muchas vueltas por el mundo y haber ocupado muchos puestos importantes y tengo acceso a fuentes que cualquier periodista no puede tener. Gente de servicios de inteligencia, de los ejércitos de España y del exterior que me pasa mucha información, tengo contactos todavía en muchas altas esferas que me dan información o no información que también es información.
-¿Cómo es eso?
-Por ejemplo, la voladura del Nord Stream. Tengo contactos al más alto nivel de la Unión Europea y me dicen “de ese tema nos han dicho que ni hablemos”. Yo digo, gracias, ya me lo has dicho todo. Si hubiera sido Rusia estarían hablando constantemente. Sigo páginas de muchísimos países, porque hay que leer de todos lados. Obtengo datos, intento contrastarlos y hago mi propio análisis, que es lo que deberíamos hacer todos, pero claro, cada persona tiene su trabajo y no puede dedicarse en cuerpo y alma. Hay ahora también muchos canales de Telegram, tanto de un lado como de otro. Cada uno va intentar engañarte o imponerte su realidad, por eso tienes que ser muy prudente y no creerte nada de entrada de ninguno. Pero a pesar de tanta propaganda machacona cada vez hay más gente que se da cuenta de que algo está pasando. La gente ha empezado a cansarse un poco, ha visto cómo la afecta.
-¿El primer gran error de la OTAN fue destruir a Yugoslavia?
-Tomamos con naturalidad que en 1999 la OTAN bombardeara la capital de un país soberano como Belgrado y de paso la embajada de China.
-Algo que China no olvida.
-Jamás. Además eso fue sin resolución de Naciones Unidas. En ese momento China no significaba nada aún, estaba (Boris) Yeltsin en la presidencia de una Rusia desinflada totalmente, sin voz ni voto. Se permitieron ciertas alegrías en el bando occidental. Como lo hacemos nosotros eso nos causa muchísima gracia, pero cuando lo hacen los demás, “es que no respetan los derechos humanos, la legalidad internacional, no son demócratas”. Cuando Estados Unidos toca el silbato, todos vamos detrás, como pasó en Afganistán. Y cuando se cansó de esa guerra, se fue, dejando de nuevo a los talibanes, a los que fuimos a sacar del poder, y ya no nos importa que machaquen a las mujeres. Allí también fuimos a defender la democracia, la libertad, los derechos humanos, los derechos de las mujeres. Si ya es el colmo del desparpajo. Es lo mismo que te dicen ahora en Ucrania.
La rebelión de los Wagner
-¿Se sabe algo más del motín de Yevgeni Prigozhin?
– Todavía sigue habiendo una gran confusión porque las noticias que nos llegan son bastante contradictorias. Yo descartaría totalmente que fue un intento de golpe de estado. Para hacerlo tienes que atentar contra las instituciones, los medios de comunicación o pensar que tienes un apoyo importante de las Fuerzas Armadas, de los servicios de inteligencia, que en Rusia son absolutamente claves, de las fuerzas policiales y si me apuras hasta de la iglesia y aparte un apoyo popular también. Con solo unos 3000 soldados paramilitares eso suena a ridículo. Era una manera de llamar la atención, es verdad, para algo que todavía no queda totalmente claro. Prigozhin dijo que iba contra el ministro de Defensa, Sergei Shoigu, y el jefe del Estado Mayor, Valeri Gerasimov y no directamente contra Putin. Pero también llama la atención que si fue un acto de alta traición se hubieran ido sin tener ninguna consecuencia. Por más que estemos en guerra eso no coincide con la manera de pensar de los rusos en general y me atrevería a decir que de ningún país.
-Pululan muchas teorías conspirativas.
-Hay que pensar que estamos en guerra y el engaño forma parte de la guerra. Lo que es verdad, aunque los medios occidentales dicen lo contrario, lo que nos está llegando desde Rusia es que la posición de Putin ha salido reforzada. Pero todavía no hemos visto las consecuencias, porque parece que hay algo más detrás de lo que se ve.
Fue un cierre de listas como no se había vivido en estos 40 años de democracia. En los dos espacios mayoritarios, corriendo contrarreloj en los últimos ajustes y en un sábado a «toda rosca», se terminaron de definir las precandidaturas que competirán en las PASO nacionales del 13 de agosto y el reparto de cargos electivos en la provincia y en la Ciudad de Buenos Aires, los más redituables políticamente y esenciales para cualquier aspiración. Finalmente, se anotaron en este primer escalón 19 fórmulas en 14 espacios políticos, aunque todo indica que tres de ellos concentrarán, según las encuestas, la mayoría de los votos para la presidencia: el oficialismo y aliados filoperonistas, el PRO-UCR y el sector ultraliberal de Javier Milei. La gran sorpresa había explotado el viernes, cuando Unión por la Patria (UxP), la nueva marca del Frente de Todos, anunció una fórmula de consenso con el ministro de Economía, Sergio Massa, a la cabeza de la lista, y el jefe de Gabinete, Agustín Rossi, como vice. Esto descolocó a Juntos por el Cambio (JxC), que si bien ya tenía decidida la confrontación Patricia Bullrich-Luis Petri contra Horacio Rodríguez Larreta-Gerardo Morales, esperaba que el oficialismo se desangrara en una pelea entre el «cristinismo» y el «albertismo» que le despejara el camino hacia el 22 de octubre.
Fórmula de consenso En los días previos, el ala kirchnerista y La Cámpora habían mostrado al ministro del Interior, Wado de Pedro, con el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, como síntesis del deseo de Cristina Fernández de Kirchner de que un «hijo de la generación diezmada» compitiera junto a un representante de las provincias. Todo indicaba que habría un choque con el embajador en Brasil, Daniel Scioli, quien insistía en que los electores definieran al postulante en las primarias. Pero un grupo de gobernadores logró convencer tanto a Cristina Fernández como a los articuladores de esa vertiente de que De Pedro no resultaría el más adecuado y que incluso Manzur se las iba a ver complicadas, habida cuenta de que la Corte Suprema lo había vetado para presentarse como vicegobernador en Tucumán, lo que podría ser un argumento de campaña en su contra a futuro. Además, desde el otro lado de la avenida General Paz siempre se sostuvo que lo ideal sería acordar una fórmula de consenso. Ese acuerdo se logró tras convencer al presidente Alberto Fernández de las ventajas de una fórmula en común, contra su idea de que una PASO serviría para ordenar la interna, aun a sabiendas de que Cristina Fernández concentra una base electoral propia que es ineludible. Así, seguiría vigente aquello de que «con Cristina no alcanza y sin ella no se puede». El acuerdo resultó factible subiendo al exintendente de Tigre al ring junto a Rossi, un combatiente de otras lides que a pesar de que alguna vez enfrentó decisiones de la vicepresidenta en Santa Fe, siempre le fue leal. Solo entonces Scioli dio un paso al costado y con él también quedó libre el camino en la provincia de Buenos Aires, donde sobre el filo del cierre de las listas Axel Kicillof pudo anotar nuevamente a su actual vice, Verónica Magario. Queda en carrera en la primaria de UP el militante social Juan Grabois con Paula Abal Medina. El impacto sobre la oposición se reveló enseguida. Si bien Massa arrastra una situación económica que le puede jugar en contra, también esgrime buenas relaciones con el establishment empresario y con Estados Unidos –que le podrían facilitar las negociaciones aún trabadas con el FMI– y también tiene la suficiente ductilidad como para recurrir a China llegado el caso, como ya lo demostró, para reforzar reservas y cambiar el paradigma del comercio exterior. Si es por hablar con el «círculo rojo», él también tiene con qué.
Dureza electoral Lo que resulta muy evidente es que en JxC la real competencia interna es por quién es más duro, promete más firmeza y defiende mejor los intereses concentrados de la sociedad. La prueba estuvo en Jujuy, donde la población se levantó contra la reforma constitucional de Morales y en reclamo de mejoras salariales. Ya el gobernador y titular de la UCR a nivel nacional había mostrado las cartas cuando a poco de asumir, en 2015, armó una Corte Suprema adicta, detuvo de manera ilegal a la dirigente social Milagro Sala e impulso leyes para reforzar la función represiva del Estado y facilitar las inversiones sin control en recursos mineros, como el litio. El alcalde porteño ya había postulado a Gerardo Rubén Morales como su coequiper, pero el anuncio oficial se hizo esperar. La brutal represión del martes –cuando de manera casi subrepticia fue aprobada la reforma constitucional, con el apoyo del peronismo local, hay que decirlo– puso a Morales en los titulares y él se las rebuscó para culpar al presidente de la Nación y a la vicepresidenta de haber fogoneado las protestas. El discurso de los medios está tan inclinado a la derecha –gracias sin dudas a Javier Milei– que hasta esos hechos aparecen como una virtud y Horacio Rodríguez Larreta los ostenta como carta de presentación. Bajo esa misma bandera, la exministra de Seguridad primereó desde Mendoza anunciando como compañero de fórmula al exdiputado radical Luis Alfonso Petri. Abogado y promotor de la mano dura, Petri es el autor de una ley que niega la libertad condicional a detenidos por homicidios o violaciones. Es difícil encontrar en la UCR a alguien ubicado tan a la derecha: los que estaban tuvieron que irse. A Bullrich Luro Pueyrredón esa permanencia le sirvió para tejer alianza con alguien del más que centenario partido. En el radicalismo se venía haciendo alarde de un renacimiento luego de las elecciones de medio término en la provincia de Buenos Aires, donde Facundo Manes había descollado. Si el neurólogo pensaba que ese lauro le daría el apoyo de sus correligionarios, se equivocó. Y el mismo sábado registró su error al bajar su postulación a la presidencia. JxC se presenta entonces con dos espacios que no tienen mayores diferencias: Rodríguez Larreta-Morales contra Bullrich-Petri.
Otros sectores Los otros espacios a nivel nacional son, por la ultraderecha, un ahora devaluado Javier Milei con la negacionista Victoria Villaruel en La Libertad Avanza. Por el peronismo más cercano al macrismo se presenta el cordobés Juan Schiaretti –quien se uniría a Rodríguez Larreta tras las PASO– con el exministro del Interior Florencio Randazzo en Hacemos por Nuestro País. En la izquierda, se medirán Myriam Bregman y Nicolás del Caño contra Gabriel Solano y Vilma Ripoll dentro del FIT-Unidad; pero también se presenta Manuela Castañeira por el Nuevo Mas y Marcelo Ramal en Política Obrera. Hay otro sector en el que compiten candidatos que en los papeles tienen como primer desafío superar el piso mínimo del 1,5% de los votos válidos para mantenerse en la lona. Por Libres del Sur van Jesús Escobar-Marianella Lezama Hid; por Paz, Democracia y Soberanía el escritor Mempo Giardinelli y la militante gremial Bárbara Solemou. Hay dos ultraliberales que fungen como desprendimientos o descontentos de Milei: el Frente Liber.Ar de Pablo Gobbi-Julio Archet, y por otro lado el libertario no «mileísta» Nazareno Etchepare con Fernando Lorenzo, que disputa una interna con el exdirigente peronista Julio Bárbaro, quien al cierre no había presentado precandidato a vice. Hay además un aspirante enrolado en el neofascismo, como César Biondini, con María Eugenia Avendaño por el Frente Patriota Federal; y otro que se presenta como peronista tradicional, como el exsecretario de Comercio Guillermo Moreno, con el sindicalista Leonardo Fabre, en Principios y Valores. Dividirán votos en una interna el dirigente Raúl Castells con el conductor televisivo Santiago Cúneo, en el Movimiento Izquierda Juventud Dignidad.
Luego de un día en la más alta tensión y cuando los líderes occidentales se restregaban las manos pensando que un conflicto interno en Rusia les podría resolver la guerra en Ucrania sin mayores gastos militares y costos políticos, el jefe del grupo de mercenarios Wagner anunció que aceptaría una propuesta para desescalar una rebelión que para el presidente Vladimir Putin no era otra cosa que un acto de traición a la patria.
Yevgueni Prigozhin, finalmente y cuando todo hacía prever que cumpliría con su promesa de ir hasta el final e ingresar con sus tropas en Moscú, dijo que no quería un baño de sangre y por tal razón «nuestras columnas dan media vuelta y vuelven en la dirección opuesta para regresar a los campamentos». El negociador fue el presidente de Bielorrusia Alexander Lukashenko, quien hizo el primer anuncio de que había obtenido un acuerdo con el empresario ruso (ver aparte) para detener el movimiento de sus tropas.
La situación se había complicado en la noche del viernes cuando Prigozhin anunció desde sus redes sociales –a las que se hizo muy adepto– que estaba dispuesto llegar hasta la capital rusa para plantear sus demandas. La pelea interna entre el dueño de Wagner y el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, se arrastra desde septiembre pasado con mayor intensidad. El «emprendedor» reclamó en reiteradas ocasiones mayor apoyo para sus intervenciones en Ucrania, donde sus fuerzas están a la cabeza de las operaciones más osadas y hasta se quejó de que no recibía municiones ni pertrechos. En la semana que pasó dijo que sus tropas dejaban el frente, y luego tomaron el control de la base de Rostov, en territorio ruso, donde se concentran las operaciones bélicas en Ucrania.
«Todos los que deliberadamente tomaron el camino de la traición, los que prepararon el motín armado, recurrieron a métodos terroristas, sufrirán un castigo inevitable, responderán ante la Justicia y ante nuestro pueblo», dijo Putin en un discurso a la nación en el que recordó los padecimientos de Rusia durante la guerra civil de 1917-1922 y acusó a los rebeldes de haber propiciado «una puñalada por la espalda».
De inmediato los medios centraron la información en el avance de carros de asalto y tanques de Wagner hacia Moscú desde Rostov en lo que el grupo denominó «marcha por la justicia». Durante 18 horas y más de 500 kilómetros no tuvieron ninguna resistencia y hasta se vieron en las redes imágenes de gente vitoreando a las tropas. Pero también hubo muchos rodeando a los vehículos para reclamarles que detuvieran su avance, habida cuenta de que la situación afecta en el teatro de operaciones en el Donbass, donde se registra una contraofensiva ucraniana, hasta ahora con escaso avance.
Opción rentable
Volodimir Zelenski se apuró a señalar que el hecho demostraba la debilidad del gobierno ruso y en un tono apocalíptico dijo que «quien elige el camino del mal se autodestruye». Desde Estados Unidos y la OTAN no hubo mensajes explícitos pero los trascendidos indicaban que había preocupación por una posible inestabilidad política en Rusia. Aunque al mismo tiempo se denotaba que el caso tomó por sorpresa a todos, si bien las diferencias entre Prigozhin y Shoigú eran tan abiertas que ni siquiera tenían que hacer inteligencia para detectarla. Quizás desconfiaron precisamente porque al ser tan públicas las diferencias, daba para creer que se trataba de una de las típicas operaciones psicológicas para despistar y, en este caso, alentar a que las tropas ucranianas caigan en alguna emboscada.
El arreglo al que se habría llegado entre Lukashenko y Prigozhin sería, según fuentes de Minsk, «una opción absolutamente rentable y aceptable para resolver la situación, con garantías de seguridad para los integrantes de Wagner». Una frase como esta podría interpretarse que el levantamiento era una medida de fuerza, peligrosa por el contexto bélico, pero planteada como forma de negociación. De hecho se dice que el dueño de la firma contratista militar se habría quedado en la capital bielorrusa para evitar la represalia de Moscú.
Por lo pronto, el Kremlin dijo que la operación militar en Ucrania continuará como hasta ahora, y la vocera del Ministerio de Exteriores, Maria Zajárova, escribió en su canal de Telegram: «Tenemos un comandante en jefe. No dos, ni tres. Uno (en relación con Putin). Y llamó a todos a unirse. Esto es lo principal ahora mismo. Todos tenemos nuestras propias actitudes sobre todo. Pero hay momentos en la historia en que tienes que poner tus sentimientos personales en espera. Incluso si crees que tienes razón al 100%. ¿Por qué? Porque si no nos unimos ahora, si cada uno está para sí mismo o para su propia visión de la situación, nada importará». Con todo, la situación todavía era inestable, aunque Putin retiró los cargos contra el rebelde y sus acólitos.
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