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Un reclamo de todo el país

Un reclamo de todo el país

Para testear el impacto político que puede tener una movilización, solo basta con mirar la cobertura de los medios de mayor audiencia. Y este miércoles todos los canales habían dejado de lado, muchos de ellos contra su voluntad, otras noticias normalmente «importantes» para el rating, para cubrir la multitudinaria Marcha Universitaria Federal. Hubo cronistas que habían viajado al sur del país para mostrar en vivo y en directo el eclipse de sol que se quedaron, valga la chanza, eclipsados, mientras desde el escenario frente al Congreso Nacional comenzaban a hablar dirigentes gremiales, docentes y alumnos.

Pasada media hora de las 17, la presidenta de la Federación Universitaria Argentina (FUA), Piera Fernández de Piccoli, comenzó a leer el documento oficial consensuado entre los organizadores de la movilización frente al Congreso Nacional. «Alzamos nuestra voz en defensa de la educación pública», dijo la joven, oriunda de Río Cuarto y alumna de la universidad de esa ciudad cordobesa. «Señor presidente (…) le pedimos que promulgue la ley de Financiación Universitaria», dijo y despertó una ovación. «La universidad pública, base de la democracia y el desarrollo social, lucha por su supervivencia», prosiguió y agregó: «Soportamos una campaña injusta, planificada e intencional, que busca sistemáticamente desprestigiar lo que sucede en el ámbito científico y universitario para fundamentar la desjerarquización y el ahogo presupuestario. No ha habido, ni siquiera, vocación de diálogo». Finalmente, la titular de la FUA puso la lucha actual en contexto histórico: «Somos herederos del pueblo de la nación que supo en 1884 abrazar la ley 1420, de los jóvenes que en 1918 construyeron un sistema universitario democrático y libre que inspiró al mundo, de quienes entendieron en 1949 que la gratuidad era una herramienta que derrumbaba las fronteras que impedían el acceso a la educación superior, constituyendo un aporte determinante para la justicia social», concluyó.

Previamente habían hablado la secretaria general de Conadu histórica, Francisca Staiti; Norberto Heyaca, secretario general de la Asociación Gremial de Docentes de la UTN, y el secretario de UTE y CTERA, Marcelo Creta.

Plazas de todo el país
La movilización fue efectivamente federal y convocó a cientos de miles de ciudadanos en todas y cada una de las provincias que componen el país. En algunos distritos las juntadas fueron en más de una ciudad. Es el caso de Salta, con ejes en la capital provincial, Tartagal, Metán, Rosario de la Frontera y Orán.

También fueron masivas las manifestaciones en Santa Rosa, San Antonio Oeste, Bariloche y Viedma, Rio Negro; y en las provincias de Chubut y Santa Cruz, donde también cuatro ciudades protagonizaron protestas similares. En Buenos Aires hubo concentraciones en Mar del Plata y Bahía Blanca.

Rosario. En decenas de ciudades de todo el país se llevaron a cabo multitudinarias manifestaciones.

Foto: Juan José García

El reclamo es por la vigencia de la Ley de Financiamiento Universitario, la recomposición salarial de la paritaria de docentes y no docentes, fondos para investigaciones de ciencia y tecnología, para infraestructura y la actualización y continuidad de becas Progresar, Manuel Belgrano y EVC-CIN.

Se sabía que la movida iba a ser importante. El antecedente de la movilización del 23 de abril y la respuesta del Gobierno ante las demandas en el contexto de una inflación que no cesa y de un presupuesto irrisorio daban para pensarlo. A pesar de las amenazas que desde la mañana recrudecieron por boca de la propia ministra de Seguridad, que deslizó su interpretación –simultánea y contradictoria– de que los manifestantes eran «un rejunte, un cambalache» de sectores sindicales y políticos. Pero al mismo tiempo la caratuló como un «intento de golpe» para lo cual pondría en vigor un cambio de protocolo. Patricia Bullrich chicaneaba desde TN junto a Jonathan Viale: «¿A qué van a venir? ¿A preparar el golpe que están preparando para noviembre, diciembre? Un golpecito, porque no van a poder», dijo ante la aprobación del conductor televisivo. Las cámaras exteriores, mientras tanto, mostraban al Congreso totalmente vallado al tiempo que iban llegando las primeras columnas de manifestantes.

La convocatoria volvió a incluir a los rectores de todas las universidades nacionales. Las movilizaciones en todo el país fueron masivas, aunque la de la Ciudad de Buenos Aires era la más numerosa y más impactante políticamente para el Gobierno, ya que concitó a alumnos y docentes de las casas de estudios del AMBA y hasta una columna de la Federación Universitaria de La Plata (FULP).

Se trata este de un espacio de alto impacto mediático en Argentina y el exterior. Por eso fuerzas federales pretendieron impedir el acceso a CABA de colectivos con manifestantes. Pero no era así como iban llegando a sumarse a la generalizada protesta las muchedumbres.

Entre las banderas de sindicatos y partidos políticos, se hicieron ver el exalcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta, el exministro de Economía de la Nación, Sergio Massa, diputados y senadores y dirigentes sociales, gremiales y políticos. La expresidenta Cristina Fernández saludó a los manifestantes desde el balcón del Instituto Patria.

Las provocaciones del oficialismo venían desde hace algunos días, a medida que se olfateaba el volumen de la protesta y el gobierno jugueteaba con el veto a la ley que, también por amplia mayoría, había votado el Congreso. Los brulotes fueron sacados del ya repetido libreto de que hay una gran cantidad de extranjeros que viene a estudiar gratis, o que un gran porcentaje de estudiantes no cursan ninguna materia y están solo para engrosar el presupuesto. Ambos argumentos, que repitieron sin cesar desde trols del Gobierno hasta comunicadores televisivos, son notoriamente falaces y así como no sirvieron para frenar la protesta en abril no lo haría este 2 de octubre.

https://twitter.com/PregoneroL/status/1841061047324520957

Otra «acusación» lanzada a las redes es que se trató de una marcha política. Era fácil ligar la movilización a los mensajes de apoyo de varios dirigentes, como Cristina Fernández de Kirchner unos días antes, cuando se celebraron los 35 años de la Universidad Nacional de Quilmes.

Otro destinatario de memes insultantes fue el senador porteño y titular de la UCR, Martín Lousteau, por una serie de tuits mostrando a personas de carne y hueso que agradecen haber tenido la posibilidad de pasar por la educación pública. Comenzando por el exministro de Cultura de Mauricio Macri, Pablo Avelluto.

Incluso el excorreligionario de Javier Milei, el liberal Carlos Maslatón, anunció su presencia en las calles para apoyar la protesta contra los recortes bestiales en ese sector tan significativo para los argentinos. Hubo apoyos de la exdiputada Elisa Carrió, del gobernador bonaerense Axel Kicillof, recién vuelto de la asunción de la nueva presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Como para demostrar que, sí, claro que es una marcha política. Pero no partidista.

Hubo quienes recordaron posteos de actuales funcionarios de La Libertad Avanza cuando, con la camiseta del PRO, en plena campaña electoral, el 13 de septiembre del año pasado prometían lo contrario de lo que ahora hacen.

Es que, si algo identifica a los argentinos, además de la casaca a rayas celestes y blancas en cada encuentro de un seleccionado nacional o las leyes previsionales y laborales, es la educación pública. Algo a lo que la derecha ultramontana teme sobremanera.

Revista Acción, 2 de Octubre de 2024

Israel-Irán: el infierno tan temido

Israel-Irán: el infierno tan temido

Sobre la guerra, un entretenimiento muy próspero al que el mundo vuelve regularmente -si es que alguna vez se fue- mucho que se ha escrito a lo largo de la historia. Desde aquel viejo Heráclito, para quien “la guerra es la madre de todo”, hasta el no menos griego Heródoto, que anotaba: “Nadie puede ser tan insensato de preferir la guerra a la paz, porque en la paz los hijos entierran a sus padres y en la guerra los padres entierran a sus hijos”. Más acá en el tiempo y la geografía, Perón señalaba, con acierto de estudioso de las estrategias militares, que “cuando uno no quiere, dos no pelean”.  

Un poco de todo eso se está desatando en Oriente Medio y recrudece en estas horas. Hay quienes no quieren una guerra -porque saben que el clima da para que todo estalle en los aires-, hay quienes la necesitan porque les garantiza su subsistencia -fabricantes de armas incluidos- y hay quienes no pueden evitarla porque siente que les están mojando la oreja y algo deben hacer. En todo caso, lo que no siempre se tiene en cuenta es que entrar en una guerra hasta puede parecer parte de un video juego. Pero salirse ya no es tan sencillo. Y salirse sin meter a todos los cercanos en esa pantalla horrorosa, mucho menos.

El ataque con misiles de Irán sobre territorio de Israel, por lo que se sabe hasta ahora, fue un acto más bien medido que no causó mayores daños, porque algunos de los artefactos fueron destruidos antes de llegar por amigos o favorecedores de Tel Aviv y otros por el Escudo de Hierro sobre las principales ciudades. A esta hora se aguardaba cuál sería la respuesta del gobierno israelí.

Teherán viene padeciendo un acoso persistente desde el asesinato del general Qasem Soleimani en Bagdad hace cuatro años por un comando estadounidense cuando Donald Trump era presidente. El militar era el más alto mando de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica. Hombre de gran respeto en las fuerzas chiítas y de resistencia islámica, era también un gran estratega.

En unos días se cumple un año de la incursión de milicianos de Hamás y la Yihad islámica en territorios del sur de Israel, con un saldo de 1200 israelíes muertos y más de 250 personas tomadas de rehenes. La respuesta no tardó en llegar y consistió en arrasar la Franja de Gaza, dejando un tendal de más de 41.500 muertos y más de un millón de desplazados y denuncias por genocidio en la Corte de La Haya. Luego de ese «terminar» con Gaza, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) replicaron los ataques con misiles desde el sur de Líbano con una invasión que tiene como objetivo declarado destruir los cuarteles de las milicias de Hezbollah.

En el mientras tanto, en abril pasado, un bombardeo sobre el consulado de Irán en Damasco mató a otro comandante de los CGRI, Mohamed Reza Zahedi. A los pocos días la respuesta iraní fue mediante centenares de drones que cayeron sobre las bases israelíes de Ramón y Nevatim. En mayo el presidente de Irán, Ebrahim Raisi, murió en la caída de helicóptero en que viajaba con su canciller y otros funcionarios. En julio, el líder de Hamás, Ismail Haniyeh, fue asesinato en un atentado en la residencia en la que se alojaba, en la capital persa, donde había ido a la ceremonia de asunción del sucesor de Raisi, Masud Pezeshkian. El viernes pasado, el líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, cayó en un bombardeo en un suburbio de Beirut. Días antes, el estallido simultáneo de miles de beepers cegó la vida de una docena de personas, cuatro de ellos niños, y provocó al menos seis centenares de heridos.

Todo demasiado rápido y demasiado sospechoso. No son operativos que se implementen de un día para otro, llevan meses sino años de preparativos. Benjamin Netanyahu encabeza el gobierno más derechista en la historia de Israel, con algunos miembros de su gabinete que no dudan en proponer el exterminio de todos los palestinos, a los que no le reconocen rasgos humanos. La permanencia de Netanyahu en el poder depende en gran medida de que la guerra continúe, porque un alto el fuego implicaría que deba dar respuestas a la llamativa morosidad de las fuerzas de seguridad en repeler el ataque del 7 de octubre. Ya venía medio escorado por una reforma judicial que solo tenía como propósito, según grandes sectores de Israel, evitar varias cusas por corrupción y abuso de poder en su contra.

Pezeshkian, que todavía no logró aprenderse la botonera en los escritorios del gobierno iraní, debe enfrentar en el plano interno la presión de los milicianos que no aceptan la pasividad con que Raisi y ahora él, venían respondiendo a esas provocaciones de Israel y Estados Unidos. Hay sectores de la sociedad que es claro que no quieren una guerra, porque saben lo que implica. Todavía hay combatientes de la cruenta guerra contra Irak en los `80 para recordárselos. Pero las urgencias para no seguir poniendo la otra mejilla pudieron más. Quizás son más los que ya no quieren no querer una guerra.

El domingo pasado, tiempo publicó un artículo donde se aventuiraba que Israel esperaba represalias por la muerte de Nasrallah.

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/israel-espera-represalias-por-la-muerte-del-lider-de-hezbollah-en-beirut/embed/#?secret=nhC0C82sOT

En vista de lo que ocurrió entre el lunes y el martes, quizás no tuvieron paciencia y apuraron los tantos. Rusia e Irán están cerrando los últimos detalles de un amplio acuerdo que va mas allá de lo comercial. Y las elecciones en Estados Unidos no dan la seguridad de un ganador que beneficie la posición de Netanyahu, a esta altura un problema no solo para gran parte de los israelíes sino para sus socios más fieles. Joe Biden ya no corta ni pincha como para ponerle el cascabel a ese incómodo gato ultraderechista y a Trump también se le están gastando las ganas de sostener al gobierno de Bibi.

Si la guerra es la madre de todo, puede ser negocio «pudrirla» ahora para que sea quien esa el nuevo inquilino de la Casa Blanca, tenga que jugar con las cartas ya marcadas.

En otra situación internacional, Argentina podría ser útil para acercamientos varios, habida cuenta de la cantidad de musulmanes y judíos nacidos y criados en estas tierras. Pero la alineación acrítica de la gestión Milei solo augura un encolumnamiento peligroso detrás de los señores de la guerra.

Tiempo Argentino, 1 de Octubre de 2024

Israel espera represalias por la muerte del líder de Hezbollah en Beirut

Israel espera represalias por la muerte del líder de Hezbollah en Beirut

A pocos días de cumplirse el primer aniversario de la ofensiva de Hamas y la Yihad Islámica en el sur de Israel que dejó un saldo de 1200 muertos y más 250 rehenes, el primer ministro Benjamin Natanyahu celebró la eliminación del líder Hezbollah, Hassan Nasrallah, y de otros altos mando del grupo chiíta en un bombardeo en la ciudad de Beirut. Este operativo ocurre en un escenario adverso para el jefe de gobierno israelí, que se enfrenta a voces que reclaman no sólo por la desidia oficial que habría permitido la incursión del 7 de octubre pasado sino por la inoperancia para recuperar la totalidad de los rehenes, mientras puso en marcha una estrategia de exterminio que causó la muerte de más de 41.000 palestinos en la Franja de Gaza y que generó el rechazo generalizado en el mundo, que reclama un cese el fuego y negociaciones para evitar mayores masacres.

El portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Daniel Hagari, informó que en un ataque “preciso” contra el cuartel general de Hezbollah en un suburbio de la capital libanesa había sido muerto Nasrallah. La organización confirmó más tarde que efectivamente el clérigo, de 64 años, había caído durante el bomardeo. «Nasrallah está ahora con Alá como gran mártir. Se suma a la caravana de mártires de Kerbala y los mártires inmortales cuya marcha ha liderado durante treinta años de victoria en victoria», indicaron en un comunicado publicado por el canal Al Manar. En esa misma cadena televisiva afín al grupo, se emitió un comunicado donde se afirma que «la dirección de Hezbolá seguirá con su yihad contra el enemigo en apoyo de Gaza y Palestina, en defensa de Líbano».

“Hassan Nasrallah, el líder de una organización terrorista maligna; los terroristas de alto rango eliminados con él, y la sede central en la que se encontraban, eran objetivos militares legítimos según el derecho internacional”, declaró en un mensaje publicado en su cuenta de X el vocero de las FDI. “Nasrallah construyó intencionalmente la sede central de Hezbollah debajo de edificios residenciales en Dahiya, Beirut, porque Hezbollah utiliza intencionalmente a civiles libaneses como escudos humanos. Mientras Hezbollah busca maximizar el daño a los civiles, Israel busca minimizarlo”, concluyó.

Nasrallah fue uno de los fundadores de Hezbollah (Partido de Dios) y desde el asesinato de Abbas al Musawi –también en un ataque israelí, en 1992– estaba al frente de la organización. Al Musawi, a quien conoció en su adolescencia, fue su mentor y formador en sus estudios religiosos. Le tocó vivir los cambios dramáticos de El Líbano tras la guerra civil, en 1975, y para la rama chiíta del islamismo que profesaba, el triunfo de la Revolución en Irán, donde conoció personalmente al ayatollah Ruhollah Jomeini y a su sucesor Ali Jamenei, actual jefe espiritual de la nación persa.

Este operativo israelí significó otro duro golpe contra la milicia libanesa, que hace diez días padeció el estallido de miles de localizadores electrónicos que provocaron la muerte de al menos 12 personas y un tendal de más de 300 heridos.  Esta vez fueron intensos bombardeos en varios puntos de Beirut y alrededores, entre ellos el edificio donde estaba reunida parte de la cúpula de Hezbollah. Entre las víctimas figuran también el comandante de la unidad de misiles, Mohamed Ali Ismail, su adjunto, Husein Ahmed Ismail, el comandante del frente sur, Ali Karake, y Hassan Khalil Yassin, uno de los cargos de inteligencia, entre otros. En el sur de Siria, por otro lado, también fue asesinado el jefe de las milicias en esa zona, Ahmad Muhammad Fahd, informaron las FDI.

Entre las primeras respuestas tras conocerse la novedad, el ayatollah Jamenei dijo desde Teherán que «los criminales sionistas deberían saber que son demasiado pequeños como para causar un daño significativo a la fuerte estructura de Hezbollah en Líbano» y añadió que «las fuerzas de la resistencia de toda la región están con Hezbolá y la apoyan”.

El movimiento Hamas, a continuación, anunció la creación de un frente unido con Hezbollah para “apoyar la resistencia islámica en el Líbano”. El presidente del Consejo Político Supremo de los hutíes en Yemen, Mahdi al Mashat, decretó por su parte tres días de luto por la muerte de Nasralláh. Horas antes, esa organización había lanzado misiles contra un «objetivo militar» en Tel Aviv y drones contra un «objetivo vital» en Ascalón.

El temor a una escalada total en toda la región que involucre a las principales potencias se acrecienta a cada hora y no se descarta una nueva invasión terrestre al Líbano como la que se produjo en 1982, con consecuencias ahora más trágicas aún.

Zelenski terminó de chocar en la Torre de Trump

La visita del presidente ucraniano a la Torre Trump de Nueva York mostró en todo su patetismo la situación de Volodimir Zelensky ante el posible cambio presidencial en Estados Unidos. Fue cuando el dueño de casa y aspirante a la Casa Blanca decía que pondrá fin a la guerra ni bien asuma un nuevo mandato con un acuerdo “que sea justo para ambas partes”. Eso era sólo el comienzo; ante la mirada desconsolada del ucraniano, Donald Trump añadió su latiguillo de que “esta guerra nunca debió haber sucedido”. Y lanzó, punzante, que tiene una buena relación con Zelenski y también con Vladimir Putin, a lo que el presidente (MC) de Ucrania, lastimosamente, dijo a los medios presentes en el pasillo del edificio: “Espero que nosotros tengamos mejores relaciones”.

Ya no es secreto para nadie que los frentes de guerra –Donbass y Kursk– le son adversos Kiev. Se por lo que publican los medios occidentales como, más claramente, por lo que callan. Esta semana el The Economist, uno de los más influyentes semanarios británicos, deslizó que Zelenski está en problemas para sostener alguna paz honorable. Por el otro, es evidente que la incursión en el territorio ruso fue un fracaso: ya ni se habla de eso.

En la ONU, el mandatario hizo nuevos reclamos ante los foros internacionales para sostener la guerra contra Rusia. De la administración Biden logró 8000 millones de dólares más. La candidata Kamala Harris alertó que Trump piensa exigir la renuncia a los territorios perdidos a manos de Rusia y que se comprometa a la neutralidad. Gobernadores republicanos, en tanto, denunciaron injerencia del ucraniano en las elecciones presidenciales.

Tiempo Argentino, 29 de Septiembre de 2024

Disyuntiva radical

Disyuntiva radical

Aquel viejo axioma de que el radicalismo «se rompa pero no se doble» parece tener los días contados. Cierto es que, desde su fundación, en 1891, el partido de Leandro N. Alem padeció múltiples sangrías ante cada nuevo escenario nacional. Cierto también que la Unión Cívica Radical fue una escisión de la Unión Cívica, construida tras la revolución de 1890 contra el régimen roquista y de la que participaba Bartolomé Mitre. Y que una cosa era el yrigoyenismo y otra el «antipersonalismo» de Marcelo T. Alvear. O que durante el peronismo y tras el golpe de 1955 sufrió nuevos desgajamientos. Pero en lo formal, al menos desde 1984 y con un presidente de ese palo, Raúl Alfonsín, la sigla UCR representó a un sector amplio de la población, fundamentalmente de clase media y de profesiones liberales, con aspiraciones de un país democrático, respetuoso de los derechos humanos y de la justicia social.

La coordinación de Alfonsín con el senador Eduardo Duhalde, más acá en la historia, fue clave para sostener la institucionalidad del país en aquellos aciagos días de diciembre de 2001 y darle un giro al modelo económico. En 2007, un gobernador «boina blanca» como Julio Cobos acompañó a Cristina Fernández en la fórmula presidencial. Alianza de poca duración a raíz del enfrentamiento por la Resolución 125. En la Convención de Gualeguaychú de 2015, la UCR ató su destino a un proyecto de país con Mauricio Macri, que mucho se parecía al que combatía en su origen y dejó fisuras que se fueron profundizando desde entonces para quedar en carne viva con la actitud de un puñado de legisladores ante el veto presidencial a la reforma previsional.

El apoyo a Javier Milei en el balotaje ya había generado rispideces internas. Sergio Massa, el candidato por Unión por la Patria, había sido la otra opción hace nueve meses y tenía vínculos con gobernadores radicales, como el jujeño Gerardo Morales, por entonces presidente del Comité partidario. Pero entre un postulante «contaminado» por el kirchnerismo o un hombre que mostraba desequilibrios emocionales y tendencias neofascistas, las urnas fueron contundentes ante una dirigencia partidaria que eligió no definirse.

Desde antes incluso de la asunción del paleolibertario las diferencias estaban latentes en el seno parlamentario del radicalismo y mucho les costó elegir al titular del bloque en diputados. El cargo quedó para el cordobés Rodrigo de Loredo, en detrimento del bonaerense Facundo Manes. El primero expresa mejor la tendencia conservadora –línea alvearista–; el neurólogo, la socialdemocracia del alfonsinismo. La disputa fue feroz y si la sangre no llegó al río fue porque se venía otra etapa en el país y convenía orejear las cartas antes de jugarse.

El caso es que la conducción está ahora altamente cuestionada. A tal punto hay una disolución en la UCR que tanto el presidente del partido, el senador Martín Lousteau, como el de la Convención Nacional, Gastón Manes, tienen como principal problema no quedar pedaleando en el aire ante las continuas «desobediencias» a las decisiones de las cúpulas. Más aún, cómo explicar que los mismos que un día apoyan mayoritariamente una ley al otro sostengan lo contrario con igual fervor. Es lo que sucedió con la magra recomposición para los jubilados ampliamente votada en ambas Cámaras. La estrella ahí fue el tucumano Mariano Campero, que el 4 de junio apoyaba enfáticamente «honrar a nuestros abuelos» con una iniciativa que fue presentada por la UCR.

https://twitter.com/diputadosucr/status/1798141739615862839

No fueron pocos los que recordaron esa frase de Groucho Marx, «estas son mis convicciones, y si no les gustan tengo otras» el 16 de septiembre, al escuchar que Campero decía, sin inmutarse: «Pocas veces en mi vida actué con tanta convicción como cuando decidí blindar el equilibrio fiscal de este Gobierno».

Había cuentas pendientes de Campero con su partido a nivel provincial y ya a fines julio planteó una fractura de la UCR de Tucumán, lo que podría ser una justificación personal; pero no fue el único que se dio vuelta en el aire. Si no se alcanzaron los dos tercios necesarios para torcer el veto presidencial fue por el apoyo también (¿in?) condicional de otros diputados de ese espacio como Luis Picat, Martín Arjol, Pablo Cervi y José Federico Tournier. Ellos integraron el bloque de 87 «héroes», como los calificó el presidente de la Nación, homenajeados con un asado en la Quinta de Olivos por «defender el déficit cero, salvando al país de la quiebra», según la perspectiva gubernamental.

De nada valieron las críticas de la Convención de días antes, cuando se adelantaba el vuelco en sus convicciones. Mucho menos sirvió el castigo a los «rebeldes» emitido con posterioridad en un documento indignado.

https://twitter.com/ConvencionUCR/status/1835773577494512122

De Loredo fue el encargado de defender a los díscolos afirmando que el castigo «no tiene ningún efecto directo sobre el bloque de diputados nacionales de la UCR» y que sus pares decidirían si van a hacer algo al respecto.

Nada dijo De Loredo de cuando Cobos también fue expulsado por integrar la fórmula del entonces Frente para la Victoria con Cristina Fernández. Y ahí está el mendocino como vicepresidente segundo de Diputados por la UCR, en una muestra de que nada es permanente. Lo que no es predecible es si lo de ese grupito de disidentes es un nuevo doblez o una ruptura definitiva. Porque se sabe que hay otros a la espera de ver como vienen las cartas en futuras manos.
A ellos quizás se dirige un cuestionable video –compartido por el presidente Milei– en el que de un modo agresivo y descalificante como no se conoció en la propaganda política nacional, el oficialismo muestra a los opositores como zombies envenenados con un virus que destruye los cerebros, el Ku-K12. Algunos tendrían el cerebro atrofiado, otros se les unieron por conveniencia, sugiere la pieza publicitaria. Son fácilmente identificables el sindicalista Roberto Baradel, el músico Fito Páez, la actriz Florencia Peña, la diputada Natalia Zaracho. No podía faltar en la apertura Néstor Kirchner, ni Cristina Fernández o Massa y Alberto Fernández en medio del relato. Y tampoco, como es el estilo presidencial, un león que se presenta como la salvación de los argentinos al final.

Zaracho se sumó a la Cámara Baja en 2023 como representante del Frente Patria Grande que lidera Juan Grabois y no reniega de su origen como cartonera. Más bien aporta una mirada desde ese lugar que no abunda ni en el Congreso ni en el debate público. Desde allí «leyó» el asado con los 87 diputados como una flamante coalición ultraderechista.

No es muy diferente, curiosamente, la interpretación de esa celebración a la que le dio el abogado y exdiputado de Juntos por el Cambio, Daniel Lipovetzky.

O la del diputado Facundo Manes, que por poco no fue jefe del bloque.

Al cabo de 134 años, la UCR está otra vez ante una disyuntiva crucial. Y sus correligionarios se debaten entre la resistencia a la acusación de estar infectados de un virus maligno o buscar consensos para no resignar los valores que representaron en la sociedad.

Revista Acción, 22 de Septiembre de 2024