Unas 26 personas fueron detenidas en tres ciudades de Australia por participar de protestas contra el confinamiento decretado ante el rebrote de coronavirus. Entre las detenidas figura una mujer embarazada que publicó en su página de Facebook consignas contra las restricciones. En Londres, el hermano del líder laborista Jeremy Corbin, Piers, fue arrestado en una manifestación en la Plaza Trafalgar y condenado a pagar una multa de 10 mil libras. En Alemania, el gobierno se mostró preocupado por la movilización del domingo en la que grupos neonazis intentaron ingresar al Bundestag. La policía dispersó a la multitud y detuvo a unos 300 manifestantes.
Las marchas anti cuarentena se extienden en todo el mundo con discursos calcados y muy pocas diferencias, incluso en Argentina. No se podría decir que todos los que asisten compartan el mismo perfil, pero si que las convocatorias están en manos de grupos ultraconservadores que recurren a la idea de defensa de las libertades constitucionales para oponerse a cualquier decisión contra la circulación de personas.
Coindicen en ese rincón libertarios, terraplanistas, antivacunas, “conspiranoicos” y hasta algún vegano-fascista. Usan las redes sociales -aunque abominan de las hegemónicas- para encontrarse. Los grupos más activos, sobre todo en Estados Unidos, tienen financiación de acaudalados promotores del partido republicano y apoyo explícito del presidente Donald Trump.
En Alemania se los llama “antimascarilla” y uno de los más conocidos es Attila Klaus-Peter Hildmann, autor de libros de cocina vegana, quien se declara ultranacionalista alemán. Otro que “arrastra” público es el cantante Xavier Naidoo, un racista y anti gay descendiente de cingaleses e irlandeses. Para el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, el ataque al Parlamento es un hecho “insoportable al corazón de nuestra democracia”. El incendio del Recihstag en 1933, del que se culpó al Partido Comunista, fue la excusa de Adolf Hitler para imponer el estado de emergencia. Ahora, algunos
antibarbijo llevaban banderas con la cruz gamada y culpan al Partico Comunista chino por el virus y de las restricciones sanitarias.
En Estados Unidos, desde bien temprano, hubo marchas anticuarentenas en Michgan, Virginia, Colorado, Minnessota y Kentucky. Ya en abril surgió la llamada Operación Gridlock (embotellamiento), una “creación” de organizaciones derechistas de Michigan que alentó una manifestación en automóviles para bloquear las calles céntricas de su capital, Lansing, contra las medidas decretados por la gobernadora Gretchen Whitmer.
Una de esas instituciones, la Michigan Freedom Fund (Fundación de Michgan para la Libertad) recibe aportes de la familia De Vos, según denunció la propia Whitmer. Richard De Vos, uno de los hombres más ricos de EEUU, puso parte de su fortuna para las campañas de los republicanos más oscurantistas, como Rick Santorum y Newt Gringrich. Con Ronald Reagan fue presidente de la Comisión para la Epidemia de Sida. Su nuera, Betsy De Vos es secretaria de Educación de Trump.
Otro grupo muy activo es Proud Boys, de extrema derecha y fuertes partidarios de Trump y de lo que representa en la historia de su país. La organización -Muchachos Orgullosos, una frase tomada de la película Alladin, de Disney- fue creada por Gavin McInnes, un comentarista televisivo de origen canadiense ideólogo de la derecha alternativa. Cuando Proud Boys derivó hacia posiciones racistas McInnes se corrió a un costado. Eso no impidió el crecimiento del “club”, que tiene ramificaciones en Canadá, Australia y el Reino Unido.
Otro grupo influyente es QAnon, que sostiene la existencia de conspiración del Estado Profundo para boicotear a Trump. La sigla corresponde a la autorización de acceso Q que se aplica en dependencias estatales. Como una clave para ingreso del ciudadano anónimo.
En algunas marchas se vio a manifestantes armados para “defender los derechos constitucionales” a circular. Son seguidores de una asociación que no solo defiende la segunda enmienda, sino que pretende que ni siquiera hay que estar registrado para portar una. El líder es Patrick Parsons y recibe apoyo de otra familia poderosa, los hermanos Dorr.
Steve Moore asesor de Trump y fundador del Club para el Crecimiento, reconoció ante la CNN que están “tratando de ayudar a organizar y también brindar asesoramiento a algunos de estos grupos para que puedan tener el máximo impacto y entusiasmar a la gente en lugar de apagarla”.
De estas canteras, entre otras, salieron los que portan carteles «Abramos nuestro país» o «Recuerden la Constitución» que se extendieron por varias ciudades estadounidenses. También los que, como ocurrió el 2 de mayo pasado, atacaron a un periodista de la MSNBC que cubría la marcha en Laguna Beach. “Quítate esa maldita máscara”, le gritó un exaltado que le escupió en la cara.
Redes alternativas
Tenía razón Raymond Chandler cuando escribió que “aún los paranoicos tienen quien los persiga”. Y las revelaciones de Edward Snowden en 2013 aceleraron la mudanza a las redes alternativas de muchos ciudadanos hartos de ser vigilados en Facebook tanto para uso gubernamental como de empresas privadas. Así fue creciendo MeWe, una plataforma creada por Mark Weistein, quien dice: “las redes sociales no se inventaron para que todos pudiéramos ser datos, se inventaron para que pudiéramos disfrutar de la comunicación privada con nuestros amigos, familias, comunidades de interés compartido, para conocer nuevos amigos”. No extraña que MeWe sea la red a la que acuden los anti cuarentena para conectarse y también planificar acciones. Otro sitio es Reddit, un portal de marcadores sociales donde los usuarios comparten imágenes, textos y debaten libremente.
El laboratorio especial de la Bundeswehr concluyó que que el dirigente opositor ruso Aléxei Navalni fue envenenado por un agente neurotóxico del tipo del Novitchok, el mismo que hace dos años había afectado al ex espía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia en Londres. Y como en esa ocasión, las acusaciones contra el gobierno de Vladimir Putin tensan la relación de países occidentales con Rusia, al punto que la canciller alemana, Angela Merkel, afirmo que Navalni “fue víctima de un crimen”, por el que “sólo el gobierno ruso puede y debe responder».
Desde Moscú, la respuesta corrió por cuenta del vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, quien señaló que Berlín no dio mayores datos para corroborar el envenenamiento. «Parece que estamos volviendo a los tiempos que, sinceramente, tendría ganas de dejar atrás, los tiempos de declaraciones infundadas y ausencia de hechos a la hora de debatir las cuestiones serias», agregó la portavoz de la cancillería rusa, Maria Zajárova.
Los medios rusos, como el canal RT y la agencia de noticias Sputink, difundieron una entrevista a Leonid Rink, uno de los científicos que desarrolló el Novitchok en la época soviética, quien dijo que si Navalni hubiese sido envenenado «habría estado descansando en el cementerio desde hace mucho tiempo» en lugar de haber entrado en coma.
El hombre, de 44 años, es uno de los fundadores del partido Rusia del Futuro y estaba en vuelo de Tomsk a Siberia el 20 de agosto cuando se descompuso y la aeronave realizó un aterrizaje de emergencia en Omsk, donde fue internado en el hospital regional. Los médicos diagnosticaron un shock diabético y le suministraron atropina.
La noticia corrió como reguero de pólvora y ante las sospechas de que había sido envenenado y con los antecedentes de casos anteriores, los familiares se pusieron en contracto con una ONG que arregló con el gobierno ruso el traslado a una clínica en Berlín.
En el hospital Charité, un sanatorio universitario estatal de alta especialización, determinaron que su cuadro coincidía con una ingestión o contacto con un inhibidor de colinesterasa. Esto es compatible con el efecto que produce el Novitchok, un producto que dejó de producirse luego de la caída de la URSS.
“Cuando Alexey Navalny ingresó en la clínica de internación, lo examinaron para detectar una amplia gama de narcóticos, sustancias sintéticas, psicodélicos y sustancias médicas, incluidos los inhibidores de colinesterasa. El resultado fue negativo”, se defendió Alexander Sabayev, jefe de la unidad de Intoxicaciones Agudas del Hospital de Emergencias de Omsk.
La controversia bien puede tener componentes médicos, ya que para algunos expertos ya que Navalni tiene antecedentes de ser diabético. Sus simpatizantes, en tanto, resaltan que no es la primera vez que Navalni sufre ataques por sus posturas políticas. En 2017 denunció que le rociaron los ojos con un desinfectante cuando salía de sus oficinas. Dos años más tarde acusó a agentes del gobierno de haberlo envenenado luego de que le apareciera una grave hinchazón de los párpados y múltiples abscesos en el cuello, espalda, torso y codos.
Esta vez, su portavoz, Kira Yármysh dijo que lo más probable es que haya sido envenenado con algo mezclada en el té que había tomado en el aeropuerto mientras esperaba la hora de despegue. Vladimir Úglev, otro científico que trabajó en el proyecto Novotchik, declaró que en vista de los pormenores del caso, «se puede excluir el uso de organofosforados utilizados como agentes de guerra —sarín, somán y Novichok (A-234)— de la lista de sustancias, ya que debido a la alta presión de vapor a una temperatura de más de 20 grados centígrados y a la alta toxicidad por inhalación, además de Navalny, las personas que lo rodeaban se habrían visto afectadas de una u otra manera».
En 2013, Navalni se presentó a elecciones para la alcaldía de Moscú, donde nació en junio de 1976. Obtuvo un 27,24% de votos y desde entonces si imagen creció, quizás más afuera de Rusia que dentro del país. Muchos lo catalogan como el “Pollo” de las potencias para competir con Putin.
En 2018, no fue autorizado a presentarse a elecciones porque había sido condenado a cinco años de prisión en una causa por malversación que llevó un tribunal de Kirov, en el oeste de Rusia.
Esos comicios se desarrollaron el 18 de marzo de 2018 y Putin ganó por una abrumador 76, 69% de sufragios. Por esos mismos días se había dado a conocer el caso de Segei Skripal, ex agente de inteligencia ruso acusado de haberse pasado a EEUU que fue intercambiado por agentes rusos en 2010 por Barack Obama y Dmitri Medvedev y encontró refugio en Londres.
Ahora, el caso de Navalni coincide con el incremento de las tensiones con Rusia por las protestas en Bielorrusia luego de la reelección del presidente Alexandr Lukashenko a la que grupos opositores tildan de fraudulentas. (ver acá)
En ese contexto, tanto la Unión Europea como la OTAN emitieron comunicados en los que afirman estar analizando el caso para tomar medidas en consecuencia. La portavoz de la ONU, Stephane Dujarric, en tanto, dijo que la organización no está en condiciones por ahora para hacer comentarios el respecto.
Rafael Correa tenía que presentarse ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) para el trámite de aceptación de candidatura a vicepresidente, en la que es ladero de Andrés Arauz. Pero el exmandatario ecuatoriano reside en Bélgica, donde se refugió de la persecución del gobierno de Lenin Moreno. La normativa -que para Correa no es sino una traba para impedir que pueda refrendar su liderazgo en las urnas- fue cumplida mediante un artilugio bien original: los correístas llevaron en andas un celular conectado a una red social en la que se lo veía en vivo y en directo. Pero para las autoridades, el requisito no se cumplió. Queda por ver los pasos que seguirá el proceso electoral ecuatoriano
La procesión fue todo un desafío a los planes del gobierno de clausurar ese período de la historia ecuatoriana de la que, paradojas de la política, Moreno no es ajeno ya que fue vicepresidente de Correa y luego lo sucedió, con su bendición, en 2017. La hermana del candidato, Pierina Correa, como representante legal ingresó a las oficinas del CNE, en la capital ecuatoriana, acompañada de Andrés Arauz y un militante con una iPad en el que aparecía Rafael Correa, en vivo.
Para Correa, los papeles que llevaba Pierina tienen fuerza legal.
El dúo Correa-Arauz tiene un piso de cerca de 30 puntos, lo que preocupa a los sectores que se atrincheraron en torno a Moreno para clausurar la era anti neoliberal. A la crisis por el modelo que impuso el presidente ni bien asumió, se le suma el desastroso manejo de la pandemia que dejó unos 6.600 muertos y 115.000 contagiados, a razón de 372 casos fatales por millón de habitantes- en un país que, para colmo, no puede hacer políticas de expansión monetaria porque está dolarizado desde hace 20 años.
La presentación del Correa virtual opacó el anuncio de que también Ecuador había logrado renegociar su deuda externa, con un 98,5% de aceptación para un total de 17.400 millones de dólares que estaban en juego. El ministro de Finanzas, Richard Martínez, aseguró que esto «representará para el país un alivio en el servicio de la deuda para los próximos diez años”.
La imagen de Moreno cae en picada al mismo ritmo que las operaciones de law fare en contra del correísmo, como se vio a fines del año pasado con una serie de levantamientos populares y no aparece un emergente capaz de arrastrar al electorado contra el correismo, que por la vía del desastre actual pugna por volver.
Por otro lado, este lunes, un ex agente del Servicio de Inteligencia refugiado en Argentina reveló que fue presionado para involucrar al expresidente en el secuestro de un opositor en tierras colombianas. (Ver acá)
Correa no se privó de resaltar este hecho en su cuenta de Twitter en la que cuestionó la manipulación del caso que hizo la prensa hegemónica.
Otro caso de law fare es el de Paola Pabón, gobernadora de Pichincha, procesada bajo el cargo de actos de violencia en los levantamientos contra Moreno de octubre pasado. La joven abogada estuvo presa durante 73 días y enfrenta un juicio en el que la fiscalía buscó tirarle el Código Penal sobre la cabeza, con acusaciones paralelas de tráfico de influencias y peculado.
Así se defendió en las redes.
El acto de aceptación, a todo esto, fue transmitido en vivo por el canal de Facebook de la Unión por la Esperanza, UNES, la coalición que sostiene al correísmo y a partidos afines detrás del objetivo de acabar con esta nueva “noche neoliberal” que se extendió en Ecuador
Los partidarios del expresidente cumplieron el requisito de llevarlo en andas a firmar la aceptación de la fórmula, mientras la transmisión ponía como música de fondo el tema Con amor ojalá, cantado por el argentino Piero. En todo momento resaltaron que Correa estaba en el edificio de la CNE y efectivamente, del otro lado del celular el líder exiliado aclaraba que aceptaba la nominación, levantando el dedo pulgar a la vista del público.
Correa también aclaró que le hubiera gustado asistir al consulado ecuatoriano en Bruselas para asumir la candidatura pero por el COVID-19, las autoridades le exigían 14 días de aislamiento.Ese argumento tambiñen fue expresado por la hermana ante las autoridades de la CNE.
Resaltó, de todas maneras, que la aceptación y la necesidad de hacer ese acto como presencial era apenas una chicana para impedir que pueda ser candidato. Todavía no está dicha la última palabra y hay causas judiciales que el gobierno espera llevar adelante para sacar de la cancha a este economista que gobernó al país entre 2007 y 2017.
Ni los argumentos ni los documentos presentados, ni siquiera la presentación por las redes, lograron conmover a las autoridades. Pero el funcionario a cargo salió presuroso de la reunión sin dejar rastros.
La situación es que quedan dos días para la nominación de los candidatos, no hay un candidato sustituto para la vicepresidencia y en UNES aseguraban que no está todo dicho acerca de la postulación de Correa.
En julio de 2016, un excéntrico millonario era consagrado candidato a la presidencia tras la primaria de los republicanos. Ridiculizado hasta en algún capítulo de Los Simpson, Donald Trump era lo más alejado que podría pensarse de un sucesor de George Washington. Los demócratas, con todo el aparato partidario, habían logrado colocar como aspirante al cargo a Hillary Diane Rodham, esposa de Bill Clinton, ex secretaria de Estado de Barack Obama y con los mejores auspicios de Wall Street, el complejo militar industrial y el establishment mediático. La ex primera dama ganó en las urnas por unos tres millones de votos de diferencia, pero (maravillas del sistema electoral estadounidense) Trump se quedó con la presidencia. A cuatro años de aquella sorpresa, Estados Unidos se dispone a someter este Gobierno a un plebiscito donde los ciudadanos deberán decidir sobre los cambios más radicales en la política de la principal potencia mundial, quizás desde la irrupción de Franklin Roosevelt en 1933. En el plano exterior, Trump rompió con todos los acuerdos que la dirigencia había profundizado –con sus diferencias– hasta ese momento. No tardó nada en tirar a la basura los TTIP, TPP y NAFTA, tratados de libre comercio firmados por Barack Obama con países de la cuenca del Pacífico y el Atlántico los dos primeros, y con Canadá y México establecidos en tiempos de Clinton, el otro. Además, se retiró del pacto 5+1 con Irán, trabajosamente logrado entre las cinco naciones con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y Alemania para controlar el plan nuclear de Irán. También le dio un portazo al Acuerdo de París por el cambio climático, se retiró de la UNESCO, de los acuerdos misilísticos con Rusia y, ya este año, de la Organización Mundial de la Salud. «Fue un volantazo sobre lo que venían haciendo las administraciones anteriores», resalta Telma Luzzani, autora de Territorios vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica. Para Gabriel Puricelli, coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas, Trump «se salió de todos los consensos preexistentes» en todos los terrenos.
Desdén. Tras discurso de Trump, Pelosi rompe su copia con Pence a su lado. (NGAN/AFP/Dachary)
Este giro también se revela puertas adentro. Ganó la presidencia con un discurso de contenido xenófobo, atribuyendo a los mexicanos en particular, y a inmigrantes en general, muchos de los males que padece la sociedad estadounidense en cuanto a inseguridad y pérdida de empleos. Puricelli consigna que Trump «consiguió rebajas de impuestos en una escala a la que los propios republicanos no se habían animado nunca, desregulaciones y retrocesos en cuestiones ambientales inéditas. Es el tipo que más radicalmente ha defendido los intereses más egoístas de los plutócratas». Su período presidencial termina en medio de una pandemia a la que minimizó, atravesado por un conflicto racial que no se veía desde los años 60, culpando de todos los males a China y acudiendo a argumentos que eran habituales en esos años de Guerra Fría, como el fantasma del comunismo. En épocas electorales, cualquier recurso puede ser útil. Y elegir un enemigo siempre paga en las urnas, como lo demuestra la historia estadounidense. De allí que el primer eslogan, con el que llegó al Salón Oval en 2016, fue «Hacer grande a Estados Unidos nuevamente» (MAGA, por sus siglas en inglés) creado para la campaña de Ronald Reagan en 1979. Ahora, tras la revuelta popular por el asesinato de George Floyd, sacó del arcón «Ley y orden», el lema que usó Richard Nixon, otro republicano, en 1974. Se trata de frases que calan hondo en una sociedad atravesada por una lenta decadencia, que se nota en los bolsillos del común y también en la influencia de EE.UU. como potencia. Lo curioso es que Trump, con un tono siempre desafiante y un mohín que hace recordar gestos de Benito Mussolini, salvando las distancias, termina su mandato sin haber iniciado ninguna guerra. Ni siquiera Obama, que ganó un Premio Nobel de la Paz en 2009, puede jactarse de eso.
Minesota. Manifestantes exigen justicia por el asesinato de George Floyd. Las protestas contra el racismo se extendieron a todo el país. (Yucel/AFP/Dachary)
Y quizás en este detalle podría buscarse un perfil posible de Trump. Porque desde que ganó la elección comenzó a ser fustigado por eso que llama el Estado Profundo, el conjunto de instituciones que al decir de Silvina Romano, integrante del área de Estudios Nuestroamericanos del CCC Floreal Gorini e investigadora adjunta de CONICET, «toman decisiones sobre política exterior entre bambalinas sobre objetivos a mediano y largo plazo que trascienden a cada presidente». Ahí, agrega Romano, se juntan empresas transnacionales, lobistas, funcionarios y ocupan un rol clave los grandes medios hegemónicos de Estados Unidos y una coalición bipartidaria no expresada sobre la mesa. Contra estos factores Trump viene batallando desde que decidió postularse a la presidencia. Si en Argentina la dirigencia política hizo carne que ningún mandatario resiste más de tres tapas de Clarín en contra, hasta que Cristina Fernández mostró que no era tan así, en Estados Unidos pasaba algo parecido con The Washington Post y The New York Times, especialmente desde que Richard Nixon tuvo que renunciar por el escándalo de Watergate. Aunque Trump parece disfrutar de ese «palo y palo» contra la «gran prensa». Eso sí, en su primer mes en el Gobierno debió desprenderse del asesor en Seguridad Nacional, el general Michael Flynn, acusado de haber mantenido encuentros con diplomáticos rusos. Rusia fue una constante en la agenda anti-Trump. Los medios y el entorno de Clinton siempre atribuyeron su derrota a la influencia del ciber espionaje ruso en favor de Trump. A pesar de que lo intentaron por todos los medios, no lograron ponerlo contra las cuerdas. «Trump es disruptivo, no expresa a los grupos económicos y del establishment anteriores, por eso tuvo que echar a John Bolton (su tercer asesor en esa cartera)», explica Pablo Pozzi, extitular de la cátedra de Historia de Estados Unidos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Enemigo transparente La expulsión de Bolton se conoció por un tuit del presidente, donde lo denigró impiadosamente. La venganza se produjo recientemente con un libro donde Bolton deja mal parado al presidente a quien, a pesar de ser militante republicano, llama a no votar en noviembre. Pozzi reflexiona que en el país del norte «las peleas se hacen normalmente en la oscuridad, pero con Trump se hicieron a plena luz del día». Romano añade que el presidente «incomoda porque muestra sin doble moral qué es EE.UU. y qué es el imperialismo estadounidense». Y en esto coincide, llamativamente, con el jefe de Estado sirio, Bashar al Assad, quien lo alabó como el mejor mandatario: «Todos los presidentes estadounidenses cometen crímenes, terminan ganando el Premio Nobel y aparecen como defensores de los derechos humanos y de los principios occidentales “únicos” y “brillantes”, pero son delincuentes que solo representan los intereses de los grupos de presión estadounidenses, de las grandes corporaciones en armas y petróleo. ¿Qué más queremos que un enemigo transparente?».
Luzzani. Estrategias electorales frente al nuevo desafío demócrata.
Pozzi. «Las peleas con Trump se hicieron a plena luz del día.»
Puricelli. El presidente republicano «se salió de todos los consensos prexistentes.»
Romano. «Trump incomoda porque muestra sin doble moral qué es Estados Unidos.»
Un dato adicional: desde que Trump llegó al poder, el grupo yihadista Estado Islámico prácticamente desapareció luego de años de atrocidades en Oriente Medio y de un avance que parecía arrollador en la construcción de un territorio de características medievales en zonas de Irak y Siria. Quienes atribuían el respaldo a ese grupo al Departamento de Estado ganaron argumentos en su favor.
¿Aislacionista? Otro dato importante: cuando Trump reconoció oficialmente a Jerusalén como capital de Israel (2017), se limitó a aplicar una ley aprobada por el Congreso –con votos bipartidarios– en 1995. Puede agregarse que su embestida brutal contra Venezuela se basó en una orden ejecutiva de Obama de marzo de 2015 que declaró al Gobierno bolivariano como una «amenaza a la seguridad de Estados Unidos». Contra Cuba, en cambio, Trump volvió a las viejas prácticas de acoso constante que su antecesor había reconocido como un fracaso. Analistas como Tierry Meyssan, creador del portal Voltairenet, incluyen a Trump en el club de los aislacionistas, una tendencia en retroceso en la política de EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial. De allí que otro de los choques con el Estado Profundo sea su deseo de retirar tropas del exterior. Trump había establecido un acuerdo con los talibanes para la pacificación de Afganistán, un país en el que las fuerzas armadas estadounidenses están empantanadas desde 2003. El acuerdo no cayó bien en el establishment, que se lo hizo saber vetando en el Congreso la ley para el retiro de tropas a fines de julio pasado.
Otro tiempo. Con el premier chino Xi Jinping, en la cumbre del G-20 celebrada en Osaka, en 2019. (Smialowski/AFP/Dachary)
Otra piedra en el zapato del Departamento de Estado fue su acercamiento con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. «Hizo todo un show –recuerda Romano– pero luego no pasó nada. Y eso molesta en el establishment, Trump no mantiene las formas del trato diplomático». Sin embargo, EE.UU. y Corea del Norte firmaron un acuerdo de paz que puso fin oficialmente a la guerra desarrollada entre 1950 y 1953. El «América primero», otro de los lemas en estos años, es un intento de recuperar las industrias que emigraron a China o a México en el marco de una globalización que parecía indetenible y provocó la pérdida de millones de puestos de trabajo dentro de Estados Unidos. Ese electorado de cuello azul, por la ropa de trabajo en las fábricas, en 2016 le dio el voto a Trump, dicen muchos analistas, porque el otro que prometía ocuparse de ellos, Bernie Sanders, no fue el candidato de los demócratas. Para Romano, Trump pretende que EE.UU. recupere su músculo industrial. Por eso Puricelli entiende que sería errado pensar que Trump está en contra del establishment: «Él no descuida fortalecer las capacidades exportadoras de la industria bélica de EE.UU.». Y puntualiza que si bien «no inicia ninguna guerra, le vende armas a Arabia Saudita para derrotar a hutíes en Yemen. En consecuencia, «no se involucra como Estado directamente en ningún conflicto y tiende a reducir la presencia militar, pero sin descuidar al complejo militar». Otra constante en la gestión de Trump: decir una cosa, hacer lo contrario, pegar la vuelta sobre sus pasos sin preocuparse por las contradicciones. Esa práctica también va a las urnas en noviembre.
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