por Alberto López Girondo | Dic 25, 2021 | Sin categoría
Hubo en el barrio porteño de Parque Patricios una eminencia que en lugar de filosofar a martillazos, como Nietzsche, lo hacía a las piñas. Oscar Ringo Bonavena decía cosas como que “la experiencia es un peine que te dan cuando te quedás pelado”.
A este sesudo pensamiento debe acudir Gabriel Boric Font cada vez que alguien intenta bajarle el precio mencionando como un déficit que apenas tendrá 36 años cuando asuma la primera magistratura chilena.
Ya durante la campaña el candidato del oficialismo, Sebastián Sichel, intentó un brulote: “ser presidente es más que ser dirigente universitario, se requiere mucha experiencia. Se requiere haber liderado otra cosa que no sea la política, no haber sido solo diputado en la vida, tener experiencias vitales; yo soy padre”. Sichel no llegó al balotaje.
El ex dirigente que con la camada de jóvenes rebeldes de aquellas revueltas estudiantiles (Giorgio Jackson, Karol Cariola, Camila Vallejo) llegó a la Cámara baja en 2013, respondía “me falta aprender mucho”. Que no es lo mismo.
El jefe político de Sichel, Sebastián Piñera, quiso cancherear con su sonrisa de vendedor de peines en su mensaje de salutación por el triunfo.
-Oiga… usted, Gabriel, va a ser uno de los presidentes más jóvenes de los últimos tiempos y uno siempre tiene que saber combinar la fuerza, el idealismo y el espíritu de la juventud con la prudencia y la experiencia de las canas, así que quiero invitarlo mañana a que tengamos una reunión de trabajo para que podamos conversar sobre temas muy importantes para Chile -le dijo, para añadir luego:
-Aproveche muy bien este tiempo entre hoy día y el 11 de marzo, porque van a ser los mejores días. Gobernar es muy difícil.
-Lo sé, y espero que lo hagamos mejor, respondió Boric al toque.
Una buena definición del tiempo que se avecina en Chile escribió el novelista chileno Alejandro Zamora en un bello texto en que reflexiona sobre el paso del tiempo y el dato de que por primera vez en su vida -tiene 46 años- votó por alguien menor que él. “La generación de Gabriel Boric, la de nuestros hermanos menores, sí mató al padre. Formaron sus propios partidos y se negaron a asumir nuestros traumas. Se merecen nuestra admiración, nuestro cariño y nuestra gratitud”.
Los sistemas políticos buscan cooptar a quienes se incorporan a sus filas. Aplican la “cronoterapia”, para morigerar ímpetus juveniles y “explicarles” cómo funciona el mundo. “No va a ser la primera vez que partimos desde atrás”, dijo Boric al cabo de la primera vuelta, cuando fue superado por José Antonio Kast. Pero como desde que comenzó a descollar en el movimiento estudiantil, fue una sorpresa. Dio el batacazo y ahora los que peinan canas, en la dirigencia tradicional y en los medios de comunicación, no se cansan de darle consejos. No sea cosa que intente caminos que por miedo, cálculo o ventaja personal, no se animaron a recorrer ellos.
Peor aún, que demuestre que se podía ir por otro lado. Hacerlo mejor.
Tiempo Argentino, 25 de Diciembre de 2021
por Alberto López Girondo | Dic 19, 2021 | Sin categoría
Del sur salió el nuevo presidente de Chile. Será el que cargue sobre sus espaldas la tarea de jurar una nueva Constitución y construir un país “despinochetizado”. Gabriel Boric Font es diputado por la Región de Magallanes y la Antárcica chilena desde 2018. Nació 11 de febrero de 1986 en Punta Arenas, la misma ciudad de donde era oriunda María Juana Ostoić Dragnić, la madre de Néstor Kirchner, también integrante de las primeras familias croatas radicadas en esa parte del mundo. Como los ancestros del mandatario electo que ahora celebra un triunfo que quizás no soñaba cuando, en 2011, encabezaba las luchas estudiantiles como presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, en reclamo de educación gratuita y de calidad para todos los ciudadanos.
Boric (los chilenos lo pronuncian “Borich”, como en la tierra natal de sus padres) participó de la creación del Frente Amplio (FA), una coalición de partidos y movimientos de izquierda que se sumó al rechazo general por el manejo de la cosa pública de las coaliciones tradicionales, de centro derecha y centro izquierda, que venían administrando la larga transición del pinochetismo a una democracia muy controlada por el cuerpo legal que había legado el dictador antes de dejar la presidencia. Ese movimiento devino luego en Convergencia Social, cuando amplió su base para incorporar a la mayor parte de los rostros detrás de las demandas de los nuevos tiempos.
Todo aquel modelo de prolijidad neoliberal basada en la opresión de millones de chilenos que tanto subyugaba a las derechas latinoamericanas -que no se cansaban de poner como ejemplo de lo que debía hacerse en cada uno de los países- estalló en octubre de 2019, cuando miles de estudiantes secundarios decidieron romper los moldes tras un aumento en el transporte urbano.
“No son 30 pesos, son 30 años” se convirtió en una consigna que encolumnó a millones de seres que estuvieron sumergidos sin esperanzas de cambio y de pronto se adueñaron de las calles reclamando su lugar en el mundo.
«No fueron 30 pesos, fueron 30 años», por cierto, pero también fue toda una dirigencia que estaba demasiado cómoda administrando una situación dramática para los de abajo que no supieron o no quisieron interpretar. Pero que, de la mano de Sebastián Piñera, antes de irse provocó represiones brutales. Muchos jóvenes que perdieron la vista con el testimonio de la barbarie de un régimen que agoniza aunque, en verdad, no está muerto.
Boric es el emergente de aquella rebelión. Para muchos el suyo no será un gobierno todo lo radicalizado que pretenden. Pero para los medios tan conservadores que pululan en ese territorio y el sistema pospinochetista que lo rige, será lo más parecido a una revolución. No por nada, compitió en este balotaje contra un ultraconservador que prometía volver a aquellos “tiempos dorados” de la dictadura.
El desafío será grande para Boric. Del otro lado de la cordillera y más al norte, hay millones de latinoamericanos que ahora miran a Chile de otra manera. Para los más curtidos por la vida, como se miraba a Salvador Allende hace 51 años.
Con la esperanza de que Chile se sume a las naciones que entienden a la región como una Patria Grande en la que nadie se salva solo. Como aquel otro descendiente de croatas del sur chileno que fue emergente del 19 y 20 de diciembre de 2001. Lo que son las cosas…
Tiempo Argentino, 19 de Diciembre de 2021
por Alberto López Girondo | Dic 18, 2021 | Sin categoría
La primera pregunta a Telma Luzzani sobre Crónicas del fin de una era en realidad es un comentario. “Sorprende la actualidad que conservan los textos y cómo ayuda a entender lo que está sucediendo en esa parte del mundo. Como que el tiempo se detuvo hace 30 años y el conflicto Bielorrusia, Ucrania, Rusia sigue en el mismo lugar”. Crónicas… recopila el material publicado en la cobertura realizada sobre el terreno de los últimos estertores de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que hace justo tres décadas iniciaba su última semana de existencia al cabo de 70 años del primer Estado socialista en la historia. Son escritos que mantienen el clima de la época pero tamizado por el paso del tiempo, que permitió decantar los hechos de otra manera.
-Dos cosas me pasaron cuando releí las crónicas después de 30 años. Por un lado, el tema Ucrania y Rusia. Estaba todo ya en germen, se veía. Hay una anécdota de un coronel, que es el que va a organizar el nuevo ejército ucraniano. El tipo es ruso. Le pregunto entonces cómo si es ruso puede jurar fidelidad a otro país. Nosotros no concebimos a un militar argentino que jure por la bandera de Bolivia.
-A lo mejor en 1810, sí.
-Era eso, estaba naciendo el proceso de separación. Y otro tema que me sorprendió fue cómo se estaba sembrando y penetrando el discurso neoliberal. Porque uno podía pensar que llegaba a un país que dejaba de ser soviético y que no había tenido un contacto con el neoliberalismo. Y sin embargo, ya la gente común repetía lo que decía el ministro de Economía de ese momento. Y era la receta que yo escuchaba acá con Carlos Menem.
-El libro tiene un ritmo y una tensión que atrapa. ¿Tuviste que cortar mucho?
-Corté porque había referencias muy puntuales a personajes que ya no los conoce nadie. Y también me parecía que llenar de apellidos que en aquel momento eran importantes y dejaron de serlo no aportaba nada. Incluí mucho más la primera persona, cosa que en las crónicas no somos muy afectos. Pero me pareció que tenía también que transmitir lo que me pasaba. Por ejemplo el cansancio, que tenía que ver con el frío. O lo que me pasaba cuando entendía el sufrimiento de lo que esa gente estaba encarando con una fortaleza impresionante. Me parecía que tenía que aparecer aunque sea moderadamente lo que me estaba pasando.
-¿Había dificultad para conseguir hablar con le gente?
-La verdad que no. Era un momento de verdadera apertura y no había dificultad ninguna. Por supuesto que con muy altos cargos como (Boris) Yeltsin no, pero ministros sí, en las conferencias de prensa se prestaban para responder mientras iban pasando.
-¿Los medios argentinos leían lo que ocurría en clave de política nacional?
-Creo que no, creo que era algo que se presentía que iba a cambiar el mundo. Y era un momento en el que estábamos con la convertibilidad y había una posibilidad de viajar.
-¿Se sabía que la disolución de la URSS estaba por ocurrir?
-No se sabía el día exacto, se sabía que podía ocurrir en cualquier momento. Creo que incluso estaba la fecha en que se anunciaba que iba a hablar (Mijail) Gorbachov.
-Una cosa que siempre llama la atención cuando se habla con gente que vivió aquella época es la sorpresa y hasta la angustia por la disolución de la URSS. Parecía algo imposible, como si se viera la desaparición del Vaticano.
-Sí, sí, yo creo que esa sensación había en la población soviética. Si bien la mayoría deseaba un cambio, aunque no uno como ese que sucedió después. Pero en aquel momento no se sabía cuán duro iba a ser. Y creo que había una parte, como ocurre con los seres humanos, muy negadora. Yo les decía “miren que yo vengo de un país capitalista y no es todo como parece”. Ellos se visualizaban como Alemania, como EE UU. Probablemente, tenían razón por ser una potencia, no se referenciaban como un país de América Latina. Pero los cambios iban a ser en la vida cotidiana, iban a ser enormes. Al principio no lo veían, salvo algunos funcionarios o académicos que decían que primero debían hacer otros cambios antes de emprender reformas tan drásticas. Ahí jugaron los intereses políticos de Yeltsin, que se quería sacar a Gorbachov de encima y jugó a full sin pensar en las consecuencias. Y una dosis importante de ingenuidad. De pensar que EE UU iba a ser amigo, porque eran todos del Consejo de Seguridad de la ONU, “somos todos hermanos”, y además, recibieron promesas de que la Otan iba a respetar los límites y no iba a avanzar como lo hizo desde entonces.
-¿La llegada de Putin al gobierno de Yeltsin fue una manera de poner un orden a todo ese caos?
-Yeltsin venía de varios derrapes. A veces llegaba el avión presidencial a un aeropuerto y no bajaba porque estaba con copas de más, había tenido problemas graves en el corazón, había casos de corrupción vinculados con su familia, con sus hijas. La situación ya no daba para más. Eso no se decía oficialmente, pero ya no se podía ocultar el tema del alcoholismo. Putin asume el 31 de diciembre de 1999 y en marzo de 2000 hubo elecciones que ganó ampliamente. Y ahí empezó esta nueva etapa de Rusia, que se recuperó tal vez no económicamente pero que recuperó su voz internacional.
-¿Como se te ocurrió publicar las crónicas?
-Tiene que ver con cuestiones personales, porque trabajé menos, no hice radio todos los días como antes. Sabía que se cumplían los 30 años y esa es una cifra que a los periodistas nos atrae mucho. La idea no es nueva, desde que volví de aquel hecho histórico tenía la idea de recopilar el material. Al principio me pareció que no había pasado el tiempo suficiente, que no había corrido suficiente agua debajo del puente. En aquel tiempo se decía que el capitalismo había triunfado para siempre, había ciertas consignas o ideas instaladas que a mí no me convencían y sentía que tenía que pasar un poco más de tiempo para que decantara y ver realmente lo que significa. Después, por una cosa o por la otra fue pasando el tiempo, y ahora se dieron todos los elementos para poder hacerlo. Porque tuve que digitalizar todo y tuve que hacer un trabajo que solo con tiempo podés hacerlo.
–Para los más grandes el tema es muy significativo, ¿pensás que les puede interesar a los más jóvenes, que ven a la URSS como algo ajeno a su realidad?
-Es la gran pregunta. Ojalá los jóvenes lo leyeran, pero no sé si será de interés para una generación más joven. Pero creo, sí, que el mundo de hoy tiene que ver con aquel momento. Lo de Ucrania y en general cómo se ve hoy la decadencia del liderazgo de EE UU. Y uno dice, tal vez ese contrapeso que tenía con la URSS lo mantenía vital, mantenía ese Estado de bienestar que desapareció.
-Para Lula, la caída de la URSS fue una desgracia para la clase trabajadora de Occidente, que vivía mucho mejor incluso que los propios soviéticos.
-Pienso muchas veces en pueblos como el cubano o el ruso, que hicieron su sacrificio pero nosotros nos beneficiamos de ese sacrificio. Porque, por ejemplo, los cubanos han padecido heroicamente ese acoso norteamericano y sin embargo nosotros al principio del siglo XXI tuvimos a Chávez, a Lula, a los Kirchner, y eso no hubiera sido posible si no existía Cuba. «
Los secretos de la KGB
Para Telma Luzzani, gran parte de los últimos dirigentes soviéticos pecaron de ingenuidad en creer que Occidente iba ser amigable con la potencia que se disolvía. Y aporta una crónica del 25 de enero de 1992, cuando el embajador de EE UU en Moscú, Robert Schwartz Strauss, reveló una sorprendente entrevista con el flamante director de la KGB, la agencia de espionaje de la URSS. Según él, Vadim Viktorovich Bakatin lo llamó a su despacho en el edificio Lubianka: “Hay algo que quiero contarle (…) Estos son los planos que revelan cómo su embajada era espiada por nosotros y estos -abriendo un maletín- son los instrumentos que usamos. Quiero entregárselas a su gobierno”.
Luzzani entrevistó al vocero del entonces vice. “El edificio (de la embajada) no tiene un solo micrófono, pero cada uno de los materiales usados en su construcción servía de antena”. Un genio de la ingeniería, Viacheslav Astashin, había desarrollado un sistema para que “los procesos naturales se convirtieran en energía de alimentación, vibración, circulación dentro de las paredes”. En los bloques de hormigón había pequeños puntos negros del tamaño de una cabeza de alfiler que eran un sistema general de escucha.
Ni el Superagente 86 había llegado tan lejos, y fueron secretos entregados a cambio de nada. Según como se mire, una traición o un golpe de inocencia inaceptable…
El último año de una utopía
*El 15 de marzo de 1990 el secretario general del PCUS, Mijail Gorbachov, es elegido presidente y propone enfrentar la crisis política que envuelve a la URSS con la firma de un Nuevo Tratado de la Unión.
*El 17 se lleva a cabo un referéndum en el que el 70% de la población acepta mantenerse con el respeto de su soberanía dentro de una renovada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que había nacido en 1922.
*En junio, se aprueba la Soberanía Estatal de Rusia y en julio, la de Ucrania. Boris Yeltsin gana las elecciones presidenciales de Rusia. Las dos principales repúblicas van alejándose del gobierno central.
*El 8 de diciembre, los presidentes Yeltsin, Leonid Kravchuk, de Ucrania, y Stanislav Shushkévich, de Bielorrusia, firman el Acuerdo de Belavezha, que crea la Comunidad de Estados Independientes (CEI).
*El 21 de diciembre once de las 15 repúblicas de la URSS se unen a la CEI.
*Asumiendo que gobierna una cáscara vacía, Gorbachov renuncia en 25 de diciembre. El 26 el Soviet Supremo decreta la disolución de la URSS. Rusia asume internacionalmente los atributos de la desaparecida Unión. Ucrania cada vez se distanciará más de Rusia.
*A fines de 1992 ya no existe tampoco el Ejército Rojo.
Tiempo Argentino, 18 de Diciembre de 2021
por Alberto López Girondo | Dic 16, 2021 | Sin categoría
«Hay un peligro para la Convención Constituyente, para el plebiscito, para la democracia», dice Doris González Lemunao, vocera de Gabriel Boric, el candidato de izquierda a la presidencia, de visita por Buenos Aires a tres días de la crucial elección que definirá el futuro del país transandino pero también de la región. Fue candidata a constituyente y se presenta como Trabajadora Social, Magíster en Hábitat Residencial, presidenta de la Fundación Feman y directora Fundación Fernando Castillo Velasco. También integra el Consejo Académico y Social del Instituto de Gobiernos Locales de Universidad Abierta de Recoleta y básicamente milita por la nueva Constitución y contra los resabios de la dictadura pinochetista, que se expresan a través de José Antonio Kast. Un postulante a la presidencia que llegó a decir que no pensaba respetar una nueva Carta Magna en caso de ganar el balotaje.
“Vine a la presentación del libro Ukamau. Conquistando la vida buena”, le cuenta a Tiempo, al inicio de esta charla. El texto escrito en colaboración con Valentina Abufhele y Alex Paulsen detalla la lucha del movimiento Ukamau, del que forma parte desde su creación, hace diez años. Pero básicamente en ese libro se celebra la concreción del barrio Maestranza, un proyecto de vivienda social inaugurado en octubre de 2020.
-Ukamau es un movimiento social que reivindica el derecho a la vivienda y la ciudad. Y ese barrio es un proyecto autogestivo que rompe muchos esquemas de la misma política de vivienda. En su momento hubo una oposición rotunda a este tipo de construcción donde los habitantes participan, diseñan sus barrios en conjunto con arquitectos.
-¿De donde provenía la oposición?
-La oposición venía de la institucionalidad, de los sectores de la construcción. Pero al final, cuando este barrio termina siendo una realidad concreta y las familias lo habitan incluso recibimos un premio de la Cámara Chilena de la Construcción, el Premio al Aporte Urbano, PAU, como un proyecto ejemplar de integración urbana. Para nosotros marca un hito muy importante, por eso contamos en este libro las experiencias de las mujeres que encarnaron esta lucha que llevamos adelante en todo este proyecto de construcción, no solo de viviendas sino de barrios, de hábitat adecuado en un momento que además nos parece profundamente relevante, como es el proceso constituyente que se está viviendo en Chile, como que es el de la construcción de una nueva Constitución.
-¿Creés que corre peligro la nueva Constitución según quien gane este domingo?
-Si Gabriel Boric no gana el domingo y gana el candidato de la ultraderecha el proceso constituyente y la nueva Constitución corren peligro. Eso es así de claro porque el mismo candidato ha dicho -aunque ha dado ahora alguna volteretas, diciendo que no es tan así – pero dijo que no va a reconocer una nueva Constitución. Incluso él alaba la Constitución actual, que es herencia de la dictadura de Pinochet y como además es defensor de esa dictadura, obviamente le parece que es correcta. Hay un peligro para la Convención Constituyente, para el plebiscito, porque la gente salió a votar mayoritariamente por el cambio y la creación de un nuevo cuerpo normativo. Es por lo que estamos luchando ahora, con un despliegue territorial de las convencionales, de los convencionales, en diferentes regiones del país, recogiendo las demandas, las cuestiones más importantes que van a hacer sustantivo este cambio.
-La participación ciudadana en la primera vuelta fue menor de la que se esperaba. No ocurrió lo mismo con el plebiscito. ¿Qué ocurrió?
-A muchos sectores le parecieron poco atractivos los candidatos, pocas claridades en sus programas, a diferencia de lo que fue la votación del plebiscito. Ahí se logró convocar a mucha más gente, hubo mucha más participación de la ciudadanía y esperamos que en esta segunda vuelta se logre más participación. La democracia también se defiende así. Con procesos eleccionarios, con las movilizaciones. Ha sido muy grande el despliegue territorial que hemos tenido en los barrios, en la poblaciones, con la gente, llevando las propuestas del programa puerta a puerta, muy fuerte en esas ultimas semanas, para tratar de convencer a esos que estaban dudosos y no sabían por quien votar, o votaron por el Apruebo en el plebiscito pero que ahora no participaron. Eso también marca desafíos para lo que viene y es que la política se construye con las mayorías y no entre cuatro paredes, que ha sido una de las principales demandas que se generaron a partir de octubre de 2019 con el estallido social. Estas visitas que realiza la convención a las regiones, a las localidades, a la población también es un ejercicio sustantivo de un cambio que queremos hacer en esta relación entre las instituciones y la gente.
-¿Sentís que en la Constituyente se esta plasmando las demandas del 2019?
-Por supuesto que si, se esta plasmando y se esta profundizando también y esperemos que este proceso no quede trunco, más allá de los obstáculos que vamos a tener que sortear en esta fase, en momentos en que también hay que enfrentar una crisis económica muy severa es nuestros países, una crisis sanitaria de la que todavía no pudimos salir a repuntar. Por eso estos procesos de participación son fundamentales y lo que se esta haciendo es el ejercicio práctico de una nueva Constitución.
Tiempo Argentino, 16 de Diciembre de 2021
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