Javier Milei cantaba «Burning Love», de Elvis Presley, alegre como un escolar, acompañado por el primer ministro húngaro Viktor Orbán y ante la algarabía del titular de la FIFA, Gianni Infantino, en la presentación de la ONU paralela que intenta armar Donald Trump, la Junta de Paz, mientras al sur del continente se desmenuzaba la vida real de los argentinos. En el Congreso Nacional los diputados se trenzaban en agrias disputas en el debate por la reforma laboral, afuera las fuerzas federales se lanzaban a una caza de manifestantes en otra jornada de brutal represión y, no demasiado lejos, en San Fernando, los trabajadores de la emblemática fabricante de neumáticos Fate se mantenían en las instalaciones en busca de una respuesta a un sorpresivo cierre. Sería difícil encontrar un recorte del momento que vive la sociedad mejor que ese. Un choque si se quiere provocador entre la gestualidad frívola y el drama de una ley que habilita las peores calamidades para los asalariados y los jubilados actuales y futuros, mientras se extiende el «industricidio».
Mucho se dijo en esta revista sobre el significado y alcance de la ley laboral que impulsa el Gobierno. Acá solo se mostrarán dos posturas durante el tratamiento de la normativa de dos legisladores que no están precisamente con el kirchnerismo o la izquierda. Para la diputada Marcela Pagano, la iniciativa implica una traición a quienes, como ella, creyeron que se iba a luchar contra «la casta», que ahora termina beneficiada.
Maximiliano Ferraro, presidente de la Coalición Cívica –el espacio creado por Elisa Carrió–, recuerda que esta historia ya la vivieron los ciudadanos y avizora que el resultado difícilmente será distinto.
Algo de perspectiva histórica. Cuéntenla como quieran. Esta historia ya la vivimos. Y todos sabemos cómo terminó. No finjan demencia.
Según datos de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT), entre noviembre de 2023 e igual mes de 2025 (o sea, entre el último mes de gobierno de Alberto Fernández y la más reciente medición) se perdieron 21.938 empresas y 290.000 puestos de trabajo, entre estatales y privados. El cierre de Fate se inscribe, sin embargo, en una crisis de mayor magnitud. Entre otras cosas, porque Whirpool, la fábrica de rodamientos SKF o la elaboradora de calzado deportivo Dass, por caso, son firmas trasnacionales inscriptas en una cadena de valor de extramuros. El modelo de la empresa fundada en los 40 por el emigrante de origen polaco Leiser Madanes fue de desarrollo propio, desde la inicial productora de impermeables Fabrica Argentina de Telas Engomadas, hasta la asociación con una firma estadounidense para la transferencia de tecnología para fabricar cubiertas de vehículos, sumando la osadía, en los años 70, de crear las primeras calculadoras totalmente nacionales, Microcifra, con un grupo de científicos que la amistad de Manuel Madanes con Manuel Sadosky, padre de la computación argentina, logró incorporar a un proyecto impensado para esta parte del mundo.
Puertas cerradas. Así estaba el ingreso a la planta de FATE el pasado miércoles.
Foto: NA
Esos aparatos llegaron a exportarse hasta que en 1976 la planta tuvo que cerrar. Los científicos salvados por Sadosky del exilio tras la Noche de los Bastones Largos dejaron su huella, aunque se tuvieron que ir diez años más tarde. En sociedad con el que fuera ministro de Economía del tercer gobierno de Juan Perón, José Ber Gelbard, los Madanes construyeron la planta de Aluar en Puerto Madryn y en los 90 se quedaron con la hidroeléctrica Futaleufu, clave para la elaboración de aluminio. El cierre de la producción de neumáticos, que también fueron un producto de exportación hasta no hace tanto, se relaciona, según la empresa, con la imposibilidad de competir con los productos chinos. Desde el Gobierno –al igual que habían hecho con el titular de Techint, el italiano Paolo Rocca, cuando perdió una licitación de caños para un gasoducto con una firma de India– lanzaron a los trolls, pagados por el Estado, a triturar desde las redes al dueño de Fate, Javier Madanes Quintanilla. El Gobierno vio una operación para socavar el proyecto laboral, en Fate argumentan que van a indemnizar con los valores de la ley aún en vigencia y que no tenían opción. Los trabajadores, en tanto, puntualizaron algunas cuestiones relativas a los costos del neumático que explicarían según ellos los mayores precios de las ruedas nativas. Aunque no desconocen que el Gobierno se monta en un modelo de país que se desentiende de la industria.
Los neumáticos nacionales podrían ser más baratos que los importados y también más seguros. Así lo explican los trabajadores de Fate. pic.twitter.com/Mf1z99KQjA
Milei, en tanto, realizó su decimocuarto viaje a Estados Unidos desde que asumió la presidencia, según un relevamiento del diario Clarín que la flamante Oficina de Respuesta Presidencial Oficial de la presidencia cuestionó por calificar de sesgado. «Los viajes presidenciales forman parte de una estrategia de reposicionamiento internacional, con objetivos concretos y medibles», señala en su cuenta. Y añade: «Reducir esta agenda a una simple cuenta de viajes implica ocultar de manera maliciosa los resultados de una política exterior activa, que volvió a colocar a la Argentina en el plano internacional tras años de decadencia».
Se referirá, entre las excursiones, a esta cumbre que reunió a un puñado de mandatarios de ultraderecha que, junto con Infantino –que no es jefe de Estado, sino de una entidad que gerencia el negocio del fútbol internacional– para «resolver conflictos armados» en todo el mundo, pero que encontró la excusa en Gaza, donde a las denuncias de apartheid, genocidio y limpieza étnica, el presidente de Estados Unidos responde con un plan que llevaría, como expresan algunos de los interlocutores, a una fenomenal operación inmobiliaria. Por lo pronto, lejos de designar a un diplomático que busque limar asperezas a un proyecto de pacificación que tome en cuenta que en los lugares hay residentes originarios, nombró como su enviado especial a Jared Kushner, su yerno y gestor inmobiliario, que en Davos presentó una iniciativa para erigir torres y centros turísticos en la devastada Franja de Gaza.
Milei, a todo esto, recibió elogios por su cercanía con Trump, quien aprovechó para echarle en cara su ayuda para ganar las elecciones de medio término. El argentino prometió enviar Cascos Blancos para lo que haga falta, metiendo al país en un conflicto impredecible. El halago de Barron Trump, el hijo menor del inquilino de la Casa Blanca al postear la foto del argentino con el secretario de Estado, Marco Rubio, sin dudas colmó las expectativas de Milei.
«Milei no asumió el cargo de puntillas. Entró con una motosierra y empezó a desmantelar la abultada burocracia izquierdista. Ahora salta al escenario global junto a una administración Trump que realmente respeta la fuerza. Así es como se ve la alineación. América primero. Argentina primero. Naciones fuertes trabajando juntas en lugar de inclinarse ante las tonterías globalistas», celebra el menor de los Trump.
El Gobierno terminó una semana que pintaba como de clima nuboso con éxitos legislativos que le permitieron morigerar, o por lo menos correr debajo de la alfombra, algunos datos de la realidad que no son tan auspiciosos. En efecto, la media sanción en el Senado de la regresiva reforma laboral y en Diputados de la baja en la edad de punibilidad y el acuerdo Mercosur-UE le dieron un impulso clave al inicio de un año definitorio para consolidar su proyecto político de cara a su sueño de reelección en 2027.
Todo esto mientras la cifra de la inflación de enero –desprestigiada por la intervención al Indec para insistir con un esquema de medición antediluviano– volvió a crecer. A la vez que saltó a las noticias el caso de Nucleoeléctrica, la empresa estatal que gestiona las centrales nucleares, por el escándalo que envuelve a su ahora expresidente, Demian Reidel, quien debió renunciar antes de que la cosa pasara a mayores. También queda pendiente la cuestión del exabogado del presidente, Diego Spagnuolo, procesado por otro episodio de presunta corrupción, en la ya eliminada Agencia Nacional de Discapacidad (Andis).
Medición obsoleta A modo de recuento, veamos los temas centrales de los medios más visitados durante esta semana. Lo primero sería el anuncio de que la inflación de CABA para el primer mes de 2026 había trepado a 3,1%. Mal augurio luego del portazo de Marco Lavagna por el rechazo del Ministerio de Economía a implementar el nuevo índice de medición, que incluiría los cambios en los hábitos de consumo de los argentinos registrados hasta 2017, y que se venía demorando desde el año pasado a pedido de las autoridades nacionales. Con la medición vieja –consumos de 2002– el martes se anunció que a nivel nacional el IPC (irónicamente bautizado como Índice de Precios Caputo) dio 2,9%. Es decir, nueve meses de trepada de los precios, con un alarmante 4,7% en alimentos y bebidas. Casi en paralelo, se informó que los salarios registrados perdieron desde 2023 un 2,5% de su poder adquisitivo, incluso con la fórmula que el Gobierno pretende mantener in aeternum y que no toma en cuenta el impacto actual, y el que se avizora, de los servicios públicos –agua, electricidad y gas– y el transporte. Para dar esta «batalla cultural», que la Casa Rosada sabe perdida en términos de información verificable, nada mejor que copiar al amigo del norte y lanzar una Oficina de Respuesta Oficial, que, a la manera de la cuenta de X de Donald Trump, salga a la cancha con su versión de los hechos a cargo de un trol libertario que firma en las redes como Juan Doe.
Lo único que se vio hasta el momento es la caratulación de «FALSO» a artículos de @chequeado, el canal TN, el portal de Perfil, pero no se menciona la réplica de los medios con la correspondiente respuesta. Es que no va por allí el juego que plantea Javier Milei, que se complementa con la derogación del Estatuto del Periodista en el proyecto de reforma laboral aprobado en la Cámara Alta. La verdad, sería la lectura, no debe arruinar un plan económico.
Normativa regresiva La ley laboral, que hizo traspirar la gota gorda a los negociadores del oficialismo ‒el ministro de Interior Diego Santilli y la senadora Patricia Bullrich‒, salió del Senado con 42 votos a favor y 30 en contra y con medio centenar de modificaciones sobre el proyecto original.
Pese a todo, los votos positivos no invalidan que se trata de una normativa regresiva, que va contra derechos consagrados en la Constitución y en las leyes internacionales. Así lo marca el constitucionalista Andrés Gil Domínguez: «La ley de reforma laboral es objetivamente regresiva en términos normativos para los derechos individuales y colectivos de los trabajadores. Esto es indiscutible. La media sanción del Senado no respetó los mínimos estándares exigibles en términos de deliberación democrática, liberando de esta manera a sus defensores de la carga de argumentar la regresividad votada –escribe el jurista en su cuenta de X–. La progresividad es la idea de que una sociedad camina hacia más dignidad: la no regresividad es la garantía de que no se vuelve atrás sin una razón extraordinaria».
REFORMA LABORAL Y NO REGRESIVIDAD El principio de progresividad y no regresividad es un estándar central del derecho internacional de los derechos humanos, especialmente en materia de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA). En el sistema jurídico…
La regresividad se verificó, además, con la violenta represión a una masiva marcha en la que hubo gremios alineados con la CGT y las dos CTA, partidos políticos de izquierda y también miles de ciudadanos de a pie que se unieron a la habitual movilización de jubilados de los miércoles en la porteña Plaza del Congreso. Mientras en Buenos Aires y la mayoría de las ciudades del Interior se realizaban manifestaciones del mismo talante –también reprimieron en Córdoba–, en Santa Fe el Gobierno de Maximiliano Pullaro enfrentaba una rotunda protesta de la policía local que se laudó luego de que se otorgara a los uniformados un incremento salarial que parte de un mínimo de 1.350.000 pesos para un agente.
La represión en la Ciudad de Buenos Aires dejó un saldo de más de 100 detenidos que fueron liberados a las pocas horas y más de 300 heridos, entre ellos, claro, varios periodistas y fotógrafos. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, publicó en redes que habían logrado identificar a manifestantes que se enfrentaron con las fuerzas federales. Pero la sucesora de Bullrich pareció más preocupada por implementar otras medidas copiadas del trumpismo, como es la persecución a los inmigrantes. «LOS CONTROLES MIGRATORIOS SE ENDURECIERON. Si sos extranjero e intentas ingresar o permanecer en Argentina de manera ilegal, te vamos a identificar, expulsar y no podrás volver a nuestro país. En esta Argentina: EL QUE LAS HACE, LAS PAGA», escribió en X, haciendo abuso de las mayúsculas.
LOS CONTROLES MIGRATORIOS SE ENDURECIERON
Si sos extranjero e intentas ingresar o permanecer en Argentina de manera ilegal, te vamos a identificar, expulsar y no podrás volver a nuestro país.
La baja en la edad punible también se enmarca en una Argentina de fuerte cuño conservador que el actual mandatario busca amplificar y que en el caso de la «inseguridad» caló en amplios sectores de la sociedad. Se trataría del sencillo expediente de considerar que el castigo desde más temprana edad puede evitar una violencia que se incentiva, desde otro lugar, mediante políticas económicas perjudiciales para las mayorías. Podría decirse, con sorna, que es el sueño neoliberal de destruir lo que queda del Estado de Bienestar para consagrar el estado de malestar general.
Se decía arriba que estos «éxitos» legislativos sirvieron para tapar otros agujeros en el discurso oficial. Por ejemplo, la marcha atrás en la política para las universidades es para destacar. Tras dos masivas movilizaciones en las que no hubo incidentes, el Congreso, por mayoría especial, rechazó el veto al presupuesto universitario. Este viernes se supo que se extenderá el período de sesiones extraordinarias hasta el 28 de febrero y se tratará un nuevo esquema de financiamiento para las universidades, más acorde con el reclamo de la comunidad educativa. Un hecho para tener en cuenta cuando se trate la ley laboral en Diputados.
Controles. A la par de EE.UU., el Gobierno libertario empezó a perseguir a presuntos inmigrantes ilegales. Según la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva, «el que las hace, las paga».
Como viene ocurriendo desde asumió la primera magistratura argentina, el Foro de Davos fue un espacio muy apetecible para que Javier Milei pueda mostrarse como líder intelectual del espacio libertariano ante los ultrarricos que digitan la economía y las finanzas del mundo. Esta vez, en lugar de ponerse provocativo con determinados sectores sociales, eligió una suerte de clase filosófica sobre la eficiencia política «en contraposición con el respeto de los valores éticos y morales de Occidente». Un tema espinoso más propio de algún ámbito académico que, además, contrastó con la pelea en sordina que habían desarrollado sus antecesores en el uso de la palabra sobre lo que realmente está en juego en este delicado momento para el planeta. Tanto fue así que el primer ministro canadiense, Mark Carney, sacudió el avispero hablando de «la ruptura del orden mundial, el fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno» y el estadounidense Donald Trump volvió con su reclamo sobre Groenlandia, territorio al que definió como «un pedazo de hielo» al que no piensa renunciar, con una amenaza que dejó flotando en el aire: «Pueden decir que sí (y cederlo a EE.UU.) y se lo agradeceremos mucho. O decir que no y lo recordaremos». El argentino, mientras tanto, en media hora creyó haber demostrado que «el capitalismo de libre empresa no solo es más productivo, sino que además es el único sistema justo» y se fue convencido de haber clavado el último clavo en el ataúd de Maquiavelo.
Con prolíficas citas de autores mayoritariamente de la Escuela Austríaca, Milei propuso salvar a Occidente volviendo a inspirarse en «la filosofía griega, abrazar el derecho romano y retornar a los valores judeo-cristianos», Luego abundó en elucubraciones –mucha intervención de Adam Smith y algo menos de John Locke en los argumentos– acerca de las ventajas del libre mercado sobre cualquier tipo de intervención estatal para corregir «fallos de mercado que desde mi perspectiva no existen». Pero tanta estructura lógica devino en el postulado de que «desde Mises, Hayek, Rothbard, Kirzner, Hoppe hasta Jesús Huerta de Soto, ha demostrado la imposibilidad del socialismo». Más aún, para alguien que se muestra ducho en demostraciones lógicas, resulta una base endeble pretender que se deba «aceptar con carácter axiomático el principio de que todo ser humano tiene derecho de apropiarse de los resultados de su creatividad empresarial». O sea, aceptar como una cuestión de fe.
Fruto de una necesidad axiomática similar, seguramente, fuera del Congreso de la Nación Argentina la Policía de la Ciudad arremetía contra un grupo de jubilados que como todos los miércoles se junta para reclamar por sus derechos.
Contrastes Es interesante contrastar el discurso de Milei, que fustigó al socialismo y especialmente a lo que considera su «versión más hipócrita, el wokismo», con el mensaje disruptivo de Carney, que utilizó la figura esbozada por quien fue el último presidente de Checoslovaquia y el primero de la República Checa, Vlaclav Havel, sobre un imaginario verdulero que, con solo dejar de poner un cartel en favor del Gobierno socialista en su local, logró que se cayera el sistema en el Este europeo. Carney propuso, de este modo, que el mundo deje de vivir en la mentira.
«Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en reglas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección». Pero luego fue al grano: «Ese pacto ya no funciona (…) estamos en medio de una ruptura, no de una transición» en que las grandes potencias actúan sin freno, para recordar al historiador griego Tucídides: «Los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben». Y señaló que «ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad». Se diría que es el mismo diagnóstico que hace la dirigencia conservadora y ultra argentina; pero con un contenido diametralmente opuesto.
Carney, que no es un populista precisamente, llegó al Gobierno en marzo del año pasado luego de la crisis política derivada, esencialmente, de las primeras movidas de Trump en la Casa Blanca, cuando declaró de modo despectivo que Canadá debería incorporarse a la Unión como estado número 51. Proveniente del Partido Liberal, hizo su eje de campaña en torno a la defensa de la soberanía del país, un tradicional y hasta obsecuente aliado de EE.UU. por décadas. Pero a medida que tanto Trump como él se fueron consolidando y Carney surfeó amenazas de aranceles y presiones políticas, se fue desmarcando de esa tradición. Así, hace unos días viajó a Beijing para mantener una bilateral con Xi Jinping y ahora, en su mensaje en la ciudad suiza, casi que se propone para liderar a los «descontentos» con la Casa Blanca.
A pleasure to meet with President Xi in Beijing.
Canada and China are forging a new strategic partnership. We’re leveraging our strengths — focusing on trade, energy, agriculture, seafood, and other areas where we can make massive gains for both our peoples. pic.twitter.com/C1YGTF5w7J
Es interesante desde dónde habla Carney. Se reconoce administrador de una potencia intermedia, que no tiene cabida en la mesa de los grandes, pero que tiene potencial para hacer ruido. Digamos que Canadá fue desde los años 70 proveedor de tecnología nuclear y de hecho la Central Embalse es del tipo Candu (Canadá Deuterio Uranio). Sobre esta base se desarrolló el Proyecto Carem(Central Argentina de Elementos Modulares), un reactor de baja potencia en el que nuestro país es líder y que los Gobiernos conservadores hicieron lo posible por desarticular. El de Milei no es la excepción. Todo en el altar de un seguidismo de EE.UU. que el premier canadiense ahora descubre como letal para sus propios fines de desarrollo.
Mark Carney. El primer ministro canadiense sacudió el avispero en la reunión anual del Foro Económico Mundial.
Foto: Getty Images
Asunto de otros Trump, por su parte, se explayó en autoalabanzas y en cuanto a sus aliados europeos, de alguna manera hizo recordar aquella frase de Henry Kissinger: «Ser enemigo de EE.UU. es peligroso, pero ser amigo lo es más». Así, dijo que no piensa usar la fuerza para tomar Groenlandia. Y explicó: «EE.UU. solo pide un lugar llamado Groenlandia, que ya teníamos como administración fiduciaria, pero que respetuosamente devolvimos a Dinamarca no hace mucho, tras derrotar a alemanes, japoneses, italianos y otros en la Segunda Guerra Mundial. Se lo devolvimos. Éramos una fuerza poderosa entonces, pero ahora somos mucho más poderosos».
En cuanto a la OTAN y la guerra en Ucrania, dijo que espera que se llegue a un acuerdo de paz pronto y que trabaja para ello. Pero agregó, lapidario: «¿Qué gana EE.UU. con todo este trabajo? Todo este dinero, aparte de muerte, destrucción y enormes cantidades de efectivo, va a parar a personas que no aprecian lo que hacemos. No aprecian lo que hacemos. Hablo de la OTAN. Hablo de Europa. Ellos tienen que trabajar en Ucrania. Nosotros no. Estados Unidos está muy lejos. Nos separa un océano inmenso y hermoso. No tenemos nada que ver con eso».
A todo esto, si la Unión Europea esperaba que apurando el dilatado acuerdo de libre comercio con el Mercosur le estaban mostrando algún tipo de independencia a Trump, casi en simultáneo a estos discursos en Davos se llevó un chasco no demasiado lejos de allí, en Estrasburgo, donde el Parlamento Europeo votó por una mínima mayoría enviar al Tribunal de Justicia (TJUE) el documento firmado en Asunción para que los jueces analicen si viola alguno de los acuerdos comunitarios. Lo que podría ser otra demora en activar el pacto arancelario o el preludio a su clausura seguramente definitiva.
Finalmente, Milei se sumó a la propuesta de integrar como socio fundador el Consejo de Paz con que Trump busca diluir lo que queda de Naciones Unidas. El único problema será de dónde sacar los 1.000 millones de dólares que cuesta la membresía.
En un mundo desquiciado por las amenazantes operaciones de todo calibre pergeñadas por Donald Trump en todo el planeta, hasta el sueño de gloria de Javier Milei parece tener cabida, a partir de su incorporación como “Miembro Fundador, el Board of Peace (Junta de paz)”, una organización creada por el inquilino de la Casa Blanca “para promover una paz duradera en regiones afectadas por conflictos, empezando por la Franja de Gaza”. Esta designación coincide con el anuncio de que se entraba en la segunda fase del acuerdo de cese el fuego firmado el 13 de octubre en Sharm el Sueij y que implicaría el desarme total de Hamas, la reconstrucción de la Franja y la formación de un comité de 15 palestinos para el gobierno del territorio. El detalle es que esta iniciativa aparece tras el apriete a la dirigencia europea para que acepten la toma de Groenlandia y la escalada contra Irán, que hace temer por un bombardeo sobre el país persa en cualquier momento. A dos semanas del secuestro de Nicolás Maduro y la intervención militar en Venezuela, este combo explosivo causa preocupación en todo el globo.
La puesta en escena de un comité para Gaza que encabezaría el secretario de Estado Marco Rubio y el británico Tony Blair -siempre listo para apoyar a la Casa Blanca, como hizo en Irak en 2003 siendo primer ministro- no alcanza a ocultar que desde aquel 13 de octubre, cuando Trump todavía soñaba con su premio Nobel de la Paz, fueron asesinados cerca de 500 gazatíes, entre ellos al menos 100 niños, según Unicef. A esto se refirió el canciller iraní Abbas Araghchi cuando deslegitimó las demandas de países occidentales sobre la violencia desatada en el país persa desde diciembre y que sirvió de excusa para que Trump amenazara con bombardear si “no cesaban los degollamientos de opositores”. Araghchi dijo a los miembros del grupo G7 incluso, que “carecen de autoridad moral para juzgar a otros.
«Los países del G7, bajo la influencia de EE UU y del régimen sionista, ignoran conscientemente el hecho evidente de que las reuniones pacíficas del pueblo iraní se convirtieron en violencia por el movimiento organizado de agentes terroristas equipados por el régimen sionista, durante los cuales un gran número de manifestantes y fuerzas del orden y de seguridad fueron atacados, heridos o perdieron la vida», señala un comunicado de esa cartera. Ciertamente, las cifras de víctimas de la violencia según estimaciones poco confiables de ONGs basadas en Estados Unidos o el Reino Unido, en más de 2000, todas atribuidas a la represión estatal. Sin embargo, expertos en esos escenarios como el brasileño Pepe Escobar señalan que las dos terceras partes fueron degollados con el mismo “sistema” que utiliza el grupo yihadista ISIS, lo que confirmaría la afirmación iraní de que se trata de una operación impulsada por servicios de EE UU e Israel en la que hay infiltrados posiblemente desde Afganistán.
Por lo pronto, bastó el cierre de internet y la salida a la calle de multitudes a favor del gobierno de Masoud Pezeshkian para que se terminaran las protestas que, por lo que se vio, no eran tan “espontáneas”. Trump, que no se pierde la ocasión de mostrarse ganador aunque tenga tres cuatros, dijo que iba a suspender una intervención militar porque había cesado la represión. Luego debió negar que el fin de esa ofensiva no fue por presiones de Israel -Benjamin Netanyahu habló largamente con Vladimir Putin esta semana- ni de los países árabes. “Me convencí a mí mismo”, dijo, pero cuando el río suena…
Otra escena se desarrolló en la Casa Blanca con los lideres europeos, que poco a poco se van convenciendo de que el peligro real contra el continente está en el occidente y no viene de Rusia. El miércoles se encontraron en Washington el ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, y su homóloga groenlandesa, Vivian Motzfeldt, con el vicepresidente JD Vance y Marco Rubio. A la salida dijeron que continuaban las “discrepancias fundamentales” en torno al futuro de la isla del Ártico (ver aparte). Trump, que no se guarda nada y sobre todo cuando se humillar se trata, dijo: “cualquier cosa que no sea la anexión de Groenlandia es inaceptable”. Y avanzó en su red Truth: “Estados Unidos necesita Groenlandia por motivos de seguridad (…) es vital para la Cúpula Dorada que estamos construyendo”. Un meme en que dos trineos con bandera groenlandesa se acercan a una bifurcación de caminos y tiene ante si la opción de EE UU o la oscura de Rusia y China fue más claro que mil palabras.
Este viernes, Trump amenazó con aplicar sanciones a los países que no apoyen su plan de anexión. En ese juego preferido por aquellos lares, anunció sanciones a otras entidades y personas vinculadas con Irán. Los mandatarios europeos, mientras tanto, se debaten sobre las medidas a tomar contra el tan poco confiable aliado atlántico. Hubo desde anuncios de envío de tropas y operaciones militares conjuntas. El ministro italiano de Defensa, Guido Crosetto, explicó esta noticia con un toque de sorna muy incisivo: «Pregunto por qué envían 15 soldados a Groenlandia ¿Para un viaje? Quince italianos, 15 franceses, 15 alemanes: me parece el comienzo de una anécdota», dijo el hombre al diario Reppublica. El que en lugar de decir hizo fue el primer ministro canadiense, Mark Carney, que el viernes se reunió en Beijing con Xi Jinping. “China es más predecible que Estados Unidos”, dijo. «
La versión de Ucrania a Washington
Una delegación de negociadores ucranianos viajó a Estados Unidos para continuar unas conversaciones de paz en una llegada anunciada por el presidente del país, Volodimir Zelenski, en un sombrío mensaje en el que admite que la diplomacia pierde cada vez más importancia por los constantes ataques de Rusia.
Este encuentro se produce mientras es más ostensible el avance de las tropas rusas y Kiev declaró el estado de emergencia energética tras los devastadores ataques en medio del frío extremo de esta época del año, donde se alcanzaron 18 grados bajo cero durante la noche.
En este escenario, Kiev recibirá de Berlín una ayuda financiera de 60 millones de euros destinada a estabilizar su sistema energético, afectado por prolongados apagones, anunció este viernes el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andréi Sibiga.
En cuanto a las conversaciones de paz, Zelenski escribió en las redes sociales que la delegación viajó para “presentar una visión completa y precisa de las causas de los ataques rusos”. Y señaló que “una de las consecuencias de este terrorismo (así los califica) es el descrédito del proceso diplomático: la gente pierde la fe en la diplomacia, y los ataques rusos socavan constantemente incluso las limitadas oportunidades de diálogo que existían antes”.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, anunció este sábado que la calefacción en esa ciudad se está restableciendo gradualmente. “Cerca de 50 edificios de gran altura permanecen sin calefacción, escribió Klitschko en Telegram. Un gran ataque aéreo ruso del 9 de enero obligó a reducir la calefacción urbana a aproximadamente la mitad del parque de viviendas.
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