Mientras en el terreno bélico la situación parece estancada y se recuerda por estos días a las que parecían ya perimidas guerras de trincheras como la que muestra la película Sin novedad en el frente, en el campo de las declaraciones y los documentos, el conflicto en Ucrania dejó mucha tela para cortar.
Por un lado, el gobierno de Vladimir Putin presentó este viernes el nuevo Concepto de Política Exterior de la Federación Rusa (*) donde, como era previsible, considera a Estados Unidos como una “amenaza fundamental” para el país euroasiático y el resto del mundo y se ofrece como una alternativa al unipolarismo atlántico. El documento también promueve “la igualdad soberana de los Estados y el de su derecho a elegir modelos de desarrollo y de gobernanza social, política y económica” y plantea la “oposición a la hegemonía en los asuntos internacionales”, además de declarar como norma la “no injerencia en los asuntos internos” de otras naciones.
Rusia, contra la voluntad de Ucrania y sus aliados, asumió ayer la presidencia protémpore del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La última vez que le había tocado encabezar el organismo había sido en febrero de 2022, en coincidencia con inicio de la guerra.
El embajador ruso en la ONU, Vasili Nebenzia, adelantó que en el mes que le corresponde su país planteará la necesidad de “un nuevo orden mundial en reemplazo del orden unipolar”.
El canciller ucraniano, Dmytro Kuleba, por su lado, señaló que «Rusia usurpó su puesto, libra una guerra colonial y su líder es un criminal de guerra buscado por la Corte Penal Internacional por el secuestro de niños». Pero su reclamo de que no fuera aceptada la presidencia del organismo no tuvo y no podría tener efecto a menos que se decidiera poner fin a la ONU. Y eso todavía no ocurre.
«Desgraciadamente, Rusia es miembro permanente del Consejo de Seguridad, por lo que no existe ninguna vía práctica a nivel legal para evitar esa realidad», respondió la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre. El Consejo está integrado por 15 países, cinco de ellos de manera permanente, EE UU, el Reino Unido, Francia, Rusia y China. El resto van rotando.
El tema de la guerra no parece tampoco ser un impedimento para el FMI, que esta semana otorgó un crédito de 15.600 millones de dólares a Ucrania para “respaldar la estabilidad fiscal, externa, financiera y de precios, y la recuperación económica gradual en curso, al tiempo de promover el crecimiento a largo plazo en el contexto de la reconstrucción de la posguerra y el camino de Ucrania hacia la adhesión a la UE». Es el primer préstamo a una nación en guerra desde la creación del Fondo, en 1944. Todo cambia.
Otro incidente también revela las diferencias en torno al uso de la prensa, algo que es también usual en estas circunstancias pero que no suele aparecer tan nítidamente como en estos días. El martes, el Servicio Federal de Seguridad (FSB, por sus siglas en ruso) detuvo al periodista del The Wall Street Journal Evan Gershkovich, al que acusa de hacer espionaje en favor de EEUU bajo la cobertura de un trabajo periodístico. De ser encontrado culpable podría ser condenado a 20 años de prisión.
Desde Estados Unidos y Europa surgieron airadas protestas oficiales por lo que consideraron persecución a la libertad de prensa. La vocera Jean-Pierre avanzó un paso más al indicar en un comunicado que “el hecho de que el gobierno ruso tenga como objetivo a los ciudadanos estadounidenses es inaceptable. Condenamos la detención del Sr. Gershkovich en los términos más enérgicos”.
Pero de inmediato organizaciones de periodistas y de defensa de los Derechos Humanos recordaron que el ciudadano australiano Julian Assange está privado de su libertad desde 2012 en Londres y que en cualquier momento puede ser extraditado a EEUU, donde enfrenta cargos por 175 años luego de haber publicado documentos sobre crímenes de guerra de tropas estadounidenses en Irak y Afganistán. Lo acusan de espionaje y las imágenes difundidas de su deterioro físico impactan. «
Este martes el expresidente Donald Trump asistirá al tribunal de Manhattan donde se le sustancia un proceso judicial por el pago de un soborno a una actriz porno antes de la campaña electoral de 2016. Lejos de significar un golpe a sus aspiraciones para regresar al gobierno en 2024, esta nueva causa representa un espaldarazo a su carrera al punto que trepó en las encuestas dentro del partido republicano para una nueva oportunidad. Por otro lado, el caso manifiesta como pocas otras circunstancias la descomposición del sistema político estadounidense, en un contexto global particularmente adverso para el poder imperial ante el avance de China y Rusia.
La imputación contra el empresario inmobiliario no es nueva y se refiere al uso de dinero declarado como de campaña para pagarle por su silencio a Stephanie Gregory Clifford, actriz, guionista y directora de películas pornográficas conocida por su nombre artístico de Stormy (Tormentosa en castellano) Daniels, sobre encuentros sexuales en 2006, cuando recién se había casado con su actual esposa, Melania.
El caso fue ventilado durante el paso de Trump por el gobierno, cuando la fiscalía del distrito sur de Estados Unidos ordenó el allanamiento del abogado Michael Cohen, quien representaba a Trump y fue el encargado de hacer el pago -130 mil dólares-, que se realizó unos días antes de la elección en la que se impuso a la demócrata Hillary Clinton. En el círculo de asesores de los republicanos se temía que una declaración pública de Stormy terminara con el sueño de la presidencia, en un país que suele condenar con mayor facilidad una falta a la moral sexual que los crímenes de guerra.
De hecho, desde que se supo esta semana que un jurado de Nueva York aprobó llevar al estrado al expresidente, comenzaron a surgir en las redes voces que, si bien no necesariamente están a favor de Trump, entienden que la acusación es una muestra de hipocresía y de doble vara del sistema judicial estadounidense. O una manifestación de una profunda “grieta” en el establishment que horadó el consenso bipartidista que gobierna el país desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
No son pocos los que recuerdan que a Trump se lo pretende condenar por un delito de orden sexual o incluso administrativo pero no por las acciones militares que desarrollaron tropas estadounidenses durante su mandato. Ciertamente, a ningún mandatario se lo juzgó por ese tipo de delitos de lesa humanidad. Pero también recuerdan que Bill Clinton no fue procesado por el escándalo de la pasante Monica Lewinsky. Y en un posteo en Twitter Donald Trump Junior, el hijo primogénito, apuntó que en el caso Jeffrey Epstein, “proveedor” de menores para fiestas sexuales a magnates y herederos de las casas reales de todo el mundo, la única persona detenida es su esposa, Ghislaine Maxwell, luego de la muerte en prisión del propio Epstein.
Trump, en problemas.
Los cargos contra el exmandatario no fueron aun revelados pero podrían sumar 34 diferentes delitos. Los republicanos se encolumnaron, con diferente grado de compromiso, en catalogar el caso como de persecución judicial contra el precandidato. El gobernador de Florida, Ron DeSantis, competidor en la interna partidaria pero titular del ejecutivo en el Estado donde reside Trump, salió con los botines de punta. «La militarización del sistema legal para promover una agenda política pone patas arriba el estado de derecho. Es antiestadounidense… Florida no ayudará en una solicitud de extradición dadas las circunstancias cuestionables en relación con este fiscal de Manhattan, respaldado por (el magnate George) Soros y su agenda política», tuiteó.
Otro acólito, el senador de origen cubano Ted Cruz, uno de los más conocidos por sus exabruptos, tuvo que tragar de su propia medicina. Luego de haber reclamado que el senado de EE UU investigara a la vicepresidenta Cristina Fernández por corrupción, coincidiendo con la llegada de Alberto Fernández a Washington, se vio obligado fijar posición ante una declaración de Nancy Pelosi, la veterana lideresa demócrata. “Pelosi dice que Trump tiene “derecho” a “probar su inocencia”. Eso es exactamente al revés: según nuestra Constitución, eres inocente hasta que se demuestre tu culpabilidad”.
A todo esto, uno de los principales acusadores de Trump será su ex abogado Cohen. Sucede que el hombre fue condenado en 2021 por fraude bancario e infracciones a la ley de financiamiento de campañas a raíz de este caso. Ya en 2018 el FBI le había allanado el estudio y su residencia particular en Nueva York. Buscaban su testimonio a raíz de la denuncia de los demócratas sobre la presunta interferencia de Rusia en las elecciones de 2016.
Rusia es un argumento al que suelen acudir los representantes del actual oficialismo para justificar la derrota de Clinton. Lo que se oculta es que desde esa ocasión comenzó a crecer en Estados Unidos esa grieta que explica el modo en que se tiran con de todo en una guerra civil larvada cuyo mayor ejemplo hasta ahora es el embate del 6 de enero de 2021 al Congreso.
Trump fue el primer presidente en ejercicio en enfrentar dos pedidos de juicio político. El primero, de febrero de 2020, se relacionaba con presiones contra un fiscal de Ucrania para que investigara los negocios del hijo de Joe Biden (ver aparte) en una empresa de energía de ese país. El segundo fue pocos días antes de dejar el poder y por “insurrección”, en el marco de aquel ataque al Capitolio.
Trump, que no tiene un pelo de tonto, azuza esos fantasmas desde su red Truth Social -creada tras ser bloqueado en las otras- donde hace unos días dejó unas cuantas definiciones sobre el peligro de que el mundo se encamine hacia una Tercera Guerra. Trump acusa directamente a Biden de llevar al mundo a “un Armagedon nuclear” y afirma que Rusia no es una amenaza para EE UU. Más aún, sostiene que con él en el gobierno, la guerra se termina en un ratito. Y asegura que la culpa de los males estadounidenses la tiene el “Estado Profundo”, ese conglomerado de burócratas belicistas que dirigen el país entre bambalinas más allá de quien ocupe el Salón Oval.
La audiencia de este martes será para alquilar balcones. Algunos especulan con que saldrá esposado. Otros, que afuera lo auparán multitudes. «
Doble vara
La caída de Richard Nixon, en 1974, fue un duro golpe a la credibilidad de la institución presidencial. Ahora, el sistema judicial estadounidense, ese del que se hace gala en casi cada producción cinematográfica, es el que está en cuestión. La acusación contra Donald Trump es calificada como parte de un entramado para dejar fuera de carrera al expresidente para un segundo turno. Algo así como el lawfare en América Latina, pero no… Trump señaló en su primera reacción que hay una “cacería de brujas” y que es “una evidente interferencia electoral”. Su ex vicepresidente, Mike Pence, agregó que se trata de “otro ejemplo de criminalización de la política impulsada por un fiscal (Alvin Bragg) que literalmente se postuló al cargo con la promesa de acusar el expresidente”. Buena parte del staff más íntimo durante su gestión terminó procesado. Su asesor de campaña Roger Stone, por presunta evasión fiscal; su consejero político e ideólogo de la derecha internacional, Steve Bannon, por desacato a raíz de una investigación por el ataque al Capitolio; otro “desacatado” fue Peter Navarro, exasesor en comercio internacional; Rudy Giuliani, exalcalde de Nueva York y su abogado en los últimos años, por violar las leyes de lobby; Michael Cohen, el que pagó a la actriz porno, también estuvo en el banquillo. Distinto es el caso de Hunter Biden, el hijo del presidente Joe Biden. Está en la mira de Trump desde 2017 por su participación en el sillón del directorio de la empresa de energía ucraniana Burisma desde 2014 a 2019, aprovechando su “chapa” de hijo del entonces vicepresidente de Barack Obama. Biden Jr también resulta implicado en tráfico de influencias con una empresa china, algo aparentemente revelado en una laptop “olvidada” en un local de arreglos de computadoras de Washington. También, por haber mentido en su declaración para obtener permiso para portar armas. Dijo que nunca había consumido drogas pero en un libro admitió que tuvo que luchar mucho para salir de ese flagelo. En octubre del año pasado, el Washington Post publicó que agentes federales hallaron pruebas de delitos fiscales de Biden Jr. En febrero pasado, directivos de Twitter fueron llamados a declarar en el Congreso en el marco de una investigación sobre supuesta protección en la red social a las causas contra el vástago weaponization presidencial.
La amenaza de una escalada nuclear en el este de Europa recibió un nuevo espaldarazo este lunes cuando la viceministra de Defensa del Reino Unido, Annabel Goldi, afirmó que su gobierno planea entregar a Ucrania obuses con uranio empobrecido. «Estas municiones son muy eficaces para destruir tanques y vehículos blindados modernos», dijo, impávida. La respuesta del presidente Vladimir Putin fue que «si esto ocurre, Rusia se verá obligada a responder en consecuencia, dado que Occidente, en conjunto, ya está comenzando a usar armas con un componente nuclear». La contrarrespuesta de Londres apareció en un artículo del The Guardian donde un portavoz del ministerio de Defensa británico acusó al Kremlin de «intentar deliberadamente desinformar» y buscó minimizar el efecto de ese armamento. «Es un componente estándar, no tiene nada que ver con armas y capacidades nucleares», argumentó, tras sostener que «Rusia lo sabe».
El tema, sin embargo, es que los efectos sobre la población son letales en el corto plazo y mucho más en el tiempo. Y la ocasión elegida por Goldi no pudo ser más reprochable: este viernes se cumplieron 24 años del inicio de un bombardeo de la OTAN sobre la ex República Federal de Yugoslavia que duró hasta el 11 de junio y en el que se arrojaron –según informes de la propia organización atlántica– más de 30 mil bombas con uranio empobrecido en Kosovo, unas 2500 en el resto de Serbia y 300 en Montenegro. Hay denuncias sobre el aumento de muertes por cáncer y nacimiento de niños con malformaciones en esos territorios.
El mismo armamento ya había sido utilizado en 1991 en la Guerra del Golfo y en Bosnia-Herzegovina en 1995. Precisamente el presidente de la República Srpska, una de las dos entidades federales de esa última nación, Milorad Dodik, informó: «Hoy decidimos detener cualquier contacto con el personal de las embajadas británica y estadounidense. Esta es nuestra actitud hacia los villanos que están dispuestos a usar uranio empobrecido».
Un estudio de la BMJ Open, una publicación de la Asociación Médica Británica, analiza consecuencias del uso de este producto desde hace más de 20 años y dice que «la evidencia disponible sugiere posibles asociaciones entre la exposición al uranio empobrecido y los resultados adversos para la salud entre la población iraquí. Se necesitan más investigaciones primarias y la publicación de los datos faltantes para diseñar intervenciones políticas y de salud significativas en Irak». (https://gh.bmj.com/content/6/2/e004166).
The Guardian cita conclusiones de la Organización Mundial de la Salud sobre que «en algunos casos, los niveles de contaminación en los alimentos y las aguas subterráneas podrían aumentar después de algunos años». En resumidas cuentas, los análisis médicos abren el paraguas y sostienen que para tener una evaluación más certera se necesitan más investigaciones. Pero nadie ordena parar la mano.
Centro del mundo.
China vuelve a ser, cada vez más aceleradamente, uno de los ejes del poder mundial, recuperando el significado del nombre con que se autodenomina, Zhongguo, Nación del Centro. Esta semana, el presidente Xi Jinping visitó Moscú y en una cumbre con Putin anunciaron el estrechamiento de lazos más profundos entre las dos potencias para consolidar una alianza estratégica a largo plazo. Y declararon el fin del unilateralismo.
Al regreso a Beijing, desde varios gobiernos occidentales anunciaron visitas de alto impacto a Xi. El primero será el brasileño Lula da Silva, este domingo. La gira debió posponerse porque el líder metalúrgico tenía neumonía. Entre el jueves y el viernes próximo estará el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. Según el ministro de Gobierno hispano, Félix Bolaños, «vamos a tener la oportunidad de explicar cuál es la visión que tenemos de la presidencia europea». España asumirá la presidencia protémpore del Consejo de la UE en julio.
Para el 4 de abril se anunció la llegada a la capital china del jefe de Gobierno francés, Emmanuel Macron. El mandatario galo iría acompañado por la actual presidenta de la Comisión Europea –el Poder Ejecutivo de la organización regional– Ursula von der Leyen.
Otra señal de que los tiempos ya son otros es que a una semana de que la Corte Penal Internacional dictara la orden de captura contra Putin, varios gobiernos que forman parte del organismo con sede en La Haya anunciaron que no piensan acatar la orden. Si el viaje de Xi a Moscú era una muestra leve –ninguno de los dos países integra la CPI– Hungría, que está en la OTAN, ya avisó que el presidente ruso puede viajar tranquilamente porque tampoco firmó el Estatuto de Roma.
Putin, a su vez, evalúa la invitación a la cumbre de los BRICS en Sudáfrica. Los líderes de la organización que nuclea a las principales economías emergentes –Brasil, Rusia, India, China y el país anfitrión– se reunirán en Durban en agosto próximo. Los BRICS, mientras tanto, designaron al frente de su Banco de Desarrollo a la expresidenta brasileña Dilma Rousseff.
La crisis financiera internacional resurgida con la caída del Silicon Valley Bank el 10 de marzo pasado continúa extendiéndose como una mancha de aceite, a pesar de lo cual las autoridades de cada país afirman que el sistema bancario en general está sólido y resistirá. El problema es que los mercados se la crean.
El último en quedar en la línea de fuego es el Deutsche Bank, el más importante de Alemania con presencia en más de 70 países y un símbolo de la fortaleza de la locomotora de Europa, que este viernes había visto derrumbarse sus acciones hasta un 14% y alarmó a todo el continente.
La semana pasada, otro de esos bancos demasiado grandes como para caer, el Credit Suisse, finalmente fue «salvado» mediante la venta al competidor USB, lo que aportó cierta tranquilidad al inicio de la semana que pasó. «En 2008, tuvimos (el caso) Lehman (Brothers), que no encontró comprador y arrastró» los mercados, afirmó el analista Andy Kapyrin a la agencia AFP. «Esta vez, no tuvimos (algo similar). Y pienso que el mercado respira aliviado de que no haya ocurrido algo más grave». UBS acordó el domingo pasado abonar unos 3000 millones de euros, un tercio de lo que hubiera pagado el viernes 17 por el Credit Suisse, y de yapa se hace de unos 9000 millones de una garantía del gobierno para evitar el descalabro total del sistema.
Sin embargo, con el correr de los días la situación del Deutsche encendió las luces rojas. Eso apuró algunas decisiones como la venta de la sucursal británica del Silicon Valley al HSBC. El SVB acumulaba préstamos por 5500 millones de libras y 6700 millones en depósitos. El HSBC se lo quedó por una libra, una bicoca. En Estados Unidos, mientras tanto, la caída de otro banco, el Signature Bridge Bank, se pudo disimular mediante la venta al Flagstar Bank, subsidiario del New York Community Bancorp. La tercera entidad estadounidense en el piso había sido el Silvergate, de California y pionero en activos digitales.
La situación del Deutsche no mejoró con las palabras del canciller Olaf Schilz y de la directora del Banco Central Europeo, nuestra conocida Christine Lagarde. «El Deutsche Bank ha modernizado y organizado su forma de trabajar. Es un banco muy rentable. No hay razón para preocuparse» aseguró Scholz. Pero las bolsas cayeron más del 10% en la región.
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