Lo primero que se puede decir del breve discurso en cadena nacional de Javier Milei para presentar el proyecto de ley de presupuesto es que fue más de lo mismo. Por lo que dijo, por lo que calló y por lo que pretendió disimular en un momento clave de su mandato. Porque ocurre luego de una derrota electoral en la provincia de Buenos Aires, con el riesgo país por la nubes y el dólar arañando el techo de la banda cambiaria, en medio de denuncias de corrupción que pican muy cerca, a pocos días de las legislativas nacionales del 26 de octubre, cuando el Congreso se dispone a tratar, con buenas chances de rechazar, los vetos a la emergencia en salud, el financiamiento universitario y los ATN y a las puertas de una nueva marcha federal universitaria que promete ser masiva. Y porque, además, el presidente utilizó en su mensaje los mismos argumentos y las mismas palabras de la derecha neoliberal para justificar sus políticas restrictivas. Habría que recordarle lo que decía en la campaña de 2023: «Una Argentina distinta es imposible con los mismos de siempre». ¿Qué otra cosa se podía esperar de un equipo en el que juegan Federico Sturzenegger, Patricia Bullrich y Luis Caputo?
Este lunes, los medios se encargaron, ni bien terminó de emitirse el mensaje –que había sido grabado a las seis de la tarde–, de recordar que la frase «lo peor ya pasó» la había utilizado el mismo Milei el año pasado, pero había sido dicha antes, en marzo de 2018, por Mauricio Macri en momentos de densidad política similares. Se sabe cuál fue el resultado.
Vayamos ahora a la escenografía. Esta vez el jefe de Estado apareció muy calmo, bien iluminado de frente y acompañado solo por dos granaderos de escolta detrás. No hubo mesa de ministros ni aplaudidores. Pretendió ser un mensaje de un presidente en control de la situación que aprendió que las urnas bonaerenses del 7-S también insinuaban cansancio del bullying presidencial y las canchereadas soeces. Ni siquiera cerró con el grito excitado de «¡Viva la libertad, carajo!». Podría adherirse a la calificación del periodista Carlos Pagni de que esos quince minutos fueron el registro de alguien que dejó de mostrarse como emperador (así lo presentaban los hasta hace poquito muy activos trolspagos por el erario público), sino como de un presidente sin más.
Otra muestra del cambio de registro se nota en el intento, tardío quizás, de recuperar la voluntad de los gobernadores. El miedo no es sonso y necesita ese puñadito de amigos para que no le volteen los vetos. De allí el acercamiento del nuevo ministro del Interior, Lisandro Catalán, al mandatario salteño, Gustavo Sáenz, uno de los más críticos del destrato a las provincias, y del giro repentino de fondos de ATN a los distritos de Chaco, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe. El chaqueño Leandro Zdero y el entrerriano Rogelio Frigerio, junto con el mendocino Alfredo Cornejo, son incondicionales del Gobierno y aceptaron el armado de listas que impuso la hermana presidencial. El misionero Hugo Passalacqua suele acompañar, a condición de ver antes las cartas, mientras que Maximiliano Pullaro es una pata clave en el grupo Provincias Unidas, que también integra Sáenz y amenazan con morderle votos el 26 de octubre a LLA. Habrá que ver cómo se posicionan los legisladores de esas comarcas este miércoles.
Garrahan. Los trabajadores y profesionales del hospital mantienen vivo el reclamo contra el veto a la ley de emergencia.
Foto: Guido Piotrkowski
Obsesión En cuanto a esos quince minutos clave, aparte de la promesa, también repetida hasta el cansancio, de que el camino del crecimiento pasa por el equilibrio fiscal –repitió ese latiguillo 17 veces– aseguró que si persistiéramos en ese rumbo «en 10 años nos pareceríamos a países de altos ingresos, en 20 años estaríamos entre los países más ricos del mundo y en 30 años estaríamos en el podio de las potencias mundiales».
Luego recurrió a otro artilugio de su cosecha, como es la prestidigitación. «El camino del déficit fiscal financiado con deuda ya se probó y nos llevó a heredar una deuda pública de 500.000 millones de dólares y una historia que nos ha mostrado como defaulteadores seriales, motivo por el cual los mercados nos castigan, aun siendo uno de los cinco países en el mundo que tienen equilibrio fiscal», dijo. Dejemos para los economistas la explicación del modo en que se dibuja el actual «equilibrio fiscal» para acotar que quizás el ministro Caputo no estuvo a su lado para que no se le escapara una sonrisa burlona. Porque la mayor parte de esa cifra fue contraída en el anterior paso del «Messi de las finanzas» por la gestión.
En cuanto al eje sustancial del mensaje, es bueno detallar que en un pase de birlibirloque el presidente señaló que el presupuesto «asigna 4,8 billones de pesos a las universidades nacionales, aumenta el gasto en jubilaciones un 5% y en salud un 17%, ambas partidas por encima de la inflación. El gasto en educación también aumenta un 8% por encima de la inflación (y) habiendo realizado las auditorías pertinentes, el monto recibido por cada pensionado por discapacidad también aumentará en un 5% por encima de la inflación del 2026».
Ahí se perciben los otros artificios. ¿Sobre qué base es ese supuesto incremento? Sobre el actual presupuesto, que es de 2022, el último aprobado por el Congreso. De modo que resta ver qué hará el oficialismo cuando seguramente se impulsen modificaciones al proyecto enviado.
El aumento en términos reales será sobre la partida de este año, por lo tanto la clave también está en cuánto termine siendo la partida este año.-
El gerundio «habiendo realizado», además, es ambiguo. ¿Ya se realizaron las auditorias pertinentes o ese supuesto incremento está a la espera de que se terminen de hacer? No solo eso. En el proyecto, la inflación estimada para el año que viene es de 10,1% y el crecimiento del PBI, del 5%. En su discurso dijo que este último dato surge de «diversos estudios» que no especificó. Pero sí indicó como al pasar que habrá «una regla de estabilidad fiscal, es decir, que si los ingresos caen o los gastos superan a lo previsto se deberán ajustar partidas para mantener el equilibrio fiscal».
En buen romance, que el ajuste será eterno porque si no se cumple el pronóstico de crecimiento e inflación, nada de lo que ofrece tendrá lugar. Algo así como ese chiste de los Hermanos Marx: se trata de un contrato cuyo artículo número 1 prohíbe leer los demás.
La derrota del Gobierno nacional en las elecciones bonaerenses podría ser el disparo de largada hacia otra era en la política argentina. Y así como hace dos años, cuando Javier Milei emergió como el abanderado de los tiempos, ahora también analistas, comunicadores y dirigentes repiten en letanía la frase «no la vimos venir». El impacto en el propio presidente fue de tal magnitud que, a regañadientes, ensayó cambios –apenas cosméticos– en un intento por recuperar iniciativa. Mientras tanto, es fácil descubrir los movimientos tectónicos cuando muchos de los que desde los medios tradicionales y las redes sociales –un territorio en el que el anarcocapitalismo parecía tener todo bajo control– se pelean por los botes, como oliendo naufragio. Otros intentaron explicarle al Gobierno algunas maneras de capear el temporal y apostaban a ver si Milei era o no capaz de «dejar de ser lo que es». No sucedió. En la semana en que quedó debilitado por el resultado provincial y necesita apoyo de los gobernadores, el presidente vetó las leyes de financiamiento universitario, la emergencia en salud pediátrica y el reparto de fondos de los Aportes del Tesoro de la Nación (ATN).
Triángulo oxidado. Caputo y Karina, guerra interna abierta agudizada tras la derrota libertaria en Buenos Aires.
Foto: @LLibertadAvanza
Libertarios con linaje Sería conveniente en este punto un poco de historia. El próximo martes se cumplirán 70 años del golpe cívico-militar contra Juan Perón, un hecho dramático íntimamente ligado a la ideología de Milei. Aquella dictadura venía, a sangre y fuego, a desbaratar el modelo estatista que Perón había construido desde 1946. No por casualidad se autodenominó «revolución libertadora». El patriarca de la dinastía de los Alberto Benegas Lynch, abuelo del actual diputado libertario «Bertie» Benegas Lynch, fue designado el 23 de septiembre de 1955 ministro consejero de la Embajada argentina en Washington. Miembro precoz de la Sociedad Mont Pelerín, creada por el economista austríaco Friedrich Hayek, sería su hijo homónimo –integrante además del Instituto Cato, de EE.UU., otro foro libertario– quien en 1978 lanzaría la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE) en la que se formó Milei. Otro difusor de la Escuela Austríaca fue el varias veces ministro de Economía, Álvaro Alsogaray. Un dato importante: el 20 de septiembre de 1956 el dictador Pedro Eugenio Aramburu firmaría la adhesión de Argentina al FMI mediante el Decreto-Ley 15970.
Todo esto para decir que una de las características de esa tendencia paleolibertaria y que tantas generaciones de argentinos escucharon en cada giro derechista es que los problemas del país debían ser arreglados con una terapia muy fuerte que debe ser tolerada en aras de un futuro venturoso. De aquel «pasar el invierno» de Alsogaray a la «luz al final de túnel» de Macri, sin olvidar el «estamos mal, pero vamos bien» de Carlos Menem, una clave es que se debía tolerar el trago amargo para estar mejor en el futuro. Y si algo no salía de acuerdo al plan es porque se abandonaba la medicina para hacer demagogia.
Decálogo Solía repetir Alsogaray una frase atribuida al canciller Otto von Bismarck, el hacedor de la unificación alemana en 1871: «El político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación». ¿Alguien que viene de ese esquema ideológico podría hacer otra cosa que persistir en la misma senda, aunque no reditúe favor ciudadano? Quizás incluso ese sea su mejor incentivo ante una tribuna extremista –la única que le importa– que lo aplaude a manos rojas. Una tribuna como la que expresa el cuestionado Santiago Caputo en una de sus cuentas de X, donde despliega sus diez verdades ultralibertarias, una de las cuales pontifica: «El Estado no debe ser gestionado, sino desmantelado».
DIEZ VERDADES INCÓMODAS DE LA ERA MILEIÍSTA.
1- Nos chupa un huevo lo que opinen los que arruinaron el país. Nuestro compromiso es con la sociedad. 2- Vamos a destruir la inflación a cualquier precio. Es la unica variable que importa. 3- El estado no debe ser gestionado, sino…
Las palabras de Milei el domingo pasado fueron elocuentes en ese sentido. Justo es resaltar que en vez de seguir ejemplos antidemocráticos de sus correligionarios Jair Bolsonaro y Donald Trump, aceptó sin chistar el veredicto de las urnas y se comprometió a analizar los errores cometidos. Pero a renglón seguido advirtió: «No se va a modificar el rumbo, sino que se va a redoblar y acelerar», y prometió defender «con uñas y dientes» la política fiscal, monetaria y «de capital humano» y continuar con las desregulaciones.
¿Qué errores dejan traslucir los funcionarios y el vocero presidencial? Fallas de comunicación, otro viejo recurso de la política argentina. «Hacemos todo bien, pero comunicamos mal». Sin embargo, desde sus medios más amigables los hasta ayer leales van marcando distancias. Si hay alguien que siempre abrazó esas políticas que venía a reivindicar Milei es el veterano columnista Joaquín Morales Solá, quien desde La Nación señaló, en un tono ciertamente despectivo para con el presidente y su hermana Karina, y en el que reclama expulsar a los Menen de sus cercanías, que «la única modificación que se les ocurrió a la diarquía que gobierna es la creación de una mesa política con los mismos protagonistas que ya estaban y que, al final del día, actuaban como asesores políticos de la perdidosa administración. Solo cambiaron el lugar de las sillas. Punto. Nada más para ofrecerles a los argentinos que esperaban ver cómo se salva o cómo derrapa un Gobierno de apenas 21 meses».
Otros más vinculados aún al proyecto libertario, como Alejandro Fantino, extreman la indignación que mostraron cuando se difundieron los audios de Diego Spagnuolo. El ultraderechista Fernando Cerimedo, investigado en Brasil por promover discursos de odio, declaró en la fiscalía interviniente que el extitular de la Agencia Nacional de Discapacidad le había hablado en reiteradas ocasiones del esquema de coimas que atribuyó a la hermana presidencial. El streamer Gordo Dan, con similar ferocidad a la que usó hasta ahora para denostar a cualquiera que atacara al Gobierno, critica que no se hayan hecho cambios y apuntó también contra los parientes del fallecido expresidente. Con lo que a este clima se suman acusaciones cruzadas de «traición».
Pero venidos de aquellos tiempos de la dictadura «libertadora», aparecieron otras explicaciones ciertamente abominables para la derrota. Como las del economista Miguel Ángel Boggiano y de un empresario cordobés sobre la supuesta preferencia de los bonaerenses por hacer las necesidades en un tacho. Para el comunicador y piloto de aviación Antonio Laje los votantes provinciales deben sufrir castigos incluso bíblicos por no elegir como corresponde. «No se quejen más cuando tengan inseguridad y cuando te maten, por (lo) que acaban de votar. Era la elección para decirle al gobernador que estaba haciendo una gestión espantosa y le dijeron que está haciendo una gestión bárbara».
A todo esto, el Consejo Universitario Nacional (CIN, que nuclea a los institutos superiores del país), junto con profesionales del Hospital Garrahan, anunciaron una movilización en reclamo del rechazo al veto presidencial durante la sesión de la Cámara Baja de esta semana.
El @CINoficial, el Frente Sindical de Universidades Nacionales, la @laFUA y profesionales del @HospGarrahan acordaron confluir en una gran manifestación nacional el día que la Cámara de Diputados trate los vetos a la leyes de emergencia pediátrica y financiamiento universitario. pic.twitter.com/1RWymAcZUn
El flamante ministro del Interior, Lisandro Catalán, ensayó su primera reunión con gobernadores para tratar de calmar las aguas. Apenas estuvieron los todavía fieles: Rogelio Frigerio, de Entre Ríos, Leandro Zdero, de Chaco, y Alfredo Cornejo, de Mendoza. Al rato se anunció el veto a la ley de ATN. Otro grupo de mandatarios que acompañó al Gobierno en sus inicios, y que decidió construir una «tercera vía», ni K ni antiK, analizaron cómo se plantan ante este nuevo desafío en la exposición rural de Río Cuarto. El cordobés Martín Llaryora fue el anfitrión del encuentro, que reunió al santafecino Maximiliano Pullaro, al correntino Gustavo Valdés y al jujeño Carlos Sadir. El santacruceño Claudio Vidal y el chubutense Ignacio Torres, cofundadores de Provincias Unidas, alegaron problemas de agenda para asistir. Juan Schiaretti, exgobernador y candidato a diputado el 26 de octubre, ya manifestó su rechazo al veto presidencial. Lo que no se sabe es cómo votarán los diputados de esos distritos.
El gobierno nacional se quiere quedar con los recursos que corresponden a las provincias. Por eso vetó la ley de ATN.
Los Aportes del Tesoro Nacional no son propiedad del Presidente ni del Ministerio de Economía: son recursos que nacen en las provincias y deben volver a ellas de…
Si algo demuestra la elección bonaerense es que no hubo último clavo en ningún ataúd. Que como muchos puntualizan desde hace añares, polarizar una elección puede ser una buena estrategia electoral, pero es mal negocio para gobernar. Y que, como muestra la historia argentina desde 1955, del otro lado de la Argentina siempre hay alguien al que no se puede eliminar, por más violencia –incluso criminal– que se aplique. ¿Aceptaría esto Milei, o los que están cerca, o quienes se prueban el traje?¿Lo aceptarán los que ganan en río revuelto que, al fin y al cabo, son los mismos de siempre?
Mientras Occidente se encamina alegremente a profundizar el baño de sangre en el Este de Europa y ensaya piruetas para disimular el genocidio en Gaza, en otra vergonzante expresión de servilismo, Argentina se sumó a Paraguay y los gobiernos ultraderechistas de Israel, Estados Unidos y Hungría contra una resolución de la Asamblea General de la ONU de respaldo a la solución de Dos Estados que aprobaron 142 naciones el viernes. La votación del representante argentino coincidió, por cierto, con los de Micronesia, Nauru, Palaos, Papúa Nueva Guinea y Tonga, en esa particular interpretación de los vínculos con el mundo que entiende el presidente Javier Milei. La “Declaración de Nueva York” había sido presentada por Francia y Arabia Saudita y aparece en un momento dramático por la brutal ofensiva israelí en Medio Oriente que ya causó más de 64.000 muertos y cuando en Europa crecen las tensiones luego de la incursión de una veintena de drones presumiblemente rusos en territorio de Polonia.
A la hambruna en Gaza y la matanza indiscriminada de civiles en la Franja se agregaron estos días un ataque en Doha contra miembros del grupo de resistencia islámico Hamas que estaban analizando el acuerdo de cese el fuego propuesto por la administración Donald Trump, y la detención de cerca de dos millares de palestinos en la localidad de Tulkarem. El primer ministro Benjamin Netanyahu, que ordenó esta semana la evacuación total de la ciudad de Gaza, firmó el jueves un plan para la construcción de unas 3000 viviendas en abierto desafío a las leyes internacionales y desde Maale Adumim dijo claramente cuál es el objetivo: “Dijimos que no habría un Estado palestino y, de hecho, no lo habrá. Este lugar nos pertenece”. Por las dudas, mostró la inauguración de un paseo bautizado Donald Trump, en honor “al mejor amigo que Israel tuvo nunca en la Casa Blanca”.
El presidente estadounidense, en tanto, se hamaca entre los acuerdos no explicitados que alcanzó en Alaska con Vladimir Putin y el belicismo desenfrenado de los europeos, que aprovecharon el incidente de los drones para amenazar con todo tipo de represalias contra Rusia, que podrían incluir más paquetes de sanciones económicas. En el discurso del Estado de la Unión que dio el martes en Estrasburgo la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen detalló una serie de medidas para avanzar contra Rusia que podrían incluir la apropiación de activos incautados desde el 22 de febrero de 2022 para la compra de armamento destinado a Ucrania.
Curiosamente, el mensaje de Von der Leyen fue en inglés, cuando ninguno de los países de la UE habla esa lengua. El Reino Unido se fue de la Unión definitivamente en enero de 2020, tras el referéndum del año anterior, aunque sí es miembro de la OTAN, la organización militar atlántica. Como sea, los líderes europeos -Keir Starmer, Emmanuel Macron y Friedrich Merz a la cabeza- pusieron el grito en el cielo cuando Varsovia se quejó por la caída de los drones. Sonó a una excusa formidable para ir con más castigos contra Moscú. Pero Trump les puso un freno en un carta que difundió en su red Truth: “Estoy dispuesto a imponer importantes sanciones a Rusia cuando todas las naciones de la OTAN hayan acordado y comenzado a hacer lo mismo, y cuando todas las naciones de la OTAN dejen de comprar petróleo a Rusia”. Luego agregó que si se aplicara entre un 50 y un 100% de aranceles a los productos chinos la guerra terminaría rápidamente. “China tiene un fuerte control, e incluso dominio, sobre Rusia, y estos potentes aranceles romperán ese dominio”.
Los jefes de Estado tampoco tienen tanto para poner sobre la mesa. Macron, que enfrenta una crisis política por el rechazo a los siderales ajustes que pretendía imponer el renunciante primer ministro François Bayrou -que no superó el voto de censura parlamentario este lunes- no tiene grandes esperanzas de que la Asamblea le apruebe la designación de Sébastien Lecornu. Las bravuconadas en política exterior le permiten seguir en el candelero, pero esa es una estrategia de corto alcance.
Starmer, por otro lado, tenía este sábado las calles londinenses virtualmente copadas por una masiva manifestación ultraderechista convocada por Tommy Robinson, un activista xenófobo que viene creciendo en la consideración popular en base a un discurso antiislámico y contra la inmigración. En la marcha de ayer, que tenía el lema “Unite the Kingdom” («Unir al Reino», un juego de palabras con el nombre de la nación) se movilizaron unas 110.000 personas, según la Policía Metropolitana. La señal del impacto de esta tendencia la da el corrimiento perceptible del laborista Starmer a posiciones antiinmigración.
A todo esto, este mismo viernes el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, anunció la operación «Centinela Oriental» para responder a “las continuas violaciones del espacio aéreo” como el vuelo de “numerosos drones rusos” sobre Polonia del 10 de septiembre. Este mismo día se iniciaron ejercicios militares entre Rusia y Bielorrusia en la frontera polaca denominadas Zapad 2025. Todo tranqui por esos lados.
Los líderes europeos siguen empecinados en continuar la guerra en Ucrania y diseñan alianzas destinadas a presionar para que Rusia acepte condiciones en un escenario en el que ya demostró sus cartas de triunfo. Para decirlo en criollo, intentan correr a Vladimir Putin con la vaina mientras en sus propias casas la situación se desmorona. Pruebas al canto: Emmanuel Macron -cuyo primer ministro pende de un hilo- recibió en el Eliseo a varios jefes de estado que adhieren a una denominada Coalición de Voluntarios. La cumbre sería seguida vía Zoom por el británico Keir Starmer -coorganizador de la movida- y otros que prefirieron no viajar a París. Al cierre se conectaría Donald Trump. La hoja de ruta: el despliegue de tropas luego de un eventual acuerdo entre Kiev y Moscú. Macron y Volodimir Zelenski anunciaron que 26 países se sumaron a una fuerza de “tierra, aire y mar” para garantizar la seguridad de Ucrania. Dato adicional: los convocados eran 35, los “voceros” informan tácitamente que nueve no adhirieron, aunque no dan más precisiones. Pero la italiana Giorgia Meloni y los mandatarios de Polonia, Japón y Turquía, avisaron que no van a enviar soldados. Putin se apuró a señalar que cualquier efectivo militar que aparezca en el teatro de operaciones será considerado un “objetivo legítimo para su destrucción”. ¿Fin?
La cumbre fue el jueves y a medida que pasan los días hay un clima de desasosiego en los promotores de la Coalición. El representante de Trump, Steve Witkoff, se retiró a los 20 minutos de iniciado el encuentro, sin dar explicaciones. Al rato, los jefes de la OTAN, el Consejo y la Comisión Europea y Zelenski armaron la videollamada con la Casa Blanca. Macron dijo que se trataba de explicarle a Trump cuál era el propósito del encuentro y de convencerlo de que sea uno más o, en todo caso, ver hasta donde podían contar con EE UU.
El presidente estadounidense, sin embargo, seguía obnubilado por el impresionante desfile que se había producido en Beijing y sobre todo por la imagen de Xi Jinping con Putin, y el abrazo de ambos con el indio Narendra Modi en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái. Ahí se juegan las cartas que pesan hoy día y no en la palestra europea, donde ya la administración republicana dio pruebas de que se quiere desentender y enfocarse en otros ámbitos menos comprometedores.
Macron enfrenta una crisis política por el rechazo de gran parte de la sociedad a los ajustes de 44.000 millones de euros que plantea su gobierno, bajo la batuta del premier conservador. François Bayrou enfrenta este lunes un voto de confianza en el Parlamento que podría derivar en la caída de una gestión que nació ya golpeada en diciembre, luego de la debacle de otro representante de la derecha, Michel Barnier. Maniobras de Macron que le permitieron aguantar tras los comicios de mediados de 2024 y su derrota ante la centroizquierda del Nuevo Frente Popular y la ultraderecha de Agrupación Nacional. El miércoles Bloquons Tout (Bloqueemos Todo), un movimiento de protesta que integra a unas 20 organizaciones que se mueven desde las redes sociales, esperan paralizar al país.
Starmer, en tanto, que suele ser muy activo en sus propias redes, no habló de la Coalición militar, pero dio otra señal sobre la manera en que busca reactivar la economía británica. Su oficina de prensa difundió un comunicado donde resalta que «el primer ministro acogió con satisfacción las declaraciones de los socios de la coalición sobre su voluntad de suministrar misiles de largo alcance a Ucrania para reforzar su arsenal». Desde su cuenta de X, puntualizó: “Prometí que nuestra industria de defensa sería el motor de la renovación nacional. Se están creando más de 1700 nuevos puestos de trabajo en el sector, ya que hemos conseguido una inversión extranjera sin precedentes. Ese es mi Plan de Cambio en acción: impulsar el crecimiento y las oportunidades para los trabajadores”. Keynesianismo bélico a todo vapor.
Sobre la efectividad de la Coalición de los Voluntarios digamos que el nombre refiere a aquella alianza que en 2003 atacó Irak para destronar a Saddam Hussein y que solícitamente integraron el Reino Unido de Tony Blair y la España de José María Aznar con el gobierno de George W Bush. Las consecuencias se conocen. En diciembre de 2023, último tramo del gobierno de Joe Biden, la Casa Blanca armó otra Coalición de Voluntarios contra Ansarollah, el grupo de resistencia islámica yemenita que bloquea el tráfico con destino a Israel por el Mar Rojo. Esa vez también eran unos 20, según los anuncios. Tampoco dijeron quiénes eran. No pasó gran cosa y los hutíes siguen en lo suyo.
Comentarios recientes