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Crónica de una censura

Crónica de una censura

Bien dicen que «el pez por la boca muere». Y en un posteo en su cuenta de X, Juan Carreira, que utiliza el seudónimo Juan Doe, terminó por confirmar que el show que iba a realizar el rapero Milo J en la exESMA fue censurado por el Gobierno. «Ahora gobernamos nosotros, no ellos. Están locos si los vamos a dejar usar un edificio del Estado para hacer un showcito político nefasto», escribió.

Director de Comunicación Digital del Gobierno nacional desde junio, Carreira-Doe llegó al cargo tras el despido de otro tuitero mileísta, Iñaki Gutiérrez.

El grupo de «influencers» libertarios que fue creciendo desde las redes sociales se potenció en tiempos de la pandemia y fue –todavía lo es– clave para sostener la figura de Javier Milei desde sus tiempos de panelista de tevé y en su paso por el Congreso como diputado. Ni bien asumió la presidencia, el fundador de La Libertad Avanza se rodeó de los más experimentados en el manejo de esa herramienta, clave en las últimas elecciones. Desde entonces, inició lo que Milei gusta en llamar una «batalla cultural» contra un genérico en el que engloba socialismo, comunismo, peronismo, radicalismo o simplemente a quienes tienen una visión más igualitaria de la sociedad.

Por esos mismos tiempos fue desarrollándose un movimiento juvenil que a través de lo que se llamó «freestyle» fructificó en una generación de chicos –Milo J tiene 18 años– que de manera independiente de las grandes productoras y de los medios masivos, ya ocupan un lugar central en la música y tienen alcance internacional. Son otros «influencers» que irritan al inquilino de la Quinta de Olivos, porque están en otra vereda, arrastran multitudes y no tiene modo de «entrarles». Ahí las redes son uno con uno, cara a cara, codo con codo. Un mundo extraño para él.

Aunque la burla de Juan Doe comenzaba contra «los kukas», esa forma despectiva de referirse a los kirchneristas, no todos los seguidores de los raperos más encumbrados podrían ser ubicados en ese sector. La postura de Milo J, un pibe de Morón que se hizo de abajo y empezó a hacer su música con las computadoras de Conectar Igualdad, es por los derechos humanos. El recital que iba a hacer el 12 de febrero era una preescucha de su disco 166 (Deluxe) Retirada.

Camilo Joaquín Villarruel, tal su nombre en el DNI, es admirador de Charly García, hizo dúos con Nito Mestre, Tini Stoessel y acompañó a la murga uruguaya Agarrate Catalina en una sesión en ¡Fa!, el espacio de Mex Urtizberea en Youtube. Cuando se viralizó la clausura de su recital, García fue uno de los primeros en solidarizarse, a su manera. «Que se quede tranquilo», le mandó decir, «a mí me censuraron un montón de veces. Bienvenido al club».

El caso es que si las autoridades querían silenciar a Milo J, la censura no hizo más que popularizarlo y hacerle descubrir a gente «de otro palo» que es un gran cantante que muchos no conocen porque circulan por carriles separados. Le pasó a la escritora Claudia Piñeiro, que tras anotar que «se volvieron locos cuando Cecilia Roth dijo que había censura, pero ayer con Milo J aplicaron el lema que tanto les gusta: principio de revelación», escribió: «Una buena de este gobierno, me hizo conocer a Milo J».

Entre quienes se solidarizaron con el adolescente estuvieron otros «castigados» por el oficialismo, como Lali Espósito, María Becerra y raperos y músicos de toda laya, como Soledad Pastorutti, Las Manos de Filippi, La Delio Valdés, Ricardo Mollo, Yamila Cafrune, Trueno, Willy Bronca y siguen las firmas.

¿De dónde nace esta movida que inquieta al Gobierno? Cuentan los que saben que para 2009 unos muchachitos comenzaron a juntarse los fines de semana en la estación de Claypole del Ferrocarril Roca, en el partido bonaerense de Almirante Brown, para rapear. La cosa empezó a crecer y el certamen convocó a montones de entusiastas en lo que se llamó «Halabalusa Underground«. Para 2012, el rapero YSY A y el presentador de radio Muphasa inician un certamen en el porteño Parque Rivadavia bautizado Quinto Escalón, porque se hacía en el último peldaño de la escalinata que da a las calles Doblas y Chaco. Duró hasta 2017 y de allí surgieron, entre otros, nombres conocidos en el ambiente como Duki, Wos, Dani, Gotti. Pero a ese encuentro masivo vinieron raperos de toda Latinoamérica y de España.

El mundo rap incluye a personalidades como L-Gante, otro que comenzó desde muy abajo con una computadora de las que se entregaban a estudiantes durante el Gobierno de Cristina Fernández, o Dillom, quien se hizo viral en noviembre pasado cuando cruzó en un avión a un tuitero libertario que actúa bajo el alias La Pistarini. «Así de guapos son en persona», escribió luego de haber descubierto que Juan Carlos Siber –integrante del ejército de trols del Gobierno– lo estaba «bardeando» en las redes. «Portate bien», le recomendó tras una caricia nada amable en la cabeza.

Dillom es el mismo que en el Cosquin Rock 2024 había «actualizado» un tema de Las Manos de Filippi, «Sr. Cobranza», y donde decía «Norma Plá a Cavallo lo tiene que matar», cantó «A Caputo en la plaza lo tienen que matar», lo que le valió una presentación judicial de un abogado por incitación a la violencia que no prosperó.

Si lanzar la caterva de trols contra Lali Espósito no hizo otra cosa que alentar su carrera artística a niveles que ella no podía pensar, ahora lo de Milo J puede ser otro tiro en el pie para un presidente que según muchos analistas llegó a donde llegó porque tuvo una infancia de niño maltratado y representó a millones de castigados por la situación económica y social del país que lo sintieron un par. Estos raperos también representan a ofendidos y humillados por la realidad, que ahora incluso es peor para ellos.

Como perla final, acá va uno de los temas del álbum que iba a presentar Milo J en la exESMA, Hippie, que desmenuza qué batalla cultural se está disputando.

Revista Acción, 16 de Febrero de 2025

Zelenski corrobora que Estados Unidos le picó el boleto

Zelenski corrobora que Estados Unidos le picó el boleto

A Volodimir Zelenski le habían picado el boleto hace tiempo, como se dice en los arrabales, pero todavía no se había querido dar por enterado y sus socios europeos hacían como que no la veían. Pero bastaron pocas semanas desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca para que el castillo de naipes que se había construido para sostener a Ucrania se viniera abajo. Los últimos golpes para derrumbar esa ilusión los estuvieron dando estos días el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de Defensa, Pete Hagseth, en concordancia con la charla que mantuvieron el presidente de EE UU y el de Rusia, Vladimir Putin (ver aparte). Pero las cosas ya estaban claras desde que el empresario inmobiliario arrasó en la elección de noviembre pasado. Ahora a Zelenski le resta implorar por la creación de un ejército europeo por fuera de la OTAN y por mantenerse en el poder a pesar de que su mandato está cumplido. Quién sabe cuál sería su suerte con otro mandatario en Kiev luego de la devastación que queda tras la guerra por la que apostó todo y termina así.

Zelenski corrobora que Estados Unidos le picó el boleto

Vayamos por partes. Entre las promesas electorales de Trump estaba terminar la guerra en Ucrania en 24 horas. No será tan fácil, pero corrió de cuajo las estrategias de la administración Biden con los líderes europeos y la OTAN y ya habrá que interpretar lo que ocurre en esa parte del mundo de otra manera. No se puede decir que en el viejo continente no estuvieran avisados. Como será que el título de la Conferencia de Seguridad de Munich es “Multipolarización” y declara como su objetivo para ese foro “analizar las consecuencias de largo alcance de la multipolarización del orden internacional”.

Vance castigó feo a los dirigentes que lo escucharon este viernes, por su apoyo explícito a la ultraderecha alemana a una semana de los comicios. Lo que desató oleadas de críticas del actual canciller, Olaf Scholz, del candidato conservador Friedrich Merz, que se ve ganador de acuerdo a las encuestas. Vance, en cambio, al igual que Elon Musk, apoyan a la aspirante de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel. Hasta el francés Emmanuel Macron se quejó de la brutal intromisión en los asuntos internos de la hasta no hace tanto locomotora industrial de Europa. Eso, sumado a que quedó afuera de la negociación con Moscú, es una síntesis del lugar que le destinan a esa región del otro lado del Atlántico.

Hegseth completó el mensaje en la cumbre del Grupo de Contacto sobre la Defensa de Ucrania que se hizo en Bruselas. “Nuestro mensaje es claro: la matanza debe cesar, este conflicto debe terminar”, dijo el oficial de la Guardia Nacional de EE UU y presentador de televisión. “Queremos una Ucrania soberana y próspera. Pero debemos empezar por reconocer que una vuelta a las fronteras anteriores a 2014 es un objetivo irreal (…) No debe haber un Misk 3.0”, agregó, recordando los dos acuerdos, de hace diez años, que terminaron en papel mojado para Kiev y los líderes de Alemania y Francia de entonces.

Como broche, remató: “Estados Unidos no considera que la adhesión de Ucrania a la OTAN sea una salida realista a un acuerdo negociado (… y) si hubiera que desplegar tropas como fuerzas de mantenimiento de paz en algún momento, deberían hacerlo en el marco de una misión fuera del marco de la OTAN y no estar cubiertas por el artículo 5”, que obliga a responder en solidario a un ataque exterior a un miembro del bloque. O sea, Washington no se va a meter en ese baile. De allí a insistir con el mensaje de Trump que exige a los europeos destinar 5% del presupuesto en defensa. Siguiendo al secretario General de la alianza, el neerlandés Mark Rutte, eso implicará reducir los fondos para políticas sociales.

Pero hay algo más que estuvo diciendo Trump, que no es de dar puntadas sin nudo. “Estamos gastando cientos de miles de millones de dólares (en Ucrania). Podrían llegar a un acuerdo, o podrían no hacerlo. Puede que algún día se vuelvan rusos, o puede que no. Pero vamos a tener todo este dinero y digo que lo quiero de vuelta. Dije que quiero el equivalente a, digamos, 500 mil millones de dólares en metales de tierras raras». Por lo que trascendió, esa envenenada oferta la hizo el secretario del Tesoro, Scott Bessent al mismísimo Zelenski. Según algunos medios, el presidente ucraniano dijo que necesitaba unos días para pensarlo y por ahora no habría firmado ningún documento.

Zelenski, en tanto, denunció un día antes del inicio del mitin en Munich que un dron ruso había perforado la cubierta de protección de la planta de Chernobyl. En 1986 una explosión en esa central atómica provocó la fuga de material radioactivo que se expandió sobre parte de Europa oriental y dejó muy mal parado al sistema de seguridad nuclear de la ex Unión Soviética. Una amenaza semejante es motivo de preocupación para el resto del continente, pero la mayoría de los analistas ven detrás de este anuncio una operación desesperada de Kiev para mantener el apoyo que necesita para no tirar la toalla. El avance de las tropas rusas en el Donbass se tornó indetenible hace meses y la incursión en la región rusa de Kursk no alcanza para sentarse ante una eventual mesa de negociaciones con algo para ofrecer a cambio.

Nuevo intercambio de rehenes por presos

Los rehenes Alezander Trufanov, Sagui Dekel-Chen y Yair Horn fueron entregados a militares israelíes y 369 prisioneros palestinos fueron liberados en una nueva etapa de los acuerdos de cese el fuego entre Hamas y el gobierno de Benjamín Netanyahu. En ese contexto, Netanyahu convocó a su gabinete para decidir los pasos a seguir habida cuenta de que Donald Trump amenazó con “desatar in infierno” si Hamas no entregaba todos los rehenes aún en su poder este sábado pero luego dejó la decisión en manos de Israel.

Horn, que tiene doble nacionalidad argentina-israelí, fue capturado en el kibutz Nir Oz junto con un hermano que todavía permanece en manos del grupo de resistencia islámica. Troufanov tiene también ciudadanía rusa y Moscú se encargó de agradecer por su liberación. Dekel-Chen, por su parte, es estadounidense-israelí.

La Media Luna Roja Palestina avisó que cuatro de los presos liberados en Cisjordania fueron trasladados inmediatamente a un centro médico debido a «la gravedad de sus condiciones de salud» bajo cautiverio israelí, según un comunicado recogido por la cadena panárabe Al Yazeera. En Israel, los rehenes denunciaron malos tratos durante su cautiverio.

Netanyahu «valora enormemente el liderazgo del presidente Trump y la coordinación vigente con Estados Unidos», indicó un comunicado oficial de su gabinete y destacó: «la combinación de los refuerzos de las Fuerzas Armadas en torno a la Franja de Gaza y la postura agresiva del presidente Trump han llevado a la liberación de hoy de los rehenes pese a la negativa anterior de Hamas a liberarlos».

Tiempo Argentino, 16 de Febrero de 2025

Solo cambios de calendario

Solo cambios de calendario

El 2025 comienza con aumentos en los precios de todos los servicios –gas, electricidad, agua– y combustibles, con lo que el costo de los boletos de transporte también se incrementará más temprano que tarde, a pesar de que, según las cifras oficiales, la inflación viene en baja. El año nuevo ya se había anunciado con malas noticias por el desguace y el desmantelamiento de áreas claves del Estado, comentaba el titular de ATE nacional, Rodolfo Aguiar, en una asamblea del gremio para tratar los despidos en la exEsma y el cierre del Centro Cultural Haroldo Conti. No se había cumplido una semana de esta nueva hoja del almanaque cuando el Gobierno le dio una vuelta más de tuerca a la tormentosa relación con Venezuela: mientras reclamó ante la Corte Penal Internacional (CPI) por la detención del gendarme Nahuel Gallo, arrestado desde el 8 de diciembre en algún lugar de Caracas no revelado, Javier Milei recibirá al antichavista Edmundo González Urrutia, al que reconoce –al igual que países europeos y EE.UU.– como presidente de Venezuela, cuando el próximo viernes Nicolás Maduro será investido con un nuevo mandato.

Parecen muchos temas para tan pocos días, pero se sabe que la gestión paleolibertaria actúa con urgencias para implementar sus políticas. Para remachar en caliente, como se suele decir, o simplemente para cambiar los ejes de la sociedad antes de que las variables económicas dejen de resultar favorables. Y ojo que Milei no se anda con vueltas a la hora de explicar su estrategia. Ya lo dijo en el cierre del Coloquio de IDEA, la ONG empresarial, en el encuentro que se realizó en Mar del Plata en octubre pasado.

«Teníamos claro que por el tipo de ajuste que estábamos haciendo era muy probable que el impacto más fuerte se sintiera durante el primer trimestre. Por lo tanto, también era importante hacerlo durante vacaciones, para que la gente no se enterara tanto, por decirlo de alguna manera, de lo que estaba ocurriendo», dijo esa vez, con un guiño canchero y sin sonrojarse.

Parece que en este verano pretende repetir aquel impacto y comenzó con despidos en todas las áreas del Estado y especialmente en las relacionadas con la defensa de los derechos humanos y los Espacios de la Memoria. Sitios que la sociedad fue recuperando para resaltar los valores con que buscó construir la democracia luego de los años del horror de la dictadura cívico-militar.

La dupla ganadora del balotaje de noviembre de 2023 era rotundamente negacionista, con un candidato a presidente que resaltó en cada ocasión su rechazo a las políticas desarrolladas por Raúl Alfonsín desde el 10 de diciembre 1983, y Néstor y Cristina Kirchner en este siglo. Su vicepresidenta, Victoria Villarruel, por lo demás, desplegó su carrera política reivindicando a los condenados por crímenes contra la humanidad.

Las notorias diferencias que fueron creciendo entre ellos en este año y monedas nunca borraron, y puede aventurarse que no lo harán, esa coincidencia de matriz.

Lo que para un mandatario que hace gala de elementos de la lógica para ridiculizar a quienes se oponen a su línea de pensamiento –con términos como «falacia ad hominem», propios de manuales de escuela secundaria–, estos días marcaron también groseras contradicciones, solo explicables por la banalidad esencial de sus argumentaciones.

Veamos: que las fuerzas de seguridad impidan el acceso a los edificios destinados a mantener la llama de los derechos humanos, en los mismos sitios donde se produjeron las peores atrocidades, espacios que siguen una línea que en Europa se desarrolló tras la Segunda Guerra Mundial y para mantener el permanente recuerdo de la barbarie nazi en los campos de exterminio. 

Que luego de los incidentes con el Gobierno de Maduro –que llegaron al punto de un generarme argentino detenido por intentar su ingreso irregular en Venezuela, en condiciones difíciles de explicar para las autoridades nacionales– la cancillería recurra al la Corte Penal Internacional (CPI) se convierte en un despropósito. Más aún, cuando la ministra Patricia Bullrich, jefa de la institución en la que reporta Nahuel Gallo, habla de «desaparición forzada» del joven a manos del «régimen de Maduro». Y que lo catalogue de «crimen imprescriptible para los autores», al mismo tiempo que desde otros rincones de esa gestión se analizan mecanismos para liberar a los condenados de la última dictadura.

Por si esto fuera poco, la CPI es el mismo tribunal al que adhiere Argentina, donde tiene rango constitucional, y que recibió fuertes críticas de la Casa Rosada en noviembre a raíz de la orden detención contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu por crímenes de lesa humanidad en Gaza. Lo que evidencia una ostensible doble vara, aunque en el contexto actual de las relaciones internacionales, habrá que reconocer que no desentona tanto.

Para un Gobierno que se basa en irritaciones varias diseminadas en las redes sociales, provocaciones calculadas y el ejercicio pertinaz de la simulación, el despido de la subsecretaria de Turismo, la segunda del titular de esa área, el excandidato peronista Daniel Scioli, aparece como otra puesta en escena de pretendida austeridad. Yanina Martínez viajó a Londres y cayó mal que hubiera desoído la orden presidencial de no salir de vacaciones al exterior. Por otro lado, Bullrich explicó su visita a Disney en que era una vieja promesa a sus nietos para «cuando terminaran la primaria». El vocero Manuel Adorni irá por esos lares también. Él aseguró que hace diez años vacaciona con su familia en Miami y no era cuestión de cambiar las costumbres.

En este rubro marquetinero habría que anotar al retiro de la custodia a la exprimera dama Fabiola Yañez en Madrid. En este caso, Bullrich respondió públicamente a una orden de Milei para proceder en un asunto que lo preocupa, dice, como es el uso que se les da a los impuestos de los ciudadanos, que, afirma, deben ser «para mejorar la vida de la población. No para privilegios de quienes no llevaron con austeridad la investidura».

Revista Acción, 5 de Enero de 2025

En busca de enemigos

En busca de enemigos

Hay una frase de Javier Milei en el Foro de Davos que pasó inadvertida en el fárrago de rechazos que generó su ataque furibundo a la comunidad LGBT+ y que, sin embargo, explica el trasfondo de su posicionamiento y el de la ultraderecha global en tantos temas urticantes para al sentido común construido en las últimas décadas. «Después de la caída del Muro de Berlín, curiosamente los países libres se empezaron a autodestruir cuando se quedaron sin adversarios por derrotar. La paz nos volvió débiles, fuimos derrotados por nuestra propia complacencia», dijo, adhiriendo, indudablemente a sabiendas, en qué terreno se metía e incluyéndose en un «nosotros» que plantearía más de una discrepancia.

La idea de que la disolución de la Unión Soviética fue una catástrofe para el espacio socialista pero también para Estados Unidos no es nueva. Analistas de fuste como el francés Tierry Meissan sostienen que incluso la falta de un enemigo enfrente, como era el bloque comunista, dejó a Occidente sin un incentivo para sostener su unidad. Y en el caso estadounidense, dejó –entienden– a la principal potencia planetaria en riesgo de una guerra civil porque su cohesión interna estaba amalgamada en torno a un objetivo al que finalmente llegó sin la guerra con la que soñaban sus estrategas. La realidad de EE.UU. de estos últimos años da ejemplos en favor de esa tesis, lo que explicaría el rol que intenta cumplir Donald Trump en esta particular trama.

No es novedoso tampoco sostener que el presidente argentino adhirió a esas estrategias extremas para cimentar su imagen política en un contexto como el de la crisis económica que asolaba al país. Y desde el 10-D de 2023 busca consolidarla para aplicar sus políticas regresivas en modo «aturdimiento colectivo». En ese período, tanto él como funcionarios y adherentes del oficialismo, descargaron en forma recurrente agravios y descalificaciones hacia opositores políticos, sectores sociales, organismos de derechos humanos, sindicatos, entre muchos otros. Las agresiones manifestadas en la ciudad suiza el 23 de enero, sin embargo, generaron las masivas marchas del 1 de febrero en todo el país. No siempre es gratis agraviar.

El fuego y sus circunstancias
Todo el debate generado en torno a esa alta dosis de ira del jefe de Estado fue en paralelo al avance de las llamas en la cordillera patagónica. En esta instancia, el Gobierno nacional –con el inestimable aporte de los gobernadores Ignacio Torres, de Chubut, y Alberto Weretilnek, de Río Negro– tiraron la pelota afuera para no hurgar en las responsabilidades del desastre ambiental, social y económico que se extiende desde San Carlos de Bariloche hasta El Bolsón y Epuyén. Al igual que el «seguidismo» característico de Milei sobre Trump –como el anuncio de retiro de organizaciones internacionales como la OMS o la Comisión de Derechos Humanos la ONU–, la Casa Rosada buscó culpables antes que soluciones. Así había hecho días antes el magnate inmobiliario, culpando a los demócratas por los incendios en Los Angeles.

En esta parte del continente se apunta a los mismos que en su anterior paso por el Ministerio de Seguridad había designado Patricia Bullrich: las comunidades mapuche. Un enemigo más fácil de reconocer y un pueblo que desde la recuperación de la democracia venía logrando mínimas, aunque importantes, reivindicaciones territoriales y culturales. Como se recordará, en enero de 2016 Bullrich comenzó a hablar de una organización denominada Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) y los medios nacionales señalaron a Facundo Jones Huala como su «violento» líder.

Desde entonces la RAM estuvo a mano para caratular cualquier incidente en esas regiones, donde el que aparece como dueño y señor de voluntades y fuerzas de choque es el inglés Joe Lewis, quien en abril pasado fue condenado en Nueva York a tres años de libertad condicional y el pago de 5 millones de dólares de multa tras haberse declarado culpable del uso de información confidencial para hacer negocios bursátiles. La RAM y Jones Huala volvieron a la escena en esta nueva etapa, con una detención del lonko mapuche de menos de 24 horas, el 19 de enero, tras haber sido acusado de intento de robo de un auto, que no pudo probarse ante la fiscalía.

A medida que los incendios se extendían, ni Torres ni Weretilnek hablaban de cómo frenar el infierno, ni de si se debía a cuestiones climáticas, falta de previsión o la necedad de algún turista o, como finalmente se demostró, a un hecho intencional.  

No le pusieron nombre a los supuestos autores, pero a los pocos días se registraron incidentes en la comisaría de El Bolsón cuando un grupo de pobladores fueron a reclamar por la detención de tres brigadistas y fueron apaleados por parapoliciales a caballo. El intendente de esa ciudad de la Comarca Andina, Bruno Pogliano, dio la vuelta de tuerca que faltaba al hablar de terrorismo.

El incendio en El Bolsón sigue activo: “Nos han infundido miedo, acá hay terrorismo”

Bullrich, a todo esto, anunciaba que el Gobierno nacional declarará a RAM como organización terrorista. Fue el mismo día que la cartera a su cargo pasó de ser Ministerio de Seguridad de la Nación a Ministerio de Seguridad Nacional. «No es solo un cambio de nombre, es una transformación profunda en la forma de entender la seguridad en nuestro país». Posteó en sus redes la funcionaria, para afirmar luego que la prioridad «será la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo».

Como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el Gobierno de George W. Bush desplegó una guerra global contra el terrorismo, amparado en la llamada ley USA Patriot (rebuscado acrónimo en inglés por «Ley para Unir y Fortalecer a Estados Unidos Proveyendo las Herramientas Apropiadas Requeridas para Impedir y Obstaculizar el Terrorismo»), muy criticada porque otorga poderes especiales al Gobierno federal para realizar escuchas telefónicas y vigilar las comunicaciones electrónicas, entre otras cuestiones.

Nunca hubo consenso sobre qué debe entenderse como terrorismo porque algunas de las definiciones les cabrían a acciones que suelen cometer las grandes potencias. El proyecto de Milei-Bullrich también recurre a un enemigo al que acusar de promover el terror. Puede ser el kirchnerismo, el radicalismo, la comunidad LGTBQI+, el socialismo-comunismo… o los mapuches por los incendios en el sur.

Revista Acción, 9 de Febrero de 2025