La foto de un canal de Telegram de militantes de Víktor Orban es bastante elocuente sobre un posible contenido de la brevísima charla que en Buenos Aires tuvo el primer ministro húngaro con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski. En un globito de telenovela gráfica, Orban le dice a Zelenski –con quien está enfrentado en el marco de la guerra con Rusia- “No te daré dinero. Buscate un trabajo”. Ningún libertario podría haberlo dicho mejor. Y fue lo que efectivamente hizo el ultraderechista que tiene a la Unión Europea y la Otán a mal traer por su cercanía con Vladimir Putin: este jueves bloqueó en Bruselas fondos por 50.000 millones de euros destinados a Kiev. El argumento fue que a Hungría le deben más de 20.000 millones y hasta que no le liquiden el total no piensa ceder. De esta cumbre se llevó la mitad, pero dice que no es lo que corresponde.
La ultraderecha mundial envió a algunos de sus más reputados líderes a la asunción de Javier Milei. La nota disonante fue la presencia de Zelenski, que no se anota en ese club, aunque para la estrategia atlantista del nuevo mandatario argentino era importante dar señal de que quiere alinearse con Europa y Estados Unidos. Habrá que ver de qué se disfraza si volviera a la Casa Blanca Donald Trump, que plantea terminar con la guerra acercándose a Putin.
Como sea, Orban salió de Buenos Aires hacia Budapest y luego fue el protagonista de la cumbre que se desarrolló el jueves para tratar el ingreso de Ucrania y Moldavia a la organización regional. Hubo una intervención ríspida del fundador del partido Fidesz (acrónimo de Fiatal Demokraták Szövetsége, Alianza de Jóvenes Demócratas), que en 2022 logró su quinto mandato consecutivo.
Orban había dicho el miércoles que levantaría el veto a Ucrania a condición de que la UE le desbloqueara fondos congelados por las críticas a la reforma judicial que, según los líderes europeos, iba contra los cánones establecidos en la organización continental. Paro al llegar a Bruselas se descargó: «No hay razones para discutir nada, porque las precondiciones no fueron cumplidas, de modo que no estamos en posición de comenzar a negociar», dijo, en referencia a que según él, Ucrania no cumple las condiciones por un esquema de corrupción estatal muy extendido.
El caso es que a Hungría le liberaron 10.200 millones de euros, algo así como la mitad de lo que le deben. A cambio, las negociaciones continuarán y se espera que en enero se abran las billeteras para Ucrania. Están en danza 17.000 millones de euros no reembolsables-¿una donación?- y otros 33.000 en forma de crédito. Una declaración final del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ilustra la situación: «Estoy extremadamente confiado y optimista en que estaremos en condiciones de cumplir nuestra promesa de ayudar a Ucrania con medios financieros». Zelenski, por su parte, desde la capital argentina viajó a Washington, donde le fue a pedir nuevo apoyo a Joe Biden, que no logra que el Congreso le vuelva a abrir la caja para el agujero negro en que se convirtió la guerra Ucrania-Rusia. De allí fue a Oslo, donde pudo irse con unos 800 millones de euros de una cumbre con los países de Europa del Norte. Están destinados, se informó, al pago de salarios.
Cuando faltan pocos días para cumplir un año del tercer mandato de Lula da Silva al frente de la mayor economía de América Latina, el líder metalúrgico celebró como un triunfo de su ministro de Hacienda la aprobación de la mayor reforma tributaria en más de tres décadas, que entre otras cosas, crea el Impuesto al Valor Agregado, y al tiempo que en general facilita el pago de contribuciones, por otro lado incrementa las tasas a los ingresos más altos. “Va a facilitar las inversiones y a mejorar la vida del pueblo”, se alegró Lula, tras recordar que esta modificación, que incluyó la reforma de varios artículos de la Constitución, fue lograda con mucha muñeca política ya que su partido está en minoría en el Congreso. Entre los ejes de esta nueva normativa, que por la amplitud de los cambios se terminará de implementar en su totalidad recién en 2030, figura la eliminación de varios impuestos estaduales y municipales que se incorporarán al IVA, una modalidad que en Brasil nunca se había puesto en marcha y que se estima rondará el 27,5%, una de las más altas del mundo. Sin embargo, los productos de la canasta básica de alimentos estarán exentos. El IVA incluirá cinco impuestos que actualmente están en vigencia: la Contribución sobre Bienes y Servicios (CBS) y el Impuesto sobre Bienes y Servicios (IBS), para lo cual se debieron reformar dos artículos de la Constitución. Dentro del CBS figuran tres impuestos, a la Integración Social, al Financiamiento de la Seguridad Social y a los Productos Industrializados. El IBS está integrado por un impuesto a la Circulación de Mercaderías y Servicios y sobre los Servicios, según detalla el portal de Carta Capital. Esta intrincada maraña de contribuciones federales, estaduales y municipales demorará la puesta en marcha total porque todavía resta articular la letra fina. El proyecto original había sido presentado en junio, pero efectivamente la escasa representación del Partido de los Trabajadores dificultó por un lado el tratamiento y luego fue trabando cada una de las iniciativas con chicanas de los distintos espacios opositores. Finalmente la iniciativa (Propuesta de Enmienda Constitucional, PEC), que había sido devuelta con modificaciones del Senado, terminó aprobada por 365 votos a favor y 118 en contra. La reforma fue aplaudida incluso por la poderosa cámara empresarial paulista, la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP), que en un comunicado dijo que Brasil “pasará a tener un sistema tributario más moderno, transparente y alineado a las mejores prácticas internacionales, simplificado la vida de quien genera empleo y renta”. Los empresarios celebraron especialmente que la normativa impide el aumento de la carga tributaria, aunque prevé una revisión de las exenciones cada cinco años. «Brasil maduró. Necesitaba enfrentar esa agenda, que es la más importante de las reformas, porque organiza todo el sistema productivo», declaró, eufórico, el titular de la cartera de Hacienda y excandidato a presidente en 2018, Fernando Haddad. Ayer, durante la ceremonia de la firma de un contrato para las obras en el emprendimiento “Copa do Povo”, en Itaquera, San Pablo, Lula dijo que “la reforma va a facilitar inversiones, pago de impuestos, que pague más quien gana más y menos quien gane menos, mejorando la vida del brasileño”. El escenario era en terrenos comprados por el Movimiento de los Sin Tierra (MST) en 2014 y donde se construirán dentro del plan Mi Casa, Mi Vida, de la Caixa, una institución de crédito pública con más de 160 años de historia. Allí, Lula aprovechó para darle un nuevo empuje a su pollo para promover el liderazgo del diputado federal Guilherme Boulos, del Partido Socialismo y Libertad (Psol) para candidatearse a la prefectura de San Pablo. La puja entre la entrada del proyecto y la votación final estuvo centrada en la particularidad de que el nuevo régimen especifica que algunos rubros tendrán un tratamiento preferencial, entre ellos, el transporte, el combustible y los bancos. Los industriales alegaron que eso iba en detrimento de un sector clave para la economía del país y que eso elevó el valor del IVA a más de 27%, al menos cinco puntos más de lo que calculan. Pero finalmente aceptaron con la condición de revisar regularmente estos casos. La propuesta, como resaltó Lula, se la cargó al hombro Haddad, en una estrategia que intentó que el presidente no tuviera que poner la cara y que apareciera como una iniciativa más bien colectiva. De allí que los impulsores legislativos fueron el presidente de la cámara Baja, Arthur Lira, del conservador -aunque no lo sugiera- Partido Progresistas, y su par del Senado Eduardo Braga, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB).
El alcalde de la ciudad vasca de Hernani, Xabier Lertxundi, visitó la redacción de Tiempo en el marco de una gira por el cono sur de América latina en la que participó de encuentros en los que explicó el proyecto municipal que resulta en un modelo de soberanía popular. Bautizado como Hernani Burujabe, se propone cubrir con las necesidades básicas a las que el sistema capitalista no da respuesta y que sin embargo, no es imposible de construir con el conjunto de la ciudadanía.
“Tenemos una población de 20 mil habitantes, y hemos diseñado un plan con iniciativas sociales dentro de la economía social transformadora”, dice Lertxundi, quien en mayo pasado ganó el municipio con casi el 48% de los votos con su partido, EH Bildu, de la izquierda soberanista, como la define. Y ejemplifica: “Teníamos una residencia para ancianos que gestionaba el ayuntamiento y en el confinamiento había gente que venía y nos decía, ‘yo sé coser’. Les dábamos tela y cosían en casa y nos traían las sábanas para las personas internadas”.
De eso se trata Hernani Burujabe. “Diseñamos un plan que identifica los sectores que son necesarios para dar respuesta a las necesidades: energía, alimentación, comunicaciones, cuidados y luego elaborar una estrategia para tener la mayor cuota de soberanía posible en un modelo destinado a cerrar todo el círculo posible de respuestas dentro del municipio”, dice Lertxundi, de 39 años, licenciado en Pedagogía y con experiencia como educador social.
Hernani es una localidad cercana a San Sebastián que tiene una rica historia ligada a la izquierda y con el antecedente trágico de los fusilamientos cometidos en octubre de 1936 por tropas franquistas al inicio de la Guerra Civil. Dicen por ahí que Hernani en gran medida fue la fuente de inspiración para la novela Patria, de Fernando Aramburu y de hecho uno de los personajes principales es homónimo del actual alcalde, donde el drama está centrado en la violencia política en los años de la recuperación de la democracia.
-¿Qué queda en el imaginario de tu pueblo sobre ese pasado no tan lejano?
– Creo que la sociedad y los grupos políticos que mayor fuerza tenemos en el país vasco estamos trabajando para la no repetición. Todos somos conscientes de que el sufrimiento no tiene que volver a ocurrir. Podemos estar de acuerdo o no en el relato, cada cual hará su relato y ahí será difícil que nos pongamos de acuerdo, pero si estamos de acuerdo en que esto no se puede repetir. En que ha habido un sufrimiento y ese sufrimiento hay que reconocerlo y que hay que repararlo. Y es que todavía hay sufrimiento.
-¿Quiénes serían los responsables de ese sufrimiento?
-De todas partes. La ETA si que infligió sufrimiento y así la izquierda soberanista vasca lo admitió, cosa que el Estado no ha hecho todavía. La sensación es que en este camino de reconciliación y de normalización política hay diferentes velocidades y yo como un simple representante municipal, porque yo no puedo hablar en nombre del partido, yo creo que si, la izquierda soberanista vasca es quien va dando pasos más grandes. Pero todavía falta al Estado admitir que ha torturado, porque están los datos. Y reconocer a esas víctimas y repararlas.
-Este momento particular de España con la investidura de Pedro Sánchez tan atravesada por el tema de las amnistías a los independentistas catalanes ¿Qué escenario ves?
-Nuestro coordinador general (Arnaldo) Otegui ya ha dicho que este es el mejor gobierno que puede tener España desde un punto de vista de izquierdas. Seguramente no tanto como nos gustaría, pero la alternativa es mucho peor. La derecha española junto con la extrema derecha es algo que la sociedad no nos podemos permitir. Y este gobierno es el mejor posible y por eso nuestro partido lo ha apoyado.
-Pero hubo movilizaciones contra el gobierno por ese tema.
-Hay una realidad que es Madrid y otra en el resto del país. Y en el país vasco no hubo nada. Políticamente está claro que Cataluña, el País Vasco y Galicia no tanto, aparecen con distintos colores porque las fuerzas soberanistas somos mayoría y cada vez la izquierda soberanista va adquiriendo más fuerza. Somos el primer partido municipalista, somos los que más ayuntamientos gobernamos, aunque no en las capitales. Para la derecha vasca la izquierda soberanista vasca es una amenaza.
-¿Por qué?
-Porque es una alternativa real. La gente se ha asqueado de todos los movimientos que ha habido durante muchos años. Tenemos desde la sanidad pública, que escasea. Tenemos políticas de privatización. Y la gente nos estamos dando cuenta de todos esos movimientos.
-¿Cuál sería el planteo de la izquierda soberanista?
-No puedo hablar de las generales del partido, desde el municipio la cuestión identitaria es clarísima. Justo ahora los juzgados no están prohibiendo a los municipios trabajar en nuestra lengua. Son detalles, pero son una amenaza constante. Parece que la situación se va normalizando pero cada vez que damos pasos hacia adelante viene algún ataque. Y un planteamiento de la izquierda es que la riqueza que hay la tenemos que compartir y debemos tener servicios públicos fuertes y de calidad y no que sean privatizados para se enriquezca una oligarquía, que es la tendencia que se ha tenido hasta ahora.
Apegado a las formalidades, el presidente Javier Milei tomó posesión del cargo a las 12 del mediodía de este 10 de diciembre y 15 minutos más tarde dio su primer discurso. Un mensaje leído en el escenario que se montó en la explanada del Congreso, de espaldas al soberbio edificio legislativo, donde permanecieron sentados los mandatarios extranjeros que asistieron al recambio presidencial y que representan todo un símbolo de lo que el nuevo inquilino de la Casa Rosada pretende para su gestión. Ante ellos, y frente a una multitud de seguidores no tan masiva como pretendía el fundador de La Libertad Avanza, Milei se comprometió a llevar adelante un ajuste que, aseguró, será feroz y frente al cual, repitió varias veces, «no hay alternativa ni gradualismo». Detrás de Milei, que habló de pie ante los micrófonos de la cadena oficial, se destacaron, de un lado, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, su colega armenio, Vahagn Jachaturián, el chileno Gabriel Boric y el rey de España, Felipe VI. Del otro sector, compartían imagen los jefes de Estado de Paraguay, Santiago Peña, el uruguayo Luis Lacalle Pou, el ecuatoriano Daniel Noboa, el húngaro Víktor Orban y el expresidente brasileño Jair Bolsonaro. Entre los invitados a la ceremonia también hubo representantes de segundo nivel como el canciller de Brasil, Mauro Vieira –el desplante a Lula da Silva tiene su precio-; la secretaria de Energía de Estados Unidos, Jennifer Granholm –la cercanía a Donald Trump también se paga–; el líder del ultraderechista Vox, el español Santiago Abascal, y la diputada española-argentina-francesa del Partido Popular, Cayetana Álvarez de Toledo, entre otros. Las presencias y las ausencias son significativas y dan indicios sobre la orientación que en materia de política internacional tendrá el flamante Gobierno. La alocución de Milei se centró en justificar lo que el nuevo mandatario considera una refundación nacional en base a presuntas «herencias recibidas». Aunque mencionó en primer lugar al Gobierno de Alberto Fernández, Milei remontó sus críticas hasta un siglo atrás, repitiendo su ya conocido latiguillo de que a principios del 1900 Argentina era la principal potencia del mundo, un dato que la realidad no respalda. «Hoy comienza una nueva era –abrió el mandatario–, hoy enterramos décadas de fracaso, peleas intestinas, y comienza una era de paz, prosperidad, crecimiento y desarrollo, en libertad y progreso». Y se remontó hasta el nacimiento del país, cuando, dijo, la Argentina había decidido en 1816 no ser colonia de España nunca más. Además, repitió parte del preámbulo de la Constitución de 1853, a la que dijo considerar una Carta Magna liberal luego traicionada por «los políticos» que «decidieron un modelo que solo genera pobreza, estancamiento y miseria». Reiterando algunos lugares comunes de la campaña, Milei omitió explicar cuáles serán sus primeras medidas, lo que quedará claro este lunes antes de la apertura de los mercados, con una conferencia de prensa del ministro de Economía, Luis Caputo. En cambio, trazó un crudo panorama de los momentos de pesadumbre que, aseguró, esperan a los argentinos. «Haremos un ajuste fiscal en el Estado del 5% del PBI. En el Estado, no sobre el sector privado», dijo, mientras desde la plaza del Congreso se escuchaban cánticos de «motosierra, motosierra». «No hay lugar a la discusión entre shock y gradualismo. Todos los programas de gradualismo terminaron mal, mientras que todos los programas de shock fueron exitosos», agregó, para luego asegurar que, según su evaluación, el Gobierno deja una inflación plantada de 15.000% anual «que vamos a luchar para erradicar». «No hay solución alternativa al ajuste», repitió un puñado de veces. «Desde el punto de vista teórico, los empresarios no invertirán hasta que venga un ajuste fiscal recesivo». Y a eso se comprometió. A continuación, señaló que habrá estanflación, como ya venía advirtiendo en declaraciones públicas de las últimas semanas. «Será el último mal trago para la reconstrucción argentina», arengó. «Pero habrá luz al final del camino», dijo, en un revival de discursos optimistas de otros presidentes a la hora de iniciar procesos de ajuste. En otro esbozo de cómo mira al mundo y cómo espera que lo vean, dijo que la alternativa «sensiblera» –así la calificó–, llevaría el país a ser «como la Venezuela de Chávez y Maduro». Con respecto a la inseguridad, calificó a Rosario, sin nombrarla, como una ciudad «secuestrada por los narcos». Dijo que las fuerzas de seguridad habían sido abandonadas por los Gobiernos y que «solo el 3% de los delitos son condenados», circunstancia que también se debería atribuir, en todo caso, al Poder Judicial. Sin embargo, desde la plaza gritaban «policía, policía». Milei criticó la situación en el área de Salud, cuestionó las políticas implementadas durante la pandemia y adelantó que propone un nuevo contrato social con algunas consignas y frases hechas ya utilizadas durante la campaña: «El que las hace, las paga». «Quien corta la calle no recibe la asistencia de la sociedad, el que corta no cobra». «Dentro de la ley se permite todo, fuera de la ley no se permite nada». En el cierre, acudió a la Biblia para agradecer que su asunción coincida con la celebración de Janucá, la fiesta «que recuerda la guerra de los macabeos, los débiles contra los poderosos, la luz sobre la oscuridad, la verdad sobre la mentira». Y culminó con un «Dios bendiga a los argentinos y que las fuerzas del cielo nos acompañen. ¡Viva la libertad, carajo!». En síntesis, un sinfín de vaguedades plagado de eslóganes, con marcado tono neoliberal, cuya clave interpretativa se develará en el paquete de leyes que enviará a las sesiones extraordinarias del Congreso Nacional.
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