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El 30 de octubre, la gran final que le quitaron en 2018

El 30 de octubre, la gran final que le quitaron en 2018

Finalmente, cuando se habían escrutado el 97% de los sufragios, el Tribunal Supremo Electoral (TSE), el órgano encargado de verificar la transparencia de los comicios en Brasil, confirmó que matemáticamente era imposible modificar el resultado y habrá un balotaje entre el actual presidente Jair Bolsonaro y el challenger, Lula da Silva, el 30 de octubre. A cuatro años de esa otra que el juez Sergio Moro se encargó de bloquear encarcelando al líder del PT.

Contra los pronósticos de la mayoría de las encuestadoras, que volvieron a fallar como lo vienen haciendo en casi todo el mundo, el excapitán del Ejército brasileño tiene un caudal de votos propios realmente impactante, más de 50 millones de ciudadanos habilitados. Lo mismo podría decirse del dos veces presidente, que superó los 55 millones, con lo cual esta segunda vuelta tendrá un toque de incertidumbre importante hasta el último domingo del mes.

Por lo pronto, habrá que ver como toma el actual ocupante del Palacio del Planalto este resultado. Había adelantado que si no ganaba con 60% es porque le habían hecho fraude. Intentó por todos los medios cambiar el sistema de votación electrónico, cuestionó al TSE y, para peor, tiene un núcleo duro de seguidores que no duda en recurrir a la violencia con tal de llevar a cabo sus propósitos.

Sus hijos son los primeros en esa lista de personajes iracundos. Al cierre de esta edición, ninguno de ellos había recurrido a su cuenta de Twitter, una de las armas de mayor filo que suelen utilizar, para poder prever si reconocerán el resultado o habrá más amenazas como las que fueron desplegando desde que la ultraderecha está en el gobierno.

El balotaje será inédito también porque la diferencia entre los dos casi exclusivos contendientes es la menor desde que el sistema fue instaurado en ese país: apenas cuatro puntos.  El escenario de polarización deja afuera a contendientes relegados a espacios ni siquiera testimoniales. Ciro Gomes quedó en cuarto lugar, con poquito más de 3% de apoyos, certificando que los votantes que alguna vez lo siguieron se corrieron hacia un voto útil, quizás más cercano a Bolsonaro que a Lula, pero habrá que ver. Simone Tebet, en tercer lugar y representando una suerte de “avenida del medio”, es toda una incógnita. En todo caso, su paso por las urnas atestigua que no hay espacio para quedar en el medio, al menos por el momento. Los otros ocho candidatos apenas superan el 1% del electorado.

Un punto aparte para las encuestadoras. El pronóstico de que Lula podría ganar en primera vuelta era casi más un deseo que una certeza, pero salvo una de ellas, Atlas, que le dio 41% de intención a Bolsonaro, estuvo cerca. El margen para las otras fue desde el 36% al 31% para el actual mandatario. Estuvieron más cerca, si, en relación a los votos para Lula

Eso y que los primeros cómputos eran de las regiones donde el bolsonarismo -o mejor dicho en “antilulismo”- es mayor, hicieron pensar que sería un triunfo incluso en primera ronda para el exmilitar. Finalmente, como alguien pudo deslizar en broma, haciendo analogías locales, llegaron los votos de “A Matança” -Nordeste brasileño y el ex metalúrgico pasó al frente.

El 30 de octubre, tres días después de cumplir los 77 años, Lula enfrentará a Bolsonaro. Ahora si, será la gran final que en 2018 un juez -devenido luedo en ministro del presidente Bolsonaro- y un fiscal rabiosamente conservadores impidieron. La gran final en que se juega buena parte del futuro de Brasil y de la región. Una gran final con sabor a revancha pero nada fácil para Da Silva.

Tiempo Argentino, 2 de Octubre de 2022

Elegir entre el overol y el uniforme

Elegir entre el overol y el uniforme

Decir que las elecciones de hoy en Brasil son de un tremendo impacto regional sería una obviedad. No es lo mismo un proceso de integración con un Lula en el Planalto que otros cuatro años del individualismo violento que despliega Jair Bolsonaro. Vamos, no es lo mismo un proceso con la gente adentro que con la gente matándose por un ingreso miserable.

Hay aspectos simbólicos que también se juegan en las urnas brasileñas este 2 de octubre. Es, básicamente, la disputa entre un obrero metalúrgico que lideró un sindicato combativo en históricas huelgas y un excapitán del Ejercito expulsado por haber intentado poner una bomba en un reclamo salarial en esa fuerza hay un abismo, no exento de similitudes.

Lula, nacido en la mayor pobreza nordestina –matrimonio con siete hijos, padre que dejó el hogar, madre encargada de sacar a flote al piberío hambriento– luce con orgullo el único título profesional que consiguió en su vida, el de tornero mecánico. Así se definió ante el juez Sergio Moro cuando lo indagó en una de las causas que le armaron para sacarlo de circulación en 2018.

Luiz Inacio Lula da Sliva había perdido el meñique de la mano izquierda en una fábrica automotriz a los 17 años. Dice que entendió la necesidad de crear un partido político para tener representación gremial en el Congreso y aún en dictadura impulsó la creación del Partido de los Trabajadores (PT). Fue varias veces condenado: en 1980 por una huelga que duró 42 días en el cinturón industrial de San Pablo de la que participaron 300.000 trabajadores. En 2017, en causas amañadas por Moro, que luego sería ministro de Justicia de Bolsonaro. Pasó 580 días en prisión hasta que terminó liberado en noviembre de 2019.

Bolsonaro, descendiente de una familia de emigrantes de Italia y de alemanes, de padre dentista sin título, tuvo cinco hermanos. En el último debate, insistió con el latiguillo de que Lula es un expresidiario. Pero él también estuvo entre rejas: fue arrestado en 1986, cuando era capitán en el 8º Grupo de Artillería de Campaña Paracaidista por haber publicado una carta en la revista Veja reclamando por los bajos salarios. Fueron solo 15 días y ante el escándalo interno que se armó terminó liberado. Un año más tarde fue arrestado nuevamente por un intento de sabotaje a un oleoducto como una escalada de ese mismo reclamo. En 1988 pasó a la reserva y comenzó su carrera política. Se puso el hombro la defensa legislativa de los crímenes de la dictadura.

Lula representa ese mundo con olor a limaduras de hierro y grasa grafitada. Bolsonaro hubiera deseado poder olfatear el «aroma del napalm», como aquel teniente coronel Killroy interpretado por Robert Duvall en Apocalipsis Now de Francis Ford Coppola.

Lula representa el mundo de las luchas colectivas junto con los de overol, un mundo basado en el trabajo registrado y los beneficios sociales. Bolsonaro, el de la corporación de uniforme y armada en defensa de los intereses particulares. Los dos defendieron el salario desde sus orígenes, pero no es lo mismo el que arriesga sus manos en una maquinaria para ganarse el sustento que el que jala el gatillo, como diría Killroy. O el que celebra a los que jalan el gatillo, como el excapitán que homenajea a militares torturadores.

Tiempo Argentino, 2 de Octubre de 2022

Rusia incorpora, Ucrania recupera y ahora Polonia tiene su propio gasoducto

Rusia incorpora, Ucrania recupera y ahora Polonia tiene su propio gasoducto

La incorporación de cuatro provincias ucranianas a la Federación Rusa y el retiro de las tropas rusas de la ciudad de Liman ante el avance de las brigadas de Kiev impactaron en la última semana del mes de setiembre en el marco del conflicto iniciado el 24 de febrero en el Este de Europa. Pero si algo faltaba para demostrar que lo que se juega es la reconfiguración del mundo, se produjeron otros dos hechos sospechosamente simultáneos: resultaron seriamente dañados los gasoductos Nord Stream I y II, que conectan a Rusia con Alemania, mientras se inauguraba el Baltic Pipe, que llevará gas desde una plataforma noruega a Polonia. Desde ahora, el país de Chopin tiene fácil acceso al precioso combustible y deja a la tierra de Beethoven en terapia intensiva, no solo porque se avecinan los fríos del invierno, sino porque el desarrollo industrial de la principal potencia económica europea estaba basado en los precios convenientes del fluido ruso.

Este sábado, el Kremlin confirmó el retiro de Liman, en la región de Dontesk. «Desplegamos nuestra bandera nacional y la colocamos en nuestro territorio. Limán siempre formará parte de Ucrania», celebró el ministerio de Defensa ucraniano. Para Kiev es un triunfo importante que se suma al avance en Jarkov, a principios del mes. Fuentes rusas le bajaron el precio y, como aquella vez, calificó al repliegue como un «reagrupamiento» de tropas ante una inferioridad numérica insalvable. Y destacan que no hubo pérdida de vidas.

Horas antes, el presidente Vladimir Putin había dado un discurso en el acto de aceptación de la reincorporación de los cuatro distritos separatistas que este martes culminaron con los referendos de adhesión a Rusia en el que, entre otras cosas (ver aparte) dijo que Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jerson «son ahora parte de Rusia para siempre».

A esa altura ya se sabía de lo ocurrido en los tubos submarinos que desvelaron a Estados Unidos desde el mismo día que anunciaron los acuerdos. El gasoducto Nord Stream I fue inaugurado el noviembre de 2011, el Nord Stream II está listo desde setiembre pasado pero las presiones de Washington bloquearon la certificación del gobierno de Olaf Scholz. Mientras tanto, se terminaba de poner en marcha el llamado Baltic Pipe (literalmente Tubería Báltica) entre el Mar del Norte, en jurisdicción noruega, y Goleniow, en Polonia.

El mismo día que terminaban los referendos, abrumadoramente favorables a la incorporación –son las regiones que vienen sufriendo violencia de parte de Kiev desde 2014 – se detectaron fugas en uno de los caños. Luego se sabría de una fuga en el otro. Más tarde se confirmaría que no se trataba de una falla sino de un atentado.

El caso es quién podría querer destruir esos conductos. Fuentes occidentales culparon a los rusos de hacerlo para presionar aún más a los gobiernos europeos en favor de su posición sobre Ucrania. Pero en estos casos siempre conviene buscar quiénes no querían que se construyesen los gasoductos y a quiénes beneficiaría que no existieran.

Ucrania, con los caños bajo el Báltico, perdían el peaje de los tubos que pasan por su territorio. Estados Unidos se perdía de vender combustible de sus propias cuencas de shale gas. Polonia y Noruega tenían en carpeta el proyecto Baltic Pipe –que pasa por Dinamarca– desde 2001.

Esta operación le da el tiro de gracia al proyecto de integración entre Europa y Rusia. O mejor dicho, entre Francia y Alemania con Moscú. Pero sobre todo, puede ser un punto de inflexión para la poderosa industria germana, basada en el empuje y la tecnología propia más el combustible ruso.

Si las guerras mundiales del siglo XX se produjeron por la voluntad alemana de abrirse paso ante los anglosajones, qué no deberían hacer ahora los europeos con EE UU. Pero quien hizo ese tipo de planteos fue Putin, que específicamente mencionó a Rusia como la potencia encargada de romper con la hegemonía anglosajona.

¿Qué dicen los gobiernos? EE UU culpa a Rusia, los europeos prefirieron tirar la pelota afuera y los medios dominantes están con la OTAN y contra Putin. Algunos analistas recordaron un tramo de una entrevista a Joe Biden este año. «Si Rusia invade Ucrania –dice, a principios de febrero– le pondremos fin al Nord Stream II». Una periodista le pregunta: «¿Cómo harán eso, si está bajo control de Alemania?». A lo que replica, con una media sonrisa: «seremos capaces de hacerlo, se lo prometo».

Esa media sonrisa, para la especialista en política internacional estadounidense Diana Johnstone, recuerda la semiótica de la mafia. «Las guerras imperialistas se hacen para conquistar pueblos, territorios. Las guerras de gángsters se libran para eliminar a los competidores. En las guerras de gángsters emites una oscura advertencia, luego rompes las ventanas o quemas el lugar». En EE UU saben de eso.

Otros encontraron evidencias de naves de EE UU merodeado la zona donde se produjeron las fugas de gas, cerca de la isla de Bornholm, donde la Otan realizó en junio maniobras militares bajo el mando de la Sexta Flota estadounidense, cuya Fuerza de Tarea 68 se especializa en operaciones submarinas. Detectaron en las inmediaciones a la unidad anfibia LHD 3 USS Kearsarge, a pocas millas del lugar de los ¿presuntos? atentados.

Tiempo Argentino, 2 de Octubre de 2022

Liz Truss no tuvo ni un mes de gracia antes de enfrentar las protestas en las calles

Liz Truss no tuvo ni un mes de gracia antes de enfrentar las protestas en las calles

Miles de británicos salieron a las calles este sábado para protestar contra el aumento de los precios tras una semana de caos en los mercados, con un desplome de la libra con pocos precedentes en la historia reciente, lo que golpea de lleno en el gobierno de la primera ministra Liz Truss, que todavía no asimila su designación y ante un país que con el nuevo rey, percibe un profundo cambio de rumbo, aunque sin saber para dónde. 

«Apoyen las huelgas», «Congelen los precios, no las personas» o «Impuestos para los ricos», decían los carteles que portaban los manifestantes. Este nuevo capítulo de la crisis que viene desde el anterior gobierno conservador, se desató ni bien Truss anunció un «minipresupuesto», un plan de medidas que con el objetivo declarado de relanzar la economía y atenuar la inflación, incluye el congelamiento de las facturas energéticas, pero una baja de impuestos y la desregulación en el sector bancario que para los críticos de la medida beneficia a los ricos en momentos de incertidumbre por los costos de la energía derivados de la guerra en Ucrania y las sanciones a Rusia.

Por lo pronto, los ferrocarriles británicos estaban prácticamente paralizados a raíz de que los principales sindicatos del sector convocaran una nueva jornada de movilización colectiva, la huelga más importante del año, para pedir un aumento de los salarios frente a una inflación récord.

La fortaleza de la jefa de gobierno, por otro lado, quedó muy deteriorada y según una encuesta del instituto YouGov publicada el viernes, el 51% de los consideran que la primera ministra debería renunciar. Entre los electores conservadores, la cifra es menor pero también alta y el 36% piensa que debería abandonar el puesto, al que llegó el 5 de setiembre luego de una votación entre los afiliados de su propio partido con el voto de apenas 81.326 ciudadanos.

La caída de la libra es explicada por la desconfianza de los inversores en que la rebaja de impuestos y el incremento de las ayudas a las familias que no puedan pagar por la energía no genere un aumento del déficit fiscal. Pero además, por los anuncios de recompra de unos 65.000 millones de libras de deuda a largo plazo con el propósito de ponerle freno a la inestabilidad financiera. Una medida que representa una inyección de una monumental masa de dinero en tiempos de inflación, mientras mantiene los tipos de interés sin cambios «por ahora». En un contexto de más de 10% anual de inflación los gurúes de los mercados recomiendan precisamente lo contrario, secar la plaza.  

Tiempo Argentino, 2 de Octubre de 2022