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Kaiser, un grupo con historia en la industria automotriz argentina, tras la vacuna contra el virus

Kaiser, un grupo con historia en la industria automotriz argentina, tras la vacuna contra el virus

Henry J Kaiser fue un emprendedor típico de Estados Unidos, que lejos del arquetipo del hombre que creció sin ayuda de nadie, prosperó a la sombra del estado. Nacido en 1882, fue sobre todo un gran vendedor, primero de material fotográfico y luego proveedor industrial hasta que en 1912 se fue a Vancouver, Canadá y armó una empresa constructora que ganó la licitación para construir una carretera hasta Spokane.

Un año mas tarde haría las primeras rutas con pavimento de hormigón en Cuba y posteriormente aprovecharía la fiebre del pavimento en EEUU para hacer muchos de los caminos de California. Terminó participando de la UTE que construyó la repesa Hoover, en el Río Colorado y luego en otros grandes complejos hidroeléctricos, para las que levantó una fábrica de cemento con la piedra caliza de un yacimiento cercano al Río Permanente, en San francisco.

Amigo de Franklin Delano Roosevelt, durante la Segunda Guerra fundó los Astilleros Kaiser, que con técnicas muy sofisticadas- “hazlo más rápido y más barato», era uno de sus lemas- sacaba al mar un buque cada 30 días, aunque fue batiendo récords hasta botar una nave cada 4 días.  También fabricó armamento y aviones. En poco tiempo incorporó al grupo a la Kaiser Cement Corporation y Kaiser Steel Corporation.

Dicen otra de sus frases favoritas era «encontrar una necesidad y llenarla». Al fin de la guerra, se quedó con las instalaciones de dos plantas elaboradoras de aluminio que el gobierno puso en venta. La Kaiser Aluminum es una de las más grandes productoras del mundo de ese estratégico metal y en 1971 participó, sin éxito, en la licitación para erigir la planta de Puerto Madryn de Aluar, que finalmente quedó para el grupo Madanes-Gelbard.

No sería el primer acercamiento de Kaiser a la Argentina. La posguerra implicó que muchas de las fábricas de Kaiser quedaran sin trabajo, por lo que el viejo emprendedor intentó meterse en la industria automotriz, asociado con el ingeniero Joseph Frazer. Pero los tres grandes de Detroit -Ford, General Motors y American Motors- le hicieron la vida imposible.

Buscando una necesidad, descubrieron que de este lado del continente había un gobierno deseoso de fabricar autos con componentes y mno de obra locales para desarrollar una industria automotriz.

En 1953 Kaiser-Frazer habían comprado la licencia para fabricar el Jeep de la Willys Overland, a los doce meses acordaron instalar una planta en Santa Isabel, Córdoba, en sociedad con la estatal IAME. Tras la firma de un convenio con las autoridades, en enero de 1955 se daría la piedra fundamental para Industrias Kaiser Argentina (IKA).

El golpe contra Juan Domingo Perón no logró frenar el proyecto y al poco tiempo comienzan a salir los primeros Kaiser Carabela de la planta cordobesa. De allí salieron también las Estancieras y el Jeep hasta que en 1961 la mayoría del paquete accionario de IKA pasa a American Motors, el menor de los tres enemigos de Detroit. Se inicia la etapa de los Rambler y el Torino hasta que la firma pasa a manos de la francesa Renault. Pero esa es otra historia.

En Estados Unidos, Kaiser florecía también en el negocio de la salud. Había fundado junto con el médico Sidney Garfield el Instituto Kaiser Permanente, con sede central en Oakland, California, y hoy día establecimientos en ocho estados.  Como suele suceder en las empresas estadounidenses, derivan parte de sus impuestos en una fundación, en este caso la Kaiser Family Foundation.

Edgar Fousburg Kaiser, hijo de Henry John, asumió la jefatura de sus empresas ya a fines de los 40. De hecho, fue él quien dirigía la central de IKA. El viejo pionero murió en 1967, de modo que no llegó a vivir el momento en que Edgar F. daba sus argumentos para una salud privada a John Erlichman, el operador de Richard Nixon.

Las grabaciones de las conversaciones de Nixon en el Salón Oval terminaron por enterrarlo cuando salieron a la luz en 1974, a raíz del escándalo Watergate. Y esta hubiese podido enterrar al sucesor de la dinastía Kaiser. Pero teniendo en cuenta que el impulso individual es un bien moral para los estadounidenses, eso no llegó a ocurrir.

Esta es la transcripción que guarda la Universidad de Virginia sobre una charla del 17 de febrero de 1071 alas 5,30 pm.

Erlichman: «Sobre … el negocio de la salud …»

Nixon: «Sí».

E: «… ahora hemos reducido los problemas del vicepresidente en este tema a la cuestión de si debemos incluir a estas organizaciones de mantenimiento de la salud como la Permanente de Edgar Kaiser. El vicepresidente simplemente no puede verlo. Intentamos 15 maneras desde el viernes para explicárselo y luego ayudarlo a entenderlo. Finalmente dijo: «Bueno, no creo que funcionen, pero si el presidente cree que es una buena idea, lo apoyaré al cien por cien». (Nota.: Gerald Ford no se caracterizaba por su lucidez, bromeaban que no podía caminar y masticar chicle al mismo tiempo).

N: «Bueno, ¿qué es … cuál es el criterio?»

E: «Bueno, el criterio de todos los demás es muy contundente».

N: «Muy bien».

E: «Y, eh, uh, él es el único con reservas que tenemos en toda la oficina».

N: «Dile que yo … yo … le diría que tengo dudas al respecto, pero creo que es, eh, ahora déjame preguntarte, ahora me das tu opinión. Sabes que no estoy muy interesado en ninguno de estos malditos programas médicos «.

E: «Esto, déjame, déjame decirte cómo estoy …»

N: [No está claro.]

E: «Esto … esto es una …»

N: «No [claro] …»

E: «… una iniciativa privada».

N: «Bueno, eso me atrae».

E: “Edgar Kaiser está manejando Permanente con fines de lucro. Y la razón por la que puede … la razón por la que puede hacerlo … Hice que entrara Edgar Kaiser … hablara conmigo sobre esto y profundicé en ello. Todos los incentivos son para menos atención médica, porque … «

N: [No está claro.]

E: «… cuanto menos cuidado brinda, más dinero ganan».

N: «Bien». [Poco claro.]

E: [No está claro] «… y los incentivos funcionan de la manera correcta».

N: «No está mal».

Al otro día Nixon envió el proyecto de Organización de Mantenimiento de la Salud (HMO por sus siglas en inglés), que derogaba una norma de 1944, y se terminó por aprobar a fines de 1973.

Kaiser Permanente intentó desacreditar a Erlichman cuando se conoció este audio y en un comunicado explicó que: “los programas de atención médica organizada, incluidos los médicos asociados, deben tener un incentivo significativo para elegir el marco HMO. El método de pago basado en tasas, en lugar de costos. . . podría proporcionar tal incentivo”.

En 2002 Los Angeles Times publicó que Kaiser Permanente «otorgó bonificaciones financieras a los empleados del centro de llamadas que pasaban la menor cantidad de tiempo en el teléfono con cada paciente y limitaba el número de citas médicas». Otro balde de agua fría para la imagen de la empresa.

Los informes que publica la institución, sin embargo, suelen ser fuente para investigadores y profesionales de la salud. Y ahora se anotó en la carrera para hallar una vacuna contra el coronavirus, otro gran negocio. El lunes comenzó en el Instituto de Investigación de Salud Kaiser Permanente Washington, de Seattle, un ensayo clínico en 45 jóvenes voluntarios con diferentes dosis de vacunas desarrolladas por el Instituto Nacional de la Salud (NIH por sus siglas en inglés) y la empresa Moderna Inc. Se esperan los resultados en breve.

Tiempo Argentino, 18 de Marzo de 2020

El sistema de salud de EEUU: el riesgo de dejar todo en manos privadas

El sistema de salud de EEUU: el riesgo de dejar todo en manos privadas

Si algo define al sistema de salud estadounidense es que en ese escenario se disputan las controversias sobre el rol del estado que luego se esparcen, como un virus, a los otros ámbitos de la sociedad.  Así ocurrió en 1971, cuando el presidente Richard Nixon anunció una profunda reforma al modelo sanitario que venía construyéndose desde principios del siglo XX y fructificó en la creación del Medicare y el Medicaid. Esos dos planes de salud para los más vulnerables era todo lo estatista que se pudo permitir la sociedad estadounidense hasta 1965, con Lyndon Johnson en la Casa Blanca. No pudo reparar ese modelo Hillary Clinton cuando su esposo era presidente. Barack Obama, entre 2009 y 2017, llegó lo más lejos que le dio el cuero con una tímida contrarreforma, conocida como Obamacare. Fue lo primero que Donald Trump se propuso destruir ni bien ganó la presidencia.

Es curioso, pero hace 49 años el paladín de aquella reforma que muy bien ilustra Michael Moore en el filme Sicko, de 2007, fue el asesor de Nixon John Erlichman, que luego tendría un rol destacado en el ocultamiento de pruebas del caso Watergate y terminaría procesado por lo que en estas tierras se llama asociación ilícita y obstrucción de la justicia. Pero no solo él fue clave en el plan de Nixon, sino otro personaje cuyo legado aparece con frecuencia por estos días: Edgar Kaiser. Porque las primeras pruebas en humanos de una vacuna contra el coronavirus comenzaron a realizarse en el Instituto de Investigación Washington Kaiser Permanente, de Seattle. Una entidad ligada a la Kaiser Family Foundation, nacida del impulso del iniciador de la dinastía, Henry J. Kaiser.

El sistema de salud estadounidense se basa en un seguro de salud administrado por operadores privados. Lo que intentaba Obama era que el estado hiciera un aporte para que los ciudadanos de menores recursos tuvieran una cobertura razonable y no quedaran presos de la avidez empresarial o directamente sin cobertura. 

Una década antes se había levantado una polvareda parecida cuando Clinton pretendió cambiar las reglas de juego nixonianas. Si bien el Obamacare era mucho menos ambicioso que el Hillarycare, chocó con la resistencia de la oposición republicana y de muchos demócratas, y luego debió atravesar todas las instancias jurídicas, que lo fueron desgajando en el camino.  

En estos días se pudo percibir en qué consisten esas apetencias de las proveedoras de salud privadas. Osmel Martínez Azcue volvió a fines de febrero de China, donde había ido por cuestiones laborales. Tenía síntomas parecidos a los de una gripe y fue a hacerse la prueba del coronavirus al Hospital Jackson Memorial. Lo aislaron en una habitación especial donde lo atendieron enfermeras con trajes blancos protectores. Le dijeron que sería necesaria una tomografía computada para determinar si tenía el Covid-19, a lo que el hombre dijo que su plan de salud no cubriría ese test. Que le hicieran un análisis de sangre para determinar si no era una gripe común y en caso afirmativo le dieran el alta. Era gripe nomás.

A las dos semanas le llegó una cuenta de su compañía de seguros por 3270 dólares. Estallaron las redes cuando el Miami Herald publicó la noticia: «En EEUU cobran una fortuna por un test de coronavirus». El hospital se defendió. Solo debería pagar unos 1400 dólares desglosados entre 157 de dos análisis de sangre, 299 de uno de virus de gripe y un copago de 819 dólares. Del resto se haría cargo la aseguradora. Pero resulta que la compañía de seguro de salud alegó que tendría que revisar tres años de sus registros para determinar si la gripe era una condición preexistente del paciente.

Esa es la argucia de las empresas de evitar un pago, como bien ilustra Moore en su película y atestiguó Obama cuando finalmente firmó la ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA por sus siglas en inglés). Su madre había muerto de cáncer a los 52 años y, recordó ese 23 de marzo de 2010, que “hasta los últimos días de su vida tuvo que pasarlos peleando con las aseguradoras».

Dos preguntas alarmantes ¿cuántos casos reales hay de Covid-19 en EEUU, cuando muchos ciudadanos no pueden ni siquiera darse el lujo de internarse para un estudio, y una internación por neumonía puede costar hasta 20 mil dólares, promedio? ¿De qué modo, entonces, combatirán el contagio masivo?

Con esta crisis, salen también a la luz muchas de las deficiencias de un sistema privado y de los recortes presupuestarios que puso en marcha Trump.

El organismo encargado de hacer los análisis, la versión estadounidense de nuestro Instituto Malbrán, el Centro de Control de Enfermedades de EEUU (CDC por sus siglas en inglés) tiene laboratorios diseminados por todo el extenso país. Al principio tuvo gruesos errores de análisis hasta que pudo poner a punto el kit para el test del Covid-19 en todos sus laboratorios.

Los especialistas en este tipo de enfermedades contagiosas, con la experiencia de los brotes de SARS y MERS, estaban advirtiendo que el sistema estaría colapsado en algún momento. Y cuando hace un mes el gobierno lanzó su presupuesto para el año fiscal hubo renovadas alertas sobre nuevos tijeretazos al presupuesto de los CDC.

Entonces, cuando aun el coronavirus parecía algo lejano, Charles Pierce escribió en Esquire que la propuesta era algo así como un suicidio político. En medio de la pandemia, le preguntaron a Russ Vought, director de la Oficina de Administración del Presupuesto si tocarían algo de la propuesta original que planteaba reducir a la mitad los envíos de dinero del gobierno. “Si me preguntas si estoy enviando una enmienda al presupuesto, no.  No estoy enviando una enmienda al presupuesto”, indicó Vought

En una audiencia con el director de los CDC, Robert Redfield, el congresista republicano Tom Cole recordó sus palabras de hace tres años cuando se opuso a los primeros recortes de Trump: «Le aseguro que es mucho más probable que el presidente tenga que enfrentar una pandemia que un acto de terrorismo en su mandato». No se equivocaba.

Ese fervor por el ajuste en esa área se viene registrando desde la crisis de 2008, pero ahora es crítico. Y entre las últimas justificaciones de Trump para ir a por ese trozo de los egresos oficiales estaba que ese monto sumaba para la construcción del muro en la frontera con México.

Otro asunto que ahora preocupa a muchos es que esta pandemia encuentra al país enfrentado en una guerra comercial con China, que por otro lado detuvo gran parte de su producción por el coronavirus. Según investigaciones del Centro Hastings,de Garrison, en Nueva York, el 80% de los medicamentos consumidos en Estados Unidos se elabora en China.

«No son solo los ingredientes. También son los precursores químicos, los componentes químicos utilizados para fabricar los ingredientes activos. Dependemos de China para que los componentes químicos construyan una categoría completa de antibióticos conocidos como cefalosporinas. Se usan en los Estados Unidos miles de veces al día para personas con infecciones muy graves”, ejemplificó Rosemary Gibson, del Centro Hastings.

Como contrapartida, ya hay quienes miran hacia el gigante asiático con cierta simpatía. «Los estadounidenses no pueden encontrar desinfectante para manos a ningún precio pero el gobierno chino construyó nuevos hospitales en solo una semana». dice la escritora y activista social Margaret Kimberley.

Craig Roberts, que supo ser subsecretario del Tesoro en tiempos de Ronald Reagan, escribió estos días lo que podría ser considerado una herejía en alguien que fue editor del Wall Street Journal y acérrimo liberal. “Para la mayoría de los estadounidenses, la nacionalización es una mala palabra, pero tiene muchos beneficios. Por ejemplo, un sistema nacional de atención médica reduce los costos enormemente al sacar ganancias del sistema. Además, las compañías farmacéuticas nacionalizadas podrían centrarse más en la investigación y la cura que en las vías de ganancias. Todos saben cómo Big Pharma influye en las escuelas de medicina y en la práctica médica de acuerdo con el enfoque de Big Pharma. Un enfoque más abierto a la medicina sería beneficioso”.

Tiempo Argentino, 18 de Marzo de 2020

Informe de situación

Informe de situación

Un viejo mito dice que todo nuevo Gobierno goza de 100 días de luna de miel con la sociedad y los medios antes de recibir las primeras críticas a su gestión. En el caso de Alberto Fernández puede decirse que esos 100 días expiraron aún antes de que asumiera y que entre el discurso inaugural del 10 de diciembre y el de apertura de las sesiones del Congreso, el 1º de marzo, la oposición mostró que el nuevo inquilino de la Casa Rosada no las tendría fácil en un contexto por demás adverso.
Desde que se oficializó su candidatura presidencial, el exjefe de Gabinete de Néstor Kirchner planteó que un punto esencial de su agenda es terminar con la división y el enfrentamiento en la sociedad, eso que periodísticamente se definió como «grieta». De ahí su insistencia en presentar su plan de gobierno como un Nuevo Contrato de Ciudadanía Social sobre el que gire la administración de la cosa pública en los cuatro años que tiene por delante. Los sectores más duros de Juntos por el Cambio, con todo, no parecen dispuestos a hacerle fácil ese camino.
En ese contexto, Fernández habla claro acerca de la situación económica del país. «Esta primera etapa –dijo ante los legisladores– (la propuesta) consistió y aún consiste en detener la caída de argentinos en la pobreza, tranquilizar la economía, recuperar el trabajo y recomponer los ingresos de quienes menos tienen».
En un escenario donde los medios concentrados reflejan con asiduidad la posición de los bonistas en torno a la negociación de la deuda, llevar calma a las afiebradas aguas de los mercados parece una tarea ciclópea. Aun así, mientras se lleva adelante la renegociación de los pagos (ver Frentes abiertos) el mandatario eligió varios desafíos en estos primeros días, fundamentalmente tratar de encauzar la economía y reducir la pobreza. Es así que una de las figuras más requeridas en este tramo seguramente sea el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, quien comandó la entrega de tarjetas del plan alimentario para cuatro millones de personas y enfrenta la tragedia de la comunidad wichi de Salta, donde murieron 9 niños por desnutrición. Los medios parecen haber descubierto recién que esas poblaciones carecen de agua potable.


Entre sótanos y fugas
Para enfrentar una pobreza que trepó al 40% en la última gestión, además, Arroyo anunció la reactivación de la Comisión Nacional de Microcrédito (CONAMI) con la que aspira a otorgar créditos no bancarios destinados a la compra de insumos para producción, herramientas y maquinarias. De ese modo articularía un proyecto que, entre otros objetivos, propone vincular los planes sociales con el empleo formal. Otra iniciativa en esa área está dedicada a los jóvenes catalogados como Ni-Ni, que no trabajan ni estudian. Se trata de cerca de un millón de jóvenes que podrán acceder a un «esquema de empalme» por el cual quien cobra un plan y consigue trabajo pueda mantener ambos ingresos por seis meses, como una forma de ir estabilizando su situación personal.
Otro tema ineludible, en términos de institucionalidad democrática, es el de los cambios en el sistema judicial (ver Reforma en disputa). En esa línea, el Gobierno desclasificó testimonios y archivos de la causa AMIA y modificó la Ley de Inteligencia, prohibiendo que la AFI intervenga en investigaciones judiciales. Una cuestión ríspida en un área que en su mensaje Fernández englobó bajo el concepto de «sótanos de la democracia».
El presidente también anunció una investigación para conocer la ruta del dinero de la deuda externa. «Todos hemos visto impávidos cómo los dólares que deberían haber financiado el desarrollo productivo acabaron fugándose del sistema financiero», sostuvo en referencia a los créditos otorgados por el FMI al país durante el macrismo.
La generación de divisas y la productividad es uno de los ejes en los que Fernández suele hacer hincapié. En tal sentido, a su juicio, una herramienta fundamental para el crecimiento pasa por la educación y el fomento del área de ciencia y tecnología. Un rubro que quedó en la banquina durante la gestión macrista. «Somos un Gobierno de científicos y no de CEO», dijo el presidente, despertando respuestas de la oposición, pero también críticas de algunos sectores del oficialismo que le reprochan olvidar que para hacer política se necesitan políticos.
En la presentación de su agenda, el titular del Ejecutivo se dio tiempo para anunciar un plan de desarrollo hidrocarburífero y minero. La apuesta por Vaca Muerta choca con la inestabilidad mundial provocada por la epidemia de coronavirus, que hizo caer el precio del petróleo y los minerales. Otro problema que repercute fronteras adentro y con consecuencias no solo sanitarias.
En el sector especifico de la salud, el Gobierno anunció la presentación de un proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo para legalizar el aborto. Al mismo tiempo, Fernández propuso el Plan de los 1.000 días «para garantizar la atención y el cuidado integral de la vida y de la salud de la mujer embarazada y de sus hijos o hijas en los primeros años de vida».
Como ya se había visto el año pasado, el debate sobre una ley de aborto genera agrios enfrentamientos con la Iglesia Católica y un duro debate en la ciudadanía. Es difícil de prever cómo le irá a la propuesta en el Congreso Nacional. La diferencia sustancial con 2019 es que esa vez Mauricio Macri abrió el debate por recomendación de sus estrategas políticos, luego se declaró prescindente, para finalmente decir que estaba en contra. Ahora el compromiso presidencial es explícito. En aquella oportunidad la iniciativa pasó ajustadamente en Diputados pero naufragó en Senadores. Lo cierto es que no hubo un cambio muy grande en la composición ideológica de la Cámara Alta, al punto que el propio jefe de la bancada del oficialismo, José Mayans, adelantó que está en contra y que no acompañará la propuesta.
El Gobierno de Alberto Fernández enfrenta un complejo panorama internacional. A la distancia personal que mantiene con el presidente brasileño se agrega que desde el 1º de marzo del otro lado del Río de la Plata hay un Gobierno de derecha promercado, que la situación en Bolivia está comprometida y que para una negociación favorable por la deuda necesitará de la anuencia de la Casa Blanca.

Deuda social. La cantidad de pobres e indigentes supera el 40%. Las comunidades wichi de Salta atraviesan una situación extrema. (AFP/Dachary)

En este panorama, resulta bastante osada su postura en relación con Evo Morales, cuando desde los medios hegemónicos le sugieren sin reservas que lo expulse del país. Sin explicitar razones que no sean de pura conveniencia política, es decir, para mejorar el diálogo con Donald Trump, Fernández recalcó que su vocación es «fortalecer una integración regional y global que a su vez sea una integración social, productiva y democrática de nuestros países». Además, pasó bastante inadvertido, pero en su mensaje ante la Asamblea Legislativa el presidente dijo lo que para los sectores del periodismo y el análisis político más cercanos a la derecha puede ser calificado como irreverencia: «Hemos abierto nuevos canales de diálogo con potencias de América y Europa (y) estamos trabajando activamente en reafirmar nuestras asociaciones estratégicas integrales con China y Rusia».


Grietas y tensiones
Así como el macrismo creció políticamente al amparo de una fuerte tensión con el kirchnerismo, hay núcleos duros de la coalición que triunfó en octubre pasado a quienes el tono medido y pragmático de Alberto Fernández les deja sabor a poco.
Para la oposición, en tanto, mantener latente esa «grieta» es una manera de cauterizar fisuras y solidificar el frente que llevó al poder a Mauricio Macri en 2015. Así, los grupos más duros se abroquelan en las redes sociales y aprovechan los generosos micrófonos de los medios hegemónicos para plantear disidencias. Del otro lado, esos mismos medios enfatizan las diferencias de criterios entre fracciones de la coalición gobernante y buscan abrir una hendija entre Alberto y Cristina Fernández para de esta forma horadar al oficialismo.
La votación de la reforma en el sistema jubilatorio de jueces y diplomáticos, que pasó por Diputados con quorum ajustado, mostró cómo se aplican esas estrategias. El intenso debate parlamentario quedó relegado por la discusión acerca de la legitimidad o no de la presencia de Daniel Scioli en el recinto. El exgobernador bonaerense, designado embajador en Brasil, en ese momento aún no había renunciado a su banca ni asumido en el nuevo cargo.
La liberación de exfuncionarios kirchneristas encarcelados representa otro duelo mediático que repercute en la Casa Rosada, porque el presidente en cierto modo se niega a calificarlos de presos políticos.
Otra crítica de la oposición es que el Gobierno aún no tiene un plan económico, que –dicen– solo habla de generalidades. Según el diputado nacional Carlos Heller, «para muchos tener un plan es el plan del Fondo Monetario, lo que implicaría recortes en los gastos. Como ese no es el plan, dicen que no hay plan».
El lockout de las patronales del campo es un capítulo de esta disputa por la bitácora presidencial. Un primer análisis podría enmarcar a la medida en la estrategia de unificar a los propios entre las huestes macristas. Es cierto que muchos de los convocantes son dirigentes del PRO o movilizaron en favor de Macri. Pero también es necesario percibir que muchos de ellos tal vez ya no se sientan representados por el macrismo. Después de todo, el aumento de retenciones se inició en septiembre de 2018. Productores como el cordobés Alejandro Dalmasso, de la localidad de Altos Fierro, quien se puso al frente de los tractorazos en la provincia mediterránea y explicó su posición en algunos reportajes radiales: «El dinero de las retenciones, en los últimos años, se puso en manos de los políticos. Prueben dejar la plata en manos de quien la genera y no de los políticos que nos llevaron a este desastre económico». Un discurso más afín a José Luis Espert y sus huestes libertarias que al expresidente.

Revista Acción, segunda quincena de Marzo de 2020

La guerra del coronavirus: Bill Gates y Trump contra Merkel y el dueño del club Hoffenheim

La guerra del coronavirus: Bill Gates y Trump contra Merkel y el dueño del club Hoffenheim

Donald Trump no puede con su genio y se metió en otra guerra, esta vez con el gobierno alemán, por tomar el control de una compañía que desarrolla una vacuna contra el coronavirus en Tubinga, en el estado federado de Baden-Wurtemberg.  Pero el presidente de EEUU es apenas el mariscal de campo de una batalla entre Dietmar Hopp, el dueño del club de fútbol Hoffenheim, y la Fundación Bill y Melinda Gates. En el fondo, es un duelo entre magnates para ver quién se queda con la parte del león en la explotación de un remedio para el mal que atemoriza a la mayoría de la población mundial y hace trastabillar a los mercados financieros.

La noticia salió a la luz en un medio germano, el Welt am Sonntag, un dominical que se publica en Berlín, y todo hace presumir que se trató de una filtración de las autoridades del gobierno de Angela Merkel. Según ese medio, Trump está intentando alguna forma de compra de los derechos exclusivos para Estados Unidos de la vacuna que investiga el laboratorio CureVac.

El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Heiko Maas, fue apenas uno de los miembros del gabinete de Merkel en salir a cuestionar el intento de la Casa Blanca. “Los científicos alemanes son líderes en el desarrollo de medicamentos y vacunas en cooperaciones a nivel global. No podemos permitir que otros se quieran asegurar de manera exclusiva los resultados de sus investigaciones», dijo.

El embajador estadounidense en Berlín, Richard Grenell, desmintió al diario. «Esta historia es exagerada … continuaremos hablando con cualquier compañía que afirme poder ayudar. Y cualquier solución encontrada sería compartida con el mundo «, se explayó.

Pero el trasfondo y un seguimiento de la información disponible -más la evidencia de que cualquier remedio para el Covid-19 será un negocio multimillonario para quien lo encuentre antes- muestra que hay algo más que buenas intenciones y un leve nacionalismo germánico.

Por lo pronto, CureVac es una compañía biofarmacéutica creada en el año 2000 por Ingmar Hoerr, un biólogo doctorado en la Universidad de Tubinga y con un master en administración de empresas en la Universidad del Danubio, en Austria. La tesis doctoral de Hoerr se basó en el descubrimiento de que se puede usar el ARN (ácido ribonucleico) para inducir linfocitos y anticuerpos, lo que permitiría el desarrollo de una línea novedosa vacunas e inmunoterapias.

Se unió a principios de siglo con Florian von der Mülbe, docente en Tubingia y también licenciado en administración de empresas, con experiencia previa en laboratorios Roche. Cuando los socios necesitaron capital financiero, no dudaron en recurrir a sponsors de todo el mundo.

Es así que en su pagina web reconocen en esta lista a laboratorios Lilly, Boheringer Ingleheim y Casebia, pero también a las escuelas de Medicina de las universidades estadounidenses de Harvard y Yale. Pero el sponsor más importante en ese lado del Atlántico es la Fundación Bill y Melina Gates, ligada obviamente al fundador de Microsoft. CureVac pudo así saltar a Boston, donde tiene una sede análoga a la central, de Franckfurt.

Sin embargo, el 80% de CureVac está en manos de Dietmar Hopp, un inversor con una fortuna cercana a los 5300 millones de dólares que hace algunas semanas saltó a la fama en el mundo futbolero cuando en un partido entre el Hoffenheim, de Sinsheim, también en Baden-Wurtemberg -el club donde había jugado en su juventud- y el Bayern Münich.

Cuando iban por el minuto 30 del segundo tiempo, las barras bravas del Bayern comenzaron a los gritos desde la tribuna y sacaron pancartas insultantes contra Hopp, al que consideran el enemigo público número 1 del fútbol alemán por liderar el grupo de dirigentes que se ponen a la regla 50+1 de la Bundesliga. Esa norma estipula que los socios comunes de cada entidad deben mantener el derecho a la mitad más una de las acciones con derecho a voto ante la llegada de un inversionista que quiera comprar un club. (ver acá)

El partido fue suspendido en el minuto 77, cuando iban 6 a 0 a favor del Bayern. Al reanudarse el encuentro, los jugadores se limitaron a pasarse la pelota sin avanzar. Le recordaron a Hopp, ese 29 de febrero, que su padre había sido oficial nazi y como tal encabezó la quema de una sinagoga en Hoffenheim en la Noche de los Cristales Rotos, entre el 9 y 10 de noviembre de 1938. «Lo que hizo mi padre es condenable, aunque nadie muriera. Mi padre era maestro de primaria y, cuando le encargaron destruir la sinagoga, ya tenía tres hijos. De no haber obedecido, le habrían echado del trabajo y su familia habría afrontado una época sin esperanza», se excusó entonces. El magnate nació en 1941.

El 3 de marzo, CureVac anunció una reunión del CEO de la firma, Daniel Menichella, con el presidente Trump, acerca del desarrollo de la vacuna contra el coronavirus. Menichella, egresado de Harvard en Economía, también es administrador de empresas y desde muchacho incursionó en la industria farmacéutica, primero en Syngenia, luego en Talecris, Merck, AG y Novartis.

Al salir del encuentro declaró: «Creemos que podemos desarrollar la vacuna para COVID-19 muy, muy rápidamente, y tenemos los medios para fabricarla, aunque nos gustaría recibir ayuda adicional para una planta de fabricación más grande». Menichella había sido nombrado al frente de CureVac en 2018. El 11 de marzo, sorpresivamente, fue despedido sin mayores preámbulos y volvió a ocupar ese sillón en el directorio el fundador, Ingmar Hoerr.

“Me gustaría agradecer mucho a Dan por las excelentes contribuciones que ha hecho para CureVac en los últimos año -dijo Hoerr, con mucha amabilidad ciertamente, al anunciar el cambio de mando- Dan ha estado desarrollando nuestro negocio y promoviendo candidatos importantes para productos, incluido nuestro programa de rabia de fase 1 CV 7202, nuestra fase 1 del ensayo de terapia de inmunooncología CV 8102 y el reciente inicio de nuestro programa de vacuna contra el coronavirus. También fue en gran parte responsable de los acuerdos de cooperación con Eli Lilly, CRISPR Therapeutics y la compañía danesa de biotecnología Genmab”.

La explicación hay que encontrarla en la publicación del Welt am Sonntag y las posteriores declaraciones de las autoridades germanas. Incluso el ataque de los barras del Bayern habría que leerlos en clave de coronavirus. “Trump ofrece una fortuna para quedarse con los derechos de la vacuna”, deslizaron fuentes anónimas del gobierno al dominical. Se habla de 1000 millones de dólares ofrecidos en esa reunión del 3 de marzo a la que también asistió el vicepresidente Mike Pence, quien está a cargo ddel equipo de tareas contra la propagación del virus en su país.

Hay dos cuestiones que irritaron al gobierno alemán. Una es que perdían el control de la elaboración y comercialización de un producto hecho por científicos alemanes. “Alemania no está en venta”, se ofuscó Peter Almaier, ministro de Economía germano. Y sugirió que para bloquear cualquier operación desde la filial estadounidense de CureVac, podrían recurrir al artículo 6 del Código de Fronteras Schengen de la UE que contempla controles estrictos en casos de amenaza a la seguridad interna y el orden público.

Por otro lado, la investigación de la empresa sobre el coronavirus es un trabajo conjunto con el Instituto Paul-Ehrlich, especializado en vacunas y dependiente del ministerio de Salud alemán.O sea, dinero de los contribuyentes germanos.

Hopp también entendió el mensaje de la popular. «Me siento obligado no solo a proteger a las personas de las infecciones y ofrecer a los pacientes una mejor terapia y una cura, sino también a crear una infraestructura y empleos sostenibles e innovadores en Alemania», dijo este lunes.

Otro tema que sobrevuela esta cuestión es que precisamente la Fundación Bill y Melinda Gates financió, en octubre pasado, un simulacro de pandemia realizado el Johns Hopkins Center para la Seguridad de la Salud, de Baltimore, con coronavirus.

Ver aca: ¿Un misil en la guerra comercial EEUU-China?

A esta altura, crecen las sospechas sobre el origen del virus, lo que da pie para las teorías conspirativas mas audaces. El rol de los Gates en esta operación con la empresa alemana también es un aporte a las afiebradas mentes de los malpensados.

Tiempo Argentino, 16 de Marzo de 2020