por Alberto López Girondo | Sep 9, 2019 | Sin categoría
Aquella “mesaza” justo el día de los Inocentes del año 2017 terminó siendo antológica. El gobierno, envalentonado porque acababa de ganar las elecciones de medio término y habían asumido los nuevos legisladores, se veía protagonista de un ciclo largo para la política nacional y si bien el dólar comenzaba a mostrarse inestable, se había aprobado el presupuesto del 2018 y el camino parecía despejado ante el nuevo año.
El jefe de Gabinete, Marcos Peña; los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Finanzas, Luis Caputo; junto al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Brindaban detalles de un plan que implicaba “recalibrar nuestras metas” de inflación. El índice de precios había superado el techo de 17 por ciento fijado para el año electoral y la propuesta era poner la situación en caja. Pero todo se desmadró y salvo Peña, muy cascoteado por estas semanas, ninguno se mantiene en el cargo.
Ahora, el que fuera “gobernador” del BCRA, según la denominación anglosajona, acaba de publicar un paper donde revela pormenores de aquella presentación: por un lado, busca salvar su responsabilidad en políticas con las que se notó aquel día que no estaba de acuerdo. Se ve que no quiere que lo sigan asociando al resultado posterior. Pero lo interesante es que desmantela un argumento que el gobierno utiliza para justificar el fracaso de su modelo económico. Para Sturzzeneger, «si bien la herencia macroeconómica recibida por el gobierno no era ideal, es difícil culparla por los resultados».
Otro argumento oficial que demuele FS es el de que “pasaron cosas” que arruinaron el plan de Macri. Entre ellas, el gobierno había puesto a la sequía de 2018 y el aumento en las tasas de interés que fijó la Reserva Federal de EEUU ese año. «Este golpe afectó a muchos países, pero no tuvieron las mismas consecuencias. Por ello es difícil asociar el rendimiento económico a la suerte o a factores externos».
Crudo en su análisis, el economista –que había sido Secretario de Política Económica con Fernando de la Rúa en 2001 y terminó procesado por el Megacanje que negoció Domingo Cavallo- reconoce que la reducción de la deuda externa durante la administración kirchnerista “fue un hecho y fue sustancial”. Pero agrega que los compromisos externos comenzaron a crecer nuevamente desde 2012 y desde entonces “la bóveda se llenó de letras intransferibles del Tesoro”.
Pero acusa a la gestión macrista de que como “la economía creció menos de lo previsto” (que era un 5% de aumento al final del período, contra una contracción que será de más del 3%) y bajó impuestos y eliminó parcialmente las retenciones, sumado al fallo de la Corte sobre la coparticipación federal, “se incrementó el déficit fiscal”.
En ese contexto, el gobierno, tras el triunfo en las parlamentarias de octubre, comenzó a plantear un cambio en las metas de inflación seguidas hasta ese momento por el BCRA. “O aceptaba eso o el Gobernador (del banco) se tenía que ir”, escribe Sturzenegger en tercera persona hablando de él mismo. A los tres meses, finalmente, se terminó yendo y cargando sobre si, desde entonces, con el sayo de haber sido protagonista del fracaso.
“Si el BCRA hubiera sido independiente, la agitación de los meses finales del Gobierno se podría haber evitado, ya que nadie hubiera pensado que un resultado electoral adverso podría acarrear grandes cambios en la política monetaria», concluye el también docente en la Universidad de San Andrés, en un texto de 58 páginas.
«Los regímenes de metas de inflación presuponen la independencia del Banco Central y una preponderancia sobre el área fiscal”, anota el ex titular del BCRA en el documento que tituló «La macro de Macri, el sinuoso camino a la estabilidad y el crecimiento» publicado por el Brookings Institute, de Washington. A renglón seguido, Sturzenegger sostiene que si la entidad “hubiera sido independiente, el cambio de políticas que desanclaron las expectativas luego del ’28D’ no hubieran sucedido».
En este punto, Sturzenegger, ferviente defensor del libre mercado y de los postulados neoliberales, considera como una falla importante en el sistema financiero que fuera tan fácil echar al presidente del Banco Central si los resultados no son los que el gobierno pretende.
Por algo es que destina varios párrafos a cuestionar la política de “gradualismo” que el gobierno postuló el inicio de su gestión. Un poco porque políticamente Cambiemos cargaba “con el estigma” de ser considerado un partido de derecha que buscaba imponer desde el principio un brutal ajuste fiscal.
“El gradualismo –relata- conllevaba el riesgo de aumentar el nivel de deuda durante los primeros años, con el riesgo de un evento de crédito, al mismo tiempo, se argumentó, no tomar este camino implicaba el riesgo de un apoyo político más débil en el momento en que se necesitaría un ajuste severo”.
Tiempo Argentino, 9 de Septiembre de 2019
por Alberto López Girondo | Sep 8, 2019 | Sin categoría
Dice que un abuelo suyo estuvo por estas costas pero que se terminó yendo más pobre de lo que había venido. Trashumantes, los ancestros de Jean-Luc Mélenchon habían zarpado de España y luego de muchos avatares se afincaron en la Argelia francesa. Por esas cosas de la vida, a él le tocó nacer en Tánger, Marruecos.
En una nueva gira por América Latina, el líder de Francia Insumisa, el partido que formó tras dejar el Partido Socialista francés, donde estuvo por más de 30 años, visitó México, anduvo por Montevideo, vino a Buenos Aires y luego se fue a Brasil. Así, pasó de entrevistarse con Andrés Manuel López Obrador, José Mujica y Cristina Fernández a Lula da Silva en su prisión de Curitiba. «Esta región es el único rincón en el mundo que le hace frente al neoliberalismo», dice. A la vuelta a París, le espera un proceso judicial que forma parte de la versión gala del lawfare, el mismo esquema que acosa a los líderes progresistas latinoamericanos.
En un intercambio con periodistas locales, Mélenchon se restregó las manos asegurando que espera que la futura presidenta del Banco Central Europea plantee la necesidad de recortes para pagar la deuda francesa. «Le vamos a recordar todo el dinero que le dio a (Mauricio) Macri sin ninguna garantía». Porque este licenciado en Filosofía, que llegó a ser ministro delegado de Enseñanza Profesional en la cartera que Jack Lang tuvo entre 2000 y 2002 bajo el gobierno de cohabitación de Lionel Jospin, si bien reconoce que en Argentina «hay una crisis financiera tremenda, lo más interesante es ver cuál es su origen. Y la culpa la tiene el FMI, que le dio el 61% de todo lo que había prestado en el mundo a un sólo país». Y puntualiza que al frente de ese organismo internacional estaba la mujer que desde el 1 de noviembre ocupará el despacho principal de la institución que maneja la salud del euro, en la ciudad alemana de Frankfurt.
«Ella aceptó dar tanto dinero sin otra garantía que la palabra del señor Macri y sin que el Parlamento del país lo haya votado. Una cosa increíble. Por eso, no hay que pegarles a los argentinos, hay que interrogarla a ella. Decirle ‘señora, ¿usted va a hacer lo mismo en el Banco Europeo?».
–¿Por qué cree que lo hizo?
–Esta gente piensa que la democracia no sirve para nada. Por eso olvidaron preguntar al Congreso argentino (ríe y aclara): lo digo a modo de chiste. Los argentinos se preguntan dónde está ese dinero, porque es mucho, en tres años le dieron más que en toda su historia. Yo pienso que los EE UU querían agraciarse con Macri para que se hiciera una demostración de que después de la ola izquierdista, progresista, venía un momento liberal exitoso y que en contra de la naturaleza y la realidad económica de este país, habría un crecimiento que pareciera espontáneo. Yo creo que esa es la razón por la cual hicieron esta locura, porque es una locura.
–¿Por el fracaso de ese modelo es que Lagarde dejó el FMI?
–No sé, no la conozco bastante. La tengo como una mujer de derecha y muy mal intencionada con todos los temas sociales. Y ahora nos va dar lecciones a los europeos. Nos va a explicar en su nuevo cargo que hay que tener cuidado con el dinero, que la deuda de un Estado es sagrada, etc., etc. Que es necesario liberar las energías, bajar los derechos sociales, es decir, el reino que conocemos en el mundo entero. Pero permítannos reírnos un poco: cuando venga a amenazarnos con la deuda francesa le recordaremos: ¿y la deuda de Macri?, ¿y que garantía tenía sobre esa deuda? Va a ser muy interesante.
El «degagismo»
En su estadía porteña, Jean-Luc Mélenchon recibió el título de doctor honoris causa de la Universidad Nacional de Lanús. No tardó mucho en descubrir que el edificio de la casa de estudios fue anteriormente un taller ferroviario. «Me recuerda a una gran huelga que hubo en los talleres del metro cerca de donde yo vivía. Fueron varias semanas y el presidente (François) Mitterrand llamaba todos los días para ver cómo iban las cosas», desliza, mientras se acerca al Aula Magna.
Antes de dar una clase magistral sobre la necesidad de definir al sujeto político en un mundo como el actual, recordó a los 20 francoargentinos «desaparecidos por agentes de la dictadura militar». En 1988, el presidente Raúl Alfonsín le dio la medalla de la Orden de Mayo a Mélenchon por su contribución a la lucha por los Derechos Humanos durante los años de plomo. Ahora, reclama no sólo por aquellos –como Alice Dumont y LéonieDuquet– secuestrados y asesinados por los militares sino por los nuevos perseguidos, como Cristina Fernández y «mi compatriota Amado Boudou».
Ya en su rol de doctor de la UNLa, explicó que su trabajo teórico sigue caminos abiertos por el argentino Ernesto Laclau y su esposa Chantal Mouffe. «Ellos analizaron de qué manera se constituye el pueblo como sujeto político en nuestro tiempo. Me interesó comprender con un método materialista de qué hablamos cuando hablamos de pueblo. El pueblo, creo, debe definirse de una manera materialista».
Pero la del sociólogo fallecido en 2014 no es la única influencia argentina en el pensamiento de Mélenchon. «En Argentina aprendí en 2001 el ‘que se vayan todos'», dijo en un aparte con directivos de la UNLa. Y contó de qué modo esa frase lo cautivó.
-El «que se vayan todos» fue algo muy intenso que después se difundió por el mundo entero. Es así que hice un libro donde puse que la primera fase de la Revolución Ciudadana tiene que ser la fase destituyente. Luego vendrá la fase constituyente. Yo le quería poner de título justamente ese, pero en la dirección política de mi partido hubo una división: los más viejos como yo pensaban que el lema era de un populismo inasumible. «Por favor Jean-Luc, ponga otra cosa», me decían. Los más jóvenes lo veían un poco moderado. «Fuera, tiene que ser el título», sostenían. Y yo creía que eso sería de un populismo muy exagerado, violento. Pero yo me mordía los dedos porque en Túnez y Egipto estaban haciendo una revolución gritando «fuera», con el dedo levantado, dégagé en francés. Es así que hemos construido el término degagismo, el fuerismo. Yo lo usaba porque es una manera bastante latinoamericana y clara de explicar las cosas. Ahora la palabra figura en el diccionario francés.
El libro, finalmente, se tituló Qu’ils s’enaillent tous! O sea, Que se vayan todos. Y salió en 2014. Es uno de los 14 libros que publicó desde el primero, de 1991, A la conquista del caos. En 2014 saldría de imprenta El arenque de Bismarck, un texto mordaz sobre un encuentro entre el entonces presidente François Hollande y Angela Merkel. La canciller germana homenajeó al mandatario del PSF con arenques a la Bismarck. La ironía es que Otto von Bismarck derrotó a los franceses en 1870 y logró coronar al emperador Guillermo I en el Palacio de Versailles. Una afrenta que Mélenchon no olvida y aprovecha para cuestionar la hegemonía de esta Alemania potencia europea casi absoluta.
Elecciones y Mercosur
–¿Cuál cree que sería el impacto del triunfo de Alberto Fernández en octubre?
–Benéfico, porque va a cambiar la política del país en favor de desempleados, trabajadores, jubilados. Pero antes de ver el éxito que esperamos todos, hay que ver el fracaso que estamos contemplando. Porque el fracaso argentino puede perturbar la economía del mundo entero. No es un evento localizado sólo en los pobres argentinos, que están acostumbrados a hacerse robar todo su dinero cada 20 años. No, no, esto impacta en el mundo entero, porque estamos en un momento muy especial, con una amenaza de recesión que es como una profecía que puede cumplirse. Lo que está ocurriendo en Argentina genera una ola de pánico, porque no es una pequeña economía, es una economía importante en la región y la región es importante en el mundo. No sé qué harán los brasileños, pero esto impacta también allá.
–¿Piensa que podría influir también en el acuerdo Mercosur-UE? ¿Qué puede hacer Macron, que ahora además está enfrentado con Jair Bolsonaro? Usted no apoya ese tratado, ¿no?
–Macron cambia de punto de vista a cada rato. Lo que diga no tiene ningún interés. Vamos a ver qué va a votar. Con mis compañeros uruguayos hablamos y ellos no son tan contrarios al tratado y lo entiendo, porque Uruguay tiene una economía muy estrecha y hay un modelo en el cual tiene que producir siempre más. No quiero tirarles una piedra a mis amigos uruguayos pero nosotros no estamos de acuerdo y no queremos este tratado. Se habla de libre intercambio, pero libre intercambio no es lo mismo que cooperación y quiero que se distinga la diferencia. La gente puede pensar que hacemos libre intercambio porque hacemos el bien, porque amamos a los otros y queremos compartir lo que producimos. Pero libre intercambio quiere decir que al final tiene el premio el más fuerte, es decir, el que paga menos y menos respeta a la naturaleza. Hay que acabar con el cambio climático. Yo creo que la región es un mercado bastante amplio para que cada una de las naciones tenga un espacio amplio y abierto para desarrollarse. Este tipo de acuerdos en los que el mundo entero se pone como para producir más de manera más especializada reduciendo las matrices productivas de cada uno de nuestros países es un error. Ideológicamente estoy en contra por las consecuencias de esta organización del mundo, porque implica rebaja de salarios y saqueo de la naturaleza. Por eso llamo a la conciencia y pregunto: «Dime qué va a traernos de bueno esto». Además, no quiero beber del Burdeos de Montreal ni me interesa el queso Camembert del Estado de Paraná. Me gusta más el mío y cuando vengo a Brasil o Argentina es para tomar algo nuevo que sea argentino o brasileño y no una copia lamentable de lo que ya tenemos.
Herederos de Lula
–Uno de los aspectos centrales de su mensaje apunta contra la utilización del Poder Judicial para dirimir cuestiones políticas, el lawfare. ¿Por eso lo fue a visitar a Lula da Silva?
–Lula es una figura muy importante en nuestro mundo, en un nuestra familia ideológica y cultural, de modo que el hecho de que esté preso parece una cosa increíble, y menos por corrupción. Eso es totalmente imposible, cualquier cosa que ustedes quieran, pero por corrupción… es imposible con Lula. Soy un heredero de Lula, como toda la nueva izquierda, somos herederos de la ola inicial que empezó en Brasil con el PT y que después tomó otras formas en otros países, como el «que se vayan todos» argentino. Cada uno dando algo nuevo. Él es la primera víctima y la más conocida de este lawfare, del que hoy día estamos dándonos cuenta de que es un método político utilizado en el mundo entero. Yo me desperté este verano, no me había dado cuenta de que a mí también me estaban haciendo un proceso de tipo político en Francia. No sé cómo explicarlo, yo no lo creía, pero el 17 de septiembre tengo que ir y me llaman no para hacerme un juicio sino para condenarme.
Mélenchon, hombre de sangre caliente, recibió furiosamente a una comisión policial que en octubre del año pasado fue a allanar su vivienda y la sede de su partido. Dijo que era una emboscada en el marco de una persecución relacionada con su actividad política. Una denuncia publicada en periódicos aseguraba que había utilizado fondos del Parlamento europeo cuando era diputado para obtener dinero de empleos ficticios que habría sido derivado a pagar la campaña política de 2017, en la que quedó a menos de dos puntos de pasar al balotaje contra Emmanuel Macron, y con algo más de 7 millones de votos.
La filmación de su ira durante el operativo policial llevó a otra denuncia que ahora debe enfrentar a su regreso. «Francia es el último lugar del mundo donde yo pensaba que se podía organizar algo así. Por eso me conmueve lo de Lula. No son libres las elecciones cuando un opositor está en la cárcel. Y por eso también quiero rescatar la figura del fiscal Julio César Strassera, que manejó la acusación contra los dictadores argentinos, en oposición a la del juez (Sergio) Moro, ahora ministro de ultraderecha en Brasil, y que condenó sin pruebas a Lula».
Tiempo Argentino, 8 de Septiembre de 2019
por Alberto López Girondo | Sep 1, 2019 | Sin categoría
Podría decirse que Andrew Fishman abrió las puertas de The Intercept, el portal que produjo un verdadero estallido político en Brasil al revelar los chats entre miembros del Poder Judicial que forzaron causas contra Lula da Silva para dejar al expresidente brasileño fuera de carrera hacia una nueva gestión en el Palacio del Planalto. El medio que dirige el periodista estadounidense Glenn Greenwald, famoso por haber publicado en el británico The Guardian los documentos donde se detalla el espionaje electrónico que en todo el mundo realiza la agencia NSA, se convirtió en un actor clave en este momento de Brasil, sin perder su peso en la edición en inglés con material de primera mano y alto impacto.
De visita en Buenos Aires para participar en el Media Party, este experto en seguridad y tecnología que edita la edición brasileña de The Intercept (TIB), vive en Río de Janeiro desde hace siete años. Dejó un lugar de privilegio como productor en la National Public Radio (NPR) para venir a esta parte del planeta donde le tocó ser testigo de la crisis política que sacudió Brasil desde 2015.
Si bien Fishman no se considera un conocedor de la situación argentina, sí se atreve a esperanzarse en que un eventual triunfo de Alberto Fernández en octubre «puede significar un freno a la ola de la derecha en Latinoamérica». Y agrega: «sería una gran pérdida para (Jair) Bolsonaro, porque (Mauricio) Macri es un gran socio para sus políticas económicas». De tal manera también podría ser el inicio de una ola progresista que «sirva para detener esta terrible política que impulsa Bolsonaro».
«Quizás no era la intención, pero el Lava Jato (la investigación por un caso de lavado de dinero que inicio en Curitiba el exjuez Sergio Moro) influenció fuertemente para el impeachment a Dilma Rousseff», quien fue destituida hace justo tres años. En este hecho radica, detalla el joven periodista, el triunfo del excapitan del Ejército brasileño.
«Moro engañó para ver a Lula convicto y cuando Bolsonaro fue electo, se convirtió en ministro de Justicia, eso no es una coincidencia», puntualiza Fishman. Siempre hubo sospechas sobre la manipulación de las causas contra el exdirigente metalúrgico, pero la enorme filtración que comenzó a develar TIB el 9 de junio pasado y que se conoce como Vaza Jato resulta en una muestra contundente de la connivencia entre la fiscalía a cargo de Deltan Dallagnol y el juez.
«Es una relación irregular, que el sistema no debe aceptar», destaca Fishman. Pero que para gran parte de la sociedad brasileña cuesta trabajo explicar en su profundidad. «Es que Lava Jato era un caso extremadamente fácil, cinematográfico, explosivo», analiza.
«Como reportero en Curitiba, los fiscales te daban fotos increíbles, te facilitaban testimonios, los alegatos. Eran historias impresionantes. Todo eso tenía mucho interés para los medios. La mayoría no vio mucho incentivo para buscar la verdad», recuerda. Si a eso se agrega que los medios hegemónicos tienen un odio visceral por Lula y por el Partido de los Trabajadores (PT), no hubo mucho prurito en subirse a una ola en la que hubo buenos y malos, héroes y villanos. «Los medios participaron apoyando el Lava Jato de una manera infame», reflexiona el editor de TIB.
Explicar el Vaza Jato, la otra cara de esa investigación, no resulta tan atractivo. «Son temas más técnicos y generan más discusión sobre si algo es legal o ilegal. Y además, O Globo trató de calificar el caso como una historia de hackers» que entraron en los teléfonos o los mails del ahora ministro Moro.
Aun así, «el caso explotó como una bomba y nadie pudo ignorar lo que estaba ocurriendo». Fue así que se fueron sumando a la publicación de los chats de la red Telegram primero Folha de São Paulo y luego la revista Veja.
¿Cómo es que con una información tan contundente no hayan explotado todas las instituciones? Por un lado, porque la sociedad ya venía azorada por el caso Lava Jato. «Para los seguidores de Bolsonaro, Lula es el corrupto más grande del mundo. Y si Moro quebró las leyes, dejó de lado las reglas, eso no importa porque sirvió para derrotar al PT», lamenta Fishman. Muchos, recuerda, veían incluso la posibilidad de que Moro pudiera aspirar a la presidencia.
Los que no ven las cosas del mismo modo son los abogados de los acusados, que siempre encontraron un fuerte escollo en esa connivencia entre fiscales y jueces que afectan de un modo letal a la posibilidad de una legítima defensa.
Formado en las instituciones estadounidenses, cree que la solución no pasa por buscar héroes, como acostumbra la tradición en estos territorios. «Todos están buscando héroes, ahora es Lula, ahora es Bolsonaro, y esa es una postura equivocada, porque un individuo no puede arreglar todo, no puede salvar nuestros problemas», dice.
En cuanto a la región, Fishman cree que podrían venir otros tiempos si Argentina cambia el rumbo. Y a pesar de que las olas políticas, sostiene, sean de diez años, puede surgir un freno a la derecha. «Estoy feliz de ver que en Argentina no se votó ninguno parecido a Bolsonaro y que fue en otra dirección», culmina.
Pero para eso habrá que ver qué tipo de relación podrían establecer el candidato del Frente de Todos y el presidente brasileño. «Bolsonaro, que no es precisamente un gran diplomático, definitivamente no es amigo de Fernández.»
Necesidad de abordaje regional
«El tema amazónico tiene un componente interno, pero debe además tener un abordaje a nivel regional. Es necesario que los países de la cuenca amazónica y del Mercosur sean los que encuentren las respuestas a esta crisis que se inició hace tiempo, y que se encamina hacia un punto crítico. Es necesario activar las herramientas del derecho internacional y establecer un acuerdo amazónico que tenga como objetivo buscar un desarrollo sostenible y no depredatorio», remarca Andrés Napoli, director de Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN). En ese sentido, los países de América Latina y el Caribe han suscripto recientemente al Acuerdo de Escazú, que es el primer tratado ambiental vinculante de la región. «Quizás pueda convertirse en un instrumento para comenzar a pensar en el cambio de paradigma que se necesita», agrega el especialista.
Los incendios están destruyendo ecosistemas, especies y ponen en peligro la subsistencia de millones de personas. Amazonia alberga cerca del 20% del agua potable y el oxígeno de la Tierra, el 10% de la biodiversidad mundial.Ante este panorama, FARN considera urgente el alineamiento de Brasil a las políticas y los acuerdos internacionales de cambio climático y biodiversidad «aunque está claro que todo país es titular de sus propios recursos naturales, el manejo que cada Nación hace de ellos debe ser responsable, sostenible y no puede afectar a países vecinos ni, como sucede en este caso, al mundo entero. Por lo tanto, los recaudos deben extremarse».
«En el último medio siglo –concluye– perdimos un 20% de este bosque tropical, y se estima que estamos a un 5% de llegar a un punto límite, de muy difícil retorno. Los incendios deben obligarnos a pensar un abordaje sistémico de la región amazónica. No se trata de debilitar la soberanía de los países, sino de buscar respuestas de carácter preventivo que estén a la altura de las circunstancias y, sobre todo, de sus consecuencias.que son planetarias”.
Necesidad de abordaje regional
«El tema amazónico tiene un componente interno, pero debe además tener un abordaje a nivel regional. Es necesario que los países de la cuenca amazónica y del Mercosur sean los que encuentren las respuestas a esta crisis que se inició hace tiempo, y que se encamina hacia un punto crítico. Es necesario activar las herramientas del derecho internacional y establecer un acuerdo amazónico que tenga como objetivo buscar un desarrollo sostenible y no depredatorio», remarca Andrés Napoli, director de Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN). En ese sentido, los países de América Latina y el Caribe han suscripto recientemente al Acuerdo de Escazú, que es el primer tratado ambiental vinculante de la región. «Quizás pueda convertirse en un instrumento para comenzar a pensar en el cambio de paradigma que se necesita», agrega el especialista.
Los incendios están destruyendo ecosistemas, especies y ponen en peligro la subsistencia de millones de personas. Amazonia alberga cerca del 20% del agua potable y el oxígeno de la Tierra, el 10% de la biodiversidad mundial. Ante este panorama, FARN considera urgente el alineamiento de Brasil a las políticas y los acuerdos internacionales de cambio climático y biodiversidad «aunque está claro que todo país es titular de sus propios recursos naturales, el manejo que cada Nación hace de ellos debe ser responsable, sostenible y no puede afectar a países vecinos ni, como sucede en este caso, al mundo entero. Por lo tanto, los recaudos deben extremarse».
«En el último medio siglo –concluye– perdimos un 20% de este bosque tropical, y se estima que estamos a un 5% de llegar a un punto límite, de muy difícil retorno. Los incendios deben obligarnos a pensar un abordaje sistémico de la región amazónica. No se trata de debilitar la soberanía de los países, sino de buscar respuestas de carácter preventivo que estén a la altura de las circunstancias y, sobre todo, de sus consecuencias, que son planetarias”.
Tiempo Argentino, 1 de Septiembre
por Alberto López Girondo | Sep 1, 2019 | Sin categoría
Mucho se dijo sobre el escaso aporte que las PASO hacen en el sistema político cuando, como esta vez, las precandidaturas de cada espacio estaban definidas de antemano. «No van a definir nada», repetían voceros del Gobierno. Aun así, se lanzaron a una campaña a todo o nada con el convencimiento de que un resultado ajustado, como prometían las encuestas, auguraba un calco de 2015: un triunfo en balotaje juntando detrás de Mauricio Macri a todo el arco anti kirchnerista. Sin embargo, los 15 puntos de diferencia entre Alberto Fernández y Macri y los 18 de Axel Kicillof sobre María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires dejaron un nuevo escenario. Más allá de lo que ocurra el 27 de octubre, es otro el país que enfrenta este período electoral.
Si bien la distancia que tomó el Frente de Todos –que conviene decir, siguiendo al candidato a presidente, «es mucho más que kirchnerismo», ya que suma a buena parte del progresismo con el peronismo institucional y el massismo– parece irremontable, Argentina puede dar cuenta de muchas sorpresas en su historial. Detrás de esta expectativa Macri y el núcleo duro de Juntos por el Cambio aspiran a revertir una presumible derrota limando apoyos a la fórmula Fernández-Fernández y buscando convencer a votantes de Roberto Lavagna, Juan José Gómez Centurión y José Luis Espert de que el único voto útil es el que fuerce un balotaje. Y apostar que quienes no votaron esta vez lo hagan por Juntos por el Cambio.
La matemática acompaña a esta iniciativa, los que no dan muestras de querer acompañar son otros actores necesarios para dar un batacazo. Entre las propias filas de lo que fue Cambiemos, muchos están escapando al compromiso. Es el caso de gobernadores que tuvieron la prudencia de adelantar elecciones, como el jujeño Gerardo Morales o el mendocino Alfredo Cornejo, titular de la UCR. Morales pudo ser reelecto, pero al radicalismo mendocino se le puede complicar porque en esa provincia se elige gobernador el 29 de septiembre y ahora el clima parece adverso para el partido de gobierno. De allí que Cornejo fue de los primeros en despegarse de la contundente derrota y el primero en reconocer el triunfo del Frente de Todos en su provincia.
Si bien en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Horacio Rodríguez Larreta obtuvo una gran diferencia sobre Matías Lammens, el temor a un efecto arrastre elevó la tensión y el alcalde porteño extrema precauciones para evitar una inesperada segunda vuelta.
En la provincia, a su vez, la gobernadora Vidal trata de defender un espacio que podría crecer hacia el futuro y acordó que los intendentes de su coleto vayan con boleta corta para resguardar los 64 municipios propios. Vidal y Rodríguez Larreta habían pedido adelantar elecciones, sin éxito.
Saltar el charco
En los medios (ver Hacerse cargo) también fue evidente el intento por despegarse de la cobertura que la prensa hegemónica le brindó a Macri desde mucho antes de que ganara la presidencia. Incluso alguno de los intelectuales que habían firmado una solicitada reclamando por el voto a Macri se apresuraron a saltar el charco, como el escritor Federico Andahazi. Tanto él como los periodistas que repentinamente critican las políticas macristas padecieron en carne propia el rigor de fanáticos y trolls que atronan las redes con mensajes violentos. Sufrieron este acoso Jorge Lanata, Luis Majul y Marcelo Longobardi.
Este último entrevistó a Alberto Fernández y recibió una andanada de acusaciones en las redes sociales porque no habría sido suficientemente agresivo contra el candidato opositor. «No voy a cambiar el formato del programa por cuatro forajidos garpados», se enojó el conductor de Cada mañana.
Andahazi, en tanto, tildó de «fascistas, intolerantes y retrógrados» a los que llamó «trolls M», por el ejército de jóvenes contratados para atacar en las redes todo rasgo de oposición al Gobierno. Según señaló la diputada Graciela Camaño ante Marcos Peña en octubre de 2018 en el Congreso, el presupuesto de este «troll center» era de 200 millones de pesos al año. «Esto existe, esto es. Esto también es realidad, son las armas sucias de la política las que deberíamos comprometernos a no usar», le espetó Camaño, hoy candidata a diputada por Alternativa Federal, el frente de Lavagna y Juan Manuel Urtubey.
De allí que la crítica más feroz del autor de El anatomista haya sido contra el jefe de Gabinete y el asesor Jaime Durán Barba. «Tiene dos nombres esta derrota: Durán Barba, que fue el cerebro, y Marcos Peña, que fue el corazón». ¿Cuál sería la equivocación? El propio Andahazi lo aclaró en una entrevista televisiva: «Le venía diciendo (al consultor ecuatoriano) que era suicida lo que estaba haciendo de confrontar con el kirchnerismo».
Es cierto que la confrontación, que tanto resultado había dado en 2015 y 2017, no fue exitosa. Pero también impidió ver lo que estaba ocurriendo en la sociedad y terminó siendo un engaño hasta para los encuestadores, que no fueron capaces de ver que el humor de los votantes era otro y que los ajustes permanentes ya no eran tolerados por gran parte de la ciudadanía.
El CEO del Grupo Insud, Hugo Sigman, analizó para La Nación por qué muchos encuestados no revelaron sus preferencias cuando eran consultados. «Podemos vernos tentados a ocultar nuestras costumbres, hábitos y opiniones, por temor a un rechazo o sanción moral de los que nos rodean, ante el riesgo de ser excluidos socialmente o poner en juego relaciones que pueden afectar nuestros afectos o intereses económicos».
Es que con el diario del lunes 12 de agosto, no solo periodistas o intelectuales descubrieron que había otro escenario. El fundador de Mercado Libre, Marcos Galperín, o Gustavo Grobocopatel, dos de los más dinámicos miembros del establishment vernáculo con proyección internacional, vieron pronto este cambio de aires. Galperín fue a visitar a Fernández en su oficina de la calle México a poco de la elección. El titular del grupo Los Grobo dijo que «Alberto Fernández tuvo una actitud prudente y constructiva», y aclaró: «Yo no tengo el temor de que un gobierno que no sea Cambiemos nos lleve al caos, a una situación como la de Venezuela». Echó así por tierra con el discurso de la grieta instalado desde las usinas del macrismo.
Si hay ahora una grieta es dentro de Cambiemos, entre quienes descuentan estar en una transición y quienes quieren seguir la pelea y morir con las botas puestas, como propone la diputada Elisa Carrió, convertida en jefa de campaña del macrismo y que ahora descarga el dedo acusador contra los que considera traidores dentro de la alianza gobernante.
Revista Acción, primera quincena de Septiembre de 2019
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