por Alberto López Girondo | Ago 5, 2018 | Sin categoría
El negacionismo climático que Donald Trump propone desde que se ofreció para presidir Estados Unidos parece haber encontrado un aliado del otro lado de la frontera norte, lo que puede significar un retroceso en el combate al cambio climático.
El mismo día que se anunciaba en Washington que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y la Agencia de Seguridad Vial (NHTSA) redujeron las reglas de rendimiento de motores que funcionan con combustibles fósiles, en Canadá la ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático, Catherine McKenna, informó que a pedido de las industrias de ese país aceptó morigerar las tasas a las emisiones de gas de efecto invernadero. En ambos casos, la excusa es que las empresas no deben perder competitividad en relación a las de otras naciones que no serían tan respetuosas del Acuerdo de Paris de 2016.
En el caso estadounidense, la regulación aprobada en la era Obama y conocida como CAFE (por las siglas en inglés de Economía de Combustible Colectiva Promedio) establecía que los vehículos debían ser capaces de recorrer 100 kilómetros con un galón de combustible (4,32 litros) en 2025. Ahora se les permitirá hacer 60 kilómetros en 2021 y la certeza de que entonces se volverá hablar. Andrés Nápoli, el director ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), no se muestra sorprendido por esta medida que «va en consonancia con el compromiso electoral de Trump de reactivar industrias que habían sido castigadas por la regulación de Obama, como la del petróleo y el carbón». Según Nápoli, «se trata de una decisión que mira hacia la política interna pero que tiene indudables coletazos en el exterior».
Un dato es que a principios de julio Trump tuvo que echar al director que había designado en la EPA, Scott Pruitt, un «desregulacionista», pero no por cuestiones climáticas sino por la utilización de dineros públicos para beneficios personales. En su lugar quedó el que era el número 2, Andrew Wheeler. Pruitt basó su carrera llevando adelante demandas contra la EPA como fiscal general de Oklahoma. Wheeler, a su vez, es lobista de las mineras carboníferas y a poco de asumir autorizó a que los estados puedan suspender los monitoreos de agua subterránea en zonas donde haya explotación de carbón y elevó los niveles permitidos de plomo, cobalto, litio y molibdeno en los acuíferos.
«No queremos expulsar a la industria de nuestro país», dijo la ministra McKenna, ante la amenaza de que las empresas se muden a EE UU. Las industrias que producen más de 50 mil toneladas de CO2 anuales debían limitar la intensidad promedio de emisiones al 70 por ciento. Ahora el tope es de 90 % para los productores de cal, cemento, fertilizantes nitrogenados, hierro y acero y 80 % para el resto.
Carlos Ferreyra, miembro de la Alianza Vida, Clima y Salud, mantiene su optimismo: «El mundo ya tomó una decisión en París» y considera que estos son coletazos propios de una transición impulsados por los intereses de la industria de los combustibles fósiles. Que son intereses tremendamente poderosos. «
La chispa de los motores
Cuando Donald Trump ganó la presidencia, en California surgieron voces que reclamaban la creación de una nación independiente en el distrito más rico y poblado de Estados Unidos. Y el más preocupado por el medio ambiente, según se percibe en estos días. Porque al cambio de reglas sobre rendimiento de motores, el gobernador Jerry Brown respondió con la amenaza de que «California luchará contra esta decisión estúpida con todos los medios a su disposición».
Desde 1960 ese estado comenzó a establecer controles en los escapes ante el aumento en los niveles de contaminación por la enorme cantidad de autos que circulaban en Los Ángeles. Por más de medio siglo California obligó a que la industria automotriz tuviera que adecuarse a estándares más amigables con el medio ambiente. En eso estaba Barack Obama. Trump dice que por esas regulaciones el precio promedio de los autos es 2340 dólares más de lo que debería, lo que impide que los ciudadanos puedan cambiar de auto. Tal vez la chispa secesionista sea la de un motor de combustible fósil.
Tiempo Argentino, 5 de Agosto de 2018
por Alberto López Girondo | Ago 2, 2018 | Sin categoría
El presidente Donald Trump salió a apurar al fiscal general Jeff Sessions para que cierre la investigación por la presunta injerencia de servicios rusos en la campaña que lo llevó a la presidencia en 2016. La ofensiva incluye al fiscal especial encargado del caso, Robert Mueller, quien fuera titular del FBI en los gobiernos de George W Bush y Barack Obama y ahora es el que lleva adelante la pesquisa por este affaire. Pero la Procuración en realidad también debería abrir una investigación paralela sobre otro tipo de interferencia rusa, aunque durante la gestión Obama: la compra de una empresa que explota una mina de uranio en EEUU por parte de una firma rusa que además habría acercado sustanciosos aportes ilegales a la Fundación Clinton. Mientras tanto, el que fuera jefe de campaña de Trump, Paul Manafort, espera ver cómo avanza un juicio en su contra por fraude fiscal y bancario encerrado en una celda casi todo el día para, según las autoridades “garantizar su seguridad”.Señal de que sabe demasiado.
Manafort había sido detenido el 15 de junio luego de que lo encontraron tratando de “convencer” a dos testigos de que declararan a su favor en el juicio. El hombre es un viejo lobista de intereses extranjeros y fue durante los primeros tres meses de campaña el principal asesor del candidato republicano. Tuvo que renunciar cuando se filtró la información de que había sido consejero de Viktor Yanukovich, el presidente ucraniano pro-ruso que fue destituido en febrero de 2014 tras las revueltas en la Plaza Maidán que promovió la dirigencia proeuropea de esa ex nación soviética. Pero el proceso en su contra no tiene nada que ver con la denunciada injerencia rusa en las elecciones.
Este jueves, Trump abrió una serie de tuits en los que descargó sus enconos contra la investigación del FBI que lo tiene en vilo desde antes de llegar a la Casa Blanca. Esa que sostiene que agentes rusos operaron para que derrotara a Hillary Clinton en la elección presidencial. Una posición que también sustentaba el gobierno de Obama, un poco para justificar el resultado del comicio, pero mucho más para marcarle la cancha al nuevo mandatario, que desde entonces no hace sino avanzar en el sentido contrario a cada una de las iniciativas que impulsó el demócrata, sobre todo en política exterior.
«Es una situación terrible y el Fiscal General Jeff Sessions debería interrumpir esta cacería de brujas ahora mismo, antes que manche aún más a nuestro país», escribió Trump el jueves. Sessions se excusó de encabezar esa investigación porque él mismo mantuvo encuentros con diplomáticos rusos antes de llegar a su cargo, un detalle que casi le cuesta la renuncia antes de asumir. Por eso el sabueso en jefe es Mueller, que en esto sigue la agenda que le marcó el FBI y por la cual ya ordenó procesar a 31 personas, entre ellos a 12 agentes de Rusia, justo dos días antes de la cumbre Trump-Vladimir Putin de Helsinki.
A él, Trump le dedicó este tuit: «Bob Mueller está totalmente en conflicto, ¡y sus 17 demócratas enojados que están haciendo su trabajo sucio son una desgracia para EE.UU.!»
«La colusión de Rusia con la campaña de Trump, una de las más exitosas de la historia, es un EMBUSTE», prosiguió el primer mandatario estadounidense, que recordó luego que «Paul Manafort trabajó para Ronald Reagan, Bob Dole y muchos otros líderes políticos prominentes y respetados. Trabajó para mí durante muy poco tiempo. ¿Por qué el gobierno no me dijo que estaba bajo investigación? Estos viejos cargos no tienen nada que ver con colusión, ¡un engaño!».
Lo interesante es cómo Manafort aparece envuelto en una causa que lo puede dejar entre rejas por varios años. El FBI venía investigando delitos de cometidos por dignatario extranjeros. Eran los tiempos de Eric Holder como fiscal general y Obama en el Salón Oval. Uno de los objetivos era Yanukovich, el aliado de Putin en Kiev. Así habrían llegado a cuentas sospechosas en Ucrania, Chipre y Letonia. Pero en el camino se cruzaron con Manafort -según detalla Jason Leopold en BuzzFeed News Reporter- quien parece que administraba al menos 40 millones de dólares un tanto oscuros, a titulo personal o de terceros.
A la caída de Yanukovich, Manafort siguió con sus negocios, que no son pocos, en el resto del mundo. De hecho, regentea varias empresas y con uno de sus asociados, el puertoriqueño Héctor Hoyos, tienen importantes intereses en Puerto Rico. Entre los últimos emprendimientos figura el “cabildeo” en favor del inversor chino Yan Jiehe, de la Pacific Construction Group, de Shanghai.
Entrevistado por Kennet Vogel, del portal Politico, de EEUU, Hoyos reconoció que había presentado a Manafort con los chinos, pero dijo que el estadounidense al principio fue muy cauto. “Paul no hace negocios sin saber con quién se está metiendo en la cama”, describió. De lo que puede deducirse que con Yanukovich hubo buen clima en la alcoba.
¿Por qué tantas medidas de seguridad en torno de Manafort? Quizás porque el lobista, de 69 años, puede ser silenciado abruptamente antes de declarar en el estrado donde lo juzgan por sus ingresos no declarados en bancos ubicados en varias cuevas fiscales. No tanto por lo diga en torno de esos depósitos no del todo limpios como por la posibilidad de que contraataque para salvar su pellejo.
Ya en 2015 el The New York Times había publicado que «poco después de que los rusos anunciaran su intención de adquirir una participación mayoritaria en Uranium One”, una firma minera canadiense que explota el estratégico mineral en tierras estadounidenses, el ex presidente Bill Clinton “recibió 500.000 dólares por un discurso en Moscú de un banco de inversión ruso relacionado con el Kremlin que estaba negociando acciones de la compañía».
«En total, la Fundación Clinton recibió 145 millones de intereses vinculados a Uranium One, que fue adquirida por la agencia nuclear del gobierno ruso Rosatum», abundó el NYT.
En enero de 2013 Hillary Clinton era secretaria de Estado de Obama. El gobierno autorizó entonces que Rosatom comprara Uranium One -que es propietaria del 20% de las reservas de uranio estadounidenses y tiene minas en Wyoming y Utah-por 1300 millones de dólares. Como se trata de un mineral estratégico, la operación debió recibir el aval del Comité de Inversión Extranjera, del que forman parte los Departamentos de Justicia, Energía, Tesoro, Defensa, Comercio, Seguridad Nacional y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos. Pero también de la cartera que comandaba la excandidata demócrata.
Sessions, por lo que trascendió, analiza la posibilidad de nombrar un fiscal especial para hurgar en estas negociaciones y en el oportuno aporte para la Fundación cuando se negociaba la venta de la Uranium. Ahí tal vez estuvo la clave del “apriete” de Trump al Procurador General de Estados Unidos.
Tiempo Argentino, 2 de Agosto de 2018
por Alberto López Girondo | Ago 1, 2018 | Sin categoría
A punto de cumplir 55 años con la profesión, Carlos Aznarez tiene para festejar. En estos días celebró los 30 años de Resumen Latinoamericano, un proyecto editorial que nació en el exilio, en 1978, tuvo un impasse de diez años, entre 1983 y 1993, y volvió como respuesta a aquella famosa frase del nipo-estadounidense Francis Fukuyama de que habían muerto las ideologías. Volvió para mostrar a Hugo Chávez cuando nadie aún lo conocía y recién había salido de la prisión por el levantamiento de 1992 y para contar quiénes eran los zapatistas. Desde sus primeros pasos junto al cura Leonardo Castellani y Rodolfo Walsh hasta la producción de documentales como Cubanas. Mujeres en Revolución y las versiones en papel, digital, radio y tevé de su publicación en varios países e idiomas, de todo habla en esta charla con Tiempo.
-Hablemos un poco de la historia de Resumen
– En 1979 un grupo de compañeros que estábamos en Madrid nos damos cuenta de que había que reforzar la batalla informativa contra la dictadura, lo que los militaress llamaban “campaña antiargentina”. Así, nos planteamos una publicación en el marco de lo que se llamó el Club para la Recuperación Democrática Argentina, que era uno de los tantos núcleos que había en el exilio, como la Casa Argentina, el Centro Argentino. Allí nos juntábamos ex Montoneros, ex Erp, ex partido comunista, socialistas, un montón de gente que pensábamos la idea del retorno a la Argentina pero también debatíamos sobre lo que nos había pasado, hacíamos debates. Esta revista quincenal se llamaba Resumen del Actualidad Argentina y Latinoamericana, ahí escribían Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Osvaldo Bayer, Osvaldo Soriano, Luis Politti, el actor, que después murió, Rodolfo Kuhn, el director de cine, el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, una cantidad importante de compañeros no solo exiliados en España sino en otros países. La revista tenía en las primeras páginas un informe sobre las acciones de la dictadura contra nuestros pueblos y las acciones de la resistencia. Eso se leía mucho porque era información del día a día. Yo era coordinador pero no había director y no poníamos los nombres no solo por una cuestión de seguridad -aunque todos sabían quienes éramos- sino porque era de carácter asambleario y lo hacíamos muchos, era un trabajo colectivo. Duramos hasta el número 100, en noviembre del 83 cuando ya muchos de nosotros decidimos volver. En ese número especial escribieron todos, hasta Jacobo Timerman, que andaba por allá. En Argentina cada uno se insertó en diferentes trabajos en prensa y estuvimos diez años sin salir.
-¿Creyeron que no hacía falta?
-Estábamos muy metidos en otro tipo de publicaciones, algunos para sobrevivir y otros porque nos habíamos volcado a otros proyectos alternativos también. La vuelta en alguna medida nos dispersó. En el 93 hay dos hechos que nos llevan a plantearnos volver. Uno es que Francis Fukuyama dice que se había terminado la historia y que había que cajonear las utopías, que habíamos fracasado estrepitosamente los de los 70 y que venía una etapa en que esos principios de revolución y lucha y principios del socialismo ya no tenían sentido. Cuando nacemos en el 93 como Resumen Latinoamericano nos pegamos fuertemente a un fenómeno que a la izquierda latinoamericana le costó mucho entender, que fue Hugo Chávez. Ya se había producido el levantamiento de 1992, el Caracazo del 89 y Chávez estaba preso. Empezamos a sacar información sobre él, a darlo a conocer. Hablábamos de Cavallo y de Hugo Chávez. En el 94 Chávez va a Cuba y fuimos a cubrir eso. Informamos sobre la charla magistral que dio en la Universidad de La Habana en la que anuncia casi al detalle todo lo que iba a hacer cinco años después.
Otro fenómeno se produce el 1 de enero del 94, cuando los zapatistas se levantan en México contra el acuerdo del NAFTA. Ellos pegan un grito casi dirigido a Fukuyama, “aquí estamos”. Yo estuve en el 94, en el 95 en la Convención Nacional Indígena. Resumen empezó a crecer, con una edición acá y otra europea.
-Aclaremos, era una edición en papel, porque no había otra cosa.
-Exactamente. Salíamos mensualmente porque no nos daba para más, aunque comenzamos a crear corresponsalías en cada uno de los países.
-¿Cómo se financiaban?
-En ese momento Europa no estaba en la catástrofe económica que está hoy, y los suscriptores de la edición europea ayudaba a financiar la edición local. El planteo era ese, «con esta suscripción usted puede ayudar a financiar otra edición». En Europa llegamos a tirar 25 mil ejemplares. Y teníamos anuncios publicitarios, después aparecieron las presiones para cambiar la línea editorial.
-¿Quiénes publicitaban?
-Por ejemplo Aerolíneas, gremios de acá y de Europa, aunque todo eso se fue cayendo luego. Siempre tuvimos la idea de que había que tener más ediciones latinoamericanas. Con el crecimiento empezó a aparecer el tema de la radio y le televisión, (Metro primero y luego Argentina Satelital en TV, y la radio de las Madres y ahora en La Tribu) ahora salimos en 124 radios de todo el país y en Latinoamérica. Después vino el portal web y el diario digital que llega a miles de suscriptores por mail. Somos un holding de pobres que cumple el rol de llevar la información a mucha gente. Ahora que cumplimos 30 años mucha gente nos escribió para decirnos que desde Europa por ejemplo se levantan a la mañana y se informan a través de nosotros. En esta segunda etapa tuvimos también otro cambio de nombre. Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo. Agrupamos Palestina, Kurdistán, le hemos dado mucha bola a las naciones sin estado, Irlanda, el País Vasco. Tenemos ediciones en papel en Argentina, Uruguay, Cuba, Venezuela, Perú, Estados Unidos en inglés y ahora vamos a sacar una edición en portugués para Brasil. Tuvimos una edición en Italia que se cayó por temas económicos, porque la idea es que cada edición se tiene que autofinanciar. Mandamos un PDF y cada uno tiene que buscar la forma de imprimirlo, distribuirlo y sostenerse, ese es el requisito para hacer Resumen hoy. También tenemos una edición en internet en inglés y una página, Resumen de Medio Oriente y una que se va abrir sobre en árabe.
-¿De cuánto es la tirada en papel?
-Son 70 mil ejemplares sumando todas las ediciones y se puede llegar a 100 mil si hacemos algún número especial. Seguimos apostando al papel a pesar de que porque sabemos que para mucha gente es el medio preferido.
-¿Y visitas a la página web?
-Hemos tenido colapso sobre algunas notas, hubo 250 mil visitas en una hora con una nota sobre Álvaro Uribe y este año en una nota sobre juicios a militares por la Esma tuvimos 300 mil. El promedio es entre 25 y 30 mil diarios. Pero esto se logra con el tiempo, por eso los 30 años pesan. Empezamos con una revistita de 12 páginas y ahora hemos sacado números de 48 páginas. A veces les decimos a estudiantes de periodismo que esto no se hace de un día para otro, hay que apostar a la continuidad. El tema económico pesa, pero también la decisión de seguir. Nosotros en Resumen hacemos un periodismo que quiere ser heredero del periodismo que hacía Rodolfo Walsh.
-¿Cómo lo conociste a Walsh?
-Yo comencé haciendo notas sobre teatro en una publicación que hacía el padre Castellani, un personaje controvertido pero interesantísimo. Fue el único que se plantó frente a Videla – con (Ernesto) Sábato al lado que no dijo una palabra- para denunciar la desaparición de Haroldo Conti. Luego publiqué una revista que se llamaba Reseña Sindical, yo estaba muy ligado a ese mundo ya militaba en el Movimiento Revolucionario Peronista (MRP). Así llegué a la CGT de los Argentinos y conocí a Walsh el día del acto de lanzamiento de esa central. Se había quedado sin pilas en el grabador, vio que yo tenía uno y cuando hablaba Raimundo Ongaro me dijo «grabá esto que va a ser histórico». Al otro día le lleve la nota y ahí, me ofreció colaborar. Después estuve en otros medios, hasta que llegamos a ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), donde se hicieron cosas muy importantes. Con el tiempo nos vamos dando cuenta de lo que significó ANCLA. Él decía que ser periodista en tiempos difíciles no es lo mismo que en tiempos de laxitud, cuando el sol brilla para todos. En ese sentido la idea es recoger esas enseñanzas y apostar a perforar el discurso único.
Tiempo Argentino, 1 de Agosto de 2018
por Alberto López Girondo | Ago 1, 2018 | Sin categoría
La foto es de Juan Carlos Quiles
El director del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, adscripto a la presidencia del Banco Credicoop, exdiputado nacional y secretario general del Partido Solidario, analiza –en diálogo con Acción– la coyuntura política y económica y las perspectivas para la conformación de un frente de unidad de las fuerzas que se oponen al modelo neoliberal.
–¿Cómo define la actual situación política y económica de la Argentina?
–En 2015, hubo una derrota importante del kirchnerismo, que yo hago extensiva al campo popular. Fruto de esa derrota y de la implantación de políticas neoliberales irrestrictas, venimos atravesando las consecuencias de ese modelo. Porque allí está el problema: es el modelo neoliberal en el marco de un proyecto político de derecha. Los matices sobre el gradualismo que pueden existir son absolutamente secundarios, porque ambos caminos no son más que una cuestión de ritmo que conducen a la Nación y al pueblo hacia un abismo. Hubo un triunfo legítimo del macrismo en términos electorales, pero discrepo de quienes creen que la derecha es democrática. Triunfó en los comicios, pero la derecha no es democrática. Y no lo puede ser porque así lo demuestra la historia argentina. Representa intereses económicos, culturales y políticos que en esencia van contra los intereses generales de las mayorías. Y a poco de andar, inevitablemente, tiene que renegar del espíritu democrático que plantearon en la campaña. Este gobierno quiso poner ministros de la Corte Suprema de Justicia sin tratamiento parlamentario, vetó leyes y presentó un sistema de político cada vez más coercitivo para administrar la cosa pública y las reacciones populares. En 2017, hubo reacciones populares muy importantes…
–Pero esas movilizaciones no alcanzaron a torcer el rumbo, y finalmente el gobierno volvió al FMI.
–Es cierto que no lograron consolidarse y que fueron espasmódicas, pero esa visión me parece un tanto lineal. Suele decirse que la calle entra por los ventanales del Congreso Nacional, y fue así. En diciembre, se generó un viraje político y en la opinión pública por la reacción social en la calle contra la autodenominada «reforma jubilatoria». En ese momento, se quebró la alianza entre la oposición que pactó con el gobierno leyes transcendentes, como el pago a los fondos buitre y la reparación histórica. Ellos son los que avalaron la estrategia del gobierno, porque desde allí suponían que iba a venir la lluvia de inversiones. Pero hubo un cambio en la relación de fuerzas políticas. A posteriori, el plan económico del gobierno fue fracasando dentro de su propia lógica. Uno se tendría que preguntar: ¿Quieren o no quieren que el dólar esté alto? Por un lado, sí, quieren, porque son devaluacionistas. Y este no es un tema solamente doctrinario, es de intereses económicos, de intereses de clase. Los sectores exportadores y, en primer lugar, los de la Sociedad Rural son el histórico partido devaluacionista. Por otro lado, las variables económicas se le van complicando al gobierno. En el medio, ocurrió el triunfo de 2017, que todavía tiene un plafón electoral de cierta importancia. Digo «cierta» porque acepto que el gobierno se consolidó entonces, pero la lectura triunfalista era exagerada. No hay consultor que no diga que una parte importante de votantes de este gobierno se le fue en diciembre y no volvió. Eso no implica que se haya ido a opciones opositoras kirchneristas, pero no volvió.
–Habría que preguntarse si el gobierno cometió errores o si su plan siempre fue ir al FMI y aplicar un fuerte ajuste.
–Nuestra visión es que no se trata de errores ni de tormentas. Es el modelo económico social y el proyecto político de Mauricio Macri, que está enrolado en una estrategia continental diseñada por Estados Unidos para consolidar gobiernos neoliberales y conservadores y revertir los proyectos latinoamericanistas. Claro que hay torpezas, idas y venidas y contradicciones flagrantes. Pero lo central no es eso, y las explicaciones meteorológicas son mecanismos de marketing que desmerecen al presidente. El gobierno enfrenta una fisura en la opinión pública, la oposición comienza lentamente a rearticularse; pero, sobre todo, aparece nuevamente el protagonismo de las calles. La movilización social en la Argentina juega un papel muy importante para dinamizar la lucha política e, incluso, para influir en esa rearticulación opositora. Hubo dos grandes marchas: el 25 de mayo y el 9 de julio. Y, además, la gran movilización de las mujeres es un acontecimiento social y cultural histórico, por el protagonismo de un sujeto social que estaba subestimado. Allí se recuperó un espíritu de rebeldía, porque no hay futuro para un país sin esa rebeldía contra un gobierno tan injusto y arbitrario como este. Estamos ante un gobierno que ha perdido la iniciativa y empieza a estar a la defensiva.
–¿Cree que hay un resquebrajamiento de la alianza de poder real que sustenta al gobierno de Cambiemos?
–Resquebrajamiento no hay, sí veo un incremento de las tensiones entre radicales y el Pro, por las malas perspectivas que se perfilan ante la sociedad. Pero siguen detrás de un proyecto conservador único. Más allá de eso, el establishment tiene diversas fracciones de poder económico y político. Hay una fracción altamente beneficiada por estas políticas, como la Sociedad Rural, los sectores exportadores del campo, lo sectores financieros y los grandes bancos. Los que están más ligados al mercado interno tienen dificultades crecientes, y las pymes están sufriendo muchísimo debido a una apertura descabellada que no realiza ningún país de la tierra. Pero la crema del establishment sigue apoyando a este gobierno. Ninguna consultora registró menos del 70% de rechazo al acuerdo con el Fondo Monetario, y el gobierno fue derrotado en la discusión por las tarifas tanto en las calles como en el parlamento, por lo que se vio obligado al veto. En ese momento, se expidieron públicamente la Asociación Empresaria Argentina y todas las grandes organizaciones del poder económico, como la de los banqueros, el Foro de Convergencia; es decir, la crema del establishment salió a respaldar al gobierno. Y lo siguen apoyando, porque este es su gobierno contra lo que ellos denigran que es el populismo, el latinoamericanismo.
–¿Qué rol están jugando los medios hegemónicos en este contexto? Por primera vez desde 2015, comienzan a escucharse ciertas voces muy cercanas al oficialismo que toman distancia de algunas medidas oficiales.
–A los medios les caben las generales de la ley en relación con el establishment. Siguen estando con el gobierno porque este es su gobierno; pero desde su pragmatismo empresario, desde la necesidad de responder a sus lectores, al rating, toman cierta distancia, hacen señalamientos que antes ocultaban y aparecen matices propios de la fisura que sufre el gobierno. Dentro del periodismo, una profesión tan noble y tan digna y sufrida en todo el mundo, hay una parte que se adscribió en forma irrestricta al proyecto de Macri y de los dueños de los medios. Pero la mayoría no es así, y ahí sí acepto el reto de la pregunta: existen sectores del periodismo que creyeron sinceramente que podía haber una expectativa con este gobierno, porque les disgustaba el anterior, y, entre ellos, se nota ahora una postura mucho más crítica y más permeable a expresiones opositoras.
–¿Qué perspectivas tiene el armado de un frente opositor contra el modelo neoliberal en 2019?
–Eso requiere de algo básico y obvio que es la unión, algo que siempre fue difícil para los espacios democráticos y populares. No es un problema de época o circunstancia, porque por algo estamos en fuerzas políticas diferentes. A diferencia de la derecha, no tenemos el pragmatismo del dinero y del poder, sino visiones relacionadas con nuestros ideales, nuestros principios, con el futuro de la patria; y eso le genera complejidad al asunto. Pero estoy muy esperanzado, creo que se va a ir logrando articular la oposición política y así conformar una gran propuesta para la sociedad, con expectativas de derrotar al modelo conservador y volver a abrir un cauce que recupere a la Nación. Estamos todos en eso, creo que va creciendo la conciencia de que es imprescindible tener posiciones de grandeza para ir logrando la unidad. Un punto central para la unidad es la idea y el programa. Para nosotros, es imprescindible ofrecerle a la sociedad una propuesta y una promesa clara, que sea un compromiso de gobierno para el futuro. Y no me refiero ni a 100 puntos ni a 50, sino a cuestiones centrales que definan el rumbo que ese frente le debería ofrecer a la sociedad. Ese sería el mejor camino para transitar el proceso tan complejo y contradictorio de la unidad de las fuerzas populares. Soy optimista, reitero, porque creo que va a haber más calle, más reacción social, más protesta, no solo de los trabajadores, sino también de las diversas expresiones de las clases medias y de la cultura. Ese protagonismo de la sociedad va a influir desde abajo hacia arriba en el reclamo de que haya una unidad y de que haya un contenido ideológico y político avanzado, progresista y transformador.
–En este contexto de movilización creciente, ¿se vislumbra mayor represión por parte del gobierno?
–Por su sentido de clase económica y cultural, los gobiernos conservadores traen un rasgo coercitivo y eventualmente represivo. Por eso creo que ese peligro existe. Coerción ya hay: contra todos los medios de comunicación popular, los periodistas populares, los luchadores, los estudiantes secundarios y universitarios, la represión al pueblo mapuche. No quisiera dejar de reclamar justicia por Santiago Maldonado, por Rafael Nahuel. Rafael fue asesinado por la espalda, todo el mundo lo sabe y no se avanzó para que se haga justicia. Hay una parte del Poder Judicial que sigue el modelo que viene de los grandes centros del poder mundial, como pasa en los otros países del continente. Dentro de ese esquema, creo que el gobierno se puede desplazar hacia posiciones más coercitivas y más represivas. De todas maneras, en la sociedad hay un fuerte espíritu de defensa de la democracia. Somos los principales interesados en que haya una democracia plena y extendida. La democracia es un logro histórico de los trabajadores y de los sectores populares; no es un regalo. Los sectores populares necesitamos que haya más espacios democráticos para poder desplegar nuestra lucha por cambiar la sociedad. Porque la derecha tiene el poder de facto, tiene el poder real.
–¿Qué papel desempeña el movimiento cooperativo en esta coyuntura?
–El movimiento cooperativo ha jugado siempre un papel importante al defender el sistema democrático y ofrecer un sistema de gestión social, económico y cultural distinto del capitalismo tradicional, que se basa en el lucro y la maximización de la ganancia. Hay un gran fracaso del sistema capitalista, porque el nivel de concentración es tan fenomenal que va destruyendo el tejido social y la naturaleza. El cooperativismo es una de las herramientas para evitarlo. Nosotros, en el movimiento cooperativo de crédito en la Argentina, somos una expresión viva y concreta de eso.
–El macrismo gobierna desde hace más de doce años en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Por qué no se perfila una opción opositora fuerte en el distrito?
–La gestión de esta ciudad está muy ligada con las políticas nacionales. La gestión de Mauricio Macri en la ciudad se benefició también de una mejora social enorme que provino de los gobiernos kirchneristas. No es que eso ocurrió en el Gran Buenos Aires y no ocurrió en la Ciudad de Buenos Aires. Y ocurrió con las clases populares y mucho más con las capas medias. Ese fenómeno, en parte, fue funcional a la captación por parte del Pro de una parte de la sociedad. Siempre hubo acá una parte estructuralmente de derecha y otra que fue captada. Pero esta perspectiva nacional tan anti clase media y antitrabajadores del gobierno nacional también se va a expresar en la ciudad. Creo que el fenómeno Carrió no es eterno. La posición que tuvo con relación a la legalización del aborto, que en esta ciudad tiene opinión favorable mayoritaria, junto con sus posturas cada vez más agresivas la van deteriorando ante la sociedad. Estoy convencido de que tenemos un problema de carácter cultural. Los opositores debemos ir con más fuerza al debate de valores y enfrentar esa batalla cultural. Insistir en que los valores del egoísmo llevan a la segmentación y a incrementar los grados de injusticia y de violencia, que debemos apoyarnos en un espíritu democrático tradicional, con una visión de humanismo y solidaridad; y no en la visión elitista y minoritaria. Debemos avanzar hacia una cultura progresista frente a una cultura de lo espectacular, del consumismo, de valores egoístas, individuales. Si logramos encauzar un debate de altura, podemos superarnos.
Revista Acción, primera quincena de Agosto de 2018
Comentarios recientes