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Una reforma disputada

Una reforma disputada

El presidente de la Corte Suprema de  Justicia, Ricardo Lorenzetti, volvió a su costumbre de inaugurar el año judicial con un discurso de tipo ecuménico en el Palacio de Tribunales. Alejado por un momento de la presión de años anteriores por parte de las espadas de Cambiemos –léase Elisa Carrió–, Lorenzetti se lanzó al ruedo en una disputa que en ocasiones en sordina y a veces a grito pelado arrastra a la dirigencia política: la reforma judicial.  
Cinco días antes el presidente Mauricio Macri, en la apertura de sesiones del Congreso, había pedido a los legisladores el respaldo para reformar el Código Penal, al que calificó de viejo. «Fue emparchado mil veces», señaló el mandatario, al tiempo que reclamó también un nuevo Código Procesal Penal en el que «los fiscales tengan más protagonismo».
Este parece ser el punto neurálgico sobre todo en la Justicia Federal, ya que llevaría el poder de acusación a los fiscales y les haría perder protagonismo a los jueces de ese fuero, que últimamente tienen los flashes enfocados en su gestión porque son los que constitucionalmente deben investigar a las autoridades políticas nacionales. No es casualidad que el polémico juez Claudio Bonadio haya sido tan explícito.  «No creo que el Ministerio de Justicia acompañe las reformas porque en dos años no ejecutaron políticas de fondo», indicó.
Puesto a plantar bandera, Lorenzetti aceptó que el sistema judicial es antiguo, lento y se sorprendió de que todavía haya expedientes de papel cosidos con hilos. Pero puntualizó que los cambios que el país necesita en el ámbito de la Justicia «tienen que nacer del Poder Judicial, porque es donde hay experiencia».

El ministro
Cuando todavía resonaba en el ambiente el anuncio del jefe de los supremos de que abriría una doble jornada de debate sobre las reformas que podrían consensuar los magistrados, el ministro de Justicia, Germán Garavano,  se apuró a responder a los periodistas que se le acercaron en la explanada misma del edificio, que compartía la visión del santafesino en cuanto al planteo de «cambio y transformación de la Justicia para brindar una mejor respuesta a la comunidad».
En el marco de las rencillas que Garavano y Lorenzetti arrastran desde que Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada, fue un gesto de diplomacia gentil. Las diferencias entre ambos se potenciaron cuando a pocos días del 10 de diciembre de 2015 el flamante ministro acercó el nombre de los dos nuevos integrantes de la Corte designados por Macri. Este gesto creó rispideces, porque habían sido nombrados por decreto y saltando todos los pasos constitucionales. La disputa generó rechazos incluso en el oficialismo, por lo que el gobierno tuvo que retroceder.
Pero el ministro  tiene otras batallas en danza. Garavano impulsa el proyecto Justicia 2020, que pretende modificar profundamente el sistema judicial, para el cual está trabajando una comisión encabezada por el radical Ricardo Gil Lavedra. Sin embargo, hay otra comisión a cargo del camarista Mariano Borinsky que trabaja en un anteproyecto de reforma del Código Penal. Hubo chispas entre ambos sectores cuando el presidente, avalando la política de mano dura de la ministra Patricia Bullrich, llamó a su despacho y felicitó al policía Luis Chocobar, quien mató por la espalda a un joven que huía luego de apuñalar a un turista. «Es muy importante que tengamos en claro que un mayor punitivismo o una mayor represión no trae más seguridad, trae más violencia e inseguridad para el conjunto de la gente», dijo entonces Gil Lavedra, uno de los jueces que en 1985 encabezó el tribunal que juzgó a los integrantes de las tres primeras juntas militares de la dictadura y un referente dentro de su partido, integrante de la alianza Cambiemos.
Otra referente de la coalición gobernante, Carrió, también salió a enfrentar a Garavano, pero por otras razones. La demorada causa por encubrimiento del atentado a la AMIA, que lleva adelante el Tribunal Oral Federal 2 desde agosto de 2015 y por el que son juzgados desde el expresidente Carlos Menem hasta el juez que investigó el hecho, José Luis Galeano, los fiscales intervinientes, Eamon Mullen y José Barbaccia, y también el comisario Jorge Alberto Palacios, de estrecha relación con Macri.
Cuando se reinició el juicio, en febrero pasado, se supo que el gobierno había desistido de acusar a Barbaccia y Mullen. El ministro había designado a José Console como abogado de la querella y el hombre llamó a absolver a los fiscales. Console reemplazaba a Mariana Stilman, cercana a Carrió, que había renunciado alegando las intromisiones del ministerio en su tarea. El dato es que Console no podía estar en ese cargo porque cumplía funciones incompatibles en el Consejo de la Magistratura de la ciudad de Buenos Aires. El escandalete despertó las iras de la diputada chaqueña pero a pesar de que renunció, el daño ya estaba hecho. Al retirar la acusación, el Tribunal aceptó dejar afuera a los fiscales y al policía.
Al mismo tiempo, este hecho encendió un nuevo foco ígneo en la propia Unidad AMIA,  cuyo titular, otro radical de peso, Mario Cimadevilla, tiene las horas contadas al frente del organismo. Oficialmente, será una decisión administrativa en el marco de directivas para reducir organismos y cargos burocráticos. Pero un comunicado del partido político de Carrió no deja lugar a dudas de lo que se cuece puertas adentro del gobierno de Cambiemos. «Ni Elisa Carrió ni la CC ARI están dispuestos a manipular una acusación en una causa judicial y por ninguna razón avalan los condicionamientos y presiones que han recibido los letrados designados como representantes de la querella del Estado en la causa por encubrimiento del atentado a la AMIA».
Esta posición laxa en relación con una causa iniciada en 2004 por familiares de víctimas del atentado de 1994 –posición que avalaron las instituciones de la comunidad judía, alineadas con el gobierno– contrasta con la celeridad y el ímpetu con que se sustanció la causa por el Memorándum con Irán, para la cual se creó un nuevo tribunal que no cuenta con la aprobación que la ley exige en el Congreso. Algo que criticaron incluso juristas que no tiene simpatías por los acusados, desde la expresidenta Cristina Fernández hasta dirigentes sociales vinculados con el kirchnerismo.

Credibilidad
Todos estos entreveros no hacen sino reflejar una situación que repercute directamente en la credibilidad que la sociedad mantiene hacia el Poder Judicial y el sistema de Justicia. Según reveló una fuente de la Corte al diario La Nación, una encuesta mostró que «solo el gremialismo está peor visto, y no por mucho». El sondeo consultaba a ciudadanos sobre la credibilidad de 14 estamentos sociales e institucionales. Los jueces ocupaban el puesto 13.
Lorenzetti, en su discurso inaugural, se quejó de las «críticas infundadas» que afectan la «independencia judicial», pero al mismo tiempo se quiso curar en salud y  dijo que los magistrados no pueden buscar «el reconocimiento de las mayorías» ni manejarse de acuerdo con las encuestas. «Si no –afirmó–, volveríamos a la Edad Media, a juzgar en la plaza pública y conforme los aplausos se condena o no se condena». Pero el estudio que circuló por los despachos judiciales habla de otra cosa.

Revista Acción, segunda quincena de Marzo de 2018

Los cinco de Cambridge, los espías británicos que trabajaban para la Unión Soviética

Los cinco de Cambridge, los espías británicos que trabajaban para la Unión Soviética

La expulsión de 23 diplomáticos rusos de la embajada en Gran Bretaña y el ahora más sólido apoyo de los mandatarios europeos al gobierno de Theresa May son un soplo de esperanza la premier conservadora, en medio de un nuevo choque entre Londres y Moscú por asuntos de espionaje.

Más allá del aprovechamiento político que del envenenamiento de Sergei Skripal y su hija podría hacerse en Rusia ante las elecciones de este domingo y para reforzar la alicaída figura de May, no es la primera vez que ambas capitales se trenzan en estas lides en las que, como corresponde al misterioso mundo de los servicios secretos, permanece envuelto en el misterio. Un mundo donde pululan dobles y hasta triples agentes, un juego interesante y atractivo en el que la primera víctima es la verdad verdadera. Pero como son buenas historias ¿a quien le importa?

El más famoso caso se comenzó a develar a poco de finalizar la Segunda Guerra Mundial y en los albores de la Guerra Fría. Los involucrados llegaron a ser altos mandos del MI6, el servicio exterior del Reino Unido. Los acusados fueron conocidos como «Los cinco de Cambridge», porque habían sido alumnos del Trinity College de esa prestigiosa y exclusiva casa de estudios inglesa.

Imbuidos del espíritu revolucionario que se extendió por Europa luego de la Revolución Bolchevique, los jóvenes Harold Kim Philby (el mas famoso de ellos y merecedor del puesto destacado que tiene en la cumbre de los espías de la historia), Donald MacLean, Guy Burguess, Anthony Blunt, y John Cairncross (el único que siempre negó los cargos) fueron reclutados por Arnold Deutch, miembros de la NKVD, la antecesora de la KGB, en los años 30. Estaban realmente atraídos por el régimen socialista, a pesar de pertenecer ellos mismos a la aristocracia británica.

Como es una práctica común aún hoy día, el servicio exterior de la corona también reclutaba jóvenes inteligentes, cultos y con buenas relaciones. Y los Cinco de Cambridge estaban en este conjunto apetecible para cualquier entrenador de espías. Así fue que fueron ingresando en lo que hoy es el MI6. En un momento clave para el mundo: se iniciaba la segunda guerra mundial y durante su desarrollo, la Unión Soviética pasó a ser el principal aliado para derrotar al nazismo de Gran Bretaña y Estados Unidos.

Harold Adrian Russel Philby, Kim para los amigos, Stanley por su nombre en código, era hijo de un diplomático británico destacado en la India y había nacido en Ambala, en el estado indio de Haryana. Adhirió desde temprano al marxismo y re relacionó con el Kremlin.

Mediante los contactos de su padre, se conectó con el duque de Alba y como periodista cubrió la Guerra Civil española para el Times. Pero su tarea encubierta era enviar informes cotidianos a Moscú. Según una invetstigación del español Enrique Bocanegra, había recibido el encargo de Stalin para asesinar al general Francisco Franco. Pero no se sabe hasta donde llegó en ese intento. Franco murió en 1975 luego de 39 años como dictador español.

Paralelamente, Philby se metió en los servicios de espionaje británico, donde muy pronto se destacó y llegó a ser jefe de la división contra Moscú. Así fue que pasó a Turquía como diplomático y luego a Estados Unidos, donde fue el elnace de los espías británicos con sus pares de la CIA.

Nadie sospechó nada, y esa cercanía le permitió enterarse de que dos de sus amigos de Cambridge, Maclean y Burgess, habían sido detectados por un agente ruso que pasó a Londres, y por lo tanto corrían peligro. Estaban en la mira por una fuga de secretos nucleares a los soviéticos. Philby los convenció de que escaparan velozmente y antes de lo que se tarda en decirlo ambos huyeron a la URSS.

Burgess habría pasado al Centro de la KGB en la capital soviética no menos de 5000 documentos de relevancia sobre el gobierno de su país y tal vez otros tantos de la ONU, de la OTAN y de los primeros tratados entre EEUU y las potencias europeas tras la guerra. Falleció en Moscú en 1963.

Era el año 1951 y el MI6 pasó momentos de tensión indescriptibles ya que se sabía que había otros agentes que trabajaban para Moscú, pero no se tenía idea de cuantos eran y sobre todo, quiénes. Y además, la CIA los había catalogados de inútiles por haber permitido semejante filtración en sus narices.

Muchas de estas cuestiones saben por el espía de la KGB que hacía de controlador de Philby, Yuri Ivanóvich Modin, quien una vez caída la URSS y ya viejo, en 1994, decidió publicar sus memorias para ganarse unos rublos, que tanta falta le hacían para compensar su escasa jubilación, «Mis camaradas de Cambridge».

Esa vez, Philby pudo zafar de cualquier tipo de acusaciones, aunque era conocida su amistad con los desertores. De todas maneras fue invitado a retirarse del servicio de espionaje. Pero en 1963, como se solía decir, «puso pies en polvorosa». La buena información de la que disponía le indicó que lo tenían cercado y estaban esperando un paso en falso para atraparlo y mostrar sus iniquidades públicamente. Fue entonces que se fue a la URSS, donde pasó a ser considerado un héroe.

En un video descubierto en los archivos de la Stasi, la policía secreta de Alemania oriental, en 2016, se ve a Philby confesar que el espionaje ¨implica mancharse las manos de vez en cuando¨. Allí cuenta en qué consistió su tarea por años su tarea: Cada tarde se entraba con su contacto soviético al que le entregaba informes escritos de su puño y letra con que a la mañana siguiente recibía de vuelta, luego de haber sido fotografiados. Muerto en Moscú en 1988, a los 76 años, no se olvidó de dejar un consejo final para los aspirantes a espías que, bueno es decirlo, sirve para todo aquel que lleve una doble vida: ¨Nieguen todo¨.

Anthony Blunt tampoco estuvo bajo sospecha en 1951. Experto en arte, el hombre llegó a ser conservador de la pintura real y asesor de la reina de Inglaterra. Por tal razón fue nombrado Sir y Caballero Comandante de la Orden Victoriana. Husmeando en el MI5, el servicio de espionaje interior, pasó a Moscú el desciframiento de códigos alemanes utilizados durante la contienda.

Pero en 1964 finalmente lo descubrieron y reconoció que había sido un doble agente. A cambio, se convirtió en un triple agente: trabajaba para los británicos enviando información a los soviéticos y luego retornaba informes de los rusos para volcarlos ante los británicos. Para volverse loco, pero eso le permitió quedar en el ostracismo, al menos por un tiempo. Una buena negociación también para los servicios, ya que se evitaban una nueva vergüenza ante la CIA.

Cairncross pudo ocultar su pertenencia al grupo mucho mas tiempo y de hecho siempre lo negó, ahcneodo caso del consejo de Philby. Hasta que un desertor de la KGB reveló su nombre como doble agente. Pero desde ese fatídico 1951 estuvo bajo la lupa y sometido a interrogatorios en forma regular. Eso lo convenció de que era mejor tomar distancia y se fue a vivir a Paris, donde murió en 1995.

Hasta aquí había cuatro espías descubiertos del quinteto de Cambrdige, aunque públicamente solo se había comunicado sobre tres. La que rompió el pacto de silencio vergonzante fue la primer ministro Margaret Thatcher, quien en una comparencia ante al Parlamento, en 1979, contó quién era el cuarto hombre. Anthony Blunt tuvo que salir a la palestra y la reina le quitó todos los títulos. Murió en 1983. El nombre de Cairncross recién salió al la luz en 1990 gracias a un desertor soviético en los años de la caída de la URSS.

Hubo otro doble agente que nunca fue relacionado con el caso hasta que un ex director adjunto del MI5, Peter Wright, harto de que las autoridades desoyeran sus informes sobre lo que implicó para los servicios británicos aquella fuga de información, decidió escapar a Australia y publicar «Cazador de espías», un libro prohibido por la Thatcher.

Un dato curioso, el libro salió de la imprenta en 1987. Y Wright, junto con Paul Greengrass., luego director de cine y creador de las dos primeras de la serie de Jason Bourne y la magnífica Bloody Sunday, explican cómo descubrieron al quinto hombre. Allí cuentan que era nada menos que el jefe del MI5, Sir Roger Hollis.

Tres años más tarde, Hollis hubiera sido considerado el sexto hombre, pero él había ido al Clifton College, de Bristol, y no a Cambridge.

Tiempo Argentino, 16 de Marzo de 2018

El cambio de nombres en la diplomacia estadounidense esconden una puja de poder

El cambio de nombres en la diplomacia estadounidense esconden una puja de poder

Los no tan sorpresivos cambios en el gabinete de Donald Trump esconden una puja por el control de las relaciones exteriores de la principal potencia militar del planeta. Pero también la necesidad del polémico presidente de cubrir a su yerno de algunas tropelías reveladas por la prensa estadounidense. Y de paso calmar a su hija Ivanka, preocupada por la suerte de Jared Kuchner, su intempestivo marido.

El martes, y con el hábito poco diplomático de un frío mensaje de tuit, como solía hacer en su reality The Apprentice, Trump anunció que Rex Tillerson dejaría de ser el secretario de Estado, la cancillería de Estados Unidos. En su reemplazo, pendiente de aprobación en el Senado, nombró a Mike Pompeo, hasta ahora jefe de la CIA. En la agencia de inteligencia exterior, la elegida es una mujer, por primera vez en la historia de la institución creada por Allen Dulles en 1947. Pero no parece que la ¨compañía¨ vaya a suavizar por ello sus métodos, más bien todo lo contrario: Gina Haspel es fervorosa partidaria de la tortura como una técnica adecuada y lícita de conseguir información.

Los problemas de Tillerson con Trump son de vieja data. Arrancan a los pocos meses de la gestión del polémico empresario, que tomó su cargo el 20 de enero de 2017. Tillerson, CEO de Exxon Mobil, es el principal accionista individual y tenía muy buena llegada, desde esa posición, con el presidente ruso, Vladimir Putin. O eso le dijeron a Trump Condoleeza Rice y Robert Gates, ex cancilleres de anteriores administraciones republicanas.

Rusia es un problema desde antes de triunfo de Trump, porque los organismos de inteligencia y filtraciones a los medios de prensa advertían sobre la injerencia de servicios rusos para la campaña presidencial estadounidense.

A Tillerson, que le podía caber el sayo de ¨amigo de Putin¨, el tema no lo afectó demasiado, por eso de que Exxon es anunciante importante en los medios, quizás. Pero en todo caso tampoco es que haya avanzado mucho en un acercamiento con Moscú.

Mientras tanto, desde la CIA le fueron facilitando la ¨limpieza¨ de acusaciones a Trump y a sus allegados, aunque en el camino tuvo que quedar su primer asesor de seguridad, Mike Flynn por haber ocultado reuniones con diplomáticos rusos antes de asumir su puesto. Detalle menor en todo este asunto.

El caso es que Mike Pompeo, un hombre del sector más duro de los republicanos, con un link muy fuerte con los fundamentalistas del Tea Party, iba ganando confianza en el bastante caótico gobierno de Trump. Dicen los periodistas destacados en la Casa Blanca que todos los días es el primero en ingresar en el despacho presidencial con el informe de inteligencia actualizado.

Lo definen como leal sin tropiezos, islamófobo y enemigo declarado de Irán. También como un negacionista del cambio climático. Fue empresario, creó con el apoyo de los hermanos Koch, reconocidos ultraderechistas estadounidenses, un emprendimiento en el rubro petrolífero que lo vinculó también con la Exxon Mobil. Pero no llegó a ser amigo de Tillerson. Al contrario, la política exterior del CEO fue muy cuestionada en esos encuentros entre Trump y Pompeo.

Hubo un hecho que selló la suerte de Tillerson, más allá de diferencias puntuales con consejeros cercanos de Trump. En octubre pasado trascendió que en una conversación con un periodista había tildado de ¨imbécil¨ al presidente. Y a pesar del comprensible enojo del mandatario, nunca hubo una desmentida contundente y concreta sobre esos trascendidos. Tampoco, da la impresión, el CEO era de dejarse arriar con el poncho.

al presidente. Y a pesar del comprensible enojo del mandatario, nunca hubo una desmentida contundente y concreta sobre esos trascendidos. Tampoco, da la impresión, el CEO era de dejarse arriar con el poncho.

Paralelamente, el yerno presidencial, también empresario inmobiliario y con ansias de crecer y hacer negocios, se fue convirtiendo en una especie de ministro sin cartera. Dedicado a misiones en el exterior, se metió a tejer alianzas en Medio Oriente con la idea de forzar algún acuerdo ventajoso, sobre todo en beneficio de una alianza indestructible con el gobierno de Israel.

Tiene una enorme oficina a pocos metros de la de su suegro y se enfoca en la tarea, dice, ¨de hacer que el gobierno funcione como una empresa¨.

Pero los medios no lo miran con buenos ojos, ayudados por la burocracia estatal, que no acepta la intromisión de este joven de 36 años, con la soberbia propia de un yerno.

Así salió a la luz que la familia Kushner anda con serios problemas financieros para solventar la construcción de un imponente edificio en el 666 de la quinta avenida, en Manhattan.

De allí, explican, el repentino interés de Kushner en la política exterior, un tema en que sobresale por su ignorancia. Y de allí a la sospecha de que sus reuniones en Israel, Arabia Saudita, Bahrein, Egipto y Qatar están relacionados con la necesidad de conseguir fondos para sus negocios particulares.
Tillerson no es ajeno seguramente a mucho del material con que se despacharon los medios.

El CEO, según cuenta el analista Sophig Neubauer en forward.com » llegó a la conclusión de que este chico absolutamente vacío estaba ejecutando una segunda política exterior fuera de los cuarteles centrales de la Casa Blanca» y se jugó el todo por el todo. A sabiendas de que no tiene mucho que perder personalmente: el año pasado se llevó de Exxon con un paquete de retiro de 180 millones de dólares.

La última partida se desarrolló en torno del bloqueo a Qatar impuesto por el gobierno saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Egipto, una decisión que no contó con el apoyo de Tillerson pero que, intuyó, tenía un tufillo a revancha de Kushner porque los qataríes no quisieron poner dinero en la empresa de su familia.

La guerra de revelaciones ante la prensa continuó con un informe de la NBC News sobre los oscuros vínculos de Kushner con una trama con el gobierno ruso y el de Emiratos, con información proveniente de canales qataríes.

Neubauer señala que Trump tuvo que defender a Kushner y de paso darle un aval a Pompeo en una línea de halcones de la política exterior que se viene imponiendo en Washington. Pero con el trasfondo de la defensa de los valores familiares, por eso de que, agrega, ¨la sangre es más espesa que el agua¨.

Tiempo Argentino, 15 de Marzo de 2018

Una de espías enfrenta al gobierno británico con Vladimir Putin

Una de espías enfrenta al gobierno británico con Vladimir Putin

Gran Bretaña podría incrementar la presión sobre Rusia para encontrar una respuesta satisfactoria al reclamo sobre el envenenamiento de un ex agente de Moscú y de su hija el 4 de marzo pasado. Pero mucho de lo que ocurra en estos días estará teñido con el clima de la elección que el próximo domingo celebrará el país euroasiático y que, de acuerdo a todas las encuestas, será prácticamente un paseo para el actual presidente, Vladimir Putin. Mientras tanto, los medios occidentales encontraron una buena historia para llenar ediciones de tinta y de bits, según los casos, con un clima de misterio y tensión difícil de empardar.

Aquel domingo comenzó a rodar esta novela cuando un policía de Wiltshire, uno de los 47 condados de Inglaterra, al sudoeste del territorio, recibió una alerta telefónica sobre dos personas que se contorsionaban extrañamente en un banco frente al shopping The Maltings, en Salisbury. El efectivo  acudió presto al lugar y se encontró con Sergei Skripal, de 66 años, y su hija, Yulia, de 33, desmayados pero sin lesiones evidentes. Trasladados al hospital de ese distrito, se comprobó que habían sido envenenados con algún agente nervioso. También el policía resultó afectado, pero en grado menor. Los Skripal, en cambio, luchan por su vida desde entonces, ignorantes, hasta ahora, del estruendo que provocó su caso a nivel internacional.

Este lunes, la primera ministro británica, Theresa May, aseguró en el Parlamento que padre e hija habían sido «probablemente» atacados por agentes de los servicios de espionaje rusos al mando del gobierno o, incluso, «fuera de control». Y demandó una respuesta satisfactoria a la administración Putin, ya que consideró que el hecho «es un caso de uso ilegal de la fuerza del estado ruso contra el Reino Unido». Caso contrario, dijo que tomaría medidas, aunque no especificó de qué tipo. La premier conservadora, que encontró en este caso el modo de reanimar su baja popularidad, señaló incluso con qué producto fueron envenenados: se trataría de Novichok, un poderoso agente nervioso desarrollado en la era soviética.

La respuesta internacional no se hizo esperar y desde Washington, en el que tal vez fuera su último acto de gestión, el secretario de Estado Rex Tillerson puso a Estados Unidos a disposición para lo que necesite su principal aliado. Lo mismo expresaron los dirigentes de la Unión Europea y de la OTAN, la organización militar establecida en tiempo de la guerra fría para combatir a la Unión Soviética.

Desde Moscú hubo dos argumentaciones, una dura y otra más contemporizadora. «Esto es un espectáculo circense en el Parlamento de Gran Bretaña; la conclusión es obvia: una campaña política de los medios, basada en la provocación¨, dijo la vocera de la cancillería, Maria Zajarova. El titular de esa cartera, el experimentado Sergei Lavrov, en cambio, puntualizó que «Rusia es inocente y está dispuesta a cooperar» no sin recordarle a Londres que debe cumplir «sus obligaciones internacionales». Esto es, que si hay alguna acusación que presenten las pruebas. También pidió que les dejen participar de las pericias para determinar que ocurrió con los Skripal. No es la primera vez que el espía aparecía en una trama de alto nivel.

Humo y espejos
Poco es lo que trascendió sobre Sergei Viktorovich Skripal, como corresponde a un hombre acostumbrado al mundo del humo y los espejos. Nació el 23 de junio de 1951 en Kiev, la capital de la República Soviética de Ucrania. Ingresó muy joven al GRU, iniciales en ruso para Directorio Principal de Inteligencia, el servicio fundado hace 100 años en los albores de la Revolución Bolchevique. Pasó por todos los cargos y llegó a coronel. Luego de años de trabajos silenciosos tanto para la URSS como para la Federación Rusa desde 1991, en 2006 las autoridades encuentran que había estado trabajando como doble agente para el MI6, el servicio de espionaje exterior del Reino Unido. Según la información disponible- se entenderá que este es un terreno farragoso- se reconoció culpable de traición, dijo que lo había hecho por dinero, simplemente, y entregó una lista de otros 300 agentes que trabajaban a dos bandas con los británicos. La sentencia fue de 13 años de prisión.

Pero tuvo algo de suerte ya que en 2010, el entonces presidente ruso Dmitri Medvedev se encontró con su par Barack Obama y en el clima distendido de un local de la Ray’s Hell Burger de Virginia y paladeando una grasosa hamburguesa cada uno, acordaron un gran intercambio de espías presos en cada lado. Como en la guerra fría, tipo Puentes de Espías, de Steven Spielberg, pero en los primeros días de la administración Obama. Esa vez, la joya de los servicios era Anna Chapman, el nombre con que se movía en Estados Unidos Anna Kushchenko.

Entre otros agentes, la bella mujer pasó a manos rusas y Skripal a las estadounidenses y luego británicas en el aeropuerto de Viena, el 7 de julio de ese año.

El hombre se ve que realmente juntó dinero durante su doble trabajo, porque compró una casa en Salisbury por valor de 260.000 libras. Y se ve que había arreglado sus cuentas porque tras haber sido indultado por Medvedev, tenía la escritura de la vivienda a su nombre. Pero no todas fueron rosas en estos años. El 23 de octubre de 2012 murió sus esposa Ludmila de cáncer, a los 60 años. Y el 18 de julio pasado su hijo de 43 años falleció en San Petersburgo., sin datos precisos sobre la causa.

Hipotesis
Que circulaba libremente y sin preocupaciones lo muestra en que ese domingo fue a un shopping con su hija como cualquier hijo de vecino.E ste detalle es importante a la hora de hacer especulaciones. Cosa que los medios británicos y estadounidenses no se cansan de hacer desde que ambos fueron encontrados inconscientes en un banco público.

La primera capa de este juego de hipótesis es que el gobierno de Putin mandó a un equipo a que asesinaran al dúo. En una grabación de seguridad callejera se ve a dos personas circular cerca del banco donde se sentaban los Skripal un rato antes de las convulsiones, pero no necesariamente tenían que ver con el ataque.

Este domingo se celebran elecciones presidenciales en Rusia. Putin es el favorito con un abrumador apoyo del 70 % del electorado, según las encuestas. Es un hecho conocido en ese país, donde el voto no es obligatorio, que los ciudadanos no acuden a las urnas si no tienen reclamos que hacer a la dirigencia o están medianamente conformes con la marcha de la cosa pública. Una asistencia reducida podría representar un respaldo menor a Putin y según dicen algunos analistas, el presidente necesita un enfrentamiento con Occidente que lo posiciones como el defensor de la Patria rusa para convocar a sus votantes.

Los medios europeos se solazan con un Putin al que pintan con ansias de venganza contra el traidor a la patria que tuvo que ser entregado a cambio de un puñado de patriotas que trabajaban en el exterior por el bien de Rusia. Citan, para ello, una frase que habría pronunciado en 2010 el entonces primer ministro: «Estas personas traicionaron a sus amigos, a sus hermanos de armas. Lo que sea que obtuvieron a cambio de eso, esas 30 piezas de plata que les dieron, se ahogarán con ellas «.

Esta argumentación se choca con la evidencia de que Skripal estaba tranquilamente quizás tomando un helado o disfrutando de la tarde casi primaveral -eran las 16,15 cuando llegó el policía- y que además, si lo querían eliminar, tuvieron desde julio de 2010 para hacerlo. Por lo demás, si el espía «entregó» a 300 camaradas, seguro que se había ganado más de un enemigo en un territorio donde viven alrededor de 100.000 rusos.

No solo eso: el veneno es Novichik, según dicen los británicos, pero no hay peritos independientes actuando, de modo que es creerles o reventar. Y si se habla de agentes nerviosos, el gobierno tiene una fábrica de gas Sarin y VX en Porton Down, a ocho millas de donde los Skripal fueron hallados.

Debilidades
No son pocos los que acusan al gobierno ruso de aprovecharse de un momento de debilidad del oficialismo por los comicios que perdió hace unos meses y por la situación de inestabilidad ante el Brexit. «Putin sabe que la UE no va a poner todos los esfuerzos en un firme rechazo contra este ataque ni va a tomar sanciones», señalan.
La primera ministro, por esas cosas de la vida, era la titular de Interior cuando en 2006 otro agente ruso, Alexander Litvinenko, fue envenenado con polonio 210. La respuesta del gobierno esa vez fue la expulsión de algunos diplomáticos y el congelamiento de bienes rusos en esa nación. Ahora tal vez se vea tentada a doblar la apuesta precisamente por ese escenario de debilidad. Usar el caso Skripal como ariete para trepar en el apoyo popular.

El periodista irlandés Finian Cunningham, graduado en Química en la Universidad de Cambrigde antes de dedicarse a investigar asuntos de política internacional, ve detrás de este caso una operación de inteligencia, quizás hasta de bandera falsa, de organismos estadounidense para sabotear las relaciones de la UE con Rusia. Y dice, reconociendo que es pura especulación, que «la semana pasada, la campaña política encabezada por Estados Unidos para echar por tierra el proyecto de Rusia y la UE para el oleoducto Nord Stream 2 recibió un ímpetu renovado».

La tubería, de 1200 kilómetros de extensión, se completará el año que viene y según destaca Cunningham, «los ministros de Asuntos Exteriores de Polonia, Estonia, Lituania y Letonia se reunieron en Washington DC con el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Rex Tillerson, sobre como podría ser cancelado el Nord Stream 2».

La razón para este boicot sería que ahora Estados Unidos es desde la revolución del «shale gas», con el sistema de fracking, fuerte productor y quiere meterse en ese negocio de la provisión de energía a Europa que por ahora mantienen la semiestatal rusa Gazprom y cinco privadas de la UE.
Pero justo este martes Donald Trump echó a Tillerson, ex CEO de la petrolera Exxon Mobil. ¿Tendrá algo que ver esta expulsión con todo este entuerto?

Tiempo Argentino, 13 de Marzo de 2018