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Se incendia el modelo de explotación forestal chileno

Se incendia el modelo de explotación forestal chileno

Los incendios forestales están devastando gran parte del bosque chileno y ya causaron once muertes desde que estalló la primera chispa, a principios de año. Hasta el momento, según cifras oficiales, se quemaron 577 mil hectáreas y ya hay 65 detenidos procesados por su responsabilidad en el hecho: en algunos casos son trabajadores de una empresa eléctrica que fueron apresados porque se los acusa de haber sido incompetentes al cortar. Pero hay otros que son acusados de haber provocado incendios intencionales, aunque no se brindó suficiente explicación para semejante accionar. La pregunta es si esto explica todo el drama que se cierne sobre Chile, que enfrenta pérdidas multimillonarias por el fuego que arrasó una población entera como Santa Olga, en El Maule, y en todo caso quién gana con esta calamidad provocada que mantiene en vilo a la sociedad.

El gobierno descartó de inmediato algún tipo de atentado terrorista. Una de las versiones que intentaban interpretar el suceso hablaban de que las mismas empresas madereras –una de las fuentes más importantes de ingresos del país luego del cobre y otros minerales– provocaban los siniestros para cobrar los seguros, o que había intereses inmobiliarios en cada una de las regiones comprometidas.

Nicolás Rojas Scherer es politólogo y en conversación con Tiempo descarta que los grupos Matte y Angelini –los mayores controladores de ese negocio y líderes mundiales en celulosa– puedan ganar más con el seguro que con la venta de materia prima o derivados. Pero sí ve detrás de esta catástrofe la mano invisible del mercado a través de un entramado que con los años fue consolidando monocultivos de pino y eucalipto en detrimento de los bosques nativos «lo que ha producido un deterioro en las condiciones climáticas y ecológicas del sur chileno».

En tal sentido, Rojas Scherer recordó que en cinco siglos de historia, Chile perdió más de 1000 kilómetros de bosques que «a la llegada de Diego de Almagro llegaban hasta Copiapó, bien al norte de Santiago». La desertificación y la indiscriminada explotación minera son consecuencia de este proceso. «Diría, arriesgando una frase polémica, que gran parte del desarrollo de Chile ha sido realizado mediante grandes incendios», señaló.

La investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia chileno Susana Gómez-González aprovechó un congreso que se desarrolla en Sevilla, España, para abundar en esa misma explicación. La experta analizó que esta ola de incendios se concentra en la zona costera de Chile porque precisamente allí el bosque nativo fue «muy fuertemente transformado» para crear plantaciones forestales, incluso con subvenciones oficiales, alentadas por una ley aprobada durante la dictadura, en 1974, y prorrogada en 2015.

Como consecuencia de esta liberalidad y entusiasmo inversor, se permitieron plantaciones intensivas de pinos y eucaliptos hasta el borde de las viviendas, lo que, puntualizó, aumenta la peligrosidad del fuego, que es lo que ocurrió en Santa Olga, una población dentro de las explotaciones madereras.

Otra científica, la bióloga neocelandesa Mary ThereseKalin Arroyo, investigadora de la Universidad de Chile, culpó con todas las letras a la implantación desenfrenada de pino y eucalipto en reemplazo de las especies autóctonas. «En mi país, Australia, se los llama árboles gasolina, porque producen un aceite altamente inflamable», dijo a medios chilenos. Al mismo tiempo, ese aceite impermeabiliza el suelo y no deja que la hojarasca se descomponga naturalmente, lo que aumenta el volumen de material combustible, con el agregado de que cualquier incendio se esparce a una velocidad sorprendente.

Eso es lo que detectaron los miembros de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), la institución destinada a la prevención y detección de desastres. En un total de 140 focos diferentes de fuego, los técnicos constataron que las llamas avanzaban a más de 4,2 kilómetros por hora, un ritmo similar al de una persona caminando rápido. Fernando Maldonado, jefe del departamento de Desarrollo e Investigación de la Conaf, declaró al diario La Tercera que en sólo diez horas nocturnas, uno de estos focos consumió 9000 hectáreas, equivalentes a 900 canchas de fútbol, en la Sexta Región.

Por ese motivo, alrededor de 110 organizaciones sociales de Chile y otras del ámbito internacional pidieron a las autoridades terminar con un modelo de explotación forestal y reclaman al gobierno por no haber tomado las medidas necesarias desde hace años, porque este no es el primer incendio, aunque sí quizás el de mayor envergadura.

Sucede que a las muy magnánimas leyes de la dictadura, el primer experimento de la Escuela de Chicago en un laboratorio real gracias al pinochetismo, se añadió que los gobiernos democráticos no tomaron suficientes cartas en un asunto en el que se mueven intereses monumentales. Así, sólo en estos incendios, la Corporación Chilena de la Madera (Corma) calcula pérdidas por más de 350 millones de dólares. Eso sin sumar las que sufrieron agricultores en sus plantíos o por losanimales afectados por las llamas y que no tienen una cámara que haga lobby por ellos.

Los escasos intentos de regular un negocio tan próspero chocaron en 2008 con el rechazo del Tribunal Constitucional contra aspectos sustanciales de la Ley de Bosque Nativo en favor de la Conaf, lo que maniató a un organismo que podría haber alertado y tomado medidas sobre esta catástrofe. Y que advierte que con el cambio climático, para 2020 en regiones como El Maule, centro de uno de los mayores dramas esta vez, podría haber semanas enteras con más de 40 grados de temperatura promedio, lo que implica el riesgo cierto de incendios espontáneos ante la menor chispa.

De todas maneras, Michelle Bachelet ya informó sobre la detención de unas 65 personas por su responsabilidad en los incendios. Lo que no dijo el gobierno es a qué intereses obedecería esa intencionalidad que al menos para el ya mencionado Conaf, que consignó fotos donde se podía ver a pequeños paracaídas destinados a provocar incendios esparcidos entre la vegetación, no fueron para nada casuales. «Acá hay una gente organizada que está provocando estos incendios. Estos incendios, bajo mi punto de vista, no tienen mucho que ver con el calor», denunció Carlos Valenzuela, el alcalde del distrito de Constitución, al que pertenece Santa Olga.

El 75% de los bosques chilenos, según cifras oficiales, son de pino, el 15% de eucalipto y apenas el 10% es nativo. Tanto el pino como el eucalipto están mejor adaptados para «renacer» entre sus cenizas, no así las especies locales. Cuesta poco imaginar qué tipo de vegetación habrá en esas regiones en poco tiempo.

Tiempo Argentino
Febrero 5 de 2017

Theresa y Donald, los herederos de Thatcher y Reagan

Nicholas Wapshott, biógrafo de Margaret Thachter, cuenta la afinidad que surgió en el primer encuentro de la entonces líder de la oposición conservadora británica con el flamante ex gobernador de California Ronald Reagan. Era abril de 1975 y la derecha mundial estaba digiriendo las ideas del economista Milton Friedman, aunque ya tenían incorporadas las de otro teórico neoliberal, el austríaco Friedrich von Hayek. Un lustro después inaugurarían una alianza indestructible, ella como primera ministro del Reino Unido y él como presidente de Estados Unidos, para llevar esas teorías a la práctica del modo más brutal. Unos años más tarde se incorporaría a ese dúo Mijail Gorbachov, quien encabezó el capítulo final de la Unión Soviética.

Con ese telón de fondo, Theresa Mayy Donald Trump recordaron aquellos momentos históricos en su primer encuentro, este viernes, de lo que pretenden como una nueva sociedad entre EE UU y Gran Bretaña que ponga fin a una globalización que, al decir de ella, provocó cambios en las sociedades que los habitantes, que “perdieron sus trabajos o han visto sus sueldos recortados (…) no recuerdan haber dado permiso para que ocurrieran”.

En su primera semana en la Casa Blanca el extravagante empresario estadounidense puso en marcha algunas de sus medidas más irritativas para el orden establecido: por orden ejecutiva (la versión estadounidense de los DNU) sacó a EE UU del Tratado Trans Pacífico (TTP), anunció el inicio de obras para levantar el muro en la frontera con México y humilló al presidente Enrique Peña Nieto comportándose como un pendenciero que quiere obligar a su vecino a pagar la medianera. Volvió a maltratar a la prensa y tiene en carpeta sendos decretos para recortar la financiación de organismos internacionales y de la ONU, además de promover la autorización de la tortura para el combate de los enemigos de EE UU.

Cuando sorpresivamente Trump ganó la elección por mayoría de electores, muchos de sus opositores confiaron en que sus estrafalarias propuestas de campaña no podrían ser implementadas porque el sistema tiene suficientes contrapesos constitucionales como para frenar cualquier exceso. No contaban con que Trump no les iba a dar respiro con decisiones que, para cuando reaccionen, ya van a estar en marcha.

Una de las consecuencias de su rápido accionar es que, también en contra del consenso diplomático gestado en la última década, abrirá el diálogo con el presidente Vladimir Putin. Luego de las denuncias de hackeo de espías rusos en la campaña electoral -la última y desesperada jugada de Barack Obama en defensa de su eje de política exterior- podría pensarse que Trump bajaría un cambio en esta ruta.

La designación de Rex Tillerson en el departamento de Estado había sido una señal fuerte del intento de seducción diplomática, habida cuenta de su amistad con el líder ruso. Pero en su presentación ante el Congreso para refrendar su designación, el ex CEO de la petrolera Exxon fue más bien ambiguo y no habló de levantar las sanciones sobre el gobierno de Putin.

Nadie duda de que Trump busca sino una alianza al menos una proximidad amigable con Moscú. En ese camino novedoso para la época, cuenta con el apoyo intelectual de Henry Kissinger, el ex secretario de Estado que en tiempos de Richard Nixon promovió el histórico encuentro del presidente con Mao Zedong. Ya hubo indicios claros de que Trump quiere dar vuelta a esa página de la historia y se puso en contacto con la dirigencia de Taiwán.

Si el ex actor de Hollywood fue un personaje clave para derrotar a la Unión Soviética, el nuevo inquilino de la Casa Blanca pretende encontrar una cuña para bloquear cualquier entente entre Rusia y China, que ya forman parte del ahora alicaído grupo BRICS y están llamados a integrar el terceto dominante en el futuro cercano.

Pero este cambio sustancial a la política ahora en marcha alteró los nervios del aparato industrial militar y el de inteligencia en el último tramo de la gestión Obama. Ni qué decir del departamento de Estado, donde al menos cuatro diplomáticos de carrera presentaron su renuncia para no quedar pegados a una administración que les cambia el paradigma tan drásticamente. «Esta es la mayor fuga simultánea de personal institucional que nadie pueda recordar», declaró ante el Washington Post el ex jefe de gabinete de John Kerry, David Wade. Se trata de cuatro funcionarios experimentados que habían pasado por gobiernos republicanos y demócratas pero dijeron “hasta aquí llego”.

Mientras tanto, dirigentes de los países que habían firmado el TTP -una asociación creada para aislar a China integrada por Japón, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam- intentan ahora convocar a Beijing para no quedar en ridículo tras el retiro de EEUU. El boliviano Evo Morales aprovechó para pasarles factura: «Esos gobiernos de derecha quedaron sin proyecto político, sin programa, hasta sin patrón. Ahora está en problemas México con Estados Unidos, aunque firmaron tratados de libre comercio.»

Theresa May es la emergente del Brexit y no quiere a los inmigrantes. Trump, de la desindustrialización en amplias regiones de su país y desprecia a los mexicanos. Theresa y Donald son las dos cabezas más visibles de esta combinación explosiva de nacionalismo, xenofobia y antiglobalismo. Tal vez sean los que cierren el círculo abierto en 1975 cuando se conocieron Margaret y Ronald.

Tiempo Argentino
Enero 29 de 2016