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Alí Rodríguez: Construir una Unasur sobre el modelo de la OPEP

Alí Rodríguez: Construir una Unasur sobre el modelo de la OPEP

Puede decirse sin dudar que Alí Rodríguez Araque es uno de los fundadores del movimiento chavista. Su antecedente de combatiente, cuando a fines de los 50 recurrió a la lucha armada, como muchos miembros de su generación, ante la falta de apertura democrática en Venezuela tras el derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez, pesó años después, ya con Hugo Chávez como líder de la revolución bolivariana, para que ocupara un puñado de cargos trascendentales para el proceso que se inició en 1999. Fue secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), presidente de la empresa petrolera estatal PDVSA, canciller, ministro de Economía y, desde hace dos años, secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).
Es, también, un teórico de fuste, y así lo muestra Antes de que se me olvide, el libro construido luego de seis años de conversaciones interrumpidas por la actividad cotidiana con la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde y con 200 horas de grabaciones. Ese trabajo, que acaba de ver la luz en Argentina, es una publicación imprescindible para entender el proceso de cambios que transita América Latina desde la irrupción de Hugo Chávez y que ya hizo un camino importante como para poder elaborar teorías al respecto.
Rodríguez Araque recibió a Acción poco antes de presentar el libro en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Llegaba luego de haber presidido la Conferencia de Defensa de la UNASUR que el organismo regional llevó a cabo junto con el Ministerio de Defensa argentino; una suerte de seminario en que se debatió con funcionarios del área de toda la región una cuestión crucial para el futuro de las nuevas generaciones del continente como es la del cuidado y vigilancia de los recursos naturales.
–¿Cuál es la situación actual de UNASUR?
–Un proceso de tan vasto alcance como es UNASUR obviamente pasa por distintos momentos. Pero lo que se debe mirar es la tendencia, hacia dónde apunta, hacia dónde avanza. Ya el simple hecho de haber firmado un tratado como el de UNASUR, como el de CELAC –y antes, el haber firmado todos los acuerdos que dieron lugar al ALBA– indica que en toda la región se va conformando una creciente conciencia de que somos lo que somos: una gran nación, que está fragmentada, pero una gran nación. La visión de concebir todo este inmenso territorio de Sudamérica, de 10.800.000 kilómetros cuadrados y poblado por 400 millones de seres, arranca desde ya hace dos siglos. La visión de José de San Martín y de Simón Bolívar no era liberar un pequeño fragmento. ¿Por qué San Martín regresa a los Andes para liberar a Perú, y por qué Bolívar viene desde tan largas distancias como son las llanuras de Venezuela y de Colombia, también cruzando los Andes, para llegar hasta el Alto Perú? Porque tienen una visión de que era necesario derrotar al imperio español hasta el último rincón de esta región. Más allá de la independencia, se veía esto como una sola nación; Bolívar llegó a hablar de una federación de repúblicas. El haber firmado el tratado de UNASUR implica que estamos rescatando ese sueño ancestral de nuestros pueblos, de nuestros líderes.
–¿Cómo se consolida la integración?
–Lo primero es que tengamos una estrategia. Porque todos los acuerdos, hasta en el hogar, o en las relaciones interpersonales, según dicen los que saben de eso, implican una política amorosa en un caso, y una estrategia en el otro, que debe buscar dónde está su principal fortaleza, su principal punto de apoyo. Y por descarte se llega a una conclusión: no es que seamos potencia militar, ni industrial, ni tecnológica y, afortunadamente, tampoco nuclear, sino que somos depositarios de una descomunal riqueza representada por todos los recursos naturales que tú quieras conseguir aquí. No solamente por lo que se encuentra en tierra firme, sino por lo que está alojado en los grandes océanos que bañan estas tierras. Se trata de qué vamos a hacer con esa enorme riqueza natural cuando además –y como contraste– tenemos más de 100 millones de seres viviendo en la pobreza y buena parte de ellos en situación de indigencia.
–En el libro hace hincapié en el tema de la transculturización. Muchas de esas 400 millones de personas no están enteradas de qué es Unasur o no les interesa o, peor aún, están en contra por razones culturales. ¿Cómo ve esta cuestión?
–El problema de la cultura, tal como yo la veo, es el súmmum de todos los cambios que puedan ocurrir en una sociedad, y hablo de cambios cualitativos. Porque para mí la cultura es, a fin de cuentas, el sistema de valores que mueve a una sociedad, y la cúspide es la ética de la sociedad. A los regímenes feudales corresponde una ética, al régimen capitalista ha correspondido otra ética. Pero la ética en una sociedad que esté verdaderamente al servicio de los pueblos, de una verdadera democracia, ¿cuál es? En mi opinión, es el trabajo, pero si bien el trabajo es la fuente de todas las riquezas, no es la guía ética de todas las sociedades. Pienso que hay cambios profundos de significación histórica en una sociedad cuando se producen cambios culturales, cuando hay una revolución cultural en el más legítimo sentido de la expresión. Es un primer aspecto a tomar en cuenta. Pero la cultura no viene por obra y gracia del espíritu santo; la cultura es la expresión de cambios que ocurren en las estructuras de las sociedades. Al fin y al cabo, la conciencia de las sociedades está determinada por las condiciones de existencia de las sociedades y no al revés. De manera que el primer gran reto –y estábamos hablando de eso– es una estrategia que permita desarrollar todo el poderío material que sirva de sustento para cambios culturales de vastas proporciones en toda la región. No se trata de una ruptura donde ya el pasado quedó liquidado. No. Porque son como afluentes que van discurriendo en distintas direcciones y en distintas épocas en la historia. Porque hay un acervo cultural en nuestra región, sobre todo en nuestros antecedentes, en los pobladores originales de estas tierras. En el Perú hay una civilización, la de los caral, que tiene 5.000 años. ¿Cuántos avances hubo en la sociedad inca, entre los chibchas, entre los aztecas, poblaciones arrasadas por la ocupación del imperio español de aquel entonces? Pero aun así hay una base cultural de gran importancia en toda la región que está llamada a florecer, acompañada de otros cambios que es perfectamente posible alcanzar sumando el concurso de las otras potencialidades que hay en la región.
–Cuando se ven las distintas dirigencias regionales, las distintas sociedades y tendencias, parece revelarse un tironeo por coordinar esas diferentes posiciones en torno de la integración.
–Cuando a mí me planteas ese problema, yo tengo un ejemplo a mano, la OPEP. ¿Tú crees que en nuestra América hay regímenes sociales y políticos más diversos que en la OPEP, o visiones políticas o incluso alianzas internacionales más complejas que aquellas que caracterizan a los países que están en la OPEP? Ni aun durante la guerra entre Irak y Kuwait dejó de funcionar la OPEP. ¿Qué tenían en común Muammar Khadafi con el régimen saudita? Y sin embargo allí estaban. Por qué la OPEP ha sobrevivido a todo tipo de conflicto internos y externos desde el 14 de setiembre de 1960 es una pregunta que debemos hacernos. Yo tengo una respuesta, y es que ha sido el acuerdo inteligente entre todos esos países para encontrar una fórmula eficaz para la defensa del derecho de propiedad sobre un recurso natural, el petróleo.
–Claro, pero dos de esos países, Irak y Libia, han sufrido los peores embates del imperialismo, y lo mismo ocurre ahora con Venezuela.
–Pero no por la OPEP sino a pesar de la OPEP. Por supuesto que no nos movemos en el mejor de los mundos. Son contradicciones que derivan precisamente del hecho de tener grandes recursos naturales. ¿Tú crees que a Irak la atacaron porque Saddam Hussein estaba construyendo armas de destrucción masiva, que es lo que dijeron? ¿O porque Irak tiene uno de los más grandes reservorios de petróleo a nivel internacional? ¿Y a Libia por qué? ¿Y a Siria por qué? Si bien Siria no es un gran reservorio de petróleo –aunque tiene una producción nada despreciable–, es un enclave estratégico muy relacionado con estos temas que estamos comentando.
–Este encuentro que se desarrolló en Buenos Aires, ¿ tiene la importancia de haber puesto sobre el tapete el núcleo sobre el cual se pueden unir las distintas posiciones de los países de UNASUR en torno de la defensa de los recursos?
–Claro, porque la tierra no es un problema de derechas o de izquierdas; la tierra donde están alojados todos los recursos sin excepción es un problema de los pueblos, de las naciones. En Venezuela, por ejemplo, todos los programas políticos de todos los partidos tenían como culminación de sus aspiraciones la nacionalización del petróleo. Por supuesto, cada uno con su propio esquema, nacionalizar para qué, en qué condiciones…
–Y para quién.
–Exactamente. Si tienes una estructura en la que domina un sector de la sociedad, como ocurría en Venezuela, ya se sabe quiénes van a ser los principales favorecidos, además de los grandes consorcios internacionales. Uno de los problemas que coloca a Venezuela en esas tensiones tan fuertes es que es depositaria de las más grandes riquezas petroleras del mundo: 297.000 millones de barriles en un espacio relativamente reducido, grandes reservas de gas, una ubicación estratégica a la cabeza de Sudamérica, frente al mar Caribe. No es un territorio cualquiera, además de las tradiciones que conocemos y además de todo lo que ha significado el liderazgo de Chávez como factor de impulso a la integración sudamericana, latinoamericana y caribeña, a quien (la secretaria de Estado de George W. Bush) Condoleezza Rice calificó como influencia negativa en la región. Eso explica el fondo del problema. Si, por ejemplo, Chávez hubiera dejado tranquilitos los contratos petroleros donde se habían eliminado las regalías, se habían reducido los impuestos, donde las dudas y controles se resolvían en tribunales extranjeros, y dentro de los cuales las empresas, las grandes corporaciones, tenían la mayoría accionaria –65% de las acciones en las asociaciones estratégicas–, seríamos objeto de las más grandes felicitaciones y elogios a nuestra democracia. Pero las regalías se llevaron al 30%, los impuestos al 50%, las controversias se resuelven en territorio venezolano y la mayoría accionaria la tiene PDVSA. Eso no les gusta ni a las grandes corporaciones ni a quienes les brindan sus apoyos a las grandes corporaciones.
–¿Uno de los temas que se planteó fue el de crear algún tipo de fuerzas armadas comunes para la defensa de los recursos naturales?
–Eso estaría mal planteado. Yo prefiero hablar de la defensa de los derechos de propiedad de los recursos naturales. Es un derecho de nuestros pueblos, de nuestras naciones. Hay una resolución de Naciones Unidas que tiene el número 1.803 y fue aprobada el 24 de diciembre de 1962 que establece como un principio, así lo dice, los derechos permanentes y soberanos de los Estados sobre los recursos naturales. Luego hay todo un desarrollo de esa resolución, de manera que podemos decir que ese es un principio de validez universal. Nosotros debemos tomar ese principio y desarrollarlo en las condiciones de nuestra región.
–¿Cómo será el futuro de UNASUR?
–Yo creo que UNASUR tiene un brillante futuro, siempre y cuando entendamos que es necesaria una estrategia, que es necesario impulsar un acuerdo en torno al mejor aprovechamiento de nuestros recursos naturales y que se acuerden orientaciones para superar los problemas de pobreza y mejorar las condiciones de existencia de nuestras poblaciones.
–¿Hay consenso para lograr eso?
–Bueno, estamos en la búsqueda. Hasta ahora nadie ha dicho que no y eso es un avance importante.
–Hablemos sobre Venezuela, ¿el diálogo con la oposición quedó frustrado?
–El diálogo para garantizar un ejercicio pleno y libre de la democracia es muy importante, pero se necesita la racionalidad de la oposición, porque si por algo se ha caracterizado, lamentablemente, es por su total carencia de ideas. Tú exploras todo lo que dice y escribe la oposición y te preguntas cuál es el proyecto alternativo; hay un gran vacío, pero al lado de eso está el problema del liderazgo. No hay un liderazgo que encarne algo que además no existe, como sería un programa, una visión alternativa. Oigo por allí que el mejor aliado que hemos tenido en Venezuela ha sido la oposición, porque tal vez con una propuesta racional y, por supuesto, con un liderazgo, podría haber hecho un papel mucho mejor e incluso podría haber dado conclusiones importantes en variantes políticas y en el desarrollo de la democracia venezolana. Lamentablemente no ha sido así y una de dos: la actual oposición está dejándose chantajear por un sector violento o bien es otra combinación de la forma de lucha. Es decir, por un lado, un sector actúa en el plano legal, y, por otro, actúa un sector ilegal de manera violenta, como ocurre con estos hechos bien conocidos y que afortunadamente ya han sido controlados. Porque, además, hay una nueva intervención nada oculta y nada enmascarada de Estados Unidos en los asuntos internos en Venezuela. Personeros muy calificados del gobierno norteamericano y del propio Congreso están interviniendo de la manera más grosera, más vulgar, más ordinaria y más brutal en los asuntos internos de Venezuela. Hay una trama allí que va más allá de los problemas de los venezolanos y que tiene que ver, una vez más, con el hecho de que Venezuela tiene un gigantesco reservorio de energía que Estados Unidos, que consume el 25% de la energía del mundo, necesita cada vez más.
–¿No hay a la vez un problema económico importante en Venezuela?
–Sí, por supuesto, uno no puede decir que todo es culpa del imperialismo y que todo es culpa de la oposición. Hay problemas reales de la economía. En estos momentos hay un problema de mucho circulante que ejerce una presión sobre el dólar y ejerce una presión sobre los productos en general. Venezuela tiene un problema estructural y crónico que viene arrastrándose desde los años 30, que es la sobrevaluación del bolívar.
–¿Cómo es eso?
–Con la crisis de los años 30 casi todas las monedas del mundo se devaluaron. Venezuela no devaluó, apreció la moneda; de 5,20 centavos por dólar se llegó a 3,09 centavos por dólar y, desde entonces, eso fue un golpe a la propiedad y la producción agrícola venezolana. De gran exportador de alimentos se transformó en gran importador. Eso no se ha podido corregir a lo largo de la historia. Porque, además, al tener un gran poder de compra y un dólar barato, ha sido más económico importar que producir. Hay problemas que ya se han hecho de orden estructural y eso implica, entre otras cosas, realizar un fuerte incremento de la productividad. Porque Venezuela tiene el nivel de productividad más bajo de América del Sur. Así, hay una cantidad de problemas que hay que enumerar y señalar con los que tiene que lidiar el actual gobierno del presidente Nicolás Maduro y no son cosas que se pueden resolver en un día, aparte de otros problemas, errores que se han cometido, como ocurre en la efervescencia de todo proceso de cambios revolucionarios.

Revista Acción, 15 de Julio de 2014

Los mascheranos y el país de mierda

Ganar es una contingencia del juego, se sabe. Y en las duras es cuando sale a relucir el talento pero básicamente el temple, el coraje, la sangre de un grupo humano. Al mismo tiempo salen a relucir miserias. Por algo dicen por ahí que uno juega al fútbol tal y como es en la vida. Eso demostraron los muchachos que disputaron el Mundial de Brasil. Cuál es el coraje, el temple y el talento que les corre por las venas.
Muchos apostaron a que Argentina no llegaba a la final y trataron de demoler el trabajo del entrenador. Un ultraK como gustan de llamar a los que se paran de este lado. (¿No existen simpatizantes solamente K?)
En fin, que entre las miserias quisiera anotar un diálogo que Jorge Lanata escribió en su columna semanal. “Es exactamente lo contrario a lo que somos, me decía Marcelo Longobardi en la radio (…) ¿Es Mascherano lo que somos o lo que queremos ser? ¿El reguero de pólvora de chistes, el centimil, las miles de menciones a Mascherano en las redes sociales evocan una necesidad, o la melancólica ausencia de lo que no seremos jamás? (…) ¿Estaremos, colectivamente, intuyendo el futuro? ¿Podremos pensar alguna vez en una Argentina de bajo perfil, con trabajo y compromiso, sin grietas y tan normal como Mascherano?”.
Los lectores de Página/ 12 de toda la vida recordarán que no fue sino hasta varios años después de que Lanata dejó la dirección –indignado, según decía, porque se había vendido a Clarín- que el diario comenzó a salir los lunes. Lanata despreciaba el deporte y en especial el fútbol, salir los lunes implicaba tener que cubrir el deporte preferido de los argentinos.
Si hubiera sido amante del fútbol, si alguna vez hubiera ido a una cancha -sobre todo de las categorías menores- hubiera encontrado a miles de mascheranos en la B, la C y la D que se cargan el equipo al hombro regularmente en canchas imposibles ante un público fervoroso y empecinado.
Sucede que los lanatas y longobardis machacan con que este es un país de mierda. Y como no se explican por qué miles de argentinos salen a las calles a celebrar lo que logró este grupo de muchachos, hurgan en el caso individual, no en la expresión colectiva que representan. No quieren perder protagonismo y no toleran que los Mascherano que hay en cada rincón del país –y son millones, en profesiones menos visibles que el fútbol- demuestren que este no es un país de mierda. En todo caso, es un país con demasiada gente de mierda. Pero eso es otra cosa.

Tiempo Argentino, 14 de Julio de 2014

Otra oportunidad a la paz en Medio Oriente

Otra oportunidad a la paz en Medio Oriente

En las últimas horas se fueron sumando reclamos desde varias regiones del mundo por una activa intervención de Naciones Unidas para detener la escalada de violencia en la Franja de Gaza. A la inicial declaración del gobierno de Estados Unidos, el principal aliado de Israel, que pide un cese el fuego con el expreso reconocimiento «del derecho a defenderse de los ataques con cohetes» provenientes del otro lado de la frontera, se agregó en las últimas horas una declaración de la vocera del Departamento de Estado, Jennifer Psaki, donde se advierte al gobierno de Benjamin Netanyahu que «nadie quiere asistir a una invasión de Gaza por parte de Israel».
En una línea similar, México mostró su preocupación por el incremento de los ataques, tanto por los cohetes como por la respuesta israelí, y computó acongojado la cantidad de palestinos muertos y, sobre todo, que entre ellos había niños.
Los países árabes, en tanto, llamaron a una reunión de emergencia de la ONU para detener el bombardeo sobre Gaza. «Queremos que el Consejo de Seguridad asuma su responsabilidad y detenga esta agresión contra nuestra gente», resumió el enviado palestino ante ese organismo internacional, Riyad Mansur.
El secretario general de la entidad, Ban Ki-moon, alertó sobre el «riesgo de una escalada total, con la amenaza todavía palpable de una ofensiva terrestre». Y para rematar. señaló que «la región no puede permitirse otra guerra (…). Es más urgente que nunca intentar encontrar comunes denominadores para que vuelva la calma y se consiga un entendimiento para el alto al fuego».
Mientras tanto, en la región sudamericana algunos gobiernos emitieron comunicados con un grado de rechazo mayor hacia la intervención israelí. «El gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia expresa su enérgica condena por los nuevos actos de violencia, perpetrados por Israel en contra del Estado de Palestina, durante los últimos días», resalta un comunicado de la Cancillería boliviana. «Hacemos un llamado urgente al cese inmediato de hostilidades. Se deben respetar y cumplir los acuerdos y tratados internacionales vigentes», finaliza el comunicado.
El gobierno uruguayo expresó a su vez una «enérgica condena a los ataques militares efectuados por Israel en la Franja de Gaza, que han provocado decenas de muertos y heridos en la población civil, en una respuesta desproporcionada al lanzamiento de cohetes contra territorio israelí por parte de grupos armados palestinos». Chile, por su lado, condenó «enérgicamente los ataques de Israel en la Franja de Gaza» y proclamó su preocupación por el incremento de la violencia. «Los condenables secuestros y muertes de tres jóvenes israelíes y de un joven palestino, no pueden servir de excusa ni para iniciar acciones terroristas, como tampoco para atacar áreas densamente pobladas por civiles», dice el comunicado de la Cancillería.
Las autoridades venezolanas, también como es de prever, tuvieron la expresión más radicalizada al condenar la ofensiva militar «injusta e ilegal» de Israel en la Franja de Gaza, aunque al mismo tiempo puntualizaron su repudio al crimen de los tres chicos, por lo que pidiieron una «profunda investigación» de esos asesinatos que desencadenaron esta situación.
La escalada bélica en Medio Oriente no es un tema de debate y llamados de atención solamente fuera de la zona o en los sitios donde los palestinos encuentran mayores apoyos. Dentro del propio territorio israelí se levantan voces que piden moderación y hasta un cambio profundo en su política de relaciones exteriores para poder alcanzar en algún momento la paz que los pueblos judío y palestino demandan.
David Grossman es un escritor y ensayista israelí conocido por su prédica por la paz. En una columna que publicó el diario Haaretz, lamenta que se haya perdido el horizonte y la esperanza de llegar a una convivencia pacífica, «como si estuviera hablando en nombre de una ley de la naturaleza, un axioma que afirma que entre estos dos pueblos nunca podrá haber paz, que la guerra entre ellos es un decreto divino, y que, en definitiva, esto siempre será malo aquí, nada más que malo».
Grossman cuenta el clima que se vive en el país para quienes mantienen la esperanza de llegar a una convivencia pacífica. «En el mejor de los casos (es tratado) de ingenuo o de un soñador iluso, y en el peor, de ser un traidor que debilita los recursos de Israel, alentando a dejarse seducir por falsas visiones.»
La explicación que encuentra el autor de La sonrisa del cordero es que la derecha israelí ganó el debate. Que logró inculcar en la mayoría de la población una visión del mundo que él llama pesimista y que, agrega, «está impulsando a Israel a la parálisis en la zona más fatídica para su supervivencia, un área donde necesita más audacia, flexibilidad y creatividad. La derecha ha vencido a Israel aplastando lo que alguna vez pudo haber sido llamado ‘el espíritu de Israel’, esa chispa, esa capacidad de rehacernos a nosotros mismos, el espíritu del ‘sin embargo, el coraje. La esperanza».
Grossman dedica su texto a la memoria de Ron Pundak, «el arquitecto de los Acuerdos de Oslo y de la Iniciativa de Ginebra», dos posibilidades concretas de llegar de algún modo hacia la paz, en 1993 los primeros, impulsados por el gobierno de Bill Clinton; una hoja de ruta de 2003 la segunda, desarrollada por intelectuales y activistas de Israel y Palestina. ¿Por qué esas posibilidades no llegaron a fructificar? Más allá de cuestiones militares y políticas –incluso de internas en la coalición gobernante de Israel, que también las hay–, el suizo israelí Carlo Strenger le añade su óptica psicológica. «Los israelíes, al igual que todos los seres humanos, son guiados principalmente por la aversión a la pérdida», evalúa, también desde las páginas de Haaretz. «La mayoría de los israelíes temen que la situación en Gaza se repita: Israel se retiró de Gaza en 2005, y el sur de Israel quedó expuesto a los ataques con cohetes desde entonces. El abandono de los controles de Israel sobre Cisjordania podría abrir los centros de su población al mismo peligro. Esta última hipótesis no es una fantasía paranoica. Irak y Siria se han convertido en focos de organizaciones yihadistas, y si Israel ya no controla el valle del Jordán y grandes partes de Cisjordania, los combatientes de Al-Qaeda podrían quedar a distancia de tiro de Tel Aviv, Kfar Sava, Herzliya y todo el centro de Israel», analiza Strenger.
Otros dos aspectos que toma en consideración el psicoanalista se relacionan con «la necesidad de una narrativa de identidad positiva y la necesidad de una ideología que nos ayude a soportar el peligro y la incertidumbre», dos «fatalidades» que los israelíes también comparten con el resto de los seres humanos.
Es así que, como una vuelta de tuerca sobre lo que piensa Grossman, el especialista de la Universidad de Tel Aviv, reconocido pacifista también –y muy crítico del rol muchas veces reñido con la moral que suelen desplegar tropas israelíes en territorios palestinos–, cuestiona que la izquierda israelí no haya dado respuesta a esta visión «preocupada» que muy bien, en cambio, aprovechó la derecha. «La izquierda ha perdido progresivamente terreno en Israel, ya que no se ha ocupado de estos temores con valentía y claridad suficiente. Con demasiada frecuencia hemos dicho a los israelíes que necesitamos poner fin a la ocupación por el bien del carácter democrático de Israel. Hemos señalado cuán racista Israel se está convirtiendo como resultado de la ocupación, y seguimos advirtiendo que Israel va a terminar siendo un Estado paria si la ocupación no termina.»
Sin embargo, abunda, «los israelíes de a pie ven a la izquierda como un grupo de elitistas y arrogantes que están desconectados de la realidad y se preocupan más por los palestinos que por su propia familia. También piensan que los gentiles, particularmente en Europa, simplemente disfrutan odiar a los judíos y tirarnos debajo de un autobús cuando las cosas se ponen difíciles. En consecuencia, cada vez más israelíes compran las ideologías de extrema derecha de la intolerancia y el racismo para racionalizar la ocupación y el aislamiento internacional de Israel.»
El debate puertas adentro de Israel alcanza ribetes que los grandes medios no acostumbran reflejar. Estas son apenas un par de perlitas para entender lo difícil que es darle una oportunidad a la paz, como pedía John Lennon. Y que van más allá de la geopolítica o las apetencias políticas de las dirigencias.

Tiempo Argentino, 11 de Julio de 2014

La pelea por el nuevo orden económico mundial

La pelea por el nuevo orden económico mundial

Los discursos del ministro de Economía Axel Kicillof y del canciller Héctor Timerman en la sede de la OEA apuntaron no sólo a medidas concretas y efectivas para terminar con el flagelo de los fondos buitre. La intervención en el organismo creado a petición de los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial busca abrir la cancha hacia el establecimiento de otro orden de las finanzas y la economía internacionales.
Cuando en junio pasado la presidenta Cristina Fernández arengó a los asistentes a la cumbre del G77+China en Bolivia sobre la trascendencia de crear un nuevo orden mundial, no hacía más que repetir un viejo anhelo de las naciones expoliadas durante siglos por el capitalismo más salvaje.
En diciembre, sin ir más lejos, se cumplirán 40 años de la expresión Nuevo Orden Económico Internacional, que se popularizó durante la VI Asamblea Especial de las Naciones Unidas de 1974. Algunas de las cuestiones tratadas entonces tienen una validez cada vez más imperiosa hoy para los países que buscan un lugar bajo el sol.
Aquella vez la ONU dictó la Resolución 3281 que habla de los derechos y deberes económicos de los estados. Junto a la Resolución 1803 de diciembre de 1962, integran un corpus que, de ponerse en práctica, modifican sustancialmente las relaciones económicas internacionales. La más antigua, que trata sobre la soberanía permanente de los recursos naturales, es utilizada como base para el debate que se plantea la Unasur sobre la cuestión, a instancias del secretario del organismo regional, el venezolano Alí Rodríguez.
Algunas de las conclusiones de la propuesta de 1974 podrían suscribirse hoy sin cambiar una coma.

*Aliviar la carga de la deuda exterior, e incluso condonarla a los países de menor desarrollo.

*Reducir o eliminar los derechos arancelarios de los países centrales.

*Afirmar el derecho superior de los Estados sobre la propiedad enclavada en sus límites territoriales.

*Aumentar el peso de los países subdesarrollados en el FMI.
Pero el término Nuevo Orden Mundial (NOM) no siempre fue utilizado para al defensa de los débiles. En los años 20 lo popularizó el entonces presidente estadounidense, Woodrow Wilson, quien impulsaba la Sociedad de las Naciones. Se entiende: los Estados Unidos aparecía como ganador de la I Guerra y quería repartir las cartas nuevamente.
En los ’90 sería George Bush padre el que recurriría a ese artilugio, durante la Guerra del Golfo. Ese país terminaba de ganar la Guerra Fría, y tras el derrumbe de la Unión Soviética no había quien le discutiera si un Nuevo Orden Mundial aplicaba en el sentido que le quería dar la Casa Blanca. «Cuando termine todo esto (por la operación Tormenta del Desierto) queremos ser los sanadores. Queremos hacer cuanto podamos por facilitar lo que con optimismo yo llamaría un Nuevo Orden Mundial», dijo Bush padre en enero de 1991.
Ocurre que la búsqueda de un Nuevo Orden es otra de las marcas de fábrica de los estadounidenses. Como que detrás del billete de dólar está la imagen que en 1872 diseñó William Barton donde se ve claramente –debajo de la conocida pirámide coronada con el Ojo de la Providencia– la frase «Novus Ordo Seclorum» (Nuevo orden de los siglos).
Pero el NOM de Bush tuvo vuelo corto. Así lo reflejó hace poco Eric Posner, docente en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chicago en un artículo en la revista Foregin Policy. «Lo siento EE UU, pero el nuevo orden mundial está muerto», se tituló el trabajo en que el experto en Derecho Internacional señalaba que, contra las declaraciones de Barack Obama sobre el accionar del presidente de Rusia en Ucrania, «no es Putin quien tira al mundo al pasado». Para Posner, es Obama quien insiste en hablar y actuar como si todavía estuviéramos en el 1991.
La pelea de la Argentina contra los fondos buitre encontró una gran cantidad de apoyos. Este martes se sumó un aliado transatlántico que no trascendió mucho en los medios y seguramente tendrá poca incidencia, al que vale la pena escuchar para entender el trasfondo de la cuestión.
Se trata de Pablo Iglesias, el joven docente español de la Universidad Complutense de Madrid que dio el batacazo en las europarlamentarias con una nueva agrupación, Podemos. Al asumir la banca por España en Estrasburgo, el mediático licenciado en Derecho y Ciencias Políticas lanzó un discurso que generó resquemores. Algunas de sus frases podrían tranquilamente ser suscriptas por funcionarios de la región.

*»El mejor patrimonio de Europa es la voluntad de sus ciudadanos de ser libres y no ser siervos de nadie. No ser siervos de nadie, señorías, eso es la democracia.»

*»Nuestros pueblos no son menores de edad, ni colonias de ningún fondo de inversiones, no conquistaron y defendieron su libertad para entregársela a una oligarquía financiera.»

*»De América Latina aprendimos que la deuda externa está diseñada para ser impagable, y que los países que más han crecido lo hicieron con una quita sustancial y una auditoría pública de su deuda.»

*»La deuda es hoy un mecanismo de mando y saqueo de los pueblos del sur. Eso es lo que está sucediendo en esos países que, con marcado racismo, algunos denominan PIGS (cerdos).»
Gran polemista y de sólida formación, Iglesias suele insistir en que los países europeos están en manos de una casta de políticos que viven a expensas de los ciudadanos que los votan para otra cosa de la que terminan haciendo. «Es escandalosa la facilidad con que se mueven aquí los lobbies al servicio de grandes corporaciones así como las puertas giratorias que convierten a los representantes de la ciudadanía en millonarios a sueldo de grandes empresas. Hay que decirlo alto y claro: esta manera de funcionar hurta la soberanía de los pueblos, atenta contra la democracia y convierte a los representantes políticos en casta.»
Esperanza Aguirre, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid y dirigente ultraconservadora del Partido Popular le respondió desde su blog. «El éxito (…) de Podemos, ese grupo mitad bolivariano y mitad marxista-leninista, ha estado basado en la repetición machacona de su voluntad de acabar con la ‘casta’.» Y agrega la señora Aguirre, en , es algo que acaso justifica a Iglesias: «Juegan estos bolivarianos marxistas con una realidad indudable: los españoles están descontentos con sus políticos. Lo demuestran las encuestas y basta escuchar cualquier conversación en la calle para comprobarlo». Pero ni se le ocurre cuestionar al mundo financiero y menos a las puertas giratorias.
De hacerlo, debería comenzar por el líder del PP y ex presidente del gobierno José María Aznar, que en abril cumplió diez años fuera del poder y «juntándola en pala» con asesorías empresariales, conferencias y libros. «Aznar ha colocado a su laboratorio de ideas, FAES, en el primer puesto de España, colaborado con universidades americanas, dado conferencias y asesorado a multinacionales. Ha ganado mucho dinero y estilizado su físico», dice un artículo del diario El País sobre el Aznar fuera del gobierno. Y detalla las amistades con las que se codea y con las que a veces comparte escenarios a razón de 200 mil euros por conferencia. «Mantiene una relación cordial con el matrimonio Clinton, familiar con el clan Bush, fructífera económicamente con los Vulcanos (el antiguo equipo de Bush) y sus empresarios colindantes, e ideológicamente a salvo junto a los miembros del ala más dura del Partido Republicano, como Marco Rubio, Mitt Romney, Jon Huntsman, la familia Díaz-Balart, John Bolton, Newt Gingrich o Ileana Ros-Lehtinen». Todos ellos hostiles a los gobiernos progresistas de América Latina y particularmente al de Cristina Fernández.
Rubio, en su libro Un hijo americano, reconoce los aportes a su campaña de 2012 de Paul Singer, «un joven empresario y donante conocido de Nueva York» y de Dan Senor. Singer –el dueño del fondo más agresivo en contra el país– y Senor son estrechos colaboradores del ex candidato republicano Mitt Romney.
La FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales) pretende convertirse en la gran escuela para la formación de cuadros neoliberales en América Latina. A ella adhiere con fervor el alcalde porteño, Mauricio Macri. Aznar, también se sienta en el directorio de multinacionales como el multimedios Murdoch, la minera Barrick Gold y la eléctrica Endesa, entre otras. Asesorar no es extraño a otro ex presidente español, el socialista Felipe González, que también tiene silla en la proveedora de gas Fenosa. Hay al menos 43 ex ministros de ambos partidos que cruzaron las puertas giratorias hacia el ámbito privado aprovechando sus contactos. La lista de estadounidenses es mayor y más peligrosa tanto para la economía mundial como para los conflictos bélicos.
Ah, José María Aznar Botella, el hijo del ex presidente del gobernó español y de la actual alcaldesa de Madrid Ana Botella, se asoció al fondo buitre Cerberuis para la gestión de los créditos impagos al quebrado banco español Bankia.

Tiempo Argentino, 4 de Julio de 2014