El gobierno venezolano afirma que mediante acciones preventivas logró evitar una masacre y desarmó un golpe de Estado que comenzaría a desarrollarse a partir de la marcha que se llevó a cabo el jueves en Caracas. Según la canciller Delcy Rodríguez ese plan «era la reedición del plan del año 2002», cuando el entonces presidente Hugo Chávez fue separado del poder por una horas y reemplazado por dirigentes empresarios después de una gran marcha opositora.
Previo a la llamada Toma de Caracas, que terminó a la noche con un cacerolazo y la promesa de nuevas manifestaciones, se produjo la detención de dirigentes opositores acusados de tener material explosivo y fueron desmantelados campamentos de grupos paramilitares cerca del palacio presidencial de Miraflores donde, resaltó la funcionaria, hallaron armas de guerra y un fusil con mira telescópica. Entre los detenidos por el Servicio de Bolivariano de Inteligencia (Sebin) figuran los dirigentes políticos Carlos Melo y Yon Goicoechea.
Un reporte del Comando del Palacio Presidencial al que tuvo acceso Tiempo analiza que en la multitudinaria marcha del 1S «la oposición logra una gran movilización, luego de años sin hacerlo. Teniendo el resultado electoral del 6D a cuestas, nadie duda que tengan gente. Pero el chavismo contra muchos pronósticos, realizó actos a casa llena en todo el territorio nacional en días previos y hoy llenó a reventar la joya de la corona, la avenida Bolívar de Caracas». Luego detalla que esas acciones anunciadas el viernes por el gobierno permitieron desactivar «detonantes de violencia» a raíz de lo cual la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) «desvió totalmente el propósito político de su convocatoria. El revocatorio no fue el protagonista. (Las) carreras presidenciales de (Henrique) Capriles y (Henry) Ramos Allup desviaron el sentido de todo, pues ‘protesta’ es distinto a ‘acto político’. Esas peleas internas por el micrófono y discurso final, terminaron por colocar a (el secretario de la MUD, Jesús) Chúo Torrealba en el podio».
El informe destaca luego que «el desbarajuste del aparataje de violencia previamente montado, desarmó (literalmente) a la MUD. Enviar a la gente a cacerolear a sus casas no agradó a muchos de los seguidores quienes ya tenían meses sometidos a un discurso viral de violencia. A los opositores se les convocó a marchar empleando la glorificación del enfrentamiento, con triunfalismo, con la promesa de la revancha como estímulo, bajo promesas de resultados inmediatos. Al escuchar a Chúo, desarmado, la decepción se impuso».
El documento de la Sala de Análisis de la presidencia venezolana avizora a continuación que «son altamente probables situaciones violentas dispersas. Seguramente los ‘lugares históricos’ de la derecha en muchas ciudades o sitios emblemáticos de las guarimbas de 2014, vuelvan a ser lugares donde la violencia concurra hoy. Voluntad Popular (el partido del detenido Leopoldo López) es un factor altamente activo en esa segunda agenda».
Y culmina sosteniendo que «la calle como forma de presión no funciona acorde a sus expectativas (de la oposición), menos todavía si están encarrilados a la no violencia una vez que anticipadamente les desactivan sus aparaticos de muerte».
Tiempo Argentino
Setiembre 4 de 2016